miércoles, 2 de octubre de 2013

Excursión 157: Circular Embalse de Navacerrada

FICHA TÉCNICA
Inicio: Navacerrada
Final: Navacerrada
Tiempo: 4 horas
Distancia:  14,7 Km
Desnivel [+]: 472 m
Desnivel [--]: 472 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua:
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 30

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
¡Un día inolvidable! De esos en que vuelves a casa cansado lo justo para estar a gusto abandonándote, habiendo disfrutado de la caminata y del buen rollo, rematado al final con una muy grata sorpresa.

Lo primero, hemos batido el record de asistentes: ¡30! Lástima que no se nos sumó Raquel, que llegó un poco tarde y no nos pudo alcanzar. Entre los participantes hay que felicitar especialmente a José Luis Rubiales, que llega a su centésima marcha. Dejo para el final las onomásticas, que fueron también muy sentidas.

La verdad es que yo nunca había traspasado la valla del embalse de Navacerrada. Me sorprendió gratamente: Nada más atravesar el portillo para pescadores con trampa, o sea que si no sabes el truco no pasas (también mi primera vez), se pasea uno muy relajadamente con unas vistas estupendas. Hay que decir que la luz del día acompañaba y, aunque al cabo de andar un rato se notaba la humedad ambiental, la vista descansaba al contemplar el paisaje.

Tras pasear por la orilla norte del embalse, cruzamos la carretera de Cerceda y comenzamos a ascender cómodamente por una pista de tierra al este de La Barranca hasta la denominada en un cartel próximo “presa de Los Baños”, muy coqueta, más seductora en verano. Al borde del camino, junto a una fuente con poyos, hicimos la paradita para el tentempié, me pareció que bastante frugal por la expectativa del afamado cocido en Las Postas al acabar. Seguimos subiendo con todas las cumbre ocultas por nubes muy bajas, prácticamente sobre nuestras cabezas, traspasamos la cuerda que separa La Barranca del siguiente vallecito y ascendimos hasta el embalse de agua potable de La Maliciosa, redondeado y de escarpadas paredes, tal que parece una taza gigante. Nuestro primer objetivo, conseguido.

Ya sabemos que siempre parece que bajar es fácil pero no hay que fiarse. En esta ocasión lo hicimos por la ladera opuesta del cordal, con bastante más pendiente, muchas zonas malamente asfaltadas con cemento y además con chinas sueltas por encima, de forma que parecía el camino del Calvario por el peligro de caídas. Más de uno resbaló, aunque, debido a la gran forma física de nuestros senderomagos, entrenados semanalmente para soportar los mayores rigores que impone la naturaleza (se cuenta que en una zona próxima a ésta se vencieron vientos de 60 Km/h. con -20ºC), nadie mordió el polvo. Durante la bajada nos íbamos fijando en los montículos de piedras de caprichosas formas; también había quién se dedicaba a poner nombre a las vacas y terneros, llamándolos dulcemente para protegerlos, al tener nombre, de la indiscriminada matanza a que son sometidos tarde o temprano.

Ya en la vaguada comenzaron a aparecer algunas zarzamoras con frutos realmente apetitosos, así que nuestra recolectora titular de frutas del bosque, Rosa B., comenzó la cosecha, ayudada de cuando en cuando por algún espontáneo. Esta vez cruzamos la carretera de Cerceda un poco más al este, volviendo hacia el embalse de Navacerrada para encararlo por el sur, subiendo al cerro de La Cabeza por una senda con bastante pendiente pero de corto recorrido. Así llegamos a la cumbre, con un bonito mirador sobre el embalse y todo su entorno: La Barranca al norte, con las nubes ya perpetuas a partir de media ladera, la Maliciosa con las cumbre apenas entrevista, más allá La Pedriza y ya al este el pueblo de Mataelpino y el de Manzanares, con su castillo recortado sobre el embalse de Santillana; debajo de nosotros, al sur, Becerril enmarcado por el cerro del Telégrafo al fondo y al oeste nuestro siguiente objetivo, el cerro del Castillo. Aquí se hicieron buenas fotos, incluida la de grupo y retomamos fuerzas.

Para bajar no había casi senda y lo hicimos cual cabritillas entre jaras y arbustos, siempre acompañados de agradables fragancias, pues toda la ladera estaba salpicada de plantas aromáticas; distinguimos particularmente el orégano y el tomillo salsero, aunque, como suele pasar con estas cosas, había opiniones para todos los gustos, así que también se identificó por según quién el cantueso, el romero, etc. Así llegamos, tras pasar una alambrada que hubo que elevar, a la presa del embalse de Navacerrada, que recorrimos hasta el otro extremo contemplando los patos y peces que se movían por sus aguas. Creo que fue aquí cuando Rosa hizo pública su oferta de entregar un tarrito de mermelada a todo aquel que le ayudara a coger frutillas, previa aportación del tarrito. ¡Quedáis avisados para la próxima, senderomagos! No tuvo efecto la contraoferta de entregar una cazuelita y ayudarle a cazar patos. Así llegamos a la carretera nacional que sube al puerto de Navacerrada, donde Antonio, con buen criterio, acortó la excursión, ahorrándonos la subida al cerro del Castillo, para no llegar tarde a comer. O sea que fuimos siguiendo la carretera por sus proximidades, abundando en la cosecha de moras. Recuerdo particularmente de este trayecto un bonito liquidámbar, en cuya coloración se empezaban a notar los primeros efectos del otoño (José María hizo una foto muy bonita).

Llegados al restaurante, Leonor nos hizo saber que había cumplido años, así que lo celebramos con unas cervezas a su salud. ¿Y qué decir del afamado cocido de Las Postas? Pues que estaba muy rico, pero misteriosamente faltaron garbanzos (nadie se lo explicaba; aún es un misterio). Lo que no faltó fue el “agua del botijo”, que pasaba de mano en mano con fruición. Tras la distendida comida, a la que se sumó Carlos, y la correspondiente charleta, vino lo mejor: Así como Leonor y José Luis R. nos invitaron a las cervezas, por su cumpleaños y su excursión número 100, respectivamente, nuestro saxofonista de cabecera, Fernando Sangüesa, que también había cumplido años en la semana previa, nos invitó a una audición extraordinaria, acompañado al piano por su hermano Iván. Con gran dominio de la escena, dedicó a Leonor un “Cumpleaños feliz” que dio mucha envidia; también nos deleitó con la interpretación de la pieza “Vivir sin tí”, de su álbum “Qué importa el final”. Hay que decir, no obstante, que tanto mérito o más tuvo la actuación como telonero de José María, aclamada por todos; a mí se me saltó una lagrimita cuando escuche su interpretación de “La chocolatera”, que tantas veces había oído ensayar en casa a mi hijita.

Yo creo que a la caminata se le pueden dar 4 sicarias, pero sumando la traca final en Las Postas, se llega de sobra a 5.
Melchor

FOTO REPORTAJES
Foto reportaje de José María Pérez

FOTOS

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