miércoles, 12 de febrero de 2014

Excursión 174: Colmenar - Puente de la Marmota - Central de Navallar

FICHA TÉCNICA 
Inicio: Estación de Colmenar Viejo
Final: Estación de Colmenar Viejo
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 21,2 Km
Desnivel [+]: 580 m
Desnivel [--]: 521 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua:
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 34

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN

Colmenar Viejo nos recibió blanqueado por la nevada del día anterior, con frío y con el cielo gris. Tras bajar las escaleras de la estación para cruzar las vías por debajo, tomamos un camino que se fue haciendo cada vez más atractivo, según nos alejábamos del pueblo. Empezábamos así el disfrute de la senderomagia de los miércoles; todos menos uno, que venía al final corriendo a pasos cortos mientras sujetaba la mochila con una mano y con la otra trataba de ponerse la indumentaria adecuada; un día más, Antonio V. había llegado el último. Gracias, Antonio, por hacer que los despistes del resto pasen desapercibidos.

Mientras conjeturábamos sobre sí presenciaríamos o no la exhibición del perro hidepú del pastor, perdíamos altura y la nieve iba desapareciendo. Llegamos al redil y allí estaba el perrito de marras en segundo plano sin llamar la atención, mientras un mastín blanco grandullón no paraba de ladrarnos; como no estaba el pastor, no se pudo montar el espectáculo. Más valía, pues, seguir andando; a la vuelta de la primera curva nos aguardaba otra exhibición, no por esperada menos sorprendente: la visión del río Manzanares con la cola del pantano de El Pardo culebreando hasta la cabecera del embalse en la lejanía, con la ciudad de Madrid al fondo sumida en la neblina.

Avanzamos, esta vez por una senda, hasta encaramarnos a lo alto del cerro de La Marmota, atravesando los restos una antigua conducción de agua que tiempo atrás se despeñaba hasta el río, seguramente como fuente de generación eléctrica. Sobre el depósito de acumulación de agua sobreviven las ruinas de una casa y, en lo alto, otras ruinas de lo que debió ser un privilegiado mirador. Allí tomamos el tentempié y, tras ello, Miguel Ángel se reveló como un fantástico guía en estos parajes. Nos animó a subir un poquito más hasta la cumbre del cerro, desde donde se contemplaba un amplio panorama: Al sur, la inmensidad del Monte del Pardo, con el pantano en el centro y con sus cercas de piedra delimitándolo hasta el horizonte; al norte, Colmenar como en una postal navideña; al este, apenas entrevisto, Tres Cantos.

Bajamos hacia el río, nos topamos con la cerca de El Pardo y, bordeándola, nos precipitamos hasta el puente de La Marmota, de majestuosa factura y recientemente restaurado. Venía el Manzanares temible y desbocado por un estrecho cañón, tronando como yo nunca lo había visto, formando torbellinos entre las rocas y tragándose los árboles de la ribera que aguantaban la acometida increíblemente.

Subimos trabajosamente hasta una pista por la otra vertiente, la seguimos un trecho y nos encontramos vallado ¡y de qué manera! el paso al sendero que teníamos previsto. Aquí Miguel Ángel hizo su segunda contribución de la jornada indicando un camino alternativo, siguiendo la pista, que no nos desviaba mucho del trayecto planificado. Dimos una amplia curva que enseguida se convirtió en una recta infinita, cuya monotonía hacía que el cansancio comenzara a manifestarse. Por suerte, teníamos ciertos alicientes, como la aparición de algunos ejemplares de enebro de buen porte entre las encinas, el hallazgo de un burrito cariñoso y, sobre todo, el reencuentro con la nieve, que poco a poco se fue haciendo más densa hasta alfombrar totalmente los prados cuando, por fin, convergimos con la carretera de Hoyo de Manzanares.

Seguir la carretera hacia Colmenar se estaba haciendo un poco pesado, pero Miguel Ángel se conocía una bonita senda que atajaba casi hasta el río, así que llegamos cómodamente hasta un montículo presidido por una “escultura” de un automóvil que parecía querer ser un Mini, aunque puede que se nos antojara ver este modelo porque llevábamos un buen rato viendo desfilar por la carretera un montón de Minis, que seguramente se dirigían a algún evento organizado. Bajamos enseguida al puente del Grajal, dicen que de origen musulmán, precioso, ligero y equilibrado, aunque ninguneado por el puente más moderno construido junto a él para dar paso a la carretera actual.

Algunos nos acercamos hasta la presa que hay unos metros más arriba, donde nos quedamos impresionados al ver y oír rugir el gran caudal de agua que estaba soltando. Mientras, el resto ya había comenzado a comer el bocadillo en los aledaños del puente, así que los demás tuvimos que darnos prisa para no perder comba. Ya saciados, que buena falta nos hacía, nos dirigimos río arriba por bonitos vericuetos hasta la antigua central hidroeléctrica de Navallar, construida en 1900, muy bien conservada y de las pocas de esa época que deben perdurar; al pasar junto a ella, bullía bajo los pies un estruendo de turbinas y agua que parecía provenir de un monstruo del subsuelo.

Ya quedaba menos, no hacía viento y no nos había llovido, así que animados subimos por un camino hasta la vía del tren. Tuvimos la fortuna de que, aunque la anchura de la plataforma es de doble vía, sólo está construida una vía única, así que la otra hace de camino por el que se avanza muy cómodamente, si exceptuamos el agua acumulada que provocaba constantes salpicaduras al andar. Fue muy ilustrativo escuchar las explicaciones de Paco C. sobre las señalizaciones ferroviarias y demás características de la vía; tan bien se explicaba que nos costó aceptar que no había trabajado en Renfe.

La magia de Antonio había funcionado aceptablemente hasta un kilómetro antes del final, pero se ve que ahí Antonio perdió la concentración y los más rezagados nos llevamos como despedida un buen remojón. Ya a salvo en la estación, tomamos las consabidas cervecitas a cargo de Manuel y Santiago, recientemente agraciados con un año más.

Madi ha creído oportuno otorgar 4 sicarias a esta marcha.
Melchor.

FOTO REPORTAJES

Foto reportaje de José María Pérez

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