miércoles, 9 de abril de 2014

Excursión 182: La Bola del Mundo - La Maliciosa

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: 
Puerto de Navacerrada
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,4 Km 
Desnivel [+]: 809 m 
Desnivel [--]: 813 m

Tipo: Circular
Dificultad:
 Media
Pozas y agua: No

Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 32


MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN

La subida a La Maliciosa desde el puerto de Navacerrada es un clásico imprescindible para todo senderista madrileño que se precie, así que allá fuimos con ilusión quienes aún la teníamos pendiente. Los veteranos ya sabían que merece la pena no sólo por la honrilla, sino por la experiencia en sí y porque La Maliciosa es un balcón privilegiado para contemplar un amplio panorama a vista de pájaro y reconocer en la distancia muchos de los enclaves recorridos otras veces.

En contraste con el miércoles pasado, hoy el día se mostraba esplendoroso y daba gusto andar por el caminito que asciende en suave pendiente hacia la sierra de Las Cabrillas. Ni recuerdo del hielo de otras veces, así que se marchaba rápido y pronto nuestro “boss”, que se entretenía amablemente en dar lecciones sobre el manejo del GPS, fue sobrepasado por la masa animosa que tenía ganas de llegar arriba cuanto antes.

Dicen que lo más duro de esta marcha es la cuesta que hay hasta tomar la pista de hormigón que sube a La Bola del Mundo. Debíamos estar muy frescos porque la remontamos casi sin darnos cuenta mientras conversábamos. La pista, sin embargo, cubierta enseguida de nieve, parecía no tener fin. Los más forofos llegaron los primeros frente a las antenas “atléticas” de La Bola del Mundo, que para ellos eran señales que presagiaban un indiscutible triunfo en el partido de la jornada frente al Barça, tal como posteriormente se confirmó (¡Enhorabuena, atléticos!). Me parece que Luis, que venía con nosotros por primera vez, estaba algo sorprendido por esta afición.

Nos reagrupamos en el prado de Guarramillas, libre de nieve, donde aún se conserva en muy buen estado un gráfico representativo de orografía del entorno, tallado en un tronco de cono metálico que nos retrotrae a tiempos pretéritos ya que, según Antonio comentaba, fue elaborado por los chicos de la OJE. Aquí nos tomamos el aperitivo mientras disfrutábamos de las magníficas vistas, entre las que destacaba el porte de Peñalara. Nos sobrevoló en semicírculo un helicóptero de la Guardia Civil, a cuyos ocupantes tengo la impresión de que les quitamos el sitio para el bocadillo.

Con La Maliciosa al frente como meta, reanudamos la caminata descendiendo por la nieve hasta que ya en el collado del Piornal casi había desaparecido. La mayoría se acercaron hasta el manantial del Cancho Negro y el resto acometimos la subida hasta nuestro objetivo directamente, teniendo que superar un trabajoso repecho por la nieve. Ya en la arista de la montaña que da paso a La Barranca, entre las piedras y la escasa vegetación, multitud de mariquitas moteaban el suelo de rojo y muchas aprovechaban para aparearse; era el anuncio de la eclosión de la primavera en las cumbres.

Hay que estar en el pico de La Maliciosa para experimentar el placer de contemplar desde tan alto tantos y tan diferentes paisajes. Sólo diré que me sorprendió ver simultáneamente hasta siete pantanos,  poder seguir el curso del Manzanares desde su nacimiento hasta Madrid, la perspectiva de La Pedriza entre las blancas cumbres de La Cuerda Larga y la sierra de los Porrones o una estampa poco habitual de los Siete Picos en que se ven de frente como si fuera uno solo, al estar en hilera. Algunos nos acercábamos a los riscos de las inmediaciones para apreciar mejor la caída casi vertical hacia el abismo, donde, según Joaquín, Pedro Botero tiene sus calderas.

Aunque mucho nos entretuvimos en La Maliciosa, había que volver. Lo hicimos prácticamente por el mismo camino, dejándonos caer, casi deslizar, en las bajadas por la nieve y sufriendo un poco en las subidas, pues ya el cansancio se notaba. Para bajar al puerto de Navacerrada en el último tramo, esta vez tomamos el camino más rápido, muchos por la pista de hormigón, otros por las de esquí, ya con escasa nieve.

Sea por la sed o por el momento, las merecidas cervecitas en la terraza de Venta Arias estaban de muerte, y más acompañadas por las sabrosas empanadas que Paco Cay. había traído desde Carabanchel para celebrar su cumpleaños. Aprovechamos ya para celebrar también el de Miguel Ángel y el mío propio. Aquí, otro Paco, el de La Pedriza, se lució encaramándose a la chepa de Fernando S. para hacer una foto más difícil todavía.

El día fue estupendo, el tiempo acompañó, lo conocido del recorrido permitió que cada cual adaptara su ritmo a su gusto, las vistas fueron espléndidas. En consecuencia Madi otorga 5 sicarias sin dudarlo.
Melchor

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