sábado, 12 de julio de 2014

Excursión 197: Nocturna a Peñalara con luna llena

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos
Final: Puerto de Cotos
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  11,5 Km
Desnivel [+]: 812 m
Desnivel [--]: 812 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Tipo: Circular
Valoración: 4,5
Participantes: 60

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta











TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
RESUMEN
Masiva respuesta a la generosa oferta de Paco N. de subir a Peñalara para contemplar la puesta de sol y la salida de la luna llena, en un día ideal para ello. Amigos, familiares, colegas, vecinos… Todos se apuntaron, de forma tal que los senderomagos de los miércoles éramos apenas reconocibles por unas pocas estrellas dispersas entre la multitud.

Iniciamos la marcha a media tarde por la senda que sube a Peña Citores para hacer más liviano el ascenso. Era un gusto conversar con gente de todas las edades, algunos ya habituados a este tipo de marchas y otros sorprendidos por el panorama que se iba mostrando según subíamos, y todos ilusionados por vivir esta experiencia, incluso aquellos que, como Hortensia, tenían que parar a tomar resuello a intervalos. También era un placer provocar de cuando en cuando alguna sonrisa e incluso arrancar alguna risotada, como las que le surgían a Aitana con espontaneidad.

Una brisa fresca comenzaba a soplar, así que, antes de continuar, hicimos un descanso para merendar a la solana en una depresión de la ladera donde crecían unas plantas misteriosas para la mayoría, a punto de florecer, y que fueron identificadas como peonías por Patri y Tere. Desde allí se contemplaba toda la sierra iluminada por el sol e incluso, tras el puerto de Navacerrada, en la lejanía, el monte Abantos con El Escorial a sus pies y Las Machotas tras el pueblo.

Llegamos al collado para desde allí doblar a la derecha y así acometer la subida directa a Peñalara, suave hasta llegar a Dos Hermanas y ya algo más pendiente en su último tramo. La senda estaba concurrida por más excursionistas que habían tenido la misma idea que Paco, pero la hilera de nuestro grupo era inconfundible. Sería porque el frío ya se dejaba notar, pero el grupo se movía con avidez por llegar a la cumbre; unos pocos, que nos apartamos unos metros para ver desde lo alto La Laguna Grande, tuvimos que andar listos para no rezagarnos.

Era la primera vez en que muchos de nosotros alcanzábamos la cima de Peñalara y algunos, que le teníamos muchas ganas, lo disfrutamos alborozados. Las vistas eran espectaculares, con toda La Cuerda Larga bañada por el sol tibio del atardecer y una sucesión inacabable de cumbres hacia el oeste hasta divisar la sierra de Gredos recortada sobre el fulgor uniforme del cielo. Sobre la meseta, el sol deslumbraba y se iba acercando a su ocaso.

Nos fuimos refugiando en la ladera sur, más abrigada, y allí desplegamos las viandas de la cena. Mientras comíamos el bocadillo, unos cuantos nos dedicamos a explorar los contornos y así, por ejemplo, pudimos contemplar desde lo alto  todas las lagunas que se hallan en el camino hacia la de Los Pájaros, incluida la de Los Claveles. Otros compartían el vino y los postres en animados círculos, destacando por sus chascarrillos y su elevada presencia femenina aquel en que se encontraba nuestro nunca suficientemente ponderado Fernando S. Hubo quienes hasta degustaron una tarta de aniversario.

Casi sin darnos cuenta la luna llena estaba emergiendo; al rato Paco voceó “Se está poniendo el sol” y muchos nos asomamos presurosos a la ladera norte para quedarnos pasmados ante el círculo solar anaranjado en un horizonte sangriento como si la llanura castellana fuera un mar inmenso.

Se fue haciendo de noche y la luna fue mudando su color según se elevaba; recuerdo que, en su transición hacia el blanco, presentó durante un rato un tono verde pastel especialmente llamativo. Paulatinamente se fueron iluminando las poblaciones, distinguiéndose incluso el área de Madrid por encima  de La Cuerda Larga; los pueblos del valle del Lozoya parecían de Nacimiento y entre las poblaciones de la meseta destacaba Segovia con su catedral despuntando como una escultura de luz.

A todo esto, el frío ya era intenso y se ve que aquellos que iban menos preparados para esta eventualidad tenían ya ganas de volver, así que, en un descuido de Paco, que hasta entonces había controlado al minuto toda la marcha, unos cuantos desertores iniciaron la vuelta. Con Paco en la inopia, a punto estuvimos de perdernos todos menos uno. Hubo que correr la voz hasta la cabeza de la fila para que el grupo parara y Paco tomara la delantera, guiándonos esta vez por la senda que baja desde Dos Hermanas hacia las antiguas pistas de esquí.

El descenso fue más pausado de lo previsto, pues había quien bajaba con dificultad, en particular un par de lesionados que tuvieron que ser diagnosticados por nuestro médico-saxofonista habitual. ¡Desde aquí os deseamos una pronta recuperación!

Durante la bajada hubo otra vez ocasión de asomarse para contemplar de nuevo La Laguna Grande, cosa que sólo hicimos unos pocos; observada frente a la luna desde lo alto, brillaba como el cobre. Daba gusto también caminar a la luz de la luna con las linternas apagadas. Antes de finalizar, paramos en el mirador de La Gitana, donde aprovechamos el reloj de sol para utilizarlo como reloj de luna. En el último tramo descubrí que para Vicente F. esta había sido la primera excursión a la montaña de su vida, habiendo acabado muy satisfecho con ella, así que quiero felicitarle especialmente.

Algo cansados, pero también reconfortados, llegamos por fin a Cotos. Y desde allí, cada mochuelo a su olivo. Como curiosidad, diré que Rosa y yo vimos merodeando por el aparcamiento a un zorro descarado que no se inmutaba con nada; debe ser el mismo que en otras ocasiones fotografiaron en Venta Marcelino otros senderomagos.

Preciosa excursión, pero a la que Madi no puede otorgar la nota máxima por las lesiones acontecidas, así que la calificación final es de 4’5 sicarias de las 5 posibles.
Melchor.

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