miércoles, 17 de septiembre de 2014

Excursión 201: Puerto de Navacerrada - Pinares de Valsaín - Puerto de Cotos

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Puerto de Cotos
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 16,6 km
Desnivel [+]: 575 m
Desnivel [--]: 599 m
Dificultad: Baja
Tipo: Sólo ida
Pozas y agua: No
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 29

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
RESUMEN
En contraste con el sofoco de la excursión previa, en esta marcha daba gusto caminar con el fresquito. Y no lo digo refiriéndome a mí, aunque alguno pudiera pensarlo, ya que, a pesar de mi retraso al partir, un rosario de senderomagos quedó marcando el camino como si fueran miguitas de pan, hasta facilitar el reagrupamiento de todos nosotros en la umbría de Siete Picos.
Siempre a través del pinar, en el que algunos árboles enormes parecían esculturas caprichosas, sorteando a veces grandes piedras, nos allegamos al Collado Ventoso, donde buscamos refugio para tomar un tentempié. Allí, jirones de niebla provenientes de la vertiente sur se iban deshilachando en el cielo hasta dejarlo despejado a lo lejos.
Bajamos a la pradera de Navalviento, donde, al contrario de lo que pudiera pensarse, el aire en calma y el solecillo invitaban a echarse en la yerba, cosa que no pudimos hacer porque había que continuar ladera abajo, entre los helechos, hasta encontrar el curso del arroyo del Telégrafo. Lo cruzamos frente a una represa artesanal, hecha con piedras, troncos y tablones; y tomamos una pista que descendía suavemente mientras el arroyo se precipitaba cada vez más al fondo del valle.
Al poco de entretenernos con lo que, a decir de algunos, era una viborilla, nos hicimos la foto de grupo en una peña al borde del camino y continuamos hasta salir a Las Siete Revueltas de la carretera de Segovia. Muchos pensábamos que desde ahí iríamos subiendo gradualmente en dirección a Cotos, pero ¡quía! Tuvimos que descender por la carretera un buen trayecto, para cruzarla y llegar a una carreterilla en desuso que, ornada de zarzamoras chispeantes de rojo, se adentraba en el bosque.
Enseguida encontramos una praderita en la que comimos los bocadillos antes de emprender la ya inminente y temida subida a Cotos. En esto que se arranca Antonio con  la noticia de que tiene su coche-escoba aparcado cerquita y a disposición de los más “necesitados”. Seis cobardes, cuyo nombre no diré por prudencia, quedaron con él mientras los demás emprendíamos la marcha, todo orgullosos. Sí diré que eso de que “las chicas son guerreras” es un bulo, salvo en el caso de Leonor y Ana Ch.
Poco a poco ganábamos altura disfrutando de la visión serena del caminito inmerso en una sucesión infinita de pinos en todas las direcciones. Así hasta que tomamos un desvío para seguir el valle del arroyo del Puerto del Paular. Aquí la pendiente, mucho más pronunciada, ya se acusaba bastante, ¿verdad, Leonor? Además, la lluvia, que nos había respetado hasta ese momento, quiso darnos un aviso con un chaparroncito de última hora.
Contentos al fin, llegamos al destino superando la vía del tren de Cotos por un puente y despidiendo al convoy que salía a las 15:45.
Había que celebrar la culminación de la marcha en Venta Marcelino y esta vez lo hicimos a cuenta de José Mª y Jesús C., que habían cumplido treinta y tantos hacía justo veinte años. Mientras, Javier M. nos sorprendió con unos pases toreros a un “morlaco” de buenas ubres en la “campa” próxima a la carretera, siempre, eso sí, guardando las distancias que aconseja la edad ya provecta que vamos adquiriendo.
Sólo quedaba coger el autobús hasta el puerto de Navacerrada para regresar desde allí a nuestra vida cotidiana y esperar al siguiente miércoles.
Bonito día, bonita marcha y buena compañía; eso sí, puede que alguno se haya hartado de tanto pino, del principio al fin. Madi otorga 4 sicarias bien merecidas.
Melchor

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