miércoles, 11 de marzo de 2015

Excursión 224: Siete Picos nevados

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada 
Final: Puerto de Navacerrada 
Tiempo: 5 a 6 horas 
Distancia: 13,9 km 
Desnivel [+]: 685 m 
Desnivel [--]: 694 m

Tipo: Circular 
Dificultad: Alta 
Pozas y agua: No

Ciclable: No
Valoración: 4,5 
Participantes: 37

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Cazado a traición, o por despistado, se me condena a ser cronista de la marcha. Yo, ¡que soy de ciencias!, Con lo bien que se me daba a mi el “chipi y el chopo”. ¿Se llamaban asi?. Si sólo leo “El buen amigo” y a Cervantes le conocía sólo de tomar cañas y pendoneo por su calle. Lamento, por anticipado, que esta “pseudocrónica”, baje el nivel del ratio de las anteriores, advertidos quedáis.

Entrando en materia, salimos tan contentos y animosos y ¡plaff! La primera en la frente, mira por donde, cruzar la pista del Bosque era mas propio de patinadores que de senderomagos, por lo que aplicando la máxima de “riesgos cero” se decide subir a la cabecera de pista para cruzar por allí. Logrado este primer objetivo, viene la segunda: nuestras mascotas caninas fueron amonestadas por el cuidador de pistas, no sé si por ir “por libre” o por no llevar el equipo de sky adecuado.

Solventados los primeros “errores infantiles” la caravana calienta y en poco más de un plis plas, demostrando una profesionalidad y forma física envidiables, estamos subiendo al primer pico (2.138 mts.), que en realidad es el séptimo. Más de una docena larga de senderomagos campean cual “gráciles cabras” por entre los riscos más altos y con mejores vistas de la zona. El Vibram hace milagros. El día espectacular, como de encargo.

Como no hay dos sin tres, Se nos atraganta (solo de momento) un difícil paso por una zona helada, que con la ya mencionada profesionalidad y la ayuda de un cordelino lo pasamos en otro plis plas un poco más largo.

Y así, pico a pico, de los que nadie sabía los nombres, si es que lo tienen, hasta otro paso difícil por la nieve helada, que una vez superado exitosamente, con la ayuda de Juan y su cuerda, más larga y profesional, nos aumentó nuestra experiencia y orgullo un punto más.

Anda que te anda llegamos al sexto pico, es decir, el segundo, el más próximo al solitario Majalasna, que según se numeran, es el primero. Y después de volver a ver a las “gráciles cabras” campeando por las alturas, la foto de grupo  y un leve descanso, acometemos la bajada al Collado Ventoso. En el descenso hubo alguna conversión a “gráciles patinadores”, donde las cabriolas y resbalones abundaron en la blanda nieve, para regocijo y alegría de los más “seguros” senderomagos. La algarabía era tal, que rompió el silencio de las cumbres nevadas contaminando acústicamente media sierra de Guadarrama.

Reagrupados en el collado Ventoso, los de las prisas por regresar pronto tomaron el camino Schmid hacia el puerto de Navacerrada y el resto subimos al Cerro Ventoso, donde se decidió dar buena cuenta de la manduca mientras contemplábamos las mejores vistas de Siete Picos, que desde aquí se ven al completo, además de todo el valle de la Fuenfría. Destacar que, según las estadísticas, solo hay tres días al año que, tanto el collado como el cerro Ventoso no hacen honor a su nombre. Pues hoy era uno de esos tres. ¿Suerte?.

Vuelta al trabajo, bajamos al puerto de la Fuenfria y tomamos sin descanso la senda de los Cospes para enlazar con el Camino Schmid, excepto un despistadillo o gallito que hablando por el móvil no estuvo atento y tomó el carril del Gallo, camino equivocado, para quemar unas cuantas calorías más, hasta que a gritos, le hicimos corregir el rumbo.

Tras la larga caminata por la umbría de Siete Picos, sólo nos faltaba despejar la incógnita de cómo sería el cruce de la pista del Bosque. Para nuestra sorpresa fue atravesada casi sin problemas, excepto un par de sustos y resbalones que sólo quedaron en eso. La cerveza final no pude tomarla por culpa del “cagaprisas” de Alejandro, mi chófer habitual, pero seguro que supuso el colofón perfecto al estupendo día vivido remontando la cresta del enorme dragón que, según la leyenda, se oculta bajo los Siete Picos.

Por todo ello esta excursión bien se ha merecido las 4,5 sicarias, y dado que: lo bueno, si breve, dos veces bueno, espero que esta crónica lo sea, al menos, por breve. 
Julián Suela

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