miércoles, 14 de octubre de 2015

Excursión 256: Tres Cantos. Danone

FICHA TÉCNICA
Inicio: Tres Cantos
Final: Tres Cantos
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia:  18,8 Km
Desnivel [+]: 226 m
Desnivel [--]: 226 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No

Ciclable: Sí
Valoración: 3,5
Participantes: 40

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN

Me parece a mí que últimamente estamos rememorando los orígenes del GMSMA, no sé si en demasía. Es decir, un paseíto para abrir el apetito y comer de restaurante, y para rematar, en esta ocasión, de postre Danone. Conste que el culpable de esto último ha sido Nicolás, pero que casi todos se han regodeado en la experiencia. ¿Es que ya no se acuerda nadie de la famosa gesta de la 82, en que ni se podía parar a comer un triste cacahuete porque se te helaban los dedos de las manos? Tanto presumir para esto…

Si exceptuamos la gozada del pulpo en el restaurante Mary Carmen y la visita a Danone vestidos como para ir a Marte, lo más divertido del día fue ver un vértice geodésico en un cotarrito llamado Valdelagua (con este nombre ya se hace uno idea de la altitud que debía tener). Ah! Y, como siempre se aprenden cosas en las excursiones, también tuvo su gracia habernos enterado algunos de que a los huertos de Tres Cantos y por ende, también a sus habitantes, les llama tricantinos, como si fueran felices pajaritos.

Aparte de todo lo narrado, ¡Vaya pedazo finca la del Bosque de Viñuelas! Y vaya como se nota quién es el dueño: Esta vez fuimos excepcionalmente prudentes con el  respeto al vallado. Total, que pasado el arroyo del Bodonal, que torna su nombre a Viñuelas nada más penetrar en los dominios de la finca, el camino no tenía pérdida. Sólo había que seguir el vetusto y formidable muro de piedra, casi muralla, que va quedando a la derecha. Son curiosas algunas construcciones del Canal de Isabel II, pero sobre todo son muy sobresalientes los viejos puentes, extraordinariamente sólidos, construidos sobre los cauces de los arroyos y barrancos, y que sustentan todo el peso de los muros de la finca.

Cuando se llega al extremo norte del cercado, que es a la vez el más alejado dentro del municipio de Madrid, se sigue un poquito el camino y se llega al vértice geodésico antes mencionado. Allí tomamos un tentempié que no acababa nunca, ya que Santiago nos iba surtiendo con delicatesen provenientes de su reciente viaje a Filipinas. Una vez acabadas las últimas migajas pudimos retornar por el mismo camino, a excepción de un pequeño recorrido por entre hierbajos resecos, supongo que para dar a la marcha un cierto empaque.

El regreso se hizo algo pesado por el calor del sol, que ya se iba notando; se echaba de menos la sombra de las encinas que campaban al otro lado del muro. Sólo nos  distraía la conversación y el paso a cortos intervalos de los aviones recién despegados de Barajas; iban tan bajos que hasta había quienes saludaban a los pasajeros.

Con lo que no contaban muchos, supongo yo, es con que, tras llegar al aparcamiento había que andar otro par de kilómetros hasta el restaurante; y luego volver, claro. Un ejercicio de propina muy adecuado para los amantes de la comida caliente.

Madi iba a otorgar 3 sicarias a esta ruta, pero como el personal ha salido tan guapo en la foto de Danone, ha decidido subir la nota a 3’5.
Melchor

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