sábado, 24 de octubre de 2015

Excursión 258: Ermitas de Tella

FICHA TÉCNICA
Inicio: Tella
Final: Tella
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia:  2,3 Km
Desnivel [+]: 86 m
Desnivel [--]: 99 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No

Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 16

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN

Si no fuera porque ya habíamos hecho en coche un espectacular recorrido para llegar hasta Tella, diría que el paseíto por el pueblo y sus ermitas sirvió para abrir boca en los Pirineos otoñales con que Juan nos había obsequiado. Pero desde que nos habíamos asomado a los Pirineos en el puerto de Monrepós, ya no había parado la fiesta.

Por Sabiñánigo nos habíamos adentrado en el valle del río Basa, donde los hayedos contrastaban en colorido con los árboles de ribera, especialmente los arces, todos enmarcados en los verdes perennes de las coníferas; tras pasar el túnel de Petralba, habíamos descendido hasta el río Ara por el barranco de San Salvador en un continuo disfrute para la vista; luego por el Ara hasta Ainsa, el ascenso por el valle del Cinca y la sinuosa subida hasta Tella. Además, habíamos abierto boca verdaderamente en Boltaña con unos grandes bocadillos que en muchos casos se transmutaron en menú del día.

Ya en Tella, donde se tienen sensaciones de dejavú seguramente debido a los encantamientos del lugar, tuvimos el placer de caminar despacito y en deportivas, al contrario de lo que viene siendo habitual, deteniéndonos en cada rincón de la aldea, como es el caso de la peculiar entrada a su iglesia parroquial.

Tella está enclavado en un pequeño cordal, a más de 1.300 m. de altitud, así que el pueblo y los alrededores son una atalaya privilegiada desde la que observar multitud de cumbres y depresiones. Al poco de abandonar el pueblo en dirección a nuestra primera ermita, la de San Juan y San Pablo, sobrecogía la visión de las cimas y sus barrancos, con La Punta de las Olas dando paso a la sierra d’as Zucas a nuestra derecha.

La ermita de San Juan y San Pablo es una preciosidad, una sencilla perla románica situada en un enclave delicioso, entre un prado y un saliente rocoso de la montaña. Desde allí sólo había que subir una cuesta para llegar a la ermita de la Virgen de la Peña, ésta muy próxima a un mirador natural desde el que se contempla el valle del río Yaga, evocador de brujas ultramontanas y enmarcado por una sucesión de cumbres.

Dicen que las tres ermitas de Tella, al formar un triángulo mágico, protegen a la población de los encantamientos malignos. No sé cuánto habrá de verdad en ello, pero nuestra tercera ermita, la de la Virgen de las Fajanillas, cercana a la anterior, parece más bien hallarse dentro del triángulo formado por las otras dos y por la iglesia del pueblo. A paso sosegado descendimos hasta ella y entre algunas flores dispersas y ciertas zarzas disimuladas entre la vegetación, nos hicimos la foto de rigor todos juntos.

El último tramo hasta el pueblo es muy agradable y discurre por un caminito lindante con los huertos, algunos de los cuales todavía se cultivan a la manera tradicional. ¡Lástima que el caminito no dure un poco más!

Si se ha estado en Tella y no se ha visitado su famoso dolmen, es un pecado. Así que, al poco de bajar por la carretera, detuvimos unos minutos los vehículos para poder decir que habíamos visto el dolmen. Lo miramos por arriba, desde abajo, por un lado y por otro, cavilamos sobre cómo se pudo construir y para qué, y dijimos adiós a Tella, o más bien hasta luego, pues seguramente en alguna otra ocasión volveremos allí sin saber si ya habíamos estado y reviviendo esa extraña sensación de dejavú. Y es que subir a Tella es como viajar por el espacio-tiempo.

Madi informa de que no puede conceder la máxima calificación al paseo porque casi no estiramos las piernas, pero que por la belleza del lugar y el entorno otorga 4’5 sicarias.
Melchor

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