lunes, 1 de febrero de 2016

Excursión 278: Nacimiento del Guadalquivir y Tejos Milenarios

FICHA TÉCNICA
Inicio: Cañada de las Fuentes
Final: Cañada de las Fuentes
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia:  6,1 Km
Desnivel [+]: 225 m
Desnivel [--]: 225 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable:
Valoración: 4,5
Participantes: 9

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
El área recreativa de la Cañada de las Fuentes es un lugar encantador: Fluye el agua con abundancia, la pradera salpicada de árboles de ribera invita al sosiego y el panorama circundante es cautivador. Coincidimos allí con algunos otros paseantes, ocupamos una de las mesas para comer los bocadillos plácidamente y aprovechamos para rellenar las cantimploras. Mientras hacíamos esto, Juan se esforzaba en recortar un parche negro de plástico para no se sabía qué propósito; el misterio se desentrañó cuando, tras el postre, Ana me impuso, con beso y todo, una estrella negra artesanal hecha con todo cariño; y es que José Mª había enviado un mensaje por whatsapp dando la noticia.

Iniciamos el camino a los Tejos Milenarios por la misma carretera por la que habíamos vuelto hacía un rato, esta vez a pie. Tras recorrer un corto tramo, se toma un camino a la derecha que conduce sin pérdida al destino por un precioso valle. La ruta está muy bien señalizada.

El tiempo continuaba siendo soleado y apacible. Daba gusto andar mientras nos topábamos con árboles singulares por su forma y gran tamaño. En concreto, había uno seco junto al camino que parecía colocado para impresionar. También comenzamos a observar numerosos ramilletes de muérdago en los pinos, muchos de ellos con sus relucientes bolitas blancas.

Según avanzábamos por el valle, el camino se iba haciendo sendero y pasaba a estar marcado con piedras cuidadosamente colocadas a los lados. Mientras, el terreno se hacía más ralo y podíamos disfrutar del panorama de las crestas que nos circundaban y de las caprichosas formas en zig-zag que la caliza dibuja en las laderas. En un momento dado, hasta pudimos avistar durante un buen rato, entre las rocas y los arbustos, unas hembras de gamo con sus crías.

Nos internamos después otra vez entre las sombras de los pinos y en un santiamén llegamos al final del camino señalizado, donde se encuentra un ejemplar de tejo verdaderamente impactante. No sé si tendrá mil años, pero reúne la fuerza y la belleza de lo intemporal: Sus raíces se ramifican por el terreno en una extensa área, su tronco está tallado en recovecos y columnas leñosas por el devenir del tiempo y sus ramas presentan un frescor verde sorprendente. Un poco más a la derecha aparece otro ejemplar también vetusto pero de menor porte. Un letrero avisa de que no se debe pisar el terreno, ya que, según comentó Paco, las raíces de los tejos son muy sensibles a la presión.

Nos dimos por satisfechos con la visita a estos dos tejos y volvimos encantados por el mismo camino, internándonos en el tramo final por la pradera junto al arroyo para mayor disfrute. No obstante, ya que estábamos en las proximidades, ¿cómo no íbamos a acercarnos al nacimiento “oficial” del Guadalquivir, señalizado con placa y todo? Ya que pillaba en dirección a Cazorla, cogimos los coches para ir adelantando. Se ve que estábamos un poquillo cansados porque todos, excepto Paco, nos montamos en ellos para hacer los 200 m. necesarios. En consecuencia, puede decirse que, salvando a Paco, todos los demás nos comportamos como estrellas fugaces.

En el “nacimiento” descendimos al cauce del río y comprobamos que el agua fluye desde ese punto en superficie, debiendo hacerlo bajo las piedras en el tramo inmediato superior. Pero se comentó que allí debería haber una surgencia en la ladera, cosa bastante difícil de atestiguar, a lo que parece. Tonteamos un poco por la zona y nos hicimos la foto, ¿cómo no?

Ya bajando por la pista con los vehículos nos volvimos a encontrar al zorrito lindo de por la mañana pidiendo “algo” y a otro amiguito suyo que andaba haciendo lo mismo. Al regresar a Cazorla, paramos en el mirador del puerto de las Palomas, desde donde contemplamos un bucólico atardecer sobre el valle del Guadalquivir, además de ver un macho montés que rondaba por allí. Como despedida, quedó de cine.

En resumen, un paseo vespertino delicioso que, según Madi, merece al menos 4’5 sicarias.
Melchor

FOTO REPORTAJES
Foto reportaje de Francisco Nieto

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