miércoles, 3 de febrero de 2016

Excursión 280: Ermita Virgen de la Cabeza - La Mocha

FICHA TÉCNICA
Inicio: Ermita Virgen de la Cabeza
Final: Ermita Virgen de la Cabeza
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia:  6,3 Km
Desnivel [+]: 414 m
Desnivel [--]: 406 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 9

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Nuestro último día en Cazorla tuvo premio desde su inicio porque no tuvimos que madrugar. La larga caminata remontando y descendiendo el río Borosa del día anterior y el paseo nocturno por Cazorla tras la cena, hizo que Juan se apiadase de nosotros.

La idea era realizar una ruta por la Cerrada de Utrero, una pequeña senda que transcurre buscando al Guadalquivir, que se precipita entre una impresionante garganta de calizas que encañonan al río, y acercarnos a la espectacular cascada de Linarejos que cae al vacío desde gran altura en sus proximidades. 

Pero antes teníamos previsto visitar el Castillo de la Iruela, que nos pillaba de camino y cuya imponente silueta había despertado nuestra curiosidad los dos días anteriores, cada vez que lo atisbábamos sobre la inmensa roca en la que se asienta, al paso por el pueblo.

Mientras desayunábamos en el hotel estos días habíamos tenido a la vista una bonita foto del castillo y del anfiteatro al estilo romano que se ubica a la sombra del mismo, lo que acrecentaba nuestro interés en la visita.

Con los equipajes ya embalados en los coches, recorrimos los poco más de 2 Km que separan la Iruela de Cazorla, y como al llegar al castillo aún faltaba media hora para que lo abriesen, decidimos dar un paseo por las empedradas y empinadas callejuelas del pueblo, deleitándonos con el murmullo del agua de la fuente de los Cuatro Caños, las coloridas macetas de flores que colgaban de las encaladas fachadas y las serpenteantes parras que se mimetizaban con las casas, muchas con huertos anexos en los que sorprendían los almendros ya en flor.

Al alcanzar la parte más alta del pueblo, reparamos en un cartel que informaba de una ruta desde la Iruela al Refugio de la Zarza y que prometía excelentes vistas del valle y, dado que algunos ya conocíamos la Cerrada de Utrero, decidimos cambiarla por esta otra.

Así que, tras recorrer las torres y murallas del castillo almohade y sus dos secretos que guarda: el auditorio al estilo de teatro clásico y lo que queda de la iglesia de Santo Domingo, tras el incendio que en 1810 provocaron las tropas francesas, nos dirigimos al punto de inicio de nuestra nueva ruta, la ermita de la Virgen de la Cabeza.

Mientras nos preparamos, tuvimos ocasión de ver la virgen, patrona de Cazorla, por entre los cristales de la puerta de la ermita, la fuente milagrosa, llamada también del aceite que se encuentra en sus soportales y unas impresionantes vistas desde el mejor mirador de Cazorla y sus valles.

Ya en ruta, ascendimos siguiendo el GR-247, adentrándonos en un bosque con bellos paisajes de la ermita, y que enseguida dejamos para internarnos entre riscos hasta alcanzar la cara norte de la Quebrada, desde donde disfrutamos de unas impactantes panorámicas de la Iruela y su castillo, que a vista de pájaro le hacían aún más impresionante, colgado desde su mole de piedra cargada de encanto y leyendas.

La senda continuaba entre ennegrecidas rocas hasta alcanzar una extensa y pedregosa pradera que nos hechizó con sus magnífica panorámica. Un mar de olivos se extendía por el valle hasta donde la vista llegaba alcanzar, salpicado de racimos de casas blancas de las poblaciones de la Iruela, Burunchel, Chilluevar o Santo Tomé, además de desperdigados cortijos que nos ofrecían una visión original y pintoresca, de sensacional belleza, realzada por la silueta del castillo que parecía querer despeñarse hacia el valle.

Mientras unos se quedaron absortos durante largo rato contemplando esta panorámica, en la que trataban de identificar, pueblos y montañas, otros ascendieron un poco más, buscando las vistas de Prado Redondo, mientras algunos continuamos recorriendo la senda, pasando junto a las románticas ruinas de una casa, hasta alcanzar la Mocha, una prominencia que se asoma al valle a modo de mirador natural y que ofrece también unas vistas extraordinarias.

Regresamos a la explanada, donde algunas se afanaban en buscar fósiles o piedras curiosas. Una vez agrupados, nos hicimos la foto de grupo, y regresamos por donde habíamos venido, con las imponentes vistas de la campiña ahora a nuestra derecha.

En una de las visualizaciones más atrevidas del castillo de la Iruela, Juan nos hizo otra foto de grupo, mientras nos esforzábamos en no resbalar por la fuerte pendiente, el esfuerzo mereció la pena y nos quedó un bonito recuerdo.

En cuanto llegamos de nuevo a la emita, emprendimos el viaje de regreso a Madrid, eso sí, parando previamente en Cazorla a comer. Nos marchamos con la sensación de que dejamos mucho por ver en esta sierra de sorpresas y gentes afectuosas. Habrá que volver.

Por todo ello esta excursión bien merece 4,5 sicarias.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJES

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