miércoles, 5 de julio de 2017

Excursión 356: Los tejos y pozas del Valle de la Angostura

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Isla

Final: La Isla
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 18,7 Km 
Desnivel [+]: 535 m 
Desnivel [--]: 535 m 
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4,5
Participantes: 24

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Abriré esta crónica, disculpándome por no saberme prácticamente ni un solo nombre de los senderomagos, pero con algo de ayuda espero salir del paso. Hoy eramos 24, como visita especial esta vez tuvimos a Juan y Alejandro, los nietos de Ángel Vallés.

En cuanto a la ruta, se trata de un paseo circular que empieza y termina en la zona de restaurantes  y pozas naturales llamada  “La Isla”.

La primera parte de la ruta fue siguiendo la orilla del arroyo de la Angostura aguas arriba, la cual, a los que no llevábamos  GPS,  nos sirvió para al menos saber que íbamos en la dirección adecuada.

Seguimos remontando  el arroyo entre pinos silvestres, la variedad predominante en el valle del Lozoya, después de siglos de intenso carboneo y pastoreo, que acabó con el roble melojo que poblaba antaño esta zona.

En el camino nos íbamos encontrando con múltiples charcas naturales, y una multitud de saltos de agua, destacando la impresionante cascada de la presa del Pradillo.

Aunque solo unos pocos tuvieron agallas para enfrentarse a las gélidas aguas, que no superaban  los  14 grados. Les faltó tiempo a los más valientes y antes de llegar al puente de la Angostura ya estaban en remojo  Paco N, Pepa, Ángel y sus dos nietos.

Al pasar el viejo puente medieval pensaban repetir en la amplia poza que se encuentra algo más arriba, pero se nos adelantó un tropel de chavales de campamentos de verano, por lo que lo pospusimos para la vuelta..

Al poco, nos topamos con un cervatillo, que con cara de pocos amigos, nos miraba desconfiado y que no quiso tener nada que ver con el tema, emprendiendo una veloz fuga.

Después de un plácido “paseo” con parada en una cascada de mucho caudal, en la que nos sumamos muchos más a darnos un refrescante baño, cruzamos el arroyo de la Ángostura por el puente de los Hoyones, cambiando de orilla para volver a cruzarlo a los poco metros por un vado de piedras y cemento. Allí nos hicimos la foto de grupo, y retornaron los que tenían prisa por volver a Madrid, luego me enteré que a éstos les llaman estrellas fugaces.

Continuamos remontando el arroyo de la Angostura, ahora por su orilla derecha y siempre lo más pegado a su brioso caudal, hasta llegar a la zona que daba nombre a esta excursión: los tejos que al pie de una bonita cascada desafían el tiempo. Sin duda, un árbol excepcional, que seguramente poca gente conoce y ni siquiera han oído hablar de él. Antiguamente, su localización era estratégica gracias a que su rojiza madera es de una dureza extraordinaria, comparable a la del boj, esto unido a su resistencia al frotamiento, hacía  que en el pasado fuese muy utilizada para los ejes de los carros y fabricación de arcos y armas.

Tras las fotos pertinentes remontamos el paredón donde se forma la cascada, disfrutando desde su cima de unas excepcionales vistas del Valle de la Angostura. En este punto, objetivo de la excursión, y recorridos ya los casi los 9 primeros kilómetros, hubo quien quería más. La mitad del grupo pidió continuar para visitar la poza de Sócrates, la otra mitad, ya saciados por lo recorrido, el calor, y el haber llegado a meta les hizo regocijarse en una pradera junto a una pequeña charca del arroyo con sombra, perfecta para comer, echar la siesta y esperar a ser recogidos por la otra mitad del grupo. Mientras,  las avispas no dejaban de molestarnos, bueno,  y las arañas... los ciempiés...mosquitos y demás vecinos que vivían por esa zona.

Los insaciables aventureros que continuaron se regocijaron un poco más arriba, 800 metros aproximadamente, de otro baño fresquito, bajo la cascada de la poza de Sócrates, donde disfrutaron de los bocatas de tortilla con chorizo, de atún con pimientos, etc., regados con el vino de las botas, y un poco de fruta antes de continuar.

A la vuelta descendimos por una pendiente bastante pronunciada, muy arenosa. Recuerdo que  podía bajarse con un trineo, de lo resbaladiza que era esa tierra seca. Además de soltar ingentes cantidades de polvo, que no resultaron demasiado agradables a los que intentábamos ver y no caer rodando.

Continuamos por una pista bien  marcada y acotada,  más cómoda de andar que la primera parte, pero quizá no tan interesante.

Y como quedó pendiente, al alcanzar la poza de la Angostura, muchos dieron cuenta del penúltimo baño y algunos al zambullirse, se arrepintieron de no haberlo hecho antes.

El último baño se lo dieron unos pocos en el embalse del Pradillo, compartiéndolo con una pareja de patos y sus ocho pequeñas crías, mientras los demás nos fuimos a tomar unas cervezas al bar de la Isla, en el que todos gozamos de la "simpatía" del dueño, que como siempre nos regaló una sonrisa, agradable, con buenas formas, que… me hizo entender  porqué algunos no quieran volver por este sitio, a pesar de que, todos estaremos de acuerdo, una buena cervecita la tomaríamos hasta en el mismísimo infierno, después de una larga ruta.

Por lo bien que me lo pasé a esta ruta le pongo 4,5 sobre 5.
Marina 

FOTO REPORTAJES
Foto reportaje de José María Pérez

FOTOS

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