miércoles, 13 de junio de 2018

Excursión 408: Integral de Peñalara

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos
Final: 
Puerto de Cotos
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia:  13,5 Km
Desnivel [+]: 655 m
Desnivel [--]: 655 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5+
Participantes: 36

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
A pesar de las más de 400 excursiones que lleva el grupo y las múltiples subidas al pico de Peñalara y otras tantas a la Laguna de los Pájaros, nunca habíamos cerrado el círculo, conocido como Integral de Peñalara.

Y con esa intención nos plantamos en Cotos los 36 participantes dispuestos a correr esta aventura. Previa solicitud de acceso del grupo, echamos a andar desde la Venta Marcelino, remontando rápidamente la pista de piedra que bordea el Centro de Visitantes del Parque, que pasa a ser de tierra al llegar a la caseta de información y en suave pendiente alcanza en menos de 500 metros la fuente de Cubeiro y enseguida el Mirador de la Gitana, desde donde se tiene una de las mejores vistas de Cabezas de Hierro y del resto de la Cuerda Larga, que podremos identificar fácilmente mediante la flecha giratoria de su identificador de cumbres. Y junto a él, un reloj solar en el suelo, que con la complicidad de nuestra sombra marcaba las diez menos cuarto, las 10:45 en nuestros relojes digitales.

Frente al mirador, la pista continua describiendo una pronunciada curva, pasa junto al cobertizo del Depósito, que dejamos a nuestra derecha, sin desviarnos a las escaleras de piedra, por las que bajaremos de regreso de la Laguna Grande, ahora nuestro objetivo es subir al Pico de Peñalara.

Nada más dar una cerrada curva a la derecha, la pista comienza a empinarse, es el anticipo de la larga docena de eses que componen las llamadas Zetas, que en unos 2,5 km desde el cobertizo, salvan unos 300 metros de desnivel. Nos cruzamos con una joven pareja que buscaban la laguna Grande de Peñalara y con un japonés de avanzada edad que cabizbajo y sin pronunciar palabra nos encontramos en varias ocasiones del ascenso, porque aunque le adelantábamos, en cuanto parábamos nos volvía a pasar.

La última zeta nos dejó a los pies de la Hermana Menor (2.269 m), que nos queda a nuestra izquierda. Al alcanzar la cuerda, el viento hizo que la temperatura bajase rápidamente, lo que nos obligó a buscar algo de ropa en el fondo de las mochilas, momento que aprovechamos para, resguardarnos tras unas rocas y tomar el tentempié de media mañana. Con la vista puesta en un gran nevero que parecía precipitarse hacia el abismo del gran circo de Peñalara, nos hicimos la foto de grupo.

Ya solo nos quedan poco más de 150 metros para alcanzar la cumbre más alta de Madrid y Segovia, a la que alcanzamos tras dejar la Hermana Mayor (2.284 m) a nuestra derecha, pasar por el Collado de Dos Hermanas y acometer el último tramo siguiendo el PR-32, donde curiosamente volvimos a adelantar al japonés y me encontré con unos antiguos compañeros de trabajo, los mismos de la excursión anterior, casualidades de la vida.

En el hito de conmemoración de los 100 años del Club Peñalara nos hicimos fotos con bonitas vistas, antes de alcanzar la cumbre dominada por el vértice geodésico que se señorea a 2428 metros, a sabiendas de que nadie a muchos kilómetros le hace sombra y que disfruta de las mejores vistas de la Sierra de Guadarrama.

Tras un breve descanso, y antes de que la niebla se cerniese sobre nosotros, continuamos por la cuerda, mermados en tres miembros que regresaron por el mismo camino al tener que estar pronto en Madrid. Estábamos dispuestos a acometer el tramo más complicado de la ruta, el paso por el Risco de los Claveles (2.387 m), un paso siempre complicado, tanto que a priori muchos optaron por salvarlo más cómodamente por la senda que lo rodea por la izquierda.

Otro grupo inició el paso, pero tras las dos primeras trepadas, en vista de lo peligroso que se veía era continuar, con una fuerte pendiente a nuestra derecha y grandes rocas que esquivar, decidieron abandonar la cresta y seguir por la mencionada senda.

Solo doce recorrimos toda la cresta y aunque esta vez las condiciones climatológicas eran favorables, doy fe que en circunstancias adversas, como fuerte viento, rocas húmedas, hielo, etc. puede ser MUY peligroso, las fotos que he puesto de la travesía dan idea de lo que digo, eso sí las vistas casi cenitales hacia las lagunas de los Pájaros, y Claveles, eran de quitar el hipo, si el precipicio no nos lo hubiera quitado ya, todo un premio al valor montañero de los que nos atrevimos a disfrutarlo.

Acompañados de dos chicas de Segovia que se nos unieron en el Risco de los Claveles, iniciamos el descenso al Risco de los Pajaros (2.334 m). En su rellano paramos a emborracharnos de panorámicas impresionantes, mirásemos a donde mirásemos, en especial al echar la vista atrás y contemplar el majestuoso Riscos de los Claveles que acabábamos de superar, es el punto donde se comprende el porqué del nombre de Los Claveles.

Continuamos el descenso, en ocasiones muy rocoso, pasamos por un gran nevero donde las fotos de nuevo no se hicieron esperar. A poco de alcanzar la Laguna de los Pájaros, paramos a tomarnos el aperitivo, cobijados tras unas rocas que hacían de balcón-mirador de la espectacular laguna.

El descenso a la laguna se hizo muy divertido, por la loma repleta de nieve, cada cual la aprovechó a su estilo, unos simulando que esquiaban, otras deslizándose por ella y el resto disfrutando del sonido al pisarla.

Esta somera y larguirucha laguna no es la más grande de las de Peñalara, pero sí la más bella, con sus orillas tapizadas de blanda hierba y azafrán serrano y su extremo oriental fundiéndose visualmente con el cielo, siguiendo el arroyuelo que forma su desagüe.

Además es, de todas las lagunas del Parque Natural de Peñalara, la situada a una mayor altitud: 2.180 metros. No exageraba, pues, el poeta Enrique de Mesa cuando dijo que era "espejo el más alto y puro donde se copia la seda joyante del cielo castellano" (Andanzas serranas, 1910).

Las fotos de la laguna desde todos los ángulos eran inevitables, y máxime con el estupendo día que se nos había quedado. Desde tan paradisíaco paraje, iniciamos el regreso siguiendo el PR-15, en dirección a la Laguna de los Claveles, no sin antes pasar junto a otra lagunilla, normalmente seca en época estival y que hoy estaba repleta de agua y mantenía algo de nieve, tanto era así, que algunos la confundieron con la de claveles y hasta le cantaron aquello de "clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corazón" como si de la tuna de Alcalá se tratase.

Con el deleite de contemplar agua por doquier, ya fuera en cascadas, arroyuelos o chorreras que se deslizaban desde el macizo de Peñalara, continuamos, pasando junto a las Cinco Lagunas, protegidas por pasarelas de madera hasta ascender, con cierta fatiga, a un mirador natural señalizado por un enorme hito de piedras, con vistas al siguiente objetivo, el Mirador de Javier, al que descendemos por la larga senda que bordea la loma de Peñalara.

Desde el mirador, algunos no estaban para más lagunas y descendieron directos al puente que hay junto al chozo de los guardas y el arroyo de la Laguna Grande, el resto nos desviamos a la derecha en pequeños grupos, en dirección a dicha laguna, que con sus 650 metros de perímetro, es la mayor del Parque y, por su fácil acceso -una hora a pie desde el puerto de los Cotos, por camino bien señalizado-, el lugar más visitado, a tal punto que lleva más de una década vallada para evitar la erosión de sus orillas. Sus linfas quietas, casi negras, dieron pie a leyendas sobre monstruos acuáticos, que se acabaron en cuanto se descubrió que no tenía ni nueve metros de profundidad. La salamandra, el tritón alpino, el sapo partero y la ranita de San Antonio son las únicas bestias que habitan en esta laguna, considerada como la madre del Lozoya.

Mantuvimos una amistosa conversación con la simpática guarda de la laguna sobre las medidas de protección vigentes, que contrastan gratamente con las que hubo desde 1927 al 97, años en los que se celebraba el primer domingo de agosto la travesía a nado, con más de 2.000 personas contemplándola alrededor de ella, dañando sobremanera sus riberas lacustres. Eran otros tiempos.

Al ver que llegaba el siguiente grupo, a fin de evitar más de 15 personas en la laguna, iniciamos el plácido descenso por el magnífico recorrido, con pasarelas de madera, que atraviesa el circo de Peñalara, con las vacas pastando bajo el refugio de Zabala, toda una estampa que en nada tiene que envidiar a las de montañas suizas.

Al paso por el chozo, recogimos a los avezados que nos esperaban y ya sin más paradas nos plantamos en el cobertizo del Depósito, pasando a mitad de camino por la fuente Cedrón, y desde allí, por la pista ya recorrida por la mañana, alcanzamos el puerto de Cotos, y en la Venta Marcelino, (quién te ha visto y quién te ve), celebramos el fin exitoso de esta preciosa excursión que según me dijo más de uno, las 5 sicarias se quedaban cortas.
Paco Nieto

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