miércoles, 4 de julio de 2018

Excursión 411: Pico del Nevero por las Lagunillas

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navafría
Final: 
Puerto de Navafría
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia:  17,8 Km
Desnivel [+]: 639 m
Desnivel [--]: 639 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4,5
Participantes: 15

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN

Una vez más, y van unas cuantas, íbamos a hacer una excursión circular al pico del Nevero aprovechando la senda que parte de la carretera de ascenso al puerto de Navafría hasta Las Lagunillas. El objetivo declarado era el de disfrutar del paisaje amarillo de los piornos en flor. Se presumía que la marcha iba a ser facilita y de escaso recorrido, ya que Antonio, al convocarla, había anunciado que se encontraba “en recuperación todavía”.

Pues bien, así como a los piornos les faltaba todavía un hervor para estar en su mejor momento, aunque bien valían la visita, resultó que a Antonio le sobraban energías para alargar la jornada a base de ladear por pedreras, entre matorrales y atravesando arroyos, amén de tener que regresar al punto de partida por pistas inacabables. Esto requería un poco más de esfuerzo del previsto, pero también tenía el gran aliciente de explorar parajes hasta ahora desconocidos para el GMSMA en la vertiente segoviana de la sierra. Tanto es así, que, a riesgo de resultar un tanto exagerado, el título de la excursión bien podría ser “Las Lagunillas, el pico del Nevero y el Alto Cega”.

Como ya es costumbre en verano, éramos pocos los que acudimos a la llamada de Antonio: 15 en total. Dos de nosotros nos incorporamos cuando ya había sonado el toque de campana y nos tocó dar alcance al resto a la altura del mirador de la Peña del Cuervo.

El día era espléndido, con una luz diáfana que permitía alcanzar con la mirada cada detalle hasta el horizonte; aunque el sol presidía el cielo, corría una brisa refrescante. En suma, un día ideal para andar por las alturas. Una vez dejado atrás el pinar, el amarillo intenso de los piornos y, ocasionalmente, el amarillo azafrán de los cambrones, adornaban a intervalos el paisaje mientras cruzábamos los regatos camino de Las Lagunillas. Al cruzar el arroyo del Palancar, todavía quedaba por encima de nosotros un buen nevero; persistía también una amplia mancha de nieve sobre Las Lagunillas cuando llegamos a ellas. Allí tomamos el tentempié en familia y José Mª hizo la foto de grupo. Hasta aquí todo muy relajado.

Como Antonio subió estupendamente la cuesta hasta el pico, después de permitirnos un rato de contemplación, reinició la marcha con buenos bríos paseándonos hasta el collado del Porrinoso e internándonos desde allí por las laderas de donde surgen las aguas del Cega, tal como queda descrito más arriba.

La verdad es que era precioso ver y oír saltar el agua por los arroyuelos y otear en la distancia el valle que se precipita hacia el pueblo segoviano de Navafría. Hicimos un alto en el más bonito y cantarín de estos arroyos, justo el que baja desde lo más alto del pico del Nevero y que, por tanto y a mi modo de ver, se puede considerar el nacimiento del Cega. En ese lugar idílico comimos el bocadillo y algunos nos refrescamos los pies (creo que el récord de aguante con el pie inmerso en estas gélidas aguas lo consiguió Pepa con 15 segundos).

A partir de aquí se marcaba en el terreno una senda que pronto se convirtió en pista, por lo que ya caminábamos a muy buen ritmo, pues el ligero desnivel que tenía era siempre en bajada. He de decir, no obstante, que en algún momento en que las curvas de la pista permitían atisbar la cresta de la montaña que bajaba hasta el puerto, a donde nos dirigíamos, nuestro objetivo parecía muy remoto. De hecho, alguna de las habituales estrellas fugaces, que esta vez no lo era, desacostumbrada a estas improvisaciones, andaba un pelín desasosegada.

Para hacernos más llevadero este continuo zigzagueo de la pista, Paco N. tuvo la buena idea de hacer un descanso en torno al refugio de Navalcollado. En aquellas praderas nos tendimos unos cuantos a la sombra de los pinos y hasta hubo quien se quedó roque. Antes de continuar, Paco nos enseñó un altar erigido a la Virgen de las Nieves hasta el que se acercan los romeros desde Navafría.

Desde allí, recorrimos poco más de 2 km. para llegar al puerto y otros 500 m. más por una agradable senda que discurre entre helechos bajo los pinos hasta alcanzar el lugar de partida de la mañana. Como siempre hacemos, repusimos fuerzas en una terracita de un bar, esta vez en Lozoya, antes de regresar a casa, cansados pero satisfechos, un miércoles más.

Madi ha estado a punto de otorgar esta vez las codiciadas 5 sicarias a esta ruta, pero tras rememorar los pasos por pedreras y matojos y las vueltas y revueltas por pista, lo deja en 4’5.
Melchor


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