miércoles, 3 de octubre de 2018

Excursión 425: El Laberinto de la Pedriza

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino
Final: 
Canto Cochino
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  9,1 Km
Desnivel [+]: 602 m
Desnivel [--]: 602 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 31

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Hoy hacíamos la que será la ruta 425 del GMSMA, donde había tres condicionantes para conseguir el éxito de esta convocatoria… “Pedriza”, “Laberinto” y “Paco Cantos” (nuestro compañero y amante de este rocoso paraje). La conjunción de los tres auguraba una escasa asistencia, pues se presumía un cierto grado de exigencia. Para sorpresa de algunos, en el aparcamiento de Canto Cochino contamos 31 Sendero-Magos, todo un logro en estas circunstancias.

Iniciamos la ruta y nos dirigimos hacia el puente de madera sobre el río Manzanares, que en esta época del año lleva poca agua tras dejar atrás un largo verano. Cruzamos y remontamos por la ribera derecha del arroyo de la Dehesilla a través del cordel del Hortigal, senda más conocida como la Autopista por ser uno de las más anchas de toda la Pedriza.

Llegamos al Llano del Peluca, donde nos agrupamos para cruzar el arroyo de la Dehesilla por un puente de madera y dirigirnos hacia las proximidades de la fuente de Pedro Acuña.


Cogimos un sendero con una ligera pendiente en ascenso y enseguida llegamos al famoso Tolmo, una roca de enormes dimensiones que no sabemos si llegó allí desprendida de una pared o si se moldeó como consecuencia de una fuerte erosión. Bajo su sombra nos volvemos a reagrupar para luego comenzar un nuevo ascenso hacia las Buitreras, en busca de la puerta de entrada al Laberinto, nuestro objetivo de esta ruta.

Ascendemos con fuerte pendiente entre pinos y rocas y llegamos frente al Cancho Amarillo, que marca la puerta de entrada al Laberinto. Aquí paramos para reponer fuerzas con un tentempié mañanero antes de adentrarnos en la parte más divertida del trayecto.

Después del reconfortante descanso, reemprendimos la ruta y recorremos el Laberinto de oeste a este entre grandes moles de piedra, cruzándolas unas veces por encima y otras arrastrándonos por debajo entre estrechos túneles y oquedades. Este es un recorrido que se torna imposible si no lo has hecho alguna vez y tienes el recuerdo de aquellos huecos por donde pasaste, teniendo que dar marcha atrás cuando no encuentras salida para empezar de nuevo.


Pasamos junto a la inconfundible silueta del Capuchino, por el jardín del Centinela y llegamos a una explanada cerrada por paredes de piedra donde está el Botijo, otra descomunal roca, bautizada como otras tantas para que le busques la forma asimilada a su nombre. Allí mismo se encuentra un improvisado refugio, que dispone hasta de una tarima ajustada a las rocas para pernoctar. A este vivac lo llamamos el de 5 estrellas por lo confortable que resulta.

Dejamos a la izquierda el Pasadizo Granulado y nos acercamos a la Loncha, también muy reconocible por ser una gran roca inclinada que sujeta a otra suspendida entre las paredes de piedra. Desde allí se divisan riscos con nombres tan sugerentes como Espolón Extremaunción, Delirium Tremens o Puro Nervio.

Al poco de salir de la Loncha, no sin grandes dificultades, pasamos bajo una roca inclinada por la que era complicado moverse. Nada más superar este obstáculo, paramos a reponer fuerzas con los bocadillos de la hora de la comida.


Habiendo descansado y mientras el grueso del grupo se encamina hacia la senda de regreso, cuatro compañeros se deciden a seguir explorando el callejón en su totalidad y giran hacia el sur, descendiendo hasta alcanzar una pradera con una mesa y sillas de piedra que sabían que estaban allí, pero que no habían visto nunca. 

Continuaron descendiendo con grandes dificultades en los pasos y huecos, hasta llegar a otro hueco que les fue imposible traspasar por hacerse necesario el uso de cuerdas, de las que no disponían. Al final, tomaron la sensata decisión de seguir al grupo grande y descender por un callejón ya conocido de anteriores incursiones.

Descendimos dejando el risco Cuestrolotrónico a la izquierda y la Arteria a la derecha, hasta alcanzar el Arroyo de la Dehesilla, que cruzamos sin agua, pasamos de nuevo por el Tolmo y por su fuente cercana. Volvimos siguiendo nuestros pasos y cruzamos, el puente de madera del arroyo de la Majadilla y de vuelta por la Autopista hasta Canto Cochino.


Ya en estas fechas el bar de Canto Cochino cierra entre semana, así que bajamos hasta el bar La Reunión en la entrada al parque de la Pedriza, donde nos esperaban unas ansiadas y merecidas cervezas y refrescos.

A esta ruta le pongo un cinco de calificación porque la Pedriza es lo más espectacular de nuestra querida sierra y porque dentro de ella el Laberinto es lo más divertido, teniendo muchos más alicientes que una simple caminata por el monte.
Jorge Isidro Sánchez

FOTO REPORTAJES

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