miércoles, 16 de julio de 2014

Excursión 198: Corazón de las Hoces del Duratón en piragua

FICHA TÉCNICA
Inicio: P.N. Hoces del Río Duratón
Final: P.N. Hoces del Río Duratón
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia:  8,1 Km
Desnivel [+]: 24 m
Desnivel [--]: 24 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas y agua:
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 15

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
RESUMEN
La tarea de cronista no debe estar muy bien valorada cuando, aún ofreciendo pagarle la comida a quien se ofreciese a realizar la de esta excursión, no hubo ningún voluntario. Así es que aquí estoy otra vez, a falta de Mechor, nuestro, a la vista, poco recompensado cronista oficial, haciendo de portero suplente.

Y entrando ya en materia, lo primero es advertir que esta excursión no era una más al uso de las que habitualmente hacemos, con solo mirar el perfil, más plano que una mesa, uno se da cuenta que algo pasa, si a esto añadimos que por primera vez, en mi caso, dejé las botas de montañero y los bastones de andar en casa, uno concluye que esta excursión era especial.

Efectivamente, con el calor sofocante de estos días, que hace subir el mercurio de los termómetros por encima de los treintamuchos grados, nada mejor que dejar aparcadas las calurosas botas, olvidarse de los cientos de metros de desnivel acumulado, y cambiarlas por la zapatillas de río y la planicie de un embalse.

Así es que recordando lo bien que se lo pasaron los 10 participantes de la excursión 25, y con la intención de superar el intento fallido de la excursión 139, nos fuimos al camping de Cantalejo, para desde allí apuntarnos a realizar una aventura acuática por el corazón de las Hoces del Duratón.

Nos acompañaba por primera vez Lara, la famosa hija de Joaquín y envidia de todo el grupo, ya que según su padre, con cuatro años subía a todas las cumbres de la sierra, con la misma facilidad que salía al patio de recreo. También fueron bienvenidos por primera vez María Jose, Pablo y Daniel.

Tras seguir por caminos polvorientos el coche de Naturaltur, la empresa de aventuras que contratamos, llegamos a las proximidades del río Duratón. Ataviados con chalecos salvavidas y las palas de los remos, Luis, nuestro guía, nos aleccionó sobre como usarlas y la forma de avanzar, girar y dar marcha atrás en la piragua, vamos, todo un curso intensivo para participar en las carreras de regatas de Oxford-Cambridge.

Con la lección bien aprendida, bajamos por una pista de arena hasta el río. Acomodados en las canoas y superados los primeros metros poco sincronizados, enseguida le cogimos el ritmo a esto de remar, tanto, que hasta echábamos minicarreras entre nosotros.

Seguimos a Luis, que nos condujo, río arriba, contemplando desde abajo los altos cortados, plagados de cavidades, como la cueva de la Llave, hasta el meandro donde se encuentran las desafiantes ruinas del Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz, hoy día de complicado acceso, pues el embalse de Burgomillodo, donde nos encontramos, anegó sus entradas naturales.

Impresionaba contemplar el balcón, único de doble arco, desde donde Isabel la Católica, asidua del convento, se asomaba para extasiarse con las vistas del gran y profundo cañón que el río Duratón había horadado en la caliza roca, cuando aún no existía el embalse.

Luis nos relató leyendas referentes al convento, como la que cuenta que a la reina le gustaba un monje, tanto como las vistas que contemplaba desde sus aposentos, o la referente a la aparición de la Virgen a un pastor. Mientras, Dani se bañaba en el río a placer.

Sugestionados con estas historias y sorprendidos por el hermoso espectáculo de los nenúfares que se amontonaban en los recodos del río, se nos pasó el tiempo sin apenas darnos cuenta, hasta que Luis dio la orden de regresar, río abajo, para acercarnos a contemplar, en lo alto de un entrante a modo de inmenso espigón, las ruinas del priorato de San Frutos.


En el placentero trayecto hasta el mismo, atracamos en una especie de playa, que el río formaba en su orilla derecha, donde nos bajamos para zambullirnos todos en al agua durante un buen rato, nadando de orilla a orilla, los más atrevidos, hasta agotar las fuerzas.

De nuevo en las piraguas, reanudamos el viaje hacia la ermita, sin acercarnos mucho a ella, para preservar de ruidos y molestias a los buitres, que en esta época están en periodo de cría. Desde abajo, contemplábamos los casi 100 metros de las verticales paredes de los acantilados, sobrevoladas constantemente por las bellas espirales ascendentes de buitres, alimoches y algún que otro águila, en la que es considerada la mayor colonia de buitres leonados de Europa.

Detenidos en la orilla izquierda, escuchamos atentos tres de los numerosos milagros que rodean al priorato de San Frutos: el de la cuchillada que dio San Frutos para librarse de un ataque de los árabes, el de la piedra santa que cura, y el de la despeñada que fue salvada por el santo.


Con la premura que da el saber que en Sepúlveda nos esperaba un tierno cordero asado en horno de leña, y el hambre acumulada de tanto remar durante 8 largos kilómetros, llegamos de nuevo al Portillo, la zona donde está el embarcadero, para acometer, acto seguido, la penosa subida, de poco más de 300 metros, hasta donde estaban los coches, caminando por la empinada cuesta arenosa con un sol de justicia, que hizo que las cervezas y refrescos con los que nos esperaba Luis en el aparcamiento nos supiesen a gloria.


A gloria nos supo también el cordero del Figón de Ismael en Sepúlveda, donde celebramos el haber participado en esta náutica excursión, con buen tiempo, piraguas, leyendas, baño e increíbles vistas de los acantilados de las Hoces del Duratón.


Por todo ello, la agencia Madi, como no podía ser de otra forma, ha otorgado 5 sicarias, su máxima nota, a esta excursión tan especial.

Paco Nieto


FOTOS

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