miércoles, 8 de abril de 2026

Excursión 908: Embalse del Vado y La Vereda

FICHA TÉCNICA
Inicio: Embalse de El Vado
Final: 
Embalse de El Vado
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 15,9 Km 
Desnivel [+]: 518 m 
Desnivel [--]: 518 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 26

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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RESUMEN
Nunca había visto una excursión con tanta expectación e información previa como la que realizamos este día por el embalse de del Vado y La Vereda.

Y es que como dijo Antonio, en la fase de correos de apunte, con toda la información que nos había enviado Carlos R. es como si ya hubiéramos hecho la excursión antes de hacerla.

Para un servidor como cronista, es un alivio porque me libera de dar tanto detalle, para el que quiera profundizar como el que se da en estos enlaces del blog de Evaristo Castedo: La Vereda - Montaña y Corazón y de Los Pueblos deshabitados.

El caso es que para hacer la crónica se me ocurrió que podríamos acompañar su lectura con música, eligiendo una entre tres canciones que representase lo que hemos vivido este miércoles.

Mi primera elección es la canción de “Tenía tanto que darte” de Nena Daconte de la que reproduzco parte de su letra:

Tenía tanto que darte
Tantas cosas que contarte
Tenía tanto amor guardado para ti
Tenía tanto que darte
Tantas cosas que contarte
Tenía tanto amor guardado para ti.

Camino despacio pensando volver hacia atrás
No puedo, en la vida las cosas suceden nomás
Aún pregunto qué parte de tu destino se quedó conmigo
Pregunto qué parte
Se quedó por el camino

Esta excursión tenía mucho que darnos, traernos los recuerdos de los habitantes de La Vereda, que tuvieron que emigrar cuando les dejaron sin carretera, por la construcción de el embalse de El Vado, en 1954 y por la expropiación final, debida a la repoblación del ICONA en los años 70, obligatoria para tierras improductivas.

Pero también tenía que darnos la belleza de esta zona del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, con unas características propias y diferentes a la Sierra de Guadarrama a la que estamos acostumbrados.

Caminando despacio, pensando volver hacia atrás, partimos del aparcamiento del embalse de El Vado veintiséis senderomagos, por un sendero, el PR-GU 18 de La Vereda, perfectamente indicado por los gestores del Parque.

Enseguida tomamos altura por un bosque de pinos resineros fruto de la repoblación, que nos va a proporcionar bonitas vistas del embalse, su presa y aliviadero, la forma con el entrante hacia el río Jarama, principal surtidor del mismo, y la lengua más cercana a nuestro sendero hacia el arroyo del Vallosera, afluente del Jarama, cuyo angosto valle íbamos a recorrer camino de La Vereda, primero por su margen izquierda y de vuelta por su margen derecha, en pista que se hizo posteriormente al abandono del pueblo.

Por el camino pude ir distinguiendo algún narciso o junquillos blancos, las jaras preparándose para dar sus primeras flores, más adelante cerezos en flor, alisos en la zona del arroyo de La Vallosera, espinos majuelos, encinas y por supuesto mucho pino resinero.

Desde la altura vimos salir sobre las aguas, la iglesia de Santa María de El Vado, pueblo sumergido por el embalse.

Más adelante y ya cerca del valle que íbamos a recorrer, vimos el impresionante cuchillar de Vallosera, escarpes de pizarra que se elevan verticalmente sobre el margen del embalse, resistiendo a la erosión.

Y es que la pizarra es la protagonista de esta excursión.


Si Trump quisiera devolvernos a la Edad Media, por sus desavenencias con el Gobierno de España, todo lo que haría sería traer modernidad a esta zona.

También retornaremos esta idea cuando hablemos del pueblo. Y es que la pizarra cuarzos y esquistos llevan aquí cientos de millones de años, entre trecientos y quinientos, desde el Paleozoico.

En la época de la orogenia Varisca, cuando colisionaros las placas tectónicas, emergieron estas piedras del fondo marino, que son resultado de la compactación de miles de metros de sedimento marino, con materia orgánica ya carbonizada, que le da su color negruzco. Total, ¿qué representa retroceder unos cientos de años atrás frente a los millones que llevan estas pizarras aquí?

Tras el deleite de las vistas del embalse y los cuchillares de pizarra, el camino desciende hasta el arroyo de la Vallosera, donde es necesario vadearlo, con la ayuda de planchas de pizarra que están desplegadas y a ser posible con la ayuda de unos bastones. También aquí nos hubiera gustado volver al pasado y ver qué hubiera tenido que hacer Alejandro R, para no irse al agua.

El caso es que afortunadamente el día era muy bueno, nublado pero cálido y pudo irse secando camino de La Vereda, tras asistencia de Flor y otros compañeros de una herida en la mano y la recuperación de un cristal de gafas, bastón y otros objetos antes de que quedaran como el pueblo de El Vado sumergidos por las aguas. Aprovechamos a hacer el Ángelus mientras Alejandro era socorrido

Curiosamente, en esto de jugar con el pasado y el futuro, le pregunté a ChatGPT si podía predecir dónde nos íbamos a parar a tomar el Ángelus y lo que me dijo es que el ritmo típico grupo: tranquilo con paradas cortas → ~2.5–3 km/h nos llevaría a tomarlo antes de descender al arroyo en la zona con vistas al embalse. Tengo que manifestar mi decepción con estos americanos que han hecho este artilugio por infravalorar al GMSMA de esta forma y no ser capaces de ver que vamos más rápido. También es verdad que lo retrasamos como media hora al empezar más tarde.

Tocaba ascender de nuevo por un robledal hasta llegar a una alambrera para la introducción de corzos donde pudimos ver los trabajos de un apicultor al cuidado de sus panales. En ese punto se alcanza la pista que por un lado va hacia el sumergido pueblo de El Vado y por otro al pueblo de La Vereda al que íbamos. Después el hombre nos pasó como el rayo con su furgoneta, levantando todo el polvo de la pista en la que estábamos.

Hicimos un atajo en una curva de la pista para visitar unas encinas centenarias, que de ser por Trump lo que hubiéramos visto hubiera sido la bellota o primer plantel de los árboles. A modo de elevar bandera blanca para que esto no sucediera, Alejandro portaba al hombro su camiseta empapada en un bastón, quizás también para que se le secase.

Por fin llegamos al pueblo de pizarra y cuarcita, en diferentes tandas, dispersándose el grupo unos por el barrio de abajo y su museo de tradiciones locales, otros por el barrio de arriba fotografiando las construcciones de Apolinar Moreno García, con sus iniciales inmortalizadas con piedra de cuarcita, en la casa de Los Balcones y en cuya parte posterior elegimos como lugar idóneo para parar y hacer la comida.

El pueblo abandonado en su día, se ha ido recuperando por un nuevo neoruralismo que ha sido respetuoso con la construcción tradicional y talibán en cuanto a la introducción de elementos modernos como grupos electrógenos, paneles solares, red de alcantarillado etc.

El desarrollo de estos pueblos vino tras la Reconquista y su repoblación, alentado por privilegios reales de exención de impuestos, muy acorde a la filosofía trumpista, no le vendría mal al pueblo retrotraerse a esa época.

Para la organización del territorio se formaron las Comunidades de Villa y Tierra, estando en esta zona de la Sierra de Ayllón, la de Buitrago, la de Ayllón, la de Galve de Sorbe y la de Sepúlveda. Eran comunidades autónomas donde las tierras de labranza eran privadas, siendo los pastos y los bosques comunales. La Vereda, parece que estaría dentro de la de Sepúlveda.

La decadencia de estos pueblos vendría a partir del siglo XIX cuando se empieza a sustituir la ganadería trashumante por la estabulada pasando a una economía de subsistencia con la roturación de los campos y el carboneo. La agricultura permitía el trigo y el centeno pese a los mil metros de altitud, huerta de subsistencia, apicultura y cabras.

Las casas están hechas de lajas de pizarra negra o arcillosas alternadas con cuarcitas blanquecinas que proporcionan un bonito contraste.

Aquí a nuestro director musical, Marcos H., le vino a su cabeza la canción de Joan Manuel Serrat, "Pueblo Blanco" del año 71, muy cercano en fecha a cuando los últimos habitantes de La Vereda tuvieron que salir del pueblo. Y no precisamente por el color del pueblo sino por esa melancólica letra de la canción “Colgado de un barranco duerme mi pueblo blanco ….Por no pasar, ni pasó la guerra sólo el olvido….”. Sin duda alguna es una muy buena segunda opción para elegir como canción para esta excursión.

Con más calma que el ritmo que nos atribuye ChatGPT, iniciamos el descenso por el barrio de Abajo hacia el arroyo de la Vallosera, para retornar nuestro camino por la pista que discurre por su margen derecha.

El tema es que unos cuantos proseguimos hasta el molino de Vallosera y estuvimos en espera al resto del grupo que se quedó en el pueblo hablando con un paisano, que les habló de la historia de abandono del pueblo y el actual régimen de concesiones, por diez años, de la que disfruta la Asociación Cultural de La Vereda.

A algunos senderemagos el poblado les traería recuerdos de su paso por él, bien como a Marcos Cid para dejar plasmado en sus cuadros las bonitas vistas del pueblo, como a Encarna su estancia muchos años atrás, a lo hippie en la aldea con algunos amigos miembros de la Asociación o como a Mariola y algún otro en su paso en alguna otra ocasión.

Una vez reagrupados en el molino, la pista cruza el arroyo de Vallosera por un puente, esta vez sin riesgo alguno de chapuzón, pasando por otro punto alto a modo de mirador de La Vereda y de las cumbres más representativas como El Tornera y la cresta del Cellera, resguardando el pueblo y al fondo la Sierra de Ayllón, la zona de Majaelrayo y el impresionante Ocejón.

Así continuamos hasta el siguiente mirador, llamado precisamente del Pico Ocejón, aquí nos desviamos en un punto bien indicado por un poste indicativo, que nos libera de la pista y por un camino al comienzo no muy evidente, baja hasta encontrar el camino por el que iniciamos la excursión como a tres kilómetros del embalse.

Como tercera canción en disputa para representar la excursión y que es por la que finalmente me decanto, elegiría "Living in the past" de Jethro Tull.

Primero por su título, por formar parte de la música de mi juventud y luego por la crítica implícita que lleva en su letra al mundo hippie e ingenuo de su época y al margen de la realidad que se vivía a finales de los sesenta.

Porque, nos guste o no, solo tenemos el presente y es lo que nos toca vivir, en este caso la experiencia de una preciosa excursión, llena de alicientes, a la que otorgo la máxima puntuación de cinco sicarias, que formó parte de nuestro presente ese miércoles y ya es parte de nuestro pasado.

Dedico el recuerdo de la excursión, de lo que fue y ya no es, a los antiguos pobladores vecinos de La Vereda, que se vieron despojados de su tierra y que muchos no volvieron a ver, a los compañeros que nosotros tampoco volveremos a ver y a Paco Cantos, como promotor de excursiones por esta zona, que si su salud se lo permitiera, seguro que nos volvería a traer.
César R. Bachiller


miércoles, 1 de abril de 2026

Excursión 907: Cañón del Artiñuelo y Cerro del Diablo desde Rascafría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Rascafría
Final: 
Rascafría
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,7 Km 
Desnivel [+]: 448 m 
Desnivel [--]: 448 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 18

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Este miércoles, que pilla en mitad de la Semana Santa, muchos de nuestros compañeros están de viaje o cuidando a los nietos que no tienen colegio esta semana, a pesar de ello, estamos 18 senderomagos fieles a nuestra cita semanal, reunidos en la plaza de Rascafría para, de la mano de Carlos Revilla, hacer una ruta al Cerro del Diablo de 10 Km y 500 metros de desnivel aproximadamente.

Comenzamos a caminar por el pueblo, hacia la calle Artiñuelo, en busca del PR-35. Al poco empezamos a ascender y nos damos cuenta que nos hemos abrigado de más y que tenemos que empezar a quitarnos ropa, hace bastante menos frio del esperado.

Enseguida nos desviamos, cerca de un derruido molino, para coger un sendero y salirnos de la pista, pero vemos que es imposible vadear el arroyo, por lo que aunque no nos gustan mucho las pistas volvemos a ella, por ser la mejor solución.

Unos 500 metros más adelante dejamos el PR y, un poco más adelante, nos desviamos por una pequeña senda, bastante desaparecida, que nos lleva hacia un puente sobre el arroyo Artiñuelo, que nos permite cruzarlo y sobre todo salirnos de la pista.

El puente es un sitio idóneo parar hacernos la tradicional foto de grupo.

Caminamos por una estrecha senda, dejando el arroyo a nuestra derecha, hasta que llegamos a una pequeña represa, que nos sirve para volver a cruzar el arroyo y volver a la misma pista, porque por esta margen ya es imposible continuar.

Seguimos ascendiendo por el Robledal de los Horcajuelos, la pista nos lleva hasta la presa del Artiñuelo, mismo nombre del arroyo y al que me referiré como arroyo a partir de ahora.

En la presa nos hacemos algunas fotos y como son las 12 de la mañana y hay un sitio estupendo, con rocas para sentarnos, hacemos una parada para tomar nuestro tradicional Ángelus.

Tras el descanso, empezamos a caminar por el cañón del Artiñuelo, muy agradable paseo pisando piedras grandes, con buenas vistas y por supuesto buena charla con los compañeros

Continuamos caminando, ahora en descenso hasta encontrarnos el arroyo de las Calderuelas, este paso es un poco complicado, hay que pegar varias zancadas y utilizar los bastones, a pesar de las multitud de cámaras que intentan grabar la caída de alguno de nosotros, todos lo cruzamos con una gran pericia y los dejamos sin el reportaje buscado.

A partir de este momento el camino (por decir algo), no tiene perdida por que solo hay que seguir el arroyo, pero el camino se pierde fácilmente y está lleno de troncos, zarzas y ramas bajas. Cuesta avanzar, pero sin duda es una de las partes mas divertidas de la ruta.

Comenzamos un fuerte ascenso, hay que bordear un macizo de piedras, por fin llegamos a un alto que está muy despejado, las vistas son espectaculares, vemos todo la Cuerda Larga y Peñalara, hacemos un alto en el camino.

A lo lejos vemos una bonita cascada en el arroyo y sorteando troncos caídos en el sendero, por fin vamos a salir a una pista, y aunque no nos gustan las pistas, en estos momentos se agradecen bastante.

Seguimos caminando y llegamos a una roca muy curiosa, creemos que es el Carro del Diablo, pero tenemos un intenso debate sobre si la gente lo llama el Carro del Diablo por error, o si el carro está en otro punto cercano, que otros dicen que es el Cerro del Diablo, la verdad es que en los mapas hay teorías para todos, y este tema nos da conversación mientras tomamos el bocata.

Tras la comida y sin tener muy claro si hemos visto el Carro del Diablo, empezamos una bajada hacia Rascafría por el PR-10. El camino y la temperatura son magnificas, las pendientes suaves y el robledal impresionante.

Las vistas son estupendas, estamos viendo el Valle del Lozoya, la Cuerda Larga y Peñalara con las cimas nevadas, no te cansas de ver estas preciosas vistas.

Seguimos bajando y si hacemos una vuelta de 360º podemos ver el pueblo de Rascafría, el Monasterio del Paular, toda la Cuerda Larga, Peñalara y Claveles, los Montes Carpetanos con el Pico del Nevero. ¿Qué más se puede pedir?

En cómodo paseo descendimos hasta alcanzar las primeras casas e instalaciones deportivas de Rascafría, poco antes de llegar de nuevo al aparcamiento.

A esta ruta le pongo 5 sicarias, muchas gracias Carlos.
Fernando Ramos


miércoles, 25 de marzo de 2026

Excursión 906: La verde Casa de Campo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Casa de Campo
Final: 
Casa de Campo
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 16,7 Km 
Desnivel [+]: 180 m 
Desnivel [--]: 180 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 31

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
En la puerta de Rodajos de la Casa de Campo, bajo un sol claro y una temperatura perfecta, ni frio ni calor, nos reunimos 31 senderomagos con el fin de disfrutar una mañana esplendida paseando por la Casa de Campo, que lucía sus mejores galas, después de los húmedos y lluviosos enero y febrero.

La explosión del intenso verde de la hierba nos inunda de frescor por todos lados. Esta vez dimos la vuelta en sentido de las agujas del reloj y partimos en dirección sur hacia la fuente del Zarzón de Cádiz. Un poco más adelante, llegamos al famoso puente de la Culebra, que fue construido sobre el cauce del arroyo de los Meaques.

Este puente tiene un indudable valor artístico, al ser el único puente barroco que se conserva en la Casa de Campo y uno de los más originales de Madrid.

El origen popular de su nombre se debe a las formas curvadas y ondulantes de sus antepechos, que asemejan a una culebra. Su valor estratégico es debido a que en él confluían las vías pecuarias que atravesaban Madrid.

El puente era paso obligado de miles de cabeza de ganado ovino, en él se contaban las reses y se pagaba el correspondiente impuesto (puente de conteo).

Seguimos nuestro plácido paseo hasta la Encina del puente de la Culebra, árbol singular de la Comunidad de Madrid nº 190.

Tiene unos 300 años de antigüedad, tiene 23 metros de altura, un diámetro de copa de 24 metros y un tronco de 3,6 metros de perímetro.

Se necesitaron cuatro senderomagos para rodear su viejo tronco. A su alrededor se improvisó un inesperado “corro de la patata” .

Continuamos el curso del arroyo Meaques, siguiendo la senda botánica y disfrutando de la mejor fresneda de la Casa de Campo. Llegamos al Zoo y lo rodeamos pudiendo observar los papiones, leones y tigres, que no parecían tener nada de feroces, sino mas bien todo lo contrario.

Seguimos hasta la fuente de los Tres Caños, construida en 1966 sobre un abundante manantial, se atribuyeron a sus aguas propiedades medicinales. En este punto hicimos la pausa del “ángelus”.

A partir de aquí, se acabó el paseo y Antonio nos puso en modo “marcha rápida” hasta llegar a las obras de soterramiento del Paseo de Extremadura, donde pudimos disfrutar de la explosiva floración de los cerezos, que coinciden en el tiempo con las floraciones del conocido Valle del Jerte.

Bajamos hasta el rio Manzanares, cerca del puente del Rey, entre arboles floridos por el tranquilo paseo central.

Entramos de nuevo en la Casa Campo por la Huerta de la Partida y caminamos hasta su mirador, desde donde pudimos contemplar las esplendidas vistas del “sky line” de Madrid, desde la Plaza de España, Palacio Real, la Catedral de la Almudena, hasta la Iglesia de San Francisco el Grande.

Pasamos junto al acueducto de la Partida, construido por Sabatini en el S. XVIII, con el fin de llevar las aguas hasta las huertas de las partidas.

Su fuente fue construida en el año 1933. Y poco más adelante ascendemos hasta el Lago, donde hicimos un descanso para comer y recuperar fuerzas.

Otras vistas espectaculares y uno de los mejores sitios para relajarse y disfrutar de sus múltiples terrazas mientras se contempla el devenir de los patos y aves que pueblan este bello paraje.

Una vez recuperados, partimos y continuamos en dirección al cerro de las figuras (mirador) y, cruzando el arroyo Valdezas, que estaba seco.

Continuamos por el Cerro de las Canteras hasta el Cerro de Garabitas (677 mts.) el punto más alto de la Casa de Campo. Este lugar fue escenario de diversas batallas durante la guerra civil en el asedio de Madrid.

Una de las múltiples leyendas cuenta que la frase ”de Madrid al cielo” viene de que todas las noches los difuntos madrileños, se reúnen en este cerro y desde allí ascienden al cielo. Actualmente hay una torre de vigilancia contraincendios.

Seguimos y más adelante pasamos por “cuatro caminos” o Alto de Garabitas, donde aprovechamos para rellenar de agua nuestras exiguas cantimploras en la fuente que allí hay.

Y desde allí enfilamos campo a través y casi en línea recta, el camino de vuelta hasta nuestro punto de encuentro en la puerta de Rodajos, inicio y final de la ruta,  donde después de tomar unas cervecitas partimos en desbandada cada mochuelo a su olivo.

Por la belleza y disfrute del magnifico día y no por su dificultad, a esta estupenda excursión le atribuimos una calificación de 4 merecidas sicarias.
Julián Suela