miércoles, 9 de septiembre de 2026

Excursión 943: El Tejo milenario de Barondillo

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Isla. Rascafría
Final: 
La Isla. Rascafría
Tiempo: x a x horas
Distancia: 13 Km 
Desnivel [+]: 395 m 
Desnivel [--]: 395 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 
Participantes: 22

MAPAS 
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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Excursión 942: Refugio Cerro de la Salamanca desde el Alto del León

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alto del León
Final: 
Alto del León
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14,2 Km 
Desnivel [+]: 502 m 
Desnivel [--]: 502 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 3
Participantes: 17

MAPAS 
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TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Estaba yo ‘tumbado en el sofá, frente al ventilador, verano 2026’ (casi casi lo que cantaba Leyre con la Oreja de Van Gogh), viendo como Enric Mas le metía más de medio minutito de propina a Primoz Roglic en La Vuelta Ciclista a España. Cuando me da por mirar un instante el móvil (que raro, yo nunca miro el móvil) pero lo justo para ver que Antonio me encasquetaba esta crónica. Ahora que menciono la Vuelta Ciclista, permitidme meter una cuña que mucho tiene que ver con nuestras excursiones.

El gran favorito para ganarla era Tadej Pogaçar, que venía de ganar su quinto Tour, un crack. Desde la primera etapa comenzó a sacar distancia al resto de corredores. Pero en una etapa tonta y en un momento tonto, cuando más relajado iba en el centro del pelotón, se puso a beber agua. Y en ese momento de relajo, tuvo la desgracia de que su bici tropezara con una minúscula piedrecita que había en el asfalto. El resultado: Fuerte caída, importante lesión, abandono de la Vuelta (por suerte no deseada para Enric Mas), no poder participar en el Mundial de Ciclismo y baja durante unos cuantos meses.

¿Qué tiene esto que ver con nosotros? Pues que la mayoría de nuestras caídas o accidentes suceden cuando más relajados estamos. No nos caemos en una pedrera, en el a veces complejo cruce de un rio o en una bajada peligrosa. No, nos resbalamos, tropezamos y caemos en la zona llana tal vez con arenilla o piñas. En definitiva, cuando más relajados y sin prestar atención estamos. Nunca hay que bajar la guardia.

Tal vez el relajo de esta jornada consistió en no saber interpretar aquello de ‘para evitar el calorazo, 10 km, 500 de desnivel’. Y es que pasamos muchísimo calor, fueron 14 km en vez de 10km y sí, fueron en torno a 500 de desnivel, pero la mayoría de ellos concentrados en una única cuesta de 1,6 km y casi de 400 de desnivel. Y si no hubo más desnivel es porque la dureza de la jornada nos hizo evitar la subida a Cabeza Lijar (inicialmente estaba prevista) lo que hubiera supuesto otros 100 m de desnivel. El caso es que la jornada estuvo llena de incidentes, que no accidentes.

Nos guió Carlos R, y según nos encontramos en el Alto del León nos advirtió: Ojo, que el track que me ha indicado Antonio son 14 km y 600 de desnivel. Muy previsor Carlos, no vaya a ser que luego le echáramos en cara la dureza de la jornada. También nos comenta lo que fué el PRIMER INCIDENTE: Antonio no viene porque le duele un hombro y el brazo, cree que es algo de cervicales’.

Comenzamos a andar por la pista que va hacia Peregrinos. La pista de La Mina, dejamos atrás las instalaciones militares, con su montón de antenas. También con búnkeres y algunas cruces rotas del vía crucis franquista y cuando llevamos 1,7 km aproximadamente, tras pasar por la Fuente de Las Hondillas, abandonamos la pista para descender en dirección a la zona de Los Álamos Blancos

Muchos de nosotros nos sorprendemos. ¿Pero cómo?, si descendemos luego nos va a tocar subir más, con el calor que hace, etc. Descendemos unos 100 m por esta pista y pasamos por la Fuente de la Berruga. Cuando llevamos algo menos de 4 km abandonamos esta pista y giramos a la derecha, para iniciar la ascensión de unos 70 metros y descender de nuevo unos 110 metros, hasta el que sería el punto más bajo de la excursión, 1380 metros de altitud, tras bordear el Cerro de los Álamos Blancos. Llevamos 5,8 km. Los últimos 300 metros de este segundo descenso son por asfalto, en la pista que rodea la zona de La Jarosa.

En este punto empieza lo que para muchos fue un calvario. Un desvío a la derecha nos mete por la senda que nos va a llevar al Cerro de La Salamanca y a su refugio. Vamos a subir en línea recta, sin zetas ni nada parecido. Ascendiendo 380 metros en 1,6 km, a pleno sol y sin apenas sombras (1750 m y 7,4 km). Incluso al final subimos un pelín más hasta el refugio (1770 metros de altura y 7,6 km). Los que subimos a mayor ritmo llegamos a las 12h25’ al refugio. 

Y aquí hacemos el ángelus. Y en este momento recibo un mensaje de lo que sería el SEGUNDO INCIDENTE: Raquel se ha parado un instante a descansar y beber agua y nos ha perdido. Se da la vuelta. Posteriormente me informaría de que ya estaba en el coche. Habíamos decidido que el ángelus lo haríamos en el refugio, para no tener que parar a mitad de subida, lo que haría más difícil el arranque.

Mejor subir del tirón. Estando arriba nos parece extraño que el resto tardara demasiado en aparecer, incluso pensamos que igual se habían ido por otro lado. Conseguimos hablar por teléfono y nos informan del TERCER INCIDENTE: Iban muy lentos ya que había habido varias pájaras o algo parecido. Casi tres cuartos de hora después de nuestra llegada al refugio aparecen los demás, bueno, una parte.

Algunos decidieron parar unos 200 metros antes, ya que volveríamos a pasar por allí. La mayoría del grupo estaba ‘pelín tocada’. Los que llegamos primero ya hacia rato que habíamos tomado algo a modo de ángelus, aunque fuera a las 12h30’. Pero los recién llegados lo iban a hacer en ese momento, pasada la una de la tarde. Iniciamos el descenso hacia el Collado de la Mina, nos unimos con los que se habían parado un poco antes.

Es un suave descenso con buenas sombras. Paramos en una de ellas y CUARTO INCIDENTE, el más grave: Esteban se queja de un fuerte dolor en el pecho. Dice que es a raíz de la empanada que comió un rato antes en el refugio y que seguramente sea porque se ha movido una hernia que tiene cerquita. Descansamos todos un rato, con la expectativa de que a Esteban se le pase el dolor, como al rato así nos indica.

Aprovechamos este rato para comer (aunque acabábamos de hacer el ángelus). En este punto, los que hasta este momento si pensábamos subir a Cabeza Lijar, decidimos que no lo haríamos. Ya era tarde, con muchos incidentes. No vaya a ser que provoquemos otro. Seguimos bajando hasta el Collado de La Mina. Y muy cerquita, en la Fuente de La Mina, nos esta esperando José María desde hace rato.

Había hecho una excursión alternativa, simplemente siguiendo la pista inicial (y sin incidentes). Aquí definitivamente abandonamos la idea de subir a Cabeza Lijar, hubieran sido 100 metros más de desnivel y de nuevo al sol. Volvemos al Alto del León por la misma pista, del que nos separan 5,5 km. Un poco más adelante paramos a hacer la foto de grupo en el Collado de La Gasca.

Al finalizar, nos tomamos algo en el bar del Alto del León. Incluso Esteban, un Trinaranjus de limón. Y nos comenta que sigue con el dolor, y que ‘si mañana me sigue doliendo iré al médico’. Y se acabó la excursión. Añadiré que hubo un par de microanecdotas, que incluso podrían ser divertidas, la primera es que yo me senté en una piedra, que, tras tocarme el culo, comprobé que me llenó el pantalón de resina. Afortunadamente lo he podido limpiar más o menos bien. Y la otra es que un senderomago se encontró la cartera de otro senderomago y mucho después se la devuelve sin que ni siquiera se hubiera dado cuenta de la pérdida. Microanécdotas que añaden una nota de humor a los incidentes nada divertidos.

Bien, pero ¿QUÉ PASÓ CON ANTONIO Y ESTEBAN?

A Antonio le hicieron una resonancia y una radiografía para ver que tiene. De momento se ha perdido las excursiones posteriores. En cuanto a Esteban, la cosa es mas compleja. Afortunadamente fue al médico directamente al volver de la excursión y de tomarse el Trinaranjus. Le dijeron que había sido un pequeño infarto. De allí al Hospital en que ha estado varios días ingresado en observación. Ya está en casa. Descartaron que se tratara de infarto, achacando el dolor más bien a un exceso de tensión y esfuerzo por la dura jornada. Su corazón ya está completamente recuperado. Esperamos verte pronto Esteban. Un abrazote.

En fin, dura jornada. Aunque a mi me gustó, estuvo plagada de feos incidentes y alguna divertida anécdota. La calificaré con 3 sicarias.
Jorge Montero

miércoles, 26 de agosto de 2026

Excursión 941: Del Puerto de Cotos a la isla de Rascafría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos 
Final: La Isla. Rascafría
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,9 Km 
Desnivel [+]: 600 m 
Desnivel [--]: 600 m
Tipo: Sólo de ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 17

MAPAS 
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PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

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RESUMEN
Antonio nos convocó el domingo para hacer una excursión de verano, fresquita y cuesta abajo. El plan era salir desde el puerto de Cotos y terminar en La Isla de Rascafría, después de unos 12 kilómetros y aproximadamente 500 metros de desnivel negativo.

El plan era sencillo: quedar a las diez y media en el aparcamiento de La Isla, dejar allí los coches y, desde ese punto, subir hasta el puerto de Cotos en el menor número de coches posibles. Al llegar al puerto de Cotos cada grupo decidió por donde ir al refugio del Pingarrón

Para llegar hasta el refugio, algunos siguieron la carretera que va hacia Valdesquí, mientras que otros se decidieron por una senda lateral. Poco después nos desviamos de la carretera para tomar la pista que sale hacia la izquierda , al llegar a un claro puedes ver la pista de Valdesqui, irreconocible en verano, y las majestuosas Cabezas de Hierro con su impresionante subida por las Cerradillas.

Al llegar al refugio del Pingarrón nos encontramos con una temperatura bastante más fresca de la esperada.

El que no había venido suficientemente abrigado tuvo que empezar a sacar algo de ropa. Poco a poco fuimos reuniéndonos hasta completar el grupo: 17 senderomagos dispuestos a disfrutar de la ruta.

Y entonces sí, empezamos nuestra particular bajada. Descendimos hasta el arroyo de las Guarramillas por una senda tremendamente frondosa y protegida por la sombra de los árboles. El fresco todavía nos acompañaba y, cuando llegamos a la poza de Sócrates, nos pareció que aquel era un lugar perfecto para hacernos la clásica foto de grupo.

El sitio era precioso, aunque la fotografía no hizo justicia al paisaje. Entre las sombras y los claros de luz se produjo un efecto bastante extraño en la cámara. Eso sí, hay un detalle que queda perfectamente reflejado: prácticamente todos aparecemos con toda la ropa que llevábamos encima, señal inequívoca que la ruta de verano estaba siendo bien fresquita.

Continuamos caminando junto al arroyo de las Guarramillas, pensando que más adelante encontraríamos un lugar mejor para repetir la foto de grupo. Poco después llegó uno de esos momentos que siempre aportan un poco de diversión a cualquier ruta: cruzar el arroyo de las Cerradillas.

Y es que cruzar un arroyo nunca es simplemente cruzarlo. Hay que buscar el mejor paso, hacer algún equilibrio imposible, echar una mano al compañero. Al fin y al cabo, esos pequeños momentos siempre dan un plus de diversión a nuestras rutas.

Seguimos por el sendero entre los pinares y empezamos a notar que la temperatura iba subiendo poco a poco.

El fresco de primera hora empezaba a desaparecer y, con él, también empezaban a sobrar las capas de ropa. El camino era tremendamente agradable, la temperatura se había vuelto perfecta y los olores del campo eran sencillamente fabulosos.

Hasta que llegamos a un lugar que nos resultó especialmente bonito y también bastante conocido. Ante nosotros apareció una magnífica panorámica del valle del Lozoya, un auténtico mirador natural desde el que disfrutar de las vistas.

Esta vez no hubo dudas: aquel era el lugar perfecto para nuestra foto de grupo. Y ahora sí, la foto salió estupendamente. Nada que ver con la primera. Después de quedarnos un rato disfrutando de las vistas y contemplando el paisaje, retomamos nuestra bajada.

El sendero comenzó a ponerse algo más entretenido. Algunos pasos requerían prestar un poco de atención, pero estaban bastante bien y no suponían mayor problema. Mientras tanto, la temperatura seguía subiendo y, como consecuencia lógica, la ropa seguía desapareciendo.

Cuando llegamos al Tejo Centenario, ya cerca de la cascada escondida, decidimos que había llegado el momento del Ángelus.

Nos sentamos en un lugar realmente bonito. Algunos aprovecharon para acercarse a descubrir la cascada, otros bajaron hasta el río y otros hicieron lo que probablemente era la actividad más importante de todas: comer y descansar un rato.

Con las fuerzas recuperadas, continuamos descendiendo, tuvimos algún tramo de bajada bastante pedregoso que añadió un poco de emoción al recorrido, pero después volvimos a encontrarnos con una pista ancha, cómoda y mucho más fácil de caminar.

Por ella cruzamos el arroyo de la Majada del Espino y, poco después, abandonamos la pista para tomar un sendero más cercano al arroyo.

Los helechos estaban espectaculares. A estas alturas del verano conservaban un verdor intenso que aportaba todavía más sensación de frescor al camino. Entre los pinos fuimos encontrando también algunos de esos árboles curiosos que siempre llaman nuestra atención cuando hacemos esta ruta.

Finalmente volvimos a enlazar con la pista, la PRM-25, para llegar hasta la parte trasera de la conocida Poza de Pepa. Y allí hicimos nuestra parada para comer.

Pocas veces se puede encontrar un sitio mejor para sacar el bocata de mediodía. El lugar era sencillamente idílico: agua transparente, pequeñas cascadas, grandes piedras, vegetación y un verde intenso que lo envolvía todo. Algunos aprovechamos incluso para meter los pies en el agua y refrescarnos. Después de comer, continuamos la marcha en dirección a la poza de la Angostura. Resultaba curioso comprobar que el arroyo todavía llevaba bastante agua, a pesar de que en esta época del año prácticamente no ha llovido.

Seguimos caminando entre los pinares hasta alcanzar la presa del Pradillo. Fuimos bordeándola y, poco a poco, nos acercábamos al final de nuestra ruta, donde habíamos dejado los coches por la mañana.

Desde allí , en coche, subimos al puerto de Cotos, esta vez para recoger los coches de los conductores que los habían dejado arriba.

Y así terminamos una magnífica excursión de verano.

Fueron casi 12 kilómetros, unos 600 metros de agradable desnivel negativo, mucha agua, sombra, bosques, arroyos, buenas vistas, bocata junto a una poza y, sobre todo, 17 senderomagos compartiendo un estupendo día de montaña.

Por todo esto a esta ruta hay que ponerle 5 sicarias sin lugar a dudas.
Fernando Ramos

miércoles, 19 de agosto de 2026

Excursión 940: Del puerto de Navacerrada a Navacerrada por la Garganta del Infierno

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Navacerrada
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10,3 Km 
Desnivel [+]: 115 m 
Desnivel [--]: 790 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 21

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Con mucho calor y ganas de andar, decidimos realizar lo que parecía una excursión tranquila de 12 kilómetros desde el Puerto de Navacerrada hasta el pueblo de Navacerrada. Sin embargo, se convirtió en una aventura disparatada de 9 kilómetros. Salimos del puerto para ascender a la Cuerda de las Cabrillas por el PR-17, donde comenzamos a bajar por la senda de la tubería, pero al llegar a la fuente de la Caña hubo un cambio de planes y descendimos por la llamada “Garganta del Infierno”.

Pudimos comprobar que el sendero hacia honor a su nombre: un pequeño camino empinado cubierto de piedras dispersas sin asentar en la tierra. Bastaba con no poner un pie firme para que se desmoronara y te dejara en el aire. Fue allí donde nos cruzamos con un rebaño de cabras que sin duda alguna nos juzgaron por nuestra decisión. Tenía su gracia: bajar por un “camino de cabras”, lleno de cabras.

Escondida entre tantas piedras, encontramos la fuente de las Ortigas, el motivo por el que cambiamos el recorrido. A muchos no les hizo tanta gracia que los planes se vieran afectados por una fuente y comenzaron a maldecir al responsable del cambio de planes, un tal Carlos. En este momento un compañero decidió escribir un libro sobre senderismo cuyo título tan original no puedo mencionar y que sin duda compraría en cuanto fuera publicado.

Continuamos por la garganta y, ascendiendo un poco, llegamos a un peñasco que hace de excelente mirador, con unas buenas vistas del valle de la Barranca, donde tomamos el ángelus. El siguiente tramo era más empinado que el anterior y también estaba cubierto de piedras mal asentadas. Una compañera se hizo un poco de daño al resbalar, debido a su complejidad, y se incrementaron las maldiciones hacia el responsable del cambio de planes.

Este sendero llegaba hasta la fuente de la Campanilla (¡otra fuente!) y ya llegamos a un terreno más “civilizado”. Desde ahí seguimos la senda Alakán hasta alcanzar el embalse del Ejército del Aire, que estaba casi sin agua, una pena. Paramos para comer y un compañero repartió pasteles debido a que ese mismo día era su cumpleaños.

Desde aquí escogimos un “camino” inexistente cubierto por maleza que se encontraba detrás del derruido Hospital de la Barranca y en el que no nos pudimos refugiar del sol. Aquí nos volvimos a llevar más rasguños porque el sendero estaba medio invadido por las zarzas. Este “camino” llegaba hasta el embalse del Chiquillo y su fuente, que tenía poca agua pero nos dejó una imagen preciosa del lugar. El sol se reflejaba en la superficie del agua y al fondo se podía ver un pequeño bosque frondoso.

Pasamos por un puente que cruzaba la presa del embalse y llegamos hasta una senda rodeada por árboles que nos protegía del sol que antes no pudimos evitar. Finalmente entramos en Navacerrada, pasamos junto a su iglesia y al alcanzar la plaza del pueblo, tomamos un refresco y nos comimos una empanada hecha por una compañera. Curó muchas heridas que nos hicimos aquel día y ya no hubo más maldiciones.

En resumen, fue una excursión protagonizada por fuentes, maldiciones y pasteles, en la que aprendimos a andar por senderos pedregosos y barrancos infernales, pero con buenas vistas y llena de risas.

Sin embargo, el cambio de planes y la complejidad añadida hicieron que quisiéramos olvidar ciertos tramos del recorrido. Le otorgo una calificación de 4 sobre 5 a esta aventura
Irene Fernández

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