domingo, 3 de mayo de 2026

Excursión 914: Monasterios de Meteora. Grecia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Meteora
Final: 
Monasterio del Gran Meteoro
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 5,5 Km 
Desnivel [+]: 341 m 
Desnivel [--]: 113 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 19

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* Perfil, alturas y distancias de la ruta












sábado, 2 de mayo de 2026

Excursión 913: Monasterio de la Santa Trinidad. Grecia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Kalambaka
Final: Kalambaka
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 6,6 Km 
Desnivel [+]: 346 m 
Desnivel [--]: 346 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 19

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Excursión 912: El Monte Olimpo. Grecia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Prionia
Final: Monasterio de San Dionisio
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 5,3 Km 
Desnivel [+]: 130 m 
Desnivel [--]: 348 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 19

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RESUMEN
“Cosas tan maravillosas pasan en Grecia, cosas tan maravillosas y buenas no pueden pasar en ningún otro lugar del mundo.”
(Henry Miller, 1941).

Cuando en noviembre del año pasado Antonio y yo empezamos a planear el viaje de primavera, todo apuntaba a la costa licia de Turquía. Llevaba tiempo queriendo ir y a él le pareció una idea excelente. Sin embargo la agencia con la que solemos viajar nos presentó un presupuesto que, con el transbordo en Estambul incluido, resultó demasiado elevado. Estuvimos a punto de tirar la toalla. 

Entonces propuse una alternativa que llevaba tiempo rondándome: los alrededores de Ioanina, en el Epiro. La agencia tenía un itinerario que combinaba esa zona con Meteora, Delfos y el Olimpo. Aunque ya conocía varios de esos lugares, siempre estoy dispuesta a volver a Grecia.

Así que, una vez más, nos pusimos en marcha. Me ofrecí a hacer la primera crónica del viaje porque estando en el Olimpo, ¿cómo no rendir homenaje a la montaña de los dioses?

Salimos de Tesalónica temprano por carretera, desde allí nos dirigimos a Litochoro, el pueblo de montaña que sirve de puerta de entrada al Olimpo, y enseguida subimos hasta Prionia (1.100 metros de altura aproximadamente), donde empieza la excursión propiamente dicha.

Antes de comentar la excursión quiero hacer una breve reseña del Olimpo o “monte luminoso”. Es una cadena montañosa real (no un solo pico), ubicada en la frontera entre Tesalia y Macedonia, cerca del golfo Termaico.

Su cumbre principal, Mytikas (Μύτικας, "nariz"), alcanza 2.917 metros sobre el nivel del mar, siendo la montaña más alta de Grecia y la segunda de los Balcanes (tras el Musala en Bulgaria). En la antigüedad, marcaba la frontera natural entre Tesalia y Macedonia, y fue relevante en eventos como el ascenso de Macedonia bajo Filipo II y Alejandro Magno, o las Guerras Macedonias. Su forma viene de la erosión de la lluvia y el viento. Ésta propició una torre aislada a casi 3.000 metros. Cuenta con muchos picos y su forma es casi circular. La montaña tiene una circunferencia de 150 kilómetros, un diámetro de 26 kilómetros y 500 kilómetros cuadrados de área.

Y ya sin más preámbulos, inicio la crónica de la ruta: el día amaneció gris y con una llovizna fina, de esas que calan sin hacer ruido. Nada más empezar, cruzamos el primer puente sobre el río Enipeas. Estaba algo deteriorado y aún había restos de nieve en las orillas.

El sendero enseguida se adentra en un bosque mixto que pronto se transforma en un hermoso hayedo. Las hayas aquí crecen altas y rectas, con troncos grises y lisos que contrastan con el verde intenso del sotobosque. Bajo la lluvia ligera, el bosque adquiría un aire mágico y algo melancólico: el sonido del agua goteando de las hojas, el musgo brillante, el olor a tierra húmeda y hojarasca.

Poco después, llegamos a una pequeña cascada y a un claro donde alguien había abandonado unas viejas bañeras de zinc.

Algunas nos metimos dentro de ella, imaginándonos ninfas del bosque por un momento. Desafortunadamente, el frío no invitaba a más locuras, pero el Enipeas bajaba con fuerza y formaba pozas tentadoras. Un baño allí, en pleno Olimpo, habría sido el sueño de cualquier antiguo griego.

Seguimos remontando el curso del río. Pasamos un segundo puente, también con nieve residual, y el bosque se fue abriendo. La lluvia empezó a remitir y, de repente, como si Zeus hubiera dado su aprobación, apareció un trozo de cielo azul.

La luz cambió por completo. Las hayas brillaban mojadas y el sendero, aunque húmedo y algo resbaladizo en las zonas de sombra, se volvió más agradable.

Llegamos al pequeño monasterio-cueva de San Dionisio (Agios Dionysios), un rincón recogido y silencioso a unos 800 metros de altitud.

Allí, entre la naturaleza imponente, el ambiente cargado de historia y el hecho de que nuestro jefe cumplía en esa excursión su salida número 700 en el Olimpo, se me ocurrió de forma espontánea: había que nombrarle semidiós.

No fue algo preparado. Simplemente surgió en ese momento. Improvisamos un pasillo de honor hecho con nuestros palos de senderismo y mientras él lo atravesaba, Ana L. empezó a cantar una canción que seguimos todos y que hacía una divertida exaltación del Gmsma.

Después, ya “entusiasmados” (es decir “poseídos por el dios”) le conferimos la dignidad de semidiós por la gracia de Zeus.

Creo que fue uno de los momentos más bonitos que he vivido en el Gmsma. Nuestro boss dejó de ser solo un montañero incansable para convertirse, por un rato, en algo más.

No por un rayo caído del cielo, sino por las setecientas excursiones acumuladas, por la constancia terca y hermosa de quien sigue subiendo montañas por puro amor, por todas las mañanas que se calzó las botas sin hacer ruido, por los años acumulados, por seguir eligiendo el esfuerzo y la belleza.

Mientras caminábamos, pensaba en los antiguos griegos. Para ellos el Olimpo no era solo una montaña de 2.918 metros (Mytikas). Era la morada tangible de los dioses: Zeus tronaba desde sus cimas, Atenea observaba, Apolo tocaba su lira, Ártemis cazaba entre sombras, Hermes recorría los senderos invisibles, Dionisio llenaba el aire de risa y delirio divino… Y pensaba que los semidioses no siempre nacen de un dios y una mortal. Muchos lo eran por sus hazañas, por su areté, por su capacidad de trascender lo humano mediante el esfuerzo. Heracles, Teseo, Jasón, Ulises… todos sudaron y sufrieron por esa dignidad.

El boss aquel día, se lo había ganado a pulso con sus 700 excursiones; porque setecientas salidas a la montaña no se consiguen con épica, sino con constancia, con ese amor terco y sereno que sigue subiendo montañas cuando otros ya han bajado.

Más allá del monasterio, los picos sagrados seguían allí, imponentes e indiferentes: Mytikas, Skolio, Stefani… se mantenían lejanos, envueltos en nubes que se iban abriendo lentamente.

No subimos a ninguna de las tres cimas principales (la ruta completa hasta Mytikas desde Prionia ronda los 1.800 m de desnivel y unas 10-12 horas ida y vuelta en condiciones buenas), pero no nos importó.

A veces la mejor excursión no es la que corona la cumbre más alta, sino la que te deja una huella serena y profunda. El último tramo, una pequeña subida, fue rápido, con el bosque de hayas despidiéndonos bajo un sol ya más decidido. El Enipeas seguía cantando a nuestro lado y las hojas mojadas brillaban como si todo el monte celebrara el momento.

Llegamos al monasterio de San Dionisio, en el barranco del río Enipeas, junto al sendero que baja desde Prionia. Fundado en 1542 por San Dionisio el Joven (de Tesalia).

Fue destruido varias veces (por otomanos y, sobre todo, volado por los alemanes en 1943 durante la II Guerra Mundial, porque servía de refugio a la resistencia griega).

En su sacristía se conservan las reliquias de Agios Dionysios, parte del Santo Rood, iconos de los siglos XV-XIX y reliquias eclesiásticas de gran valor histórico y artístico.

Hoy está parcialmente restaurado. Había un ambiente muy especial, rodeado de un bosque frondosísimo y un silencio casi sobrenatural, nos despedimos del lugar, y me prometí a mí misma que si los dioses me sonreían algún día pisaría la cima sagrada del Olimpo.

Por la belleza tranquila de la excursión, por el bosque melancólico, por el trasfondo mítico, por las ninfas del zinc y, sobre todo, por la emoción de las 700 excursiones del boss, otorgo a esta excursión cinco sicarias cum laude.

Y mi agradecimiento infinito a este grupo, porque con gente como esta los días se vuelven cada vez más valiosos.
Paz Rincón



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miércoles, 29 de abril de 2026

Excursión 911: Ferrocarril Madrid-Burgos desde Bustarviejo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Bustarviejo
Final: 
Bustarviejo
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 15,4 Km 
Desnivel [+]: 254 m 
Desnivel [--]: 254 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 
Participantes: 19

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miércoles, 22 de abril de 2026

Excursión 910: Los cantiles de Rivas-Vaciamadrid y visita a la fábrica de cervezas La Chula

FICHA TÉCNICA
Inicio: Rivas-Vaciamadrid
Final: Rivas-Vaciamadrid
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 7 Km 
Desnivel [+]: 118 m 
Desnivel [--]: 118 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 33

MAPAS 
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RESUMEN
Treinta y tres senderomagos, nos reunimos en Rivas-Vaciamadrid, para completar una jornada deportiva-gastronómica, en la que realizamos una marcha de unos 7 kms y algo más de 100 metros de desnivel, por los alrededores de Rivas-Vaciamadrid. Después, visitamos una fábrica de cerveza muy peculiar, donde nos explicaron, todo el proceso de producción y envasado de sus productos, y nos ofrecieron la cata de 4 cervezas, acompañadas de vituallas preparadas para la ocasión.

Quedamos en el parking Laguna del Campillo, ubicado en las afueras del pueblo. Es un día muy soleado, con temperatura muy agradable y con un ligero viento, que se agradecía.

Iniciamos la marcha, desde un punto elevado, con extraordinarias vistas y gran panorámica de los Cortados de Rivas y el Cerro del Puil. Andando junto a los Cortados, nos asomamos a la Vega del Río Jarama y Las Lagunas de Velilla.

Se aprecian a la lejanía los acuíferos, y la amplitud de la Laguna del Campillo, la segunda más extensa del Parque Regional del Sureste, (la más grande es la del Porcal), cuyo origen, es fruto de la explotación de áridos, durante los años 60-70 del siglo pasado.

Los Cantiles o grandes cortados de los montes que acompañan al rio Jarama, a lo largo de su curso, se han ido esculpiendo a lo largo de millones de años.

Son espectaculares desfiladeros, presentes a lo largo de todo el río Jarama y en la zona final del río Manzanares.

Los más característicos se encuentran en la zona de la Laguna del Campillo, el Piul, y El Espolón de Rivas-Vaciamadrid. Son cerros yesíferos, que surgieron, tras la evaporación de masas de agua, ricas en sales, durante el Mioceno, en la primera época del periodo Neógeno, que abarcó aproximadamente desde hace 23 hasta 5 millones de años. Se caracterizó por un enfriamiento global y clima más seco.

La vegetación que encontramos, mayormente, el jabunal (mata perenne leñosa, que crece en suelos yesosos y secos) y que tiene cualidades jabonosas. En la parte baja de las laderas, abunda el esparto.

Nuestra excursión, la realizamos, por una senda próxima a los acantilados, desde donde vemos el Campillo de San Isidro, pasamos por el Barranco del Búho, y llegamos al mirador de la Laguna del Campillo.

Aquí realizamos una parada de reagrupamiento, observamos las excelentes panorámicas y algunos descansamos en un banco de madera estratégicamente situado.

Las vistas son espectaculares. Se observa en la lejanía, el famoso puente verde-azulado, por donde transitaba el famoso tren de Arganda.

A unos 5Kms del inicio de la marcha, giramos a la izquierda, atrochamos, y llegamos a un cruce de caminos, que nos lleva rápidamente al aparcamiento, donde habíamos dejado los coches. 

Teníamos que recoger los vehículos, para dirigirnos a la fábrica de cervezas artesanales La Chula, donde habíamos quedado para realizar una visita guiada a sus instalaciones

La idea de visitar esta fábrica surgió, por un reportaje, de la visita de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, a esta cervecera, donde ensalzaba la calidad de sus productos.

Además elogiaba a los emprendedores que la habían creado, y ensalzaba unas cervezas producidas con agua del Canal de YII. Cervezas genuinamente madrileñas

Llegamos a la fábrica, y allí, nos esperan los responsables del lugar. Nunca habían tenido una visita tan numerosa.

Nos explican el proceso de producción, de cada una de las cervezas que producen. Disponen de enormes cubas de acero inoxidable (una por cada tipo de cerveza), en las que realizan la molienda, maceración, filtrado, ebullición, fermentación, maduración y posteriormente el envasado.

Inicialmente se tritura la malta (comúnmente cebada), para extraer el almidón interior. Nos explican que el amargor de la cerveza IPA, se logra mediante la adición de lúpulo, durante el proceso de ebullición, lo que libera ácidos alfa, que isomerizan. A mayor tiempo de hervor, mayor amargor.

Antiguamente se añadía más lúpulo del normal, para que la cerveza aguantase sin estropearse. en los largos transportes por barco.

La visita, continuó, con catas de las cuatro cervezas más interesantes, las cuales olfateamos, y saboreamos con gran interés.

Nos habían preparado, unas mesas con abundantes raciones y aperitivos, que nos ayudaron a paladear las excelentes cervezas de La Chula, sin que nos dañara en exceso, su graduación alcohólica.

Con esta excursión conseguimos reunir a miembros del grupo que hacía tiempo que no asistían a las rutas (cuestiones físicas, lesiones, dureza de las marchas, etc), y hemos disfrutado de una estupenda jornada festiva. 

Por esta razón, por las preciosas vistas del valle del Jarama, sus bellas lagunas y por la estupenda visita a la fábrica de cervezas La Chula, califico esta excursión con la máxima nota, 5 sicarias
Nicolas Pizarro