Treinta y tres senderomagos, nos reunimos en
Rivas-Vaciamadrid, para completar una jornada deportiva-gastronómica, en la que realizamos una marcha de unos 7 kms y algo más de 100 metros de desnivel, por los alrededores de
Rivas-Vaciamadrid. Después, visitamos una fábrica de cerveza muy peculiar, donde nos explicaron, todo el proceso de producción y envasado de sus productos, y nos ofrecieron la cata de 4 cervezas, acompañadas de vituallas preparadas para la ocasión.
Quedamos en el parking
Laguna del Campillo, ubicado en las afueras del pueblo. Es un día muy soleado, con temperatura muy agradable y con un ligero viento, que se agradecía.
Iniciamos la marcha, desde un punto elevado, con extraordinarias vistas y gran panorámica de los Cortados de Rivas y el Cerro del Puil. Andando junto a los Cortados, nos asomamos a la Vega del Río Jarama y Las Lagunas de Velilla.
Se aprecian a la lejanía los acuíferos, y la amplitud de la
Laguna del Campillo, la segunda más extensa del
Parque Regional del Sureste, (la más grande es la del
Porcal), cuyo origen, es fruto de la explotación de áridos, durante los años 60-70 del siglo pasado.
Los Cantiles o grandes cortados de los montes que acompañan al rio Jarama, a lo largo de su curso, se han ido esculpiendo a lo largo de millones de años.
Son espectaculares desfiladeros, presentes a lo largo de todo el
río Jarama y en la zona final del
río Manzanares.
Los más característicos se encuentran en la zona de la Laguna del Campillo, el Piul, y El Espolón de Rivas-Vaciamadrid. Son cerros yesíferos, que surgieron, tras la evaporación de masas de agua, ricas en sales, durante el Mioceno, en la primera época del periodo Neógeno, que abarcó aproximadamente desde hace 23 hasta 5 millones de años. Se caracterizó por un enfriamiento global y clima más seco.
La vegetación que encontramos, mayormente, el jabunal (mata perenne leñosa, que crece en suelos yesosos y secos) y que tiene cualidades jabonosas. En la parte baja de las laderas, abunda el esparto.
Nuestra excursión, la realizamos, por una senda próxima a los acantilados, desde donde vemos el Campillo de San Isidro, pasamos por el Barranco del Búho, y llegamos al mirador de la Laguna del Campillo.
Aquí realizamos una parada de reagrupamiento, observamos las excelentes panorámicas y algunos descansamos en un
banco de madera estratégicamente situado.
Las vistas son espectaculares. Se observa en la lejanía, el famoso puente verde-azulado, por donde transitaba el famoso tren de Arganda.
A unos 5Kms del inicio de la marcha, giramos a la izquierda, atrochamos, y llegamos a un cruce de caminos, que nos lleva rápidamente al aparcamiento, donde habíamos dejado los coches.
Teníamos que recoger los vehículos, para dirigirnos a la fábrica de cervezas artesanales La Chula, donde habíamos quedado para realizar una visita guiada a sus instalaciones
La idea de visitar esta fábrica surgió, por un reportaje, de la visita de la
Presidenta de la Comunidad de Madrid, a esta cervecera, donde ensalzaba la calidad de sus productos.
Además elogiaba a los emprendedores que la habían creado, y ensalzaba unas cervezas producidas con agua del Canal de YII. Cervezas genuinamente madrileñas
Llegamos a la fábrica, y allí, nos esperan los responsables del lugar. Nunca habían tenido una visita tan numerosa.
Nos explican el proceso de producción, de cada una de las cervezas que producen. Disponen de enormes cubas de acero inoxidable (una por cada tipo de cerveza), en las que realizan la molienda, maceración, filtrado, ebullición, fermentación, maduración y posteriormente el envasado.
Inicialmente se tritura la malta (comúnmente cebada), para extraer el almidón interior. Nos explican que el amargor de la cerveza IPA, se logra mediante la adición de lúpulo, durante el proceso de ebullición, lo que libera ácidos alfa, que isomerizan. A mayor tiempo de hervor, mayor amargor.
Antiguamente se añadía más lúpulo del normal, para que la cerveza aguantase sin estropearse. en los largos transportes por barco.
La visita, continuó, con catas de las cuatro cervezas más interesantes, las cuales olfateamos, y saboreamos con gran interés.
Nos habían preparado, unas mesas con abundantes raciones y aperitivos, que nos ayudaron a paladear las excelentes cervezas de La Chula, sin que nos dañara en exceso, su graduación alcohólica.
Con esta excursión conseguimos reunir a miembros del grupo que hacía tiempo que no asistían a las rutas (cuestiones físicas, lesiones, dureza de las marchas, etc), y hemos disfrutado de una estupenda jornada festiva.
Por esta razón, por las preciosas vistas del valle del Jarama, sus bellas lagunas y por la estupenda visita a la fábrica de cervezas La Chula, califico esta excursión con la máxima nota, 5 sicarias
Nicolas Pizarro