miércoles, 20 de mayo de 2026

Excursión 924: Collados del Asón. Cantabria

FICHA TÉCNICA
Inicio: Collados del Asón
Final: Collados del Asón
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 13,7 Km 
Desnivel [+]: 531 m 
Desnivel [--]: 531 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 32

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK


PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Esta era la 3ª ruta del programa por Cantabria, organizado por nuestros amigos Melchor y Rosa, una ruta circular por los Collados del Asón.

El punto de encuentro era el aparcamiento del Collado del Asón, pero con un día despejado como el que llevamos, nos recomendó Melchor parar primero en el puerto de Alisas y subir andando hasta el mirador del puerto, que está a unos 674 m de altitud y conecta los valles del Miera y del Asón mediante la carretera CA-261.

Tradicionalmente ha sido un paso importante entre la costa y el interior oriental cántabro. Lo más famoso del puerto son sus vistas. En días despejados se puede ver, la bahía de Santander, parte de los valles pasiegos, el macizo central de Picos de Europa y los montes de la Cordillera Cantábrica.

Es un lugar muy apreciado por los ciclistas, la subida tiene curvas cerradas y rampas exigentes, incluso hay un monumento dedicado al ciclismo.

Curiosamente el nombre de “Alisas” viene probablemente de los alisos, unos árboles muy abundantes antiguamente en la zona, gran parte de esos bosques desaparecieron por la tala para abastecer la histórica fábrica de artillería de la Cavada. Por la misma carretera podemos ver la cascada de Asón, también llamada “cailagua”, es el nacimiento del río Asón. El agua cae desde una pared rocosa en forma de cola de caballo, con una altura aproximada de entre 50 y 70 m.

Según recomendaciones dadas por Melchor, dado el desnivel de 670 m la ruta presenta serias dificultades para personas no acostumbradas a andar por zonas problemáticas, barrizales, encharcamientos, árboles caídos y tramos escabrosos, laderas con pendiente… algunos de los 50 convocados decidieron otras actividades, sauna, visita a Santander, etc. En total fuimos 32 participantes.

A las 11h empezamos la ruta desde el Collado del Asón (682m), por el Camino Brenavinto, coincidente aquí con el GR-74, llamado Corredor Oriental de Cantabria, que une Ramales de la Victoria con Reinosa. Tiene una longitud aproximada de 135 km.

El Parque Natural Los Collados del Asón se encuentra dentro de lo que fue el amplio conjunto glaciado de la montaña oriental de Cantabria.

Su relieve se deriva de la acción glaciar durante la Era Cuaternaria, la dinámica fluvial y los procesos kársticos que se desarrollan sobre los materiales calcáreos, destacando por su espectacularidad el Circo de Hondojón.

Desde el parking subimos por la pista del GR en el valle de Brenavinto. Este primer tramo es muy cómodo, praderas verdes, cabañas pasiegas, vistas al circo glaciar y grandes paredes calizas alrededor del antiguo poljé glaciar-kárstico, una gran depresión cerrada modelada por el hielo y el agua.

Pasamos junto a la fuente Bezón tras avanzar poco menos de 2 km,  y superar el Alto de la Posadía, abandonamos el Camino Brenavinto por un desvío a la derecha que asciende. por el GR-74, hacia Brenolagua, Concinchao y los senderos altos del canal Honda, por donde volveremos.

Mientras que nosotros, al poco nos desviamos a la izquierda para luego recuperar, pasada una casa, el Camino Brenavinto.

Avanzamos alternando verdes praderas con bosques, en el llamado Llano de Brenavinto. Pasamos junto a otra casa y nos internamos en el hayedo del Monte Llusías.

Su masa forestal destaca principalmente por ser un espectacular hayedo que incluye abedules en la parte inferior, junto a manchas de acebos y otras especies caducifolias, la subida es progresiva, muy bonita y llevadera.

En la cota más alta de la ruta de hoy, salimos del bosque y entramos en una zona más abierta conocida como el Valle.

Bordeamos el impresionante Monte Llusías hasta alcanzar el Collado de los Lobos.

Aparecen dolinas, grietas calizas, pequeños corredores y terreno kárstico muy erosionado que nos lleva al Canal Honda, un corredor natural encajado entre murallones verticales, una espectacular brecha o grieta rectilínea de unos 600-700 metros de longitud, con altas paredes de roca caliza que alcanzan los 20-25 metros de anchura y hasta 30-100 metros de profundidad, estrecho, húmedo, sombrío, lleno de hayas y musgo. Muchos lo llaman “la cañada del silencio” porque el sonido queda amortiguado entre las paredes.

Salimos del Canal Honda y enlazamos con el PR-74 que baja por el bosque hacia la Cabaña de Concinchao, un bonito refugio que queda a nuestra izquierda.

La bajada atraviesa grandes hayas, abedules y zonas cubiertas de musgo, con estupendas vistas.

Aunque las alturas no son enormes, el relieve hace que el paisaje parezca mucho más salvaje. Finalmente conectamos con el Camino Brenavinto por el que inicialmente subimos y regresamos tranquilamente al aparcamiento del Collado del Asón.

Terminada esta bonita ruta nos fuimos a casa de Isaac y Montse, una espectacular casa con una pradera de ensueño, donde nos reunimos con el resto de compañeros y donde nos recibieron con una merienda estupenda que, junto con el resto de la familia Muñoz, dimos buena cuenta de ella.

Nuestro compañero Marcos, un encantador de serpientes, en su acepción de persona astuta y con gran labia, capaz de convencer a los demás con su encanto, jajaja, nos hizo bailar hasta terminar reventados con su buena música.

Dia estupendo, por la ruta, la merienda y el baile, pero marcado tristemente por Cristal, la perrita de Sol, que se quitó el arnés y decidió vagar libre por los prados santanderinos, no la han conseguido recuperar por más esfuerzos que hicieron Sol, Antonio, junto con Montse e Isaac, veremos qué le depara el destino a Cristal.

Un viaje fantástico, muy agradecidos a Melchor y Rosa por tanta dedicación. Un abrazo a todos. Sicarias le concedo 5 por la ruta, la compañía, la comida y el baile.
Pepa Santos

Excursión 923: Las peonías de Buitrago del Lozoya

FICHA TÉCNICA
Inicio: Buitrago de Lozoya 
Final: 
Buitrago de Lozoya 
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 14 Km 
Desnivel [+]: 232 m 
Desnivel [--]: 232 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable:
Valoración: 4
Participantes: 17

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

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RESUMEN
Hoy nos acercamos a uno de los pueblos más bonitos de la Comunidad de Madrid, Buitrago del Lozoya, para realizar una de las excursiones menos conocidas de su entorno, el bosque de Las Gariñas.

El punto de encuentro se fija en el aparcamiento de tierra que está situado enfrente del campo de fútbol y del cementerio municipal. A pesar de que muchos de nuestros compañeros están disfrutando de unos días por tierras cántabras, nos reunimos en el aparcamiento 17 senderomagos.

Rosa, que hoy se ha pegado una paliza de coche desde Zamora, nos agasaja con ricas rosquillas, antes del comienzo de la marcha, mientras otros hacen tiempo hasta que llegan los últimos rezagados, probándose el muestrario de las nuevas camisetas y chalecos que ha traído José Mari para elegir talla. A las 10:30h se cierra el pequeño mercadillo, y empezamos a andar bajando por la calle Doce de Octubre, para luego coger la calle Camino de Manjirón y finalmente la calle Cotos, que es dónde en un principio teníamos intención de dejar los vehículos, pero al tratarse de una zona residencial nos surgieron dudas de si habría plazas libres suficientes para dejar todos los coches.

Entre semana parece que no hay problema, pero los fines de semana se complica mucho, ya que hay un complejo de viviendas tuteladas gestionadas por la Comunidad de Madrid para mayores, y suelen recibir la visita de sus familiares, con lo cual se reduce mucho la posibilidad de encontrar plazas libres.

Al final de la calle parte una senda que se encamina hacia la ribera del río Lozoya, remansado en el embalse de Puentes Viejas.

Justamente al llegar a la senda, nos avisan que un compañero se ha olvidado el móvil en su vehículo y se ha vuelto a recogerlo, o sea que toca esperar. De vuelta hacia al grupo, se despista y se pierde por las calles aledañas. Al cabo de un rato ya aparece y podemos retomar la marcha.

Atravesamos un paso con cadena que evita la entrada de vehículos, y nos dirigimos hacia una pequeña portilla que franquea una alambrada que separa el núcleo urbano de la zona de pinar de El Tomillar.

Una vez ya en el pinar, giramos a la izquierda y bajamos al camino que transcurre paralelo al embalse. Un poco más adelante ya podemos disfrutar de una bonita vista de Buitrago, sobre las aguas del embalse, y como telón de fondo la silueta de los montes carpetanos, con el puerto de Linera muy visible.

Avanzamos siguiendo la senda por la linde del pinar y si nos fijamos, podremos observar que en el tronco de algunos pinos se han colocado cajas nido de madera para murciélagos. Estas cajas se instalan para fomentar que los murciélagos puedan resguardarse en su interior, y formar núcleos estables en estos pinares y así controlar las plagas de insectos en la ribera del embalse.

Continuamos caminando paralelos al embalse, por un agradable sendero que sortea la entrada de un pequeño arroyo, el arroyo de la Tejera, creo que el único de los 7 arroyos que iremos salvando hoy que tiene nombre, quizás por ser el único que nace fuera de la zona de pinar.

Aprovechamos que el embalse no está lleno, para cruzarlo sin tener que hacer el trazado del camino hasta la desembocadura del arroyo.

Hace dos fines de semana realicé esta ruta pasada por agua y gracias a las lluvias de entonces y a las anteriores, el campo todavía mantiene un color verde espectacular.

Pasamos un segundo arroyo y al igual que el anterior, lo salvamos por un paso cerca del embalse. Dejamos atrás la zona de El Tomillar y entramos en el bosque de Gariñas.

Vamos dejando a nuestra derecha muchos senderos que suben hacia la pista horizontal superior, el camino de Buitrago a Puentes Viejas o también llamado camino de Manjirón por el que luego regresaremos.

Esta semana había prometido a mis compañeros que los iba a traer a ver peonías. Alguno pronto empieza a impacientarse. ¿Pero no decías que veníamos a ver peonías? ¿pues dónde están? Y empiezan a oírse comentarios del tipo “Este creo que nos ha engañado hoy ….”. Paciencia y de momento id disfrutando del entorno y del paisaje, que todo llegará a su debido tiempo.

Más adelante, la pista atraviesa un muro de piedra, y aunque hasta ahora el pinar tenía escasa vegetación, poco a poco va aumentando ésta a ambos lados de la senda que transitamos.

Junto a una curva, vualá, dos pequeñas peonías despuntan entre la vegetación, aunque sus flores ya están algo ajadas …. ¿Veis como sí hay? ….. ¡Pues hala! como ya habéis visto dos yo ya he cumplido hoy ……. ¡Que no! ¡Que vamos a ver más seguro! ….. Hay que ponerles delante la zanahoria, que, si no estos no se mueven y se me amotinan ,,,,,

A nuestra derecha van apareciendo restos de trincheras, vestigios de la guerra civil que reflejan la pugna que hubo durante la contienda en esta zona por el control del abastecimiento de agua a la población de Madrid.

Para entender esto, hay que hacer un poco de memoria sobre cómo se gestó el suministro de agua a la ciudad de Madrid desde la cuenca del río Lozoya.

Hay que recordar que, hasta finales del siglo XIX, la ciudad de Madrid se abastecía de distintas fuentes repartidas por toda la ciudad. El agua de esas fuentes se canalizaba a través de los llamados viajes del agua que la transportaban desde manantiales subterráneos hasta estas fuentes.

El crecimiento de la población y la dificultad para encontrar nuevos manantiales cada vez más lejanos, hicieron que la Reina Isabel II encargara a su ministro de obras públicas, Bravo Murillo una solución a este problema. 

Éste encargó a dos ingenieros que realizaran un estudio para encontrar la mejor solución al problema de abastecimiento de agua. Estos ingenieros llegaron a la conclusión que la mejor forma de garantizar a largo plazo el suministro de agua a Madrid, era canalizar las aguas del río Lozoya que mantenían un caudal suficiente durante todo el año.

Tras el fracaso que supuso la construcción de la presa del Pontón de la Oliva, y los insuficientes que resultaron el azud de Navarejos y la presa de la Parra, y su escaso éxito para garantizar el suministro de agua a Madrid por diferentes motivos.

La solución definitiva vino de la mano de un nuevo estudio de ingenieros, Morer y Boix, que esta vez sí tuvo en cuenta la geología del terreno, y dieron con la ubicación idónea para la construcción de una nueva presa. Un cañón de roca gneis dónde se encajona el río Lozoya.

Así se gestó la construcción de la presa de El Villar, que fue inaugurada en el año 1873. Durante muchos años garantizó el suministro a la población de Madrid.

Sin embargo, el escaso caudal del río Lozoya en el periodo estival y el continuo incremento de la población, hizo que se tuviera que construir posteriormente aguas arriba de la anterior una nueva presa, la presa de Puentes Viejas.

Su nombre proviene de la existencia original de dos pontones que permitían cruzar el río Lozoya. La construcción de la nueva presa se realizó en dos fases. La primera de ellas ya estaba finalizada en el año 1922 aunque se continuó trabajando hasta el año 1925.

Posteriormente, en una segunda fase se procedió al recrecimiento del muro de la presa, y en 1935 ya estaba prácticamente terminada, aunque pendiente de la finalización de varios elementos. El comienzo de la guerra civil paralizó esos trabajos.

Por lo tanto, durante la guerra la zona de Puentes Viejas tuvo una importancia estratégica debido a la presencia de estas dos presas: El Villar y Puentes Viejas, y la pugna por el control de sus aguas que daban de beber a la capital.

En los días iniciales de la sublevación militar, las tropas rebeldes, dirigidas por el coronel García Escamez, tomaron el puerto de Somosierra, bajando hasta Buitrago donde encontraron una fuerte resistencia de grupos de milicianos y militares leales a la República, dirigidos por el capitán Galán, que les impidieron continuar su camino hacia Madrid. A finales de agosto la línea de frente en esta zona de la sierra estaba definida, y se mantuvo casi sin cambios durante toda la contienda.

La detención en la sierra madrileña de las tropas enviadas por el general Mola fue muy importante para evitar la rápida caída de la capital en manos de los sublevados. Los planes de Mola se paralizaron por falta de fuerzas, escasez de municiones y por la seria resistencia planteada por parte de las milicias republicanas.

A finales de julio, Mola decidió avanzar por la zona oriental del valle para hacerse con el control de ambos embalses, dirigiéndose y ocupando Paredes de Buitrago y las alturas próximas.

Se luchó durante más de un mes para proteger el suministro de agua, iniciándose la construcción de las primeras trincheras, parapetos y refugios, que más adelante se vieron reforzados por ambos bandos con nidos de ametralladoras, refugios subterráneos, centros de resistencia, etc., creándose un gran entramado defensivo militar, del que hoy solo vemos algunos restos.

La importancia y debilidad de este sector motivó el envío de nuevas columnas desde Madrid. Manuel Torres Campañá, integrado en la de trabajadores de Canales del Lozoya (nombre durante la Segunda República del Canal de Isabel II), llegan a Puentes Viejas y, tras la unión de otras fuerzas, consiguen establecer una línea de defensa al norte de los embalses, donde detendrán los ataques de las fuerzas de Mola.

Más tarde, la preocupación e insistencia de Torres Campañá hizo que se reforzarán las posiciones del flanco derecho de los embalses, ya que estaban escasamente guarnecidas.

Una vez estabilizadas las líneas, los mandos sublevados ordenaron que se mantuviese en “situación defensiva” mientras los ataques se concentraban en el sur y el este de Madrid.

Ni que decir tiene que la construcción del embalse de Puentes Viejas modificó gran parte del paisaje de Buitrago de Lozoya.

Además, la crecida del agua en la cola del embalse provocó la desaparición de las riberas de esa zona, y también que desaparecieran bajo las aguas algunos elementos históricos como el puente de la Coracha, del que hablaremos más adelante.

Continuamos por el sendero, escoltados por jaras, gamones y alguna que otra todavía esquiva peonía. Al otro lado del embalse aparece la silueta de lo que en su día fue el Palacio de Osuna, Palacio de El Bosque, o también conocido como el Palacio del Marqués de Santillana.

Se trata de un palacete de estilo renacentista, que está ubicado en la dehesa de El Bosque. En el siglo XV, la poderosa familia Mendoza adquiere la Dehesa y la convierten en una finca de caza mayor.

Pero no es hasta el siglo XVI, cuando uno de sus descendientes, Íñigo López de Mendoza, quinto duque del Infantado ordena a Diego Balera la construcción de una villa de recreo en la citada finca. Las obras se realizaron en dos fases, y finalmente se concluye en el año 1600.

Basada en el concepto de las villas creadas por el arquitecto italiano Andrea Palladio, la Casa del Bosque se articula alrededor de una gran rotonda interior, que queda cubierta mediante una cúpula y que fue utilizada como capilla. La finca está situada a 2 kms del núcleo urbano de Buitrago, y desde el mismo se accedía a ella a través del puente de la Coracha.

La coracha del recinto amurallado de Buitrago del Lozoya era un apéndice de muralla que se introduce en el río y cuya función era cubrir el acceso al agua en caso de sitio.

La construcción de la presa de Puentes Viejas hizo desaparecer el puente de la Coracha, y con él el camino directo a la casa del Bosque, dejando el palacete aislado en la orilla opuesta al pueblo. Cuando baja el nivel del embalse todavía se puede observar el pilar del antiguo puente.

Con el paso de los años el deterioro de la edificación fue evidente y en el año 2017 se elaboró un informe sobre su estado de conservación que derivó en una actuación urgente para detener su deterioro.

Fruto de esa intervención es la imagen actual que hoy podemos observar de su torre.

Tras la parada contemplativa, retomamos la marcha. Nos encontramos ahora en la zona conocida como Los Ugaldes. Las vistas son amplias, aunque caminemos por zona de pinar.

Hacia el norte, y al otro lado del embalse vemos las antenas de la antigua Estación de Comunicaciones por Satélite de Telefónica, ya fuera de uso. También la aledaña población de Gandullas. Sobre ella el cerro Piñuecar, donde se ubica un búnker en bastante buen estado de conservación. Más allá se aprecia la cima de la Cebollera Nueva o Alto de la Cabezuela, y el Cuchar Quemado en la cuerda, hacia la Cebollera Vieja que está oculta tras él.

Más hacia el este se distingue la inconfundible silueta de El Cerrón, a su derecha el Cerro de Santuy, más hacia el este, el Pico Bañaderos, el puerto de la Hiruela, el Cerro Salinero, el collado Salinero que separa el cerro anterior del Pico Porrejón.

Se aprecian también las antenas de telefonía del puerto de la Puebla de la Sierra, El collado de la Tiesa, el Alto de las Rozas y detrás la Peña la Cabra, y la población de Berzosa de Lozoya.

Hacia el oeste, el Pico del Nevero que a estas alturas todavía se resiste a perder los últimos rastros de nieve que le dan su nombre. Delante de éste el Cerro de la Cruz y a su lado la población de Navarredonda. A su derecha, y debajo de la silueta de los Reajos en la cuerda de los Carpetanos, se puede apreciar una pequeña raya blanca vertical entre el pinar, protegida por paredes inclinadas. Es la chorrera de San Mamés. Se la muestro a alguno de mis compañeros que les cuesta más localizarla.

Poco a poco, el sendero se va separando de las aguas del embalse. Después de atravesar un paso peatonal y pasar por debajo de un tendido eléctrico de alta tensión, entramos en la zona conocida como los Viñaderos

Un poco más adelante vemos a nuestra izquierda los restos de unas edificaciones de un antiguo caserío. La construcción, en general, es de mampostería a base de piedras gnéisicas y esquistos, unidas con ligera argamasa.

La planta es rectangular con cubierta a dos aguas. El edificio más antiguo se encuentra en un estado total de abandono, con la cubierta caída. Junto a él se levantó otro edificio más moderno, con las esquinas de sillería de granito, también hoy abandonado.

Existe una pequeña edificación que contiene un pozo. En 1601 la familia Mendoza compra en la “Dehesa de Viñaderos” estas casas y corrales.

Dejamos las construcciones a nuestra derecha y tomamos una pista menos evidente, que en algo menos de un kilómetro nos deja al borde del embalse justo delante del muro de la presa de Puentes Viejas.

Nos reagrupamos en este punto, descansamos un poco, y retrocedemos unos metros para tomar un pequeño sendero que nos dirige de nuevo hacia la pista principal, pero evitando deshacer por completo todo el camino de ida.


Cuando llegamos a la pista, atrae nuestra atención un bloque cuadrado colgando a media altura en una rama de una encina junto al camino.

Se trata de un bloque de sal que se coloca para el ganado. Estos bloques son suplementos nutricionales para satisfacer las necesidades minerales del ganado y otros animales de granja.

Normalmente están compuestos de sal pura o enriquecidos con otros minerales.

A partir de este punto comienzan a aparecer en mayor cantidad las matas de peonías. Desgraciadamente y como dice algún compañero sus flores suelen durar poco tiempo, y la visión que tenemos hoy no tiene nada que ver con el espectáculo floral que pude disfrutar hace 15 días.

Aún así, todavía hay algunas muy vistosas. Está claro que otro año hay que volver a comienzos del mes de mayo para poder contemplarlas en todo su esplendor.

Antes de salir del pinar, a la derecha hay decenas y decenas de peonías muchas todavía en flor. Queda demostrado pues, que haberlas haylas, y en cantidad. Yo creo que con esto he cumplido con lo prometido.

Como os digo, abandonamos el pinar, por una puerta y girando a nuestra derecha, entramos por otra. Cuando nos damos la vuelta para dejar cerrada esta última, aparece entre el arbolado la población de Paredes de Buitrago, inconfundible por su pinar cercano y su conocida ruta del Frente del Agua, que el grupo realizó hace tiempo (GMSMA 211). De su único bar y de sus torreznos, no os cuento más.

Son ya las dos y pico de la tarde y algunos ya están preguntando dónde vamos a comer.

Como este tramo de conexión que vamos a tomar ahora, entre las sendas del embalse y el camino de Manjirón, que vamos a tomar de vuelta y discurre más arriba, es muy soleado y con algo de inclinación, es preferible hacerlo antes de la comida, y así se lo intento explicar a alguno de mis compañeros. Una vez más, paciencia ……..

Dejamos las peonías para disfrutar de otro espectáculo de floración, el de las jaras. Dentro del pinar, en umbría todavía no habían llegado a eclosionar los capullos, pero en esta zona que es soleada, las matas están repletas de flores.

Se trata de la planta más común que nos podemos encontrar en la Sierra de Guadarrama. Normalmente es síntoma de suelos degradados o pobres en nutrientes.

Por lo general florece entre los meses de abril y junio, según su orientación, y sus flores se componen de 5 pétalos que pueden llegar a alcanzar los 10 cm de diámetro.

Algunas tienen unas manchas oscuras en la base de cada pétalo, dando lugar a una variedad conocida como jara de las cinco llagas y científicamente como maculata. Las que son totalmente blancas pertenecen a la variedad de la inmaculata.


Pasamos junto a un abrevadero de nueva construcción, y giramos a la derecha hacia las cercanas ruinas de la casa de los Conejos. La construcción, es una antigua finca agrícola posiblemente vinculada al Camino de la Carretilla. Todavía conserva muros de mampostería y accesos abiertos.

Tras un breve descanso y reagrupamiento, retomamos la marcha, obviando el portón que hay junto a las construcciones, y siguiendo por la pista.

Un poco más adelante aparece otro portón que esta vez, sí cruzamos y entramos en la dehesa. Estamos ya en el Camino de Manjirón. Aprovechamos una zona herbosa a la sombra para hacer la parada del almuerzo. Tomi y José Luis nos agasajan con bombones por sus respectivos cumpleaños y Juan reparte caramelos de café.

A partir de este punto la pista ancha y sencilla va alternando zona de sombra y sol. Hoy tenemos unos 25º, pero en las zonas soleadas el lorenzo pega de lo lindo. Sin embargo, en las zonas de sombra corre una agradable brisa.

Atravesamos un cortafuegos, donde se aprecia una nueva construcción de otro abrevadero. Poco a poco el camino se va acercando a la carretera que une las poblaciones de Buitrago y Manjirón.

Cuando el camino prácticamente toca la carretera junto a un nuevo portón que da acceso a ésta, vemos al otro lado las casas del retén de la brigada contraincendios de Buitrago.

Junto al portón hay un poste de señalización. Nosotros sin salir a la misma seguimos dentro de la dehesa, pegados a la alambrada. Resulta curioso ver que, como postes para fijar la alambrada, se han usado antiguas traviesas de madera de algún trazado del tren.

Al cabo de un rato y según la carretera que se dirige a Buitrago se va separando del camino que llevamos, aparece al otro lado de la valla una calleja llena de vegetación que debe de partir de la carretera y va en paralelo a nuestro sendero.

Cuando llegamos cerca del arroyo de la Tejera, la senda se desvía hacia la derecha para bajar de nuevo hacia el embalse. Sin embargo, nosotros nos desviamos a la izquierda para ir pegados a la valla, bajar al encuentro del arroyo y cruzarlo en esta zona.

Tras una breve subida, llegamos a una puerta a nuestra izquierda que nos introduce en la calleja que hemos traído junto a nosotros. En pocos metros, ya estamos en la calle de Cotos.

De aquí ya solo nos queda callejear un poco para llegar de nuevo al aparcamiento. Algunos tienen prisa y se marchan ya, otros bajamos a tomar unas merecidas cervezas en un bar próximo.

Ruta muy sencilla, pero no por ello hay que menoscabarla. Recorre una zona de pinar poco conocida, y con el aliciente de la búsqueda de peonías y el espectáculo de las jaras florecidas.

Le otorgo una valoración de 4 sicarias.
Carlos Revilla