miércoles, 16 de septiembre de 2026

Excursión 944: Peña Pintada desde la Fonda Real en Navacerrada

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Fonda Real. Navacerrada 
Final: 
La Fonda Real. Navacerrada 
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,1 Km 
Desnivel [+]: 593 m 
Desnivel [--]: 593 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 36

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Hoy vamos a visitar uno de los lugares menos conocidos de la sierra de Guadarrama: la zona de escalada de Peña Pintada. Se trata de una zona muy conocida por los amantes de la escalada, pero una gran desconocida para el resto de público en general. Ubicada en la cara oeste de la famosa peña de la cuerda de las cabrillas, alberga una gran cantidad de vías de diferente dificultad. Hoy el objetivo es llegar hasta el sector inferior de esa zona para contemplar alguna de sus vías.

El punto de encuentro para dejar los vehículos es el collado del Portazgo, un pequeño triángulo de tierra situado en las confluencias de las carreteras M-601, M-607 y M-614, junto a una de las cancelas que da acceso a la Dehesa de la Golondrina.

Aproximadamente desde marzo del año 2025, está restringido el tránsito de vehículos que no estén autorizados por la pista asfaltada que llega hasta embalse de Navalmedio. Esta prohibición que arranca a los pocos metros del restaurante de la fonda Real hace prácticamente imposible conseguir aparcar en los pocos espacios que hay junto al restaurante, incluso entre semana a no ser que se llegue a primera hora de la mañana, y por eso hoy decidimos dejar lo coches en el pequeño aparcamiento del collado.

El collado toma nombre del Portazgo de Navacerrada, que era una tasa que se cobraba por derecho de paso y tráfico de mercancías por lo que hoy conocemos como puerto de Navacerrada. Estos portazgos constituían una pesada carga para los trajinantes especialmente para arrieros y carreteros y encarecían mucho el precio de los transportes. En 1881 fueron abolidos. El portazgo se cobraba en la Fonda de Navacerrada, que estaba situada donde ahora se encuentra el restaurante Fonda Real.

Cruzamos la carretera M-601, y pegados al muro de una finca particular, tomamos el camino asfaltado sin salida para vehículos, que antes era parte de la antigua carretera que subía al puerto. Una señal de prohibido el paso excepto vehículos autorizados, no invita a dejar el coche en esta zona. A continuación del corto tramo asfaltado de esta carretera sin salida, sale un pequeño sendero que nos deja junto a la Fonda real.

La Fonda Real de Navacerrada es una antigua casa de postas del siglo XVIII que fue lugar de paso habitual y descanso de reyes, ministros, príncipes e infantes de España en su camino real entre Madrid y el Real Sitio de San Ildefonso y Segovia. Personajes como Fernando VII, Isabel II, Amadeo de Saboya, Alfonso XII, Mendizábal, Prim, Castelar y otros muchos solían hacer alto en la Fonda de Navacerrada para comer y cambiar el tiro de carrozas. Cambio que compartían con arrieros y trajinantes que también atravesaban el nuevo paso.

Este nuevo camino real que se proyectó desde Collado Villalba a través del puerto de Manzanares (Navacerrada), fue construido a petición de Carlos III. Las obras, iniciadas en 1778, duraron diez años hasta 1788. Hasta ese momento viajeros y monarcas cruzaban la Sierra por el puerto de la Fuenfría para dirigirse a Segovia o a los Reales Sitios.

La Fonda Real está ubicada en un punto estratégico ya que en ella también confluye el otro camino real que viene desde El Escorial pasando por la población de Guadarrama. La fonda era un lugar muy frecuentado en la época, no se sabe si por la calidad del establecimiento, por su situación estratégica al inicio de la subida al puerto o por la confluencia de los dos reales caminos o por…el portazgo que ahí existía.

Se desconoce el tiempo que estuvo prestando servicio esta fonda, pero si se sabe que en el año 1909 ya estaba en ruinas. El edificio actual fue restaurado en 1972 y convertido en restaurante.

Aprovechamos la fachada de la Fonda Real para realizar la foto del grupo, ya que a partir de este punto hoy, el grupo se divide en dos para realizar dos rutas distintas.

Un grupo realizará la ruta prevista para este miércoles, subiendo hasta las primeras vías de la zona de escalada de Peña Pintada y luego a través del collado de Emburriaderos regresaremos por la senda de la tubería.

El otro grupo realizará hoy otra ruta alternativa, con menos desnivel, pasando cerca del embalse de Navalmedio y desde allí subirán a visitar la mina de las Cortes y luego se dirigirán hacia el Pino de la Cadena.

Nos despedimos en este punto de nuestros compañeros, y cruzamos la carretera hacia una puerta peatonal que da acceso al pinar de la ladera de Peña Entorcal.

Una vez al otro lado, al fondo se puede apreciar la fuente de la Fonda Real. La fuente se encuentra en buen estado, ya que fue restaurada hace poco tiempo. Tiene dos grandes pilas en dos alturas conectadas por un gran caño. El agua original es vertida a la pila superior también por un gran caño. Toda la fuente es una bonita estructura en mampostería, con rocas en el centro y a los lados de una superficie superior a dos aguas a modo de adornos.

Giramos a nuestra izquierda y tomamos un pequeño sendero, habitualmente utilizado más por ciclistas que por senderistas. Esta senda recibe el nombre de Senda Correcaminos.

El sendero en ligero ascenso transita paralelo a la carretera, separada de ésta por una valla de alambre. Poco a poco va ganando altura hasta llegar al pequeño aparcamiento que hay en la subida al puerto y que da acceso a la pista de la Barranca. Cuando alcanzamos la pista algunos nos acercamos a visitar la fuente del Ventorrillo, que a estas alturas aún tiene agua.

Ahora toca ascender un inclinado pero pequeño repecho, para salvar un talud de tierra de la carretera, de donde se han desprendido rocas de un tamaño importante. Una vez superado este pequeño inconveniente, la senda sigue subiendo suavemente.

Pasamos por la parte trasera de lo que fue en su día la residencia de empleados del Banco Central Hispano. El edificio ha sido adquirido por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para su rehabilitación como centro de estudios y residencia de investigadores.

Unos metros más adelante alcanzamos la zona conocida como de los chalets de los clubs alpinos, cerca de la curva de el Ventorrillo.

Cuando se construyó el acceso al puerto en 1788, se emplazó en la zona del Ventorrillo una casa de peones camineros y una venta o parador para arrieros y carreteros, como otro punto donde cambiar los tiros de animales. La hospedería del Ventorrillo o Venta de Cercedilla o Venta de Navarejos , estaba situada donde está actualmente la estación invernal de la Comunidad de Madrid.

A partir del año 1875, este camino usado hasta entonces por carros y caballerías empezó a ser conocido por amantes de los nuevos deportes de montaña. Bajo el impulso de algunos empleados extranjeros que trabajaban en las fábricas de madera, se dio a conocer un nuevo juego que consistía en deslizarse sobre la nieve sobre unas tablas de madera. Grandes precursores de su introducción en España fueron Manuel González de Amezúa y el noruego Birgen Sörensen.

Birgen, comenzó a practicar este deporte en su Noruega natal desde que era un niño. Luego se trasladó a Madrid para hacerse cargo de la sede de la empresa familiar de maderas. Esta compañía se abastecía habitualmente de la madera en los aserraderos de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular en Guadarrama. Ya en Madrid, echaba de menos disfrutar de su deporte preferido, por lo que se construyó unos esquís de madera y de camino al aserradero, paró en una de las laderas y se lanzó con ellos. Viendo la expectación que suscitaba esta nueva actividad hasta ahora desconocida en España, creó junto con otro amigo noruego la primera escuela de instrucción de esquí en España.

Tal fue su importancia en este deporte en nuestro país, que hoy una de las laderas que más frecuentaba, recibe en su honor, el nombre de la Loma del Noruego. Esta nueva actividad atrajo a un gran número de visitantes hacia la sierra.

En 1907 un grupo de amigos del que formaba parte Manuel fundó una agrupación que bautizaron con el nombre de Twenty Club, reconvertido tres años después en el Club Alpino Español.

Manuel consiguió que el Ministerio de Fomento les cediera a él y a su grupo de amigos, pertenecientes todos ellos a influyentes familias de Madrid, unos terrenos al otro lado de la carretera, en el monte de utilidad pública «Pinar Baldío», donde construyeron el primero y más antiguo de sus refugios, el pequeño chalet del Twenty Club.

Hasta 1925 el Club Alpino Español solicitó otras cuatro concesiones de terrenos en las inmediaciones del Ventorrillo, que le fueron adjudicadas por un período de 99 años, gracias a lo cual se pudieron edificar otros refugios: el llamado «Refugio General», capaz ya de albergar a gran número de deportistas, y otros chalets más pequeños costeados por agrupaciones de socios.

En 1913 la colonia «alpina» del Ventorrillo se había convertido ya en un concurrido punto de encuentro para los esquiadores de Madrid, desde el cual se podía acceder con relativa comodidad y rapidez al puerto de Navacerrada y a las cumbres más cercanas.

Con la inauguración en 1923, del ferrocarril entre Cercedilla y el puerto de Navacerrada, el Ventorrillo dejó de ser la avanzadilla de Madrid en la sierra de Guadarrama, y la actividad se trasladó al puerto.

En la curva del Ventorrillo, al borde mismo de la carretera, en el lado opuesto a donde están hoy las construcciones de mantenimiento, hay un monolito erigido en recuerdo de Manuel González de Amezúa, como pionero del deporte del esquí en España y fundador del Club Alpino Español.

Por todo lo anterior, la importancia del Ventorrillo trasciende más allá de la simple historia del Guadarrama, ya que se puede considerar que fue en este lugar donde nació en España la afición por el deporte del esquí. Sin embargo, hoy es prácticamente un lugar olvidado y su historia desconocía para la mayoría de los aficionados a la sierra de Guadarrama.

Hoy nos encontramos estos chalés cerrados, pero en buen estado de conservación todos ellos, lo que indica que se siguen utilizando en la actualidad. Su ubicación en medio del bosque hace que no sean visibles desde la carretera y pocos sepan de su existencia.

El refugio general estaba situado más cerca de la carretera, pero tras su completa destrucción durante la guerra civil, apenas quedan unos restos de muro y la base de sillería sobre la que se levantaba el edificio.

Una vez reagrupados delante del chalé del Twenty Club, proseguimos nuestra ruta. En este lugar hay que estar atento al punto donde nos tenemos que desviar. Hasta aquí la senda ha sido muy evidente, pero entre este punto y el aparcamiento de la zona de escalada, la senda se torna menos marcada. Aún así se sigue con facilidad si se presta atención.

En algún claro del pinar, se deja entrever delante de nosotros las verticales paredes rocosas de la zona de escalada, bajo el cerro de Peña Pintada, a cuya base nos dirigimos.

En pocos minutos alcanzamos un pequeño apartadero en la carretera que asciende al puerto, apto para 4 o 5 coches, donde los aficionados a la escalada suelen aparcar sus vehículos, siempre teniendo cuidado de dejarlo fuera de la línea continua de la carretera, si no queremos luego encontrarnos con una desagradable sorpresa a modo de denuncia, ya que es un punto de giro de maquinaria de mantenimiento.

Desde el apartadero y a través de una cancela de acceso, sube un sendero muy marcado que se dirige hacia los sectores de escalada. Al principio el sendero se mantiene cerca de la carretera y sigue en ligero ascenso, entrando en una zona de verdes helechos.

Mas adelante el sendero va girando hacia la derecha y comienza a ascender por la empinada ladera de peña Pintada. El sendero está muy marcado y va trazando zetas que más o menos hacen más llevadera la ascensión. Llegamos a una pequeña bifurcación. Nosotros seguimos ascendiendo en dirección hacia la base de las paredes que ya vemos cada vez más cerca.

Cuando llegamos al sector de entrada, nos encontramos a 3 escaladores realizando una de las vías. Este entramado pétreo está compuesto de varios sectores con múltiples vías de escalada en cada uno de ellos:

- Entrada. 6 vías del 6a al 7b.
- Norma. 3 vías del 6 al 7b+
- Principal.15 vías del V al 8b+
- La Reserva. 14 vías del V al 7c
- El Puro. 6 vías de IV a 7b
- Marieta. 10 vías del V al 8ª+
- Aguja sin nombre. 16 vías del IV al 6c.

Si no me he equivocado son 70 vías que van del IV grado al 8ª+, que estoy seguro de que hacen las delicias de los escaladores, sobre todo los meses de verano ya que la mayoría de ellas permanecen en umbría. Sin embargo, a pesar de su corta aproximación, el límite del aparcamiento hace pensar que estas paredes no deben de estar muy concurridas.

Sentados en la base de las vías del sector Norma aprovechamos para realizar el ángelus o tentempié de media mañana, charlando con los escaladores y echándonos unas risas con ellos.

Una vez más, pudimos comprobar lo pequeño que es el mundo, ya que uno de los escaladores ha sido compañero de universidad del hijo de nuestra compañera Celia.

Antes de abandonar la zona, aprovechamos para acercarnos a ver algunas de las espectaculares vías del sector principal, prácticamente verticales. Nos queda pendiente visitar los sectores superiores, pero eso será otro día ya que no era el objetivo de hoy.

Finalizada la visita a la zona de escalada, retrocedemos sobre nuestros pasos y bajamos a la bifurcación que habíamos dejado anteriormente. A partir de aquí el sendero se difumina bastante, pero como yo ya lo he hecho anteriormente, lo seguimos fácilmente.

Proseguimos adelante con el objetivo de rodear a media ladera Peña Horcón. Aunque con alguna ligera subida el sendero avanza prácticamente en horizontal atravesando la ladera.

Pasamos por debajo de Peña Horcón sin mayores problemas. El sendero a ratos está más marcado y a ratos prácticamente desaparece. Desconozco dónde finaliza este, aunque sospecho que debe de llegar cerca del mirador del Pinar Baldío, enfrente de la carretera que baja a la estación del Puerto.

El siguiente objetivo es ascender hacia el collado de Emburriaderos. Entre el sendero que llevamos y el collado no hay sendero de subida, o sea que no queda más remedio que intentar trazar un diagonal campo a través eligiendo el terreno menos complicado para avanzar y alcanzar el collado. Aun así, este se alcanza sin mayores problemas, más allá de salvar el desnivel de 100 mts que hay entre ambos puntos.

Una vez alcanzada la cuerda, tomamos la senda de la tubería. Denominada así, por ser visible todavía hoy en algunos puntos, la antigua tubería que se encargaba de suministrar agua desde el arroyo de Peña Cabrita al Real Sanatorio de Guadarrama. El sanatorio inaugurado en 1917 fue pionero en tratar la enfermedad de la tuberculosis. Tras el descubrimiento de los antibióticos contra la tuberculosis, el hospital cerró.

Durante el camino de bajada, Juan se acerca a la fuente de Peña Llana para comprobar si aún tiene agua. Parece ser que solo caía un pequeño hilillo y nos pidió que desistiéramos de bajar hasta ella.

Sin mayores contratiempos, llegamos al mirador de las canchas, y debajo de unos pinos paramos a realizar el almuerzo resguardados a su sombra.

A continuación, nos desviamos hacia la fuente del Piornolón, pero a estas alturas está totalmente seca. Continuamos descendiendo por el sendero hasta el mirador dónde estaba situado el sanatorio mencionado anteriormente y demolido en 1995.

En una curva cerrada de la pista, tomamos un amplio camino que sale a su izquierda hacia la Peña del Entorcal. A estas horas nuestros compañeros de la excursión alternativa nos avisan de que ya han llegado a la Fonda real y están esperándonos en su interior. A nosotros todavía nos quedan por lo menos unos 30m para llegar a ese punto.

Rodeamos Peña Entorcal, y dejamos abajo a nuestra izquierda el pequeño barranco que resguarda el embalse del Chiquillo.

Nos tiramos pista abajo por la ladera de monte del Pinar en dirección de nuevo a la puerta que habíamos cruzado esta mañana a la altura de la fonda real.

Allí nos juntamos con el resto de nuestros compañeros y celebramos el cumpleaños de nuestro amigo Jose María. ¡!! ¡¡¡¡Que sigas cumpliendo muchos más y que puedas seguir celebrándolo con nosotros!!!!

Por último, desear a Antonio una pronta recuperación de sus dolencias, ya que, aunque hoy ha intentado realizar parte de la excursión alternativa, al final los dolores le han hecho desistir y se ha tenido que dar la vuelta a los pocos kilómetros.

Por lo especial de la ruta, le otorgo una calificación de 5 sicarias.
Carlos Revilla

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Excursión 943: El Tejo milenario de Barondillo

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Isla. Rascafría
Final: 
La Isla. Rascafría
Tiempo: x a x horas
Distancia: 13 Km 
Desnivel [+]: 395 m 
Desnivel [--]: 395 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 22

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
A lo largo de la ruta de la semana pasada por las tierras del Alto del León, ocurrieron varios incidentes imprevistos, muchos de ellos relacionados con las altas temperaturas que sufrimos ese día sobre todo en la cara sur del Cerro de la Salamanca: despistes, golpes de calor y el más importante, un pequeño problema cardíaco que sufrió nuestro compañero Esteban debido al esfuerzo realizado en la subida directa a ese cerro a pleno sol y que afortunadamente no ha tenido mayores consecuencias, más allá de unos cuantos días de ingreso en observación, con las consiguientes pruebas y demás. Nos alegramos de que todo haya quedado en un pequeño susto sin más secuelas.

Por lo tanto, habiendo cubierto ya el cupo de sobresaltos establecido para este mes, esta semana nos hemos decantado por una zona más sombreada para realizar la ruta de hoy: el Valle de la Angostura, en la que visitaremos uno de los tesoros más espectaculares que esconde este valle. Estamos hablando de los famosos tejos milenarios que alberga el arroyo de Valhondillo, en su curso medio. El más famoso de ellos lo podemos encontrar identificado hasta con tres nombres distintos: el Tejo milenario de Rascafría, el Tejo de Barondillo o el Tejo de Valhondillo.

El punto de reunión lo hemos fijado en el aparcamiento de los restaurantes de la zona de la Isla. Concretamente en el aparcamiento del restaurante Los Claveles, situado en el km 31,700 de la M-604. Tanto este restaurante como el aledaño de Pinosaguas, llevan cerrados desde el año 2023 ya que, una vez finalizados los plazos de presentación de solicitudes para la explotación de ambos restaurantes, convocados por el ayuntamiento de Rascafría, no se presentó ninguna oferta, declarándose el concurso desierto. El período del contrato era de 15 años sin posibilidad de prórrogas. Desde entonces no se han convocado nuevas licitaciones.

El aparcamiento que hay más arriba, donde se encuentran el restaurante Pinosaguas mencionado anteriormente y el restaurante La Isla, es un aparcamiento privado, reducido respecto a cómo era antes, que tiene una valla en la entrada, y aunque ésta esté abierta, hay personal que verifica si los vehículos que se aparcan en su interior tienen reserva en el restaurante La Isla. Y aún así ese aparcamiento se cierra a las 18h.


Una vez reunidos todos los participantes de la excursión de hoy, salimos en dirección al siguiente aparcamiento, para luego, y sin cruzar el puente que se dirige al restaurante de La Isla (por el que luego volveríamos), seguir por la ribera del arroyo de la Angostura. Hay que recordar que el río Lozoya no toma su nombre hasta que no se encuentran los arroyos Angostura, Umbría y Aguilón, más abajo de donde nos encontramos, por lo tanto, nos referiremos al arroyo que seguiremos durante un par de kilómetros como arroyo de la Angostura, aunque otros senderistas lo denominen erróneamente río Lozoya.

En poco tiempo llegamos a la presa del Pradillo, presa construida en la década de 1940 para retener el agua del arroyo, y que se derivaba a través un canal hacia la antigua fábrica de luz situada más abajo de La Isla, y que abastecía de electricidad a las localidades del valle. Todavía se puede ver el canal que discurre por su margen derecha. Desde mediados del siglo XX la central cayó en desuso.

La pintoresca y fotogénica caída de agua desde los muros de la presa en forma de cascada, luce hoy con poca agua, a pesar de haber tenido un invierno con nevadas, los acuíferos han sufrido mucho como consecuencia de las altas temperaturas que hemos venido padeciendo este año desde mediados del mes de mayo y la falta de lluvia desde entonces.

Seguimos por el sendero que transcurre pegado a sus aguas hasta la cola de la colmatada presa. Para evitar circular lo menos posible por la pista que se incorpora desde la carretera desde la cercana casa de la horca, conocida como el Camino de las Vueltas, intentamos seguir todo lo posible los senderos que van más cerca del arroyo, para ir contemplando y disfrutando de los bonitos rincones, saltos y pozas que nos brinda a lo largo de su curso.

Hasta que, llegado un punto, no queda más remedio que subir a la citada pista, ya cerca del puente de la Angostura, al que se accede por el ramal izquierdo de la misma. He leído en algunos sitios que se hace referencia al origen romano del mismo, en otros se indica que lo mandó construir Felipe II, en otros Felipe V para conectar el palacio de la Granja con el monasterio de El Paular, pero la verdad es que se desconoce el momento exacto de su construcción.

De pequeñas dimensiones, responde a una tipología habitual en la Edad Media. Es de un solo ojo, formado con bóveda de arco de medio punto. Está construido con mampostería tosca de piedra, tanto el tímpano como la bóveda y la boquilla o rosca de ésta, realizada con lajas de piedras de muy diferentes tamaños. Del pretil no quedan más que indicios, de los que puede deducirse que sería un murete continuo de igual factura que el resto del puente.

Cruzamos el mismo, y próximo al puente y al comienzo de la pista que sube a su izquierda se encuentra un discreto manantial que pasa prácticamente desapercibido. De hecho, aunque había oído hablar de él, me costó localizarlo. Podríamos continuar por la pista cercana al arroyo que sigue subiendo por su cauce derecho, hasta el arroyo de los Machos y después acometer una fuerte subida directa hacia la laguna del Raso del Baile, pero acortaríamos mucho la ruta.

Por eso, nosotros vamos a subir cómodamente por la pista del Camino de las Vueltas, que va ascendiendo suavemente por la ladera del Pinar de los Belgas. La pista cruza primero el arroyo de Valhondillo y luego el arroyo del Paraje dos veces, antes de llegar a una curva cerrada donde se encuentra un depósito de agua con un pilón, junto al arroyo de Valhondillo, de donde recoge su agua. 

Estos depósitos se usan para llenar las motobombas de los camiones de las brigadas forestales. De hecho, en una de las compuertas se puede ver la toma de agua que se usa para estos menesteres. Hoy el caño del pilón está seco. Sin embargo, unos metros antes de llegar al depósito y antes de cruzar sobre el arroyo, en la ladera izquierda de la pista se encuentra la fuente de Pinocho.

Hay que subir unos pocos metros por la ladera para llegar a ella. Hoy hemos tenido que retirar tierra y algunas ramas para llegar a despejar su caño. Es una fuente que lleva agua todo el año.

Aprovechamos la refrescante zona del depósito para tomar el tentempié de media mañana.

Posteriormente, seguimos subiendo por la pista, hasta llegar a una bifurcación de ésta. En ese punto tomamos el ramal de la derecha, para tras andar unos cuantos metros, desviarnos por un pequeño sendero que sale a su derecha, y bajar a la pequeña y escondida laguna del Raso del Baile. Algunos compañeros deciden no descender a la laguna y optan por adelantarse y proseguir por el ramal izquierdo que luego también tomaremos nosotros.

Esperábamos encontrar después del caluroso verano el humedal prácticamente seco, pero sin embargo todavía tenía bastante agua. Su superficie aparece tapizada de una fina lámina de vegetación que le da una bonita tonalidad verde. La rodeamos para poder contemplar todo su contorno.

Luego subimos por el amplio camino que nos devolverá de nuevo a la pista superior que habíamos dejado anteriormente. Retrocedemos sobre nuestros pasos hasta la bifurcación anterior, para tomar el ramal izquierdo que habían tomado nuestros compañeros, y seguir subiendo por la pista, que va acercándose poco a poco de nuevo al cauce del arroyo de Valhondillo.

Más adelante termina la pista es una pequeña explanada. De frente un pequeño sendero sigue subiendo por la margen izquierda del arroyo de Valhondillo. Yo he bajado por ese sendero hace años desde la zona de Cabezas de Hierro. En este punto, estamos situados bajo la cara norte de las lomas de Pandasco, en la reserva de tejos milenarios de Barondillo. Aquí se concentran varios de los ejemplares más antiguos que hay en la Comunidad de Madrid. Entre ellos, se encuentran dos tejos catalogados como árboles singulares.

Para poder contemplarlos debemos bajar al arroyo y cruzarlo a su margen derecha. Nada más vadearlo, encontramos el primer tejo milenario, el Tejo de la Roca, árbol número 240 del catálogo de árboles singulares de la Comunidad de Madrid, incluido en el mismo desde su creación el año 1992. Se encuentra bastante deteriorado.

De porte muy irregular, no se puede determinar si se trata de un tejo que ha ido partiéndose a lo largo del tiempo, quedando sólo tres troncos, dos de los cuales se funden a un metro de la roca que los sustenta, o si se trata de tres tejos cercanos que han acabado formando un solo árbol. Ha alcanzado una altura de 9 metros con un diámetro de copa de 10 metros y un perímetro en su tronco de 5,40 metros, teniendo una edad incalculable.

Bajamos por el sendero que transcurre paralelo al margen derecho del arroyo, donde vamos observando otros ejemplares de tejos de mayor o menor porte. Más abajo, nos encontramos con un verdadero tesoro: El Tejo de Barondillo, árbol 239 del catálogo de árboles singulares de la Comunidad de Madrid. Se trata de un ejemplar femenino de tejo común (y sí, hay tejos masculinos y femeninos.

Estos últimos son los que dan los famosos frutos rojos) y se estima su edad entre 1500 y 1800 años, según se indica en un panel informativo que hay junto a la valla que se instaló en 2011 para protegerlo de visitas poco apropiadas que estaban dañando sus ramas y raíces. Creo que, como tejo en edad, en la península solo lo supera el Tejo de Bermiego en Asturias (2000 años). Estamos por tanto ante el árbol más longevo de la Comunidad de Madrid.

Aunque lo he visitado muchas veces, siempre que me paro ante él pienso, si este árbol no hubiera estado situado en un lugar tan recóndito de la sierra, toda la historia que hubiera podido ver pasar por delante de él… Aunque el paso del tiempo ha dejado huella en él, mantiene en general un buen estado de conservación. 

Los técnicos forestales realizan labores periódicas de seguimiento y podas selectivas para eliminar ramas deterioradas y favorecer su estabilidad. Gracias a estos trabajos, este veterano ejemplar mantiene una notable vitalidad pese a su avanzada edad. Su hueco tronco, de leñosa corpulencia, soporta una copa de unos 15 m de anchura, tiene un perímetro de tronco de 9,10 m de diámetro y 8 m de altura

El tejo se caracteriza por tener un crecimiento lento y por su longevidad. Se apunta que pueden llegar a vivir entre 4.000 y 5.000 años.

Puede crecer hasta los 10 o 20 mts de altura, y el diámetro de su tronco puede llegar hasta los 4 metros. Suele crecer en zonas de umbría y suelos frescos próximo a arroyos.

Su fruto se llama arilo, de color rojo con una cubierta de aspecto carnoso que rodea la simiente, de color negro. Suelen madurar entre finales de verano y mediados de otoño del mismo año. Prácticamente todas las partes del árbol contienen un alcaloide tóxico llamado taxina. La corteza, las acículas, las raíces y la simiente contienen esa toxina, que si se ingiere en dosis elevadas tiene un efecto cardio tóxico que produce arritmias y parálisis en el corazón. La sensibilidad a la taxina varía según el animal, por ejemplo, 100-200 g serían mortales para un caballo.

Solo la parte carnosa de color rojo de su fruto es comestible, siempre teniendo cuidado de retirar la simiente que alberga en su interior, ya que esta contiene gran cantidad de taxina. Aún así, sirve de alimento para aves como el verderón o el carbonero común. El arilo es dulce y nutritivo. Al comerlo, las aves y pequeños mamíferos tragan la semilla tóxica entera.

El sistema digestivo del animal digiere el arilo, pero no puede romper la semilla, por lo que la expulsan intacta en sus heces sin llegar a intoxicarse. Aunque hemos encontrado restos de arilos regurgitados por algún animal, no se conoce ninguno de ellos que lo utilicen para purgarse.

A pesar de su toxicidad, el tejo ha sido venerado por culturas antiguas como símbolo de eternidad, sabiduría y conexión con el más allá. Los celtas lo veneraban como símbolo del tránsito entre la vida y la muerte y los cristianos construían sus ermitas y cementerios cerca de los tejos, porque se creía que sus raíces conectaban el mundo de los vivos con el de los espíritus.

Aunque tóxico, también se obtiene de sus hojas el paclitaxel o taxol, un potente principio activo esencial en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer, como el de mama o el de ovario.

Una vez deleitados con su sombra y empapados con el aura que lo rodea, emprendemos el regreso, siguiendo el estrecho sendero que desciende por el margen derecho del arroyo.

Un poco más abajo y bajo otro milenario tejo nos encontramos con José María y con Bea que habían subido a nuestro encuentro desde el depósito de la pista donde habíamos parado esta mañana, ahorrándose unos cuantos metros del recorrido que hemos efectuado nosotros. Ya todos juntos, continuamos el descenso atravesando los arroyos de las zorras y de los Pinganillos, hasta que alcanzamos la pista y de nuevo el depósito, donde de nuevo paramos, esta vez para tomar el almuerzo.

Sobre nuestras cabezas observamos el vuelo majestuoso de varios buitres negros. El buitre negro es la mayor ave rapaz de España, pudiendo alcanzar casi los 3 metros de envergadura de punta a punta de las alas. De hecho, estamos próximos a una zona ZEPA. Se trata de una zona especial de protección de aves por ser una de las mayores áreas de cría de esta especie (el periodo de cría abarca de enero a septiembre).

A diferencia del buitre leonado que anida en roquedos, el buitre negro construye sus nidos en las copas de pinos silvestres. El buitre negro está catalogado como especie "vulnerable" en España y "casi amenazado" a nivel mundial.

Los primeros datos de población de buitre negro en la zona datan del año 1973, cifrando la población de la vertiente madrileña en 6 parejas. Los últimos datos del año 2025 arrojan un resultado de 185 parejas. 

Estos datos la sitúan entre las colonias más grandes de España y de las más importantes de Europa. De todas ellas 140 parejas iniciaron la reproducción en invierno de 2025, 61 fracasaron, lo que supone el 43.5 % de las parejas reproductoras que no consiguen criar con éxito.

Por ello es fundamental respetar estas zonas catalogadas como de especial protección, y evitar molestarlos para que no abandonen las zonas habituales de cría. Uno de los principales problemas de conservación son las molestias derivadas del tránsito de senderistas por zonas no autorizadas. En este enlace se habla de ello y también en este otro enlace

Finalizado el almuerzo, vamos a continuar el descenso por un sendero que baja junto al arroyo de Valhondillo, evitando de esta forma bajar de nuevo por la pista. Más abajo, atravesamos de nuevo la pista, pero nosotros seguiremos buscando el estrecho sendero que continúa descendiendo ladera abajo. Cruza el arroyo del Paraje y un poco más adelante, conectamos con el sendero PR-M 25.

Ya sin pérdida alguna continuamos por el mismo hasta llegar a la cola de la presa del Pradillo. Pasada la presa, atravesamos un par de puertas y cruzamos el arroyo de la Angostura por el puente que hay junto al restaurante La Isla. Al otro lado, enlazamos con el camino de la ida, por el que regresamos a los coches, dando por finalizada la ruta de hoy.

Aunque se trate de una excursión muy conocida, por los tesoros que alberga, tejos y buitres negros, le otorgo una puntación de 5 sicarias.
Carlos Revilla