Hace unas semanas husmeando por internet encontré un camino que no conocía hasta ahora, y mira que tengo pateada la zona de Valsaín sobre todo en verano: el
Camino de Vueltas Viejas.
Hasta el siglo XVIII se utilizaba el puerto de la Fuenfría como paso habitual entre las poblaciones de Madrid y Segovia. Sin embargo, su trazado presentaba un problema importante para el tránsito de carruajes, sus fuertes pendientes, sobre todo en el lado madrileño. Este problema se acrecentaba durante los meses de invierno,
Por lo tanto, urgía la necesidad de gestar un nuevo paso que solventara estos problemas. Bajo el reinado de
Carlos III, se encargó al arquitecto
Juan de Villanueva el estudio y la construcción de ese nuevo trazado.
Así en 1778, se proyectó el camino real de las 7 revueltas, cuyo trazado prácticamente coincide con la actual carretera del puerto de Navacerrada, lo que situaba en el mapa al puerto de Navacerrada como nuevo punto de conexión entre Madrid y Segovia.
La entrada en servicio en 1789 de este nuevo paso provocó que fuera cayendo en desuso el paso tradicional del
puerto de la Fuenfría, y con él, sus ventas y hospederías. A lo largo del nuevo trazado del camino real surgieron nuevas fondas y ventas.
La Fonda de Navacerrada, estaba situada donde ahora se encuentra el restaurante Fonda Real. En esta fonda se cobraba el portazgo de Navacerrada. El portazgo era una tasa que se tenía que satisfacer por derecho de paso y tráfico de mercancías. Estos portazgos constituían una pesada carga para los trajinantes especialmente para arrieros y carreteros y encarecían mucho el precio de los transportes. En 1881 fueron abolidos.
La
hospedería del Ventorrillo o
Venta de Cercedilla o
Venta de Navarejos, situada a medio camino entre la
Fonda de Navacerrada y el
Puerto, estaba ubicada a la altura de la curva del
Ventorrillo, donde está ahora la estación invernal de la
Comunidad de Madrid.
La
casa de postas de Castrejones, estaba situada entre la sexta revuelta y antes de iniciar la séptima, a la derecha, junto a una fuente de piedra que sigue en pie hoy en día.
Aquí más información de las antiguas
ventas de Navacerrada.
La
venta de los Mosquitos, de
la Cantina, de
Peña Agudillos o Parador de la Soledad, estaba situada a la izquierda de la carretera justo antes de pasar el
puente de la Cantina en dirección a
Segovia.
Sin embargo, antes de la construcción de este nuevo camino real a través del puerto, según estaba documentado desde hacía siglos (se hace referencia a la misma en documentos del siglo XIII), existía una pequeña senda de montaña que conectaba el valle de Valsaín con la vertiente madrileña por el puerto de Manzanares (conocido ahora como puerto de Navacerrada).
Se trataba de una senda que era utilizada habitualmente por pastores, y por los vecinos de los pueblos de ambos lados del puerto que veían en ella un camino más directo, sin necesidad de tener que dar un rodeo para cruzar por el
puerto de la Fuenfría que estaba más alejado.
El Camino de Vueltas Viejas es parte de ese camino histórico, poco conocido y recorrido. Se trata de un camino que se lanza hacia las laderas de los bosques de Valsaín, para conectar luego con la senda Sotela y de ahí al resto de pistas que recorren esos bosques.
Como ya lo había subido un par de veces en rutas circulares, para este miércoles propuse a Antonio realizar un recorrido lineal en bajada desde el
Puerto de Navacerrada hasta el área recreativa de la
Boca del Asno. Se trata de una ruta que transita por bosque y bajo arbolado, lo que puede suponer una buena alternativa para los meses de calor.
Quedamos en la Boca del Asno para realizar el reparto de vehículos, y subimos al puerto de Navacerrada para comenzar la excursión. Tres de nuestros compañeros segovianos se quedan en la Boca del Asno y realizarán una ruta alternativa yendo a nuestro encuentro a mitad de camino.
Una vez en el puerto, nos reunimos con otros compañeros que habían subido directamente hasta este punto, y nos sorprende y alegra ver entre ellos a Joaquín S. que hoy se ha animado a caminar con nosotros después de mucho tiempo.
Nos dirigimos hacia la última esquina del segundo aparcamiento del puerto de Navacerrada, el más alejado y situado junto a la carretera que conecta con el puerto de Los Cotos. Hay que sortear el quitamiedos que separa el aparcamiento del talud. Unos metros más adelante, un pequeño hito de piedras al borde de la ladera y próximo al quitamiedos junto a la carretera marca el inicio de la senda.
Empezamos en este punto el recorrido de la ruta, ya que la construcción de este aparcamiento dio al traste con la última parte del trazado del
Camino de Vueltas Viejas que se encaminaba hacia el puerto. Su talud sepultó los últimos metros del camino tradicional con tierra y grandes rocas.
Esa senda, que en un principio no parece muy marcada, nos permite enlazar con el camino histórico unos metros más abajo.
¡Una vez alcanzado el camino tradicional nos acercamos hasta el punto donde el talud lo ha cubierto. Se aprecia una pequeña senda más abajo que quizás empalme con la subida del
Camino Sotela, porque desde el aparcamiento y hasta el cruce del puerto, yo no he apreciado que haya ningún acceso desde la parte baja del talud.
Volvemos unos metros sobre nuestros pasos para retomar el camino hacia la derecha, y en ligero descenso, vamos avanzando por este, sorteando a nuestro paso pequeños pinos que han ido creciendo a lo largo del camino. En pocos minutos llegamos al trazado de la vía del tren entre el puerto de Navacerrada y el Puerto de Cotos.
En ese punto nos encontramos con una vía ya prácticamente renovada entre el
puerto de Los Cotos y el túnel del
puerto de Navacerrada. La renovación ha sido integral: nuevas torres de catenaria, nueva catenaria, sus contrapesos, nueva base de balasto sobre el que ya descansan las nuevas traviesas y sobre ellas las vías. Solo resta por cubrir las traviesas con más balasto.
En algunos sitios había leído que se cruzaba la vía por la traviesa 77, pero como la vía se ha renovado por completo, y se han retirado las antiguas torres de catenaria, ahora la atravesamos a la altura de la torre 84.
Cruzamos la vía, todavía en obras, y tomamos un pequeño sendero al otro lado, que se introduce en el pinar.
En algunos mapas el antiguo trazado parece que trascurre mas a la izquierda, pero por donde bajamos nosotros es un trazado cómodo. En pocos metros llegamos al tendido eléctrico que lleva el suministro del puerto de Navacerrada al puerto de Cotos. Se podría bajar por la derecha, directamente aprovechando la ancha calle de servicio de la línea de alta tensión. Esa bajada es muy abrupta e inclinada y termina en el arroyo de las Puentes situado más abajo. Nosotros optamos por seguir de frente por el camino, siguiendo un trazado con menos pendiente.
En algún tramo despejado a nuestra espalda podemos ver la
Bola del Mundo y la ladera norte del
arroyo Seco, por donde discurrían las antiguas
pistas de arroyo Seco y Negro ya desmanteladas hace unos años. Un poco más abajo la pista se une a otra que viene por la izquierda. En ese punto, giramos a la derecha.
Unos cuantos metros más adelante, y en una curva cerrada, el antiguo Camino de Vueltas Viejas giraba a la izquierda y se lanzaba ladera abajo en sucesivas vueltas y revueltas (de ahí su nombre) hacia el fondo del valle. La senda hoy en día está muy poco marcada, por lo que nosotros optamos por seguir la pista que traemos.
Tras varias curvas, alcanzamos el
arroyo de las Puentes, en el punto donde cruza la calle del tendido eléctrico que habíamos dejado más arriba. En este punto se juntan el
arroyo de las Puentes y el
arroyo Frío.
Si hacemos el camino a la inversa, hay que tener en cuenta que hay que atravesar el camino de servicio de la línea eléctrica junto a uno de los apoyos de ésta, para poder seguir el camino en ascenso, ya que desde el arroyo éste prácticamente no es visible.
Continuamos bajando por la ancha pista forestal, que sigue el curso del
arroyo de las Puentes. Esta pista desemboca en el
Camino Sotela a la altura de un cargadero de troncos, justo en el punto dónde comienza a estar asfaltado. La antigua senda conectaba con el
Camino Sotela antes de cruzar el
arroyo de las Puentes.
Tomamos la pista asfaltada unos 800 metros, hasta encontrar a nuestra izquierda un antiguo camino forestal que cruza el arroyo de las Pintadas. Al otro lado de este, aprovechamos un largo pino caído en la sombra para realizar la parada del ángelus.
Terminado éste, continuamos bajando por un sendero prácticamente perdido, que baja paralelo al arroyo por su margen izquierda, para tratar de quitarnos un tramo de la pista asfaltada.
Este sendero abandonado, luego se hace más ancho, y desemboca en el puente de las Pintadas, donde nos juntamos con nuestros tres compañeros que estaban realizando la ruta alternativa y nos esperaban por allí.
Una vez agrupados, tomamos la pista asfaltada que a la izquierda va al encuentro de la
carretera de las Siete Revueltas. Antes de llegar a la misma, tomamos una desviación a la derecha para coger un sendero que entre helechos y bajo el pinar, nos deja en el aparcamiento del
puente de la Cantina, o también llamado de
los Mosquitos.
Cruzamos al otro lado de la carretera, para atravesar una pequeña portilla giratoria. Junto a ella nos encontramos los restos de lo que fue en su día la venta de los Mosquitos o de la Cantina, que hemos nombrado al comienzo de esta crónica.
Durante mucho tiempo esta venta aparecía erróneamente situada en los mapas. Concretamente la situaban en la zona donde estuvo la casa de las Postas, entre la sexta y séptima revuelta, las primeras según se viene desde
La Granja, más arriba de su situación real.
Sin embargo, su ubicación correcta, es junto al puente de la cantina, enfrente de la fuente de la Canaleja o del Peñón.
Construida a finales del siglo XVIII, hasta ella llegaban los carros cargados de vino procedente de
Navalcarnero y
Arganda. Iban tirados por una recua de ocho mulas o bueyes que transportaban regularmente grandes cubas hasta
La Granja y
Segovia. En la venta, los viajeros que realizaban el trayecto
Madrid-La Granja y viceversa, degustaban los almuerzos especialidad de la casa de pan y tocino. En 1851 se construyó en este lugar una casa para la
Guerra Civil que estuvo en activo hasta finales de 1913. (Info CENEAM)
En las ruinas de la venta, podríamos optar por bajar por el sendero que transcurre paralelo al
río Eresma hasta el área recreativa de la
Boca del Asno. Sin embargo, elegimos continuar un tramo por la asfaltada
carretera forestal de la Fuente de la Reina, o también conocido como camino forestal de la
Casa de la Pesca.
Un poco antes de cruzar el puente de la Casa de la Pesca, donde se juntan los arroyos Minguete y del Telégrafo, giramos a la derecha por un pequeño sendero, y aprovechando unas grandes rocas, cruzamos al otro lado del arroyo del telégrafo.
Seguimos caminando por la senda que transcurre paralela al arroyo, atravesando la incorporación del
arroyo de las Pamplinas, hasta alcanzar la poza de los
Baños de Venus.
A lo largo de esta senda podemos ver restos del camino empedrado que bordea todo el rio Eresma desde el arroyo Minguete hasta el embalse del Pontón Alto, conocido como el Camino de las Pesquerías Reales. Se comenzó a construir en 1767, pero las pesquerías tuvieron que ser arregladas (y también ampliadas) continuamente durante casi un siglo, debido a los destrozos ocasionados por las avenidas de agua. Algunos tramos de los que podemos disfrutar hoy en día fueron rehabilitados en los años 2000 por el Centro Montes y Aserraderos de Valsaín.
Junto a la poza se encuentra su refrescante
fuente situada en un lateral de ésta. Esta fuente aparece bautizada en algunos mapas como la del
Batán de Vargas, o
La Teja. Algunos compañeros aprovechan el agua que brota de su caño para refrescarse un poco.
Como el objetivo era comer en el área recreativa, sin perder mucho tiempo, reanudamos la marcha hacia la zona de los Vadillos. En ese punto se junta el arroyo del Telégrafo con el arroyo del Puerto del Paular o de Cotos, y toma el nombre ya de río Eresma.
Cruzamos el
río Eresma por el
puente de los Vadillos y vamos a seguir su curso por su ribera derecha. El camino pasa cerca de la
fuente de los Vadillos, situada cerca del curso del
Eresma, y un poco más adelante toca tangencialmente la carretera del puerto.
En ese punto hay un paso peatonal y un portón que impide el paso de vehículos. Aquí abandono un rato al resto de mis compañeros que se dirigen raudos hacia el área recreativa.
Salgo a la carretera y retrocediendo unos 40 mts por el arcén izquierdo, voy a la busca de la
fuente de Caño Seco, que tras varias búsquedas infructuosas conseguí ubicar entre dos carteles de curva cerca del kilómetro 16, al otro lado del quitamiedos de la carretera. Parece mentira, pero conseguí ubicarla gracias a las aplicaciones
Google Earth y
Street View, ya que en sus imágenes se puede apreciar el pilar de la fuente en un lateral de la carretera. Sin embargo, no existe próxima a la misma ningún rincón donde se pueda dejar el vehículo, y por eso aprovecho que esta vez paso cerca para poder acercarme y conocerla.
Efectivamente la localizo fácilmente en ese punto. Prácticamente invadida por vegetación alrededor se ubica esta fuente de piedra de cuyo caño brota abundante agua, llevando la contraria a su nombre. Después de realizar algún video y alguna foto para poder mostrársela luego a mis compañeros, deshago el camino por el arcén y por la portilla, vuelvo a retomar la senda hacia la boca del asno.
Acelero la marcha, y paso junto a la fuente del Tío Casto, que me acerco a ver, pero hoy está prácticamente desaparecida bajo la vegetación.
Antes de llegar al área recreativa, alcanzo a Jose Mari, y juntos llegamos a ella, punto final de la ruta de hoy. Algunos compañeros se habían adelantado porque tenían prisa y ya se habían marchado.
Sin embargo, el resto de nuestros compañeros ya estaban sentados en algunas mesas dando buena cuenta de los bocadillos y otras viandas. Algunos nos acercamos al quiosco para coger alguna bebida fresca para acompañar la comida y de postre también cae algún que otro helado.
Como no habíamos hecho todavía la foto de grupo hoy, aprovechamos para realizarla al lado de las mesas.
En resumen, sombreada y tranquila ruta, prácticamente toda ella en descenso, que algunos agradecieron enormemente, no pasamos calor y nos permitió conocer durante parte de la ruta un camino por el que el GMSMA no había pasado.
Por todo ello le otorgo a la ruta una calificación de 4,5 sicarias.
Carlos Revilla