miércoles, 11 de marzo de 2026

Excursión 904: Chorrera del Hornillo y embalse del Tobar

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puente de la Aceña 
Final: 
Puente de la Aceña 
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,8 Km 
Desnivel [+]: 455 m 
Desnivel [--]: 455 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 34

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












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RESUMEN
Hoy vamos a visitar uno de los saltos de agua más espectaculares que podemos disfrutar en la comunidad de Madrid, la chorrera del Hornillo dentro del término municipal de Santa María de la Alameda.

El Punto de encuentro e inicio de la ruta, es un pequeño aparcamiento junto al Area Recreativa situada entre el río Aceña y el arroyo del Hornillo, en una curva cerrada de la carretera M-535 que une las poblaciones de Robledondo y Santa María de la Alameda, junto antes de pasar el puente que salva el río de la Aceña.

Todavía hoy, se pueden apreciar en el área recreativa los daños que causó la DANA en los primeros meses de 2024, cuando se desbordó el arroyo del Hornillo y la arrasó por completo obligando posteriormente a reconstruirla casi en su totalidad.

A las 10h llegamos los primeros a ese punto, ya que Encarna quería llegar pronto para poder deleitar al grupo antes del comienzo de la excursión con unas estupendas torrijas que había preparado el día anterior, tras encargo que le habían realizado la semana anterior……

El aparcamiento se encuentra en zona de umbría y se nota la temperatura fresquita todavía a esta hora. Poco a poco van llegando nuestros compañeros y en muy poco tiempo prácticamente habíamos copado ya todas las plazas del pequeño aparcamiento, y se había dado buena cuenta de casi todas las torrijas.

Pasados unos minutos de las 10:30h, llega el último integrante al que el GPS le había jugado una mala pasada y le había dado una vuelta pasando por Santa María de la Alameda estación y Santa Maria de la Alameda pueblo.

Una vez reunidos todos, nos ponemos en marcha por la senda que transcurre paralela al arroyo del Hornillo. Aunque la senda que da acceso a la cascada se tuvo que reconstruir en su mayor parte para hacerla nuevamente transitable, hoy todavía son visibles los efectos que tuvo la citada DANA en el cauce del arroyo del Hornillo y en sus laderas aledañas, donde la torrentera arrastró grandes rocas y arrancó de raíz muchos pinos de su ribera. Se nota el trabajo efectuado por maquinaria pesada para formar con las grandes rocas arrastradas por el cauce, pequeños taludes que puedan proteger el arroyo ante futuras avenidas y eviten su desbordamiento de nuevo.

Cruzamos sobre un nuevo puente de hierro colocado sobre el arroyo para salvar este y cambiar de margen. Pasamos por debajo de uno de los pinos caídos que todavía quedan en la zona, y seguimos ascendiendo de forma progresiva, por una zona habilitada con pequeños escalones.

En pocos minutos, entre los pinos se comienza a vislumbrar la cola de caballo de unos 10 metros de altura que forma las aguas del arroyo al precipitarse por las rocas. Es la chorrera baja del Hornillo. Descendemos hasta un pequeño mirador que hay en su base para poder contemplarla en todo su esplendor. Una vez realizada las correspondientes fotos y poses, continuamos ascendiendo por el sendero hasta su parte alta, donde nos detenemos de nuevo para poder contemplar cómo se precipitan las aguas del arroyo deslizándose suavemente entre las rocas de gneis.

Proseguimos por un coqueto sendero, que avanza encajonado junto al arroyo primero por un lecho de roca y luego ya por un cómodo sendero en el borde del pinar. El próximo objetivo es llegar a un mirador que hay sobre el cañón del río Aceña. Para eso nos dirigimos hasta una pequeña pradera dónde el sendero cruza a la margen opuesta del arroyo. Hoy el arroyo trae bastante agua, por lo que buscamos el mejor paso posible y sin mayores complicaciones cruzamos al otro lado. Bueno, a alguno este paso le debió parecer demasiado fácil y fue a probar fortuna un poco más arriba …. terminando con ambos pies, botas incluidas, dentro del arroyo …… en fin …..

Ya al otro lado, y como estos cruces de arroyo se suelen realizar de forma lenta y se llega a formar encolamientos, esperamos que pasen la mayoría de nuestros compañeros antes de proseguir para no estirar mucho el grupo. Cuando ya vemos que ha pasado la mayoría del personal, encaramos una pequeña pero empinada subida por el pinar. En este tramo, el sendero transcurre paralelo a una valla de piedra, para luego más arriba y tras salvar en unas cuantas zetas, girar a la izquierda y llegar al promontorio donde se asienta el mirador de la presa de la Aceña.

Lo primero que nos llama la atención son las vistas de las cumbres de Cerro Valiente y Cueva Valiente que acumulan en sus cimas todavía bastante nieve caída el pasado fin de semana. Se puede ver también parte del embalse de la Aceña en el término de Peguerinos, la entrada al valle del arroyo del Tobar por el que luego volveremos y el pueblo de Santa María de la Alameda. Intentamos localizar el abandonado pueblo de La Lastra, pero sin éxito porque desde esta atalaya no se puede visualizar.

Mientras el resto del grupo va llegando al mirador, algunos aprovechamos para acercarnos al extremo oeste de este mirador para contemplar al fondo las cumbres nevadas de las estribaciones de Gredos. Distinguimos con la ayuda de una aplicación de localización de cumbres, el pico Casillas o Alto del Mirlo, el cerro de la Escusa, el Torozo, la Mira o los picos del circo de Gredos, como la Galana o el Almanzor, todos ellos cubiertos por una generosa capa de nieve.

Aprovechamos el reagrupamiento en este punto para realizar el ángelus o pequeño tentempié de media mañana ya que casi son las doce del mediodía. Hasta aquí el recorrido ha sido tranquilo y nos lo hemos tomado con calma, sin apurar el paso.

Terminado el tentempié, descendemos hacia un pequeño collado para tomar una senda que nos conducirá hasta la otra chorrera del hornillo, la llamada chorrera alta del hornillo. El sendero baja de nuevo casi hasta el cauce del arroyo donde se juntan las aguas de los arroyos del hornillo y Majadahonda, arroyo este último que baja desde la zona del cerro de la cabeza. Llegado a ese punto, giramos a nuestra izquierda y encaramos una pequeña subida hasta la chorrera atravesando unas paredes de piedra de antiguos corrales. Hoy la chorrera lleva bastante agua y nos acercamos hasta su base para fotografiarla. Es menos espectacular que su hermana, pero también tiene su encanto.

La mayor parte del grupo cruza el arroyo y para luego ascender y ganar una pista que hay en la parte superior. Un servidor sigue subiendo por la margen izquierda (derecha según el curso del arroyo), por un pequeño sendero que llega a la parte alta de la chorrera y luego tras cruzar el arroyo, unirme al resto de mis compañeros en la pista. Alcanzada esta y reagrupados, seguimos por la pista siguiendo el curso ascendente del arroyo hasta que esta gira a izquierdas y cruza el arroyo por un puente. Nosotros no lo cruzamos y seguimos ascendiendo paralelos al arroyo por un bonito sendero hasta que pasados unos minutos encontramos un sendero muy desdibujado que sale a la diestra y sube en fuerte pendiente durante unos metros hasta alcanzar un pequeño cerro. Este sendero aparece en algunos mapas como un cortafuegos, pero sobre el terreno no es tal, o sea que si vais buscando el cortafuegos no lo vais a encontrar.

Alcanzado al cerro, el sendero se ensancha y continuamos por el hasta alcanzar una pista de tierra. Tomamos esta en sentido descendente para alcanzar en poco tiempo el refugio de Majaholgada. Construcción que en la mayoría de los mapas no aparece como refugio, o simplemente no aparece.

Se trata de un pequeño refugio muy bien cuidado, como se indica en un panel colgado en la pared por la asociación de Educación ambiental Abantos activo.

Cuenta con una mesa con un banco y dos sillas, una estufa, chimenea, madera para la misma y hasta paneles aislantes para poner en el suelo bajo el saco de dormir. En una de las paredes hay un pequeño armario con un pequeño botiquín y algo de comida. Cerca del refugio esta la fuente de Majaholgada donde se puede recoger agua si es necesario.

Tras visitar el refugio, y descansar un rato en sus bancos de piedra, retomamos la pista hasta llegar a la fuente. Allí nos abandonan 8 compañeros que hoy son estrellas fugaces y tienen que estar pronto en los coches por diferentes motivos.

El resto, tomamos un pequeño sendero que sale a la izquierda de la fuente, y atraviesa el pinar hasta alcanzar y cruzar una pista de tierra y salir a terreno despejado, junto a una instalación ganadera, en una zona conocida como la Lanchuela.

Seguimos por los verdes praderíos, por un sendero poco marcado al comienzo, pero que luego se torna más visible antes de cruzar el arroyo del hornillo en su curso alto, cerca de su nacimiento en la parte alta de estas praderas, bajo el camino del pinar.

En estos praderíos existen varias fuentes y abrevaderos. Pasamos cerca de las fuentes del Trampal del burro o Peña viborera y de algunos abrevaderos, donde sacia su sed el ganado que pasta en estas altas praderas.

Rodeamos una pequeña elevación por su izquierda siguiendo el sendero, que girando a diestra nos va a ir bajando hacia el bonito valle que conforma el arroyo del Tobar y su presa.

Este arroyo nace al abrigo del Puerto de Malagón y en su incipiente curso ya suma las aguas de otros dos o tres arroyos antes de ser retenidas sus aguas en la presa.

Las aguas del arroyo del Tobar tributan al río de la Aceña, este a su vez vierte sus aguas al río Cofio y este al Alberche, por lo tanto, pertenece a la cuenca del Tajo.

Sin embargo, parte de sus aguas forman parte de los llamados viajes del agua que surtían de este preciado elemento al Monasterio del Escorial. La captación de sus aguas se realiza en su curso alto cerca de la pista del Puerto de Malagón, concretamente en el arca de San Juan, y a través de un canal subterráneo de 3 kms fluyen hacia la vertiente sur de la sierra de Malagón hacia otras arcas como la del Helechal o del Romeral y de allí a través de repartidores llegaban hasta el monasterio.

Siguiendo con los viajes del agua que proveían de esta al monasterio, el agua que se recogía de los arroyos del valle de cuelgamuros, se llevaba hasta el monasterio mediante una conducción a media ladera que atravesaba los valles del Barracón y Cebadillas, la llamada senda del agua, sobre la cual transitamos la semana pasada por la ladera sur del monte Abantos,

Volviendo al arroyo del Tobar. Nos acercamos a su presa, y junto a unas antiguas escaleras que hay para subir a un pequeño refugio abierto, aprovechamos para realizar la parada de la comida.

La construcción de la primera presa del Tobar se remonta a finales del siglo XVIII, y se atribuye a Juan de Villanueva. En 1924 se construyó una nueva presa con una conducción subterránea de 2 kms hasta la ladera sur del Puerto de Malagón. Y finalmente en 1959 se edificó la presa actual que suministra agua a la localidad de San Lorenzo del Escorial.

El siguiente objetivo del día atravesar las paredes del risco de Galdano, siguiendo el trazado de una antigua acequia ya en desuso. Este antiguo canal nace del pequeño embalse situado por encima del actual embalse del Tobar, y tirando de mis contactos he conseguido averiguar que se construyó para conducir el agua y alimentar una pequeña central hidráulica situada en las cercanías del río de la Aceña, cerca de Santa María de la Alameda. Como muchas otras de estas infraestructuras de la época, fue construida a principios del siglo XX, y aunque en su momento fue una infraestructura relevante, hoy ya solo quedan unos pocos restos. Esta central proveía de electricidad a la población del Escorial.

Para tomar el camino de la acequia, pasamos por delante del refugio citado anteriormente, atravesamos una cancela que hay a la derecha de este y encaminamos nuestros pasos a unas deterioradas escaleras que nos permiten acceder al sendero que viene por la ladera derecha del curso del arroyo desde el puerto de Malagón. Giramos dirección oeste para seguir paralelos al muro de una finca con robles. Un poco más adelante cruzamos una alambrada tirada en el suelo con cuidado para no tropezar en ella, y tomamos un pequeño sendero que se dirige hacia el famoso risco.

Un poco más adelante y para aquellos que quieran evitar el paso aéreo de la acequia por el risco, sale a la derecha una desviación que supera el risco por su parte superior y se reintegra al trazado de la acequia una vez pasado el tramo más aéreo.

Nosotros seguimos, obviando ese desvío y continuamos por el trazado de la acequia. A partir de ahora vamos a transitar por una zona cubierta de vegetación, por lo que hay que prestar atención para no perder el trazado de la acequia. Además, en algunos tramos la acequia está a la vista y ha perdido parte de las piedras y losas que la recubrían, dejando a la vista parte de la canalización interior, por lo que hay que tener cuidado para evitar introducir el pie y tener un disgusto.

Según vamos avanzando vamos teniendo unas maravillosas vistas del valle del Tobar, y hacia atrás de la presa y del puerto de Malagón.

En pocos minutos estamos ya en el risco Galdano. El risco de Galdano en una zona de anidación de buitres leonados y por eso hay que intentar no pasar en periodo de cría, que suele coincidir con la primavera. Nosotros nos dimos cuenta de este hecho a posteriori.

Aquí ya queda a la vista el muro de mampostería que protegía la canalización. Esta es ancha y avanza tallada a través del risco. En algunos puntos las losas superiores se han caído o se han partido y ha que avanzar con cuidado. El valle que forma el arroyo del tobar se va encajonando, y su visión desde esta atalaya es espectacular.

Hay algún tramo más expuesto, pero se avanza sin problemas por encima de la acequia. El trazado y las vistas son impresionantes y nos hacen pensar en el esfuerzo que debió suponer su construcción.

Cuando pasamos el risco, el canal se hace más evidente y termina en una alberca donde se recogía el agua para posteriormente y a través de una compuerta se redirigía ladera abajo hacia la central hidráulica. Esta alberca constituye un magnífico mirador sobre la presa de la aceña y sobre el pueblo de Peguerinos.

Después de disfrutar de las vistas, nos lanzamos ladera abajo por un inclinado, pedregoso y erosionado camino, frecuentado por motos todoterreno, por lo que hay multitud de piedras sueltas que hacen lenta la progresión. En alguna zona se ve claramente el trazado que sigue la acequia ladera abajo. Continuamos el descenso paralelo al valle encajonado que forma el arroyo del Tobar, hasta el cruce con la senda de Navalayegua, que recorre el fondo del valle hasta el embalse de El Tobar. Hemos bajado 200 mts de una sola tacada, en casi un kilómetro.

Antes de cruzar el arroyo del Tobar, nos acercamos a ver los restos que quedan de la construcción dónde desembocaba el canal del Tobar que hemos seguido todo este tiempo.

Hoy el arroyo viene un poco crecido, y el paso habitual se torna un poco más complicado, pero con ayuda de los bastones conseguimos franquearlo todos sin mayores dificultades.
Ahora nos queda todavía cruzar el río de la Aceña. Pasamos al lado de una estación de aforo, y de una explotación ganadera, donde nos reencontramos con la Senda del Hornillo que baja desde el mirador donde hemos parado esta mañana. Pasada la explotación hay un puente que da acceso a la misma y que nos permite cruzar el río de la Aceña sin dificultad. Aquí enlazamos con la pista que proviene del embalse de la Aceña, y proseguimos el descenso por la misma.

Tras andar casi 2 kilómetros por la pista paralela al río, alcanzamos una construcción que alberga la Escuela de Pesca y Conservación del Ecosistema Acuático en el Río Aceña.

Se trata de la primera Escuela de Pesca de la Comunidad de Madrid, edificada sobre una antigua piscifactoría, e inaugurada en el año 2011. Dispone de diferentes salas que albergan un aula didáctica de pesca, una bibliovideoteca y una exposición permanente titulada "Aprendiendo de los ríos y embalses de Madrid". Se imparten talleres para escolares y cursos de iniciación y perfeccionamiento, con prácticas en el río Aceña en la modalidad de pesca de captura y suelta, o pesca sin muerte.

Ya desde aquí se puede ver la carretera junto al puente de la Aceña y al otro lado el aparcamiento dónde esta mañana hemos dejado nuestros vehículos, dando por finalizada esta entretenida excursión a la cual le asigno 5 sicarias.
Carlos Revilla


viernes, 6 de marzo de 2026

Excursión 903: Laderas del Monte Abantos

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Lorenzo de El Escorial 
Final: 
San Lorenzo de El Escorial
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 16,2 Km 
Desnivel [+]: 533 m 
Desnivel [--]: 533 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 42

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RESUMEN
Tuve la suerte de ir por primera vez a una ruta de senderismo con el GMSMA. Llegué por una amiga mía de la Republica Dominicana, quien en su país conoció a Sol y a Antonio y sabiendo mi interés por caminar, me recomendó que le escribiera a Antonio y éste, muy amablemente, me invitó y me hizo saber, cuando le pregunté si iban a hacer la ruta, a pesar de la posibilidad de lluvia, y me contestó que el grupo iba hiciera el tiempo que hiciera y que yo podía no ir. Me asusté pero me dije: ¡Ni modo, ya te metiste en ésta y ahora vas contra viento y marea!

Antonio me recogió en la parada de autobús y de ahí fuimos a recoger a Sol y a Cristal, su mascota. Me sorprendió cuando llegamos al parking de San Lorenzo de El Escorial ver ¡taaanta gente! No me lo esperaba.

En un principio me puse nerviosa por el hecho de no conocer a nadie, sin embargo me puse en modo “confía Josy”

Al poco tiempo comprobé cómo muchos se acercaban a saludar, muy amigablemente, y eso me alegró y me tranquilizó. Muy inclusivo el grupo.

Antonio me dijo que tenía que hacer la crónica, lo que me asustó un poco porque no tenía ni idea de la ruta, pero Paco Nieto me tranquilizó al decirme que él añadiría los nombres de los sitios por los que pasáramos.

Empezamos la caminata y, después de vadear el arroyo del Romeral, tuvimos una primera parte en la que todo fue cuesta arriba, que no sé cuanto duró. Yo no estoy acostumbrada y pensé: ¡Que “fit” están todos y qué animados!.

Yo era la última todo el tiempo y agradecí que siempre viniese alguien conmigo de los que “nos cuidan” a los que vamos atrás.

Descubrí las laderas del Monte Abantos, gracias a que Carlos R organizó esta maravillosa ruta por su cara oriental y sur.

Durante el camino pasamos por varios miradores (Mirador de la Arista de Abantos, Mirador de la Barranquilla, Mirador de la Penosilla) desde donde se veía bastante cerca el Monasterio de El Escorial.

Este gran sitio me asombra, ya que lo considero mágico y enigmático en el sentido de que tiene toda una aura de misterio alrededor de su arquitectura y su emplazamiento A los interesados en el tema les recomiendo el artículo escrito por Paco Nieto en una revista con la que colaboró: Los misterios de San Lorenzo de El Escorial. Aquí enlace a él.

Aclaro que yo soy amante de todo lo que no se ve pero que se siente y que es tan real como lo otro. Decidí que no era casualidad que la vida me llevará a ver El Escorial, una vez más.

Me gustó que muchos se acercaran y conversaran. Buenas pláticas, en una hablamos de fantasmas, en otra de cómo somos los seres humanos, el sentido común, el Museo del Prado, sobre el Camino de Santiago, que yo he hecho hasta Burgos, y más cositas.

Me fijé en los distintos pinos que nos rodeaban. Me llamaron la atención unos que tenían el tronco rojo. Antonio me dijo que se llamaban pinos albares o bermejos. Otros tenían un tronco como el adjunto y Antonio me dijo que eran pinos negros y otros que se llaman abetos, que se parecen al pino de navidad. Me gusta la variedad dentro de la misma familia y si hubiera tenido tiempo, hubiera abrazado a algunos.

También noté que había mucho musgo y liquen que tengo entendido que es símbolo de salud ambiental.

También pasamos por varios caminitos rodeados de jaras y retamas. Cuando rozan mis piernas imagino que me están limpiando de cualquier negatividad que tenga pegada en mi campo energético. Sé que las plantas tienen el poder de absorber la negatividad igual que los gatos y los perros.

Pasamos por muchos arroyos (Arroyo del Barrancón, Arroyo de la Cebadillas, Arroyo de la Barranquilla, entre otros), donde el agua corría y fue un privilegio escuchar su sonido distinto en cada lugar y por supuesto verla caer, en algún caso, formando unas bonitas chorreras al deslizarse por las rocas.

Gracias a Dios tuvimos dos breaks. El ángelus y la comida. Y me gustó que algunos compartieron un chocolate maravilloso marca “lindt” y unos caramelitos de café.

Antonio me cuidó, ya que cuando vio que en la tarde mi energía flaqueaba, me dio en dos momentos distintos unos geles de glucosa que me devolvieron a la vida.

Fue una excursión muy buena, con un grupo muy acogedor y con gran clima. Ni calor, ni frio. Y nunca llovió!

Después fuimos a un bar a tomar unas cervezas donde nos reímos y tres mujeres muy generosas: Sol, Sagrario y Mariola pagaron la cuenta de todos por celebrar sus cumpleaños.

Por todo ello, a esta estupenda ruta le otorgo un 4 sobre 5.
Josy Avellano

miércoles, 25 de febrero de 2026

Excursión 902: La Maliciosa desde el Puerto de Navacerrada

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: 
Puerto de Navacerrada
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 11,8 Km 
Desnivel [+]: 731 m 
Desnivel [--]: 731 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 20

MAPAS 
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RESUMEN
Los domingos Antonio lanza la propuesta de la actividad del miércoles próximo. Para aprovechar la nieve que iba quedando, nos convocaba para subir a La Maliciosa desde el puerto de Navacerrada. La semana anterior también trascurrió por nieve y algunos senderomagos acabaron un poco perjudicados. Tal vez ese fue el motivo de que el número de participantes fuese algo menor a lo habitual.

Por una serie de comentarios que hice con Antonio en el parking, allí mismo me adjudicó la crónica.

Sol llevó a su perrita recién adoptada; tiene pelaje blanquecino. Su nombre es Cristal, muy adecuado, se la ve recelosa, con mucho miedo a la gente y a los ruidos. Ha debido de sufrir un montón.

Qué terrible es cualquier tipo de maltrato. Seguro que con paciencia y mucho mimo cambiará y se irá adaptando a caminar junto al grupo, su vida mejorará, seguro.

La ascensión a esta montaña es una ruta clásica de senderismo en nuestra querida Sierra de Guadarrama. Pero no todas sus caras son fáciles de abordar, hay para todos los gustos y estados físicos. Sin olvidar las condiciones climáticas, al ser una zona sin arbolado, en verano te puedes “achicharrar” y en invierno el acumulo de nieve y de hielo puede dificultar la progresión. La cara norte es la más popular por ser la mas accesible y la sur la más peligrosa.

El GMSMA ha hecho la cumbre en múltiples ocasiones, pero no por eso deja de tener su atractivo, cada día es distinto con sus retos, sus desafíos, sus momentos mágicos, y muchas risas compartidas.

Desde el primer ascenso en el 2012 (GMSMA 094), se ha realizado en pleno mes de agosto, en invierno, con nieve, con lluvia, con vientos heladores, incluso de noche, en una de las habituales convocatorias nocturnas de Paco Nieto para ver en verano cómo se pone el sol y da paso a una esplendida luna llena (GMSMA 140).

Se ha subido desde el Puerto de Navacerrada siguiendo la vertiente segoviana (GMSMA 257) o por la madrileña (GMSMA 829). También desde La Barranca por la senda Mariano (GMSMA 603), por el Regajo del Pez y Regajo del Cancho Negro.

Los descensos también han sido variados y algunos más complicados. En febrero del 2017 bajaron (GMSMA 335) hacia la Barranca por el Peñotillo y la senda de los Almorchones con bastante nieve.

Y más recientemente en el verano 2025 en pleno mes de septiembre con un calor sofocante una parte de senderomagos realizaron una bajada muy exigente hacia la Ventana de La Maliciosa, pasando por los Riscos de la Maliciosa y la ladera este de las Buitreras (GMSMA 874), algunos lo pasaron regular. De cada una de estas rutas se ha dado cuenta en las respectivas crónicas.

Ya en el punto de encuentro Antonio me adjudicó la tarea de relatar este día. No nos podemos negar, es la mínima contribución que podemos hacer a este grupo que nos da tanto.

¿Y como abordo yo la crónica?. ¡Se han dicho ya tantas cosas!, y no es cuestión de hacer “un copia y pega”. Algunos relatos han sido muy divertidos y chispeantes como la que hizo Jorge M (GMSMA 724) con curiosas leyendas sobre brujas.

Y qué decir del aspecto historio al que nos tiene acostumbrados Carlos R (GMSMA 675). Y por supuesto no podemos olvidar las crónicas en verso (GMSMA 514) de nuestro querido Paco Cantos, al que le echamos muchísimo de menos, un gran conocedor de La Pedriza. Y qué bonito poema hizo el tristemente fallecido Fran R. (GMSMA 548).

¿Y si lo hago con la ayuda de IA? todavía no estoy familiarizada con esta nueva herramienta, lo he intentado pero no me ha gustado el resultado, por ahora yo sigo siendo analógica.

Como iremos viendo tiene algunas peculiaridades. Podíamos decir “es un pon y quita de pinchitos” y de “reliquias abandonadas”

Antonio cedió el testigo de guía a Carlos R. que dio puntual el pistoletazo de salida. Subiríamos por la vertiente madrileña. Al poquito de salir algunos ya se pusieron los pinchos en las botas, otros un poquito más arriba y salieron “desbocados con ganas de pisar nieve”.

A medida que íbamos subiendo se apreciaban las obras del demolición del albergue juvenil Álvaro Iglesias, se puso este nombre en honor a este joven que perdió la vida intentando rescatar a las victimas de un incendio en la calle Carranza de Madrid. Este edificio fue construido en los años 50, quedando abandonado a partir del 2007. Fue punto de salida de varias ediciones del Maratón Madrileño hasta el 2006, que se traslado a la plaza de Cercedilla. Parece ser que en la explanada que ocupaba será destinada para aparcamiento de autobuses y caravanas.

Al llegar al collado de Emburriaderos la nieve desaparece, y aquí los pinchos sobran. Pero al ratito comienzan las rampas con nieve, y otra vez a pararse para ponerse estos artilugios, ¡Vaya trajín!. 

Algunos subían por caminitos de huellas y otros “to pa arriba”. Aunque las pistas estaban cerradas algunos esquiadores de travesía nos pasaron a buena velocidad, tal vez queriendo imitar a los recientes medallistas olímpicos Oriol Cardona y Ana Alonso.

Sol y Cristal iban un poco apartadas, subiendo tranquilamente a su ritmo. Llegamos a la Bola del Mundo o Alto de Guarramillas, otra estructura casi abandonada. Como repetidor de TV dejó de funcionar en 2010, pero al parecer sigue dando cobertura a algunas emisoras de radio. Hicimos la paradita del tentempié, o el ángelus como lo bautizó Jorge M. Aprovechamos para hacer la foto de grupo. Allí nos abandonaron “las estrellas fugaces” y también Cristal que para ella era suficiente para comenzar su nueva etapa.

El 13 de Septiembre del 2025 finalizo aquí la 20ª etapa de la vuelta ciclista a España. Hubo muchas protestas de diferentes grupos ecologistas por el riesgo de impacto ambiental. Se convocó una manifestación a favor de Palestina y en contra de la participación de un equipo israelí, acudió muchísima gente.

Había que proseguir la bajada, seguimos por pendiente nevada, no se aprecia el camino, pero no hay pérdida. A la altura de las escasas ruinas del antiguo refugio de La Maliciosa (otros lo llaman del Ventisquero de la Condesa), había que pararse a quitarse los pinchitos.

Seguimos descendiendo hasta el Collado del Piornal, donde nos encontramos un grupo numeroso de cabras pastando alegremente. Este paso de montaña comunica la vertiente de los regajos del Cancho Negro y del Pez hacia La Barranca y el curso alto del río Manzanares. Hay varias competiciones de carreras de montaña que pasan por este punto, como la del kilómetro vertical La Barranca. Aquí también se encuentra un pluviómetro metálico abandonado, pintarrajeado; estos instrumentos servían para medir la precipitación de lluvia o nieve durante un periodo determinado, y representaron el trabajo de décadas de seguimiento del clima en zonas de montaña, actualmente se han sustituido por instrumentos más modernos que automatizan los datos.

Nos quedaba afrontar la subida hacia la cumbre. Por supuesto el sendero PR-16 estaba tapado por un manto brillante. Y ¿qué pasó? Pues que había que ponerse otra vez los “pinchitos”. Fuimos subiendo a buen ritmo, aunque a alguno se le atragantó la cuestecita. Salimos hacia la cumbre bordeando la portilla del tubo de todos, daba vértigo estos pasitos. Hicimos las fotos típicas en el punto geodésico, con grafitis, ¡vaya gracia! no entiendo esta manía.

Para mi La Maliciosa es una cumbre especial, es la única que veo desde mi casa, me alegró la vista durante la pandemia de la COVID, y fue la primera ruta que hice cuando se levanto el confinamiento. Junto con el Montón de Trigo, tiene una de las vistas más impresionantes de casi toda las montañas de la Sierra de Guadarrama.

Podemos ver las cumbres de Peñalara, Cuerda Larga (Valdemartin Cabezas de Hierro), Siete Picos, Montón de Trigo, La Pedriza y el Yelmo, La Peñota, y nuestro emblemático Cerro de San Pedro

Vemos también varios embalses, como el de Santillana, de Navacerrada, de El Pardo, del Ejercito del Aire y del Pueblo de Navacerrada (valle de la Barranca), embalse de Valmayor y el de Navalmedio. No hay que olvidarse de los pueblos de Navacerrada, Matalpino, Becerril y Cerceda.

Aunque allí se estaba de maravilla, por consenso casi unánime se acordó posponer la comida y hacerla en el collado del Piornal o en la Bola del Mundo. En general la bajada fue a un ritmo rápido, incluso algunos recordando tiempos juveniles lo hicieron corriendo y saltando.

Un poquito por encima del collado del Piornal, ¿cuál era la siguiente tarea? Naturalmente, quitarse los pinchitos.

El tiempo empezaba a cambiar, seguía despejado, soleado, pero con viento frio. En la Bola del Mundo intentamos protegernos para comer, el viento cada vez era mas gélido. La única zona que estaba un poco mas protegida estaba a la sombra. No nos podíamos sentar en el suelo porque había placas de hielo.

No todo el grupo llegó a la vez, cuando unos estaban terminando casi de comer, otros estaban llegando. Los primeros metían prisa porque se quedaban helados. A nuestra dicharachera, alegre y disfrutona benjamina Irene casi casi se le atraganta el bocata.

La calidad de nieve empeoraba. Y… otra vez “los pinchos”. Mientras que algunos terminaban de recomponerse, en plan de broma alguien sugirió que podíamos formar un circulo como los pingüinos para no perder frio. Carlos R con su sonrisa picarona propuso bajar como dichos animalitos “deslizándose panza abajo”, claro que no le hicimos caso.

Para evitar tener algún traspié por las pendientes nevadas, nuestro guía sugirió ir hasta la antigua cafetería de Dos Castillas y bajar más cómodamente. Otro establecimiento abandonado y que estaba situado en la salida del telesilla, ¡qué rico el caldito que te servían en invierno o la cervecita en verano!.

Bajamos sin problemas. Pero se acabó la nieve y ya no nos servían nuestros compañeros metálicos. así es que otra vez a quitarlos.

El camino hacia el collado de Emburriaderos es un poco incomodo por lo pedregoso. Al parecer hay restos de trincheras de la guerra civil en algunos tramos.

Y colorín, colorado, se acabó nuestra aventura. Algunos lo celebraron en la cafetería de Venta Arias.

¿Y que calificación le doy? Como es una de las montañas que más me gustan y por lo bien que me lo pasé le pongo un 4,5
Flor Valverde