miércoles, 15 de abril de 2026

Excursión 909: El Mondalindo desde Garganta de los Montes

FICHA TÉCNICA
Inicio: Garganta de los Montes 
Final: Garganta de los Montes
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 18,2 Km 
Desnivel [+]: 733 m 
Desnivel [--]: 733 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 23

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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RESUMEN
Otro miércoles que a última hora me pide mi hija que la lleve a la universidad, y luego tengo que cruzar todo Madrid para llegar a Garganta de los Montes. Toda una odisea y una carrera contrarreloj intentando esquivar todas las retenciones que hay por todas las vías de acceso y circunvalación de la capital.

Al final “solo” llego tarde unos 10 minutos al punto de encuentro, donde ya me estaban esperando mis otros 22 compañeros pacientemente.

Hoy vamos a subir a uno de los mejores miradores que tiene la Sierra de Guadarrama. El Cerro del Mondalindo o Cabeza de Cervunal o también conocido antiguamente como La Peña de Don Galindo o Peña de Muño Linda.

Aprovechando su cuerda también vamos a coronar hoy el alto de Peña Negra y el Regajo. Ambos picos forman parte de la Sierra del Cancho de la Zorra. Según he leído, parece ser que el topónimo de Mondalindo hacía referencia a un cancho rocoso que tiene en su cara sur, creo que lo que hoy conocemos como Canchos del Mondalindo, y que, al instalar el vértice geodésico en la cima, desplazó ese topónimo a ésta.

Creo que ya he subido al Mondalindo desde todos los puntos que se puede subir: Canencia (varias alternativas), Puerto de Canencia, Valdemanco (dos alternativas), Bustarviejo por múltiples caminos, Lozoyuela y Garganta (también por 3 alternativas). Se trata pues de una cima muy asequible casi desde cualquier punto que se quiera acometer.

Hoy dejamos los coches a la entrada del pueblo, en la calle Castillejo, que es donde menos molestan.

Pasamos junto al pozo tradicional que hay en la calle del Caño, y nos encaminamos hacia la pista de tierra que se introduce en un pequeño callejón, siguiendo los carteles que conducen hacia la Ermita de Nuestra Señora de los Prados, que está situada a unos 2 kms del casco urbano.

A unos pocos metros ese callejón desemboca en una pista de tierra mas amplia que seguimos durante unos cuantos cientos de metros.

Se puede llegar a la ermita por la pista sin pérdida, siguiendo las indicaciones de los postes, pero nosotros nos vamos a desviar mucho antes, a mano izquierda, hacia una pequeña puerta verde, que si no vamos atentos puede pasar desapercibida.

Pasada la puerta transitamos por una bonita, verde y sombreada calleja entre fincas, que tras pasar el arroyo Sardalinde sin mayores problemas, nos deja delante de una pequeña puerta que da paso al recinto donde se encuentra la ermita de la patrona de Garganta de los Montes.

Está ubicada en una gran pradera, rodeada de fresnos y robles, donde también hay un área recreativa con mesas.

La construcción de la ermita actual data de finales de los años 90, y fue inaugurada en 1998 después de 350 años de intentar reconstruirla. 

Se encuentra en el lugar donde antiguamente se asentaba una ermita del siglo XVII, que desapareció a principios del siglo XIX.

Sin embargo, la imagen de la patrona de Garganta solo está presente en la ermita desde finales del mes de junio hasta finales del mes de septiembre. El resto del tiempo se recoge en la iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol (finales del Siglo XV), en el centro del pueblo.

Detrás de la ermita hay una fuente y una pequeña escultura en piedra de una virgen. Aprovechamos la fachada de la ermita para realizar la primera foto de grupo de hoy.

Salimos del recinto de la ermita por su entrada principal, y nos dirigimos a un pequeño aparcamiento que hay cerca de la entrada, para atravesarlo e ir a la busca del pequeño embalse de los Lindes o de Sardalinde.

Este embalse recoge las aguas de los arroyos de Sardalinde y del arroyo del Rayo, y se construyó para el riego de las huertas cercanas.

Parece ser que la idea de su construcción partió de los años 60 de un maestro del pueblo, para poder regar las eras y los cerrillos. Pero no fue hasta principios de los años 80 cuando el ayuntamiento retomó la idea y se construyó la presa.

El muro tiene de longitud 30 m de largo, por 10 m de alto, la capacidad es de 5.000 m3.

Una vez visitada y fotografiada la construcción hidráulica, seguimos ascendiendo por la pista, dejando a nuestra izquierda un abrevadero, del cual a estas alturas solo brota un pequeño chorro y más adelante pasamos por el mirador de los Helechares que se encuentra en una curva que hace el camino.

Obviamos el primer desvío de la pista que aparece a nuestra izquierda y llegamos hasta la fuente depósito de Sardalinde, donde aprovechamos para realizar el ángelus o tentempié de media mañana.

En uno de los laterales del depósito sale un caño del que mana abundante agua que algunos aprovechamos para refrescarnos. Hasta aquí el camino ha transitado al sol, pero a partir de este punto vamos a entrar en zona de sombra, dentro del pinar.

Desde este lugar se tienen unas bonitas vistas del valle y del embalse de Riosequillo, Cerro de la Cruz, Cerro del Chaparral, Cerro de la Cachiporrilla, Cuerda de los Reajos, y de las poblaciones de Gargantilla, Pinilla de Buitrago, Villavieja de Lozoya o San Mamés, entre otras, y de la pista de tierra que asciende hasta la casa del Leñador, en el camino hacia la chorrera de San Mamés. También se puede distinguir el Puerto de Linera.

Justo encima del depósito hay unas escombreras que pertenecieron a la mina Celia. Los minerales que estaban presentes en esta mina eran cuarzo, ferberita, moscovita y chorlo.

A partir de aquí la pista comienza a trazar una serie de zetas que, si bien hacen cómoda la ascensión, algunas veces su trazado se hace eterno. Pasamos junto a los manantiales de Sardalinde y Riofrío. Al primero de ellos se acerca un servidor para conocerlo.

Continuamos avanzando por las zetas, obviando los desvíos que van apareciendo a nuestra izquierda.

Según avanzamos por la pista, hacia la parte del valle algunos claros que dejan los pinos nos dejan disfrutar de una panorámica espectacular del valle de Lozoya. Así llegamos hasta la fuente-pilón de Matalespino, al cual nos acercamos algunos para disfrutar de sus aguas.

Retrocedemos unos metros sobre nuestros pasos para tomar el ramal que sale a la derecha de la pista que traíamos. En algunas rocas aparece marcado ese desvío con una línea amarilla.

Al principio de este ramal vamos avanzando por un camino tapizado de hierba, hasta que trascurridos unos 1.200 mts, se acaba la pista. Hasta aquí hemos estado disfrutando de la sombra que nos ha brindado el bosque de pinos que cubre toda la ladera norte de la cuerda de Peña Negra.

Salimos a terreno abierto y solo queda avanzar a media ladera hacia el vértice geodésico que vemos a lo lejos en el Cerro Mondalindo. La senda es más o menos evidente, si bien las marcas amarillas que vamos intentando seguir, cada vez cuesta más localizarlas.

Avanzamos sin mayores problemas por trochas que encontramos entre piornos, atravesando un par de canchales que se descuelgan por la ladera, hasta alcanzar el pequeño collado de la zorra a 1.774 mts, situado bajo el cerro.

Una vez alcanzado el collado, ya solo queda salvar 60 mts de desnivel para coronar la cima del Cerro Mondalindo o Cabeza del Cervunal.

Hay un dicho popular que dice: “Mondalindo, lindo, lindo quien te vea te desea, quién pudiera hallar el tesoro que debajo de ti queda“.

Parece ser que este refrán popular viene de una antigua leyenda sobre un tesoro escondido en una cueva, «La Cueva de la Mora», en las estribaciones del Cancho del Mondalindo. Aquí más información.

Poco a poco van llegando a la cumbre el resto de los compañeros. A los pies del vértice geodésico, se haya el pequeño buzón debajo de una pequeña maqueta que representa el relieve de su cumbre.

Aprovechamos el momento para disfrutar de las vistas que nos brinda su cima y hacernos fotos en su vértice. Las vistas son espectaculares.

Hacia el oeste, vemos las praderas de collado Abierto o Hernán García, La albardilla (por la que pasamos cuando subimos por el arroyo de la ferminas), cabeza la Braña, Cerro de la Perdiguera, los perfiles recortados de la pedriza, la Najarra, Cabezas de Hierro, Montón de Trigo, Peñalara, el Risco de los Claveles, el Puerto del Reventón.

Al sur, el embalse del Pedrezuela, el Cerro de San Pedro, Cerro del Pendón, Cabeza Arcón, embalse de Santillana, Navalafuente.

Al norte, el pico del Nevero, el Puerto de Navafría, embalse de Pinilla, la cuerda de los Reajos, Puerto de Somosierra, Pico del Lobo, el Cerrón, Pico de la Cabra, El Ocejón.

Al este, Peña Negra, embalse del Atazar, Sierra de la Cabrera, Las Cabreras, El Berrueco y El Cerro de la Cabeza o Cabeza Cerugea.

Una vez que descansamos un poco de la subida realizada hasta ahora, retrocedemos hasta el collado de la Zorra, para continuar por la cuerda hacia la cima de Peña Negra o Cancho Las Hornillas, donde se localiza el banco más alto de la Comunidad de Madrid: el banco de Valdemanco.

La idea de colocar este banco, hecho de piedra, fue de un concejal del pueblo de Valdemanco, que por las pistas de la cara norte desde Garganta y con ayuda de una excavadora subieron las losas hasta la cima, en un tiempo de cuatro horas y media.

La cima de Peña Negra es fácilmente localizable desde lejos por las antenas que coronan su cumbre. Concretamente en su cima, hay dos instalaciones separadas.

Aparentemente ambas están en servicio, ya que se ven algunos elementos como radioenlaces en buen estado, así como elementos de alimentación como paneles solares o aerogeneradores, que siguen operativos. Desconozco a qué servicio se dedican.

Aprovechamos esta atalaya para sentarnos a comer, disfrutando de sus vistas.

A todo lo anterior indicando en la cima del Mondalindo, desde este punto también se aprecian las poblaciones de Cervera de Buitrago, Robledillo de la Jara, Berzosa, Serrada, Siete Iglesias, el Cerro de la Cabeza de Patones o el poblado de El Atazar, ubicado encima de la presa.

Terminada la comida, realizamos otra foto de grupo, con vistas hacia el embalse de El Atazar.

Luego nos dirigimos hacia el este por un ancho cortafuegos, para alcanzar primero el collado de Matalespino y luego el alto de Matalespino, dónde se ubican otras 3 instalaciones de antenas, en peor estado que las ya comentadas antes, y seguramente ya en desuso, por el mal estado en que se encuentran varios de los elementos que las componen.

Pasadas estas antenas, cogemos el cortafuegos a la izquierda, que desciende hacia el cruce de la pista donde se encuentra la fuente del Quiñon de la Sierra.

Nos reagrupamos cerca de la fuente, y para evitar terminar si continuamos por la pista otra vez en el cortafuegos y en su pronunciada bajada, decidimos bajar campo a través desde la fuente por medio del pinar por terreno más o menos asequible, hasta alcanzar la pista horizontal que viene desde la zona del manantial de Riofrío

Una vez alcanzada esta pista, seguimos la misma por su derecha, primero en un trazado casi llano y luego en tramo descendente.

Pasamos al lado de la fuente de Matalapeña. Antes de llegar al cruce con el arroyo de Navalasierra, abandonamos el trazado de la pista y nos dirigimos junto a un muro de piedra, hacia un empinado sendero que baja junto a la linde de un pinar. Mas abajo atraviesa el arroyo y va al encuentro de la pista que viene desde el embalse de los Lindes.

Tomamos la pista en dirección al pueblo, dejando las instalaciones de la piscina municipal a nuestra izquierda, y una vez pasado el puente sobre el arroyo de la Pajarilla, nos desviamos por un pequeño sendero que avanza entre paredes de piedra hasta llegar a las primeras casas de Garganta.

Continuamos por sus calles hasta desembocar en la iglesia de San Pedro, de estilo gótico (siglo XV).

Pasamos junto al monumento del abuelo y la nieta, y encontramos abierto el Bar de las Toyas, donde nos tomamos unas merecidas cervezas, después de 18,2kms y 733 mts de desnivel, ya que al subir al Mondalindo y luego no bajar por el cortafuegos, hemos alargado algo la longitud inicial prevista de la ruta.

Por la ruta y sobre todo por sus vistas le otorgo a la misma una puntuación de 4,5 sicarias.
Carlos Revilla

FOTOS

miércoles, 8 de abril de 2026

Excursión 908: Embalse del Vado y La Vereda

FICHA TÉCNICA
Inicio: Embalse de El Vado
Final: 
Embalse de El Vado
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 15,9 Km 
Desnivel [+]: 518 m 
Desnivel [--]: 518 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 26

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Nunca había visto una excursión con tanta expectación e información previa como la que realizamos este día por el embalse de del Vado y La Vereda.

Y es que como dijo Antonio, en la fase de correos de apunte, con toda la información que nos había enviado Carlos R. es como si ya hubiéramos hecho la excursión antes de hacerla.

Para un servidor como cronista, es un alivio porque me libera de dar tanto detalle, para el que quiera profundizar como el que se da en estos enlaces del blog de Evaristo Castedo: La Vereda - Montaña y Corazón y de Los Pueblos deshabitados.

El caso es que para hacer la crónica se me ocurrió que podríamos acompañar su lectura con música, eligiendo una entre tres canciones que representase lo que hemos vivido este miércoles.

Mi primera elección es la canción de “Tenía tanto que darte” de Nena Daconte de la que reproduzco parte de su letra:

Tenía tanto que darte
Tantas cosas que contarte
Tenía tanto amor guardado para ti
Tenía tanto que darte
Tantas cosas que contarte
Tenía tanto amor guardado para ti.

Camino despacio pensando volver hacia atrás
No puedo, en la vida las cosas suceden nomás
Aún pregunto qué parte de tu destino se quedó conmigo
Pregunto qué parte
Se quedó por el camino

Esta excursión tenía mucho que darnos, traernos los recuerdos de los habitantes de La Vereda, que tuvieron que emigrar cuando les dejaron sin carretera, por la construcción de el embalse de El Vado, en 1954 y por la expropiación final, debida a la repoblación del ICONA en los años 70, obligatoria para tierras improductivas.

Pero también tenía que darnos la belleza de esta zona del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, con unas características propias y diferentes a la Sierra de Guadarrama a la que estamos acostumbrados.

Caminando despacio, pensando volver hacia atrás, partimos del aparcamiento del embalse de El Vado veintiséis senderomagos, por un sendero, el PR-GU 18 de La Vereda, perfectamente indicado por los gestores del Parque.

Enseguida tomamos altura por un bosque de pinos resineros fruto de la repoblación, que nos va a proporcionar bonitas vistas del embalse, su presa y aliviadero, la forma con el entrante hacia el río Jarama, principal surtidor del mismo, y la lengua más cercana a nuestro sendero hacia el arroyo del Vallosera, afluente del Jarama, cuyo angosto valle íbamos a recorrer camino de La Vereda, primero por su margen izquierda y de vuelta por su margen derecha, en pista que se hizo posteriormente al abandono del pueblo.

Por el camino pude ir distinguiendo algún narciso o junquillos blancos, las jaras preparándose para dar sus primeras flores, más adelante cerezos en flor, alisos en la zona del arroyo de La Vallosera, espinos majuelos, encinas y por supuesto mucho pino resinero.

Desde la altura vimos salir sobre las aguas, la iglesia de Santa María de El Vado, pueblo sumergido por el embalse.

Más adelante y ya cerca del valle que íbamos a recorrer, vimos el impresionante cuchillar de Vallosera, escarpes de pizarra que se elevan verticalmente sobre el margen del embalse, resistiendo a la erosión.

Y es que la pizarra es la protagonista de esta excursión.


Si Trump quisiera devolvernos a la Edad Media, por sus desavenencias con el Gobierno de España, todo lo que haría sería traer modernidad a esta zona.

También retornaremos esta idea cuando hablemos del pueblo. Y es que la pizarra cuarzos y esquistos llevan aquí cientos de millones de años, entre trecientos y quinientos, desde el Paleozoico.

En la época de la orogenia Varisca, cuando colisionaros las placas tectónicas, emergieron estas piedras del fondo marino, que son resultado de la compactación de miles de metros de sedimento marino, con materia orgánica ya carbonizada, que le da su color negruzco. Total, ¿qué representa retroceder unos cientos de años atrás frente a los millones que llevan estas pizarras aquí?

Tras el deleite de las vistas del embalse y los cuchillares de pizarra, el camino desciende hasta el arroyo de la Vallosera, donde es necesario vadearlo, con la ayuda de planchas de pizarra que están desplegadas y a ser posible con la ayuda de unos bastones. También aquí nos hubiera gustado volver al pasado y ver qué hubiera tenido que hacer Alejandro R, para no irse al agua.

El caso es que afortunadamente el día era muy bueno, nublado pero cálido y pudo irse secando camino de La Vereda, tras asistencia de Flor y otros compañeros de una herida en la mano y la recuperación de un cristal de gafas, bastón y otros objetos antes de que quedaran como el pueblo de El Vado sumergidos por las aguas. Aprovechamos a hacer el Ángelus mientras Alejandro era socorrido

Curiosamente, en esto de jugar con el pasado y el futuro, le pregunté a ChatGPT si podía predecir dónde nos íbamos a parar a tomar el Ángelus y lo que me dijo es que el ritmo típico grupo: tranquilo con paradas cortas → ~2.5–3 km/h nos llevaría a tomarlo antes de descender al arroyo en la zona con vistas al embalse. Tengo que manifestar mi decepción con estos americanos que han hecho este artilugio por infravalorar al GMSMA de esta forma y no ser capaces de ver que vamos más rápido. También es verdad que lo retrasamos como media hora al empezar más tarde.

Tocaba ascender de nuevo por un robledal hasta llegar a una alambrera para la introducción de corzos donde pudimos ver los trabajos de un apicultor al cuidado de sus panales. En ese punto se alcanza la pista que por un lado va hacia el sumergido pueblo de El Vado y por otro al pueblo de La Vereda al que íbamos. Después el hombre nos pasó como el rayo con su furgoneta, levantando todo el polvo de la pista en la que estábamos.

Hicimos un atajo en una curva de la pista para visitar unas encinas centenarias, que de ser por Trump lo que hubiéramos visto hubiera sido la bellota o primer plantel de los árboles. A modo de elevar bandera blanca para que esto no sucediera, Alejandro portaba al hombro su camiseta empapada en un bastón, quizás también para que se le secase.

Por fin llegamos al pueblo de pizarra y cuarcita, en diferentes tandas, dispersándose el grupo unos por el barrio de abajo y su museo de tradiciones locales, otros por el barrio de arriba fotografiando las construcciones de Apolinar Moreno García, con sus iniciales inmortalizadas con piedra de cuarcita, en la casa de Los Balcones y en cuya parte posterior elegimos como lugar idóneo para parar y hacer la comida.

El pueblo abandonado en su día, se ha ido recuperando por un nuevo neoruralismo que ha sido respetuoso con la construcción tradicional y talibán en cuanto a la introducción de elementos modernos como grupos electrógenos, paneles solares, red de alcantarillado etc.

El desarrollo de estos pueblos vino tras la Reconquista y su repoblación, alentado por privilegios reales de exención de impuestos, muy acorde a la filosofía trumpista, no le vendría mal al pueblo retrotraerse a esa época.

Para la organización del territorio se formaron las Comunidades de Villa y Tierra, estando en esta zona de la Sierra de Ayllón, la de Buitrago, la de Ayllón, la de Galve de Sorbe y la de Sepúlveda. Eran comunidades autónomas donde las tierras de labranza eran privadas, siendo los pastos y los bosques comunales. La Vereda, parece que estaría dentro de la de Sepúlveda.

La decadencia de estos pueblos vendría a partir del siglo XIX cuando se empieza a sustituir la ganadería trashumante por la estabulada pasando a una economía de subsistencia con la roturación de los campos y el carboneo. La agricultura permitía el trigo y el centeno pese a los mil metros de altitud, huerta de subsistencia, apicultura y cabras.

Las casas están hechas de lajas de pizarra negra o arcillosas alternadas con cuarcitas blanquecinas que proporcionan un bonito contraste.

Aquí a nuestro director musical, Marcos H., le vino a su cabeza la canción de Joan Manuel Serrat, "Pueblo Blanco" del año 71, muy cercano en fecha a cuando los últimos habitantes de La Vereda tuvieron que salir del pueblo. Y no precisamente por el color del pueblo sino por esa melancólica letra de la canción “Colgado de un barranco duerme mi pueblo blanco ….Por no pasar, ni pasó la guerra sólo el olvido….”. Sin duda alguna es una muy buena segunda opción para elegir como canción para esta excursión.

Con más calma que el ritmo que nos atribuye ChatGPT, iniciamos el descenso por el barrio de Abajo hacia el arroyo de la Vallosera, para retornar nuestro camino por la pista que discurre por su margen derecha.

El tema es que unos cuantos proseguimos hasta el molino de Vallosera y estuvimos en espera al resto del grupo que se quedó en el pueblo hablando con un paisano, que les habló de la historia de abandono del pueblo y el actual régimen de concesiones, por diez años, de la que disfruta la Asociación Cultural de La Vereda.

A algunos senderemagos el poblado les traería recuerdos de su paso por él, bien como a Marcos Cid para dejar plasmado en sus cuadros las bonitas vistas del pueblo, como a Encarna su estancia muchos años atrás, a lo hippie en la aldea con algunos amigos miembros de la Asociación o como a Mariola y algún otro en su paso en alguna otra ocasión.

Una vez reagrupados en el molino, la pista cruza el arroyo de Vallosera por un puente, esta vez sin riesgo alguno de chapuzón, pasando por otro punto alto a modo de mirador de La Vereda y de las cumbres más representativas como El Tornera y la cresta del Cellera, resguardando el pueblo y al fondo la Sierra de Ayllón, la zona de Majaelrayo y el impresionante Ocejón.

Así continuamos hasta el siguiente mirador, llamado precisamente del Pico Ocejón, aquí nos desviamos en un punto bien indicado por un poste indicativo, que nos libera de la pista y por un camino al comienzo no muy evidente, baja hasta encontrar el camino por el que iniciamos la excursión como a tres kilómetros del embalse.

Como tercera canción en disputa para representar la excursión y que es por la que finalmente me decanto, elegiría "Living in the past" de Jethro Tull.

Primero por su título, por formar parte de la música de mi juventud y luego por la crítica implícita que lleva en su letra al mundo hippie e ingenuo de su época y al margen de la realidad que se vivía a finales de los sesenta.

Porque, nos guste o no, solo tenemos el presente y es lo que nos toca vivir, en este caso la experiencia de una preciosa excursión, llena de alicientes, a la que otorgo la máxima puntuación de cinco sicarias, que formó parte de nuestro presente ese miércoles y ya es parte de nuestro pasado.

Dedico el recuerdo de la excursión, de lo que fue y ya no es, a los antiguos pobladores vecinos de La Vereda, que se vieron despojados de su tierra y que muchos no volvieron a ver, a los compañeros que nosotros tampoco volveremos a ver y a Paco Cantos, como promotor de excursiones por esta zona, que si su salud se lo permitiera, seguro que nos volvería a traer.
César R. Bachiller