* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
Hoy vamos a visitar uno de los lugares menos conocidos de la sierra de Guadarrama: la zona de escalada de Peña Pintada. Se trata de una zona muy conocida por los amantes de la escalada, pero una gran desconocida para el resto de público en general. Ubicada en la cara oeste de la famosa peña de la cuerda de las cabrillas, alberga una gran cantidad de vías de diferente dificultad. Hoy el objetivo es llegar hasta el sector inferior de esa zona para contemplar alguna de sus vías.
El punto de encuentro para dejar los vehículos es el collado del Portazgo, un pequeño triángulo de tierra situado en las confluencias de las carreteras M-601, M-607 y M-614, junto a una de las cancelas que da acceso a la Dehesa de la Golondrina.
Aproximadamente desde marzo del año 2025, está restringido el tránsito de vehículos que no estén autorizados por la pista asfaltada que llega hasta embalse de Navalmedio. Esta prohibición que arranca a los pocos metros del restaurante de la fonda Real hace prácticamente imposible conseguir aparcar en los pocos espacios que hay junto al restaurante, incluso entre semana a no ser que se llegue a primera hora de la mañana, y por eso hoy decidimos dejar lo coches en el pequeño aparcamiento del collado.
El collado toma nombre del Portazgo de Navacerrada, que era una tasa que se cobraba por derecho de paso y tráfico de mercancías por lo que hoy conocemos como puerto de Navacerrada. Estos portazgos constituían una pesada carga para los trajinantes especialmente para arrieros y carreteros y encarecían mucho el precio de los transportes. En 1881 fueron abolidos. El portazgo se cobraba en la Fonda de Navacerrada, que estaba situada donde ahora se encuentra el restaurante Fonda Real.
Cruzamos la carretera M-601, y pegados al muro de una finca particular, tomamos el camino asfaltado sin salida para vehículos, que antes era parte de la antigua carretera que subía al puerto. Una señal de prohibido el paso excepto vehículos autorizados, no invita a dejar el coche en esta zona. A continuación del corto tramo asfaltado de esta carretera sin salida, sale un pequeño sendero que nos deja junto a la Fonda real.
La Fonda Real de Navacerrada es una antigua casa de postas del siglo XVIII que fue lugar de paso habitual y descanso de reyes, ministros, príncipes e infantes de España en su camino real entre Madrid y el Real Sitio de San Ildefonso y Segovia. Personajes como Fernando VII, Isabel II, Amadeo de Saboya, Alfonso XII, Mendizábal, Prim, Castelar y otros muchos solían hacer alto en la Fonda de Navacerrada para comer y cambiar el tiro de carrozas. Cambio que compartían con arrieros y trajinantes que también atravesaban el nuevo paso.
Este nuevo camino real que se proyectó desde Collado Villalba a través del puerto de Manzanares (Navacerrada), fue construido a petición de Carlos III. Las obras, iniciadas en 1778, duraron diez años hasta 1788. Hasta ese momento viajeros y monarcas cruzaban la Sierra por el puerto de la Fuenfría para dirigirse a Segovia o a los Reales Sitios.
La Fonda Real está ubicada en un punto estratégico ya que en ella también confluye el otro camino real que viene desde El Escorial pasando por la población de Guadarrama. La fonda era un lugar muy frecuentado en la época, no se sabe si por la calidad del establecimiento, por su situación estratégica al inicio de la subida al puerto o por la confluencia de los dos reales caminos o por…el portazgo que ahí existía.
Se desconoce el tiempo que estuvo prestando servicio esta fonda, pero si se sabe que en el año 1909 ya estaba en ruinas. El edificio actual fue restaurado en 1972 y convertido en restaurante.
Aprovechamos la fachada de la Fonda Real para realizar la foto del grupo, ya que a partir de este punto hoy, el grupo se divide en dos para realizar dos rutas distintas.
Un grupo realizará la ruta prevista para este miércoles, subiendo hasta las primeras vías de la zona de escalada de Peña Pintada y luego a través del collado de Emburriaderos regresaremos por la senda de la tubería.
El otro grupo realizará hoy otra ruta alternativa, con menos desnivel, pasando cerca del embalse de Navalmedio y desde allí subirán a visitar la mina de las Cortes y luego se dirigirán hacia el Pino de la Cadena.
Nos despedimos en este punto de nuestros compañeros, y cruzamos la carretera hacia una puerta peatonal que da acceso al pinar de la ladera de Peña Entorcal.
Una vez al otro lado, al fondo se puede apreciar la fuente de la Fonda Real. La fuente se encuentra en buen estado, ya que fue restaurada hace poco tiempo. Tiene dos grandes pilas en dos alturas conectadas por un gran caño. El agua original es vertida a la pila superior también por un gran caño. Toda la fuente es una bonita estructura en mampostería, con rocas en el centro y a los lados de una superficie superior a dos aguas a modo de adornos.
Giramos a nuestra izquierda y tomamos un pequeño sendero, habitualmente utilizado más por ciclistas que por senderistas. Esta senda recibe el nombre de Senda Correcaminos.
El sendero en ligero ascenso transita paralelo a la carretera, separada de ésta por una valla de alambre. Poco a poco va ganando altura hasta llegar al pequeño aparcamiento que hay en la subida al puerto y que da acceso a la pista de la Barranca. Cuando alcanzamos la pista algunos nos acercamos a visitar la fuente del Ventorrillo, que a estas alturas aún tiene agua.
Ahora toca ascender un inclinado pero pequeño repecho, para salvar un talud de tierra de la carretera, de donde se han desprendido rocas de un tamaño importante. Una vez superado este pequeño inconveniente, la senda sigue subiendo suavemente.
Pasamos por la parte trasera de lo que fue en su día la residencia de empleados del Banco Central Hispano. El edificio ha sido adquirido por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para su rehabilitación como centro de estudios y residencia de investigadores.
Unos metros más adelante alcanzamos la zona conocida como de los chalets de los clubs alpinos, cerca de la curva de el Ventorrillo.
Cuando se construyó el acceso al puerto en 1788, se emplazó en la zona del Ventorrillo una casa de peones camineros y una venta o parador para arrieros y carreteros, como otro punto donde cambiar los tiros de animales. La hospedería del Ventorrillo o Venta de Cercedilla o Venta de Navarejos , estaba situada donde está actualmente la estación invernal de la Comunidad de Madrid.
A partir del año 1875, este camino usado hasta entonces por carros y caballerías empezó a ser conocido por amantes de los nuevos deportes de montaña. Bajo el impulso de algunos empleados extranjeros que trabajaban en las fábricas de madera, se dio a conocer un nuevo juego que consistía en deslizarse sobre la nieve sobre unas tablas de madera. Grandes precursores de su introducción en España fueron Manuel González de Amezúa y el noruego Birgen Sörensen.
Birgen, comenzó a practicar este deporte en su Noruega natal desde que era un niño. Luego se trasladó a Madrid para hacerse cargo de la sede de la empresa familiar de maderas. Esta compañía se abastecía habitualmente de la madera en los aserraderos de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular en Guadarrama. Ya en Madrid, echaba de menos disfrutar de su deporte preferido, por lo que se construyó unos esquís de madera y de camino al aserradero, paró en una de las laderas y se lanzó con ellos. Viendo la expectación que suscitaba esta nueva actividad hasta ahora desconocida en España, creó junto con otro amigo noruego la primera escuela de instrucción de esquí en España.
Tal fue su importancia en este deporte en nuestro país, que hoy una de las laderas que más frecuentaba, recibe en su honor, el nombre de la Loma del Noruego. Esta nueva actividad atrajo a un gran número de visitantes hacia la sierra.
En 1907 un grupo de amigos del que formaba parte Manuel fundó una agrupación que bautizaron con el nombre de Twenty Club, reconvertido tres años después en el Club Alpino Español.
Manuel consiguió que el Ministerio de Fomento les cediera a él y a su grupo de amigos, pertenecientes todos ellos a influyentes familias de Madrid, unos terrenos al otro lado de la carretera, en el monte de utilidad pública «Pinar Baldío», donde construyeron el primero y más antiguo de sus refugios, el pequeño chalet del Twenty Club.
Hasta 1925 el Club Alpino Español solicitó otras cuatro concesiones de terrenos en las inmediaciones del Ventorrillo, que le fueron adjudicadas por un período de 99 años, gracias a lo cual se pudieron edificar otros refugios: el llamado «Refugio General», capaz ya de albergar a gran número de deportistas, y otros chalets más pequeños costeados por agrupaciones de socios.
En 1913 la colonia «alpina» del Ventorrillo se había convertido ya en un concurrido punto de encuentro para los esquiadores de Madrid, desde el cual se podía acceder con relativa comodidad y rapidez al puerto de Navacerrada y a las cumbres más cercanas.
Con la inauguración en 1923, del ferrocarril entre Cercedilla y el puerto de Navacerrada, el Ventorrillo dejó de ser la avanzadilla de Madrid en la sierra de Guadarrama, y la actividad se trasladó al puerto.
En la curva del Ventorrillo, al borde mismo de la carretera, en el lado opuesto a donde están hoy las construcciones de mantenimiento, hay un monolito erigido en recuerdo de Manuel González de Amezúa, como pionero del deporte del esquí en España y fundador del Club Alpino Español.
Por todo lo anterior, la importancia del Ventorrillo trasciende más allá de la simple historia del Guadarrama, ya que se puede considerar que fue en este lugar donde nació en España la afición por el deporte del esquí. Sin embargo, hoy es prácticamente un lugar olvidado y su historia desconocía para la mayoría de los aficionados a la sierra de Guadarrama.
Hoy nos encontramos estos chalés cerrados, pero en buen estado de conservación todos ellos, lo que indica que se siguen utilizando en la actualidad. Su ubicación en medio del bosque hace que no sean visibles desde la carretera y pocos sepan de su existencia.
El refugio general estaba situado más cerca de la carretera, pero tras su completa destrucción durante la guerra civil, apenas quedan unos restos de muro y la base de sillería sobre la que se levantaba el edificio.
Una vez reagrupados delante del chalé del Twenty Club, proseguimos nuestra ruta. En este lugar hay que estar atento al punto donde nos tenemos que desviar. Hasta aquí la senda ha sido muy evidente, pero entre este punto y el aparcamiento de la zona de escalada, la senda se torna menos marcada. Aún así se sigue con facilidad si se presta atención.
En algún claro del pinar, se deja entrever delante de nosotros las verticales paredes rocosas de la zona de escalada, bajo el cerro de Peña Pintada, a cuya base nos dirigimos.
En pocos minutos alcanzamos un pequeño apartadero en la carretera que asciende al puerto, apto para 4 o 5 coches, donde los aficionados a la escalada suelen aparcar sus vehículos, siempre teniendo cuidado de dejarlo fuera de la línea continua de la carretera, si no queremos luego encontrarnos con una desagradable sorpresa a modo de denuncia, ya que es un punto de giro de maquinaria de mantenimiento.
Desde el apartadero y a través de una cancela de acceso, sube un sendero muy marcado que se dirige hacia los sectores de escalada. Al principio el sendero se mantiene cerca de la carretera y sigue en ligero ascenso, entrando en una zona de verdes helechos.
Mas adelante el sendero va girando hacia la derecha y comienza a ascender por la empinada ladera de peña Pintada. El sendero está muy marcado y va trazando zetas que más o menos hacen más llevadera la ascensión. Llegamos a una pequeña bifurcación. Nosotros seguimos ascendiendo en dirección hacia la base de las paredes que ya vemos cada vez más cerca.
Cuando llegamos al sector de entrada, nos encontramos a 3 escaladores realizando una de las vías. Este entramado pétreo está compuesto de varios sectores con múltiples vías de escalada en cada uno de ellos:
- Entrada. 6 vías del 6a al 7b.
- Norma. 3 vías del 6 al 7b+
- Principal.15 vías del V al 8b+
- La Reserva. 14 vías del V al 7c
- El Puro. 6 vías de IV a 7b
- Marieta. 10 vías del V al 8ª+
- Aguja sin nombre. 16 vías del IV al 6c.
Si no me he equivocado son 70 vías que van del IV grado al 8ª+, que estoy seguro de que hacen las delicias de los escaladores, sobre todo los meses de verano ya que la mayoría de ellas permanecen en umbría. Sin embargo, a pesar de su corta aproximación, el límite del aparcamiento hace pensar que estas paredes no deben de estar muy concurridas.
Sentados en la base de las vías del sector Norma aprovechamos para realizar el ángelus o tentempié de media mañana, charlando con los escaladores y echándonos unas risas con ellos.
Una vez más, pudimos comprobar lo pequeño que es el mundo, ya que uno de los escaladores ha sido compañero de universidad del hijo de nuestra compañera Celia.
Antes de abandonar la zona, aprovechamos para acercarnos a ver algunas de las espectaculares vías del sector principal, prácticamente verticales. Nos queda pendiente visitar los sectores superiores, pero eso será otro día ya que no era el objetivo de hoy.
Finalizada la visita a la zona de escalada, retrocedemos sobre nuestros pasos y bajamos a la bifurcación que habíamos dejado anteriormente. A partir de aquí el sendero se difumina bastante, pero como yo ya lo he hecho anteriormente, lo seguimos fácilmente.
Proseguimos adelante con el objetivo de rodear a media ladera Peña Horcón. Aunque con alguna ligera subida el sendero avanza prácticamente en horizontal atravesando la ladera.
Pasamos por debajo de Peña Horcón sin mayores problemas. El sendero a ratos está más marcado y a ratos prácticamente desaparece. Desconozco dónde finaliza este, aunque sospecho que debe de llegar cerca del mirador del Pinar Baldío, enfrente de la carretera que baja a la estación del Puerto.
El siguiente objetivo es ascender hacia el collado de Emburriaderos. Entre el sendero que llevamos y el collado no hay sendero de subida, o sea que no queda más remedio que intentar trazar un diagonal campo a través eligiendo el terreno menos complicado para avanzar y alcanzar el collado. Aun así, este se alcanza sin mayores problemas, más allá de salvar el desnivel de 100 mts que hay entre ambos puntos.
Una vez alcanzada la cuerda, tomamos la senda de la tubería. Denominada así, por ser visible todavía hoy en algunos puntos, la antigua tubería que se encargaba de suministrar agua desde el arroyo de Peña Cabrita al Real Sanatorio de Guadarrama. El sanatorio inaugurado en 1917 fue pionero en tratar la enfermedad de la tuberculosis. Tras el descubrimiento de los antibióticos contra la tuberculosis, el hospital cerró.
Durante el camino de bajada, Juan se acerca a la fuente de Peña Llana para comprobar si aún tiene agua. Parece ser que solo caía un pequeño hilillo y nos pidió que desistiéramos de bajar hasta ella.
Sin mayores contratiempos, llegamos al mirador de las canchas, y debajo de unos pinos paramos a realizar el almuerzo resguardados a su sombra.
A continuación, nos desviamos hacia la fuente del Piornolón, pero a estas alturas está totalmente seca. Continuamos descendiendo por el sendero hasta el mirador dónde estaba situado el sanatorio mencionado anteriormente y demolido en 1995.
En una curva cerrada de la pista, tomamos un amplio camino que sale a su izquierda hacia la Peña del Entorcal. A estas horas nuestros compañeros de la excursión alternativa nos avisan de que ya han llegado a la Fonda real y están esperándonos en su interior. A nosotros todavía nos quedan por lo menos unos 30m para llegar a ese punto.
Rodeamos Peña Entorcal, y dejamos abajo a nuestra izquierda el pequeño barranco que resguarda el embalse del Chiquillo.
Nos tiramos pista abajo por la ladera de monte del Pinar en dirección de nuevo a la puerta que habíamos cruzado esta mañana a la altura de la fonda real.
Allí nos juntamos con el resto de nuestros compañeros y celebramos el cumpleaños de nuestro amigo Jose María. ¡!! ¡¡¡¡Que sigas cumpliendo muchos más y que puedas seguir celebrándolo con nosotros!!!!
Por último, desear a Antonio una pronta recuperación de sus dolencias, ya que, aunque hoy ha intentado realizar parte de la excursión alternativa, al final los dolores le han hecho desistir y se ha tenido que dar la vuelta a los pocos kilómetros.
Por lo especial de la ruta, le otorgo una calificación de 5 sicarias.
Carlos Revilla
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