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* Perfil, alturas y distancias de la ruta
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RESUMEN
Cuando recibes el encargo de hacer la crónica de una de las salidas del GMSMA, te abruma la responsabilidad de hacer llegar la experiencia al resto del grupo que participan ese día y, también, a los que no han podido venir o a los que nos leen en el blog.
Es un reto, sobre todo, porque es la excursión nº 900 y eso es un importante hito para el grupo. ¡Seguimos aquí! Pero lo principal, es disfrutar del recorrido y de lo que nos deparara la Naturaleza.
En estos días tan lluviosos, que al final habrán sido dos meses de borrascas, nuestro entorno se ha transformado y el monte nos muestra una nueva cara. Y la Pedriza no iba a ser menos, como así pudimos comprobar.
Ya reunidos para salir los 28 senderomagos, a ratos nos llovía y luego paraba otros. Nos preparamos con capas de lluvia, paraguas, pantalones de plástico, chubasqueros, en definitiva, bien pertrechados para afrontar la jornada.
Partimos desde el área de El Tranco, que es el nombre que recibe la poza que está más cerca de Manzanares El Real, en el límite del Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares. Esta poza fue muy conocida, hace años, como piscina natural para el baño,
Al lado de la poza hay un pequeño puente de hormigón que se utiliza para el paso de los coches a los chalets de la zona, el cual estaba cortado por la Policía Municipal de Manzanares el Real porque el agua rebasaba con creces su altura.
En este punto, empezamos a ver el enorme caudal que llevaba el río. Aquí hay un mojón del Camino de Santiago desde Madrid que dice: A Santiago, 628 km. ¡Ánimo!. En este tramo coincide con el GR-10. Aquí nos hicimos la foto de grupo.
Seguimos entre los últimos chalets y empezamos a adentrarnos en el camino acuático de la garganta de la Camorza, margen izquierda del rio.
Al llegar a la zona en donde estaba la última presa del río, demolida hace 20 años, lo habitual es subir por las diaclasas diagonales que surcan una gran piedra granítica. Así lo hicimos, con precaución y algo de “ambiente”, pues la grieta tenía verdín y estaba resbalosa. Daba un poco de susto pero el grupo lo superó con creces. A algunos nos convino más utilizar el camino que evita la grieta, que va por debajo de ella, más cerca del río.
Al terminar la leve subida, la Garganta de la Camorza se abrió ante nosotros presentando un río con nueva apariencia: era un gran surco blanco que bramaba con fuerza, en definitiva, un espectáculo natural!.
Continuamos y, a nuestro paso, surgían arroyos y chorreras efímeras y de las grandes moles de piedras manaba agua por doquier. La lluvia seguía siendo intermitente y caminábamos con cuidado entre las piedras húmedas, pero no demasiado inseguras.
Salimos de la garganta, y no tuvimos opción de elegir la ruta, pues el acceso al puente de la Foca estaba anegado para cruzar a la otra orilla, así que continuamos por la margen izquierda, que traíamos y nos encaminamos, aguas arriba, hacia el siguiente puente.
Este tramo fue algo penoso debido a la crecida del rio y la vegetación de ribera y el barro de sus márgenes. Entre tanto, pudimos comprobar que el “gore tex” funciona.
Llegamos a la unión del arroyo de la Dehesilla con el río Manzanares, cruzamos el siguiente puente que encontramos sobre dicho arroyo, convertido temporalmente en río.
Salimos a una pradera y allí estaban tranquilamente los dos burros de transporte del Refugio Giner de los Rios, habituales del paisaje de La Pedriza y de muy buen carácter. Lety y Federico creo que se llaman.
Seguimos hasta el puente que está al pie de Canto Cochino, junto a los Barracones. Nunca lo había visto con tanta agua.
Allí mismo paramos para tomar el tentempié del Ángelus, y donde celebramos que Paco Donaire cumplía su salida número 400 o, como él decía, de las 500 que se ha perdido, y dimos buena cuenta de los bombones que nos repartió. ¡Enhorabuena!
Se suscitó la duda acerca de si subir hacia el collado Cabrón o continuar, hasta donde pudiéramos, el sendero hacia la Charca Verde. El consenso general hizo que nos inclináramos por ésta última opción, siguiendo el PR-M 18.
Pasamos junto al puente de las Ranas, el de Cola de Caballo y del Vivero. En un promontorio rocoso disfrutamos de las espectacular bajada del río.
La pertinaz lluvia nos acompañaba, bien directamente o de la que caía de los mojados árboles, pero sin hacer mella en nuestro ánimo: la potencia del rio, el pinar, los súbitos arroyos, la práctica ausencia de barro (suelo granítico) en esta zona, factores todos ellos que hacían grato el caminar. A veces, se abrían las nubes y nos dejaban ver las montañas de la Cuerda Larga con bastante nieve.
Por fin llegamos a la mítica Charca Verde y pudimos contemplar el enorme caudal que traía este habitualmente humilde rio, ¡impresionante y atronador!.
De vuelta, siguiendo volvimos sobre nuestros pasos hasta el puente del Vivero, que esta vez lo cruzamos para descender por la margen derecha del río, siguiendo la pista semi asfaltada hasta el área de Canto Cochino.
Aquí, hasta no hace mucho se erigían dos chiringuitos que han sido demolidos, y que al parecer molestaban, a quién ¿?.
Al pasar, recordamos con nostalgia las cervezas y los cafés y el buen ambiente que tenían. Parada obligada de escaladores, montañeros y familias. Ahora no queda ni rastro de ellos.
Bueno, pues se echó la hora de comer y había varias opciones para rematar la excursión. Al final, regresamos a donde hicimos el Ángelus, junto al puente de los Barracones, y allí dimos cuenta de las viandas. Tras lo cual, iniciamos el regreso por el camino de ida, de nuevo los tramos con “encanto” y con la sensación de que el cauce del rio se había ensanchado y que había más agua y menos piedras donde poner las botas.
Llegamos al punto de partida harto mojados y con el continuo murmullo del agua en los oídos, pero contentos de haber realizado, con bien, una singular y preciosa salida que nos permitió ver un espectáculo de la Naturaleza: nuestro rio Manzanares desbocado y embravecido. Siempre le han llamado aprendiz de rio pero hoy se ha hecho mayor. Si siempre estuviera así se debería llamar el Amanzanares.
A esta excursión le doy una calificación de 4 sicarias por el espectáculo y por ser la 900.
Ángel Muñoz
FOTO REPORTAJES
VÍDEOS









































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