miércoles, 21 de octubre de 2026

Excursión 959: Robledal de Navazuelo desde Canencia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canencia
Final: 
Canencia
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,5 Km 
Desnivel [+]: 324 m 
Desnivel [--]: 324 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 
Participantes: 27

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

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RESUMEN
Estamos a 21 de octubre y ya ha transcurrido un mes desde la entrada del loco otoño de este año. Tan pronto estamos casi a 30 grados una semana, como la semana pasada, donde sufrimos estoicamente el calor y la falta de agua durante la ruta del Cerro San Pedro y la dehesa de Navalvillar, como amanecemos una semana después con menos de 10 graditos y prácticamente es necesario pertrecharse con guantes para comenzar la ruta. Con esta variabilidad meteorológica, no hay forma de poder planificar una ruta con acierto, a varios días vista.

Hoy con esperanza de redimirnos de los calores pasados en días anteriores, nos hemos citado en la localidad de Canencia. Las cumbres que rodean el pueblo amanecen a primera hora cubiertas de una fina capa de niebla, e incluso hacia la zona de la Cachiporrilla se deja ver un difuminado arcoíris formado por las diminutas gotas de la niebla y quizás también por una fina llovizna en esa zona.


En el escudo heráldico de la población aparecen tres galgos. No existe unanimidad sobre el origen del topónimo de la localidad. Algunos historiadores apuntan a que estas tierras pudieran haber pertenecido a un coto de caza durante la Edad Media, y a la posible existencia de perreras reales en la localidad, y de ahí el nombre. Quién sabe ….Se puede consultar más información sobre la localidad de Canencia en este enlace.

La ruta elegida para el día de hoy no tiene mucho desnivel y tampoco es excesivamente larga. Esto ha animado a nuestro compañero Esteban a acompañarnos hoy. Es su primera salida desde el pequeño amago de infarto que sufrió hace unas semanas en la ruta del Puerto de Guadarrama a la Salamanca. Nos alegramos mucho de su recuperación y de verlo de nuevo compartiendo ruta con el resto del grupo.

Dejamos los coches a la salida de la localidad, cerca del puente que permite sortear el río Canencia, en la continuación de la calle Real y la carretera M-629 que atraviesa la población en dirección al Puerto de Canencia, procurando no causar molestias a los vecinos de las viviendas aledañas.

El llamado “Río Canencia” como se indica en el cartel informativo que hay junto al puente, o Arroyo Ortigal como viene en algunos mapas, recoge las aguas de distintos arroyos de la vertiente norte del Pico Mondalindo. Hoy, sin embargo, lleva más agua el arroyo de Canencia, que el propio “río”.

Al arroyo de Canencia se unen las aguas de los arroyos del Puerto y del cordal de la cuerda de los Altos del Hontanar, y discurre por el pequeño valle que forman esos altos y cerros que rodean a la población por el oeste, y que yo voy a denominar valle de Canencia (aunque no se si esta nomenclatura es la correcta).

Echamos a andar por la calle Peñas del Encino. A los pocos metros nos encontramos la ermita del Santo Cristo, junto al parque municipal de la Ermita. Construida a mediados del siglo XIX fue posteriormente restaurada, de ahí el moderno aspecto del edificio actual.

Vamos a continuar la calle, hasta que esta cruza la carretera M-629. Un poco antes pasamos junto a una finca y una animada mastina se une al grupo, seguramente pensando que va a tener hoy almuerzo extra. Va a realizar prácticamente toda la ruta con nosotros. Denota que debe de estar acostumbrada a acompañar a senderistas en busca de algo de comida. Como nosotros vamos a realizar una ruta circular, tampoco representa ningún problema que nos acompañe.

Atravesamos con cuidado la carretera y proseguimos por la pista que sale al otro lado. A los pocos metros, alcanzamos la fuente de la Borriqueña. Fue construida después de la GCE y figura dentro del catálogo de Bienes Protegidos del municipio de Canencia. Hoy no brota agua de su caño. Aun así, aprovechamos este lugar para realizar la foto de grupo.

Cruzamos el arroyo de Canencia por el modesto puente de los Posaderos, tras el cual la pista dibuja varias curvas para salvar el pequeño desnivel que nos separa del Cerro de Cabeza del Rojo donde están instaladas dos antenas de telefonía.

En este cerro hay una amplia explanada de tierra donde también se pueden dejar vehículos. Desde este punto se puede acceder a la presilla de Canencia. Un pequeño embalsamiento de agua en el arroyo de Canencia. Para llegar a ella hay que bordear la valla o encontrar un paso en la misma, que permita cruzar la carretera y acceder a la presa a través de una pista cerrada con una barrera que evita la entrada de vehículos.

Desde el cerro y antes de salir a la carretera, tomamos a la derecha una pista que se interna entre fincas hacia la zona llamada La Revenga y las Cerradas. Más adelante cogeremos el ramal de la izquierda para pasar junto a un pilón de ganado. Nada más pasar éste, tomamos un nuevo desvío a la izquierda para atravesar el arroyo de la Tejera y poco después el arroyo de Sancholongo.

Ya entramos en la zona de robledal de Navazuelo. A estas alturas de octubre, los robles todavía no han teñido sus hojas de colores otoñales y éstas muestran un verde resiliente.

Al igual que en otras manchas arbóreas de la Comunidad muy populares para visitar en estas fechas, como el abedular del Puerto de Canencia, el hayedo de Montejo, el hayedo escondido del Escorial o la dehesa Bonita de Somosierra, el otoño se está retrasando este año, aunque el prolongado calor estival y el estrés hídrico que han soportado este verano los árboles, junto con la ausencia de lluvias, hacían presagiar justamente lo contrario. Tocará pues esperar todavía un par de semanas para poder recorrer esos parajes y disfrutar de la paleta de colores con que nos sorprende la naturaleza cada otoño.

Continuamos atravesando el robledal siguiendo primero las trazas de una vía pecuaria, y luego ya caminos sin ese balizamiento, hasta alcanzar el arroyo de las Cebadillas.

Junto al arroyo se levanta una bonita construcción, muy bien conservada. Según pude conocer hace unas semanas se trata de una vivienda particular, aunque su diseño hace pensar que se pudiera tratar de un pequeño refugio privado. Nada más lejos de la realidad.

Aprovechamos una mesa con bancos que hay delante de la construcción para realizar el tentempié de media mañana conocido popularmente como “ángelus”.

Terminado éste, la alternativa más evidente para alcanzar de nuevo la carretera y cruzarla, sería continuar por la pista que traíamos sin pérdida. Pero nosotros en este punto, vamos a salirnos de la pista y seguir el trazado del arroyo de las Cebadillas, para ir al encuentro del Refugio Juvenil de Canencia, junto a la carretera.

Sin senda definida, el terreno permite avanzar sin mayores problemas. Hemos intentado realizar un trazado sorteando la vegetación y evitando las zonas más espesas de espinos y zarzas.

Al final alcanzamos el vallado posterior del refugio, donde hay un pequeño zarzo que permite acceder a la parte delantera del edificio.

El edificio del Refugio Juvenil de Canencia, todavía se conserva relativamente en buen estado, aunque actualmente ya no se encuentra operativo ni disponible para realizar reservas en la página de la Comunidad de Madrid.

Parece ser que la causa de su desuso son las deficiencias de habitabilidad e infraestructuras, ya que sus instalaciones eran muy básicas. Contaba con 24 plazas para dormir sobre tarimas de madera y colchonetas y carecía de suministro de agua potable. El coste de las obras para adaptarlo a las normativas higiénico-sanitarias y de acceso han sido las principales causas de su abandono.

La Comunidad de Madrid ha derivado en los últimos años los recursos hacia los albergues juveniles, más grandes, modernos y mejor equipados como el de las Dehesas de Cercedilla, Villa Castora también en Cercedilla o el de los Batanes en Rascafría, en detrimento de los antiguos refugios juveniles más limitados y más reducidos en tamaño.

Es una pena ver la cantidad de edificios institucionales que vamos encontrando repartidos por la Sierra de Guadarrama, que se han ido abandonando, a los que no se les da ningún uso alternativo, y por lo tanto condenados a ir deteriorándose y avocados a desaparecer con el paso del tiempo.

Cerca de este emplazamiento tenemos otro ejemplo, la Casa Forestal de los Collados, muy cerca de la curva de la carretera del puente del Vadillo. Se trata de una antigua construcción forestal también en desuso.

Como alojamiento juvenil alternativo, aparece el Albergue Juvenil Cabaña de Luis Pinilla, a la entrada del pueblo de Canencia.

Dejamos el refugio, cruzamos la carretera y atravesamos al otro lado una alambrada por su parte derecha para poder acceder a la ribera del arroyo de Canencia. Sin cruzarlo seguimos su curso arroyo arriba, pasando por una pequeña represa que sirve para la captación de aguas del arroyo, seguramente para consumo de la población.


Bordeamos la presilla por su derecha para evitar una zona de zarzas, y salimos al pequeño puente del Vadillo sobre el arroyo del Tercio de las Matas. Construido en 1946 sobre la antigua carretera, actualmente es un puente de uso exclusivamente peatonal. Tiene dos ojos con bóvedas de arco de medio punto y amplios contrafuertes está construido en piedra. Los arcos, el tajamar central y los contrafuertes de los extremos están formados con piezas de sillería granítica. Pero el relleno de los tímpanos y los muros de contención que prolongan sus lados están construidos con mampostería irregular. El pretil, discontinuo, consta de dados de mampostería de piedra enmarcados por piezas labradas regularmente.

Si hubiéramos seguido por la pista desde la construcción del arroyo de las Cebadillas donde realizamos el ángelus, habríamos salido a la carretera más o menos a la altura del punto en que nos encontramos, pero al estar el puente separado de la carretera por una alambrada, habría que bajar unos metros por la carretera dirección Canencia pueblo para poder acceder al puente por una antigua puerta de hierro.

Atravesamos el puente del Vadillo, y giramos a nuestra izquierda para ir al encuentro del arroyo del Sestil del Maillo. Hoy tenemos suerte y lleva poca agua por lo que se puede cruzar por varios puntos sin mayores complicaciones. Otros años siempre nos hemos tenido que descalzar en este punto cuando venimos desde el Puerto de Canencia.

Tomamos en ascenso la pista que sale al otro lado del arroyo. Esta va trazando sucesivas zetas para salvar la pendiente de la ladera de la Peña de los Altares.

En una de las curvas surge un ramal a izquierdas de la pista que muere en el collado de Cabeza del Rojo. En este punto nos abandonan José María, Leonor y Carmen N., que han decidido no seguir ganando altura y cogen esta ruta alternativa para volver hacia el pueblo. Nosotros proseguimos ascendiendo por la pista, evitando subir directamente por el cortafuegos.

Antes de llegar a la cota 1.400, a nuestra derecha sale un pequeño sendero que rodea a media ladera la Peña de los Altares. Se debe de tratar de un pequeño sendero tradicional ya que en muchos de sus puntos todavía conserva los muros de mampostería que se construyeron para sustentarlo.

Se trata de un bonito sendero que avanza prácticamente en horizontal entre pinos y robles. A estas alturas ya se ha disipado la niebla, y en algunos puntos donde la vegetación de la ladera se abre un poco, nos permiten disfrutar de unas buenas vistas que abarcan desde toda la cuerda del Hontanar, con la Cachiporrilla, el Portachuelo, el Cerro de las Águilas o el Espartal en primer plano. Detrás del cordal, se aprecia el Nevero y la Cuerda de los Reajos. Más a la derecha el Cerro de la Cruz, abajo a la derecha la población de Canencia. Más al fondo Braojos, la Cebollera Vieja o Pico Tres Provincias o el ya remozado Pico del Lobo, que al haberse librado de la construcción que había en su cumbre, resulta menos “identificable”.

Continuamos avanzando por el bonito y verde sendero, salpicado de rocas cubiertas de musgo. Pasamos junto a una roca con forma de pequeña silla con su respaldo y a la que únicamente le faltan los reposabrazos. Alguno no puede evitar sucumbir y se sienta en la misma para inmortalizar la curiosa roca.

Esta senda termina desembocando en un ancho camino que baja desde la Peña de los Altares. Este camino nace en el puerto de Canencia y en teoría llegaba hasta el pueblo de Canencia. A partir de este momento la ruta discurre en ligero descenso hacia la población.

Poco a poco, el ancho y despejado camino de tierra y piedras, va dando paso a un suelo cubierto de vegetación y a medida que vamos avanzando por él, empiezan a aparecer retamas que hay que ir esquivando, dando a entender que ya tiene muy poco tránsito.

Aprovechamos un tramo con un pequeño murete entre sol y sombra para realizar la parada del almuerzo.

Seguimos el descenso. Atravesamos una curva en umbría que salva un pequeño arroyo, para un poco más adelante llegar a un pequeño murete que hay que atravesar. A partir de este punto el camino como tal desaparece para convertirse ya en senda. Esta avanza sorteando algunos espinos y zarzas.

Unos metros más adelante nos encontramos a nuestra izquierda la fuente de los Carboneros. Se trata de un rudimentario tubo de PVC que sale de la tierra, pero que parece poco fiable para rellenar agua, por la tierra removida por ganado que hay en su zona de captación. Si bajamos hasta el caño, es más fácil luego continuar el sendero.

Este poco a poco se va haciendo más difuso. Llegamos a otro pequeño murete con alambrada, que atravesamos por un punto donde está parcialmente derribado. Al otro lado el sendero deja de ser evidente. Seguimos avanzando, siguiendo el track y sobre lo que en teoría debiera de ser un ancho camino.

Volvemos a atravesar otro muro de piedra con alambrada, que se puede franquear sin mayor dificultad, y continuamos descendiendo, intentando intuir por donde avanza el camino. En algún punto este es imposible de seguir porque está invadido de vegetación y hay que bordear esta para poder retomar la traza de la senda.

Según nos vamos aproximando al depósito del Canal de Isabel II del pueblo de Canencia, parece que el sendero se hace más evidente.

Una vez llegado al depósito, una nueva alambrada nos cierra el paso. Sin embargo, si rodeamos los muros del depósito, encontramos un zarzo por donde se puede salir a las calles del pueblo.

Volvemos a pasar por delante de la ermita del Santo Cristo y en pocos metros llegamos a los coches para terminar esta corta pero bonita ruta.

Parece mentira, pero hemos bajado por un sendero que al principio era muy marcado y evidente, luego lo ha ido copando poco a poco la vegetación, hasta que al final ha terminado prácticamente por devorarlo. Si verdaderamente se trata del antiguo trazado del camino entre Miraflores y Canencia, debe de llevar mucho tiempo en desuso.

Aunque se trate de una ruta con poca dificultad, a mi me gusta recorrerla, por ello le otorgo una puntuación de 4,5 sicarias.

Como colofón a la ruta nos acercamos hasta la plaza del pueblo para reunirnos con nuestros 3 compañeros que han llegado un poco antes, y tomar algo en el bar Violeta, que está situado frente al ayuntamiento, donde un sorprendido paisano tras la barra ve cómo en poco tiempo llenamos el bar, rompiendo su tranquilidad.
Carlos Revilla

































Excursión 958: Tres Cañadas. Málaga

FICHA TÉCNICA
Inicio: Ronda 
Final: Ronda
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 10,1 Km 
Desnivel [+]: 455 m 
Desnivel [--]: 455 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 10

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RESUMEN

José Luis Benavente

FOTOS

martes, 20 de octubre de 2026

Excursión 957: Río Turón desde El Burgo. Málaga

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Burgo 
Final: El Burgo
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,2 Km 
Desnivel [+]: 222 m 
Desnivel [--]: 222 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 10

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RESUMEN
De nuevo estamos de escapada otoñal. En esta ocasión, diez senderómagos nos hemos reunido para disfrutar de unos días de senderismo y buena compañía por Ronda y la Sierra de las Nieves. La escapada comienza con algunas ausencias importantes. Diversas circunstancias han impedido que buena parte del grupo pueda acompañarnos y nuestra amiga y compañera Paz, que había preparado estas jornadas con tanto cariño y esmero, también ha tenido que suspender el viaje. Una verdadera pena, porque sabemos la ilusión que había puesto en organizarlo todo.

Así que aquí estamos los diez supervivientes, dispuestos a aprovechar al máximo estos días. Para empezar hoy nos espera una ruta por la ribera del río Turón, con salida en El Burgo, unos 12 kilómetros de recorrido y alrededor de 230 metros de desnivel. Un itinerario, en principio, asequible, pensado para disfrutar del paisaje otoñal.

Comenzamos bajo el puente del pueblo, tomando un camino cementado que discurre junto al río. Atravesamos las zonas residenciales de las afueras, que poco a poco dan paso a huertos y parcelas agrícolas. Las primeras conversaciones giran en torno a la pregunta del día: ¿lloverá? Después del día de ayer precipitaciones abundantes, confiamos en que el tiempo nos dé una tregua y podamos completar la ruta sin mojarnos.

A medida que nos alejamos del pueblo, el paisaje se abre y el camino cementado da paso a una sendero denominado Manolo “ El cantaor”. El grupo más dispuesto a la diversión no tarda en encontrar un nogal cargado de nueces. Enseguida empiezan la recolección y la degustación, hasta que Antonio nos recuerda que hemos venido a caminar y que, si nos entretenemos con cada árbol, no llegaremos muy lejos. Así que dejamos las nueces y reanudamos la marcha.

Pronto aparecen los olivares y, con ellos, un nuevo tema de conversación: las variedades de aceituna, los aceites que más nos gustan y las aceitunas de mesa preferidas por cada uno. Cualquier excusa es buena para mantener animada la charla durante el camino.

La ruta está bien señalizada con marcas verdes y blancas, y poco a poco vamos ganando altura. La temperatura sube y llega el momento de quitarnos alguna prenda. Alcanzamos entonces el mirador de Abelardo Muñoz Narváez, donde hacemos una parada para contemplar el paisaje y, por supuesto, sacar unas cuantas fotografías. Le sigue el mirador Adrián Narváez Bandera.

Es una pena que el otoño venga retrasado este año. Esperábamos encontrar los tonos ocres, amarillos y rojizos propios de la estación, pero la vegetación todavía no luce esos colores que tanto embellecen el paisaje.

Dejamos atrás los olivares y entramos en una zona de pinares. El sendero, cubierto de piñas y restos vegetales, resulta especialmente agradable bajo la sombra de los árboles. Continuamos hasta el mirador del río Turón, desde donde contemplamos el valle, las laderas y el entorno montañoso de la Sierra de las Nieves. Una buena ocasión para detenernos y disfrutar de las vistas antes de seguir caminando.

Poco después, llega nuestro tradicional almuerzo del ángelus. Esta vez lo hacemos frente al dique del Nacimiento, en un entorno donde el agua y la vegetación adquieren protagonismo. Estas infraestructuras hidráulicas forman parte del aprovechamiento tradicional del agua en la zona, fundamental para los usos agrícolas y la vida de sus pueblos. Con el dique como telón de fondo, sacamos fruta, frutos secos y reponemos fuerzas.

Retomamos la marcha. El camino desciende hacia la orilla del río Turón y nos encontramos con uno de los tramos más bonitos del recorrido. La vegetación de ribera, los acebuches y pequeñas palmeras que aparecen junto al agua aportan un carácter especial a este sendero, que invita a caminar sin prisas y disfrutar del entorno.

Pero toca volver a subir. Afrontamos el ascenso hasta alcanzar otro mirador, donde hacemos la imprescindible fotografía de grupo. Allí quedan inmortalizados los diez supervivientes de esta escapada, dispuestos a seguir disfrutando de la aventura a pesar de las ausencias.

A partir de aquí, un cartel anuncia el final del sendero y comenzamos a caminar por una pista forestal señalizada con marcas blancas y rojas del GR-243. El tramo resulta algo pesado y monótono después de los senderos anteriores, aunque tiene una ventaja: permite contemplar amplias panorámicas de las montañas y los pinares del Parque Natural de la Sierra de las Nieves. Unas vistas que compensan, en parte, el esfuerzo de estos últimos kilómetros.

Finalmente, regresamos a El Burgo cruzando el Puente Nuevo y damos por terminada nuestra primera ruta. Nos dirigimos a la plaza del pueblo para cumplir con otro de nuestros rituales: tomar unas cervezas bien merecidas después de la caminata.

Con las piernas descansando y la conversación en marcha, repasamos las anécdotas del día y empezamos a decidir qué haremos por la tarde al volver a Ronda.

A esta ruta le doy 4 sicarias.
Fernando Ramos

miércoles, 14 de octubre de 2026

Excursión 956: Cerro de San Pedro y yacimiento arqueológico de Navalahija

FICHA TÉCNICA
Inicio: Colmenar Viejo
Final: 
Colmenar Viejo
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,2 Km 
Desnivel [+]: 490 m 
Desnivel [--]: 553 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 3,5
Participantes: 28

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RESUMEN
Como ya es tradición en los últimos 15 años, el GMSMA inaugura las nuevas temporadas, ascendiendo a la cima del Cerro de San Pedro para pedirle al santo salud, que no nos llueva y buenas piernas para poder acometer las excursiones del nuevo curso. Cada año esta subida se programa a lo largo del mes de septiembre, y habitualmente suele ir acompañada también de una vuelta por la Dehesa de Navalvillar, para visitar algunos de sus enclaves más representativos.

Sin embargo, debido a las altas temperaturas que hemos sufrido este año en las primeras semanas del mes de septiembre, el sentido común aconsejaba atrasar la tradicional subida unas semanas, e intentar acometerla con temperaturas más favorables, para no cocernos a fuego lento en el deambular por ese pequeño desierto en el que se convierte la Dehesa de Navalvillar durante los meses de verano, sin vegetación, sin agua y sin prácticamente sombra.

Pero cuando llegaron esas semanas más benévolas meteorológicamente hablando, resulta que para esas fechas ya se habían programado con antelación dos eventos: la visita a la quesería de Bustarviejo organizada por Nico, y la no menos tradicional subida al puerto del Reventón para despedir a Rosana que ya se retira a sus cuarteles de invierno en Mallorca. Como ya estábamos a mediados de octubre, para no retrasar más la cita con el santo, decidimos Antonio y un servidor, programar la subida al cerro para la semana siguiente a los dos eventos citados, confiando que la bajada de temperatura de las semanas anteriores se prolongara en el tiempo y nos diera una ventana de oportunidad.

Para este año, había diseñado una ruta lineal empezando en el aparcamiento habitual situado junto a la caseta de peones camineros, pasado el PK 7,400 de la carretera M-625 de Colmenar Viejo a Guadalix de la Sierra (también conocido como Alto del Mojón por ser el punto donde se unen los términos municipales de Colmenar, Soto del Real y Miraflores). El objetivo era subir al Cerro de San Pedro y luego entrar en la Dehesa de Navalvillar para visitar la mina del arroyo de los Maderones, el antiguo campo de tiro, el yacimiento arqueológico de Navalahija y la mina de las Gateras, y terminar en el pequeño aparcamiento de la talanquera de San Pedro, en el extremo opuesto de la Dehesa de Navalvillar, que tiene 6 talanqueras que dan acceso a la misma:

- Talanquera la Cuesta
- Talanquera Remedios en el pequeño aparcamiento que hay junto a la base de las FAMET
- Talanquera la Calera (próxima a la anterior)
- Talanquera Valdepuercos
- Talanquera Aguas de la Dehesa
- Talanquera de San Pedro situada junto a los antiguos estudios Tablada.

Como tenemos que dejar primero algunos vehículos en el aparcamiento de la Talanquera de San Pedro, para que no se me despiste el personal, fijamos el punto de encuentro de hoy en la Cruz de Muchos Cantos, en la carretera M-625, a medio camino entre la población de Colmenar Viejo y la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios.

Hemos quedado con algunos compañeros que suben más despacio, para que ellos vayan directamente al comienzo de la ruta, y empiecen el ascenso al cerro sin necesidad de esperar al resto de participantes, que tienen que organizar los vehículos.

Una vez reunidos el resto de los participantes entorno a la Cruz de Muchos Cantos, nos internamos por la pista de tierra hacia al pequeño aparcamiento de la Talanquera de San Pedro, donde dejamos 5 vehículos. Nos repartimos en el resto de los coches, y nos trasladamos al comienzo de la ruta. Una vez en el punto de salida, nos encontramos con Carlos M. que nos está esperando, y sin más dilación saltamos el muro que da acceso a la finca ganadera por la que transcurre los primeros metros de la senda que sube hacia el cerro.

El Cerro de San Pedro se yergue majestuoso y solitario (monte isla como le gusta denominarlo a algunos) con sus 1.424 mts de altura entre los términos de Colmenar Viejo, Guadalix de la Sierra y Pedrezuela. El cerro está rodeado de fincas privadas y hoy en día no tiene ningún acceso público. En el año 1998, se cerró de forma unilateral por los propietarios de la finca el Vedado, el acceso más lógico y viable y por el que históricamente se subía al cerro, por el cordel de las Merinas, una vía pecuaria ancestral, en el término municipal de Miraflores, en su paso de Colmenar a Guadalix, dejando éste anexionado a la finca dentro de su perímetro de cerramiento, 7,2 hectáreas de terreno de titularidad pública: una cañada con descansadero incluido.

Esta ocupación, fue denunciada en varias ocasiones a vías pecuarias por los agentes forestales de la zona. Pero como se podía acceder al cerro por la finca colindante, en el término municipal de Colmenar Viejo, esas denuncias no fueron fruto de mayor insistencia. Ya en la primavera del año 2013, los propietarios de las fincas del término de Colmenar Viejo, por donde discurre el sendero de acceso a la cumbre desde el Alto del Mojón, decidieron impedir el acceso mediante la colocación de obstáculos y alambradas, aludiendo a que la masificación de acceso al cerro provocaba el derribo de muros, acumulación de basura, y molestias al ganado.

La asociación cultural Pico de San Pedro, solicitó mediación del ayuntamiento de Colmenar Viejo e incluso se abrió una petición de firmas en la plataforma Change org. También la FMM convocó una marcha para solicitar a la Comunidad de Madrid la reapertura de la vía pecuaria que da acceso a la zona. Sea como fuere, desconozco cómo se llegó a un acuerdo con los propietarios, para resolver los problemas de acceso desde el Alto del Mojón, y afortunadamente hoy en día se puede acceder a la subida al cerro sin mayores contratiempos. Eso sí, intentando transitar siempre lo más pegado al muro y evitando molestar al ganado que hay en las fincas que atravesaremos.

Una vez pasado el muro, ya nos encontramos con el primer repecho con fuerte pendiente hasta alcanzar el Cerro de la Prestancia, donde ya habremos salvado un desnivel de 200 mts. Ya se nota que hoy el calor va a hacer acto de presencia … Luego durante unos minutos transitamos por un terreno más cómodo, pero siempre ganando altura, para acometer finalmente el segundo repecho fuerte de otros 185 mts hasta alcanzar la cima. Voy a cola de grupo, y en este último tramo alcanzo a José María, y hacemos los últimos metros juntos.

En la cumbre nos esperan el resto de nuestros compañeros que ya hace un rato que han alcanzado la cima, rodeando la almena que la corona y en cuya cumbre se encuentra el deteriorado vértice geodésico, al que algunos compañeros no se resisten a subir. Hoy hemos tenido la suerte de tener un día despejado, y la panorámica que se tiene desde esta atalaya es impresionante: La Sierra de Hoyo de Manzanares, el embalse de Santillana, toda la Pedriza Anterior, la Cuerda Larga, el puerto de la Morcuera, la Sierra de la Cabrera, el embalse de Guadalix-Pedrezuela, la Dehesa de Moncalvillo de San Agustín de Guadalix, Tres Cantos, Colmenar Viejo, la base de las FAMET, etc .

Algunos firman en el libro que hay en un buzón detrás de la almenara. Y aprovechamos para hacer la foto de grupo delante de la misma.

Después de haber repuesto fuerzas, vamos a bajar en dirección a la Dehesa de Navalvillar. Aquí ya nos abandonan Marcos H. Raquel y Julián, las estrellas fugaces hoy, que emprenden el regreso por el camino de subida, ya que tienen que estar pronto en casa.

El resto del grupo, descendemos desde la cima, por un pequeño sendero en dirección sur, siguiendo uno de los muros de piedra de una de las fincas que confluyen en la cima.

Vamos sorteando las curvas que va dibujando el sendero hasta la cota 1.265 mts. En este punto dejamos el sendero, saltamos un pequeño muro teniendo cuidado de no deteriorarlo, y esperamos para reagruparnos en el otro lado. José María, Antonio y Carlos M. todavía tardarán unos minutos en alcanzarnos. En este punto sopla el aire y eso se agradece porque el calor ya empieza a apretar.

Pasamos un segundo muro, y atravesamos una zona de pasto bajo que fue afectada por el incendio del mes de agosto de 2025, que gracias a una rápida intervención no llegó a causar daños importantes.

Vamos a bajar por la loma en dirección a la pista de la cañada de Cantalojas. Para acceder a la pista buscamos una parte de la valla de piedra por la que sea más factible saltar.

En este punto Antonio y José María nos abandonan y toman dirección a la carretera de Guadalix y de ahí al Alto del Mojón. El resto del grupo tomamos el cordel en sentido contrario, hasta la confluencia de éste con el cordel de Hoyo de Manzanares. Luego nos desviamos a la derecha hacia la talanquera de la Cuesta, que da acceso a la Dehesa de Navalvillar. Cada vez hace más calor y ahora va a venir lo peor, porque la dehesa prácticamente no tiene sombra y tampoco agua después de tantos meses sin llover y de un verano con altas temperaturas.

Aunque en un primer momento nos íbamos a encaminar hacia el arroyo de los Maderones para visitar los restos de su pozo y mina, como algunos compañeros van algo cortos de agua, nos desviamos a la búsqueda de un abrevadero que hay cerca del arroyo de los Lobos. Cuando llegamos a él, comprobamos que se trata de un abrevadero que se rellena desde un pozo mediante un flotador, por lo que no es factible coger agua en él, y además el agua que contiene el abrevadero tampoco está en buen estado, ni siquiera para refrescarnos un poco. Cabe recordar que las 5 fuentes de agua potable que hay en la dehesa, están todas ellas próximas a los estudios tablada y a la base de las FAMET, cerca de los yacimientos arqueológicos.

Como el abrevadero se encuentra rodeado de algo de sombra, aprovechamos para realizar el almuerzo. Hasta aquí solo hemos recorrido 6,5 kms de los 12 km previstos.

Cuesta levantarse de la sombra y volver a ponernos en marcha de nuevo a campo abierto, pero sin embargo no queda más remedio que continuar la ruta. Ya se empiezan a oír los primeros comentarios de que esta ruta no es para un día de calor como el que está haciendo hoy, así que aprieto el paso y huyo de las protestas ….

Continuamos hacia el arroyo de Tejada, pero dejando atrás ya el pozo y la mina protegidos por el vallado de madera que alcanzamos a ver a cierta distancia en el arroyo de los Maderones. Al fin y al cabo se trata de una explotación que hemos visitado ya en varias ocasiones.

Una vez alcanzado el arroyo seguimos su curso aguas abajo (lo de aguas es un decir, porque hoy está más seco que la mojama). Vamos a por el siguiente objetivo, el antiguo campo de tiro, que en parte ya visitamos el año pasado.

Después de 1 km aproximadamente, alcanzamos el puente de madera que cruza el arroyo junto a un panel informativo, que relata parte de la historia militar de la dehesa. En él se indica, que se tiene constancia de que los militares ya utilizaban Navalvillar de forma esporádica para sus prácticas de tiro desde 1.904. Pero no es hasta el año 1941, cuando el Ministerio de Defensa firma un convenio con el Ayuntamiento de Colmenar Viejo, para hacer uso militar de la Dehesa de Navalvillar hasta el año 2001. El acuerdo recogía que durante 6 meses sería utilizada por el ejército (de noviembre a abril) y los otros 6 meses por ganaderos y vecinos.

La dehesa era utilizada tanto por militares de a pie como por vehículos acorazados y carros de combate para realizar prácticas de tiro.

En el año 1981, la Capitanía General de la I Región Militar expresó al municipio su deseo de comprar la dehesa, con el fin de utilizar los terrenos para prácticas militares, exclusivamente. Sin embargo, el pleno del ayuntamiento desestimó la venta, por el número de vecinos que vivían del ganado que pastaba en esa dehesa (se hablaba entonces de 4.000 cabezas de ganado).

Durante los años siguientes, el ayuntamiento consiguió reducir el número de días de prácticas militares y se siguió solicitando al ejército el cese definitivo de las prácticas de tiro en la dehesa, ya que esas acciones originaban un gran deterioro de la finca y de los pastos, sobre todo por las maniobras de la artillería pesada. A lo largo de esos años se produjeron varios accidentes, con el resultado de 8 personas muertas y varias más heridas, cuando los vecinos recogían chatarra en el campo de tiro de San Pedro, como consecuencia de detonaciones accidentales de proyectiles militares sin estallar, que no fueron retirados por el ejército después de las maniobras.

Finalmente, en el año 2001 cesaron las prácticas de tiro y las maniobras militares en la dehesa. Posteriormente se realizaron tareas de limpieza y retirada de proyectiles no explosionados. En la primavera del año 2002, la dehesa retornó al pueblo de Colmenar.

Cruzamos el puente y al otro lado del arroyo Tejada, todavía se pueden observar las terrazas que se construyeron para situar las dianas utilizadas para las prácticas de tiro con fusil, e incluso varios restos de los hierros donde éstas se anclaban. Al otro lado del arroyo, debajo de la antigua caseta, se pueden observar las dos líneas donde se colocaban los tiradores.

El calor ya apretaba de lo lindo, y el paisaje seco y polvoriento, tampoco acompaña. Como diría el gran chiquito de la calzada, hacía tanto calor que hasta las ranas iban con cantimplora … Las protestas se empiezan a incrementar. “No entiendo la necesidad de hacer esta ruta con este calor” …. “Pero a dónde vamos” … “Porque no acortamos la ruta y vamos a los coches” … etc. En fin, yo sigo empeñado en realizar la ruta “contratada”, y llegar al yacimiento visigodo de Navalahija y a la mina de las Gateras.

Desde el puente, ascendemos por una pequeña senda marcada con postes que se dirige hacia el yacimiento. Una vez alcanzada la parte de arriba de la loma, ya se divisa el panel informativo y la valla de los restos arqueológicos del yacimiento de Navalahija.

La aldea de Navalahija se localiza al sureste de la dehesa, y a escasos 1.000 mts del otro yacimiento que podemos encontrar en la dehesa, el yacimiento de Navalvillar. Las investigaciones arqueológicas comenzaron en el año 2008 y continúan hoy en día.

El yacimiento de Navalahija es el que tiene un mayor número de casas y zona de trabajo. Surge y se desarrolla a finales del siglo VI y el siglo VIII d.C. y corresponde al período visigodo. Pertenece al mismo período que el yacimiento de Navalvillar.

Lo más representativo de este conjunto es una estructura que presenta diferentes estancias para trabajar el hierro, algo que aporta una valiosa información sobre esta actividad económica, que los estudiosos presuponen que se compaginaba con la explotación de la ganadería ovina y caprina. En el año 2.013 se descubrió un horno de reducción del hierro y varias bases de hogares que podrían tener diferentes funciones para las actividades minero-metalúrgicas.

Parte del material recuperado de los dos yacimientos de la Dehesa de Navalvillar: material pétreo, fragmentos cerámicos e instrumental metálico, puede contemplarse en la Casa Museo de la Villa, gracias al convenio de cesión de materiales que mantiene el Ayuntamiento con el Museo Arqueológico Regional de Madrid. Más información en este enlace.

A estas alturas muchos compañeros buscan solo un pedazo de sombra para resguardarse, y no les interesa mucho visitar los restos arqueológicos.

De aquí a la mina de las Gateras no hay mucha distancia, y en medio aparece una de las 5 fuentes de agua potable que hay en el interior de la dehesa. Pero cuando llegamos a ella no tiene agua…. Junto a la fuente hay un abrevadero, pero tampoco se puede utilizar. Acometemos los pocos metros que restan hasta alcanzar la loma donde se halla el complejo minero de las Gateras.

La mina tuvo dos periodos de actividad: el primero, en los siglos XVI y XVII, se descubre, investiga y explota la mina apareciendo plata y cobre.

En la segunda etapa, siglo XVIII, se realizan trabajos de extracción de mayor envergadura, pero realmente se trató de una minería muy artesanal.

El complejo minero está compuesto por un pozo y una galería, ambos inundados de agua. Junto a ellos se puede apreciar los restos de una escombrera. El pozo es cuadrado y en el emboquille tiene unas muescas que sirvieron para el emplazamiento de traviesas de madera y escalas.

En uno de los laterales del peñón hay un gran bloque de piedra en el que está tallada una cubeta perfectamente circular que se cree servía para moler mineral. Unos 10 m. ladera abajo está la entrada a una galería, semicubierta por la vegetación. Al igual que ocurre en el pozo y mina de los Maderones, ambos están cubiertos por una rejilla de hierro para impedir el acceso y prevenir accidentes.

Finalizada la visita, no queda más que bajar para cruzar el arroyo del Pocito primero y de nuevo el arroyo de Tejada. Como no llevan agua ninguno de los dos, solo hay que buscar un punto donde tengan menos vegetación para poder "vadearlos". Si el segundo tuviera agua, un poco más arriba existe un paso con grandes bloques de piedra por donde se puede cruzar, siempre y cuando no lleve mucho caudal.

Nos plantamos debajo de lo que fue el antiguo vertedero de Navalvillar, hoy vallado, cubierto por tierra y repoblado con pinos. Lo rodeamos por la izquierda, y en la esquina inferior está ubicada otra de las 5 fuentes de agua de la dehesa, pero visto el éxito que hemos tenido con la primera de ellas, renunciamos a acercarnos para comprobar si tiene agua. Hay que subir para coronar la ladera. Encima del antiguo vertedero, en el Alto de Cantos Blancos, estaba ubicada la construcción de La Parada de Postas, el último de los vestigios de decorados del oeste, que permanecía en la Dehesa de Navalvillar y que fue demolido en el año 2021 por el ayuntamiento, debido a su mal estado de conservación.

Ya vemos los antiguos estudios de cine Tablada, y ya solo nos queda tomar la pista que se dirige a la talanquera de San Pedro. Antes de llegar a ella nos encontramos otra de las fuentes de la dehesa, que esta vez si tiene agua, y realizamos una parada para refrescarnos y beber. Rápidamente y con gran bullicio se amontona a su alrededor prácticamente todo el grupo.

Atravesamos la talanquera de San Pedro y nos repartimos entre los vehículos que allí quedan.

Melchor se lleva a los conductores a recuperar los coches que están en el Alto del Mojón y el resto nos dirigimos a la Ermita de los Remedios, a tomar algo en su bar y su agradable patio, dando por finalizada la ruta.

Hoy hemos aprendido dos lecciones importantes. Primero, que antes de realizar una ruta, hay que consultar las temperaturas y en función de las necesidades de cada uno, portar en la mochila agua suficiente. Segundo, y no por ello menos importante, que con la prolongación cada vez más habitual de la canícula más allá del mes de septiembre, la subida tradicional al Cerro de San Pedro habrá que posponerla y realizarla en los meses de noviembre e incluso diciembre.

Hoy por el calor sufrido en la peregrinación por la Dehesa de Navalvillar, a pesar de haber visitado nuevos enclaves como el yacimiento de Navalahija y la mina de las Gateras, le otorgo a la ruta una puntuación de 3,5 sicarias.
Carlos Revilla