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miércoles, 15 de octubre de 2025

Excursión 881: Castañar de La Angostura de Piedralaves

FICHA TÉCNICA
Inicio: Piedralaves
Final: Piedralaves
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,8 Km 
Desnivel [+]: 635 m 
Desnivel [--]: 635 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 17

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Antonio y Carlos nos convocaron para realizar esta ruta por el pueblo de Piedralaves, en la provincia de Ávila.

Este pueblo se encuentra a 95 km de Madrid y a 85 km de Ávila. Está situado en la vertiente sur de la Sierra de Gredos, a unos 770 metros sobre el nivel del mar, aunque en su término municipal hay alturas que sobrepasan los 1.800 m.

La situación de Piedralaves, al sur de la Sierra de Gredos, junto con su altitud media y el clima, condiciona su paisaje. Se pueden contemplar distintos tipos de vegetación que se escalonan en función de la altitud.

Por encima de los 1.800 m la vegetación dominante son los piornos, enebros rastreros y cambrones. En la zona situada entre los 900 y los 1.700 m aproximadamente, predominan el roble melojo o rebollo, el pino resinero y los castaños.

Pero centrémonos en la marcha. Comenzamos a andar junto a la Charca de la Nieta, unas piscinas naturales llamadas así porque junto a ellas crece una planta que los habitantes de la zona conocen como la Nieta. Es bastante profunda, gracias a un muro de contención que se amplió en los años 50 para el azud de un molino cercano.

Junto a ella, se encuentra la Charca de la Abuela, es más pequeña y tiene poca profundidad, vierte sus aguas a la principal a través de una pequeña cascada.

En verano se permite el baño y cuenta con un chiringuito para tomar un refrigerio.

Estas piscinas se nutren del agua que baja por una garganta llamada Nuño Cojo.

Continuando el recorrido, pasamos junto a una fuente y una piedra labrada con un escudo con distintivo forestal y una inscripción con las letras “M.P.N. Nº 20, ÁREA RECREATIVA CASA FORESTAL”. 

Cruzamos un puente de madera, sobre la garganta Nuño Cojo, y nos incorporamos a un sendero situado en la parte izquierda de la garganta, que sube empinado y discurre paralelo a ella, entre abundante vegetación de pinos, castaños, robles soberanos, como el llamado de los Manaderos, y helechos, que en algunos tramos entorpecen el paso.

La subida resultó algo dura —pues a algunos ya nos pesan los años— hasta llegar a un punto en el que la presa del pantano quedaba debajo de nosotros, por lo que hubo que descender un desnivel con cierta dificultad.

Al llegar a la pared de la presa del Horcajo, comprobamos que contenía muy poca agua, debido a la sequía que padecemos en los últimos meses, al menos en la zona centro de la península.

Aún así, las vistas desde este punto eran espectaculares: como telón de fondo, las laderas de la Sierra de Gredos y el valle donde, según Carlos, existe un pozo de la nieve.

Posteriormente nos incorporamos a la pista forestal que sube desde el pueblo. A unos metros hicimos una parada para tomar el tentempié —o ángelus— de media mañana. Reanudamos la marcha y, más adelante, junto a una fuente llamada La Piviana, nos encontramos con unos gigantescos robles (Quercus pyrenaica), en una zona denominada Los Manaderos. Algunos de estos ejemplares tienen un perímetro de tronco de unos 6 metros y una altura de unos 20; parece ser que su edad ronda los 700 años.

Siguiendo el camino, unos metros más adelante nos desviamos a la izquierda para tomar una senda que nos llevó a toparnos con unos pinos cascalvos plateados, pinos laricios (Pinus nigra) de dimensiones impresionantes.

Tal era el diámetro de uno de ellos que cinco chicas tuvieron que juntarse para poder abrazarlo. Estos pinos, según se cuenta, se utilizaban para construir los navíos de la Armada Invencible.

Regresamos a la pista principal y, continuando por ella en un suave ascenso, llegamos al Castañar de la Angostura. Como estábamos en otoño, disfrutamos de sus colores y recogimos alguna castaña caída al suelo. Aquí hicimos la parada para comer.

Después de pasar el castañar y antes de llegar al mirador de El Riscazo, atravesamos la llamada Era de los Collados, que recibe este nombre por ser, antiguamente, una zona de sembrados. El mirador, situado junto a un refugio resinero, El Horcajo, es utilizado para el despegue de parapentes, por ser una atalaya natural con unas inmejorables vistas.

Desde el mirador se aprecia parte del valle del río Tiétar, y junto a unas rocas hay un cartel con una fotografía que indica los picos que se divisan desde ese punto. Sobre esas mismas rocas, Jorge nos deleitó con su característica postura del equilibrio.

Continuamos descendiendo hasta encontrar otro refugio resinero, La Casera el Lomo, y, a unos metros, un chozo construido con piedra y paja.

Seguimos por la senda hasta incorporarnos a la pista asfaltada, y continuamos por ella hasta desembocar en una pradera con un gran pilón conocido como El Coladillo.

Una vez atravesada la pradera, entre rocas, vuelve a aparecer el camino para iniciar la bajada por una acusada pendiente y terreno suelto que hizo resbalar a más de uno.

Llegamos a una pista donde se encuentra una fuente, la conocida como fuente del Pajar de Curito. Continuaremos por un tramo asfaltado con fuerte pendiente hasta llegar a los coches, tras varias revueltas, atroches y pasar junto al Campamento de Piedralaves.

Antonio propuso que las cervezas las tomáramos en Sotillo de la Adrada, en el bar La Laguna, así que hacia allí nos dirigimos para disfrutar de un refresco bien merecido.

Ha sido una marcha con paisajes y un colorido otoñal espectaculares, por lo que le otorgo 4 sicarias.
Enrique Cid


FOTOS

miércoles, 16 de octubre de 2024

Excursión 810: Las fortificaciones de Las Herreras

FICHA TÉCNICA
Inicio: Las Herreras
Final: Las Herreras
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11 Km 
Desnivel [+]: 357 m 
Desnivel [--]: 357 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 18

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Tras una noche pasada por agua y con previsiones de que la lluvia nos iba a estar acompañando durante toda la excursión, nos preparamos con todo lo necesario y más para combatir el agua que estaba cayendo cuando nos levantamos.

Armados de valor acudimos a la cita con Enrique: Las Herreras, una pedanía de Santa María de la Alameda.

Está situada a 1300 metros de altitud y que con apenas una docena de habitantes, es un ejemplo de pueblo en proceso de recuperación de su progresivo despoblamiento gracias a iniciativas ecológicas y sostenibles, que potencian la enorme riqueza natural que posee. Realizamos el trayecto con una niebla cerrada en la carretera, lo que nos hizo presentarnos muy justos de tiempo a la cita.

Al llegar, vimos que unos cuantos se había echado para atrás y no vendrían a la ruta, pero para nuestra sorpresa no llovía y la niebla estaba levantando deprisa.

Tras las presentaciones de rigor y ver que iba a ser la primera ruta sin mascotas en la que participábamos, nos pusimos en marcha los 18 senderomagos allí presentes.

Saliendo del pueblo descendimos por la carretera M-956, que va a las Navas del Marqués. A los pocos metros nos encontramos a la derecha con la fuente de las Herreras, construida en piedra y acondicionada con asientos a su alrededor y una inscripción en su frontal con la fecha de 1994.

Enseguida dejamos la carretera para seguir por un sendero que sale a la derecha en la que un rústico poste de señalización indica “Camino Navas del Marqués”.

Sin apenas pendiente que salvar, atravesamos la zona conocida como los Horcajos. Una zona que sorprendió a los expertos micólogos que nos acompañaban en este día (Ángel y Enrique) por una variedad de setas muy peculiar que ellos mismos desconocían.

Al final de los Horcajos llegamos al arroyo de Valtravieso, y es aquí donde el sosiego y la calma que llevábamos hasta el momento, se transformó en incertidumbre y emoción por la dificultad que supuso cruzar el cauce de este arroyo que llevaba más agua de la acostumbrada, debido a las últimas lluvias.

El paso no ofrecía mucha confianza, a pesar de que algunos echaron unas cuantas piedras al cauce para facilitar su paso. La valiente Vicky, sin pensárselo dos veces se quitó las botas y cruzó el arroyo descalza (el agua debía estar fresquita).

Prefirió mojarse los pies a correr el riesgo de caerse (Posiblemente una decisión acertada). Poco a poco vadeamos el arroyo sin ningún percance ni mojadura.

Continuamos en dirección oeste hacia las Navas del Marqués, bordeando la valla de su cementerio. Con el pueblo de fondo, empezamos a ver las primeras fortificaciones construidas durante la guerra Civil por las tropas franquistas entre los años 1936-1939 como defensa del entorno de las Navas del Marqués, en la frontera de las provincias de Ávila y Madrid.

Estas construcciones formaban un frente defensivo de la zona aprovechando las cumbres de Escuernacabras, Peña Manotera y las Herreras para poner freno a la columna del general Julio Mangada, que se movía por esta complicada orografía. A principios del año 1937 este frente se estabilizó y las unidades de cada bando no llegaron a enfrentarse.

Fue la Segunda Brigada de la División de Ávila la que ocupó toda esta zona, desde el norte de Peguerinos hasta las inmediaciones de la línea de ferrocarril Madrid-Ávila. La línea del frente pasaba por el cercano pueblo de Hoyo de la Guija y por el puente sobre el río Cofio, situado a menos de 2 km del pueblo de las Herreras. Al otro lado de esta línea del frente, y en el cordal de la sierra cercano al pueblo madrileño de Santa María de la Alameda, se asentaban las posiciones republicanas de la 32ª Brigada Mixta, mandada inicialmente por el mayor de milicias Nilamón Toral, tuvo una destacada actuación a lo largo de la contienda, llegando a tomar parte en la batalla de Brunete.

Hecha esta breve reseña histórica de la zona, giramos a la derecha y ascendemos hacia los fortines de Escuernacabras y de la posición Cerro Poyal, donde se hizo un amplio reportaje fotográfico del lugar. De camino hacia el arroyo de Valtravieso, continuamos viendo restos de trincheras, fortines y parapetos en un estado bastante ruinoso con la vegetación apoderándose de los espacios.

El descenso hacia el arroyo es brusco, por una senda que el agua ha convertido en en trialera, lo cual nos dificulta el descenso. Además, muchos pasamos por senderos desaparecidos por la invasión de la vegetación y con el espacio justo para el paso de animales, lo que nos obliga a agacharnos e ir retirando ramas de las zarzas que continuamente se nos enganchan en la ropa. Por fin llegamos al arroyo, que vadeamos sin tanta dificultad como antes, debido a una zona rocosa que facilita el vadeo.

Ya todos en el mismo lado del arroyo, iniciamos el ascenso por una cuesta empinada hasta el Collado, en el que unas vacas pastan a placer sin que nuestra presencia las inmute lo más mínimo. Seguimos subiendo y por fin llegamos a los fortines de las Herreras, que sin duda son los que mejor conservados están. Se nota que han sido restaurados y que de vez en cuando retiran la maleza de las trincheras. Acción necesaria para no perder ese patrimonio que a su vez ayuda a no olvidar lo que fue una guerra.

En el primero de los fortines hicimos un alto y sacamos los bocadillos para reponer fuerzas mientras contemplamos el camino por donde hemos llegado al lugar y con las Navas del Marqués al fondo. 

Tras el descanso, visitamos los otros tres fortines que hay alrededor de la Peña Manotera y el último que hay más al este.

Tras explorarlo, iniciamos el descenso por la Umbría, sin un sendero claro, pero fácil, hasta llegar a las Herreras, nuestro punto de partida de hoy, dando por terminada esta interesante ruta cargada de historia.

Agradeceros a todos vuestra estupenda compañía y al cielo que nos haya respetado en cuanto a la lluvia.

Yo calificaría esta ruta con un 4,5. Me ha gustado
Alejandro Reyes

FOTOS

domingo, 15 de octubre de 2023

Excursión 735: Ribeira Sacra. Miradores de Doade

FICHA TÉCNICA
Inicio: Ribeira Sacra. Doade 
Final: 
Ribeira Sacra. Doade
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 9,7 Km 
Desnivel [+]: 399 m 
Desnivel [--]: 399 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 21

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Tercera y última ruta por esta increíble tierra, planificada nuevamente por nuestro anfitrión y guía, Ángel R.O.

En esta ocasión, la ruta circular de hoy empieza en la aldea de Doade, a unos 14 km de nuestra base de operaciones en Monforte de Lemos y a 10.563 km de Hiroshima, según reza el poste ubicado en esta aldea y que indica distancia y dirección de unas cuantas ciudades del mundo. El objetivo era visitar tres miradores situados en las inmediaciones y, finalizada la ruta, visitar la cercana bodega Regina Viarum.

Empezamos a andar con algo de lluvia que cesó al poco tiempo para dar paso a una densa niebla cerca del primer mirador conocido como A Pena do Castelo, al que llegamos por una pista bastante cómoda. Aquí se encuentra una gran roca conocida como O Castelo que presenta un desnivel de unos 400 metros casi en vertical, desde donde hubiéramos podido disfrutar de unas magníficas vistas a los cañones de Sil de no haber sido por la densa niebla que nos envolvía. Sin embargo, la pequeña ermita dedicada a San Mauro y el paisaje desdibujado por la bruma, que se va cerrando y desapareciendo con la distancia, le daba al entorno un aire de quietud y tranquilidad que era por sí mismo motivo suficiente para justificar la visita.

Tras la foto de grupo, abandonamos la placentera pista para tomar el sendero en un tramo que avanza en un escabroso zigzag que discurre por la ladera de la montaña, conocido como As Fontes de San Xermunde. 

Los líquenes y el húmedo matorral que invade la senda provocaban una marcha complicada y lenta, hasta que alcanzamos un mirador natural.

Hubo unas cuantas estrellas semifugaces que, para evitar este incómodo tramo de la ruta, optaron por seguir otro camino que se juntó con el nuestro un poco antes de llegar al siguiente mirador.

Los demás, continuamos por la complicada ruta PR-G 157, mientras el día se iba despejando para nuestro deleite con las impresionantes vistas de los bancales de viñedos y con el cañón del Sil al fondo, apenas empañado por algunos bancos de niebla.

Después de una repentina subida, volvimos a tomar una cómoda pista que atraviesa los montes de Ceceda, que es la zona más elevada donde se alza el pico Bidual de 816 metros.

A partir de ahí, comenzamos el descenso hasta llegar al mirador do Duque, donde pudimos contemplar el profundo cañón originado por el río Sil, que hace frontera entre las provincias de Lugo y Orense. Después de algunos cientos de fotografías, incluyendo otra más de grupo, dimos cuenta del tentempié aprovechando un providencial merendero allí ubicado.

Seguimos descendiendo por una ancha y cómoda pista en zigzag hasta el tercer mirador situado en la ladera sur, plagada de bancales y viñedos, que contrasta con el bosque de la ladera opuesta, donde es inviable el cultivo de la vid por falta de sol.

Estos bosques reciben el nombre de “fragas”, porque conviven árboles de distintas especies. Estábamos contemplando las fragas del Sil.

Tocaba subir todo lo bajado, así que por la empinada pista que atraviesa los viñedos y con algo de lluvia, alcanzamos de nuevo la senda que inicialmente nos llevó al primer mirador y que nos conduciría al punto de partida en Doade.

Allí mismo intentamos convencer al resto del grupo de la inesperada aparición de un par de gamos (o quizá corzos) que saltaron justo delante de MJ y de mí, que íbamos solos y bastante separados. No hay foto ni prueba alguna que lo demuestre, así que el intento fue en vano, no obstante, verlos, los vimos, y haberlos, haylos.

Eran las cuatro de la tarde cuando nos presentamos en la bodega Regina Viarum para hacer una visita guiada. Nada más llegar, sorprende por su cuidado y moderno diseño. Por su volumen de procesado, se trata de la tercera bodega más importante de la Ribera Sacra.

La visita consta de un recorrido por las instalaciones, con proyección audiovisual incluida. 

El guía nos explicó las distintas técnicas utilizadas para elaborar sus vinos, así como la forma correcta, según los expertos, de consumirlo. Habló también de la “viticultura heroica”, que define las duras condiciones del terreno que complican todo tipo de trabajo en estos viñedos.

A continuación, pasamos a una luminosa sala donde tendría lugar la esperada “degustación comentada”. 

Allí estaban cuidadosamente dispuestas cuatro copas por persona para cada uno de los cuatro tipos de vino que allí elaboran. El guía nos dio unos cuantos consejos básicos de cómo conocer y degustar las distintas variedades de vino y que, no siendo yo muy entendido en esto, me parecieron muy curiosos e instructivos.

Por último, finalizamos la visita cuando pasamos a lo que podría haber sido el cuarto mirador de la jornada. Se trata de una amplia terraza donde pudimos disfrutar, una vez más, de la hermosa panorámica de los cañones del Sil, aunque esta vez, copa de vino en mano, risas y fotos, muchas fotos.

Cuatro sicarias le doy a esta completísima ruta.
Fernando DíazH