miércoles, 13 de marzo de 2019

Excursión 451: Las cuatro lagunas de Peñalara

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos
Final: Puerto de Cotos
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13,1 Km
Desnivel [+]: 670 m
Desnivel [--]: 670 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 32

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
La excursión de hoy tenía como meta visitar las cuatro lagunas glaciares del Parque Natural de Peñalara, situado en el término municipal de Rascafría en la vertiente sureste del Pico de Peñalara (integrado a partir de 2013 en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama) y aprovechar de la última nieve que aún salpica las laderas de sus cerros.

La cita era a las 10:30 en el aparcamiento del Puerto de Cotos (1.830m), entrada principal del Parque, donde el parte meteorológico pronosticaba tiempo más bien soleado con ráfagas de viento y una temperatura entre 5-8 ºC. Lo primero que notamos al salir del coche fue, efectivamente, el viento helado que, a pesar del sol resplandeciente, nos obligó a ponernos enseguida la chaqueta cortavientos. 

Acudimos a la cita 32 participantes y 4 mascotas. Siguiendo las directrices del Parque, nos dividimos en grupos más pequeños para entrar y mantuvimos los perros atados con la correa.

Accedimos al Parque pasando junto al chozo de entrada y empezamos el ascenso por la pista del PR-3. Casi al principio de la senda nos encontramos a mano izquierda con la Fuente Cubeiro, donde los senderistas suelen llenar la cantimplora antes del ascenso, pero que en esta ocasión estaba seca. Al final de este primer tramo de subida llegamos al Mirador de la Gitana, cuyo indicador de montañas señalaba los picos aún nevados de Cabezas de Hierro. En el mismo mirador se encuentra también, en el suelo, un reloj de sol horizontal (analemático) hecho de piedra de granito.

Después de una curva a la izquierda llegamos al Cobertizo del Depósito, donde paramos para ponernos crampones y guetres (pinchos y polainas en castizo) porque la pista empezaba a estar cubierta de nieve dura.

Dejamos atrás el Cobertizo para continuar subiendo por la pista del PR-3 que en este punto discurre por un hermoso pinar. En el horizonte se podía divisar claramente la silueta nevada de la Cuerda Larga.

A medida que ascendíamos, los pinos se iban volviendo más achaparrados y escasos. Llegamos a una bifurcación donde abandonamos el PR-3 para seguir el camino que lleva a la Laguna de Peñalara. Este camino — inédito hasta ahora para el GMSMA — bordea a media ladera la peña los Quesos (2.032m), una de las cimas del parque, reconocible por su pico de relieve redondeado, que está situada a mitad de camino entre el Puerto de los Cotos y el circo glaciar de Peñalara. 

La pista va ascendiendo hasta llegar al Cerro del Cuco, que parece delimitar la frontera natural del bosque. Delante de nosotros aún se divisaba algún ejemplar de pino, cubierto de cencellada, antes de dar paso al matorral de alta montaña constituido mayoritariamente por piornos y enebros rastreros.

Desde el Cerro del Cuco comenzamos el descenso en dirección al circo glaciar de Peñalara, que, con sus 140 hectáreas es el más extenso de la Sierra de Guadarrama. Se calcula que se formó en el período Cuaternario, hace 1.8 millones de años.

A unos 600 metros al sureste del circo glaciar nos encontramos con la primera de sus lagunas: la Laguna Chica de Peñalara (1.970m). Se trata de un cuerpo de agua de origen glaciar, como todas las lagunas del Parque. De forma circular y escasa profundidad (max. 1,5m), está situada en una depresión de la morrena frontal que cierra el circo. Es una de las lagunas más pequeñas del parque y de carácter temporal, llegando a secarse completamente a finales del verano.

Tras la Laguna Chica tomamos el rumbo hacia la Laguna Grande. Delante de nosotros la imponente cornisa de las cumbres del Parque, por una de cuyas laderas nevadas se podía observar el lento ascenso de una larga fila de senderistas, convertidos en diminutas hormigas por la distancia.

El viento barría caprichosamente las nubes ora hacia el cielo ora hacia el suelo, ocultando por momentos a Peñalara y sus cimas hermanas. El paisaje presentaba las características típicas de una zona glaciar, con gran cantidad de rocas (de granito en este caso) diseminadas por el terreno, resultado de la fuerza de arrastre del hielo. A nuestra izquierda se podía observar en la distancia el Refugio Zabala (2.075m), situado sobre un resalte rocoso que separa las dos cubetas glaciares que conforman el circo de Peñalara. La luz nítida hacía resaltar el color verdoso de las peñas y rocas debido a un diminuto liquen que las recubre.

El agua que desciende de la montaña a causa del deshielo se acumula en esta zona, convirtiéndola en un humedal surcado por numerosos arroyuelos que derriten la nieve por debajo, aflorando a la superficie en numerosos lugares. Esto nos obligó a prestar especial atención adonde poníamos el pie para evitar meterlo en una charca escondida.

El ascenso hacia la Laguna Grande, que ocupa la zona central de la cubeta glaciar situada en el nordeste del circo, está señalizada con hitos de madera y acondicionada en algunos de sus tramos. Un sistema de cables tendidos delimita la zona de protección del entorno natural.

La Laguna Grande (2.017m) es un cuerpo de agua permanente de forma ovoidal, cuya longitud máxima alcanza los 127 metros, por una anchura máxima de 73 metros. En ella no viven peces (como en ninguna de las lagunas del Parque), pero sí anfibios, y en sus riberas nidifican varias especies de pájaros. Hicimos la parada de las doce (o ángelus) sentados en las grandes rocas que salpican una de las laderas de la Laguna, entre las cuales ya había empezado a florecer el crocus amarillo.

Tras la parada en la Laguna Grande seguimos la pista que, bordeando la loma, sube al mirador de Javier, situado a unos 300 metros de distancia de la laguna. Desde aquí se podía contemplar una espectacular vista de la Cuerda Larga.

En el mirador enlazamos con el PR-15, donde tres estrellas fugaces y un compañero algo despistado nos abandonaron para volver a la ciudad. El resto proseguimos por el PR-15, que se internaba por la ladera de la montaña en leve ascenso, entre piornos y pinos moldeados por el viento y vistosamente blancos por la cencellada.

Gradualmente la pendiente se volvió más empinada hasta que alcanzamos un mirador natural señalizado por un enorme hito de piedras desde el cual se goza de las mejores vistas del macizo de Peñalara y las Cinco Lagunillas, que en esta ocasión, sin embargo, estaban prácticamente invisibles bajo el manto de nieve. Esta zona también es relativamente pantanosa, por lo que el sendero que desciende hacia las Lagunillas está protegido por pasarelas de madera, que tampoco se divisaban bajo la cubierta de nieve.

A continuación ascendimos por el canal que conduce a los llanos de Peñalara, planicie situada a los pies de la cornisa y que hoy se encontraba completamente cubierta de nieve, en dirección a la Laguna de los Claveles, donde tuvo lugar el evento más emocionante del día: el rescate del móvil de Julián de la superficie helada de la laguna.

Julián se había encaramado en una de las laderas nevadas de la laguna con el fin de sacar fotos del espléndido paisaje. Los dedos ateridos por el frío hicieron que se le resbalara el móvil entre las manos, el cual, por una de esas conjunciones fortuitas entre la ley de la gravedad y la de Murphy, al caer sobre la dura capa de nieve se deslizó ladera abajo en dirección a la laguna, y no paró hasta haberse adentrado unos cinco metros sobre su frágil superficie helada. Y allí se quedó.

Tras varios intentos infructuosos de enganchar y arrastrar el móvil con una combinación de bastones y correas de perros, Esteban decidió arriesgar el camino por el hielo adentrándose en la laguna desde otro punto de la orilla. Su intención era seguir una banda de hielo más blanca, y por tanto más espesa, que cruzando la parte central de la laguna le permitiría acercarse al móvil por el otro lado.

No fue empresa fácil, pues había que avanzar lentamente y con mucho tiento, pero finalmente consiguió alcanzar y recuperar el móvil y, manteniendo la sangre fría, deshacer el camino andado con el mismo tiento y cuidado que a la ida hasta pisar de nuevo — ¡a pie enjuto! — la seguridad de la orilla, bajo los vítores de todos los presentes, entusiasmados con su hazaña a la vez que aliviados por su feliz resultado.

Tras abandonar la Laguna de los Claveles (2.119 m) continuamos la travesía de la gran planicie nevada en dirección a nuestra cuarta laguna, la de los Pájaros, a unos 900 metros de distancia. En este tramo el viento volvió a soplar con fuerza, esta vez echándonos las nubes encima, por lo que la temperatura bajó notablemente y hubo que protegerse de nuevo con las chaquetas cortavientos.

La Laguna de los Pájaros (2.170 m) es la más alta de todas las lagunas del Parque y una de las más grandes. De forma similar a la suela de un zapato, se trata de una laguna permanente, al igual que la Laguna Grande, a pesar de su escasa profundidad (max. 0,5 m). Esto se debe a la presencia de un sustrato limoso que impide que el agua se suma en el terreno. En la Laguna de los Pájaros nos encontramos con un amigo de Begoña — pasaba por allí… — que nos sacó la foto de grupo a los 28 que estábamos presentes.

Tras un breve descanso iniciamos el camino de regreso volviendo sobre nuestros pasos, siguiendo el trazado de la PR-15 y disfrutando de la incomparable majestuosidad de la Cuerda Larga en el horizonte.

A las 2:00 hicimos un alto en la llanura para comer el bocadillo, aunque debido al viento la parada fue más breve de lo habitual, a pesar de las espléndidas vistas.

Volvimos a descender por el caño grande hacia la zona de las Cinco Lagunillas siguiendo el curso del arroyo de Peñalara. El camino de regreso transcurrió sin mayores incidencias y siempre con la espectacular vista de la Cuerda Larga delante de nosotros.

A la altura del mirador de las Lagunillas el PR-15 reapareció de debajo de la nieve y pudimos quitarnos los crampones. En el mirador de Javier nos reagrupamos todos y empezamos el descenso final hacia el Puerto de Cotos. Al final de esta primera cuesta nos encontramos con el puente de madera que cruza el arroyo que desagua de la Laguna Grande, cuyas aguas, montaña abajo, se incorporan al caudal del río Lozoya.

Tras cruzar el puente giramos a la izquierda, siempre siguiendo el PR-15, que desciende bordeando la ladera hasta el pinar, particularmente hermoso en este tramo. Pasamos por la fuente del Cedrón con su agua fresca y cristalina; y tras pasar por un portón para el ganado llegamos de nuevo al Cobertizo del Depósito por el que habíamos pasado esta mañana. Aquí hicimos una breve pausa para tomar un respiro antes de descender el último tramo hasta el Puerto de Cotos donde nos esperaba la última parada (dulcis in fundo) en el bar.

Por las vistas espectaculares, la belleza imponente del paisaje glaciar aún cubierto de su blanco manto invernal pero ya con la primavera en ciernes; por las correrías del viento, que nos depararon un día de sol y nubes cambiante; y por la valentía de Esteban, esta excursión se merece la máxima nota, un 5. Fue un día redondo.
María Willstedt

FOTO REPORTAJES

miércoles, 6 de marzo de 2019

Excursión 450: Dehesas de Hoyo de Manzanares

FICHA TÉCNICA
Inicio: Hoyo de Manzanares
Final: Hoyo de Manzanares
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 14,1 Km
Desnivel [+]: 323 m
Desnivel [--]: 323 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 21

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Llevábamos meses sin que lloviera en Madrid y precisamente este miércoles iba a caer la del pulpo, según todas las previsiones, por lo que los habituales participantes de Alcalá de Henares, con Paco Cantos a la cabeza, lo tenían claro:

El miércoles lloverá
y es común conocimiento
el gran estremecimiento
que el agua, el frío y el viento
produce en los de Alcalá.

Así pues, ya lo sabéis:
como no es un frenesí
el mojarse porque sí,
no nos movemos de aquí.
¡Mañana no nos veréis!

Y ni mi desconfianza en los malos augurios les hizo cambiar de opinión: 

Qué cosa tendrá el agua,
que a los de Alcalá espanta.

Es de tener en cuenta,
que no hay ruta en la que con ella,
no se dieran la vuelta.

Como también es notorio,
que los del tiempo exageran,
esperamos que el agua no venga.

Los que sí vinieron para acompañarme fueron veinte incondicionales a los que el agua no les asustaba, o por lo menos no lo suficiente como para buscar alguna excusa y quedarse cómodamente en casa.

Pero los del tiempo, esta vez parecía que no se habían equivocado: desde el primer instante y hasta el final de la ruta no nos faltó el agua.

Con todo, los 21 valientes nos reunimos en los soportales de la Plaza Mayor de Hoyo de Manzanares para ajustarnos las polainas, impermeables y demás ropa para intentar mojarnos lo menos posible. 

Iniciamos el paseo por las dehesas de Hoyo de Manzanares, saliendo por la Avenida de Madrid (ctra M-618), continuamos por la calle de la Frontera y del Empedrado, para dejar el pueblo y adentrarnos en las primeras dehesas hasta llegar a un cruce de caminos donde se encuentra el Puente Molineros, formado por dos losas de granito que cruzan un arroyuelo.

Con el cielo encapotado y perdida toda esperanza de que cesase la lluvia, continuamos a la izquierda por una senda que transita por una amplia zona despejada, que al poco dejamos para seguir por un desvío a la derecha siguiendo un camino que pasa junto a un pilón abrevadero para el ganado y poco después alcanza el Alto de la Solana, con un punto geodésico situado a 1.002 metros y con un puesto de observación que en un día despejado tiene excelentes vistas, pero desde el que hoy no se veía nada.

Regresamos a la senda y por la derecha, continuamos por un camino que bordea una perrera, entre jaras y enebros para alcanzar la pista que va de los campamentos militares al Paque de Las Colinas, que seguimos hasta llegar a un pilón situado en una extensa pradera, donde nos reagrupamos, nos hacemos la foto de grupo y decidimos sustituir los fríos bocadillos bajo la lluvia por una comida calentita en Hoyo.

Ya más contentos, sabiendo la recompensa que nos esperaba, dejamos el camino, giramos a la izquierda por un humedal, hasta alcanzar los límites de la finca Navalvillar, para continuar por la bonita senda que transita siempre cerca del muro de la misma.

Con el muro a nuestra derecha, descendimos hasta llegar al arroyo Manina, uno de los que llenan el embalse de El Pardo, tras nacer a los pies de la Sierra de Hoyo. De él bajaba una cristalina agua que remontamos por una pequeña senda que entre robles, encinas y enebros se desdibuja a tramos, pero manteniéndose a pocos metros del arroyo, alcanzando al poco una zona despejada, por donde baja a la izquierda el arroyo de Chiviles. Sin duda fue ésta la parte más divertida y encantadora del recorrido.

Bajo una enorme encina paramos a tomar el tentempié de media mañana, aprovechando una pequeña tregua que nos dieron las nubes. Continuamos caminando entre una valla a la izquierda y el arroyo a la derecha, hasta que en la confluencia con el arroyo Valgrande giramos 90º a la izquierda, dejamos el arroyo Manina para remontar este otro, no tan espectacular, pero de bonito entorno.

Continuamos el suave ascenso sin cruzarlo hasta alcanzar un pilón, poco antes de llegar de nuevo a la pista de los campamentos. En este punto, los que tenían prisa por volver a Madrid y algunos otros que no querían empaparse más, continuaron rectos hacia el pueblo.

El resto continuamos por la pista de los campamentos, para al poco, al llegar al Cerro Camorrillos, abandonarla para continuar por la senda que sale a la izquierda que entre encinas, pasa junto a una valla metálica y después un muro de piedra por el Monte El Ejido hasta alcanzar la carretera M-618, que cruzamos para continuar por un camino que pasa junto a las instalaciones militares de la Academia y así llegar a una cantera de granito rosa porriño, ya en desuso y protegida por una cerca de madera.

Desde allí, con una lluvia redoblada y un viento cada vez más fuerte, salimos por el Camino de Manzanares, que después pasa a ser calle, alcanzando las primeras casa de la urbanización Navagrande, donde unos jabalíes se han acostumbrado a ir a buscar la comida que los vecinos les echan por encima de la valla metálica.

Callejeando, pasamos frente a la Colonia Vindel, un proyecto de Marcelo Usera, a quien se debe la planificación del conocido barrio madrileño, continuamos hasta llegar a la Plaza Mayor, tras alcanzar su fuente pilón y pasar debajo del Ayuntamiento, fianalizando así esta bonita ruta que si no hubiese sido por la lluvia la hubiésemos disfrutado como se merecía.

En el restaurante de la Cabilda, con un buen cocido y otros manjares, nos reconfortamos de tanta lluvia y viento, haciendo que aumentara la nota de esta excursión hasta conseguir un 4.
Paco Nieto

lunes, 25 de febrero de 2019

Excursión 449: Loma de Bailanderos y la Najarra

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de la Morcuera
Final: Puerto de la Morcuera
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 16,8 Km
Desnivel [+]: 990 m
Desnivel [--]: 990 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 31

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Con el recuerdo de la bonita excursión por la nieve realizada la semana anterior todavía aún fresco, treinta y un senderomagos y cuatro mascotas acudimos a la llamada de Antonio con la intención de repetir experiencia y con ganas de sacar partido a los crampones recién estrenados por muchos de nosotros.

Con ese ánimo llegamos al aparcamiento del puerto de La Morcuera, desde donde ya se podían apreciar unas bonitas vistas, que anticipaban las que nos esperaban más adelante. En un extremo encontramos el refugio y el hito que marca el inicio de la Cuerda Larga. 

Tras pasar la puerta de acceso en la valla de madera del puerto, giramos a la derecha y nos internamos en el pinar hasta conectar con la pista por la que discurre el GR-10.1. Durante esa parte del recorrido cruzamos el arroyo de la Najarra, el del Canchal y dejando el refugio del Vivero a la izquierda, el arroyo de Navahondilla; este último vadeándolo, ya que el puente tenía placas de hielo, lo que le hacía peligroso.

El tiempo primaveral nos permitía disfrutar, con animadas charlas y bonitas vistas, de esta parte menos exigente del trayecto.

Salimos del pinar para llegar a los Pinganillos, una pradera desde la que se divisa la Cuerda Larga y el ascenso que nos espera. Ahí nos reagrupamos y aprovechamos para hacer la foto de grupo. 

Continuamos la marcha y pasamos por el Refugio del Pinganillo, que se encuentra muy bien conservado y listo para utilizar. En esta parte del ascenso tenemos el pinar a nuestra izquierda y a la derecha vistas sobre Peñalara y los Montes Carpetanos.

Dejamos el camino para adentrarnos por una senda medio cubierta por el matorral que nos dirige en línea recta hacia la loma de Bailanderos y Asómate de Hoyos. Atravesamos de nuevo el Arroyo de Navahondilla y a su orilla paramos para reagruparnos y realizar el “Ángelus”, esto es, tomarnos el tentempié de media mañana.

Con las fuerzas repuestas continuamos la subida y al poco volvemos a parar para ponernos los crampones, ya que la nieve empezaba a hacer su aparición. A partir de ahí el ascenso se fue haciendo cada vez más duro, además de por la pendiente, porque en algunas zonas la nieve estaba hueca y pisabas en falso, lo que propició algún que otro tropezón sin importancia.

Cada uno a su ritmo, el grupo se fue dispersando, buscando el mejor trazado según las condiciones de cada uno. Eso sí, el día magnífico, y las vistas cada vez más espectaculares. 

Bailanderos nos esperaba a la izquierda mientras coronamos el pico Navahondilla que en el último tramo ganó en pendiente y que nos recibió con un viento un tanto desapacible, por lo que, tras las fotos de rigor, nos encaminamos hacia Asómate de Hoyos, donde buscamos ponernos a refugio del viento la mayoría del grupo para tomarnos el bocadillo.

Otra parte había continuado hacia Bailanderos y por “avanzados” les tocó pagar las cañas de después. Nos juntamos con ellos en el Collado de Pedro de los Lobos, base de este pico; ahí empezó el “baile”, propiciado porque los bloques rocosos que cubren la cima se balancean ligeramente al paso de una persona. Las grandes rocas nos obligan a avanzar con cuidado y el ascenso por el pedregal se hace bastante fatigoso.

La llegada a la cumbre bien merece un descanso, y con el día tan soleado muchos de nosotros optamos por tumbarnos a lo largo de las rocas en busca del primer bronceado. Mientras, otros disfrutaban de la espectacular vista de la Cuerda Larga y aprovechaban para fotografiar este impresionante entorno.

En este punto de la excursión el grupo se divide, ya que una parte decide abordar la Najarra (puro masoquismo, palabras textuales de los integrantes). El resto comenzamos el descenso siguiendo el PR-11. La opción a priori más sencilla y rápida se convierte en una bajada lenta y trabajosa debido a las placas de hielo que nos vamos encontrando por el camino. De hecho, cuando llegamos al aparcamiento el grupo de la Najarra acababa de llegar. Esta vez el grupo de Segovia se quedó sin cervecitas, pero el resto pudo disfrutar de la merecida recompensa en Miraflores; ya nos cobraremos la deuda en otra ocasión.

Mis impresiones de la excursión no han podido ser más satisfactorias: paisaje variado, nieve, crampones, buenas subidas y bajadas junto con un tiempo espectacular hace que le otorgue a esta marcha la calificación de 5 sicarias.
Celia Marazuela Sanz

miércoles, 20 de febrero de 2019

Excursión 448: La Pinareja desde Revenga

FICHA TÉCNICA
Inicio: Revenga
Final: Revenga
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 20,8 Km
Desnivel [+]: 1138 m
Desnivel [--]: 1138 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 36

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Excursión exigente la de hoy y, qué casualidad, me toca hacer la crónica a mí, que me estrené con el GMSMA en la excursión 110, ya hace más de 6 años, que empezó en las Dehesas y terminó con la subida a La Pinareja, aunque yo ese día fuí Estrella Fugaz y, junto a Rosa e Isabel nos dimos la vuelta en la base de la montaña. Así que empiezo con ganas de conquistar esta mítica Pinareja, el pico más alto de La Mujer Muerta. 

Esta vez habíamos quedado en la plaza de Revenga (que ha sido un barrio de Segovia entre 1971 y 1983) y aquí empezó el lío, porque en este pueblo no hay una plaza mayor. Unos aparcamos en la entrada (calle de la Sierra) y otros se fueron a la Iglesia. Pero como Revenga no es Nueva York, no hubo problema para encontrarnos. Esta vez nos juntamos 36 senderomagos y 4 mascotas. Muchos, teniendo en cuenta los 1000 metros de subida con nieve que nos había anunciado Antonio.

Salimos del pueblo caminando en dirección suroeste por un camino, dejando a los lados extensos prados con vaquitas pastando plácidamente. Hasta que llegamos al río Frío, que cruzamos sin problemas por un puentecillo de hormigón.

También tuvimos que cruzar la carretera N-603, que une San Rafael con Segovia y en seguida alcanzamos un pinar de encinas y robles, desde el que ya veíamos nuestro objetivo: la Mujer Muerta, cubierta de nieve. Teníamos que alcanzar la cabeza.`

Así que seguimos caminando dejando a nuestra izquierda la Cañada Real Soriana Occidental para adentrarnos en un bosque por el cerro de la Cachiporra con el cielo sobre nuestras cabezas cubierto de nubes, aunque en este día no llegaríamos a mojarnos. Seguimos el curso del río Peces y lo cruzamos sin puente pero sin problemas. Y empezamos a subir por un sendero poco perfilado donde en seguida encontramos las primeras nieves.

Atravesamos una impresionante pradera por donde baja el arroyo de la Cancha. Seguimos subiendo hasta que llegó la hora del Ángelus y nos tomamos un refrigerio y un respiro. Y ya encontramos nieve por todas partes. Alcanzamos el collado del río Peces, situado a 1758 metros. Los que tenían pinchos adaptables, que muchos estrenaron, o crampones se los colocaron aquí y los que no, pues rezábamos para que no hubiera hielo. 

Y empezamos el duro ascenso. Nos encontramos un mojón que seguramente señalizaba el coto de caza del Palacio de Valsaín. Mientras tanto, nuestras mascotas seguían correteando aunque ya notaban los efectos de la subida, Twitter y Vito a su bola y Kiro detrás de Mecha, que le gruñía. Las nubes se habían dispersado y el Sol nos alegraba el día, aunque la zona de Peñalara seguía cubierta.

Subimos en dirección suroeste hacia nuestro objetivo. Parecía que estaba cerca, pero cuando creíamos que habíamos llegado, aparecía otra colina detrás y luego otra…. Cada vez más nubes y la meta parecía más lejos en cada tramo. Y cada vez más hielo. Hasta que por fin, ¡llegamos a la cumbre de La Pinareja!

Nos hicimos la obligada foto de grupo y descansamos un rato, no mucho, porque las nubes amenazaban lluvia o, peor, nevada. Así que, para abajo rápidamente por el mismo camino, exceptuando la primera colina, que bordeamos, para no tener que volver a subirla. Hasta que Olga empezó una guerra de bolas de nieve a la que nos apuntamos todos. Si es que mucho abuelo, mucho abuelo, pero somos como niños.

Al llegar a las Peñas Zamarriegas nos desviamos a la derecha por la Cañada Real Soriana Occidental. Aquí mirábamos la montaña que acabábamos de subir y estuvimos discutiendo un rato si se trataba de la cabeza de la Mujer Muerta o del cuello. Finalmente, ganó el equipo de La Cabeza.

Al salir de la Cañada para dirigirnos al embalse de Puente Alta, tuvimos que pasar bajo un par de cercas. Tras surcar una loma, sin ninguna senda de guía, divisamos el embalse que abastece de agua potable a Segovia, Hontoria y al mismo Revenga, y que estaba precioso. El agua en calma era como un espejo donde se reflejaban los árboles y las montañas. Y algunos senderomagos no resistieron la tentación de hacerse unas fotos con sus dobles a la orilla.

Tras cruzar el enorme muro de la presa, que fue construida en 1953, siguiendo un apacible camino que bordea el embalse, enseguida llegamos a la carretera que va a Revenga, donde se tomaron las cervecitas de fin de ruta.

Por la belleza del paisaje, el fabuloso día sin lluvia y la dificultad de la subida, otorgo a esta bonita marcha la máxima calificación, 5 sicarias.
Raquel Clabo