miércoles, 2 de agosto de 2017

Excursión 362: Río Lozoya y Arroyo del Aguilón

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Isla

Final: La Isla
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14,6 Km 
Desnivel [+]: 321 m 
Desnivel [--]: 321 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 9

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

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RESUMEN

FOTOS

Fotos de José María Pérez

Excursión 361: Río Alberche

FICHA TÉCNICA
Inicio: Aldea del Fresno

Final:  Aldea del Fresno
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 6,4 Km 
Desnivel [+]: 73 m 
Desnivel [--]: 73 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 15

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Casi sin antelación nos invitó Enrique C. a Selem y a mi. Un día antes nos dijo que llevásemos bocadillo, agua y calzado adecuado. Llegó el día y partimos hacía Aldea de Fresno, acompañaba la mañana pero ni Selem ni yo sabíamos qué nos esperaba en el punto de encuentro, las afueras del pueblo, junto al río Alberche.

Allí, poco a poco aparecían amigos del club, hasta 15 nos reunimos. Separaron los coches, 5 en el inicio, 5 en el final. Todo pensado hasta el milímetro. Parecía un día perfecto, sin móviles, sin preocupaciones, sin pareja, la mente despejada, solo un objetivo empezar a andar y terminar en La Poveda, 8 km. a favor de la corriente del río Alberche.

Esperábamos encontrar “gente” como cada día que salimos a la calle pero tanto Selem como yo nos dimos cuenta que no era gente, eran personas, personas entrañables y sinceras, de esa calidad que cuesta encontrar. Pensaba que tenía suerte de conocer a una, luego dos, tres y así hasta el final y resulta que todos estaban cortados por el mismo patrón, aventureros y nobles compañeros de un viaje desconocido y buenas personas. Pero n
o nos pongamos sentimentales, vamos al asunto.

La ruta era fácil, algo pesada por el agua, al transcurrir enteramente por el lecho del río, pero fácil y lo mejor era que no había normas. Podíamos ir cada uno a nuestro ritmo, delante, detrás. Muy divertido, parecíamos una gran familia de vacaciones, como si nos conociéramos de toda la vida. No nos sorprendía nada de lo que hicieran los demás. Una de las anécdotas fue cuando alguien encontró una colchoneta de playa y la infló, yo nunca lo habría intentado, pero funcionó y pudimos descansar las mochilas guardadas cuidadosamente por Sol y Pepa.

Se llegó a un acuerdo que era el descansar a las 12:00 h. y encontramos una isla a mano derecha del río. Selem y yo nos integramos más en el grupo y compartimos aperitivos y tabletas energéticas. Yo muy feliz, pero el sumun fue cuando Jesús sacó la bota del vino de La Seca, casi lloro de entusiasmo, lástima que desde ese momento empezaron las restricciones, una bota mediana para muchos, resignación.

Paco dio la voz de alarma: "¡¡¡Que sube la marea!!!", pero no le dimos importancia. Calculo que estaríamos en el km. 3, faltaban 5, ya la teníamos medio hecha y pensábamos en la recompensa del final, la cerveza fresca. Pero no, este fue el punto de inflexión, Selem abría el camino después Marta, Lucas -su hijo- y el veterano de buceo profesional Julián luego yo y a unos metros los demás.

Una curva peligrosa, eso es, ellos a media cintura la pasaron y me dieron paso a mí, pero al rebasarla ya no hacía pie y me costó salvar del agua la mochila. Los de delante reían porque acababan de pasar sin nadar y yo no pude. Detrás, todos empezaron a tener más complicaciones, Enrique no pudo mantener seca su mochila y Ana tuvo que agarrarse a una rama para que no le llevase la corriente, era como si alguien hubiese tirado de la cadena y nos arrastrase a todos por la presión.

Antonio o San Antonio dio la primera orden, había que tomar una decisión, éramos un grupo de aventureros, no venía ningún marine ni legionario y tomamos y optó por lo más sensato, volver al punto de encuentro por tierra. Se reunió el grupo en una arboleda a la vereda del río y vimos como seguía creciendo la corriente, fueron momentos de incertidumbre hasta que comenzamos a sacar los alimentos que nos quedaban. La bota empezaba a estar medio vacía y las miradas de a quién le tocaba beber se cruzaban.

Ana y Antonio hicieron una incursión por el bosque a ver por donde podríamos llegar al sendero, los demás ya pensábamos llamar al Samur o al 112, al rato vimos un avión de salvamento y no nos hizo caso. Fueron los peores momentos, algunos almacenaban moras por si había demora pero regresaron los santos, San Antonio y Santa Ana y nos dieron las coordenadas para volver a la vía de regreso.

Iniciamos el regreso, camino de los coches, pasando merendero tras merendero sin ningún consuelo. Una vez en el aparcamiento, nos acercamos a la Poveda en coche, y en el trayecto todos hablaban de Ángel V. y lo comparaban con Fernando Alonso, por lo que corría, y además con una sola mano.

Aparcamos junto a un merendero, al lado de la
Ermita de Nuestra Señora de la Poveda. La mesa parecía que estaba puesta para nosotros, entramos los 15 y muchos tomamos dos cervezas, porque de la primera ni nos enteramos. Se nos pasó el tiempo volando en esa mesa y compartimos lo mejor, nuestras vivencias y anécdotas.

Tras el descanso, visitamos la Ermita y vimos al párroco que parecía italiano. Marta, Luca y Julián se despidieron. Los demás fuimos andando a un merendero cercano donde había una pequeña entrada al río, que ahora llevaba una endiablada corriente. Paco, con un valor extremo, se subió en lo más alto de un árbol y amenazó con tirarse. Todos le dijimos que no lo hiciera pero cuando uno es valiente, es valiente y se tiró. Casi lo lleva la corriente pero usó su fuerza y consiguió reunirse con el grupo. La siguiente en bañarse fue Pepa y casi la perdemos, el río tenía mucha fuerza pero la rescatamos a tiempo.

Ya nos íbamos, pero antes conocimos a un paisano que nos dice que podemos ir a su bar cuando queramos y nos advierte que sueltan el agua del pantano de Picadas a las 12 y lo cierran a las 9, excepto los domingos -que solo abren compuertas por la tarde- pero que como en el día de hoy nunca había visto el río tan cargado, ¡vaya!, hemos tenido mala suerte, habrá que volver en domingo.

Por lo divertida y la intensidad de los momentos vividos otorgo 4 sicarias a esta fluvial excursión.
Flavio.

miércoles, 26 de julio de 2017

Excursión 360: El Chorro y piscinas naturales de Navafría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Aparcamiento de las Lagunillas

Final: Navafría
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 18,5 Km 
Desnivel [+]: 329 m 
Desnivel [--]: 903 m 
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 3
Participantes: 10

MAPAS 
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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

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Esta es otra de las rutas ideales para la época estival. Todo el recorrido transita por uno de los bosques de pino silvestre con mayor extensión de Europa y que nos proporcionó protección contra el intenso sol, propio de esta época del año. El objetivo era llegar desde el puerto de Navafría, que une Madrid con Segovia, hasta el pueblo con el mismo nombre, buscando las refrescantes aguas del arroyo del Chorro y del río Cega, cuyos nacimientos están próximos al pico del Nevero (2.209 m).

Como esta ruta es lineal, quedamos en el pueblo de Navafría para dejar allí la mitad de los coches y con el resto subir al puerto donde comenzamos la excursión.

Iniciamos la ruta desde el aparcamiento de las Lagunillas, cercano al puerto de Navafría, donde hay una zona de picnic. Cogemos la sombreada senda que sale a nuestra derecha, en dirección norte, por donde llegamos enseguida al puerto.

Seguimos en dirección al refugio de Navafría, el primero de los que visitamos en esta ruta. El segundo lo encontramos al poco de seguir la pista, que en dirección noroeste discurre sombreada por los grandes pinos silvestres. Poco después llegamos al mirador-refugio de Navalcollado, con unas excelentes vistas del valle y donde nos detenemos para hacernos algunas fotos de grupo.

Continuamos y nos desviamos a la derecha para acercarnos a otro refugio, el de Navalcollado, precedido de una bonita pradera. Desde allí iniciamos un fuerte descenso hasta el refugio de Regajohondo, al pie del arroyo del Chorro (afluente del Cega), al que seguimos en su bajada por una amplia pista, que poco después dejamos para continuar por la senda que sale a nuestra izquierda, junto a un pequeño embalse.

Por esta pista continuamos, cruzando los dos arroyos que hay por la loma del cerro del Piemediano y entre ambos, visitar otro refugio. En una de las curvas dejamos la pista para descender por una senda que sale a la derecha señalizada como PR (creo que es el PR-M32), con marcas amarillas y blancas, en dirección al Chorro, al que se llega después de varias zetas. Antes habíamos hecho una parada para reponer fuerzas en el mirador natural del cerro de Castillejos, desde donde se contempla la parte alta del Chorro.

La cascada del Chorro de Navafría tiene una trayectoria recta con una inclinación bastante constante, con una buena anchura y muy uniforme, por lo que su forma se asemeja mucho a la de un tobogán. La altura del chorro es de 20 metros y está a una altitud de 1.320 m.

Bajo ella hay una pequeña poza donde las aguas del arroyo descansan para después seguir descendiendo hasta llegar al río Cega. Este es un lugar ideal para detenerse y darse un refrescante baño.

Tras contemplar la gran cascada, ascendimos por las escaleras de piedra que hay a la derecha de la chorrera, alcanzando a media altura de ella un mirador natural, y siguiendo el ascenso, con mucha pendiente y MUY PELIGROSO si estuvieran mojadas las rocas, por la lisa pared hasta alcanzar la cima del Chorro, en la que se encuentran unas bonitas chorreras y pozas en las que nos bañamos. Bueno… el que se bañó fue Paco, que no perdona ninguna, siendo la poza de arriba especial para él por los recuerdos que le traen de cuando se zambullía en ella en su juventud.

De allí, remontamos el arroyo del Chorro para alcanzar la amplia pista que habíamos dejado, que nos condujo al mirador de las Cebadillas, de bonitas vistas, y tras un par de curvas cerradas, dejamos la pista para continuar por un sendero que nos llevaría de nuevo al Chorro, donde finalmente nos bañamos y paramos a comer.

Tras el descanso, descendimos por la senda que baja paralela a la orilla izquierda del arroyo del Chorro, hasta alcanzar el parque recreativo llamado “El Chorro”, dotado de mesas, un restaurante y aparcamientos. Aquí paramos a tomar algo sentados en un banco de madera del bar, a la sombra de los pinos de la zona.

Continuamos atravesando la zona de mesas y parrillas que hay junto al río Cega hasta llegar a las piscinas naturales, donde de nuevo nos bañamos para continuar fresquitos hacia a Navafría. En esta zona han embalsado el río, marcándolo con piedras naturales y alisando el fondo para que sea más agradable el baño. Lo que lo rodea es una pradera de césped, no demasiado cuidada, pero lo suficiente para que se te haga agradable poner la toalla y tumbarte un rato.

Después del reparador baño, seguimos por la carretera que desde el Chorro va hacia el pueblo, dejándola al llegar a un puente que cruza el río Cega para después continuar por una senda que va pegada a una valla metálica. Ésta la dejamos para coger de nuevo otra senda que cruza de nuevo el río Cega por otro puente, continuando por una pista que pasa junto al Martinete, una antigua fábrica de calderos de cobre reconvertida en museo.

En un rato, llegamos al pueblo de Navafría, desviándonos a la izquierda para acercarnos a las Charcas, unas bonitas piscinas naturales en el río Cega donde nos bañamos nuevamente y algunos nos tomamos una cerveza bien fría, concluyendo así esta refrescante ruta, que califico con un 3.
Jorge Isidro Sánchez

FOTO REPORTAJES

miércoles, 19 de julio de 2017

Excursión 359: Los secretos del río Cambrones

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Ildefonso

Final: San Ildefonso
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,1 Km 
Desnivel [+]: 275 m 
Desnivel [--]: 275 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4,5
Participantes: 16

MAPAS 
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* Mapa 3D (archivo kmz)

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El río Cambrones esconde secretamente rincones poco conocidos, a pesar de ser un lugar muy frecuentado por los lugareños de la Granja de San Ildefonso, el descubrir alguno de ellos y disfrutar del frescor del agua de sus pozas, que aquí llaman calderas, es lo que nos motivó acercarnos de nuevo a él.

Tras las dos exigentes excursiones anteriores, era la opción ideal para recuperar la confianza en que las excursiones de verano eran “cortitas, suavecitas y fresquitas”, pues ésta cumplía sobradamente con las tres premisas, y además con buen tiempo y temperatura para andar.

A sabiendas de todo esto y que terminaríamos la ruta comiendo en un bar del pueblo, salimos muy contentos de la explana del Palacio de la Granja, continuamos por la Plaza de los Dolores, la calle de la Reina, para salir a lo Borbón, por la Puerta de la Reina, donde giramos a la derecha para proseguir por la calle del Pocillo, con el histórico edificio de la antigua Fábrica de Cristales frente a nosotros, hoy felizmente recuperado como Museo del Vidrio, así hasta llegar a la moderna Fábrica de Vidrio, donde nos desviamos por el camino de la Mata de la Sauca, siguiendo una sombría pista entre robles melojos, pasando por una finca de la Junta de Castilla y León cerrada, con amenaza de abejas para disuadir a los más atrevidos, y que siempre he deseado conocer.

Tras una amplia curva alcanzamos el Rancho de Berrueta, edificio bien conservado y con excelentes vistas de La Granja, continuamos hasta llegar a un paso canadiense y verja que sale a nuestra derecha a pocos metros de la curva, y que da acceso a una bonita senda que se acerca al río Cambrones hasta un puente de madera, construido en 2009, que cruzamos para luego pasar por un portón giratorio que sale a la derecha.

Desde allí, remontamos el río Cambrones hasta alcanzar una caseta y acequia de captación de agua, en un bonito paraje conocido como La Madre, al ver sus quietas agua algunos preguntan:
- ¿Nos bañamos ya?
- No, todavía no, aquí hay poca agua.
Y es que algunos, estaban ansiosos de agua y cualquier charca les parecía un paraiso. 

Había que andar un poquito más para llegar a la Primera de las Calderas, continuamos para ello por una senda que remonta el río Cambrones por su margen derecha, muy cerca de él. En ésta sí, muchos nos metimos, disfrutando de sus fría agua, que para nuestra sorpresa, no lo estaba tanto como esperábamos.

Saciadas nuestras ganas de agua, volvimos a retomar la senda, ascendiendo por una fuerte pendiente, para salvar un recodo del río, desde donde se ve la Caldera Segunda, otro secreto escondido de este sorprendente río. Unos metros más adelante, descendemos en busca de la Tercera Caldera, en la que nos esperaba Ángel Vallés, que se había adelantado para ir preparando la cuerda con la que quería medir la profundidad de esta poza.

Enseguida de nuevo casi todos en el agua, disfrutando de este idílico rincón, de aguas profundas y cascada preciosa al fondo, con un oculto jacuzzi horadado en la roca que hizo las delicias de cuantos nos atrevimos a llegar allí, mientras Ángel se afanaba en tirar la cuerda, marcada metro a metro con una piedra en su extremo, resultado de la medida: casi 3 metros de profundidad. Para mí, ésta es la caldera más bonita de cuantas tiene el río.


Tras el refrescante baño, con agua más fría que la anterior, volvimos a retomar la senda principal que remonta el río, primero algo separada del mismo y sin sombra alguna, y después muy pegada a él, pasando por una fuente de la que manaba un hilillo de agua y enseguida una poza con gran roca en su centro, justo antes de vadear el río.

Tras cruzarle, la senda obliga a remontar el repecho de la margen izquierda del río, forzando una pequeña trepada sin mayor dificultad, alcanzando al poco a la Caldera del Guindo, la más grande de todas ellas aunque no la más profunda, en la que una familia había instalado su cuartel de veraneo.

Pasamos de largo en busca de más intimidad, continuando la trepada, pasando por lo alto de la Caldera de Enmedio, que dejamos a la izquierda por su dificil acceso, llegando a la Caldera Negra, llamada así por su gran profundidad, que le da una oscura tonalidad a sus aguas, lo que no impidió que nos metiésemos en ella en tropel.

Al poco unos chicos nos amenizaron con una serie de saltos desde sus escarpadas orillas que ponían los pelos de punta y que alguno trató de imitar desde alturas más modestas.

El regreso lo hicimos volviendo sobre nuestros pasos hasta llegar de nuevo al puente de madera, y la pasarela que accede a la pista que baja hacia San Ildefonso, cruzando el Arroyo del Chorro Grande por el Puente de la Princesa, calle del Pocillo, Puerta de la Reina y Parador, regresando así al punto de inicio, la explanada del Palacio de la Granja.
La celebración de fin de ruta y la comida la hicimos en el bar Segovia, estupendamente atendidos por Belén, dando así por finalizada esta refrescante excursión veraniega.

Por todo ello, bien se merece una nota de 4,5 sobre 5.
Paco Nieto

miércoles, 12 de julio de 2017

Excursión 358: La Camorca desde Boca del Asno

FICHA TÉCNICA
Inicio: Boca del Asno

Final: Boca del Asno
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 18 Km 
Desnivel [+]: 884 m 
Desnivel [--]: 884 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 17

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta


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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
No soy yo muy dado al arte narrativo, pero ya que me pidió mi primo Paco Nieto hacer de cronista, se ve que andan escasos de voluntarios en estas fechas, allá vamos.

Nos citó en el aparcamiento del área recreativa de la Boca del Asno, una de las más concurridas los fines de semana de las cercanías de la Granja de San Ildefonso, aunque hoy y a estas horas de la mañana casi estamos solos. Aún no controlo quien es nuevo en el grupo, pero por lo comentado, había dos nuevos participantes, Valentín y Marien, bienvenidos.

Hechas las presentaciones comenzamos a caminar en dirección al río Eresma y tras cruzar un bonito puente de madera ascendimos por unos riscos. que ofrecen unas bonitas vistas de las cascadas y pozas que este estrechamiento rocoso forma en el río Eresma y que según parece debe su nombre a que se asemeja a la boca de un asno, aunque yo no le encontré el parecido.

Continuamos río abajo por lo que llaman el camino de las Pesquerías Reales, zona especialmente acondicionada para que el rey Carlos III disfrutara de su pasatiempo favorito. Pasamos junto a una roca que se asemeja a una barca, con escudo real y todo, poco antes de llegar aPuente de Navalacarreta, que pasmos bajo uno de sus ojos para después girar a la izquierdas, confirmandose lo que se rumoreaba, que dejábamos tan idílicos y fresquitos lugares para internanrnos en el bosque de Valsaín y lo que era peor, para ascender por una senda que aunque comenzó teniendo poca pendiente, cada vez se empinaba más. Si lo sé no vengo, fue lo primero que pensé, otra vez me ha engañado mi primo.

Menos mal que un pequeño desvío para conocer la Fuente de los Linos o del Tio Linos, que es como ponía el cartel, nos dio un pequeño respiro, amén de un agua muy fresquita que salia de un tubo con bastante fuerza y que alivió nuestra incipiente sed.

Retrocedimos para volver a la senda, más ancha, que traíamos, pero que enseguida dejamos nuevamente a la izquierda para seguir un sendero muy poco visible y olvidado de la mano de Dios, que puso a prueba nuestras rodillas y todos nuestros huesos, con pendientes del 40% crí entender, pero que a mi me parecieron del doble.

Aunque según contaron solo fueron 1,5 Km, a todos se nos hicieron eternos, menos mal que estaba libre de arbustos y no había que ir apartando ramas, que si no, todavía estamos allí ascendiendo los más de 300 metros que tenía.

Al alcanzar un pequeño collado algunos se echaron al suelo, no sé si para descansar o para dar gracias por haber llegado. La verdad es que al asomarnos al mirador natural que unos riscos cercanos proporciona, se nos olvidaron de momento todas las fatigas, al contemplar las cumbres que Ángel Vallés fue enumerando: Peñalara, Dos Hermanas, Peña Citores, el Puerto de Navacerrada, Siete Picos, Montón de Trigo, Collado de Tirobarra, La Pinareja y en primer plano, el Cerro de la Camorca, nuestro principal objetivo, y que a mi se me hacia muy lejos aún.

Sin aparente prisa descansamos en el collado mientras tomábamos algo entre trago y trago de un par de botas de vino, que con lo que pesan, era de alabar que las hubieran porteado hasta allí. Continuamos, ¿cómo no?, ascendiendo hasta alcanzar el Cerro Pelado, aunque la verdad, yo ni me enterré, porque entre que estaba rodeado de pinos y que es más plano que una plancha, ni nos dimos cuenta de haber hecho cumbre.

Bosque a través, descendimos sin senda a la vista y cruzando varios vestigios de trincheras hasta alcanzar una ancha pista, que luego me entré que se llama Cordel de la Fuenfría, justo un poco antes de la fuente del Cerro Pelado, de la que manaba una gota por minuto, como bien había pronosticado Valentín, buen conocedor de la zona. Al menos sirvió para que en su pequeña charca bebiera Teo, que llevaba una lengua más grade que su rabo.

Proseguimos por el cordel, en grato paseo hacia el Collado de la Comarquilla, que al poco de llegar a él dejamos para seguir por una senda empinada que sale a la izquierda y que en poco trayecto nos llevó al cerro de La Camorca y a sus 1.814 metros. En su cumbre hay un refugio, bastante apañado, en el que Paco escribió unas notas de recuerdo por su paso, en su libro de visitas.

Junto a las antenas también hay una caseta de vigilancia, donde un guarda vigila durante 11 horas seguidas los valiosos bosques que nos rodean, y los posibles fuegos que pudieran surgir. Tras hacernos muchas fotos, con las maravillosas vistas de fondo, y también la de grupo al pie de la escalera de la caseta, iniciamos el descenso.

Bajamos por la ancha senda que termina en la fuente de la Reina, en animada conversación y sin apenas esfuerzo, lo que agradecieron nuestros maltratados músculos después de las dos subiditas que arrastrábamos en el cuerpo. En la fuente, dudas de si comer allí o esperar a llegar al río, al final optamos por continuar, podían más las ganas de baño que las de comer. Tras rellenar agua en la fuente que dio nombre al puerto de la Fuenfría, por lo fria que siempre tiene su agua, nos volvemos a poner en marcha.

Continuamos por la la pista asfaltada, que según contaron era de uno de los ramales del GR-10, rodeada de pinos y helechos por la ribera del arroyo Minguete. Al llegar al puente del mismo nombre, nos desviamos a la izquierda para adentrarnos en el sendero de tierra que nos llevó al arroyo del Telégrafo, tras cruzar el arroyo de Nava las Horcas y del curioso nombre de arroyo las Pamplinas. Y tras dejar la pista y descender una loma, alcanzamos por fin la poza conocida como los Baños de Venus.

En la poza de tan mitológico nombre nos refrescamos, dándonos la mayoría un baño del que era dificil salir, y medio tumbados en sus rocas tomamos los bocadillos, bebiendo de la fuente que hay junto a ella y de, otra vez, las botas de vino que oportunamente afloraron no sé muy bien de quién. 

Tras el agradable chapuzón, continuamos descendiendo el Arroyo del Telégrafo por su margen izquierda, hasta alcanzar el río Eresma unos pocos metros después, al que acompañamos en su descenso hasta la Boca del Asno, vadeando previamente el arroyo del Tesoro y el de las Cárcabas. que venían casi secos,

Al alcanzar el Puente de la Boca del Asno, quisimos darnos otro baño en su magnífica poza, pero estaba atestada de chavales, lo que hizo que decidiéramos irnos al quiosco del área recreativa a tomarnos las cervezas y dar así por terminada esta exigente pero fantástica ruta.

Ah, y la calificación de esta ruta, que parece ser la pone siempre el cronista, es de 4, sicarias, estrellas, puntos o lo que sea, sobre 5.
Luis Aganzo

FOTO REPORTAJES
Foto reportaje de José María Pérez

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