miércoles, 20 de noviembre de 2019

Excursión 498: Cerros de Álamos Blancos y Cabeza Líjar

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alto del León
Final: Alto del León
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  13,2 Km
Desnivel [+]: 604 m
Desnivel [--]: 604 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 20

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Excursión 497: El Castañar de El Tiemblo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Castañar de El Tiemblo
Final: Castañar de El Tiemblo
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  13 Km
Desnivel [+]: 746 m
Desnivel [--]: 746 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: 
Ciclable: En parte
Valoración: 3
Participantes: 27

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















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TRACK
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RESUMEN
Precioso día para caminar por un bosque de castaños, robles y pinos con los colores típicos del otoño. Estamos en El Tiemblo. Aunque, nada más llegar al parking del castañar, nos cayó un chaparrón, el resto del día fue soleado sin más incidencias meteorológicas importantes, si exceptuamos un poco de viento racheado en el ascenso al pico de El Mirlo.

Bueno quiero explicar en primer lugar una anécdota que nos ocurrió a la salida del pueblo de El Tiemblo, por la carretera que lleva hacia el Castañar. Nos apareció de repente, un control de carreteras que inicialmente no supimos interpretar.

No sabíamos si eran guardias civiles por alguna infracción cometida, gente desalmada pidiendo dinero por alguna causa ilegal ,o como fue el caso, varias personas (tres o cuatro) cobrando un impuesto revolucionario por pasearse por el Castañar de El Tiemblo. Cobraban 6 euros por vehículo y dos euros por persona.

Quizás se enteraron por algún medio escrito o radiotelevisivo que el grupo de senderismo GMSMA iba a visitar el lugar con una decena de vehículos y una treintena de senderistas. No lo esperábamos porque el año pasado solo cobraban el impuesto en verano y en fines de semana, posiblemente porque el resto de días no les salía rentable.

No sé la justificación que explicaban, pues en el parking no había nadie y no tenía ni papeleras. En resumen gran enfado del personal, y muchos solicitando que los habitantes de El Tiemblo paguen por visitar Segovia y contemplar el Acueducto.

Pasado el enfado, comenzamos a caminar entre castaños con bellos colores de tonos otoñales y llegamos al Refugio de Majalavilla, quedamos admirados por el “Abuelo” (castaño con mas de 500 años) que está rodeado de una descendencia de hijos castañeros y atravesamos el arroyo Garganta de la Yedra para alcanzar los famosos Corrales de El Tiemblo, donde tomamos el tentempié de media mañana.

Después de recuperar fuerzas, comenzamos con la subida hacia el Pico del Mirlo. A la izquierda del camino observamos el Valle de Iruelas, con un bonito bosque de robles, en el que ya se ven los colores amarillo-anaranjados, típicos de la estación otoñal.

Llegamos al Pozo de la Nieve, antigua construcción, donde se almacenaba este apreciado producto, tan difícil de conservar en otros lugares. Dispone de una escalera metálica, renovada,  pues la anterior era de madera, por la que se puede descender hasta el fondo del pozo. Proseguimos el ascenso hacia el Pico del Mirlo, que se nos ofrece en la lejanía en toda su grandiosidad.

Todo el grupo quería ascender hasta la cima, exceptuando dos miembros del GMSMA, José María y el que suscribe, que ya habíamos ascendido en varias ocasiones y preferíamos contemplar tranquilamente las vistas desde media montaña.

Tomamos una pista que bordea el pico y quedamos con el resto del grupo en la intersección de nuestra pista con la senda de descenso del Pico del Mirlo.

Debido a varias indicaciones erróneas, recibidas por teléfono, sucedió que dos expertos senderistas, con muchos años de experiencia, y muchos kilómetros a sus espaldas, con el programa “OruxMaps” activado, continuaron bordeando una valla, luego de haber alcanzado el punto de reunión.

Por esa senda, de cierta dificultad, no lográbamos alcanzar el punto de encuentro, pues ya lo habíamos sobrepasado. Decidimos entonces seguir avanzando, a la búsqueda del camino de descenso del pico.

Este camino erróneo nos obligó a adentrarnos campo a través, por un bosque con grandes piedras, en el que separarse unos metros implicaba no ver persona humana en una corta distancia. Resumen: nos separamos y distanciamos, aunque sin la sensación de estar perdidos, pues sabíamos donde estábamos y podíamos comunicarnos por vía telefónica.

Así que nos dispusimos a recuperar fuerzas, por lo menos en mi caso, tomando el bocadillo castañero que nos había recomendado Antonio en el correo de convocatoria. Estábamos perdidos del grupo, estábamos perdidos del minigrupo de dos, pero no estábamos perdidos en la montaña. 

Utilizando el móvil y el “Orux”, informamos de nuestra posición, y a José María se le indicó que continuara hasta el pueblo de Casillas, el cual se divisaba cercano y para socorrerme a mí llegó un equipo de rescate, que me acompañó al aparcamiento del Castañar. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Después de recoger a José María en el pueblo de Casillas, nos reunimos todos “rescatadores“ y “rescatados” en un bar de El Tiemblo donde los segundos invitaron a los primeros a las cervezas de rigor. 

Por todo lo dicho, por los inconvenientes citados y porque no había castañas califico esta marcha con 3 sicarias, sobre un total de 5.
Nicolás Pizarro

FOTO REPORTAJES

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Excursión 496: El Abedular de Canencia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Canencia
Final: Puerto de Canencia
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  10,6 Km
Desnivel [+]: 610 m
Desnivel [--]: 610 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: 
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 40

MAPAS 
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TRACK
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RESUMEN
Este miércoles estábamos convocados por el Boss para disfrutar de una excursión de 15km y 700m de desnivel, por el abedular existente en la zona del puerto de Canencia, y que sería la número 496 del GMSMA (parece increíble el número de excursiones realizadas).

Hoy éramos 3 de los 4 miembros del GMSMA que vivimos por Aluche-Campamento, los que con la enorme ilusión que corresponde de unos niños sexagenarios nos pusimos en marcha a las 8.40 con destino al puerto de Canencia.

El fluido tráfico que encontramos, primera sorpresa del día, nos permitió realizar una parada previa en Miraflores para degustar el cafetito mañanero y compartir los primeros chascarrillos con otros senderomagos que también disfrutan de este pequeño vicio.

A la hora acordada, ya estábamos prestos los 40 participantes de la marcha de hoy.

Estos primeros minutos se me pasaron saludando al personal, conociendo a nuevos senderomagos incorporados este verano y canjeando billetes legales de banco por papelinas que dicen ser “décimos de la lotería navideña”.

Como siempre, tanto los senderomagos como las 5 mascotas caninas que también nos acompañaban hoy, estábamos inquietos y atentos a las evoluciones del Boss hasta que pronunció ese vocablo tan esperado cuando iniciamos marcha y tan odiado cuando te pilla a medio bocadillo: “Vámonos”

Nada más comenzar la ruta, me llevé la segunda agradable sorpresa del día, ya que esta vez iniciamos la excursión bajando (sí, sí, sí….bajando) desde el aparcamiento del Puerto de Canencia hacia el arroyo de Estepares en un suave descenso de 900 metros y 90 desnivel por pinares. Mientras unos bajábamos con pausado caminar en fila, los “senderomagos seteros” se esparcían por la ladera en busca del tan ansiado manjar y así prosiguieron a lo largo de toda la jornada, aunque al final no fue muy abundante lo encontrado. 

Giramos a la izquierda y atravesamos la M-629 para tomar la senda del Sestil de Maillo, pasando por debajo de un hermoso acebo cargado de fruto y caminando entre pinos y luego robles, hasta llegar al arroyo donde empezamos a ver los blancos troncos de los abedules.

Al llegar al arroyo del Sestil de Maillo dejamos la senda y seguimos aguas arriba unos 500 metros hasta donde se unen los 2 arroyos que lo alimentan: el arroyo del Toril y el arroyo de las Chorreras.

En este tramo, los que íbamos en cabeza nos enteramos que al parecer nuestra mascota “Mecha” había vuelto a desaparecer entre los arboles buscando alguna de sus aventuras (traducido: “Mecha se había perdido”).

Sus preocupadas dueñas las hermanas Clabo (Raquel y Lourdes) se volvieron por el camino andado….resultado: Mecha se añadió tan contenta de nuevo al grupo después de sus andanzas y las hermanas Clabo en su búsqueda, ya habían vuelto al puerto Canencia, donde se quedaron esperándonos hasta final de la marcha. Mecha a partir de ese momento quedó bajo la vigilancia férrea de Esteban F. con el que realizó el resto de la excursión.

También comentamos entre varios el buen clima que nos estaba acompañando, sin lluvia ni tanto frío como daban las predicciones, lo que para mí fue la tercera agradable sorpresa.

Además de las anécdotas anteriores, hay que reseñar que esta parte de la ruta tiene una especial belleza paisajística a lo que se añade, según he leído a posteriori, que en esta zona se conservan hasta 6 árboles que figuran en el catálogo de “árboles singulares de la Comunidad de Madrid”:
  • Un tejo que dejamos a la derecha a poco de cruzar la carretera (”tejo de la senda” nº229 ) con unos 10m de altura y 4m de perímetro, que debe tener más de 400 años.
  • Si hubiéramos seguido la carretera, que realiza una curva pronunciada en este punto, en el puente de la Pasada, unos poco metros más adelante, en una senda a la derecha, entre el arroyo y la carretera, hay otro tejo (”tejo del Sestil de Maillo.” ) con unos 8m de altura y 9m de perímetro, que debe tener más de 500 años. Este no lo pudimos ver.
  • En el camino que hicimos al otro lado del arroyo del Sestil de Maillo, está el “acebo puerto de Canencia nº76” con casi 200 años y 13m altura y 2 de perímetro.
  • En la zona que cruzamos el arroyo del Toril, hay un par de abedules, uno en cada margen del arroyo, que calculan tienen más de 130 años y con perímetros de 3-4m. (abedules del arroyo Toril I y II)
Atravesamos los dos pequeños arroyos del Toril (aguas arriba queda la famosa Chorrera de Mojonavalle) y de las Chorreras e iniciamos una subida con 100m de desnivel, más o menos, por la zona llamada “Hoya de la Vieja”, para alcanzar un cortafuegos a una cota aproximada de los 1600m, que ha sido la cota más alta de esta excursión.

A mitad de la subida realizamos la usual parada “del ángelus” que es una excusa como otra para tomar unos frutos secos y beber de las varias botas de vino que portan los senderomagos.

La ruta prosiguió dejándose caer por el cortafuegos a lo largo de 3km con un desnivel de 320m, siempre rodeados de pinos, viéndose de vez en cuando a Canencia en lontananza, y con las llamadas a Kiro de su dueña para que no se alejara del grupo.

Sin darnos casi cuenta nos encontrábamos de nuevo con la carretera M-629 pero esta vez a la altura de su km 12.

Cruzamos la carretera y caminamos unos 200m dejando a la izquierda el puente del Vadillo para reencontrarnos con arroyo del Sestil de Maillo al cual atravesamos y seguimos aguas arriba unos 200m.

Dejamos el arroyo subiendo hacia la izquierda unos 300m para coger hacia la derecha una senda que seguimos otros 200m entre pinares.

Las “estrellas fugaces” se despidieron del resto del grupo en este momento, siendo en esta ocasión acompañadas por otros senderomagos que hoy, a pesar de la suave y bella excursión, se sentían “flojitos” (no quiero poner nombres…) y decidieron subir directamente a comer el bocadillo al aparcamiento del puerto, siguiendo la cómoda pista que traíamos, coincidente con el PR-28, el sendero que une Pinilla del Valle con Canencia.

La verdad es que yo no tenía ni idea de dónde nos encontrábamos, pues me había pasado disfrutando de la agradable compañía y espectacular paisaje otoñal de la ruta, sin fijarme el rumbo que llevábamos. Fue Julian S. quien me indicó que estábamos muy cerca del Puerto de Canencia (unos 3km), lo cual fue mi cuarta agradable sorpresa del día, pues habían transcurrido las horas en un santiamén.

El Boss decidió bajar ahora hacia el arroyo del Hueco y subir aguas arriba hasta su unión con el arroyo de Estepares, punto donde le habíamos atravesado por la mañana. Después de tomar el bocadillo montañero y sacar una foto del grupo por esta zona, eran sólo las 3 de la tarde pero el Boss consideró suficiente lo gozado este miércoles y puso rumbo al Puerto de Canencia por el mismo camino que habíamos recorrido bajando por la mañana.

Yo distraído por lo agradable y placentero de este tramo, no caí en la sigilosa y oculta maniobra del Boss que me solicitó mi palo derecho y dijo: “ahora que tienes la mano libre haz como si escribieras”. No hizo falta más comentarios, sabía que me había encargado hacer la crónica de la excursión de hoy. 

Llegados a los coches me llevé la última sorpresa del día: por primera vez que yo recuerde la ruta había sido más corta (10,6km) que la prevista por el Boss (15km).

En el puerto realizamos una nueva foto de grupo, pero ésta vez incluyendo a los “flojitos” y a las alegres hermanas Clabo reencontradas con Mecha, y a continuación nos desplazamos todos a Miraflores de La Sierra donde tomamos las tradicionales cervezas pagadas en esta ocasión por Olga S. (estrena estrella y título de senderomaga), por Encarna C. (cumple), por Javier Miguel (cumple), por mi (me estreno de abuelo) y por Leonor (porque según nos dijo, se lo había pasado estupendo).

Siempre aceptando la posible corrección posterior de “nuestros mayores de estrellas muy superiores”, le doy a esta excursión 4,5 sicarias por “prestosa” y bella, aunque por dificultad sólo podría darle 2 sicarias.
Alejandro Merino

FOTO REPORTAJES

FOTOS

miércoles, 30 de octubre de 2019

Excursión 495: Cañón del Río Dulce y Pelegrina

FICHA TÉCNICA
Inicio: Pelegrina
Final: Pelegrina
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 15,4 Km
Desnivel [+]: 397 m
Desnivel [--]: 397 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 27

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
La alusión al río Dulce siempre trae a la memoria los pasajes de un tiempo inmutable en que la vida transcurría sin más cambios que los propios de las estaciones. Sin duda, la estación del otoño debía ser la que regalaba sus frutos con más prodigalidad para permitir a sus moradores soportar los inviernos rigurosos que se avecinaban.

Hoy, nosotros tenemos el privilegio de poder fundirnos con los colores de su paisaje sin más objetivo que disfrutar. Los de Alcalá nos han preparado una jornada a nuestra medida: Paco D. ha diseñado la ruta y José Antonio D. se ha encargado de que comamos merecidamente al acabar. Gracias a ambos.

Empezamos a caminar por la cuesta abajo que nos lleva al cañón en las inmediaciones de Pelegrina. Olga S. se da a conocer y pretende aprenderse el nombre de todos nosotros en el día de hoy; ya veremos si se acuerda en el próximo. Paz y sus amigas nos acompañarán a su ritmo.

Pronto estamos en el fondo del cañón, con las aguas calmas del río a nuestra derecha y los riscos elevándose en formas caprichosas en derredor.

El oro de los árboles tiñe el cielo y se empieza a derramar entre el verde del suelo. Llegamos a una caseta pegada a la pared de roca donde paramos un momento y Paco N. nos explica su por qué, haciendo alusión a las frecuentes grabaciones de naturaleza que “nuestro amigo Félix” realizaba en estos lugares.

Continuamos entre charlas el camino y llegamos al punto en que se nos ofrece la posibilidad de acceder a una cascada. El camino no es fácil, pues hay que pasar por una faja de roca a una cierta altura, pero, como la piedra no está mojada y una cadena facilita la operación, la mayoría nos aventuramos por la promesa de la cascada.

Lástima que, al llegar, solo nos encontramos con la roca desnuda y seca; según nos dicen los más conocedores del lugar, en épocas de estío el agua se filtra entre la roca calcárea y emerge unos cientos de metros más abajo, donde corre por el cauce del río.

Regresamos de la cascada fantasma por el mismo camino y cruzamos a la otra margen del río. Seguimos una senda fascinante que, en requiebros y altibajos, sigue la corriente del río, el cual discurre entre vegetación de ribera, ora por juncos y espadañas, ora formando repisas calcáreas donde el agua cantarina se derrama.

En torno a la senda y el río, antiguos huertos, muchos de ellos ya olvidados, albergan frutales y nogales de gran porte; aún se pueden ver algunas nueces entre las hojas caídas. Llama la atención la sinfonía de colores, especialmente el dorado de los membrillos, que parece haber teñido las enormes copas de los nogales.

Dejamos el cañón por un antiguo camino de herradura que nos eleva hacia el páramo. A poco más de media altura nos sentamos a tomar el tentempié mientras contemplamos la hipnótica estampa de los chopos fulgurantes de oro y fuego, recortándose en el promontorio sobre el que despunta la silueta del castillo de Pelegrina. A su derecha, el pueblo reposa a su abrigo.

Toca ahora caminar por la paramera, primero por caminos sinuosos que discurren entre encinas y luego por rastrojos ya medio desvaídos para nuestra suerte. Después tomamos un sendero que nos lleva hacia el pueblo de La Cabrera por el Barranco del Hocino, en una cuesta que atraviesa terrenos de todos los ocres imaginados.

En la Cabrera reencontramos el río; lo seguimos aguas arriba por el llamado Camino del Cid, primero encajonado entre roquedos y más tarde por un valle abierto en tierras de cultivo. Aunque hay que caminar deprisa, para llegar con tiempo a la cita en el restaurante, el cuerpo se adapta bien, ya que es un camino llano y muy agradable, si exceptuamos el tramo final de subida a Pelegrina.

En este último trecho es donde Antolín se llevó buen susto al ser atacado por las avispas de un avispero camuflado entre la maleza; según me contó, él caminaba inocentemente, pero alguien había enredado para ver qué era aquella masa extraña; el enredador salió corriendo y Antolín, sin comerlo ni beberlo, se llevó la peor parte.

Menos mal que Fernando tenía a mano una medicación a base de endorfinas que cortó la reacción. Aviso a los senderomagos: Por favor, cuidemos a Antolín, es una institución; si, encima de que últimamente le vemos poco, cuando viene le jugamos estas malas pasadas, nos va a acabar olvidando.

Finalizamos el día con la comida en el restaurante Bajá, donde se dispuso una mesa para los que tomaron asado de cabrito; muy bueno pero algo escaso. El resto compartimos un abundante cocido, a excepción de Carolina y Lucío, que se trajinaron un suculento chuletón.

Como siempre, un día más inolvidable, en compañía de estupendos amigos. Madi concede 4’5 sicarias a esta excursión. Si nos lo pasamos igual de bien, la próxima vez que venga Antolín y no le piquen las avispas, serán 5. 
Melchor


Han pasado ya dos años
de aquella excursión cansina
al pueblo de Pelegrina
en la que tanto llovió
que en la hoz del río Dulce
aquel intenso aguacero,
como sopas —no exagero—,
nuestro cuerpo nos dejó.

Esta vez sí que acertamos
vimos los chopos dorados
contra el cielo recortados
entre un intenso verdor,
en un ambiente de otoño,
temperatura agradable
y lluvia poco probable,
un tiempo mucho mejor.

Empezó nuestra andadura
cuesta abajo, rodeados
por los riscos elevados
que la erosión modeló,
y en la caseta de Félix
Paco unas explicaciones
dio, sobre las grabaciones
que «nuestro amigo» filmó.

Al fin llegamos al punto
donde empezaba el jolgorio:
la cascada del Gollorio,
un paso que da pavor,
menos mal que no llovía
pues sería una faena,
que agarrado a la cadena
te cagaras de terror.

¿Y en la cascada que vimos?
la roca seca y desnuda,
pues la sequía es aguda,
¡vaya una desilusión!;
por consiguiente tuvimos
que volver, ¡vaya faena!,
otra vez por la cadena
todo el grupo en procesión.

Por la otra margen del río
avanzamos contemplando
como nos iba dejando
el otoño su esplendor,
ofreciendo a nuestro paso
con los árboles frutales
y numerosos nogales
sinfonía de color.

Abandonamos el río
por camino de herradura
y al llegar a cierta altura
tomamos el tentempié,
mientras juntos admiramos
el arbolado amarillo
y allá en lo alto el castillo
que encaramado se ve.

Proseguimos nuestra ruta
por el páramo con prisa,
que el horario lo precisa,
para llegar puntual
a la Cabrera, pasando
por terrenos descuidados,
atravesando sembrados
en un entorno rural.

Cuatro habitantes detenta
el censo de la Cabrera,
pocos, pues se considera
despoblación general,
pero, por sorpresa, vimos
niños jugando, ¡qué extraño!,
pues aquí hay algún engaño:
una excursión colegial.

Por el Camino del Cid
seguro el grupo camina
directo hacia Pelegrina,
sobrevuela algún rapaz,
entre tierras de cultivo
por el río, aguas arriba,
avanza la comitiva
aventurera y audaz.

Al pasar, junto al camino,
¿qué es aquello tan curioso?
¡avispas, qué peligroso!
—renuncié a tocarlo al fin—,
pero otro más marrullero
escarbó en el avispero
y picaron a Antolín.

Al fin se vio Pelegrina
con su castillo en la cima;
vemos como se aproxima
ya la hora del yantar,
vayámonos apurando
que el horario es muy tardío,
el cocido estará frío
y habralo que calentar.

Así empezó la comida:
los del cocido a la diestra,
el cabrito a la siniestra,
y el banquete comenzó;
el chivito quedó escaso
mas como sobró cocido,
como hermanos compartido
este se les ofreció.

Por el día inolvidable
y amistades solidarias,
cuatro con cinco sicarias
el cronista puntuó,
lástima que las avispas
sean agresivas criaturas
porque por sus picaduras
las cinco no concedió.