miércoles, 7 de octubre de 2015

Excursión 255: El Campillo de San Isidro

FICHA TÉCNICA
Inicio: Arganda
Final: Arganda
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  16,8 Km
Desnivel [+]: 218 m
Desnivel [--]: 218 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí

Ciclable:
Valoración: 3,5
Participantes: 38

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta











TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Pocos Parques Naturales pueden presumir de tener metro y tren para acceder a ellos, como es el caso del Parque Regional del Sureste de Madrid, y para conocerlo 38 participantes nos reunimos en el Museo del Tren, en La Poveda de Arganda, con dos nuevas participantes, Casilda y Carmen.

Entusiasmados como niños, admiramos el trabajo de recuperación que la Asociación Cultural Centro de Iniciativas Ferroviarias Vapor-Madrid ha realizado, recreando lo que era el viaje en el tren de Arganda, de todos conocidos por el que pita más que anda.

Y siguiendo su trazado iniciamos la ruta en dirección a la laguna del Campillo, atravesando el puente de hierro pintado de verde que salva el río Jarama, frontera natural con Rivas-Vaciamadrid, que hace las delicias de los críos que lo cruzan subidos en el tren y que a nosotros nos puso a prueba en equilibrio por su escueta acera.

El día era placentero, sin excesivo calor y con un  cielo decorado de nubes blancas de algodón para regocijo de los fotógrafos y felicidad de todos.

Apenas llegamos a las estribaciones de la laguna, nos desviamos hacia uno de los riscos de los acantilados que dominan el horizonte, y remontando su ladera, dimos con un refugio de ametralladora, uno de tantos de la zona, utilizado como puesto de vigilancia privilegiado de la carretera de Valencia y sus aledaños en la Guerra Civil.

De nuevo en la planicie, caminamos por un pinar hasta alcanzar la última parada del tren, junto al cual se arremolinaban los peques para hacerse la foto de grupo, con gran orden y disciplina que para nosotros la quisiera José María.

No tardamos en remontar la cornisa de los cantiles para tener mejores vistas, recorriéndola a la vez que admirábamos las espléndidas panorámicas de las lagunas, el paraíso de las aves, el río Jarama, su verde ribera y las llanuras circundantes.

En uno de los cortados paramos a reponer fuerzas, poco antes de llegar al vértice geodésico del Campillo, punto más alto del cerro del Campillo de San Isidro, donde estupefactos contemplamos allá abajo el río Jarama, adornado de sotos, los prados de El Piul y las lagunas de Velilla, de un azul intenso.

El regreso lo hicimos por el árido Barranco de los Cazadores, bordeando las urbanizaciones más orientales del municipio de Rivas-Vaciamadrid, ejemplo sin igual de explosión demográfica y del ladrillo, que le hizo pasar de los escasos 500 vecinos de 1980 a los más de 80.000 actuales.

Quedaba acercarnos al puente de Arganda, escenario  de la Batalla del Jarama, todo un símbolo de la resistencia durante la Guerra Civil, que mantuvo la comunicación entre el gobierno republicano, desplazado a Valencia, y Madrid. En su extremo sur nos hicimos la foto de grupo.

De camino a Arganda, recorrimos la pista que transcurre entre la parte sur de la laguna del Campillo y el Jarama, disfrutando de las vistas de las aguas calmas de la laguna, en las que se posaban las aves, como levitando, y las no tan sosegadas del río.

Alcanzadas las vías del viejo ferrocarril, cruzamos de nuevo el puente de hierro que nos devolvió al Museo del Tren, desde donde nos trasladamos a Morata de Tajuña para celebrar en el restaurante El Cid el final de la excursión. 

La visita obligada al Museo de la Guerra puso fin a esta bonita ruta que se ha merecido de sobra 3,5 sicarias.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJES

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