sábado, 30 de enero de 2016

Excursión 275a: Castillo de Otiñar

FICHA TÉCNICA
Inicio: JV-2222 Km 13,8
Final: JV-2222 Km 13,8
Tiempo: 1 hora
Distancia:  2,5 Km
Desnivel [+]: 220 m
Desnivel [--]: 209 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 33

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta










TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN

Como aperitivo para patear la sierra de Jaén, de camino a Matamulillos y la Chimba, Paco D. nos había preparado una paradita en el castillo de Otiñar; así estirábamos un poco las piernas.

El día anterior, en nuestro recorrido urbano por Jaén y sus monumentos, ya muchos de nosotros habíamos quedado sorprendidos del relieve tan accidentado en que se asienta la ciudad, con escabrosas montañas enmarcándola en su parte sur. Hoy tocaba adentrarnos en la sierra por el valle del río Quiebrajano, por el cual discurría una de las  principales vías de comunicación con Granada en la Edad Media.

Como consecuencia de la conquista de Jaén por Fernando III, éste firmó con el rey nazarí de Granada, Alhamar, un tratado muy ventajoso para el rey cristiano, el Pacto de Jaén, en el que se establecieron nuevas fronteras con el reino de Granada que permanecerían casi inalterables hasta la conquista de dicho reino por los Reyes Católicos (Wikipedia dixit). Pues bien, el castillo de Otiñar se encuentra situado a dos leguas en línea recta de la ciudad de Jaén, distando una legua más de la antigua frontera, de lo que fácilmente se infiere que se irguió como puesto de vigilancia y defensa de la ciudad de Jaén.

La carretera que se interna en el valle serpenteando desde la ciudad ya ofrece en sí misma el atractivo de unas vistas esplendidas de la sierra y el valle, discurriendo en buena parte sobre los cañones del río. Cuando se alcanza la cota próxima al cauce, pasado el desvío a la población de Otiñar, a la derecha se abre el barranco de La Tinaja, por el cual se accede al castillo.

Nada más comenzar a andar, Paco D. llamó nuestra atención para que nos fijáramos en la gran concavidad rocosa formada bajo la colina que sustenta el castillo. En ella se pueden apreciar, amén de rastros de fogatas intemporales, diversos petroglifos, entre los que predominan los formados por varios círculos concéntricos. Parece ser que datan de la edad del cobre y pudieran tener relación con sepulcros colectivos de la época.

Siguiendo la senda que avanza por el barranco y girando a la izquierda, se observaban ya los restos del castillo, pero, antes de continuar, nos entretuvimos a media ladera recreándonos con un espléndido almendro en flor, una señal más de que este invierno no es invierno.

Enseguida llegamos a los restos del castillo, entre los que deambulamos haciendo nuestras propias hipótesis sobre el uso que tenían en su momento las diversas dependencias. Destacaba, entre todas, la torre del homenaje, aún erguida en buena parte. Desde sus proximidades oteamos el paisaje, alzando la vista para contemplar las elevadas cumbres que nos rodeaban.

Antes de abandonar las ruinas, mientras seguíamos aventurando usos remotos del lugar, Jesús C., a la vista de varias buchacas distribuidas en línea en la base de la construcción, hizo la más imaginativa predicción de todas: Que servían para introducir maderos y que así, cada año, los costaleros de Jaén pudieran sacar el castillo en procesión.

Ya sólo quedaba bajar por el mismo camino y continuar viaje unos cuantos kilómetros más en dirección a nuestro objetivo principal del día.

Este paseo inicial fue cortito pero muy chulo. Madi le otorga 4 sicarias y media. 

Melchor

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