miércoles, 10 de mayo de 2017

Excursión 345: Cueva del Maquis y Cancho Mágico

FICHA TÉCNICA
Inicio: Mataelpino
Final: Mataelpino
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  10 Km
Desnivel [+]: 736 m
Desnivel [--]: 736 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 17

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














RESUMEN

Interesantísima jornada la de esta excursión, a la que hemos llamado ‘Cueva del Maquis- Cancho Mágico’, pero que bien podremos recordar por muchos otros nombres: ‘La de las excusas’, ’la de hacer camino al andar’, ‘la del buitre’, ‘la de los 13 magníficos’, ‘la de sólo una chica’, ‘la cortita’, ’la entretenida’,  ‘la de los patucos’, etc …. Veamos el motivo de estos nombres alternativos:

LA DE LAS EXCUSAS: Por la gran cantidad de ‘esta me la pierdo, y bien que lo siento, que lo paséis bien’ que ha habido y las correspondientes excusas: los nietos, ir al pueblo, ir al médico, estar de obras, es que me duele aquí, estar de vacaciones, etc …. Faltó un ‘estoy concentrado para el partido de esta tarde’ (ji, ji ..)

LA DE LOS 13 MAGNIFICOS: Ya que tan solo 13 gemesmanianos terminamos la excursión.

LA DE SOLO UNA CHICA: Pepa, la única chica de entre los 13 que terminamos ¡bravo por ella!

LA DE SE HACE CAMINO AL  ANDAR: Pues por eso, una buena parte del camino era ‘sin camino’ y hubo que apañárselas como pudimos, haciendo camino al andar.

LA DEL BUITRE: Por el nido de buitre, con polluelo incluido que tuvimos la suerte de encontrar y contemplar. No pienso decir donde, por cierto.

LA CORTITA: A priori iban a ser sólo 8 km, super cortita, si bien al final fueron 2 km maá. ¡que raro! ¿no?.

LA ENTRETENIDA: Porque lo fue y mucho. No sólo por las vistas, el Cancho Mágico, el buitre, etc. Sobre todo por lo de ‘hacer camino’, que resultó entretenido y hasta divertido.

LA DE LOS PATUCOS: como método infalible para determinar el sexo de animales o plantas, por ejemplo el de la jara. Por el color de los patucos.

Bueno, volviendo al tema de la asistencia, pasemos a analizar algunas frases o palabras que incluidas en las convocatorias del jefe permiten una previsión del volumen de asistentes.

Conceptos como "tranquila excursión", "apenas desnivel" o "y para terminar comeremos en …", suelen ser indicadores de mucha asistencia. Por otro lado, si Antonio dice cosas como "llevar mucha agua",  "si la lluvia nos respeta", "700 metros de desnivel" pues lo contrario, y no digamos lo que incluyó en esta ocasión: "consolidar el camino, llevar manga larga, pantalón largo, guantes" y "posibles arañazos", pues peor aún: Pírrica asistencia.

Y es que el campo es campo, y el monte es monte. Y en el campo o en el monte llueve, hace sol, hay bichos, cuestas , piedras, rocas, jaras, pinchos e incluso muchas, demasiadas, vallas y alambradas.

Bueno, al grano, el punto de encuentro era el aparcamiento de Matalpino, pero resulta que hay varios, por lo que a alguno nos tocó andar un tanto perdidos hasta encontrar el correcto. Éramos muy pocos, 17 ¡ sólo 17! Menos de la mitad de lo habitual de los miércoles. Y nos disponíamos a recorrer el mismo trazado que unas semanas antes habían hecho un grupito de exploradores gemesmanianos.

Avisados estábamos de que una parte iba a ser muy dura, la subida, por su fuerte pendiente y sobre todo porque en este tramo no había un camino claro ni mucho menos, por lo que tendríamos que abrirnos paso entre las jaras como buenamente pudiéramos. De ahí el riesgo de arañazos, la conveniencia de llevar manga y pantalón largos, etc, e incluso la necesidad de trabajar para conseguir hacer camino, Uff, "trabajar"·, esa sí que es una palabra elimina asistentes.

Comenzamos a andar saliendo del pueblo por el este, utilizando un tramo del GR10, cruzando por primera vez el Arroyo de las Callejas y poco después el Arroyo del Palancar, continuando por la pista Cañada de los Cobachuelos, llana y ancha. Este camino de rosas nos indujo a pensar que tal vez el jefe se había liado o nos había gastado una broma al informarnos sobre la jornada. ¡ Ja , Ja! ¡Y una porra! Cuando llevábamos cerca de 2 km ¡zas! Nos salimos de la pista hacia la izquierda e iniciamos un brutal ascenso casi vertical, por la Senda de la Cueva del Maquis, por llamarlo de alguna madera. Era un senderillo en muy malas condiciones pero al menos transitable y adivinable. Tras un rato de ascenso implacable las cuatro estrellas fugaces de la jornada se dan la vuelta, viendo lo que aún les esperaba por hacer, y sólo nos quedamos ´los 13 magníficos’ y entre ellos Pepa ¡ super Pepa!, la única chica que completó la jornada.

El terreno se hacía cada vez más duro y empinado y ‘el camino’ ya había desaparecido. Nos guiaba Cristobal, unos de los exploradores de semanas atrás, usando como referencia las rocas de la cumbre así como las señales de piedras que ellos mismos habían colocado en su reciente paso. Pero la vegetación era exuberante por lo que tuvimos que esforzarnos para avanzar y habilitar un paso aceptable. También hubo que trepar por rocas, incluso pasar con dificultad por algún hueco entre ellas. Y sí, sufrimos arañazos, muchos menos de los previstos, y además resultó divertido y entretenido. Yo iba de los primeros, y era gracioso mirar hacia atrás y ver la fila entera medio agachada, mirando hacia abajo, trabajando para poder avanzar. Alguien me dijo que el que cerraba el grupo ( un tal Sant….) no colaboraba mucho, al fin y al cabo, como era el último pues estaba verificando que realmente se podía caminar tras nuestro paso, oye también es verdad ¿no? Era el de Control de Calidad.

Tras un rato largo llegamos a uno de los puntos de interés del recorrido, un viejo alcornoque de tronco gordísimo y hermoso que parecía brotar de la nada entre las rocas próximas. Me llamó la atención que pese a lo complicado de llegar hasta él, hubiera un cartelito que requería respetarlo, evitando pisar sus gruesas raíces que sobresalían de la tierra para no deteriorarlo.

Un poco más de ascensión y llegamos a otro de los reclamos: La Cueva del Maquis, así llamada por que tras la Guerra fue utilizada como refugio por un grupo de maquis  de la zona, cuyo líder utilizaba el pseudónimo de Severo Audel de la Paz, de ahí que también se la llame Cueva de la Paz. Al parecer en ella tenían una rudimentaria imprenta y todo. Realmente no es una cueva, más bien un hueco amplio formado entre grandes rocas apoyadas unas en otras y con una segunda entrada más pequeña, pudiéndose pasar de lado a lado de forma razonablemente cómoda. Triste, muy triste el estado en que se encontraba, llena de pintadas por todas partes. En fin, muy difícil llegar hasta allí, pero los vándalos también llegan si se lo proponen. Paramos un rato para hacer el bocata del Angelus.

Más ascenso, el camino ya es algo más asequible hasta llegar a lo alto, en concreto al Collado de las Loberas. Una vez aquí tomamos hacia la izquierda la Senda de los Porrones, que era un camino claro y perfectamente definido. En el primero de estos porrones que nos encontramos aprovechamos para hacernos la foto de grupo,...bueno, de mini grupo.

Seguimos por esta senda, que trascurre por las cumbres de la cuerda, con breves paradas de vez en cuando, para admirar el paisaje espectacular a ambos lados. El tiempo era bueno, incluso soleado, en contra de las previsiones iniciales, según las cuales iba a llover todo el día. Pero no: Ni una gota. Seguramente tuvo mucho que ver el pacto secreto de Antonio con San Pedro.

Pasamos por el Cancho de las Porras, ya estábamos muy cerca de otro de los reclamos de la excursión, el Cancho Mágico. Teníamos ganas de volver a él, hacia más de dos años de nuestra última visita a este sitio y tenemos un recuerdo muy especial. En aquella ocasión la subida fue menos dura en cuanto al trazado si bien a alguno nos tocó subir llevando un peso extra a nuestras espaldas. Parada obligada en Cancho Mágico, claro está, buenas vistas y mejores recuerdos. Fotos y más fotos.

Ya nos queda poquito para iniciar el descenso, antes pasamos el Cancho Porrón e inmediatamente después, en el Collado Porrón, giro a la izquierda y nos tiramos hacia abajo, a tumba abierta hacia Matalpino. La pendiente es fuerte, similar a la de la subida, en torno al 40% de media, dividida en dos partes separadas por una pradera, en la que hay restos de una vieja cabaña, y por el Arrollo de las Callejas, que cruzamos de nuevo.

Ahora sí podemos admirar la belleza de la retama florecida, y de las jaras, polemizando sobre el sexo de cada planta ¿ cual será macho y cual hembra? ¿ las de flores con manchas rojas en la base de los petalos o las totalmente blancas?, fácil solución, ‘patucos azules’ son machos y ‘patucos rosas’ son hembras ¿no?, vamos, de toda la vida. Incluso vimos peonias en varios puntos del camino y en todo su esplendor, preciosa flor difícil de ver por su corta duración y su escasez, de ahí que resulte complicado pillarla en el momento justo.

Tras esta pradera otra vez fuerte descenso, que termina en otra más amplia y acogedora, cruzando de nuevo el Arroyo de las Callejas, con un mar de florecillas tipo Heidi. Nos reagrupamos antes de continuar. Ya nos queda muy poquito, estamos casi el Matalpino, donde llegamos en un último tramo de suave descenso y entrando, al igual que habíamos salido, por otro tramo del GR10.
En resumen:
Dura jornada, pero no tanto.
Nada de lluvia, ni una gota, pese a las pesimistas predicciones.
Fantásticas vistas, del paisaje, de la vegetación e incluso de la cría de buitre (insisto en no decir en qué punto lo encontramos). 
Y bajas, muchísimas bajas, y mínima asistencia.
Por la dureza y lo que vimos, esta excursión se merece 5 sicarias.
Jorge Montero.

FOTO REPORTAJES

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