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sábado, 10 de mayo de 2025

Excursión 845: Estrómboli. Sicilia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Isla de Stromboli
Final: Isla de Stromboli
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 9,1 Km 
Desnivel [+]: 418 m 
Desnivel [--]: 418 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 19+13

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Un buen día, allá por noviembre de 2024, nos propuso Antonio participar en un nuevo viaje internacional preparado por Paz. En el que, además de conocer nuevas tierras, aprovecharíamos para practicar nuestra actividad favorita subiendo volcanes. El viaje sería a las Islas Eolias y a Sicilia. Los volcanes Stromboli, Vulcano y Etna serian nuestros objetivos.

Es el cuarto año consecutivo en que Paz nos prepara un viaje. Y esta experiencia, al igual que las anteriores, resultaría fabulosa. Si bien, en esta ocasión, los de mi grupo (el primero de los dos en que se dividió esta experiencia) nos quedamos sin disfrutar de la última jornada senderista programada. Ese día resultó muy lluvioso, nos quedamos sin excursión y sin alternativa. Ni la lluvia, ni la nieve, ni el viento, ni el calor, ni el frio, han sido nunca impedimento para que el GMSMA realizara una excursión. En esta ocasión un motivo lo impidió: El agua, y no sólo porque nos fuéramos a mojar caminando. En fin, cosas que pasan.

La primera de las excursiones sería la subida al volcán Stromboli, con 926 metros sobre el nivel del mar, si bien la altura real del volcán es de unos 2000 metros de los que más de la mitad están bajo el agua. Da nombre a la isla, una de las Islas Eolias en el mar Tirreno, al norte de Sicilia, y que tan solo tiene algo más de 500 habitantes.

El viaje se inició el día anterior, volando a Nápoles, donde apenas estuvimos 4 horas que aprovechamos para hacer una visita guiada de un par de horas. En ella una guía local, con más pena que gloria, nos dio unas pinceladas de la historia de esta ciudad, en la que destacó la gran influencia de los siglos en que fue parte de nuestro reino.

Primero, de la corona aragonesa y posteriormente de la española con los Borbones. Paseamos un poco por el barrio español, en el que se aprecia esa huella reciente. Recordemos que hasta 1861 fue parte del Reino de España, año en el que ‘Las dos Sicilias’ se incorporaron a la Italia unificada.

Tras la visita, aún nos quedaba un rato en Nápoles, aprovechamos para comer/cenar algo. Nosotros probamos una deliciosa pizza frita, que engullimos con celeridad caminando, ya que teníamos que estar rapiditos en el puerto para embarcar.

Efectivamente, embarcar. A las 20h00 salía el ferry que nos llevaría a la ‘Isola di Stromboli’. Este viaje duraría 10 horas y en él nos alojamos en camarotes dobles, que resultaron más cómodos de lo que a priori yo pensaba, aunque era difícil conseguir dormir por el ruido de los motores.

Desde el ferry vimos alejarnos de Nápoles y la bonita puesta de sol. Al final del trayecto vimos el amanecer acercándonos a Stromboli. También contemplamos desde el mar algunas explosiones del volcán, todo un espectáculo.

Una vez en Stromboli (llegamos a las 6 de la mañana), un motocarro se ocupó de recoger nuestras maletas y llevarlas al hotel. Nosotros tendríamos que esperar hasta cerca de las 12 de la mañana, hora en que nos darían las habitaciones. Sí, he dicho motocarro, este es el medio de trasporte que hay para moverse por la isla. Es muy pequeña y las zonas urbanas tienen callejuelas muy estrechas. La moto, y el motocarro resultan ideales para la isla.

En la zona del embarcadero nos esperaba Nuccio, que sería nuestro guía vulcanólogo durante las 4 jornadas de volcanes que íbamos a disfrutar.

Empezamos dando un paseo por el pequeño pueblo de Stromboli. Costero, medio agrícola, medio pesquero y más que medio turístico. Pequeñito, bonito, apenas sin comercio y menos a las seis de la mañana. Casi a las ocho nos acomodamos en un bar/restaurante que conocía Lucio, para desayunar.

Nos sorprendió que allí lo que se suele desayunar no es café, sino Granita, una bebida fría, mezcla de granizado y helado, con un bollo brioche (aunque no era el brioche que conocemos). La granita puede ser de diferentes sabores. En mi caso tomé de café (algo de café tenía que meterme en el cuerpo) que me recordó al café vienés. Estaba realmente bueno.

Tras el estupendo desayuno, continuamos el paseo. Íbamos pegados a la costa en dirección este. Pudimos ver las dos iglesias que hay en el pueblo, también algunas esculturas/macetas tan típicas en estas islas, que representan las cabezas de un hombre y una mujer y que provienen de una antigua leyenda amorosa con traición y venganza incluida: ‘La Testa Del Moro’.

En una calita vimos y estuvimos dentro de una cueva de origen volcánico (como toda la isla, claro), llamada ‘La gruta de Eolo’.

Aquí nos hicimos una foto de grupo (entre otras muchas). Nuccio nos contó aspectos relativos a la mitología: el infierno, la fragua de Vulcano, la lucha de cuatro vientos, etc. 

También nos da su opinión sobre la peligrosidad de los volcanes: Sencillamente no existe, lo que si resulta peligroso es ‘la estupidez de la gente y su imprudencia’: Acercándose en exceso a las zonas de erupción, no haciendo caso a las normas de seguridad, no atendiendo a los avisos, etc.

Nos instruye sobre los diferentes tipos de volcanes que existen. Stromboli es un volcán permanente, su última erupción violenta fue en 1930.

Curiosamente son los menos peligrosos, ya que están siempre en erupción, emitiendo a cada momento gases o piedras de magma al rojo vivo. Lo que evita una posible fuerte explosión volcánica.

Es algo similar a una olla a presión: si suelta vapor de agua cuando llega a determinada presión no pasa nada, pero si esta herméticamente cerrada seguramente termine explotando, con lo que ya iríamos pensado en, como poco, cambiar de cocina.

Una vez conseguimos las habitaciones, en un pintoresco y muy acogedor hotel encima de una cala de arena volcánica negra, algunos aprovechamos para darnos un fenomenal baño en la playa (bueno, algunos quiere decir Jorge y yo). El agua estaba fenomenal, muy tranquila, se nadaba con facilidad y la temperatura más caliente que fría.

Las 16h30 era la hora en que habíamos quedado con Nuccio para iniciar la ruta desde el hotel. La excursión seria de tarde, con el fin de poder ver de noche las explosiones.

Antes de empezar a caminar nos proveemos cada uno con un casco, y nos aseguramos de calzar botas, en vez de zapatillas, no vaya ser que alguno se tuerza un tobillo y haya que llamar al 112 siciliano. Lo del casco no es por si nos caemos y nos damos en la cabeza. Es mas bien por si alguna de las pequeñas explosiones del volcán es mas fuerte de lo habitual y a alguna piedra le da por ir a caer justo en nuestra cabeza. 

En mi opinión, en este caso, el sencillo casco que nos facilitó Nuccio resultaría bastante insuficiente para evitar una desgracia, pero bueno, algo es algo.

Comenzamos caminado por la misma callejuela del pueblo por la que paseamos por la mañana. Esto no es una casualidad, sencillamente apenas hay calles (callejuelas), y esta era la principal. Cuando llegamos al final del pueblo, algo mas de 1 km recorrido, giramos a la izquierda e iniciamos el ascenso que sería permanente hasta nuestro destino.

La senda va haciendo zetas y ganamos altura con rapidez, lo que nos permite contemplar el mar En que destaca un cercano y diminuto islote llamado Strombolicchio, que tiene un faro.

Este camino-senda está adoquinado con piedras negras volcánicas Insisto: En Stromboli todo es volcánico: El adoquinado, las vallas de fincas, las construcciones, las playas, etc. Sencillamente porque esta isla es la cúspide de un volcán, todo es volcán.

Hay abundante vegetación. Muchos cactus y cañas, también de vez en cuando encontramos alguna planta de algarrobo y otras especies. En las zetas nos permitimos el lujo de hacer un atronche y evitamos un par de ellas.

Cuando llevamos algo menos de 2 km iniciamos un tramo casi recto con menos pendiente, que nos va a llevar hasta una construcción que era un antiguo observatorio militar. Recientemente convertido un restaurante llamado así ‘Osservatorio’. Pero, el propietario se paso de listo y lo amplio y amplio sobrepasando con mucho la licencia que tenía, por lo que las autoridades le obligaron a cerrarlo y ahora está abandonado. Estamos a 100 metros sobre el nivel de mar, tras 1,2 de ascensión.

Continuamos ascendiendo, de nuevo en zetas: vamos girando alrededor de la isla hacia la izquierda. Este giro nos permite ver otras zonas de la isla y del mar, incluso unas cuantas cabras. También la zona del cráter y empezar a apreciar cada vez más de cerca las explosiones.

A partir de ahora todo el ascenso lo hacemos junto a una amplia manta de lava volcánica solidificada que acaba en el mar y por la que van cayendo alguna de las piedras que lanza el volcán, y que poco a poco, año a año, siglo a siglo, va modificando la forma de la isla.

Ascendemos en pendiente cada vez más pronunciada, en pequeñas zetas. Llegamos a un punto, cuando llevamos casi 4 km y unos 270 de desnivel, en que se acaba el adoquinado. A partir de este sitio está prohibido el acceso sin un guía, ya que el riesgo es algo mayor. Además desde aquí el camino es con mayor pendiente y sin zetas.

Seguimos un poco, solo algo más de 500 metros, pero en este breve trozo ascendemos otros 130 metros, hasta algo más de 400 sobre el nivel del mar.

Pero, ¿subiremos hasta el cráter que está a 926 metros de altitud?, ¡Noooooo! ¡está prohibido! Es muy peligroso, aunque hay una senda que se dirige hasta lo alto, que conste.

Aquí hay una pequeña explanada a modo de mirador. Este es nuestro destino. Hacemos infinidad de fotos, incluso nos hacemos fotos de grupo con los cascos puestos. Y nos pasamos un largo rato, cerca de dos horas, mirando arriba, hacia el cráter, y expectantes por ver y grabar con nuestros móviles alguna de las erupciones.

Al principio, aun con mucha luz solar, sólo se aprecian las potentes bocanadas de gas y las piedras lanzadas al aire.

Poco a poco, según va cayendo el sol, el ruido de las explosiones se escucha mejor e incluso empezamos a apreciar el color anaranjado de las piedras al rojo vivo. Es un fenomenal espectáculo que dejamos plasmado en los reportajes fotográficos.

Durante el tiempo que estamos en el mirador van llegando nuevos grupos guiados de excursionistas, que suben a otros miradores algo por encima del nuestro.

Aproximadamente a las 20h30’ iniciamos el descenso, por el mismo camino por el que hemos subido. Nos hubiera gustado estar más tiempo, hasta que fuera totalmente de noche, pero bueno; el programa es el programa. Lo hacemos con las linternas frontales iluminándonos. Durante la bajada aun podemos apreciar alguna erupción más. Y vemos desde abajo a los otros grupos que, más tarde que nosotros, también empezaban a bajar. Es curioso ver las filas de lucecitas moviéndose como gusanos luminosos.

Al terminar, tras algo más de 9 km, nos vamos directos al restaurante anexo al hotel, en que teníamos una cena programada, que disfrutamos con alegría, tal vez con un poco de penita por no haber estado un ratito mas en el mirador para deleitarnos mejor con las erupciones.

Contentos por la larguísima jornada, que se podría decir empezó en Barajas el día anterior continuando con el vuelo a Nápoles, la visita de esta ciudad, la travesía nocturna en el ferry, el amanece en el ferry, la llegada a Stromboli, el estupendo desayuno, la ‘Gruta de Eolo’, el baño en la playa, la fenomenal excursión, las vistas volcánicas, la cena.

Y ahora a dormir, que al día siguiente habrá que madrugar un montón para coger otro ferry a Vulcano. Pero eso ya es otra historia.

Estupenda jornada que califico con 4,5 sicarias.
Inés Fernández

miércoles, 10 de mayo de 2023

Excursión 697: Las Tetas de Viana desde Trillo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Trillo. Guadalajara
Final: Trillo. Guadalajara
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 16,6 Km 
Desnivel [+]: 674 m 
Desnivel [--]: 674 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 16

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RESUMEN
Antes que nada, pido disculpas por si en las siguientes palabras se me escapa cierta tonada más bien argentina, culpa plena de que el autor no sabe escribir bien de una manera que desconoce totalmente.

Este miércoles diez de mayo fuimos a recorrer uno de los senderos del pueblo de Trillo para conocer las Tetas de Viana.

La caminata la empezamos cerca de las once de la mañana sobre el puente mismo del pueblo. Allí pudimos encontrarnos con una hermosa vista matutina del río Tajo, así como también con una pequeña placa que cuenta la historia de este puente histórico, la cual no llegué a terminar de leer ¡porque ya me estaba quedando atrás! ¡Dios mío! ¡La excursión ya había comenzado!

Subimos primero una cuesta por la calle principal del pueblo, hacia el lado sur, hasta pasar las pistas de motocross, ya allí vi mi primera serpiente española. ¡Les cuento una cosa! ¡Hacía mucho sol! 

Caminamos en suave pendiente por un par de horas por un sendero que parecía abrirse cada vez más hacia un paisaje panorámico de esta región de la Alcarria donde la central nuclear de Trillo levanta sus chimeneas activas como las torres de un castillo medieval.

España nos muestra su verde fascinante y sus mariposas. Las charlas compañeras y las sombras de los árboles no tardan en asomar sus cabezas con filosa curiosidad.

La tierra toda parece aserrada como si la hubiesen preparado para el cultivo con un rastrillo gigantesco; por más que subamos ya llegará nuestro momento para bajar para luego volver a subir, como si más que senderistas fuéramos tablas que miraran al sol desde las cimas de las olas del océano.

El sendero está marcadísimo y por ahora es clara nuestra meta: el sur.

Cuando vemos por primera vez las Tetas de Viana alguien pregunta con un grito desde el fondo “¿¡y a cuál de las dos vamos nosotros!?”, a lo que alguien de delante en la formación le contesta “¡a la de la derecha! ¡A la que queda más lejos!”.

Llegando a la base, es un buen lugar para parar a comer algo. Hasta allí llevamos subidos unos doscientos cincuenta metros en dos horas, y nos esperan todavía otros doscientos cincuenta más, pero en tan solo media: más vale no empezar la subida con hambre o con sed.

El sendero llega justo hasta el punto medio entre ambos cerros, donde entendemos que la razón por la que vamos a subir a uno de ellos en específico es porque para subir al otro se necesita equipamiento para escalada, mientras que el nuestro cuenta con una muy oportuna escalera de hierro que creció de un árbol en el lugar perfecto, junto a la cima.
Arriba una pequeña imitación del paraíso. Unas hortalizas amarillas como la Granja de Miró son los hogares de nuevos insectos y mariposas que viven pensando que el mundo es un especie de pequeño chichón que flota sumergido en un paisaje de una altura quizás infinita, o sea la galaxia.

Volver. Al llegar a la base de los cerros elegimos la vuelta hacia nuestra izquierda. También aquí el sendero es muy claro. Vamos camino al río, y cada pequeña briza entre los árboles alimenta con su melodía de agua la fantasía de que quizás hayamos llegado por fin a su cauce.

El río Tajo… Alguien me dice que desemboca en Lisboa y que pasa por Toledo. ¿Es en este río que se habrá bañado el Caballero de la Triste Figura? ¿Es en este río en el que se habrán besado dos amantes en secreto furtivo? La esperanza existe cuando le pertenece a quienes no somos todavía.

Bordeamos el cauce río arriba esperando llegar de vuelta a Trillo.

Más de uno de los senderistas se acercó a tomar agua del lecho, cumpliendo aquel nuestro rito del eterno retorno infiel. Se asoman un centro polideportivo y luego una plaza de toros que se miran como esfinges de tensión serena. Y finalmente el puente, viejo conocido, metáfora de la vida en función del tiempo.

¿Cómo? ¿Qué casi diecisiete kilómetros? Más me parecieron el pestañeo de un glaciar en su distante sueño dulce.

Pot lo bien que me lo pasé le otorgo un 5 a esta linda excursión.
Mauricio Zolezzi            

FOTOS

miércoles, 10 de mayo de 2017

Excursión 345: Cueva del Maquis y Cancho Mágico

FICHA TÉCNICA
Inicio: Mataelpino
Final: Mataelpino
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  10 Km
Desnivel [+]: 736 m
Desnivel [--]: 736 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 17

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN

Interesantísima jornada la de esta excursión, a la que hemos llamado ‘Cueva del Maquis- Cancho Mágico’, pero que bien podremos recordar por muchos otros nombres: ‘La de las excusas’, ’la de hacer camino al andar’, ‘la del buitre’, ‘la de los 13 magníficos’, ‘la de sólo una chica’, ‘la cortita’, ’la entretenida’,  ‘la de los patucos’, etc …. Veamos el motivo de estos nombres alternativos:

LA DE LAS EXCUSAS: Por la gran cantidad de ‘esta me la pierdo, y bien que lo siento, que lo paséis bien’ que ha habido y las correspondientes excusas: los nietos, ir al pueblo, ir al médico, estar de obras, es que me duele aquí, estar de vacaciones, etc …. Faltó un ‘estoy concentrado para el partido de esta tarde’ (ji, ji ..)

LA DE LOS 13 MAGNIFICOS: Ya que tan solo 13 gemesmanianos terminamos la excursión.

LA DE SOLO UNA CHICA: Pepa, la única chica de entre los 13 que terminamos ¡bravo por ella!

LA DE SE HACE CAMINO AL  ANDAR: Pues por eso, una buena parte del camino era ‘sin camino’ y hubo que apañárselas como pudimos, haciendo camino al andar.

LA DEL BUITRE: Por el nido de buitre, con polluelo incluido que tuvimos la suerte de encontrar y contemplar. No pienso decir donde, por cierto.

LA CORTITA: A priori iban a ser sólo 8 km, super cortita, si bien al final fueron 2 km maá. ¡que raro! ¿no?.

LA ENTRETENIDA: Porque lo fue y mucho. No sólo por las vistas, el Cancho Mágico, el buitre, etc. Sobre todo por lo de ‘hacer camino’, que resultó entretenido y hasta divertido.

LA DE LOS PATUCOS: como método infalible para determinar el sexo de animales o plantas, por ejemplo el de la jara. Por el color de los patucos.

Bueno, volviendo al tema de la asistencia, pasemos a analizar algunas frases o palabras que incluidas en las convocatorias del jefe permiten una previsión del volumen de asistentes.

Conceptos como "tranquila excursión", "apenas desnivel" o "y para terminar comeremos en …", suelen ser indicadores de mucha asistencia. Por otro lado, si Antonio dice cosas como "llevar mucha agua",  "si la lluvia nos respeta", "700 metros de desnivel" pues lo contrario, y no digamos lo que incluyó en esta ocasión: "consolidar el camino, llevar manga larga, pantalón largo, guantes" y "posibles arañazos", pues peor aún: Pírrica asistencia.

Y es que el campo es campo, y el monte es monte. Y en el campo o en el monte llueve, hace sol, hay bichos, cuestas , piedras, rocas, jaras, pinchos e incluso muchas, demasiadas, vallas y alambradas.

Bueno, al grano, el punto de encuentro era el aparcamiento de Matalpino, pero resulta que hay varios, por lo que a alguno nos tocó andar un tanto perdidos hasta encontrar el correcto. Éramos muy pocos, 17 ¡ sólo 17! Menos de la mitad de lo habitual de los miércoles. Y nos disponíamos a recorrer el mismo trazado que unas semanas antes habían hecho un grupito de exploradores gemesmanianos.

Avisados estábamos de que una parte iba a ser muy dura, la subida, por su fuerte pendiente y sobre todo porque en este tramo no había un camino claro ni mucho menos, por lo que tendríamos que abrirnos paso entre las jaras como buenamente pudiéramos. De ahí el riesgo de arañazos, la conveniencia de llevar manga y pantalón largos, etc, e incluso la necesidad de trabajar para conseguir hacer camino, Uff, "trabajar"·, esa sí que es una palabra elimina asistentes.

Comenzamos a andar saliendo del pueblo por el este, utilizando un tramo del GR10, cruzando por primera vez el Arroyo de las Callejas y poco después el Arroyo del Palancar, continuando por la pista Cañada de los Cobachuelos, llana y ancha. Este camino de rosas nos indujo a pensar que tal vez el jefe se había liado o nos había gastado una broma al informarnos sobre la jornada. ¡ Ja , Ja! ¡Y una porra! Cuando llevábamos cerca de 2 km ¡zas! Nos salimos de la pista hacia la izquierda e iniciamos un brutal ascenso casi vertical, por la Senda de la Cueva del Maquis, por llamarlo de alguna madera. Era un senderillo en muy malas condiciones pero al menos transitable y adivinable. Tras un rato de ascenso implacable las cuatro estrellas fugaces de la jornada se dan la vuelta, viendo lo que aún les esperaba por hacer, y sólo nos quedamos ´los 13 magníficos’ y entre ellos Pepa ¡ super Pepa!, la única chica que completó la jornada.

El terreno se hacía cada vez más duro y empinado y ‘el camino’ ya había desaparecido. Nos guiaba Cristobal, unos de los exploradores de semanas atrás, usando como referencia las rocas de la cumbre así como las señales de piedras que ellos mismos habían colocado en su reciente paso. Pero la vegetación era exuberante por lo que tuvimos que esforzarnos para avanzar y habilitar un paso aceptable. También hubo que trepar por rocas, incluso pasar con dificultad por algún hueco entre ellas. Y sí, sufrimos arañazos, muchos menos de los previstos, y además resultó divertido y entretenido. Yo iba de los primeros, y era gracioso mirar hacia atrás y ver la fila entera medio agachada, mirando hacia abajo, trabajando para poder avanzar. Alguien me dijo que el que cerraba el grupo ( un tal Sant….) no colaboraba mucho, al fin y al cabo, como era el último pues estaba verificando que realmente se podía caminar tras nuestro paso, oye también es verdad ¿no? Era el de Control de Calidad.

Tras un rato largo llegamos a uno de los puntos de interés del recorrido, un viejo alcornoque de tronco gordísimo y hermoso que parecía brotar de la nada entre las rocas próximas. Me llamó la atención que pese a lo complicado de llegar hasta él, hubiera un cartelito que requería respetarlo, evitando pisar sus gruesas raíces que sobresalían de la tierra para no deteriorarlo.

Un poco más de ascensión y llegamos a otro de los reclamos: La Cueva del Maquis, así llamada por que tras la Guerra fue utilizada como refugio por un grupo de maquis  de la zona, cuyo líder utilizaba el pseudónimo de Severo Audel de la Paz, de ahí que también se la llame Cueva de la Paz. Al parecer en ella tenían una rudimentaria imprenta y todo. Realmente no es una cueva, más bien un hueco amplio formado entre grandes rocas apoyadas unas en otras y con una segunda entrada más pequeña, pudiéndose pasar de lado a lado de forma razonablemente cómoda. Triste, muy triste el estado en que se encontraba, llena de pintadas por todas partes. En fin, muy difícil llegar hasta allí, pero los vándalos también llegan si se lo proponen. Paramos un rato para hacer el bocata del Angelus.

Más ascenso, el camino ya es algo más asequible hasta llegar a lo alto, en concreto al Collado de las Loberas. Una vez aquí tomamos hacia la izquierda la Senda de los Porrones, que era un camino claro y perfectamente definido. En el primero de estos porrones que nos encontramos aprovechamos para hacernos la foto de grupo,...bueno, de mini grupo.

Seguimos por esta senda, que trascurre por las cumbres de la cuerda, con breves paradas de vez en cuando, para admirar el paisaje espectacular a ambos lados. El tiempo era bueno, incluso soleado, en contra de las previsiones iniciales, según las cuales iba a llover todo el día. Pero no: Ni una gota. Seguramente tuvo mucho que ver el pacto secreto de Antonio con San Pedro.

Pasamos por el Cancho de las Porras, ya estábamos muy cerca de otro de los reclamos de la excursión, el Cancho Mágico. Teníamos ganas de volver a él, hacia más de dos años de nuestra última visita a este sitio y tenemos un recuerdo muy especial. En aquella ocasión la subida fue menos dura en cuanto al trazado si bien a alguno nos tocó subir llevando un peso extra a nuestras espaldas. Parada obligada en Cancho Mágico, claro está, buenas vistas y mejores recuerdos. Fotos y más fotos.

Ya nos queda poquito para iniciar el descenso, antes pasamos el Cancho Porrón e inmediatamente después, en el Collado Porrón, giro a la izquierda y nos tiramos hacia abajo, a tumba abierta hacia Matalpino. La pendiente es fuerte, similar a la de la subida, en torno al 40% de media, dividida en dos partes separadas por una pradera, en la que hay restos de una vieja cabaña, y por el Arrollo de las Callejas, que cruzamos de nuevo.

Ahora sí podemos admirar la belleza de la retama florecida, y de las jaras, polemizando sobre el sexo de cada planta ¿ cual será macho y cual hembra? ¿ las de flores con manchas rojas en la base de los petalos o las totalmente blancas?, fácil solución, ‘patucos azules’ son machos y ‘patucos rosas’ son hembras ¿no?, vamos, de toda la vida. Incluso vimos peonias en varios puntos del camino y en todo su esplendor, preciosa flor difícil de ver por su corta duración y su escasez, de ahí que resulte complicado pillarla en el momento justo.

Tras esta pradera otra vez fuerte descenso, que termina en otra más amplia y acogedora, cruzando de nuevo el Arroyo de las Callejas, con un mar de florecillas tipo Heidi. Nos reagrupamos antes de continuar. Ya nos queda muy poquito, estamos casi el Matalpino, donde llegamos en un último tramo de suave descenso y entrando, al igual que habíamos salido, por otro tramo del GR10.
En resumen:
Dura jornada, pero no tanto.
Nada de lluvia, ni una gota, pese a las pesimistas predicciones.
Fantásticas vistas, del paisaje, de la vegetación e incluso de la cría de buitre (insisto en no decir en qué punto lo encontramos). 
Y bajas, muchísimas bajas, y mínima asistencia.
Por la dureza y lo que vimos, esta excursión se merece 5 sicarias.
Jorge Montero.

FOTO REPORTAJES