* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
Hoy es miércoles, no son las 10:30 de la mañana ni tampoco estamos en la sierra de Guadarrama. Nos encontramos en Viana do Castelo, preparados para iniciar la tercera etapa de nuestra aventura por la costa portuguesa, organizada —y muy bien organizada, todo hay que decirlo— por nuestros anfitriones, Carlos y Bea. Una de las primeras cosas que llama la atención estos días es que cada jornada vamos sustituyendo las zapatillas de trekking por un calzado más cómodo, se ven menos botas porque vamos viendo que el camino es muy sencillo, y las dos jornadas anteriores nos han ido machacando los pies, muchos compañeros tienen ampollas o heridas varias, el cemento, el calor y las largas jornadas han sido los culpables, así que mejor llevar un calzado cómodo.
Son las 8:40 de la mañana y estamos en la puerta del Gil Eannes, el antiguo barco hospital de Viana do Castelo, que estos días se ha convertido en nuestro punto de encuentro. Desde aquí, el autobús nos recoge para trasladarnos hasta el inicio de la etapa en Vilanova de Cerveira, donde habíamos terminado el día anterior. La temperatura es hoy bastante más agradable. Después de dos días de bastante calor, la mañana se presenta más fresca y acorde con lo que cabría esperar para estas fechas. Tenemos por delante unos 15 kilómetros aproximadamente hasta Valença do Minho. El comienzo de la ruta es tranquilo y la temperatura invita a caminar.
Nos dirigimos primero hasta la iglesia, donde hacemos la tradicional foto de grupo y comenzamos a sellar nuestras cartillas. Desde allí, pasamos por debajo de las vías del tren para incorporarnos a la Ecovía. El camino discurre por una zona acondicionada, principalmente de cemento, que también utilizan numerosos ciclistas. Durante el recorrido vamos encontrando áreas recreativas, zonas deportivas y pequeños espacios de descanso.
Prácticamente durante todo el trayecto vamos bordeando el río Miño, lo que hace que el recorrido sea fácil de seguir y nos permite disfrutar continuamente del paisaje. La vegetación es abundante. A nuestro alrededor encontramos robles, laureles y helechos, además de la vegetación propia de las zonas de ribera. En algunos tramos, al otro lado del camino, aparecen campos de cultivo y zonas de cereales.
A lo largo de la Ecovía hay pequeños espacios con mesas situadas bajo los árboles, que permiten hacer una pausa y descansar a la sombra. Son lugares sencillos, pero muy agradables, especialmente cuando el sol empieza a hacerse notar. También encontramos bastantes ciclistas y, en algunos momentos, la convivencia entre peatones y bicicletas obliga a prestar un poco de atención, especialmente en las zonas más estrechas. Poco a poco, el calor comienza a aumentar.
Cada sombra que encontramos se agradece y, en el caso de Kiro, cualquier oportunidad para acercarse al agua es bien aprovechada para refrescarse. Llegamos finalmente a la zona donde tenemos previsto hacer el Ángelus. Es un espacio recreativo junto al Miño, con abundante sombra y varias mesas, que resulta perfecto para hacer una parada y tomar el almuerzo mientras contemplamos el río.
Durante este descanso, la sobrina de Yolanda nos da una pequeña clase de estiramientos. Es una buena iniciativa, porque todos sabemos que deberíamos dedicar unos minutos a estirar al finalizar las rutas y, sin embargo, normalmente no lo hacemos. En este punto, una parte importante del grupo nos abandona para terminar la etapa en el autobús y aprovechar para hacer compras en mercadillo y las tiendas de Valença. El resto continuamos nuestro camino.
En uno de los puntos del recorrido encontramos una pequeña tirolína destinada al entretenimiento de los niños, y como no, es aprovechada por varios de nosotros para hacer una pequeña broma. A medida que avanzamos, el calor se hace cada vez más intenso y empieza a notarse en el ritmo de la marcha. Pasamos junto a un embarcadero y una casa que llama nuestra atención por la vegetación de su entorno, con caquis, una parra de kiwis y un acebo.
Más adelante encontramos una pasarela en la que tenemos que caminar con cierta precaución, ya que algunas de las maderas están deterioradas. Van quedando ya unos tres kilómetros para llegar al final. Volvemos a pasar por debajo de las vías del tren y nos alejamos un poco del Miño, aunque seguimos junto a otro pequeño curso de agua. En este tramo encontramos bastante menos sombra y el calor se hace especialmente intenso.
Cuando faltan aproximadamente un kilómetro y medio hacemos una parada para reagruparnos en una pequeña zona recreativa junto al río Miño. Y es entonces cuando descubrimos que el track que llevamos no llega exactamente hasta el punto donde nos espera el autobús. Todavía tenemos que añadir unos dos kilómetros más hasta llegar a la fortaleza de Valença.
Estos últimos kilómetros resultan ser, sin duda, los más exigentes de la jornada. La hora, el calor, alguna pendiente y la falta de sombra hacen que el tramo final se nos haga bastante más duro. Finalmente llegamos a Valença, donde nos espera la comida que Carlos y Bea han organizado para nosotros. Después del esfuerzo de la mañana, el almuerzo se convierte en el mejor momento para recuperar fuerzas y comentar las experiencias de la ruta.
Como es habitual en estos días, no faltan los brindis. Brindamos por el conductor, por los organizadores, por el GMSMA y, en definitiva, por todos los que hemos compartido esta aventura. Después de comer tenemos un tiempo para pasear por Valença y conocer un poco mejor la localidad y su fortaleza. Más tarde, el autobús nos lleva hasta Ponte de Lima, donde tenemos ocasión de dar otro paseo y recordar la leyenda del río Lima, que habíamos conocido el día anterior en la Pousada de Santa Luzia.
Según cuenta la tradición, cuando los romanos llegaron a este lugar confundieron el río Lima con el mítico río Lethes, el río del Olvido. Según la leyenda, quien cruzara sus aguas perdería la memoria. Los soldados se negaron a cruzarlo por miedo a olvidar su pasado y a sus compañeros. El general romano Décimo Junio Bruto decidió entonces demostrarles que no había nada que temer. Cruzó el río y, desde la otra orilla, comenzó a llamar a sus soldados uno a uno por su nombre. Al comprobar que recordaba perfectamente quiénes eran, los soldados perdieron el miedo y finalmente cruzaron también el río.
Esta antigua leyenda forma parte de la historia y la tradición de Ponte de Lima y nos permite conocer una parte más de la cultura de los lugares que estamos recorriendo. Cogimos el autobús que nos volvió a llevar a nuestro punto de encuentro el parking del Gil Eannes. Después de la cena todavía tenemos tiempo para reunirnos y tomar algo juntos, aprovechando las últimas horas de estas jornadas para comentar lo vivido y despedirnos.
Han sido unos días estupendos, en los que hemos podido caminar, conocer nuevos lugares, disfrutar de la gastronomía portuguesa y, sobre todo, compartir buenos momentos con los compañeros.
Muchas gracias, Carlos y Bea, por la fantástica organización, por haber cuidado todos los detalles y por los días que nos habéis regalado.
Nos llevamos muchos kilómetros recorridos, paisajes, fotografías y, sobre todo, muy buenos recuerdos de esta aventura por la costa portuguesa.
Sin duda a esta jornada le otorgamos 5 sicarias.
Fernando Ramos
FOTOS




















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