* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
Estamos a 21 de octubre y ya ha transcurrido un mes desde la entrada del loco otoño de este año. Tan pronto estamos casi a 30 grados una semana, como la semana pasada, donde sufrimos estoicamente el calor y la falta de agua durante la ruta del Cerro San Pedro y la dehesa de Navalvillar, como amanecemos una semana después con menos de 10 graditos y prácticamente es necesario pertrecharse con guantes para comenzar la ruta. Con esta variabilidad meteorológica, no hay forma de poder planificar una ruta con acierto, a varios días vista.
Hoy con esperanza de redimirnos de los calores pasados en días anteriores, nos hemos citado en la localidad de Canencia. Las cumbres que rodean el pueblo amanecen a primera hora cubiertas de una fina capa de niebla, e incluso hacia la zona de la Cachiporrilla se deja ver un difuminado arcoíris formado por las diminutas gotas de la niebla y quizás también por una fina llovizna en esa zona.
En el escudo heráldico de la población aparecen tres galgos. No existe unanimidad sobre el origen del topónimo de la localidad. Algunos historiadores apuntan a que estas tierras pudieran haber pertenecido a un coto de caza durante la Edad Media, y a la posible existencia de perreras reales en la localidad, y de ahí el nombre. Quién sabe ….Se puede consultar más información sobre la localidad de Canencia en este enlace.
La ruta elegida para el día de hoy no tiene mucho desnivel y tampoco es excesivamente larga. Esto ha animado a nuestro compañero Esteban a acompañarnos hoy. Es su primera salida desde el pequeño amago de infarto que sufrió hace unas semanas en la ruta del Puerto de Guadarrama a la Salamanca. Nos alegramos mucho de su recuperación y de verlo de nuevo compartiendo ruta con el resto del grupo.
Dejamos los coches a la salida de la localidad, cerca del puente que permite sortear el río Canencia, en la continuación de la calle Real y la carretera M-629 que atraviesa la población en dirección al Puerto de Canencia, procurando no causar molestias a los vecinos de las viviendas aledañas.
El llamado “Río Canencia” como se indica en el cartel informativo que hay junto al puente, o Arroyo Ortigal como viene en algunos mapas, recoge las aguas de distintos arroyos de la vertiente norte del Pico Mondalindo. Hoy, sin embargo, lleva más agua el arroyo de Canencia, que el propio “río”.
Al arroyo de Canencia se unen las aguas de los arroyos del Puerto y del cordal de la cuerda de los Altos del Hontanar, y discurre por el pequeño valle que forman esos altos y cerros que rodean a la población por el oeste, y que yo voy a denominar valle de Canencia (aunque no se si esta nomenclatura es la correcta).
Echamos a andar por la calle Peñas del Encino. A los pocos metros nos encontramos la ermita del Santo Cristo, junto al parque municipal de la Ermita. Construida a mediados del siglo XIX fue posteriormente restaurada, de ahí el moderno aspecto del edificio actual.
Vamos a continuar la calle, hasta que esta cruza la carretera M-629. Un poco antes pasamos junto a una finca y una animada mastina se une al grupo, seguramente pensando que va a tener hoy almuerzo extra. Va a realizar prácticamente toda la ruta con nosotros. Denota que debe de estar acostumbrada a acompañar a senderistas en busca de algo de comida. Como nosotros vamos a realizar una ruta circular, tampoco representa ningún problema que nos acompañe.
Atravesamos con cuidado la carretera y proseguimos por la pista que sale al otro lado. A los pocos metros, alcanzamos la fuente de la Borriqueña. Fue construida después de la GCE y figura dentro del catálogo de Bienes Protegidos del municipio de Canencia. Hoy no brota agua de su caño. Aun así, aprovechamos este lugar para realizar la foto de grupo.
Cruzamos el arroyo de Canencia por el modesto puente de los Posaderos, tras el cual la pista dibuja varias curvas para salvar el pequeño desnivel que nos separa del Cerro de Cabeza del Rojo donde están instaladas dos antenas de telefonía.
En este cerro hay una amplia explanada de tierra donde también se pueden dejar vehículos. Desde este punto se puede acceder a la presilla de Canencia. Un pequeño embalsamiento de agua en el arroyo de Canencia. Para llegar a ella hay que bordear la valla o encontrar un paso en la misma, que permita cruzar la carretera y acceder a la presa a través de una pista cerrada con una barrera que evita la entrada de vehículos.
Desde el cerro y antes de salir a la carretera, tomamos a la derecha una pista que se interna entre fincas hacia la zona llamada La Revenga y las Cerradas. Más adelante cogeremos el ramal de la izquierda para pasar junto a un pilón de ganado. Nada más pasar éste, tomamos un nuevo desvío a la izquierda para atravesar el arroyo de la Tejera y poco después el arroyo de Sancholongo.
Ya entramos en la zona de robledal de Navazuelo. A estas alturas de octubre, los robles todavía no han teñido sus hojas de colores otoñales y éstas muestran un verde resiliente.
Al igual que en otras manchas arbóreas de la Comunidad muy populares para visitar en estas fechas, como el abedular del Puerto de Canencia, el hayedo de Montejo, el hayedo escondido del Escorial o la dehesa Bonita de Somosierra, el otoño se está retrasando este año, aunque el prolongado calor estival y el estrés hídrico que han soportado este verano los árboles, junto con la ausencia de lluvias, hacían presagiar justamente lo contrario. Tocará pues esperar todavía un par de semanas para poder recorrer esos parajes y disfrutar de la paleta de colores con que nos sorprende la naturaleza cada otoño.
Continuamos atravesando el robledal siguiendo primero las trazas de una vía pecuaria, y luego ya caminos sin ese balizamiento, hasta alcanzar el arroyo de las Cebadillas.
Junto al arroyo se levanta una bonita construcción, muy bien conservada. Según pude conocer hace unas semanas se trata de una vivienda particular, aunque su diseño hace pensar que se pudiera tratar de un pequeño refugio privado. Nada más lejos de la realidad.
Aprovechamos una mesa con bancos que hay delante de la construcción para realizar el tentempié de media mañana conocido popularmente como “ángelus”.
Terminado éste, la alternativa más evidente para alcanzar de nuevo la carretera y cruzarla, sería continuar por la pista que traíamos sin pérdida. Pero nosotros en este punto, vamos a salirnos de la pista y seguir el trazado del arroyo de las Cebadillas, para ir al encuentro del Refugio Juvenil de Canencia, junto a la carretera.
Sin senda definida, el terreno permite avanzar sin mayores problemas. Hemos intentado realizar un trazado sorteando la vegetación y evitando las zonas más espesas de espinos y zarzas.
Al final alcanzamos el vallado posterior del refugio, donde hay un pequeño zarzo que permite acceder a la parte delantera del edificio.
El edificio del Refugio Juvenil de Canencia, todavía se conserva relativamente en buen estado, aunque actualmente ya no se encuentra operativo ni disponible para realizar reservas en la página de la Comunidad de Madrid.
Parece ser que la causa de su desuso son las deficiencias de habitabilidad e infraestructuras, ya que sus instalaciones eran muy básicas. Contaba con 24 plazas para dormir sobre tarimas de madera y colchonetas y carecía de suministro de agua potable. El coste de las obras para adaptarlo a las normativas higiénico-sanitarias y de acceso han sido las principales causas de su abandono.
La Comunidad de Madrid ha derivado en los últimos años los recursos hacia los albergues juveniles, más grandes, modernos y mejor equipados como el de las Dehesas de Cercedilla, Villa Castora también en Cercedilla o el de los Batanes en Rascafría, en detrimento de los antiguos refugios juveniles más limitados y más reducidos en tamaño.
Es una pena ver la cantidad de edificios institucionales que vamos encontrando repartidos por la Sierra de Guadarrama, que se han ido abandonando, a los que no se les da ningún uso alternativo, y por lo tanto condenados a ir deteriorándose y avocados a desaparecer con el paso del tiempo.
Cerca de este emplazamiento tenemos otro ejemplo, la Casa Forestal de los Collados, muy cerca de la curva de la carretera del puente del Vadillo. Se trata de una antigua construcción forestal también en desuso.
Como alojamiento juvenil alternativo, aparece el Albergue Juvenil Cabaña de Luis Pinilla, a la entrada del pueblo de Canencia.
Dejamos el refugio, cruzamos la carretera y atravesamos al otro lado una alambrada por su parte derecha para poder acceder a la ribera del arroyo de Canencia. Sin cruzarlo seguimos su curso arroyo arriba, pasando por una pequeña represa que sirve para la captación de aguas del arroyo, seguramente para consumo de la población.
Bordeamos la presilla por su derecha para evitar una zona de zarzas, y salimos al pequeño puente del Vadillo sobre el arroyo del Tercio de las Matas. Construido en 1946 sobre la antigua carretera, actualmente es un puente de uso exclusivamente peatonal. Tiene dos ojos con bóvedas de arco de medio punto y amplios contrafuertes está construido en piedra. Los arcos, el tajamar central y los contrafuertes de los extremos están formados con piezas de sillería granítica. Pero el relleno de los tímpanos y los muros de contención que prolongan sus lados están construidos con mampostería irregular. El pretil, discontinuo, consta de dados de mampostería de piedra enmarcados por piezas labradas regularmente.
Si hubiéramos seguido por la pista desde la construcción del arroyo de las Cebadillas donde realizamos el ángelus, habríamos salido a la carretera más o menos a la altura del punto en que nos encontramos, pero al estar el puente separado de la carretera por una alambrada, habría que bajar unos metros por la carretera dirección Canencia pueblo para poder acceder al puente por una antigua puerta de hierro.
Atravesamos el puente del Vadillo, y giramos a nuestra izquierda para ir al encuentro del arroyo del Sestil del Maillo. Hoy tenemos suerte y lleva poca agua por lo que se puede cruzar por varios puntos sin mayores complicaciones. Otros años siempre nos hemos tenido que descalzar en este punto cuando venimos desde el Puerto de Canencia.
Tomamos en ascenso la pista que sale al otro lado del arroyo. Esta va trazando sucesivas zetas para salvar la pendiente de la ladera de la Peña de los Altares.
En una de las curvas surge un ramal a izquierdas de la pista que muere en el collado de Cabeza del Rojo. En este punto nos abandonan José María, Leonor y Carmen N., que han decidido no seguir ganando altura y cogen esta ruta alternativa para volver hacia el pueblo. Nosotros proseguimos ascendiendo por la pista, evitando subir directamente por el cortafuegos.
Antes de llegar a la cota 1.400, a nuestra derecha sale un pequeño sendero que rodea a media ladera la Peña de los Altares. Se debe de tratar de un pequeño sendero tradicional ya que en muchos de sus puntos todavía conserva los muros de mampostería que se construyeron para sustentarlo.
Se trata de un bonito sendero que avanza prácticamente en horizontal entre pinos y robles. A estas alturas ya se ha disipado la niebla, y en algunos puntos donde la vegetación de la ladera se abre un poco, nos permiten disfrutar de unas buenas vistas que abarcan desde toda la cuerda del Hontanar, con la Cachiporrilla, el Portachuelo, el Cerro de las Águilas o el Espartal en primer plano. Detrás del cordal, se aprecia el Nevero y la Cuerda de los Reajos. Más a la derecha el Cerro de la Cruz, abajo a la derecha la población de Canencia. Más al fondo Braojos, la Cebollera Vieja o Pico Tres Provincias o el ya remozado Pico del Lobo, que al haberse librado de la construcción que había en su cumbre, resulta menos “identificable”.
Continuamos avanzando por el bonito y verde sendero, salpicado de rocas cubiertas de musgo. Pasamos junto a una roca con forma de pequeña silla con su respaldo y a la que únicamente le faltan los reposabrazos. Alguno no puede evitar sucumbir y se sienta en la misma para inmortalizar la curiosa roca.
Esta senda termina desembocando en un ancho camino que baja desde la Peña de los Altares. Este camino nace en el puerto de Canencia y en teoría llegaba hasta el pueblo de Canencia. A partir de este momento la ruta discurre en ligero descenso hacia la población.
Poco a poco, el ancho y despejado camino de tierra y piedras, va dando paso a un suelo cubierto de vegetación y a medida que vamos avanzando por él, empiezan a aparecer retamas que hay que ir esquivando, dando a entender que ya tiene muy poco tránsito.
Aprovechamos un tramo con un pequeño murete entre sol y sombra para realizar la parada del almuerzo.
Seguimos el descenso. Atravesamos una curva en umbría que salva un pequeño arroyo, para un poco más adelante llegar a un pequeño murete que hay que atravesar. A partir de este punto el camino como tal desaparece para convertirse ya en senda. Esta avanza sorteando algunos espinos y zarzas.
Unos metros más adelante nos encontramos a nuestra izquierda la fuente de los Carboneros. Se trata de un rudimentario tubo de PVC que sale de la tierra, pero que parece poco fiable para rellenar agua, por la tierra removida por ganado que hay en su zona de captación. Si bajamos hasta el caño, es más fácil luego continuar el sendero.
Este poco a poco se va haciendo más difuso. Llegamos a otro pequeño murete con alambrada, que atravesamos por un punto donde está parcialmente derribado. Al otro lado el sendero deja de ser evidente. Seguimos avanzando, siguiendo el track y sobre lo que en teoría debiera de ser un ancho camino.
Volvemos a atravesar otro muro de piedra con alambrada, que se puede franquear sin mayor dificultad, y continuamos descendiendo, intentando intuir por donde avanza el camino. En algún punto este es imposible de seguir porque está invadido de vegetación y hay que bordear esta para poder retomar la traza de la senda.
Según nos vamos aproximando al depósito del Canal de Isabel II del pueblo de Canencia, parece que el sendero se hace más evidente.
Una vez llegado al depósito, una nueva alambrada nos cierra el paso. Sin embargo, si rodeamos los muros del depósito, encontramos un zarzo por donde se puede salir a las calles del pueblo.
Volvemos a pasar por delante de la ermita del Santo Cristo y en pocos metros llegamos a los coches para terminar esta corta pero bonita ruta.
Parece mentira, pero hemos bajado por un sendero que al principio era muy marcado y evidente, luego lo ha ido copando poco a poco la vegetación, hasta que al final ha terminado prácticamente por devorarlo. Si verdaderamente se trata del antiguo trazado del camino entre Miraflores y Canencia, debe de llevar mucho tiempo en desuso.
Aunque se trate de una ruta con poca dificultad, a mi me gusta recorrerla, por ello le otorgo una puntuación de 4,5 sicarias.
Como colofón a la ruta nos acercamos hasta la plaza del pueblo para reunirnos con nuestros 3 compañeros que han llegado un poco antes, y tomar algo en el bar Violeta, que está situado frente al ayuntamiento, donde un sorprendido paisano tras la barra ve cómo en poco tiempo llenamos el bar, rompiendo su tranquilidad.
Carlos Revilla
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