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miércoles, 9 de junio de 2021

Excursión 564: Peña el Águila desde la estación de Cercedilla

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Estación de Cercedilla
Final: Estación de Cercedilla
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 15,7 Km 
Desnivel [+]: 888 m 
Desnivel [--]: 888 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 21

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Peña el Águila es esa montaña roma que queda a nuestra izquierda cuando subimos por el Valle de la Fuenfría, situada entre La Peñota y Peña Bercial, es el dosmil más meridional de la Sierra de Guadarrama con sus apenas 2.008 metros de altura, un monte de líneas redondeadas situado en el cordal que une el Puerto de Navacerrada con el Alto del León, pasando por la Fuenfría. Ello lo convierte en un paso inevitable del famoso GR-10, sendero de gran recorrido que cruza la Península Ibérica desde la localidad valenciana de Puzol hasta Lisboa.

Toda esta cuerda discurre paralela a la de La Mujer Muerta, donde se encuentran los otros dosmiles meridionales de la sierra, y es una de las paredes naturales del Río Moros y sus embalses, separándolos del Valle de la Fuenfría.

Y para recorrerla, quedamos en la estación de Cercedilla, donde algunos, con bastante suerte, hasta pudimos aparcar a la primera en el parking que hay frente a ella.

Echamos a andar hacia el puente del Molino, que dejamos a nuestra izquierda, para subir la escalinata que, de frente, accede al Camino Puricelli, llamado así por ser la empresa que inició las obras de la carretera de la República, un proyecto que tenía la intención de unir Madrid con Segovia atravesando el Valle de la Fuenfría y que quedó paralizado en 1936 al estallar la Guerra Civil. Por ella continuamos, entre robles y vegetación en flor, bordeando el Cerro del Reajo Alto por su lado oriental.

Poco después de llevar un kilómetro desde el inicio, dejamos el camino por la izquierda, cruzamos un portón y seguimos una senda que asciende, entre pinos silvestres, hasta la pradera donde estaban el antiguo campamento de la Peñota, del que poco queda de lo que fue uno de los campamentos más emblemáticos de la Organización Juvenil Española (OJE), sólo unos hitos a modo de vértices geodésicos, y una especie de monumento pétreo dan fe de ello.

Desde el collado de los Amigos, que así se llama la explanada del campamento, continuando hacia el noroeste, pasamos junto a unos barracones, utilizados ahora como almacén por los bomberos, y nos encaminamos hacia la fuente del Campamento, cercana al arroyo del Collado del Rey, acabada en doble pilón y de la que manaba un buen chorro de agua de su caño.

Bebimos de su agua bien fresquita antes de iniciar el ascenso, siguiendo una senda marcada con puntos rojos, que entre pinos y retama en flor iba remontando la loma del Helecharón, cuyo arroyo vadeamos en lo que es prácticamente su nacimiento.

Las rocas musgosas acompañaban al verdor de los helechos que dan nombre a este paraje.

Una curva cerrada nos anticipa que estamos en la zona conocida como Matalobos y que a pocos metros vamos a llegar a la roca donde se encuentra el petroglifo del corzo, a la que nosotros llamamos Peña Bambi, por su parecido al entrañable cervatillo de la película.

Después de hacernos bastantes fotos junto a él, continuamos de nuevo por la senda para, al poco, alcanzar la pista forestal Calle Alta, por la que seguimos unos metros en busca de la fuente del Astillero.

Continuamos el ascenso siguiendo la escarpada pero corta senda que por detrás de la fuente sube hasta el collado de Cerromalejo, tras una buena trepada.

Allí paramos a tomar el tentempié de media mañana, disfrutando de sus fabulosas vistas del Valle de la Fruenfría, de Siete Picos, Maliciosa y el Alto de las Guarramillas, medio cubiertos de nubes blancas.

Saltamos la cerca de piedra que hace de frontera con Segovia y conectamos con la Senda del Infante, que nos sube, entre pinos y piornos en flor, con bastante pendiente hasta nuestro objetivo, la cima de Peña el Águila, tras volver a cruzar de nuevo la cerca de piedra.

La cima no tiene mucha gracia, por ser amesetada, sin embargo tiene unas vistas espectaculares.

Al noroeste contemplamos el precioso valle del río Moros, con el embalse del Tejo o Las Tabladillas y el del Espinar o Vado de las Cabras, en el fondo y justo detrás las hermosas cumbres de La Mujer Muerta, de este a oeste: Montón de Trigo, La Pinareja, Peña el Oso y Pasapán. Al noreste, La Maliciosa y La Cuerda Larga, y al sur, la vecina cumbre de La Peñota, de la que se reconocen perfectamente sus tres picos, con el central como más alto.

Tras las fotos de rigor, que nos permitieron tomarnos un agradecido descanso, iniciamos el descenso hacia el collado de Marichiva, caminando entre un manto de oro, del piorno en flor a nuestra izquierda, y un muro de piedras a la derecha, que delimita la frontera entre Madrid y Segovia. De frete, el impresionante cono piramidal del Montón de Trigo. Reconfortados con las vistas del valle del río Moros y sus dos embalses, que eran sencillamente deliciosas, un regalo para la vista, alcanzamos el collado en agradable paseo.

Desde el collado, iniciamos el regreso, bajando por la senda que baja perpendicular al muro, a nuestra derecha.

En la zona conocida como El Hoyuelo, aprovechando una pequeña pradera, paramos a tomarnos los bocadillos, a la sombra del pinar, con bonitas vistas de Siete Picos entre nubes blancas que fueron apareciendo a lo largo del día.

Terminado el descanso, que tuvimos que abreviar por la presencia de molestas hormigas en busca de las migas de pan, reanudamos el descenso, conectamos con el Camino Viejo de Segovia.

Por esta amplia senda seguimos, bajando, en dirección sur, cruzamos el arroyo de Majavilán, prácticamente seco y más abajo el de Pinolobero, también muy seco.

Un poco más adelante, pasamos por detrás de la Casa Forestal de las Dehesas, situada cerca del arroyo Baisainejo, que cruzamos con apenas un hilillo de agua, tampoco tenía el siguiente en cruzar, el arroyo del Infierno. La que sí llevaba agua era la fuente del arroyo de la Piñuela, junto a ella paramos un momento a refrescarnos y rellenar las botellas.

Conectamos con el Camino de los Campamentos, amplia pista por la que se caminaba cómodamente y, aunque parezca imposible, por la que nunca había pasado el grupo.

Una decena de metros más abajo, llegamos a la fuente del arroyo del Butrón, de la que manaba también un buen chorro de agua. Por si el sombrío lugar junto al arrullo del arroyo no fuera suficiente, está acondicionada con bancos de piedra para hacerla aún más acogedora.

Subiendo una leve cuesta, llegamos a un colladito con una amplia explanada, toda verde, en la que en un extremo había un cercado con caballos, Aquí dejamos el camino para continuar por una senda que nos sale a la izquierda.

Este tramo me pareció especialmente bonito, entre helechos, pinos silvestres, rebollos, fresnos, sauces y jaras. Cruzamos el arroyo del Helecharón y un poco más adelante, el del Collado del Rey, ambos con muy poca agua.

Pasamos un portón y conectamos con el Camino Puricelli, por el que seguimos hasta llegar a la estación de Cercedilla, siguiendo el trazado realizado al inicio de la ruta. En el bar de la estación nos tomamos las cervezas, dando así por finalizada esta excursión que bien se mereció un 4,5 sobre 5.
Paco Nieto

miércoles, 27 de marzo de 2019

Excursión 457: El Bambi de la Fuenfría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Cercedilla
Final: Cercedilla
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 18 Km
Desnivel [+]: 825 m
Desnivel [--]: 825 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 36

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
En esta ocasión, la cita era al lado de la estación de Cercedilla, una magnífica oportunidad para poder llegar mediante transporte público. Aunque más de uno lo pensó, creo que al final solo Antonio V. aprovechó el tren para disfrutar de su reciente regalo de cumpleaños, el último libro de Kilian Jornet, que durante el aperitivo nos relataba con emoción.

Primera excursión de la recién estrenada primavera. En los días anteriores, el tiempo había estado un tanto atolondrado, con vientos y fríos nocturnos, así que a uno le saltaban las dudas de qué vestuario llevar; al final resultó un espectacular día primaveral que invitaba a ir ligerito de ropa, pero sin exagerar.

Nos juntamos un buen puñado de excursionista para comenzar la ruta, 36 en total. Esta vez, a diferencia de ocasiones anteriores, comenzamos a subir por la parte oeste del valle de la Fuenfria con el fin de realizar una ruta circular en sentido horario.

Una subida animada y divertida nos llevó a alcanzar pronto el cerro del Reajo Alto, excelente mirador con vistas excepcionales, absolutamente rodeados de una espectacular masa forestal, solo mirando hacia el este. En la cumbre de la Bola del Mundo podíamos divisar unos pequeños neveros, síntoma de que las huellas del invierno este año ya tocan a su fin si no nieva más.

Siguiendo la ruta prevista y coincidiendo con la hora del aperitivo, alcanzamos la gran roca grabada con la figura de un cervatillo que recuerda a Bambi, lugar que aprovechamos para hacer la foto de grupo, después de habernos relajado charlando y disfrutando del tentempié.

Puestos de nuevo en marcha, pronto alcanzamos el collado de Cerro Malejo, tras una buena trepada y, enseguida el de Marichiva, al que llegamos un poco antes de la habitual hora de comer, dado que Antonio decidió que no subiríamos a la peña Bercial.

Relajados, aprovechamos para saborear nuestro habitual bocadillo montañero, dando tiempo a unos a echar una sabrosa cabezadita después de comer, y a otros a jugar y disfrutar como niños con los únicos restos de nieve que encontramos en todo el recorrido.

Nos sorprende la gran cantidad de agradables caminos y sendas de montaña por el medio del gran bosque de pinos que cubren todo el valle de la Fuenfría, majestuosos ejemplares de pino silvestre o albar, altos y esbeltos con su corteza pardorojiza, todo un artista de la exfoliación. Eso sí, hay que tener cuidado con no pisar sobre sus pequeñas piñas o estróbilos, que por su fácil rodar, algunos sustos en más de una ocasión nos dan.

Ya de vuelta por la parte central del valle, pasamos junto al histórico Albergue de Peñalara, hoy día abandonado a su suerte. Continuamos por un agradable tramo de senda de ribera, con variedad de arboles, bordeando alguno de los varios arroyos que, entre puentes y saltos de agua, van a conformar el río de la Venta, que baja a Cercedilla camino de casa Cirilo, lugar que manteníamos en cuarentena, desde una pretérita excursión a cuenta de unos caldos. En esta ocasión el trato fue muy grato, así como el disfrute de las cervezas en su terraza.

Tenemos que agradecer la invitación de la consumición a la celebración de múltiples cumpleaños de nuestros compañeros. Después de todo ello, consideramos que casa Cirilo pasa a quedar rehabilitada como sitio amigo para nuestro grupo.

Para finalizar la ruta, todavía nos quedaban unos pocos kilómetros de bajada hasta Cercedilla, los que hicimos por una agradable senda al este de la carretera de subida, que se inicia junto a la fuente del Tercer retén y que al poco enlaza con el Camino del Agua.

Ya cerca de llegar al aparcamiento, y después de pasar la vía del tren, pasamos delante del taller/exposición de Mercedes, con sus elegantes diseños de distintas épocas.

Antes de montarnos en los coches, y al tratar de hacer unos intentos de estirar (eso tan recomendado y que tan poco hacemos), uno no puede por menos que reconocer nuestra singular evolución en pies y piernas, que se supone ocurrió hace unos millones de años y que, a diferencia de otros simios, nos facilita caminar erguidos recorriendo y contemplando tan magníficos lugares.

Fantástica excursión, la calificamos con cinco sicarias.
Ángel R. Otero

FOTO REPORTAJES

miércoles, 25 de febrero de 2015

Excursión 222: La Peñota desde Cercedilla

FICHA TÉCNICA
Inicio: Cercedilla
Final: Cercedilla
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10,5 km
Desnivel [+]: 844 m
Desnivel [--]: 845 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 26

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

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RESUMEN

Avisados estábamos: “Hará frío, nieve y fuerte viento…”

Quedamos en la estación de Cercedilla, lo que  facilitó mucho el transporte y algunos aprovechamos la ocasión para ir en tren, bien cómodo, fácil y rápido, seguramente tardamos menos que en coche.

Tras los saludos iniciales, muchos apretones de mano y pocos besos ¡sólo 4 chicas!, nos pusimos en marcha. Somos más bien pocos, 26, además de los incondicionales Lucas y Mecha, claro, ¿sería por el aviso del mal tiempo? ¿Por los más de 700 metros de desnivel?

En Cercedilla parece  que lo de la nieve y el viento es broma: Hace un sol muy agradable y de nieve y viento nada de nada.

Muy pronto, al abandonar el pueblo, tuvimos una misteriosa breve parada. Algunos miraban hacia abajo, como buscando algo ¿Qué pasa? ¡ajá! Nuestro líder Antonio utiliza un escondite secreto para ocultar misteriosos documentos ¿Qué serán? Seguimos, el Sendero Ródenas, una cómoda pista ¡sin nieve y con sol!

Empieza a sobrar ropa, nos quitamos capas, como cebollas. Al rato llegamos a un viejo campamento de alguna organización juvenil de épocas pasadas.

Seguimos, una cristalina fuente, abandonamos la pista. El panorama cambia, ganamos altura rápidamente, desaparece el sol, nos metemos en la nube, aparece la nieve, el viento en el cielo, no nos afecta, altos pinos nos protegen, y la ‘cómoda pista’ se trasforma en largas y empinadas cuestas. Seguimos los ‘puntitos rojos’ en árboles y rocas.

Llegamos a un gordo pedrusco: ‘La Roca del Bambi’. No entiendo el motivo del nombre ¿será por tener grabado un gran ciervo con cornamenta y todo? ¡Será!. Paramos para hacernos fotos posando con el animalito de fondo, y ya de paso para el habitual ‘piscolabis del Ángelus’, protegidos por las rocas, más bien de pie que sentados, la nieve lo impone. Unos toman fruta, otros bocatas y la mayoría catamos la bota de vino de Santiago ¡Qué bien nos sienta un trago!

De nuevo en marcha, más cuestecita, más circulitos rojos, otra fuente, en la Calle Alta. La cosa empieza a ponerse fea: La pendiente aumenta, y la nieve acumulada, y el viento que ya sí nos molesta. Se hace difícil avanzar. Empezamos a entender el aviso de Antonio.

La  frontera con Segovia, una valla de piedra semiderruida lo anuncia, era el Collado de Cerromalejo.

Y aquí toca la foto de grupo, más tarde no puede ser, hasta aquí llegan “los que tienen que estar pronto en casa”. 

¡Menuda odisea la foto! José María no lleva su “bastón-soporte”, utiliza una mochila para apoyar la cámara. El viento es tremendo, peligra la máquina.

Posamos sonrientes y justo cuando va a hacerse el disparo una fortísima ráfaga nos salpica de nieve, nos hace tambalear, la maquina resiste, la foto se hace y  José María revisa ¡Es válida! Con este viento y sale a la primera ¿de verdad? ¡A la primera, palabra!. Los ‘moderadamente valientes’ se dan la vuelta, se largan.  Sólo somos 21, de mozas tan solo queda nuestra heroína Mª Ángeles.

Seguimos subiendo, el viento creciendo. El objetivo se acerca ¿lo lograremos? Nueva parada y reagrupamiento. En el paisaje sólo queda la nieve, la niebla y los últimos árboles doblados por el continuo viento, al poco, ni eso. 

Caminamos muy agrupados protegiéndonos unos con otros para que no nos tire el vendaval, además hay hielo en el suelo, hasta alguna extraña pisada, posiblemente de un lobo. ¿Qué hago yo aquí? Pienso. 

¡Minutos después lo logramos, por fin en La Peñota! … una de las tres que hay, pero nadie pregunta por el resto. Bien, ¿Qué hacemos ahora? ¿Nos largamos corriendo? ¡Pues no! A comer tocan, protegidos en las rocas de la cumbre como podemos. Otro bocata y otro traguito del buen vino. ¿Bueno y que? ¿Bonitas vistas? Nada de nada, el escenario es fantasmagórico, la nube en que estamos y el huracán nos impiden ver nada.

De nuevo todos juntitos iniciamos la bajada, ansiosos por llegar a zona de árboles que nos protejan algo de la ventisca, lo hacemos por una ruta algo diferente.

Una de dos, o la nieve es más blanda o pisamos más fuerte: las meteduras de pata son constantes, todos lo hacemos continuamente, e incluso las caídas son frecuentes.

Seguimos bajando, por fin salimos de la nube y podemos ver el espectacular paisaje ante nosotros, el amplio valle, varios pantanos y bastantes pueblos ¡fascinante!.

Llegamos a un claro, nueva parada, más fotos, e incluso una alarma: Antonio ha perdido la cámara  ¿Cómo? Qué ha perdido la cámara ¿Dónde? En la nieve ¿En la nieve? Sí, sí, en la nieve. Ah, ¿Y de qué color es la cámara? Blanca ¿Qué la cámara era blanca? Sí, sí, blanca, como la nieve.

Los milagros como las meigas, ¡existir no existen, pero haberlos hailos! …. Cinco minutos después aparece la máquina blanca, caída en la blanca nieve.

Llegamos de nuevo a la ‘cómoda pista’ de la Calle Alta y nos acercamos al Collado del Rey a disfrutar de sus amplias vistas, y del pino solitario de San Roque, magnífico ejemplar de pino silvestre, pino singular que es seña de identidad de Cercedilla, situado en la falda sur de La Peñota.

Continuando el descenso después hasta alcanzar el viejo campamento, ya tenemos sol de nuevo y hasta un arcoíris. Hacemos una larga y reconfortante parada.

Seguimos, y llegamos a Cercedilla, Antonio recupera los misteriosos documentos, y nos vamos a  la estación ¡a un bar al lado de la estación! ¡Bestial pinta de cerveza!¡ qué rica está! El camarero pelín borde y súper rácano con los pinchos,  ¡Nos sabe a gloria! Y por cuenta de los cumpleañeros, Santiago y Manuel, y del reciente abuelo, Enrique ¡felicidades a ellos!.

¡¡¡¡ y reímos …. y charlamos ….. y arreglamos el mundo ... y nos despedimos felices y contentos … pensando en la próxima semana !!!!!

En resumen, dura, muy dura jornada de ascensión a La Peñota (Pico Carpentier), en especial por la nieve y la ventisca, lo que la hizo más gratificante y satisfactoria, lo que me ha permitido valorarla con 4 sicarias, por lo menos.
Jorge Montero