miércoles, 28 de octubre de 2015

Excursión 263: Canencia - Puerto de Canencia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canencia
Final: Puerto de Canencia
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  15,3 Km
Desnivel [+]: 556 m
Desnivel [--]: 578 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí

Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 26

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Según la Agencia de Estadística del GMSMA, dirigida por José María, fuimos 26 entusiastas senderomagos los que quedamos en el puerto de Canencia para realizar una preciosa excursión otoñal propuesta por Antonio por el Abedular de Canencia.

A título personal, este día ha sido muy especial, pues ha sido mi primera excursión como abuelo de mi preciosa nietecita Carlota.

A pesar de tener bula para no hacer más crónicas por haber hecho más de 80, el boss me pidió de una forma sutil “Antolín, haz tu la crónica porque…..” y viendo mi cara, me entró por la fibra sensible “y porque has sido abuelo” y ahí, claro, acepté.

Yo fui el que empezó a hacer las crónicas: me está bien empleado, por “listillo”… Aunque hacer la crónica, también te da el poder de puntuar la excursión…  Hoy, el boss se va a enterar! Jejeje.

Pero ahora es mucho más fácil hacer una crónica siguiendo el formato para “cronistas vagos” de José María …. Allá voy:

Bonita y húmeda excursión por los bosques de Canencia. Salimos de buena mañana desde el campo de fútbol de Canencia invadido por una manada de vacas. José Maria quiso organizar un partido de fútbol: GMSMA contra Deportivo las Vacas... ¡Es que ir al Bernabeu a ver todos los partidos de los últimos 52 años te marca!!!!!

En vista de que las vacas no querían correr detrás de un balón, Antonio, como siempre sin avisar, echó a andar. Corrió enseguida la voz y bajo un intenso aguacero, nos pusimos en marcha internándonos en un bonito robledal por una pista ascendente. Pronto tuvimos que cruzar el arroyo del Tercio de las Matas, que servía de frontera entre el bosque de robles y el frondoso pinar.

Seguimos ascendiendo hasta llegar a la casa forestal de los Collados, un edificio de los bomberos de la Comunidad de Madrid, con un gran porche que parecía hecho a nuestra medida. Ahí, en dos grandes mesas de madera, tomamos nuestro tentempié acompañado de un bizcocho hecho en la panadería de mi pueblo, San Esteban del Valle, para celebrar el nacimiento de mi nieta. Lucas, Teo y Mecha dieron buena cuenta de las migajas.

Ascendimos un trecho más hasta dejar el pinar atrás adentrándonos en el bosque profundo y vimos los primeros abedules. De ahí en adelante, todo fue un festival de colores, los colores del otoño: amarillos, ocres, rojos y naranjas. La mayoría de los árboles ya habían perdido parte de sus hojas formando una mullida alfombra vegetal.

En el camino, nos encontramos un magnifico ejemplar de acebo lleno de frutos y uno de los árboles singulares de la Comunidad de Madrid, el Tejo de la Senda, de más de 500 años de antigüedad.

José María hizo la tradicional foto de grupo cerca de un cruce de caminos, entre piedras cubiertas de musgo y con la música de las aguas del arroyo del Sestil del Maíllo. Al retomar la marcha, nos cruzamos con un pelotón de infantería que estaba de maniobras. Parecían un poco más en forma que nosotros, pero no mucho más jejeje.

Remontamos el curso del arroyo rodeados de una exuberante vegetación hasta llegar al mirador de la chorrera de Mojonavalle, que bajaba con menos agua de la esperada.

Reemprendimos la marcha por una preciosa senda abierta al oeste a espectaculares vistas hasta llegar al Centro de Educación Ambiental El Hornillo donde un gran porche nos dio cobijo para la comida.

Antes de irnos, Joaquín, Paco C, y Pepa dieron una lección de educación cívica recogiendo la basura que otros impresentables habían dejado tirada por allí.

Después de una parada delante de un chozo pastoril, llegamos al puerto de Canencia donde las “estrellas fugaces” habían dejado sus coches y desde allí, se volvieron a Madrid.

El resto emprendimos la segunda parte de la excursión y la verdad que mereció la pena. Saltando continuamente de una orilla a otra de pequeños arroyos y siempre sumergidos en un abanico de colores, disfrutamos de una flora increíble.

Ya nos pesaban las botas cuando divisamos nuestros coches aparcados en el campo de fútbol y ¡qué alegría! parecían estar cerca. Pero nuestro gozo en un pozo, nos separaba de ellos una profunda hondonada y horror; un embalse!!!

Podíamos seguir por el camino forestal y dar un gran rodeo o bajar y tal vez tener que cruzar el embalse a nado. Antonio decidió, como siempre, coger el camino más corto y nos lanzamos en picado hacia abajo. Pronto vimos que había una presa y que sería relativamente fácil cruzar por ella. Pero tuvo su dificultad.

Llegamos finalmente al aparcamiento y nos dirigimos rápidamente al bar de Feli, en el pueblo de Canencia. Ahí, Javier M. y yo invitamos a los presentes para celebrar los nacimientos de Rubén, el nieto de Javier y de Carlota, mi nietecita. Feli nos invitó a meter mano al jamón y a falta de Paco N., Javier, Carlos y Joaquín hicieron de cortadores.

Al final de la ruta yo estaba tan entusiasmado por la excursión recién terminada que me olvidé del “mosqueo” que tenía con Antonio y donde pensaba darle una sicaría rapada, otorgo a esta magnífica excursión otoñal la máxima nota de Madi: 5 sicarias.

Ah, se me olvidaba mencionar que Enrique A, se cayó una vez… y un poco más tarde, estuvo a punto de caerse una segunda vez.
Antolín

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