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miércoles, 7 de julio de 2021

Excursión 568: El Chorro Grande y calderas del río Cambrones

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Granja de San Ildefonso
Final: Granja de San Ildefonso
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,1 Km 
Desnivel [+]: 455 m 
Desnivel [--]: 455 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 24

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Un año más, nos acercamos a disfrutar de los atractivos que ofrece el entorno de la Granja de San Ildefonso. En esta ocasión con muchos alicientes: el Chorro Grande y las calderas (pozas) del río Cambrones, más los judiones para comer y de remate de fiesta contemplar el encendido de cuatro fuentes en los jardines del Palacio.

En la explanada del Palacio de la Granja nos reunimos más de los esperados, sin duda atraídos por la prometedora agenda sendero lúdica que nos esperaba.

Tras la foto de grupo con el Palacio de fondo, nos dirigimos hacia la plaza de toros. Cruzamos la plaza de los Dolores que, como cada miércoles, estaba ocupada por los puestos del mercadillo, que a estas horas no tenían mucha gente todavía.

Al llegar al recinto taurino, donde celebran encierros en las fiestas del pueblo, seguimos el sombreado paseo del Molinillo para, cruzando un puente, dirigirnos en dirección este a la urbanización Seo de Urgel donde, tras pasar un portón, se inicia en dirección noreste el camino del Chorro, al que se llega, en suave pendiente, por un frondoso robledal por el que arroyos y acequias se entrecruzan duplicando aún más su belleza.

Al cruzar el arroyo de la Fuente del Infante, nos sorprendió la zona de helechos que le sigue a continuación, este año muy verdes y de gran altura, como nunca los habíamos visto.

Un poco más adelante nos internarnos en un sombrío pinar y enseguida alcanzamos la base del Chorro Grande, desde la que se tiene una singular perspectiva de esta cascada, la más alta de toda la sierra de Guadarrama. El salto está dividido en tres tramos, interrumpidos por pequeñas pozas, y juntos suman 80 metros de caída casi vertical.

No tenía mucha agua, pero el espectáculo sorprendió igualmente a los que nunca lo habían visto. Tras las fotos de rigor, retrocedimos sobre nuestros pasos hasta alcanzar de nuevo el camino, lo seguimos cruzando enseguida el arroyo procedente del Chorro Grande.

A pocos metros, tras una pequeña cuesta, dejamos la pista para cruzar un portón y seguir por la izquierda un bonito camino en dirección norte rodeado de espectaculares robles que en su parte final desciende en busca del arroyo del Chorro Chico.

El lugar no puede ser más hermoso. A la sombra de los robles, entre rocas musgosas y amenizados con el sonido del agua en su descenso entre las rocas, nos tomamos el tentempié de media mañana, como es costumbre llegando la hora del ángelus.

Tras la breve parada, ascendimos unos metros hasta dar con un camino que hace de cortafuegos, en el que estaba otro grupo de senderistas con el que hemos coincidido en otras ocasiones.

Nos intercambiamos fotos de grupo y continuamos hacia el oeste por la pequeña cuerda del cerro. Era espectacular el contraste de colores que formaban las nubes blancas con el cielo azul, el verde de los robles y el amarillo de las flores del camino.

Todo un espectáculo para la vista, que en días como hoy hace que se valore todo el esfuerzo porque la recompensa merece la pena.

A los pocos metros dejamos el camino, que de seguirlo nos llevaría hacia la Granja, para desviarnos a la derecha y descender, sin senda alguna, entre robles y frondosos helechos hasta dar con una pista que recorre la finca Mata de la Saúca, que seguimos hacia la izquierda para enseguida buscar un rústico puentecillo de piedra que cruza el arroyo del Hueco y que la vegetación circundante mantiene casi oculto.

Al otro lado del arroyo, seguirnos una desdibujada senda paralela a él, que entre esbeltos pinos desciende al encuentro con el río Cambrones, con el arroyo del Hueco siempre a nuestra izquierda. 

Llegados al río, en un punto intermedio entre la Cacera Madre y la Caldera Primera. Lo vadeamos como pudimos con la ayuda de unos troncos y piedras, cruzándolo con sumo cuidado para no darnos un bañito antes de tiempo, 

Seguimos durante un corto tramo el río, disfrutando del murmullo del agua y la refrigerante sombra de su arbolado, con la idea de visitar las tres primeras calderas, las más escondidas, buscando para ello los senderos más próximos a la ribera.

Sin embargo, en dos ocasiones hay que alejarse momentáneamente del agua para salvar grandes riscos que impiden seguir junto al río. Una vez entre la Caldera Primera y Segunda y otra entre ésta y la Tercera.

Cada poza es distinta, la Primera es muy bonita, con un pequeño salto de agua en su inicio, la Segunda es la más oculta y salvaje y, por ello, también la más atractiva para los que van buscando intimidad. En ella hay unas enormes marmitas gigantes labradas a base de paciencia y el roce de piedras arrastradas por el agua. La Tercera es alargada y profunda, alcanzando los tres metros, con una cascada que forma una especie de jacuzzi en su inicio, invisible desde el otro extremo de la poza, a ella José María la llama Caldera Mágica, por no sé que leyenda de algún senderemago caminado por sus aguas, como lo demuestra esta foto.

Las tres siguientes calderas no las visitamos porque se nos hubiese hecho tarde para estar a tiempo a la hora concertada para la comida, por lo que iniciamos el regreso remontando la ladera, en dirección perpendicular al río, hasta dar con la senda principal que, siguiéndola hacia la izquierda. Por ella continuamos, viendo desde lejos las calderas en las que habíamos estado, hasta alcanzar una caseta y acequia de captación de agua, llamada Cazera Madre.

Detrás de la caseta sale una senda, que nada más pasar un portón de hierro se interna en un placentero bosque de robles. con el río a nuestra izquierda, hasta otro portón de hierro y un romántico puente de madera que cruza el río Cambrones, al que le faltaban algunas tablas.

En este punto, nos despedimos del río, que continua su camino hacia el embalse de Portón Alto, donde entrega sus aguas, mermadas, eso sí por la que le roban en la Cazera Madre.

Continuando hasta la pasarela que accede a la pista que baja hacia San Ildefonso, por ella seguimos, con magníficas vistas de la ladera por la que se descuelgan los dos Chorros.

Al poco, cruzamos el Arroyo del Chorro Grande por el Puente de la Princesa, y seguimos por la calle del Pocillo, Puerta de la Reina y el Parador, regresando así al punto de inicio, la explanada del Palacio de la Granja, donde nos esperaba un rico menú en el la estupenda terraza del bar Segovia.

Como postre, los que habíamos comprado las entradas (a 4 euros), nos acercamos a los jardines del Palacio para admirar el encendido de las cuatro fuentes que tocaban hoy: la del Canastillo, Ocho Calles, la de las Ranas y la de la Fama. Todas ellas espectaculares aunque a mi, la de las Ranas fue la que más me gustó.

Por el hermoso día, al principio hasta fresquito, las magníficas vistas desde el Chorro Grande, lo refrescante del paseo junto a las calderas, la agradable comida en terraza, el magnífico espectáculo de las fuentes y la estupenda compañía, esta ruta se merece una puntuación de 5 sobre 5.
Paco Nieto

miércoles, 28 de octubre de 2015

Excursión 263: Puerto de Canencia desde Canencia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canencia
Final: Canencia
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  15,3 Km
Desnivel [+]: 556 m
Desnivel [--]: 578 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí

Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 26

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Según el Observatorio Estadístico del GMSMA, dirigida por José María, fuimos 26 entusiastas senderomagos los que quedamos en el puerto de Canencia para realizar una preciosa excursión otoñal propuesta por Antonio por el Abedular de Canencia.

A título personal, este día ha sido muy especial, pues ha sido mi primera excursión como abuelo de mi preciosa nietecita Carlota.

A pesar de tener bula para no hacer más crónicas por haber hecho más de 80, el boss me pidió de una forma sutil “Antolín, haz tu la crónica porque…..” y viendo mi cara, me entró por la fibra sensible “y porque has sido abuelo” y ahí, claro, acepté.

Yo fui el que empezó a hacer las crónicas: me está bien empleado, por “listillo”… Aunque hacer la crónica, también te da el poder de puntuar la excursión…  Hoy, el boss se va a enterar! Jejeje.

Pero ahora es mucho más fácil hacer una crónica siguiendo el formato para “cronistas vagos” de José María …. Allá voy.

Bonita y húmeda excursión por los bosques de Canencia. Salimos de buena mañana desde el campo de fútbol de Canencia invadido por una manada de vacas.

José María quiso organizar un partido de fútbol: GMSMA contra Deportivo las Vacas... ¡Es que ir al Bernabeu a ver todos los partidos de los últimos 52 años te marca!!!!!

En vista de que las vacas no querían correr detrás de un balón, Antonio, como siempre sin avisar, echó a andar. Corrió enseguida la voz y bajo un intenso aguacero, nos pusimos en marcha internándonos en un bonito robledal por una pista ascendente.

Pronto tuvimos que cruzar el arroyo del Tercio de las Matas, que servía de frontera entre el bosque de robles y el frondoso pinar.

Seguimos ascendiendo hasta llegar a la casa forestal de los Collados, un edificio de los bomberos de la Comunidad de Madrid, con un gran porche que parecía hecho a nuestra medida. Ahí, en dos grandes mesas de madera, tomamos nuestro tentempié acompañado de un bizcocho hecho en la panadería de mi pueblo, San Esteban del Valle, para celebrar el nacimiento de mi nieta. Lucas, Teo y Mecha dieron buena cuenta de las migajas.

Ascendimos un trecho más hasta dejar el pinar atrás adentrándonos en el bosque profundo y vimos los primeros abedules.

De ahí en adelante, todo fue un festival de colores, los colores del otoño: amarillos, ocres, rojos y naranjas. La mayoría de los árboles ya habían perdido parte de sus hojas formando una mullida alfombra vegetal.

En el camino, nos encontramos un magnifico ejemplar de acebo lleno de frutos y uno de los árboles singulares de la Comunidad de Madrid, el Tejo de la Senda, de más de 500 años de antigüedad.

José María hizo la tradicional foto de grupo cerca de un cruce de caminos, entre piedras cubiertas de musgo y con la música de las aguas del arroyo del Sestil del Maíllo.

Al retomar la marcha, nos cruzamos con un pelotón de infantería que estaba de maniobras. Parecían un poco más en forma que nosotros, pero no mucho más jejeje.

Remontamos el curso del arroyo rodeados de una exuberante vegetación hasta llegar al mirador de la chorrera de Mojonavalle, que bajaba con menos agua de la esperada.

Reemprendimos la marcha por una preciosa senda abierta al oeste a espectaculares vistas hasta llegar al Centro de Educación Ambiental El Hornillo donde un gran porche nos dio cobijo para la comida.

Antes de irnos, Joaquín, Paco C, y Pepa dieron una lección de educación cívica recogiendo la basura que otros impresentables habían dejado tirada por allí.

Después de una parada delante de un chozo pastoril, llegamos al puerto de Canencia donde las “estrellas fugaces” habían dejado sus coches y desde allí, se volvieron a Madrid.

El resto emprendimos la segunda parte de la excursión y la verdad que mereció la pena. Saltando continuamente de una orilla a otra de pequeños arroyos y siempre sumergidos en un abanico de colores, disfrutamos de una flora increíble.

Ya nos pesaban las botas cuando divisamos nuestros coches aparcados en el campo de fútbol y ¡qué alegría! parecían estar cerca. Pero nuestro gozo en un pozo, nos separaba de ellos una profunda hondonada y horror; un embalse!!!

Podíamos seguir por el camino forestal y dar un gran rodeo o bajar y tal vez tener que cruzar el embalse a nado.

Antonio decidió, como siempre, coger el camino más corto y nos lanzamos en picado hacia abajo. Pronto vimos que había una presa y que sería relativamente fácil cruzar por ella. Pero tuvo su dificultad.

Llegamos finalmente al aparcamiento y nos dirigimos rápidamente al bar de Feli, en el pueblo de Canencia. Ahí, Javier M. y yo invitamos a los presentes para celebrar los nacimientos de Rubén, el nieto de Javier y de Carlota, mi nietecita.

Feli nos invitó a meter mano al jamón y a falta de Paco Nieto, Javier, Carlos y Joaquín hicieron de cortadores.

Al final de la ruta yo estaba tan entusiasmado por la excursión recién terminada que me olvidé del “mosqueo” que tenía con Antonio y donde pensaba darle una sicaría rapada, otorgo a esta magnífica excursión otoñal la máxima nota de Madi: 5 sicarias.

Ah, se me olvidaba mencionar que Enrique A, se cayó una vez… y un poco más tarde, estuvo a punto de caerse una segunda vez.
Antolín