domingo, 5 de junio de 2016

Excursión 299: Senda de Valdescaño y Monte La Fuente

FICHA TÉCNICA
Inicio: Las Machorras
Final: Las Machorras

Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia:  10,4 Km
Desnivel [+]: 363 m
Desnivel [--]: 363 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 14

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Tras la excursión de ayer por las canales del Dulla, hoy había triple oferta de actividades: Visita a la Cueva Palomera, subida a Castro Valnera y senderismo por las Machorras.

A 14 de nosotros nos correspondía la última, guiada por Miguel Ángel, buen conocedor de la zona por haber nacido y haberse criado en Espinos ade los Monteros, prometía ser un sencillo paseo por el valle del Trueba y Rioseco,

Y una vez repartidos por grupos, salimos de Espinosa en dirección primero al al mirador de Covalruyo, al que se llega tras pasar el Portillo de Lunada y descender unos 2 Km, ya en territorio de Cantabría. Con permiso de las cabras que invadían el acceso, remontamos la larga escalinata que da acceso al mirador. Desde él, las vistas ofrecían un paisaje de belleza muy singular del valle pasiego labrado en la época glaciar por el río Miera. Nos sorprendió la gran cantidad de cabañas existentes, que nos empeñamos inútilmente en contar, pero que debían pasar de las 400, testigos de una forma de vida sin encaje en estos tiempos.

Tras tratar de ver el mar desde el mirador, sin éxito por estar el día nublado, nos dirigimos a Las Machorras, inicio y fin de la ruta por la Senda de Valdescaño y Monte La Fuente. La primera nos auguraba paisajes de ribera remontando el río Trueba con vegetación de ribera y encinar mediterráneo, la segunda nos ofrecía sombríos hayedos y valles aislados por los desconocidas orillas de Ríoseco.

Desde el aparcamiento de Las Machorras iniciamos la ruta dirigiéndonos hacia el río Trueba, que cruzamos por un puente de hierro, que está junto a una fuente. Remontamos la orilla izquierda del río, deleitándonos con su susurro y pozas en las que es frecuente el baño en verano. Pasamos junto a numerosas cabañas, como la de Torme, delimitadas todas ellas por vallas de piedra, cuidadosamente colocadas para permitir el paso del viento y no ser derribadas por éste. Continuamos hasta llegar al Cuadradal, donde volvimos a cruzar el río Trueba, esta vez por un puente de piedra.

Proseguimos en dirección sureste hasta llegar a la carretera BU-570, que cruzamos para ascender por una pista que ascendía hacia el oeste con cierta pendiente. Fue aquí donde tres estrellas fugaces nos dejaron, seducidos por la comodidad de la carretera y el anuncio por parte de Miguel Ángel que allí comenzaba la parte durilla de la ruta.

El resto caminamos entre cabañas, con espléndidas vistas de las montañas que rodean el Portillo de la Lunada, entre verdes prados en los que pastaban tranquilamente las vacas, así hasta alcanzar dos cabañas al límite del extenso bosque de hayas en el que nos internamos. 

Ascendimos por una estrecha senda que cruzaba el hayedo con bastante pendiente, disfrutando de su característico olor a madera, el trino de los pájaros y la frescura que proporcionaba su espesura, en la que la luz tamizada nos recordaba paisajes propios de cuentos de hadas y brujas.

Tras el exigente ascenso, salimos a una pista que seguimos hasta alcanzar otra vez el hayedo, iniciando desde allí el descenso por una senda y después por una pista cercana a Rioseso que pasa junto al río y cabañas como las de las Iriadas hasta llegar a la carretera BU-570 que nos llevó, a los pocos metros, de nuevo a Las Machotas, dando así por terminada esta bonita ruta alrededor del Monte Lalar, que nos dio la oportunidad de contemplar de cerca los valles pasiegos y conocer sus costumbres y forma de vida.

Para completar la jornada, nos reunimos todos para comer en Cueva y visitar a continuación la Cueva y Ermita de San Bernabé, que nos sorprendió gratamente, y no digamos el Sumidero del río Guareña, donde sus aguas son tragadas para perderse por las entrañas de las cuevas que con paciencia ha labrado.

Y por si todo esto era poco para completar el día, los que no volvíamos a Madrid, nos acercamos a Puentedey, donde recorrimos sus medievales calles, miradores y su puente natural labrado por el río Nela, otro río con vocación minera, de los muchos que horadan sin descanso estas calizas tierras. 

Por todo ello, esta excursión se merece 4 sicarias.
Paco Nieto

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