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miércoles, 20 de mayo de 2015

Excursión 233: Canencia - Mondalindo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canencia
Final: Canencia
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 14,3 km
Desnivel [+]: 737 m
Desnivel [--]: 718 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Si
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 39

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN

Como en las fiestas populares de los pueblos, en la celebración de la 200ª de Antonio no podía faltar una concurrida romería por esos campos de mayo engalanados con los colores del cantueso y la retama.

Esta vez, al encuentro de La Cabeza del Cervunal, que también ostenta el más atractivo nombre de Mondalindo (hay quien dice que como evolución de “monte de don Galindo”).

De Canencia salimos sin esfuerzo, para tomar la pista que poco a poco asciende por la ladera este del arroyo del Batán, hasta algo más allá de donde se divisa, hacia poniente, la siempre llamativa chorrera de Rovellanos.

Desde ahí, el homenajeado nos llevó, como es su costumbre, por entre matojos, tapias y zarzales, hasta alcanzar los prados ya transitables a media ladera. El día era fresco y había llovido el día anterior, por lo que se disfrutaba del esfuerzo de la subida y de la claridad del día.

Si en las cotas bajas nos iba acompañando la fragancia y el morado del cantueso, al ascender era el amarillo insultante de la genista, salpicando el tapiz verde de la primavera, el que acaparaba los sentidos.

Así llegamos a la conocida como Peña Ahorcada, donde nos reagrupamos y, recostados al abrigo del viento tomamos un tentempié. En este paraje hubo oportunidad para todos de figurar como cronistas honoríficos de esta tan señalada marcha, pero nadie hizo ademán  de merecerla (¡¡¡cobardes!!!).

Parecía que no quedaba mucho para alcanzar el pico, pero el último tramo le costó recorrerlo a más de uno; además el viento ya se hacía bien de notar y requería prendas adicionales para soportarlo. 

Finalmente, llegamos al objetivo, avistando al otro lado de la ladera el pueblo de Bustarviejo y todo el paisaje hacia el sur hasta Madrid, así como el embalse de Santillana y parte de la Pedriza hacia el oeste (aquí Paco C. me señaló exactamente el collado de la Ventana, por donde anduvimos el miércoles anterior). Sólo una abigarrada urbanización de Valdemanco desafiaba la belleza del paisaje.

Poco aguantamos en la cumbre del Mondalindo. Aunque algunos nos habíamos refugiado del viento entre las rocas, enseguida hubo que seguir al grupo, que ya avanzaba a toda velocidad por una empinada senda que baja hacia la Majada de los Arrieros.

Luego, la pendiente ya se suavizaba y llegamos de nuevo a verdes praderas en la vertiente de Canencia, salpicadas del amarillo de los piornos en flor. Por aquí avanzábamos en pequeños grupos, como cabritillas felices, sorteando regatos y arroyuelos, los que poco más abajo forman el arroyo del Ortigal y aún más abajo el del Batán.

En este bucólico paisaje fue donde José Mª decidió plasmar nuestra felicidad, dando lo mejor de sí mismo como fotógrafo oficial del GMSMA y así consiguió una deslumbrante foto de grupo y también una novedosa composición de factura “hiperrealista”. También algunos más se atrevieron con originales experimentos, como el manteo sin manta de Antonio, que afortunadamente concluyó entre risas.

Para redondear el día, no estaba de más pasar por la chorrera de Rovellanos a la vuelta, así que  seguimos andando hasta el arroyo de Matallana, que cruzamos al otro lado y después seguimos hasta la chorrera de marras. 

Con el sol iluminándolo todo, el lugar estaba precioso y entre quienes nos entretuvimos contemplándolo y quienes tomaron un camino alternativo para evitar la dificultad de la bajada, el grupo se disgregó un tanto.

Aun así, todos alcanzamos finalmente la pista por la que habíamos comenzado a andar de mañanita.

El único percance lo sufrió nuestro sherpa Juan, que recibió justo en su talón de Aquiles el impacto de una piedra que desprendió Teo de la ladera en su correr alborotado.

Ya sólo nos quedaba la celebración gastronómica en el bar Violeta de Canencia, que estuvo muy bien, precedida por unas cervecitas a cuenta de los cumpleañeros Javier M., Vicente A., José Luis R., Antolín y Fernando D.H., y luego encabezada por unas suculentas patatas con costillas que nos supieron a gloria bendita.

Pero lo más satisfactorio fue la imposición de la estrella roja de cinco puntas sobre fondo blanco a Antonio, que conmemora su 200ª excursión (léase ducentésima – José Mª y R.A.E. dixit), hazaña que todos lo demás emularemos quizá algún día. 
Se aprovechó también la ceremonia para repartir estrellas pendientes a Mª Ángeles R., Ana Ch., Rosa P., Paco C. y Marcos, que casi se la pierde otra vez…

Así mismo, Paco D. entregó a Juan una orla enmarcada conmemorativa de su estupendo curso de orientación y GPS, del que nos beneficiamos unos cuantos. Es de alabar el gusto de Paco por la idea en sí y por habernos sacado a todos tan guapos.

Si obviamos el incidente que sufrió nuestro sherpa, todo salió a pedir de boca en esta jornada tan especial, así que Madi otorga 5 estrellas a esta 200ª de Antonio y espera otorgarlas muchas veces más.
Melchor

miércoles, 5 de marzo de 2014

Excursión 177: Chorreras de Rovellanos y Mojonavalle

FICHA TÉCNICA 
Inicio: Canencia
Final: Puerto de Canencia
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 14,2 Km
Desnivel [+]: 739 m
Desnivel [--]: 342 m
Tipo: Sólo Ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 43

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Día de mucho trabajo para Antonio: Récord de participación pulverizado (43 asistentes más nuestros 3 canes titulares), labores de movilidad de vehículos al más alto nivel con adjudicación de plazas en función del volumen corporal, sincronización de la marcha en función de las diferentes necesidades de cada cual, organización de la comida multitudinaria en Canencia, imposición de insignias, etc. Y, encima, para rematar, los mismos de siempre, entre los que tengo que incluirme, dando la lata por no estar a lo que hay que estar.

Tenemos que decir los 4 implicados que lo sentimos mucho (¡de verdad!), pero el que más lo sintió, con diferencia, fue Enrique, quien, tras mantener durante 4 años una intachable hoja de servicios, ha sufrido la vergüenza de ver mancillaba su reputación por arrimarse a malas compañías.

No obstante, la venganza perfectamente orquestada por la tribu contra los 4 malditos fue cruel, haciéndonos descender durante un buen rato para volver a subir al mismo sitio por una empinada senda, todo ello a un ritmo matador que nos dejo marcados para el resto del día. Por lo menos Feli nos libró de la multa adicional para pagar los chupitos al final de la jornada.

En estas, ya estábamos enfrentando la chorrera de Rovellanos, que se divisaba al fondo según avanzábamos por una traza de senda entre las piedras. Íbamos disfrutando del sol,  del agua rumorosa, del verde brillante del musgo humedecido... 

En resumen: Había llegado la primavera y teníamos el privilegio de disfrutarla en el primer día en que se manifestaba.

La chorrera de Rovellanos estaba imponente y a su vera descansamos, unos muy próximos a su base y otros recostados en la ladera.

Tras el reposo, subimos bordeando las rocas y las zarzas, recuperando la senda que traíamos, distanciándonos de la chorrera y divisándola cada vez desde más altura, hasta que el roquedo la ocultó.

Seguimos ascendiendo por la loma de la montaña, casi despoblada de arbolado y saturada de agua. El valle del Lozoya se iba abriendo al este, enmarcado por los Montes Carpetanos y la sierra de Ayllón en el horizonte.

El día era espléndido y, según se ganaba altura, las cumbres del oeste de los Carpetanos se iban mostrando  relucientes de nieve.

Todo muy bucólico, pero había que subir hasta casi los 1600 metros de altitud y a Leonor le dio la pájara.

Sea por el cariño con que la tratamos o por la masiva ingesta de todo tipo de remedios que le proporcionamos, el hecho es que se recuperó en un ratito y continuamos hasta internarnos en el pinar por el que seguimos hasta el puerto de  Canencia.

Nuevo descansito en el puerto, foto multitudinaria, tentempié, adelgazamiento del grupo por la despedida de quienes tienen obligaciones vespertinas, renuncia de los más cansados a continuar y marcha del resto hacia el siguiente objetivo del día: La chorrera de Mojonavalle y el abedular de Canencia.

Llegamos a esta segunda chorrera con buena disposición, pero no nos podíamos imaginar que íbamos a encontrar un torrente de agua tan abundante y espectacular.

Muchos no pudimos resistirnos a subir desde el mirador por los senderos que la circundan y a internarnos entre sus aguas más exteriores hasta contemplar sin obstáculos cómo el caudal se despeñaba y brincaba entre las rocas.

De los abedules sólo diré que vimos algunos de buen porte al tomar la senda que baja a la chorrera y también en el arroyo del Sestil del Maíllo, pues no había tiempo para bajar al abedular.

Aún así, quedaba otra buena subidita por el pinar para volver al puerto, algo llevadera por el ocasional encuentro con acebos dispersos y alguna formación rocosa de formas caprichosas, aunque no sé yo si Fernando L. estaba para tantas contemplaciones, según subía resoplando el último de la fila.

En el bar Violeta, en Canencia, nos esperaba Feli para reconfortarnos con su sonrisa ilusionada y con una buena comida, sin aparentes pretensiones pero muy sabrosa y además barata, cocinada en la intimidad de los fogones por un Arguiñano serrano.

Se aprovechó la sobremesa para imponer varias insignias: La más emblemática a Paco, el soltero deseado, por haber llegado a 50 marchas sin apenas proponérselo; a Paloma, José Ramón y José Carlos, la que les reconoce como auténticos senderomagos.

Madi ha sentenciado que 4’5 sicarias es una muy buena calificación para esta excursión, aunque Antonio siempre prefiera que nos otorguen 5.
Melchor