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miércoles, 11 de marzo de 2026

Excursión 904: Chorrera del Hornillo y embalse del Tobar

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puente de la Aceña 
Final: 
Puente de la Aceña 
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,8 Km 
Desnivel [+]: 455 m 
Desnivel [--]: 455 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 34

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Hoy vamos a visitar uno de los saltos de agua más espectaculares que podemos disfrutar en la comunidad de Madrid, la chorrera del Hornillo dentro del término municipal de Santa María de la Alameda.

El punto de encuentro e inicio de la ruta, es un pequeño aparcamiento junto al Área Recreativa situada entre el río Aceña y el arroyo del Hornillo, en una curva cerrada de la carretera M-535 que une las poblaciones de Robledondo y Santa María de la Alameda, junto antes de pasar el puente que salva el río de la Aceña.

Todavía hoy, se pueden apreciar en el área recreativa los daños que causó la DANA en septiembre de 2023, cuando se desbordó el arroyo del Hornillo y la arrasó por completo obligando posteriormente a reconstruirla casi en su totalidad.

A las 10h llegamos los primeros a ese punto, ya que Encarna quería llegar pronto para poder deleitar al grupo antes del comienzo de la excursión con unas estupendas torrijas que había preparado el día anterior, tras encargo que le habían realizado la semana anterior……

El aparcamiento se encuentra en zona de umbría y se nota la temperatura fresquita todavía a esta hora. Poco a poco van llegando nuestros compañeros y en muy poco tiempo prácticamente habíamos copado ya todas las plazas del pequeño aparcamiento, y se había dado buena cuenta de casi todas las torrijas.

Pasados unos minutos de las 10:30h, llega el último integrante al que el GPS le había jugado una mala pasada y le había dado una vuelta pasando por Santa María de la Alameda estación y Santa María de la Alameda pueblo.

Una vez reunidos todos, nos ponemos en marcha por la senda que transcurre paralela al arroyo del Hornillo. Aunque la senda que da acceso a la cascada se tuvo que reconstruir en su mayor parte para hacerla nuevamente transitable, hoy todavía son visibles los efectos que tuvo la citada DANA en el cauce del arroyo del Hornillo y en sus laderas aledañas, donde la torrentera arrastró grandes rocas y arrancó de raíz muchos pinos de su ribera.

Se nota el trabajo efectuado por maquinaria pesada para formar, con las grandes rocas arrastradas por el cauce, pequeños taludes que puedan proteger el arroyo ante futuras avenidas y eviten su desbordamiento de nuevo.

Cruzamos sobre un nuevo puente de hierro colocado sobre el arroyo para salvar éste y cambiar de margen. Pasamos por debajo de uno de los pinos caídos que todavía quedan en la zona, y seguimos ascendiendo de forma progresiva, por una zona habilitada con pequeños escalones.

En pocos minutos, entre los pinos se comienza a vislumbrar la cola de caballo de unos 10 metros de altura que forma las aguas del arroyo al precipitarse por las rocas.

Es la chorrera baja del Hornillo. Descendemos hasta un pequeño mirador que hay en su base para poder contemplarla en todo su esplendor.

Una vez realizada las correspondientes fotos y poses, continuamos ascendiendo por el sendero hasta su parte alta, donde nos detenemos de nuevo para poder contemplar cómo se precipitan las aguas del arroyo deslizándose suavemente entre las rocas de gneis.

Proseguimos por un coqueto sendero, que avanza encajonado junto al arroyo primero por un lecho de roca y luego ya por un cómodo sendero en el borde del pinar.

El próximo objetivo es llegar a un mirador que hay sobre el cañón del río Aceña. Para eso nos dirigimos hasta una pequeña pradera dónde el sendero cruza a la margen opuesta del arroyo.

Hoy el arroyo trae bastante agua, por lo que buscamos el mejor paso posible y sin mayores complicaciones cruzamos al otro lado. Bueno, a alguno este paso le debió parecer demasiado fácil y fue a probar fortuna un poco más arriba …. terminando con ambos pies, botas incluidas, dentro del arroyo …… en fin …..

Ya al otro lado, y como estos cruces de arroyo se suelen realizar de forma lenta y se llega a formar encolamientos, esperamos que pasen la mayoría de nuestros compañeros antes de proseguir para no estirar mucho el grupo.

Cuando ya vemos que ha pasado la mayoría del personal, encaramos una pequeña pero empinada subida por el pinar. En este tramo, el sendero transcurre paralelo a una valla de piedra, para luego más arriba y, tras salvar en unas cuantas zetas, girar a la izquierda y llegar al promontorio donde se asienta el mirador de la presa de la Aceña.

Lo primero que nos llama la atención son las vistas de las cumbres de Cerro Valiente y Cueva Valiente que acumulan en sus cimas todavía bastante nieve caída el pasado fin de semana.

Se puede ver también parte del embalse de la Aceña en el término de Peguerinos, la entrada al valle del arroyo del Tobar por el que luego volveremos y el pueblo de Santa María de la Alameda. Intentamos localizar el abandonado pueblo de La Lastra, pero sin éxito porque desde esta atalaya no se puede visualizar.

Mientras el resto del grupo va llegando al mirador, algunos aprovechamos para acercarnos al extremo oeste de este mirador para contemplar al fondo las cumbres nevadas de las estribaciones de Gredos.

Distinguimos con la ayuda de una aplicación de localización de cumbres, el pico Casillas o Alto del Mirlo, el cerro de la Escusa, el Torozo, la Mira o los picos del circo de Gredos, como la Galana o el Almanzor, todos ellos cubiertos por una generosa capa de nieve.

Aprovechamos el reagrupamiento en este punto para realizar el ángelus o pequeño tentempié de media mañana ya que casi son las doce del mediodía. Hasta aquí el recorrido ha sido tranquilo y nos lo hemos tomado con calma, sin apurar el paso.

Terminado el tentempié, descendemos hacia un pequeño collado para tomar una senda que nos conducirá hasta la otra chorrera del hornillo, la llamada chorrera alta del Hornillo.

El sendero baja de nuevo casi hasta el cauce del arroyo donde se juntan las aguas de los arroyos del Hornillo y Majadahonda, arroyo este último que baja desde la zona del cerro de la cabeza.

Llegado a ese punto, giramos a nuestra izquierda y encaramos una pequeña subida hasta la chorrera atravesando unas paredes de piedra de antiguos corrales. Hoy la chorrera lleva bastante agua y nos acercamos hasta su base para fotografiarla. Es menos espectacular que su hermana, pero también tiene su encanto.

La mayor parte del grupo cruza el arroyo para luego ascender y ganar una pista que hay en la parte superior. Un servidor sigue subiendo por la margen izquierda (derecha según el curso del arroyo), por un pequeño sendero que llega a la parte alta de la chorrera y luego tras cruzar el arroyo, unirme al resto de mis compañeros en la pista.

Alcanzada ésta y reagrupados, seguimos por la pista siguiendo el curso ascendente del arroyo hasta que esta gira a izquierdas y cruza el arroyo por un puente.

Nosotros no lo cruzamos y seguimos ascendiendo paralelos al arroyo por un bonito sendero hasta que pasados unos minutos encontramos un sendero muy desdibujado que sale a la diestra y sube en fuerte pendiente durante unos metros hasta alcanzar un pequeño cerro.

Este sendero aparece en algunos mapas como un cortafuegos, pero sobre el terreno no es tal, o sea que si vais buscando el cortafuegos no lo vais a encontrar.

Alcanzado al cerro, el sendero se ensancha y continuamos por él hasta alcanzar una pista de tierra.

Tomamos ésta en sentido descendente para alcanzar en poco tiempo el refugio de Majaholgada. Construcción que, curiosamente, en la mayoría de los mapas no aparece como refugio, o simplemente no aparece.

Se trata de un pequeño refugio muy bien cuidado, como se indica en un panel colgado en la pared por la Asociación de Educación ambiental Abantos Activo.

Cuenta con una mesa con un banco y dos sillas, una estufa, chimenea, madera para la misma y hasta paneles aislantes para poner en el suelo bajo el saco de dormir. En una de las paredes hay un pequeño armario con un pequeño botiquín y algo de comida.

Cerca del refugio esta la fuente de Majaholgada donde se puede recoger agua si es necesario.

Tras visitar el refugio, y descansar un rato en sus bancos de piedra, retomamos la pista hasta llegar a la fuente. Allí nos abandonan 8 compañeros que hoy son estrellas fugaces y tienen que estar pronto en los coches por diferentes motivos.

El resto, tomamos un pequeño sendero que sale a la izquierda de la fuente, y atraviesa el pinar hasta alcanzar y cruzar una pista de tierra y salir a terreno despejado, junto a una instalación ganadera, en una zona conocida como la Lanchuela.

Seguimos por los verdes praderíos, por un sendero poco marcado al comienzo, pero que luego se torna más visible antes de cruzar el arroyo del Hornillo en su curso alto, cerca de su nacimiento en la parte alta de estas praderas, bajo el camino del pinar.

En estos praderíos existen varias fuentes y abrevaderos. Pasamos cerca de las fuentes del Trampal del Burro o Peña Viborera y de algunos abrevaderos, donde sacia su sed el ganado que pasta en estas altas praderas.

Rodeamos una pequeña elevación por su izquierda siguiendo el sendero, que girando a diestra nos va a ir bajando hacia el bonito valle que conforma el arroyo del Tobar y su presa.

Este arroyo nace al abrigo del Puerto de Malagón y en su incipiente curso ya suma las aguas de otros dos o tres arroyos antes de ser retenidas sus aguas en la presa.

Las aguas del arroyo del Tobar tributan al río de la Aceña, éste a su vez vierte sus aguas al río Cofio y este al río Alberche, por lo tanto, pertenece a la cuenca del Tajo.

Sin embargo, parte de sus aguas contribuyen a los llamados viajes del agua que surtían de este preciado elemento al Monasterio del Escorial.

La captación de sus aguas se realiza en su curso alto cerca de la pista del Puerto de Malagón, concretamente en el arca de San Juan, y a través de un canal subterráneo de 3 kms fluyen hacia la vertiente sur de la sierra de Malagón hacia otras arcas como la del Helechal o del Romeral y de allí a través de repartidores llegaban hasta el monasterio. Aquí más información.

Siguiendo con los viajes del agua que proveían de ésta al monasterio, el agua que se recogía de los arroyos del valle de Cuelgamuros, se llevaba hasta el monasterio mediante una conducción a media ladera que atravesaba los valles del Barracón y Cebadillas, la llamada senda del agua, sobre la cual transitamos la semana pasada por la ladera sur del monte Abantos. Aquí mas información.

Volviendo al arroyo del Tobar. Nos acercamos a su presa, y junto a unas antiguas escaleras que hay para subir a un pequeño refugio abierto, aprovechamos para realizar la parada de la comida.

La construcción de la primera presa del Tobar se remonta a finales del siglo XVIII, y se atribuye a Juan de Villanueva.

En 1924 se construyó una nueva presa con una conducción subterránea de 2 kms hasta la ladera sur del Puerto de Malagón. Y finalmente en 1959 se edificó la presa actual que suministra agua a la localidad de San Lorenzo del Escorial.

El siguiente objetivo del día es atravesar las paredes del risco de Galdano, siguiendo el trazado de una antigua acequia ya en desuso. 

Este antiguo canal nace del pequeño embalse situado por encima del actual embalse del Tobar, y tirando de mis contactos he conseguido averiguar que se construyó para conducir el agua y alimentar una pequeña central hidráulica situada en las cercanías del río de la Aceña, cerca de Santa María de la Alameda.

Como muchas otras de estas infraestructuras de la época, fue construida a principios del siglo XX, y aunque en su momento fue una infraestructura relevante, hoy ya solo quedan unos pocos restos. Esta central proveía de electricidad a la población de El Escorial.

Para tomar el camino de la acequia, pasamos por delante del refugio citado anteriormente, atravesamos una cancela que hay a la derecha de este y encaminamos nuestros pasos a unas deterioradas escaleras que nos permiten acceder al sendero que viene por la ladera derecha del curso del arroyo desde el puerto de Malagón. 

Giramos dirección oeste para seguir paralelos al muro de una finca con robles. Un poco más adelante cruzamos una alambrada tirada en el suelo con cuidado para no tropezar en ella, y tomamos un pequeño sendero que se dirige hacia el famoso risco.

Un poco más adelante y para aquellos que quieran evitar el paso aéreo de la acequia por el risco, sale a la derecha una desviación que supera el risco por su parte superior y se reintegra al trazado de la acequia una vez pasado el tramo más aéreo.

Nosotros seguimos, obviando ese desvío y continuamos por el trazado de la acequia. A partir de ahora vamos a transitar por una zona cubierta de vegetación, por lo que hay que prestar atención para no perder el trazado de la acequia.

Además, en algunos tramos la acequia está a la vista y ha perdido parte de las piedras y losas que la recubrían, dejando a la vista parte de la canalización interior, por lo que hay que tener cuidado para evitar introducir el pie y tener un disgusto.

Según vamos avanzando vamos teniendo unas maravillosas vistas del valle del Tobar, y hacia atrás de la presa y del puerto de Malagón.

En pocos minutos estamos ya en el risco Galdano, que es una zona de anidación de buitres leonados y por eso hay que intentar no pasar en periodo de cría, que suele coincidir con la primavera. Nosotros nos dimos cuenta de este hecho a posteriori. Aquí ya queda a la vista el muro de mampostería que protegía la canalización.

Esta es ancha y avanza tallada a través del risco. En algunos puntos las losas superiores se han caído o se han partido y ha que avanzar con cuidado. El valle que forma el arroyo del Tobar se va encajonando, y su visión desde esta atalaya es espectacular.

Hay algún tramo más expuesto, pero se avanza sin problemas por encima de la acequia. El trazado y las vistas son impresionantes y nos hacen pensar en el esfuerzo que debió suponer su construcción.

Cuando pasamos el risco, el canal se hace más evidente y termina en una alberca, donde se recogía el agua, para posteriormente y a, través de una compuerta, se redirigía ladera abajo hacia la central hidráulica. Esta alberca constituye un magnífico mirador sobre la presa de la aceña y sobre el pueblo de Peguerinos.

Después de disfrutar de las vistas, nos lanzamos ladera abajo por un inclinado, pedregoso y erosionado camino, frecuentado por motos todoterreno, por lo que hay multitud de piedras sueltas que hacen lenta la progresión.

En alguna zona se ve claramente el trazado que sigue la acequia ladera abajo. Continuamos el descenso paralelo al valle encajonado que forma el arroyo del Tobar, hasta el cruce con la senda de Navalayegua, que recorre el fondo del valle hasta el embalse de El Tobar. Hemos bajado 200 mts de una sola tacada, en casi un kilómetro.

Antes de cruzar el arroyo del Tobar, nos acercamos a ver los restos que quedan de la construcción dónde desembocaba el canal del Tobar que hemos seguido todo este tiempo.

Hoy el arroyo viene un poco crecido, y el paso habitual se torna un poco más complicado, pero con ayuda de los bastones conseguimos franquearlo todos sin mayores dificultades.

Ahora nos queda todavía cruzar el río de la Aceña. Pasamos al lado de una estación de aforo, y de una explotación ganadera, donde nos reencontramos con la Senda del Hornillo que baja desde el mirador donde hemos parado esta mañana.

Pasada la explotación hay un puente que da acceso a la misma y que nos permite cruzar el río de la Aceña sin dificultad. Aquí enlazamos con la pista que proviene del embalse de la Aceña, y proseguimos el descenso por la misma.

Tras andar casi 2 kilómetros por la pista paralela al río, alcanzamos una construcción que alberga la Escuela de Pesca y Conservación del Ecosistema Acuático en el Río Aceña.

Se trata de la primera Escuela de Pesca de la Comunidad de Madrid, edificada sobre una antigua piscifactoría, e inaugurada en el año 2011. Dispone de diferentes salas que albergan un aula didáctica de pesca, una bibliovideoteca y una exposición permanente titulada "Aprendiendo de los ríos y embalses de Madrid". Se imparten talleres para escolares y cursos de iniciación y perfeccionamiento, con prácticas en el río Aceña en la modalidad de pesca de captura y suelta, o pesca sin muerte.

Ya desde aquí se puede ver la carretera junto al puente de la Aceña y al otro lado el aparcamiento dónde esta mañana hemos dejado nuestros vehículos, dando por finalizada esta entretenida excursión a la cual le asigno 5 sicarias.
Carlos Revilla

miércoles, 6 de julio de 2016

Excursión 307: Chorreras del Hornillo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puente de la Aceña
Final: 
Puente de la Aceña
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  10,6 Km
Desnivel [+]: 465 m
Desnivel [--]: 465 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 3,5
Participantes: 28

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta


TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
De forma rara en lo climatológico, comenzamos este mes de julio. Esta primera semana tormentas todas las tardes prácticamente en toda la península.


Después del gran chaparrón caído la tarde anterior, el pronostico de las primeras horas de este miércoles en la zona, recomendó a Paco N. avisarnos para que no olvidásemos capa o chubasquero. 

¡Vaya forma de empezar el periodo de salidas veraniegas "con chapuzón". Esta parecía tenerlo asegurado, .... Sin embargo, finalmente para muchos la cosa quedó en seco,... aunque para todos hubo "sudada".


Y es que aunque el cielo se mantuvo completamente despejado con un Sol digno del mejor julio, la tromba caída la noche anterior, que dejó huella clara por todas partes, hizo que la humedad del ambiente fuese alta cual sauna.


A las hora prevista, en el punto acordado, el puente de la Aceña, allí estábamos todos dispuestos a completar una nueva marcha con promesa de baño y además con "paella".

Sólo esto último, gracias a Pepa y sus amigos, como final previsto en Santa María de la Alameda (estación), ya de por sí, aseguraba el éxito del día.

Con buen ánimo, (siempre se comienza con buen ánimo) iniciamos la marcha remontando el río de la Aceña, con buena charla después de los saludos. Aunque no estaba previsto, la cercanía del embalse de la Aceña, hizo que nos desviásemos hasta el píe de su presa, no sin atravesar antes varias veces el río del mismo nombre, crecido por las lluvia, lo que provocó algún resbalón sin más consecuencias que la mojada del calzado.



Las presas son construcciones siempre fascinantes, y más cuando uno se acerca a ellas desde abajo. Así, el embalse de la Aceña, ya en la provincia de Ávila en el término de la vecina Peguerinos, pertenece al Canal de Isabel II y represa las aguas de este río que vierte sus aguas al Cofio, y éste al Tajo.

Después de hacernos la foto de grupo en lo alto de la presa, volvemos bajando la ladera campo a través, entre altas hierbas que parecían invitarnos a practicar una especie de hierba-esquí.

De nuevo cruzamos el río Aceña, esta vez por el puente del antiguo medidor de escorrentía de aguas, para acometer sin pausa la trepada del día.

A pleno sol, ya casi al mediodía, sin haber tomado aún ese bocatín reparador que todos llevamos preparado... sudando a gota gorda, ... y por un trocha descarnada que casi por la línea de mayor pendiente, nos llevaba a lo alto de la loma que hay frente al embalse, para llegar al valle del arroyo del Hornillo, en donde nos esperaban las Chorreras.


En el collado, junto a un mirador. parada y bocata, por fin, buscando las escasas sombras y la también escasa brisa que aliviase nuestros calores tras la sudada.

Buenas y merecidas vistas al caserío de Peguerinos y de Santa María de la Alameda así como a los montes circundantes.

Al poco, con el resuello recuperado, iniciamos la bajada hacia el Hornillo, y en menos de media hora alcanzamos por fin, a lo que damos por llamar la Chorrera alta. Las aguas del arroyo se deslizan por la placa de granito durante varias decenas de metros, con un agradable rumor. Pero ¿y el baño?. Apenas un par de pocitas de rodilla y media. Lo suficiente no obstante, para que un par o dos de osados calurosos (los habituales), se remojen al estilo "rebozo".



Apenas con tiempo de volverse a poner las botas (los pocos que se las quitaron), retomamos el camino arroyo abajo, entrando en sombreado pinar, para llegar, ahora si a la Chorrera titular: "Una llambria casi vertical de gneis, a modo de tobogán, por la que escurre el agua, formando una airosa cola de caballo".

Con unas escasas pocitas, apenas algo mayores de las primeras, pero suficientes, ahora si, para que unos cuantos más, entre ellas las más aguerridas de nuestra féminas, se dieran un remojón.


Refrescados ya algunos más, casi la mitad de la compañía, reemprendemos el camino hacia los coches entre los pinares del Hornillo, alcanzando el aparcamiento sobre las tres de la tarde.



Y unos minutos después, ya estábamos todos en la estación de Santa María de la Alameda en casa del amigo de Pepa, Miguel que, con la ayuda de Juan Carlos, nos tenían preparado un par de bien hermosas paellas, a falta de echar el arroz. Muchas gracias a los tres.

En un visto y no visto, en tanto devorábamos las cervezas frescas que nos tenían preparada con ricos aperitivos alguna buena empanada que alguien trajo, se hizo el estupendo arroz del que dimos cuenta (unos más que otros, hubo quien repitió ¡"n" veces!) en un pis pas, quedando saciados al completo con buen postre de sandía y melón y un remate dulce de unas riquísimas rosquillas zamoranas con almendra, que casi todos probamos.


En fin, ¿Cuándo repetimos?. De momento van 3,5 sicarias para esta excursión de chorreras y paella.
José Ramón Iglesia

FOTO REPORTAJES