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lunes, 3 de marzo de 2025

Excursión 832: Valle de la Fuenfría y Miradores de los Poetas

FICHA TÉCNICA
Inicio: Las Dehesas. Cercedilla 
Final: Las Dehesas. Cercedilla
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14.1 Km 
Desnivel [+]: 657 m 
Desnivel [--]: 657 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 36

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Una mañana fantástica con un tiempo excelente, nos volvemos a reunir los senderomagos en Cercedilla. Antonio, nuestro boss, le vemos con otros puntos en la frente. Está que no para, pero bueno, se tiene que cuidar un poquito para que esto continúe muchos años más.

Desde el aparcamiento de las Dehesas, comenzamos la subida con 36 senderomagos guiados por nuestro estimado Carlos Revilla. Algunos de nuestros componentes deciden ser ‘estrellas fugaces’ o lo que es lo mismo realizar una excursión un poco más corta.

Vamos realizando una subida tendida por el Camino Viejo de Segovia, que con la charlas de unos y otros se hace llevadera. A través de los pinares vamos divisando en las alturas la antigua Carretera de la República, que luego pisaríamos.

Nos vamos acercando a la zona del cruce de caminos de la Fuenfría y en el último tramo el grupo se divide. Unos van por un camino más sencillo, por la Calzada Romana, y otros nos arriesgamos a una subida más fuerte. No obstante todos confluimos, al mismo tiempo, en el Puerto de la Fuenfría para tomar el ansiado ‘ángelus’.

Sin prisas, nos tomamos un merecido descanso, vigilados por la montaña del Montón de Trigo. Repuestas las fuerzas, unos nos encaminamos al Collado Ventoso, mientras las estrellas fugaces se bajaban por la Calzada Romana.

Al llegar a la fuente Ventoso, seguimos nuestra ruta por la Senda de los Alevines. Y cuando ya llevábamos un tiempo, ocurre que nuestra amiga Sagrario se lesiona, esperando que pronto esté recuperada. Nuestros expertos montañeros aconsejaron bajarla por el mismo camino puesto que era más corto y menos abrupto. Por supuesto regresó bien acompañada.

El resto del grupo continuamos con destino a la Pradera de Majalasna para tomar el bocadillo montañés. Atravesamos unas zonas complicadas de rocas donde la ayuda de los compañeros, era inestimable.

Nuestro guía nos buscó un punto con buenas vistas donde comer y descansar, con impresionantes panorámicas del embalse de Navacerrada y de Valmayor, así como de los picos del Oso, la Pinareja o el cerro Minguete, ¡todo un espectáculo!.

Comenzamos el descenso visitando primero el Petroglifo del Buitre y al llegar a la Pradera de Navarrulaque, nos acercamos a ver el Reloj de Cela y nos dirigimos hacia los Miradores de los Poetas, el de Vicente Alexandre y el de Luis Rosales.

A partir de aquí, seguimos bajando por la Senda Sevillanos, Vereda Alta y Camino del Agua hasta llegar a las proximidades del embalse de la Venta, continuando por la senda que acompaña al arroyo de la Venta, cruzándolo por un puente de madera.

Tras acercarnos a la fuente del Tercer Retén solo nos quedaba subir a las Dehesas hasta llegar a Casa Cirilo, donde nos hidratamos con una refrescante cerveza y buena compañía.

Cómo resumen, copio las palabras de Ricardo Fernández: "Mira que he subido la Fuenfría un buen número de veces por el camino “habitual”, pero lo de hoy me ha sorprendido mucho y muy gratamente".

Por todo ello le adjudico 4 sicarias.
Pilar Muñoz

miércoles, 26 de febrero de 2020

Excursión 510: La cueva de Cueva Valiente

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Rafael
Final: San Rafael
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  11,4 Km
Desnivel [+]: 704 m
Desnivel [--]: 704 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 33

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN

Pues sí, en Cueva Valiente hay una cueva y aunque para muchos de los que por ahí hemos pasado no lo sabíamos, a propuesta de Paco Nieto y con el ánimo de conocerla, treinta y tres senderomagos nos juntamos y algunos a ajustar nuestros relojes aprovechamos, cuando tras Antonio a las 10.30 a caminar empezamos.

Debe ser la influencia de Paco Cantos el que me haya salido así la introducción, pero ni por asomo pretendo quitarle el puesto al artista. Y aunque más me gustaría que cronista oficial del reino se le nombrase, en esta ocasión a un servidor le ha tocado hacer la crónica, que ya no sé si es ponerle prosa a los datos técnicos de los tracks, o contar las impresiones de lo vivido por el narrador. Pues una mezcla de ambas cosas intentaremos hacer.

Tras unos días de tiempo primaveral con un calor fuera de lo normal para la época y el coronavirus extendiéndose por el norte de Italia, el día amaneció frío y con una niebla intensa que nos devolvió a la realidad de lo que otrora era el invierno. Gracias a esto, Cueva Valiente nos iba a deparar una sorpresa que nadie esperaba.

Tras ser de los más madrugadores y solicitar desde aquí, se me registre un kilómetro más de marcha, al irme a tomar un cafetito caliente al pueblo para hacer tiempo, allí me lo tomé con los de Alcalá, que son al GMSMA como su ciudad al patrimonio de la Humanidad. 

Tras los saludos de rigor, esta vez con un 100% de acierto en recordar los nombres de todos los que conocía algo insólito en mi, iniciamos nuestra ruta bordeando la Cerca de las Monjas hacia el camino del Ingeniero.

Empezamos a abrigarnos y a andar tranquilamente, por una senda prácticamente llana junto a la pista de La Forestal que une San Rafael con El Espinar. Agradable paseo que ni por asomo daba fe de la subida que nos esperaría más tarde. 

Camino ideal para ir charlando unos con otros, e ir calentando hasta que una vez alcanzado el arroyo de la Gargantilla, junto a un puente sobre el que discurre la pista, se nos acabó el paseo y empezamos a subir por un camino paralelo al arroyo, en pendiente constante unos doscientos metros por kilómetro.

El grupo empezó a estirarse por la subida, manteniendo el contacto entre cabeza y cola con los walkie talkie a fin de frenar a los de cabeza y no hacer despistarse a los de cola.

En esta ocasión, tomé la decisión de ir al final de todos, disputando el último puesto a Juan, nuestro habitual Marino Lejarreta del grupo. Esto hizo que al ir entre los últimos y con el tranquilo ritmo que se lleva por aquí, pudiera ir tomado fotos a mi aire, sin molestar a los que vienen por detrás y haciendo con la cámara de vez en cuando algún time-lapse para acelerar el ritmo que llevábamos. Luego agradecería mucho el haber podido tirar tantas fotos, por el espectáculo que el paisaje nos estaba deparando más tarde,

Acabado el primer tramo de subida nos dio la hora de el Ángelus junto a la fuente de Bellver Marqués, cogimos fuerzas, y tras un estratégico descanso de desnivel, hacia la siguiente pendiente que nos quedaba hasta el Peñotillo, algo en el paisaje empezaba a manifestarse en torno a los 1600m de altura.

¿Eran pinos blancos? Los primeros pinos silvestres que empezábamos a ver parecían tener una tonalidad ligeramente blanquecina sobre su verde de fondo. Era el regalo que el frío junto con la niebla intensa que empezaba a desvanecerse nos estaba deparando en el paisaje.

Casi alcanzado El Peñotillo, ya en nuestro segundo tramo de ascensión similar al primero, empezamos a otear, a la derecha de nuestro camino, la roca donde se encuentra la cueva hacia donde nos dirigíamos, una vez abandonado el pinar frondoso y empezar a abrirse el paisaje.

Y es aquí, sobre los 1750m, en El Peñotillo, donde los pinos blancos ya empezaron a proporcionarnos el espectáculo total del día.

No, no eran pinos blancos, sino una cencellada maravillosa que iba haciendo de los pinos un espectáculo de agujas de hielo sobre las ramas. Más impresionante que si hubiera nevado por ser menos frecuente el verlo.

Requiere que haya niebla, frío bajo cero y viento para que cuanto más fuerte sea éste, más alargados se forman las agujas acristaladas de hielo sobre las ramas de los árboles.

No parábamos de disparar fotos, ni dejar de sorprendernos con cada nuevo helado pino, según nos íbamos acercando a la cueva. Tras hacer turno para poder ver esta mina abandonada que no cueva natural, proseguimos nuestro último tramo de ascenso al pico de Cueva Valiente.

El nombre de esta cueva o mina abandonada parece derivar de cuando subir por estas lindes de bandoleros suponía una “prueba valiente” que ratificaba el paso de la edad adolescente a la adulta. Con el paso del tiempo su nombre ha pasado a ser “Cueva Valiente”. Pero nada de esto podría ser más que una mera leyenda.

Allí permanecimos haciendo imposibles fotos a contraluz desde dentro de la cueva y posando para ser fotografiado como Mecha, una de nuestras mascotas, posando para recuerdo de la posteridad.

Cuan bandoleros equipados con cámara de móvil, seguimos disparando a doquier intentando robar el botín imposible de dejar fielmente grabado en ellas la belleza que estábamos viendo. Conforme alcanzábamos la cumbre el espectáculo del paisaje ya nos dejaba simplemente, cerca del paraíso.

La hora de comer nos dio en el refugio de Cueva Valiente situado junto a la cumbre, donde pudimos estar al resguardo del frío. El día iba abriendo cada vez más y con el vino de la bota de Jesús y chocolates compartidos nos calentamos lo justo para tomar el camino de vuelta a San Rafael. 

Esta vez sin cencellada, dado que, al ir por sotavento, los arboles estaban con su aspecto de siempre.

Camino de vuelta, que en poco más de hora y media, nos llevó a nuestro punto de partida en dirección noreste desde la cumbre, por el cordal que lleva a Cabeza del Buey y, tras alcanzar de nuevo las agradables pistas del camino del Ingeniero, por el otro lado de la Cerca de las Monjas y camino de la Peña del Águila, que por la mañana habíamos dejado nuestra izquierda.

Si es costumbre y privilegio del cronista valorar la excursión, diría que le daría una sicaria por el agradable paseo, pero con el esfuerzo justo para hacer un poco de ejercicio.

Otra sicaria más por la buena organización, timing de descansos y hora tempranera de finalizar la excursión. La tercera sicaria por descubrir la desconocida cueva que da nombre al más famoso pico de Cueva Valiente y una cuarta sicaria por la agradable compañía.

Como veis sería fácilmente repetible todo lo anterior en una réplica de esta excursión, pero por lo afortunados que hemos sido disfrutando de la cencellada del día, es obligado dar la quinta sicaria y vuelta al ruedo, si posible fuera, por esta excursión que será inolvidable para mi y que con mis fotos he intentado dejar de recuerdo para la memoria.
César R. Bachiller

FOTO REPORTAJES

miércoles, 26 de febrero de 2014

Excursión 176: La Cruz del Mierlo y Sierra de los Porrones

FICHA TÉCNICA 
Inicio: La Pedriza
Final: La Pedriza
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 17,1 Km
Desnivel [+]: 822 m
Desnivel [--]: 825 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 36

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta












































PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN

Escarmentados tras los 30 minutos de castigo impuestos a Antonio V., en esta ocasión partimos todos puntualmente a la hora programada desde el aparcamiento junto al Centro de Interpretación de La Pedriza, batiendo además, con 36, el récord de participación, asistiendo por primera vez José Antonio, que se une al meritorio grupo de Alcalá.

El paseíto inicial es muy agradable y ayuda a ir entrando en calor, pero, al llegar a la pista, la pendiente constante va diseminando el grupo; mientras, la nevisca se alterna con el sol, haciendo imposible decidir qué prendas son las más apropiadas para abrigarse, por lo que las paradas para cambiarse son frecuentes.

Seguimos subiendo por la pista y, de esta manera, como quien no quiere la cosa, llegamos hasta un desvío a mano izquierda que sube de forma pronunciada.

El hecho de que fuéramos desperdigados favoreció que los últimos cinco componentes del grupo no se dieran cuenta de este desvío y siguieran adelante, sin que ni ellos ni el grueso de la excursión se dieran cuenta hasta pasado un buen rato. Es por eso que ahora esta historia se divide en dos. Veamos primero que pasó con el grupo adelantado:

El camino contrasta con la pista. La pendiente aumenta y aparece la nieve. Al ir ganando altura apreciamos las vistas cada vez mejor, vamos paralelos a una alambrada durante un trecho y después la cruzamos, llegando a un breve rellano: es el conocido como Collado de Valdehalcones y es en esta praderita donde tomamos el almuerzo junto a la Cruz del Mierlo.

Se trata de unas piedras que por su forma (de cruz, más o menos imaginada) han hecho surgir la leyenda: una historia de bandoleros, doncellas secuestradas y muchas muertes… vamos un culebrón ambientado en el siglo XIX, que Joaquín nos relata con maestría y sentido del humor, propia de los juglares de otros tiempos.

Para más detalles sobre tan truculenta historia pinchar aquí.

Y es en medio de tan agradable parada cuando se repara en que hemos perdido a cinco de los participantes.

Tras contactar por teléfono (¡bendita cobertura casi universal!), acordamos con ellos el encontrarnos más adelante.

Reanudamos la marcha por los Porrones: Peña Blanca, Collado de las Loberas, Collado de los Vaqueros, Cancho de las Porras… la marcha (algo durilla) hace que haya algún pequeño desfallecimiento, así que el grupo se divide en dos: los que tienen un poco más de prisa porque tienen que volver antes, se van bajando con Antonio y el resto que llegamos por fin, cansados pero contentos, al Collado del Porrón donde nos reunimos con gran alegría con los cinco “extraviados”. Veamos que había pasado con ellos entre tanto:


De vez en cuando, los que habíamos quedado más rezagados tomábamos algún atajo para acortar la distancia en las curvas. Creo que fue así como 5 de los participantes nos dimos cuenta en cierto momento de que no parecía haber nadie por delante, a pesar de que tampoco teníamos a nadie por detrás.

Enseguida lo confirmamos al llegar a la intersección con el PR-16: Nos habíamos pasado del desvío hacia la cruz del Mierlo.

Como teníamos a Santi con su bota de vino, no había prisa y nos venía bien una excusa para volver otro día a estos parajes, decidimos tomar el PR cuesta arriba hasta confluir con el grupo principal.

La subidita por el PR tenía su miga, sobre todo al principio. Recuerdo que, apenas media hora después de iniciar el sendero, José Luis H. casi aseguraba que habíamos subido lo menos 700 metros de desnivel y que jamás íbamos a coincidir con los demás, pues estos seguro que no iban a llegar ni remotamente a tales altitudes.


Hicimos algún intento por convencer a José Luis para usar bastones y así mitigar su cansancio, pero sin éxito.

Por fin, ya entre la nieve, descansamos un rato y retomamos fuerzas compartiendo el vino y las viandas de que disponíamos.

Me acuerdo de que Santi afeó el atrevimiento, por ir solo, de un exultante joven que subía casi corriendo, pero yo creo que nos daba envidia el ritmo desenfadado que llevaba.

Conseguimos contactar con Antonio, quien nos dio instrucciones de hasta donde seguir.

Hasta donde la senda llanea y se acaba el pinar, nos había dicho, así que en cuanto vimos un claro en el bosque y se acabó la subida empinada, nos hicimos ilusiones.

Pero tras explorar el terreno yendo para adelante y para atrás e incluso encaramándonos a algún roquedo, lo único claro que teníamos era el lujo de contemplar un panorama arrebatador, ya que el cielo se había despejado definitivamente.

Seguimos, pues, por la senda inmaculada de nieve, ya no tan en cuesta, disfrutando del bonito paseo hasta llegar prácticamente a la cuerda de Los Porrones. 

Ahí Santiago, siempre atento, atisbó a nuestras espaldas unas figuras humanas recortadas en la cumbre de un gran cancho, próximo al de las Porras, y que a falta de nombre, le hemos bautizado como Cancho Mágico, en honor a nuestro grupo.

Allí corrimos en algarabía hasta fundirnos en abrazos, celebrando el reencuentro como si volviéramos de la guerra.

Al abrigo del cancho Porrón nos reconfortamos tomando los bocatas juntos y muchos degustamos el excelente caldito, aún hirviendo, con el que Manuel nos obsequió. Hay que exceptuar a 6 senderomagos que ya habían iniciado la vuelta por el PR; véase, como testimonio, la foto 59 de Antonio, donde posa orgulloso acompañado de 4 preciosas senderomagas... ¿o serán sicarias?

Bueno, pues recuperada en parte la unidad del grupo, ya solo queda bajar. No sin antes deleitarnos con las vistas: Manzanares, El Boalo, Matalpino (justo debajo de nosotros), Becerril, Moralzarzal (con su extraño platillo volante, que no es otra cosa que la plaza de toros cubierta… es que por aquí hay bastante afición…). La oportunidad de obtener buenas (algunas muy buenas) tomas fotográficas se aprovecha ampliamente, como se puede comprobar en la sección correspondiente.

La bajada rápida y sin contratiempos… una breve parada en el merendero del Puerto Quebrantaherraduras, donde alguno a poco saca la baraja.

Seguimos, las piernas van notando los kilómetros: serán 17 en total… no está nada mal. Al cruzarnos con la carretera nos encontramos con Antonio que había subido con su coche, hecho que aprovechan algunos para acabar cuanto antes…

Los dos cronistas de estas “historias paralelas” están de acuerdo en otorgar a esta excursión la calificación de 4.5 sicarias.
Melchor y Paloma.