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miércoles, 13 de septiembre de 2023

Excursión 728: Los 15 primeros kilómetros del río Manzanares

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada 
Final: Manzanares el Real
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 20,1 Km 
Desnivel [+]: 430 m 
Desnivel [--]: 1408 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 31

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

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RESUMEN
En esta ocasión y por motivos de logística, la excursión comenzó a las 11 de la mañana, ya que previamente hemos tenido que dejar algunos coches en el pueblo de Manzanares el Real, fin de la ruta de hoy.

Es mi primera excursión después del paréntesis del verano, y tengo muchas ganas de volver a compartir camino, en los 20 kilómetros que tenemos por delante, con este estupendo grupo. Vamos a pasar por el lugar donde nace el río Manzanares y eso constituye para mí otro gran aliciente porque hasta ahora no lo conocía, a pesar de ser el río de mi ciudad y tenerlo tan cerca.

Salimos del aparcamiento del puerto de Navacerrada a buen paso por la senda de los Tubos, para salvar los 400 metros de desnivel positivo que nos separan del Alto de Guarramillas o Bola del Mundo (2.262 m), donde está el indicador de montañas en forma de cono.

A partir de aquí, bajaríamos un desnivel de más de 1200 metros. Desde allí, disfrutamos de unas vistas panorámicas de la Sierra de Guadarrama y del embalse de Santillana.

A los pocos metros de comenzar la bajada por el Ventisquero de la Condesa, nos encontramos con los restos de un murete de piedra que fue construido para optimizar el almacenamiento de nieve, ya que desde el siglo XVII hasta el XIX, la nieve recogida en invierno se prensaba y en los meses de verano se transportaba hasta Madrid en grandes carros tirados por mulas donde se usaba para mantener fríos los alimentos.

Un poco más abajo, hay una caseta que protege un manantial, que se considera el punto exacto del nacimiento del río Manzanares y allí descansamos un rato y repusimos fuerzas.

Seguimos nuestro descenso por un paisaje de escasa vegetación propia de alta montaña observando que nuestro río va poco a poco recogiendo más agua por la confluencia de diferentes manantiales que lo van alimentando. Las lluvias de la última semana puede ser que también hayan ayudado a que su caudal en estos primeros metros sea ya notorio.

Pronto empezamos a ver saltos de agua y pequeñas cascadas como anticipo de lo que nos espera a medida que su caudal va aumentando y su cauce se va estrechando flanqueado por berrocales.

Antes de llegar al puente de los Manchegos hicimos otra parada para dar cuenta de los bocadillos, mientras contemplábamos el discurrir del agua río abajo, el entorno invitaba a quedarse allí todo el día, pero no íbamos muy bien de tiempo y además una nube negra parecía querer aguarnos la fiesta, fue caer dos gotas para que todos nos pusiéramos de nuevo en marcha.

Enseguida nos alejamos de las nubes y siguiendo la orilla del río, unas veces a nuestra derecha y otras a la izquierda, llegamos al puente de los Manchegos, donde unas vacas retozaban de un lado para otro.

A estas alturas nos encontramos dentro de un magnífico bosque de tipo mediterráneo con predominio de pinos silvestres tapizados por helechos, pero también encontramos algunos ejemplares de tejos, serbales, encinas e incluso un pinsapo.

Seguimos caminando acompañando el curso del río en su imparable descenso y entramos en la zona más espectacular llena de pozas y cascadas de una altura considerable y a nuestro alrededor el paisaje único de la Pedriza

Después de cruzar el arroyo del Berzoso por una tupida senda que se va abriendo camino entre el alto matorral, nos desviamos ligeramente hacia la Poza de Nerón, donde paramos a contemplar su cristalina agua y hacernos algunas fotos.

Más abajo, no muy lejos nos volvimos a desviar a la derecha para contemplar la espectacular fuerza de los Chorros del Manzanares al precipitarse el agua una y otra entre enormes rocas.

Viendo lo apacible que transcurre el río a su paso por la capital, cuesta creer que sea tan revoltoso y bravo en su niñez. Sin duda, la edad templa los temperamentos.

Más adelante, tras pasar por una zona de grandes rocas y descender por unas zetas, cruzamos el bonito puente del Retén en el que había gran cantidad de frutos rojos que no supimos qué eran y al parecer son mostajos.

Llevamos ya unas cuantas horas caminando, viendo cómo va creciendo nuestro río y observando la transformación del paisaje a su alrededor a medida que vamos perdiendo altura y pasa por sitios tan emblemáticos como el puente del Francés y, más abajo, la Charca Verde.

Un poco más y llegaremos al área de Canto Cochino, con su singular roca que le da nombre, donde el río empieza a discurrir de una forma más sosegada.  y de allí al Tranco y a Manzanares el Real, final de nuestra ruta, aunque algunos tuvieron la suerte de ser rescatados en el Tranco y así pudieron acortarla un poco.

Antes de despedirnos hasta la próxima, y a pesar de que lo avanzado de la tarde y lo cansados que estábamos, nuestros queridos Leonor y Jesús nos invitaron a tomar unas cervezas en la plaza de Manzanares el Real por sus respectivos cumpleaños, celebrándolos con alegría, y de haber superado el reto.

Hemos visto nacer al Manzanares y le hemos acompañado en sus primeros pasos, su infancia, adolescencia y juventud. Una etapa preciosa, como la excursión de hoy, a la que doy una nota de 5 sicarias.
Encarna Cayuela


FOTOS

miércoles, 22 de marzo de 2023

Excursión 686: Las Pilillas de la Pedriza desde Canto Cochino

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino. La Pedriza 
Final: Canto Cochino. La Pedriza
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 7,6 Km 
Desnivel [+]: 601 m 
Desnivel [--]: 601 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 30

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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RESUMEN
Por segundo miércoles consecutivo, íbamos a realizar una ruta por los roquedos pedriceros. Hoy vamos a subir por el famoso Hueco de las Hoces, a mi juicio uno de los barrancos más agreste pero transitable, que podemos encontrarnos en la Pedriza. Buscando en mis fotografías, hacía 10 años que no hacía la subida completa.

De nuevo, el punto de reunión es el aparcamiento de Canto Cochino. Mientras hacemos tiempo para la llegada de todos los integrantes de la ruta de hoy, aprovecho para enseñarles a varios compañeros el mapa de Desi que conseguí la semana pasada en una tienda de Manzanares. Es el mapa mas completo de nombre de riscos de la pedriza, que he visto.

Una vez reunidos todos los caminantes que estábamos, y tras los protocolarios saludos y demás, salimos de los quioscos de Canto Cochino, en dirección a cruzar el puente de los Barracones sobre el rio manzanares.

Luego vimos que no estábamos todos, pero es que en Canto Cochino no hay cobertura móvil, y si alguien tiene algún problema para llegar, o bien consigue hablar con alguien para avisarle antes de que este cruce el collado de Quebrantaherraduras, o una vez atravesado este ya no hay comunicación posible.

Hoy llevamos la compañía de tres de nuestras mascotas, mis dos peques se han quedado en casa. Cuando me pregunta Raquel por ellas, y le contesto que dados los agujeros que hay en la subida por el hueco de las hoces, he preferido no traerlas, la cara que pone es un poema. Sin embargo, los 3 intrépidos trotadores de 4 patas que vienen con nosotros, son más grandes y seguro que no van a tener problemas para subir. 

Después de la experiencia que tuve con Jara subiendo un día por la zona de la Tortuga hacia el Collado de Tres Coronas, he preferido no arriesgar. Ese día la cogí del arnés para superar un paso, y casi se me escurre y se me cae en el interior de uno de los agujeros entre rocas. Me pegue un buen susto, y hoy no estaba dispuesto a exponerme de nuevo a esa situación.

Nada más cruzar la pasarela sobre el río Manzanares, giramos a la derecha y llegamos a una gran pradera verde que separa el río Manzanares y el arroyo de la Majadilla, cerca ya de la confluencia de ambos. Nos dirigimos a otra pasarela de madera que hay para salvar el arroyo de la Majadilla.

Una vez cruzado el arroyo, salimos al encuentro de la senda que a nuestra derecha viene del Tranco y hacia nuestra izquierda se dirige, por la margen izquierda del arroyo de la Majadilla, hacia el refugio Giner.

Nosotros giramos a la izquierda y seguimos por ella unos pocos metros, pero tenemos que ir muy atentos, para desviarnos por un sendero que sale a nuestra derecha, antes de llegar a la altura de Peña Sirio.

Antes tenía como referencia un cartel que había a la derecha. Si os digo la verdad esta vez no me he fijado si todavía estaba o no. Ese sendero en un primer tramo va paralelo a un pequeño arroyo, y se va internando hacia el Barranco de los Huertos.

El estrecho sendero sube zigzagueando, hasta alcanzar una gran pradera cubierta de matorral, por donde discurre el pequeño arroyo de los Huertos, y rodeada por la derecha, izquierda y frente por grandes rocas que hacen las delicias de los amantes de la escalada por sus múltiples vías. A nuestra derecha en primer plano, el cancho de los Brezos.

En nuestra dirección y en la parte mas alta acertamos a identificar la silueta puntiaguda de la aguja Jose Luis Iradier, custodiada a ambos lados por el risco de los Principiantes y risco de la Zarpa, y el Castillo. Un poco más abajo y a su derecha, el castillete y el muro dallas.

Para avanzar por la pradera, podemos elegir entre varios senderos que luego giran a la izquierda para dirigirse al barranco del hueco de las hoces. Antonio elige el que va as pegado a la derecha y justo a la altura del muro dallas, cambia de dirección y gira a nuestra izquierda.

A partir de este punto, vamos a ir guiándonos por unos puntos que hay pintados en las rocas. Hace tiempo eran de color morado y ahora con el transcurso del tiempo más bien tienen un tono en algunas rocas entre anaranjado y rosado.

Estas marcas nos van a ayudar a progresar por el hueco de las hoces. Si bien es cierto que no es adecuado ir poniendo marcas en la montaña, si no fuera por estas, sería complicado subir por este lugar.

Vamos progresando entre grandes bloques siempre persiguiendo las ubicaciones de esos puntos. Aunque como os he comentado, hace mucho tiempo que no paso por esta zona, y las últimas veces en que he estado lo he hecho en bajada, desde siempre es una zona que me ha encantado, sobre todo por el laberintico camino que la atraviesa.

Pasamos por debajo de un pasadizo que forman dos rocas apoyadas entre sí, en algunos documentos la llaman la Gran Cuevona, y aprovechamos para parar en este punto y reagruparnos ya que el grupo viene muy estirado.

Desde aquí se tienen unas maravillosas vistas hacia la izquierda y por orden, el risco del Castillete, el Muro Dallas, el risco de las Tres Puntas, Cancho Butrón, y Coronas, abajo el collado de Quebrantaherraduras, enfrente toda la cuerda de los Porrones, collado de Valdehalcones, etc. A la derecha la mole de Peña Sirio.

Seguimos subiendo por los pasillos trazados entre las rocas y las encinas, hasta la confluencia con el arroyo del Hueco de las Hoces. A partir de este punto, la subida nos da una ligera tregua y avanzamos en un tramo más o menos llano.

Antonio, nos avisa que vamos a desviarnos hacia el jardín de Peña Sirio a realizar el tentempié de media mañana para que no nos pasemos el desvío.

Cuando llegamos a este, hacemos una pequeña parada de reagrupamiento para que no se nos despiste nadie. Desde este punto podemos ver el risco del jamón, el dinosaurio del hueco de las hoces y sobre ellos otros riscos y agujas.

Detrás de esa zona está la lagunilla del Yelmo, y sé que hay alguna senda que baja desde ella hasta el Hueco de las Hoces. Mientras llega el resto del grupo me entretengo intentando hacerme la idea de por dónde puede bajar esta senda. El caso que es que parece accesible.

Una vez reagrupados, coge los mandos del grupo Julián, y nos encamina hasta el Jardín de Peña Sirio a reponer fuerzas.

Hasta este punto, la ruta ha sido entretenida, pero si vamos atentos a los puntos no tiene pérdida. Pero recordando mis andanzas por este lugar, echo en falta algo. Me viene a la mente que había una zona de rocas con algún paso, no vamos a decir que complicado, pero si difuso. Pienso que quizás el camino que ha elegido Antonio ha superado ese punto por otro lugar, y no me he dado cuenta, pero aun así sigo mosqueado.

Cuando terminamos de reponer fuerzas, volvemos sobre nuestros pasos hasta el arroyo de los Huertos, y proseguimos subiendo por el mismo, la mayor parte del tiempo dejándolo a nuestra derecha.

A la altura del risco del Hueco de las Hoces, voilá, damos con la zona que yo recordaba. Tenemos que ayudarnos de las manos para progresar por las rocas y salvar este pequeño escollo.

El arroyo queda unos cuantos metros más abajo y el camino hay que sortearlo por la parte media de las rocas.

Sobre todo, hay que prestar atención a las puntos y marcas, porque en cualquier momento cabe la posibilidad de despistarnos y coger una trocha por la izquierda que se complica, o bajar por la derecha hacia el arroyo, entre rocas, donde parece adivinarse unas flechas moradas pintadas abajo.

Sin embargo, yo creía recordar que justamente se continuaba por el medio, donde no se aprecian marcas. Me adelanté un poco y efectivamente por allí era.

El grupo se ha dividido en varios subgrupos. Cada uno sube con mayor o menor dificultad en la medida que sus
condiciones se lo permiten. Julián tira para adelante con el grupo que íbamos en cabeza, y yo, intuyendo que podía haber despiste en este lugar, me quedo parado en una pequeña oquedad.

Al cabo de un rato oigo por los walkies a Antonio, indicando que paremos los de adelante. Ha llegado al punto que os he comentado anteriormente, y había tirado hacia la izquierda, y no veía por donde avanzar. Como estoy cerca retrocedo a su encuentro y les indico por donde continúa el camino correcto. Una vez pasado este punto, ya el resto del Hueco de las Hoces es un paseo.

Más adelante la canal se bifurca a la altura del Pan de Kilo que queda a nuestra izquierda. Justo en la bifurcación podemos observar el elefante del Yelmo. Si seguimos de frente iríamos a parar a la parte de atrás del Yelmo. Sin embargo, si tiramos por la parte derecha, saldríamos a la parte delantera del Yelmo, a la zona donde se encuentra la torre de la Valentina.

En esta zona también me suena que, desde la pradera del Pan de Kilo, hay un paso hacia la zona del Camello, pero nunca me he aventurado por ella. Sí intenté un día, siguiendo un mapa de escaladores, acceder desde el Pan de Kilo hacia la Portilla del Predicador, pero me tuve que dar media vuelta.

Ojo con ese camino que viene pintado en algunos mapas, porque a mí me pareció complicado, no hay hitos y hay que ir trepando entre rocas con huecos bastante profundos. Iba solo y cuando lo vi, dije, machote, media vuelta que como caigas en uno de estos no sales vivo.

Este extremo me lo corroboró una persona que me encontré en otra excursión. Él hizo ese tramo en bajada y me comentó que no le resultó nada fácil llegar a la parte baja del Pan de Kilo. Si ya la zona del Hueco de las Hoces es de por sí una zona poco frecuentada, y se han dado algunos casos desafortunados, por la zona que os comento no pasa ni un alma.

Esta vez el grupo no visitó el Balcón Prohibido, que está situado detrás del Pan de Kilo. Nuestro objetivo estaba situado en la canal de la derecha, y por ella subimos.

No hay un sendero definido, pero se progresa con facilidad siempre pegados a la pared del Cancho de las Pilas, parte derecha de la canal. Alcanzada la parte alta de ésta, ya tenemos a la vista en la pared del Yelmo la torre de la Valentina.

Esa vía, a medio camino entre el senderismo y la escalada es por la que algunos intrépidos suben andando al Yelmo, sin utilizar ningún material adicional, más que por seguridad algunos se calzan unos pies de gato.

Avanzamos un poco más por la parte alta de la canal y vamos a visitar dos o tres vivacs en la zona que suelen utilizar los escaladores para pernoctar.

Una vez contemplados, volvemos sobre nuestros pasos y accedemos a la zona de las Pilillas, denominación que recibe este risco debido a las oquedades, normalmente circulares o elípticas, que la erosión ha ido modelando en la superficie más o menos horizontal de la roca, a modo de pequeñas bañeras.

Estas formaciones reciben el nombre técnico de Pilancones. Paramos a descansar en este lugar y algunos aprovechan para acceder a la parte superior del risco, por una pequeña canal que se trepa sin mayor dificultad. En la cima las vistas son espectaculares, porque tenemos a nuestros pies parte de la Pedriza anterior y el embalse de Santillana.

Aprovechamos este idílico lugar y sus estupendas vistas, para realizar la comida.

Finalizada ésta, decidimos pasar a ver como se encontraba de agua la lagunilla del Yelmo. Para ello bajamos a coger el coqueto sendero que viene desde la pradera del Yelmo, y en pocos minutos nos deja en la Lagunilla. Esta es una laguna estacional, que necesita de la lluvia o de la nieve para acumular agua. Custodiada por el cancho de las lagunillas y el risco del mismo nombre, hoy no estaba llena, pero si tenía bastante agua, aunque estaba cubierta por un manto de vegetación acuática que le daba un aspecto especial.

Algunos aprovechamos para acercarnos a la pequeña brecha que hay al fondo de la misma, y que constituye un balcón privilegiado con vistas hacia el Hueco de las Hoces, Peña Sirio, su Jardín, esto es, la zona por donde hemos subido esta mañana.

Reanudamos la marcha y vamos a buscar el paso que hay hacia el este, y que en poco tiempo nos deja en la Senda Carboneras, que baja desde la pradera del Yelmo hacia la Gran Cañada, casi a la altura del collado de la Encina. Ya sin perdida vamos bajando por la misma.

Bueno lo de sin perdida es un decir, porque en un momento dado la mayor parte del grupo se sale de la senda por su parte izquierda. Los 5 integrantes que vamos en cabeza, pasamos por la fuente de Prado Pino o también llamada de la Gran Cañada y en pocos minutos estamos en la Gran Cañada.

Allí estuvimos esperando alrededor de 10 minutos hasta que vimos aparecer al resto de nuestros compañeros por la derecha del risco del Fraile. Por lo que comentan, como no tuvieron suficiente entretenimiento con la subida por el Hueco de las Hoces, fueron en busca de un poco de más diversión. ¡Vaya, y nosotros nos la perdimos!

Ya reunificados todos, cogimos el sendero del GR10, que en unos 45 minutos nos deja de nuevo en el aparcamiento de Canto Cochino.

Como en otras ocasiones, bajamos al pueblo de Manzanares a tomar unas cervezas en una de las terrazas de su plaza, y allí fue donde nos encontramos a Manolo. Había llegado unos minutos tarde, y como no había podido contactar con nadie, coincidió con unos chicos en el aparcamiento de Canto Cochino y se fue con ellos a hacer una ruta por el Collado de los Pastores.

Como no puede ser de otra manera, otra jornada en la pedriza visitando algunos de sus rincones más carismáticos no se merece tener una puntuación menor de 4,5.
Carlos Revilla

FOTOS

miércoles, 26 de mayo de 2021

Excursión 562: El Yelmo de la Pedriza desde el Tranco

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: El Tranco
Final: El Tranco
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 8.5 Km 
Desnivel [+]: 778 m 
Desnivel [--]: 778 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 14

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta































PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

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RESUMEN
Si hay algo emblemático en la Pedriza, eso es el Yelmo. Inmensa mole de granito rosa visible desde lejos, y que preside este incomparable espacio natural dentro del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. El Yelmo es un domo granítico con una altitud de 1717 metros y, para darnos cuenta de su tamaño, han calculado que en él se podría tallar el Monasterio de San Lorenzo del Escorial a tamaño real.

Pues bien, nuestro objetivo de esta jornada es ascender a su cumbre, algo que para mi iba a ser la primera vez, por eso tenía muchas ganas de conseguirlo.

Comenzamos la marcha en El Tranco, que es la entrada natural a la Pedriza en ascenso por el curso del río Manzanares y a la salida de la población de Manzanares el Real. En nuestro caso iniciamos el ascenso por la Senda de las Carboneras, ruta casi obligada para la subida hacia el Yelmo.

La marcha de hoy era básicamente subir, subir y subir entre jaras en flor para alcanzar la inmensa mole, solo dando tregua en los tres collados que tendríamos que pasar para el ascenso: La Gran Cañada, El Collado del la Encina y La Pradera del Yelmo.

Durante la subida disfrutamos de varios miradores naturales desde donde divisamos el Tranco, el pico de la Camorza, Manzanares el Real, el embalse de Santillana, Moralzarzal, Soto del Real y como no… El Cerro de San Pedro, viejo conocido del GMSMA.

Una vez alcanzada la Pradera del Yelmo, había que decidir si queríamos subir a la cima o no, y algunos, como Ángel, hacían propuestas para ascender por la cara suroeste, donde solo hay pared de granito con una verticalidad importante.

Por prudencia decidimos ir todos hacia el ascenso por el Corredor del Miedo. Con ese nombre no teníamos claro si es la mejor elección, pero aceptamos la sabiduría de nuestro guía Pedricero que, como no podía ser de otra forma, es nuestro compañero Paco Cantos.

Una vez llegados a la entrada del corredor, de todos los integrantes del grupo, solo ocho decidimos subir a buscar la cumbre del Yelmo por ese paso infernal.

La verdad es que el Corredor del Miedo, no da nada de miedo. Lo que da es angustia porque te quedas atorado en la estrechez del paso y te sientes incapaz de moverte hacia ningún lado.

Como vamos varios, nos ayudamos los unos a los otros sirviéndonos de apoyo para poder salir airosos del atolladero. Una vez pasado el trance, llegamos a la parte alta del Yelmo y comprobamos que había merecido la pena todo el esfuerzo realizado. Un espectáculo de paisajes nos estaba esperando.

Por detrás, las mejores vistas de la Pedriza. Desde las Marmitas de los Pilillas hasta las Torres, con la incomparable presencia por detrás de toda la Cuerda Larga.

Por delante todo el Madrid Norte y, como siempre, el Cerro San Pedro en medio, como queriendo hacernos recordar que él marca el comienzo de la temporada de senderismo y siempre merece un lugar privilegiado.

Tras las innumerables fotos, iniciamos el camino de vuelta al Tranco. Marcos y Raquel que habían decidido no subir al Yelmo, cogieron antes el camino de vuelta y decidieron volver por Canto Cochino con la intención de luego seguir el curso del río hasta el Tranco.

El resto, que habíamos echado un rato en el Yelmo, emprendimos camino de vuelta por el mismo sitio de ida, pero con una pequeña variante para acercarnos a ver la Lagunilla del Yelmo, que aunque tenía poca agua, es uno de los más bellos y agradables rincones de la Pedriza.

A su vera hicimos la parada para comer y recuperar las fuerzas perdidas en ese infernal Corredor del Miedo.

Una vez llenado el estómago y después de una fugaz siesta, emprendimos camino de vuelta. Ahora solo nos quedaba bajar saltando por las piedras como las cabras que nos habían acompañado a lo largo de todo el camino. Ya sabemos que en las bajadas es donde más sufren las rodillas y donde siempre hay más riesgo de tener un percance.

Y por fin, llegamos al Tranco dando por finalizada la caminata. Al llegar tomamos cuenta de que el coche de Marcos y el coche de Raquel estaban en el aparcamiento. ¿Eso es que aún no habían llegado? Ellos iban por delante y con mas tiempo que nosotros, así que deberían haber terminado antes. ¿Se habrán perdido? Saltan todas las alarmas y empezamos a llamarles por teléfono, pero dan sin cobertura.

¿Qué hacemos? ¿vamos a buscarlos? ¿Esperamos?... Y de repente Esteban viene gritando de un bar cercano: ¡Están aquí tomándose una cervecita!

¡Menudo susto! Menos mal que está bien lo que bien acaba, así que todos a tomarnos un gratificante refrigerio y aquí no ha pasado nada.

Como ruta emblemática de los senderistas Guadarrameños y Gemesmanianos, esta se merece la máxima puntuación posible: 5 sicarias.
Jorge Isidro Sánchez

«Se convoca una excursión
al Yelmo de la Pedriza,
quien suscribe garantiza
aventura y diversión».
¿Quién pudiera resistirse
ante tal convocatoria?,
si esto llegara a cumplirse,
sería muy meritoria.

En el Tranco comenzamos
con aforo suficiente,
esta vez no nos juntamos
ni poca ni mucha gente.
La mañana era estupenda
y empezamos las primeras
subidas por una senda,
Senda de las Carboneras.

A mitad de la ascensión
nos paramos un momento
para hacer reagrupamiento
en un inmenso balcón
que al pasar la Gran Cañada,
para admirar Manzanares,
su castillo y sus lugares,
siempre es parada obligada.

Proseguimos la subida
donde el camino se inclina
hasta llegar enseguida
al Collado de la Encina,
una pequeña meseta,
donde ya la perspectiva
nos anunciaba la meta,
y ya un poco más arriba

llegamos a la pradera
del Yelmo, ¡qué impresionante,
a cualquiera pareciera
estar ante un gran gigante!
Ante ese gran paredón
tan grande como un castillo
antes de hacer la ascensión
tomamos un bocadillo.

Dos compañeros dijeron:
«Paco, no nos amenaces»
y hacia el Tranco se volvieron
cual dos estrellas fugaces.
Y ahora viene lo mejor
y lo más impresionante
aunque sea lo peor
para todo principiante;

ante tal incertidumbre
es costumbre necesaria
al ascender a la cumbre
elevar esta plegaria:
«Encomiéndome a San Telmo
porque si no, retrocedo,
para coronar el Yelmo
por el Corredor del Miedo»

Cualquier montañero sueña
con contemplar la Pedriza
en lo alto de esta peña
que más la caracteriza.
Yo recomiendo una dieta
para subir esta vez:
más frutas, menos panceta
y un poco de delgadez,

porque si alguno se agobia
es mejor poca cintura
que padecer claustrofobia
en esta estrecha hendidura,
pero mereció la pena
pasar por esta angostura.
Si subiste, ¡enhorabuena!,
si no, ¡qué gran amargura!

Y después de la bajada
fue una sorpresa muy grata
dónde hicimos la parada
para comer el bocata,
porque no hay mejor placer
que el de sentarse a la orilla
de la hermosa Lagunilla
a la hora de comer.

Tras este descanso extenso
solo nos faltó la siesta
e iniciamos el descenso
sin que mediara protesta.
Bajando unas veredillas
por esta zona montana
recordé las serranillas
del Marqués de Santillana,

que andando por estos lares
dedicó con mucha gana
a Menga de Mançanares,
una rolliza serrana:
«Desçendiendo'l yelmo á yusso
contra'l Bóvalo tirando
en esse valle de susso
ví serrana estar cantando»

Para evocar al marqués
en busca de la mozuela,
aunque seis siglos después
seguimos su cantinela:
Yelmo abajo descendimos
hacia El Boalo tirando,
pero serranas no vimos
ni cantando ni bailando,


que hoy serranas no se ven
por la Pedriza cantando
sino que se ven, más bien,
montañeras caminando.
Me imagino yo al marqués
por estas sendas tan duras
como una cabra montés
en búsqueda de aventuras;

¡vaya colosal paliza,
disponiendo de un castillo
subir hasta la Pedriza
con tal de echar un polvillo!
Dos kilómetros abajo
arribamos al destino,
y aun siendo el mismo camino
bajar dio menos trabajo,

pero nos dio mucha sed,
ganas de beber muy fuerte;
¿habría algún bar?, pues sabed
que sí, que tuvimos suerte,
y en el bar nos esperaban
las dos estrellas fugaces,
donde tomamos, voraces,
las cervezas que aguardaban.

Jorge ofició de cronista
y como le entusiasmó
la estrechura masoquista,
cinco sicarias le dio
a esta excursión pedricera,
a la cual yo digo adiós,
y cuya serie numera
quinientos sesenta y dos.
Paco Cantos

FOTOS
* Fotos de Jorge Isidro Sánchez
* Fotos de Jorge Montero
* Fotos de Paco Nieto