miércoles, 29 de enero de 2014

Excursión 172: Cercedilla invernal

FICHA TÉCNICA
Inicio: Cercedilla
Final: Cercedilla
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 15,2 km
Desnivel [+]: 581 m
Desnivel [--]: 720 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4,5
Participantes: 27

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta


TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Está claro que Antonio es un talismán que, entre otras muchas cosas, proporciona buen tiempo.

Al no estar él, ni siquiera pudimos llegar al aparcamiento donde dejar los coches para subir al Montón de Trigo.

Menos mal que Fernando S. reaccionó rápida y eficazmente y, tras conducirnos hasta un aparcamiento bien resguardado en el mismo pueblo de Cercedilla, nos guio en una improvisada marcha por bellos parajes cubiertos de nieve en lo que acabó siendo el relajante descubrimiento de Cercedilla invernal.


Lástima que hubo quien se dio la vuelta al encontrar helada la carretera y no pudo disfrutar de este día mágico.

Y además de los nevados parajes se perdieron la celebración de la 100ª marcha de Joaquín, en compensación nos acompañó por primera vez Carmen, la mujer de Jesús C.

Pisando la nieve desde el inicio, salimos muy bien abrigados del pueblo, tanto que a algunos sólo les asomaba la punta de la nariz y era difícil identificarlos, si exceptuamos a Joaquín, que gasta una nariz con mucha personalidad.


Al monocolor blanco del paisaje se añadió el vivo colorido de nuestra indumentaria.

Tomamos la Senda del Agua e íbamos hollando la nieve caída durante la noche, que tenía la textura y el espesor justos para sentir un placer especial al caminar, notando como cada pisada producía un crujido sordo. Subíamos poco a poco por la ladera de Las Dehesas y el valle se iba mostrando en todo su blanco esplendor como si fuera un Nacimiento.

Al rato, Fernando ordenó tomar una senda a la derecha y llegamos hasta la denominada “Piedra de Pablo”, donde vivimos entrañables momentos escuchando a Fernando relatar su personal historia sobre este lugar, en un discurso que Javier M. ha asimilado al Sermón de la Montaña. Además, disfrutamos del primer festejo del día por el centenario de Joaquín, celebrado con unos bombones que nos había traído para endulzar el aperitivo.

Entre chispas de nieve y con el viento en calma, seguimos subiendo por la empinada Senda del Sevillano. Cuando se iba en cabeza del grupo, era un gusto ser el primero en hundir el pie en el manto blanco que se extendía hasta donde llegaba la vista, aunque este acto tenía algo de deleznable, como si se mancillara sin piedad algo sagrado.

Llegamos así al mirador de Vicente Aleixandre; con cuidado nos encaramamos a él, pero, debido a las nubes bajas y la neblina, las vistas eran muy limitadas.

Fernando, atendiendo las peticiones previas del público, nos llevó hasta la Ducha de Los Alemanes siguiendo la Senda Victory (gracias, Fernando).

Seguimos disfrutando del paisaje idílico, del ritmo sosegado, de los regatos de agua surcando la blanca nieve y formando carámbanos en las cavidades, incluso del silencio, pues yo creo que a veces hasta hablábamos en susurros para no romper el encanto.

Comimos el bocadillo con avidez frente a la cascada que da nombre a la Ducha de Los Alemanes, mientras la nevada se hacía más copiosa y notábamos el frío al estar parados y sin guantes. Pero allí estaba Joaquín para celebrar su gran día por segunda vez, haciéndonos entrar en calor con una copita de orujo del bueno acarreado desde los Pirineos.

Paseando por la carretera de la República  y después por la calzada romana llegamos a Casa Cirilo, donde tuvimos una mala experiencia: Habíamos pedido caldos y cervezas, cuyo precio ya era algo abusivo, pero además el barman se empeñó en que habíamos consumido más cantidad de la que recordábamos, por lo que finalmente nos fuimos con la sensación de ser estafados (aviso para caminantes).

Una vez regresamos a Cercedilla, nos repusimos de los últimos kilómetros celebrando en un bar por tercera vez el centenario de Joaquín, quien invitó a las últimas cervecitas junto con José Luis B., que celebraba su reciente cumpleaños.

Madi ha debatido mucho en esta ocasión sobre la nota merecida en esta marcha improvisada. Finalmente sus técnicos han decidido olvidarse de la excursión original, que seguro se hará otro día, y otorgar 4’5 sicarias.

miércoles, 22 de enero de 2014

Excursión 171: Somosierra - Robregordo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Somosierra
Final: 
Robregordo
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,2 km
Desnivel [+]: 267 m
Desnivel [--]: 413 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 3
Participantes: 28

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Iba a ser una excursión con dos hitos destacados, según Juan había reseñado: La Chorrera de Litueros y los rodales de la acebeda de Robregordo.

Terminó siendo una huida por la nieve en busca de la civilización, cuyo único rastro se hallaba de vez en cuando en alguna señal del gasoducto Madrid-Burgos, y teniendo como única meta llegar a Robregordo a las tres.

Acudió Antonio al puerto de Somosierra sólo para entregar el testigo del GPS donde estaría marcada la ruta, ya que no podía participar de la misma, como tampoco podía hacerlo Juan.

Y empezó la cosa obviando la visita a la chorrera para poder llegar a tiempo al destino. Así que, saliendo por el camino frente a la ermita, comenzamos a andar con bastante incertidumbre en nuestras mentes por el tiempo que íbamos a tener.

Había bastante nieve. Había niebla. Hacía frío, acentuado a veces por el viento. Granizó. Nevó. Llovió. En definitiva, un día de perros. Por eso nos acompañó durante todo el trayecto un mastín ovejero que nos cogió cariño y formaba conjunto con nuestras mascotas titulares Teo y Lucas.

Tenía este mastín un pelaje muy parecido al de Teo, de forma tal que la primera vez que lo vi me estremecí al notar el súbito crecimiento que Teo había experimentado de repente. Unos decían que el mastín estaba abandonado, otros que le apetecía dar un paseo por ver si le caía algo; parece ser que se volvió sin más al finalizar la marcha.

Si rara vez podemos conocer nuestro destino de antemano, no iba a ser ésta la excepción. Perdidos, perdiditos... anduvimos casi en todo momento, aunque apenas cundió el desánimo gracias a que la mayoría nos fiábamos inocentemente de unos cuantos que iban interpretando el GPS y los mapas de la zona.

Toda una muestra de la felicidad que proporciona la ignorancia.

Aún así, vivimos escenas memorables: La travesía por las laderas desnudas donde sólo el manto de la nieve era visible, los granizos que se precipitaban desde el cielo como una sopa de estrellas (literalmente), los arroyos generosos fluyendo a intervalos, los primeros acebos dispersos que nos hacían concebir esperanzas, el paso por un pinar con bloques de nieve cayendo desde las copas, algunos imponentes robles ya próximos a la acebeda... y por fin los primeros acebos cuajados de frutos rojos.

Lo único que, cuando esperábamos llegar a los rodales de acebos, resulta que estábamos abandonando la acebeda, además sin haber comido nada desde el aperitivo despachado al poco de iniciar la marcha resguardados de la ventisca tras una caseta.


Era la guinda que faltaba para completar la  impresión que se debieron llevar los tres participantes que nos acompañaban por primera vez: Paulino, Ana II y Gema. No obstante, hay que agradecer su entereza y discreción, pues creo que fueron de los pocos que no pusieron verde a nadie.

Ya se divisaba Robregordo y había que hacer un plan de mejora para evitar otra jornada tan caótica. Tras un encendido debate, Santiago señaló que la solución final se hallaba en guillotinar a los tres o cuatro que habían andado manoseando el GPS y los mapas, aunque luego se ablandó y declaró que era suficiente con ejecutar a dos, por lo que a partir de ahora recomiendo asignar a Santiago el apelativo de “El Magnánimo”.

Poco antes de llegar al pueblo vimos el coche de Juan estacionado en el camino, señal de que andaba por allí (luego nos informó que había ido a echar un vistazo a los rodales de acebos). Tras localizarle por teléfono, nos reunimos todos en el bar que hay bajo el reloj del pueblo, donde llegamos fatigados y hambrientos.

Disfrutamos del raro privilegio de zampar el bocadillo acompañándolo de cerveza, mientras el propietario del bar, al contarle de dónde veníamos, tenía cara de pensar: “Están locos estos romanos”.

José María hizo el reparto del 
Álbum 2013, que fue muy emotivo. Aunque ya recibió un aplauso en el momento, no está de más volver a agradecer desde aquí, en nombre de todos, el gran esfuerzo realizado para conseguirlo.

Juan, que ya había alcanzado el primero de los hitos de la excursión, aún no habiéndola hecho, tenía ganas también de lograr el segundo, así que propuso acercarnos en coche a la chorrera de Litueros; sólo cinco lo hicimos, pero diré, para envidia del resto, que fue quizá lo más hermoso del día, ya que, aparte del encanto del paisaje, presentaba un caudal espectacular; y sólo estaba a diez minutos andando desde donde dejamos los vehículos.

La calificación de Madi para esta caminata, teniendo en cuenta las penalidades acontecidas, es de 3 sicarias.
Melchor

FOTO REPORTAJES

miércoles, 15 de enero de 2014

Excursión 170: Puerto de la Morcuera - Canencia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de la Morcuera
Final: Canencia
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 16,6 km
Desnivel [+]: 272 m
Desnivel [--]: 891 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: En parte
Valoración: 3,5
Participantes: 30

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
En esta ocasión, además de pasar y repasar a fondo las carreteras que unen Miraflores con Canencia y el puerto de La Morcuera, tuvimos ocasión de patear los altos parajes de esta sierra y descender hasta el pueblo de Canencia, soportando la niebla, la lluvia ocasional y también los tramos-trampa con los que Antonio nos suele sorprender.

Si obviamos la intendencia motorizada, todo empezó estupendamente nada más iniciar la caminata: Nos sorprendieron unas vistas espectaculares de todas las cumbres, de un blanco refulgente que contrastaba con el azul del cielo y las nieblas en los valles.

Presidía el panorama, al norte, la majestad del macizo de Peñalara seguido de Los Montes Carpetanos, mientras a nuestras espaldas y a un tiro de piedra, La Najarra moteada de nieve daba paso a toda La Cuerda Larga.

Hacia el sur, una neblina persistente impedía las vistas. 

A buen paso, Antonio guiaba al grupo siguiendo una senda, apenas perceptible entre la vegetación y la nieve ocasional, que nos encaminaba por el borde de una alambrada al pico Perdiguera.

Como estábamos frescos y la subida no era fuerte, llegamos sin sentirlo a ésta nuestra primera meta volante.

El panorama desde el pico hacia Miraflores debe de ser espléndido, pero la niebla ascendía amenazante por la ladera y nos impedía contemplarlo; nos conformamos con tomar tranquilamente nuestro tentempié aposentados en las rocas de la cumbre, las cuales, por cierto, presentaban al llegar mondas de mandarina desperdigadas sobre ellas, como evidencia del incivismo que aún persiste en las prácticas senderistas.

Poco antes de continuar, la niebla nos envolvió casi imperceptiblemente y ya no nos abandonó hasta casi llegar al pueblo de Canencia. José Luis F. y su fiel Teo se volvieron por tener obligaciones y los demás seguimos cuesta abajo por un cortafuegos hasta desembocar en la pista que une los dos puertos, en las proximidades del de
Canencia.

Se caminaba cómodamente, salvo Jesús con sus botas nuevas, y se aprovechaba para comentar nuestros gustos, pasiones y debilidades; así pudimos constatar que a los del GMSMA, como a una gran parte de la población, nos encantan los documentales de la 2 (de ahí su “extraordinaria” audiencia); también nos sorprendimos al descubrir que muchos nos mareamos fácilmente viajando en coches ajenos, ¡y eso que se comparten muchos coches en el GMSMA!

Varios compañeros dieron por finalizada la excursión en el puerto de Canencia. El resto nos fuimos acomodando en las mesas del área recreativa para comer, mientras la niebla se iba cerrando y las charcas del entorno parecían hediondos lechos fantasmales.

Al estar quietos, el frío iba adentrándose en el cuerpo y sólo algún trago de vino y las prendas de abrigo añadidas nos iban reconfortando. Pero podía haber sido peor, ya que, nada más recoger los trastos para seguir la caminata, una lluvia copiosa comenzó a caer, llevando la contraria a quienes habían afirmado taxativamente que con niebla no llueve.

Eran las tres en punto de la tarde. Joaquín se refugió bajo una chapela de roca para no mojarse, pero como en el gimnasio todavía no se ha preparado lo suficiente, no pudo llevársela puesta.

Con lluvia y niebla se hizo la foto de grupo, bajo un chamizo, protegiendo la cámara con un paraguas: Primera foto de conjunto de la temporada en estas condiciones.

Mientras descendíamos por pistas a través del pinar, “poniendo en común” (así decían en la EGB) nuestras experiencias con los cortes de pelo y peluquerías, escampó.

Un poco después, la niebla quedó atrás y pudimos ya atisbar el pueblo de Canencia al tomar una curva de la pista.

En el pinar quedaban restos de fogatas donde se había quemado el ramaje de muchos pinos que estaban tendidos en el sotobosque, tras una tala que suponíamos de limpieza.

Antonio había dicho: Se va primero por pista y luego por una senda. Por contraste, lo que observamos los más adelantados es que la pista se acabó de pronto al borde del pinar y enfrente había un muro de piedra precedido por matojos varios que aparentemente impedían el paso. Exclamación de Antonio al alcanzarnos: “¡Pero qué hacéis aquí parados! Seguid por la senda...” 

Así que atravesamos los matojos, saltamos el muro, nos adentramos por viejos caminos intransitados y casi intransitables, sorteamos  cercas y alambradas e incluso nos allegamos hasta los dominios de un toro de mucho porte que nos hizo desviarnos un pelín; ni los más toreros se le acercaron, lo que significa que nuestra torería no ha llegado mucho más allá del canto del estribillo de “El Niño de Las Monjas”, salvo la de Joaquín, que, además del estribillo, canta el resto de la pieza.

Finalmente entramos en Canencia por un puente sobre el río que da su nombre al pueblo, entreteniéndonos en observar algunas de sus casas y de forma especial, la curiosa costumbre de poner dos puertas casi idénticas en muchas de ellas, incluso algunas de reciente construcción. Por lo que parece, por una de ellas se accede directamente desde la calle a la planta baja y por otra al piso superior.

Llegamos así al bar de la plaza, que llenamos casi por completo, donde, mientras nuestra amiga camarera se afanaba por servir cervezas para todos, Paco Nieto mostraba una más de sus destrezas cortando jamón serrano para acompañar, merito muy grande si se tiene en cuenta que no disponía del cuchillo apropiado para cortarlo porque se había mandado a afilar.

Finalmente partimos como pudimos, en los vehículos que quedaron en el pueblo, hacia el puerto de La Morcuera, donde esperaban los coches que habíamos empleado al comienzo. A la salida del pueblo, Santiago nos “salvó la vida” a los que íbamos en la furgo, al avisar al conductor, o sea a mí mismo, de una maniobra inesperada de otro vehículo que me había pasado desapercibida. Me ahorro los improperios expelidos en el momento, que no se pueden transcribir, y sólo expreso mi gratitud a Santiago por su atención y buena vista.


El consenso de los analistas de Madi otorga a esta marcha 3’5 sicarias.
Melchor

FOTO REPORTAJES