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miércoles, 6 de mayo de 2026

Excursión 919: Las chorreras de Collado Hermoso

FICHA TÉCNICA
Inicio: Collado Hermoso 
Final: 
Collado Hermoso
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 16,3 Km 
Desnivel [+]: 617 m 
Desnivel [--]: 617 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 24

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Mientras una buena parte del grupo estaba haciendo rutas por la legendaria Grecia, otro tanto nos apuntamos a descubrir los encantos de Collado Hermoso, donde nunca habíamos estado.

Comenzamos nuestra ruta en el inicio de la Calle Camino de los Molinos, junto al incipiente río del Sordillo, con esa mezcla de ilusión y calma que siempre acompaña a las mañanas de senderismo de los miércoles.

El aire fresco nos fue guiando hasta un puente sobre río del Sordillo, tomamos la pista de la izquierda para adentrarnos en plena naturaleza, con un verde que a mi me recordaba el de Asturias.

Apenas habíamos calentado las piernas cuando nos desviamos a la izquierda para ir a contemplar el Monasterio de Santa María de la Sierra.

Sus viejas ruinas, silenciosas y majestuosas, parecían custodiar el valle desde hace siglos. Allí hicimos una pequeña pausa para hacernos un montón de fotos y la de grupo, imaginando la vida que un día habitó aquellos muros de piedra escondidos entre pinares.

Únicamente se conserva destacable en la actualidad parte de la iglesia, que es de estilo y características cistercienses, de gran sobriedad y finura. Aquí más información.

Regresamos al Camino de los Molinos para continuar ascendiendo lentamente hasta alcanzar el arroyo del Charco. Nada más cruzarlo, un sendero a la izquierda nos condujo hasta la primera de las sorpresas del día: la Chorrera baja del Arroyo del Charco. El agua caía con fuerza entre las rocas, regalándonos uno de esos rincones donde el tiempo parece detenerse y donde siempre apetece quedarse un poco más de la cuenta.

Regresamos a la pista y seguimos avanzando junto a un antiguo molino restaurado, testigo silencioso del paso de los años. El camino se internó entonces en un frondoso pinar siguiendo el curso del arroyo Viejo de Sotosalbos, donde había un pequeño refugio de pescadores, medio oculto entre la vegetación, mientras el aroma de la tierra húmeda y el aroma de las agujas de los pinos llenaba el ambiente.

La subida fue suave pero constante, entre curvas y revueltas adornadas por acebos que daban un toque especial al recorrido. A mi me llevaban Raquel y Enrique  casi en volandas. A cada tramo el paisaje se abría un poco más, dejándonos bonitas vistas del entorno.

En una de sus numerosas curvas, paramos a tomar el tentempié de media mañana. Pasamos junto a una pequeña fuente manantial antes de alcanzar el arroyo Segovia, cuyo sonido fresco volvió a regalarnos un instante de calma.

Al llegar a la Pradera de la Mojonera el paisaje cambió por completo. Aquel amplio claro, utilizado antiguamente para resguardar el ganado, transmitía serenidad y amplitud. Poco después descendimos hasta el arroyo Viejo para remontarlo hasta alcanzar unas preciosas chorreras, con varios saltos, a las que se llega con algo de dificultad, otro rincón escondido donde el agua volvía a convertirse en protagonista.

Aprovechamos las estupendas vistas del agua precipitándose a lo largo de la pequeña garganta para dar cuenta de los bocadillos, el sitio no podía ser mejor.

Tras el prolongado descanso, descendimos hasta alcanzar de nuevo la pista, desde la que iniciamos otra subida hasta llegar al punto más alto de la ruta.

Pasamos junto a varios cargaderos de pinos, donde se apilaban los troncos ordenadamente.

Desde allí pudimos contemplar la inmensa llanura segoviana y los pueblos de su alrededor a lo lejos, una imagen que invitaba a detenerse a identificar cada uno de ellos.

La bajada nos condujo hacia otras de las chorreras más espectaculares del recorrido. Primero alcanzamos la Chorrera Alta del Arroyo del Charco, dividida en dos hermosas caídas de agua que formaban un rincón realmente mágico. La plataforma natural frente a ella nos regaló otro momento memorable de la jornada, entre fotografías y el sonido hipnótico del agua golpeando las piedras.

Apenas unos cientos de metros más adelante, un sendero evidente nos llevó hasta la Chorrera Media del Arroyo del Charco, otro pequeño tesoro escondido entre el bosque. 

Retomamos finalmente la marcha descendiendo cómodamente hacia Collado Hermoso.

Antes de llegar al final todavía nos esperaba un par de sorpresas, el Mirador Estelar del que aquí se da más información,  y una pequeña charca de anfibios, último detalle de una ruta llena de agua, bosque y rincones con alma.

Terminamos la jornada con la sensación de haber recorrido no solo senderos y pinares, sino también lugares capaces de despertar esa calma sencilla que solo se encuentra caminando entre montañas.

Y para remate de fiesta, casi todos nos acercamos a Torrecaballeros a ver la casa rural de los Hebrero, donde fuimos agasajados por Carolina y Lucio con unos cafés y por Alejandro y Carmen con unas ricas pastas por Roy, su segundo nieto, recién nacido. Gracias a todos.

La ruta me ha encantado, es preciosa y muy cómoda, le otorgo un 5 porque no puedo el 10.
Santiago Pascual

miércoles, 2 de marzo de 2022

Excursión 607: Mina de plata de Bustarviejo y Cabeza de la Braña

FICHA TÉCNICA
Inicio: Bustarviejo
Final: Bustarviejo
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 13,2 Km 
Desnivel [+]: 615 m 
Desnivel [--]: 615 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 45

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














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RESUMEN
- “Escribes bien o mal??”, me espetó Antonio al acercarme a su lado, nada más empezar a andar.

- “Eh, Uh, … Regular…” alcancé apenas a balbucear.

- “Pues te toca hacer la crónica de la excursión”, sentenció.

¡Y en estas me veo, para celebrar mi sexta excursión y mi estrella blanca como senderomago!, con todos los derechos (sean estos los que fueren, como recuerda siempre mi vecino y estadístico oficial, José María).
La verdad es que, con un tiempo bastante soleado, aunque todavía fresco en esas primeras horas de la mañana, el día y el lugar se presentaban magníficos para andar. Congregados en la Fuente del Collado, poco antes de llegar a Bustarviejo, al pie de Cabeza Arcón, los 45 senderomagos iniciamos la ruta ascendente hacia el molino de la Mina, ya visible en lo alto casi desde el inicio.

La cuesta de la Plata es bastante empinada, pero con buen ánimo, las piernas frescas y un sendero pedregoso pero amplio, se hace sin mayores dificultades. Del molino, que servía para un primer triturado del mineral extraído, solo se conserva la torre, restaurada hace unos años.

La Mina Mónico, como se la llamaba, es realmente bien antigua, de mediados del siglo XVIII, pero continuó en explotación hasta hace no tanto, comienzos de los años 70 del pasado siglo, según dice un cartel informativo y demuestran los restos de mineral acumulados en grandes montoneras.

La pureza del mineral no era mala, del 1%, y para la extracción del preciado metal se usaban técnicas de compresión, calentamiento y lavado del mineral. Así lo atestiguan aún los restos visibles de una trituradora giratoria primaria (o Cono Simons para los entendidos), de vagonetas, y de una machacadora de mandíbulas (de piedra claro, aunque desconocemos si eran de simple o de doble efecto).

La boca de la mina propiamente dicha está cerrada, aunque hay fuera un plano de sus galerías. Así que allí mismo, al pie de la torre, inmortalizamos el momento con la correspondiente “foto de familia”.

Antes de proseguir la subida hacia Cabeza Braña cuatro de nuestros más ilustres senderomagos -Jose María, Leonor, Nicolás y Marcos- optaron por un camino alternativo más benigno hacia el puerto de Canencia, con la idea de reunirnos allí y comer juntos. Sin embargo, el plan fracasó, como es fácil que suceda en este tipo de situaciones, de modo que nuestros compañeros, tras un bonito caminar entre fuentes y dólmenes, acabaron comiendo su correspondiente bocata sin más compañía que las de unas amistosas lagartijas que por allí tomaban el sol, según relatan.

El grupo principal, mientras tanto, siguió la empinada, estrecha y rocosa senda que, en paralelo a un bonito arroyo, llamado del Valle, nos acompañó toda la subida hasta el Collado de Hernán García, donde ya se nos hizo la hora del “ángelus” y del correspondiente tentempié. Pero la cuesta hasta Cabeza Braña no acababa ahí, así que tocó seguir subiendo hasta coronar ese monte de nada menos que 1.774 metros de altura. La vista desde ese punto sin duda merecía la pena, con todo el perfil de la “Cuerda Larga” aún con manchas de nieve y Peñalara hacia la derecha y con los inconfundibles riscos superiores de la Pedriza un poco más a la izquierda.

Tras solazarnos con el bonito paisaje continuamos un buen trecho bordeando el monte, ya de caída, hasta su otra vertiente, donde se nos apareció el valle del Lozoya en toda su magnitud, con el embalse de Río Sequillo y los Montes Carpetanos de fondo.

Un poco más adelante, en otra zona nuevamente más plana y verdosa, llamaban la atención, en el suelo, unas bonitas florecillas, de color ligeramente violáceo.

El amigo Melchor, con quien caminaba en ese rato, me contó que se las conoce por el nombre de “robameriendas”. Al parecer se trata de una flor que brota sobre todo en el otoño y que, al marcar para los pastores y caminantes el declinar de las horas de luz, señala también la conveniencia de no detenerse para merendar y aprovechar ya para una buena cena temprana al llegar a casa. Pero también florecen, aunque de manera menos acentuada, y por eso las vimos, al comienzo de la primavera.

Luego la bajada se acentuó, y ya entre pinos, bordeando una valla y atravesándola unas cuantas veces para evitar las partes más pedregosas, continuamos por el Hueco de los Cortados hasta Collado Hermoso, donde tocó devorar los correspondientes bocatas. Mientras comíamos muchas de las conversaciones giraban en torno al espanto de la invasión de Ucrania por Putin, y al miedo de toda esa pobre gente rodeada de repente por tanques y bombas. Ojalá que acabe pronto, y de la mejor manera posible, ese desastre. Claro que también hubo tiempo para hablar, con Antolín y Melchor, de otros temas, como la revuelta del Rif comandada por Abd el-Krim, y del destierro de este y su muerte a comienzos de los años 60 en El Cairo, donde está enterrado.

El reanudar de la marcha nos llevó, tras superar una pequeña zona de rocas, a una pradera llana y húmeda en la que destacaban unas lagunillas, ¡bien bonito paisaje ese!

Después, tras llegar a La Retuerta, se nos abrió la vista de Madrid a lo lejos y Miraflores a la derecha, con los correspondientes equilibrios y fotos sobre el precipicio rocoso de los más audaces. 

Luego enfilamos nuevamente la bajada en amable conversación, en mi caso con Begoña, ilustre representante segoviana. Así que el camino se hizo ya muy corto hasta llegar nuevamente al lugar de partida.

Sin duda que el buen día, lo curioso de la Mina de Plata, los bonitos paisajes recorridos y la grata compañía hacen merecedora a esta excursión de una puntuación muy alta. Solo no habernos reencontrado con nuestras cuatro “estrellas fugaces” impide otorgarle la nota máxima, así que la calificamos con 4,5 sicarias.
Luis Orgaz


FOTOS

miércoles, 15 de enero de 2014

Excursión 170: Puerto de la Morcuera - Canencia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de la Morcuera
Final: Canencia
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 16,6 km
Desnivel [+]: 272 m
Desnivel [--]: 891 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: En parte
Valoración: 3,5
Participantes: 30

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
En esta ocasión, además de pasar y repasar a fondo las carreteras que unen Miraflores con Canencia y el puerto de La Morcuera, tuvimos ocasión de patear los altos parajes de esta sierra y descender hasta el pueblo de Canencia, soportando la niebla, la lluvia ocasional y también los tramos-trampa con los que Antonio nos suele sorprender.

Si obviamos la intendencia motorizada, todo empezó estupendamente nada más iniciar la caminata: Nos sorprendieron unas vistas espectaculares de todas las cumbres, de un blanco refulgente que contrastaba con el azul del cielo y las nieblas en los valles.

Presidía el panorama, al norte, la majestad del macizo de Peñalara seguido de Los Montes Carpetanos, mientras a nuestras espaldas y a un tiro de piedra, La Najarra moteada de nieve daba paso a toda La Cuerda Larga.

Hacia el sur, una neblina persistente impedía las vistas. 

A buen paso, Antonio guiaba al grupo siguiendo una senda, apenas perceptible entre la vegetación y la nieve ocasional, que nos encaminaba por el borde de una alambrada al pico Perdiguera.

Como estábamos frescos y la subida no era fuerte, llegamos sin sentirlo a ésta nuestra primera meta volante.

El panorama desde el pico hacia Miraflores debe de ser espléndido, pero la niebla ascendía amenazante por la ladera y nos impedía contemplarlo; nos conformamos con tomar tranquilamente nuestro tentempié aposentados en las rocas de la cumbre, las cuales, por cierto, presentaban al llegar mondas de mandarina desperdigadas sobre ellas, como evidencia del incivismo que aún persiste en las prácticas senderistas.

Poco antes de continuar, la niebla nos envolvió casi imperceptiblemente y ya no nos abandonó hasta casi llegar al pueblo de Canencia. José Luis F. y su fiel Teo se volvieron por tener obligaciones y los demás seguimos cuesta abajo por un cortafuegos hasta desembocar en la pista que une los dos puertos, en las proximidades del de
Canencia.

Se caminaba cómodamente, salvo Jesús con sus botas nuevas, y se aprovechaba para comentar nuestros gustos, pasiones y debilidades; así pudimos constatar que a los del GMSMA, como a una gran parte de la población, nos encantan los documentales de la 2 (de ahí su “extraordinaria” audiencia); también nos sorprendimos al descubrir que muchos nos mareamos fácilmente viajando en coches ajenos, ¡y eso que se comparten muchos coches en el GMSMA!

Varios compañeros dieron por finalizada la excursión en el puerto de Canencia. El resto nos fuimos acomodando en las mesas del área recreativa para comer, mientras la niebla se iba cerrando y las charcas del entorno parecían hediondos lechos fantasmales.

Al estar quietos, el frío iba adentrándose en el cuerpo y sólo algún trago de vino y las prendas de abrigo añadidas nos iban reconfortando. Pero podía haber sido peor, ya que, nada más recoger los trastos para seguir la caminata, una lluvia copiosa comenzó a caer, llevando la contraria a quienes habían afirmado taxativamente que con niebla no llueve.

Eran las tres en punto de la tarde. Joaquín se refugió bajo una chapela de roca para no mojarse, pero como en el gimnasio todavía no se ha preparado lo suficiente, no pudo llevársela puesta.

Con lluvia y niebla se hizo la foto de grupo, bajo un chamizo, protegiendo la cámara con un paraguas: Primera foto de conjunto de la temporada en estas condiciones.

Mientras descendíamos por pistas a través del pinar, “poniendo en común” (así decían en la EGB) nuestras experiencias con los cortes de pelo y peluquerías, escampó.

Un poco después, la niebla quedó atrás y pudimos ya atisbar el pueblo de Canencia al tomar una curva de la pista.

En el pinar quedaban restos de fogatas donde se había quemado el ramaje de muchos pinos que estaban tendidos en el sotobosque, tras una tala que suponíamos de limpieza.

Antonio había dicho: Se va primero por pista y luego por una senda. Por contraste, lo que observamos los más adelantados es que la pista se acabó de pronto al borde del pinar y enfrente había un muro de piedra precedido por matojos varios que aparentemente impedían el paso. Exclamación de Antonio al alcanzarnos: “¡Pero qué hacéis aquí parados! Seguid por la senda...” 

Así que atravesamos los matojos, saltamos el muro, nos adentramos por viejos caminos intransitados y casi intransitables, sorteamos  cercas y alambradas e incluso nos allegamos hasta los dominios de un toro de mucho porte que nos hizo desviarnos un pelín; ni los más toreros se le acercaron, lo que significa que nuestra torería no ha llegado mucho más allá del canto del estribillo de “El Niño de Las Monjas”, salvo la de Joaquín, que, además del estribillo, canta el resto de la pieza.

Finalmente entramos en Canencia por un puente sobre el río que da su nombre al pueblo, entreteniéndonos en observar algunas de sus casas y de forma especial, la curiosa costumbre de poner dos puertas casi idénticas en muchas de ellas, incluso algunas de reciente construcción. Por lo que parece, por una de ellas se accede directamente desde la calle a la planta baja y por otra al piso superior.

Llegamos así al bar de la plaza, que llenamos casi por completo, donde, mientras nuestra amiga camarera se afanaba por servir cervezas para todos, Paco Nieto mostraba una más de sus destrezas cortando jamón serrano para acompañar, merito muy grande si se tiene en cuenta que no disponía del cuchillo apropiado para cortarlo porque se había mandado a afilar.

Finalmente partimos como pudimos, en los vehículos que quedaron en el pueblo, hacia el puerto de La Morcuera, donde esperaban los coches que habíamos empleado al comienzo. A la salida del pueblo, Santiago nos “salvó la vida” a los que íbamos en la furgo, al avisar al conductor, o sea a mí mismo, de una maniobra inesperada de otro vehículo que me había pasado desapercibida. Me ahorro los improperios expelidos en el momento, que no se pueden transcribir, y sólo expreso mi gratitud a Santiago por su atención y buena vista.


El consenso de los analistas de Madi otorga a esta marcha 3’5 sicarias.
Melchor

FOTO REPORTAJES