miércoles, 10 de febrero de 2016

Excursión 282: Cerro de la Carrasqueta

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Jarosa
Final: La Jarosa
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia:  17,5 Km
Desnivel [+]: 788 m
Desnivel [--]: 788 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 29

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Hoy, el lugar de encuentro ha sido el aparcamiento del área recreativa del embalse de la Jarosa. Algunos de nosotros,  previamente, hemos tomado el cafecito en el pueblo de Guadarrama.

Entre saludo y saludo, el amigo Melchor nos ha endulzado la mañana con unos estupendos bombones. Acompañar al GMSMA en 100 ocasiones, bien merece una celebración.

Las previsiones meteorológicas (estado del cielo: cubierto; precipitaciones generalizadas, podrán ser localmente persistentes; vientos de componente oeste, fuerte o muy fuerte), hacen que vayamos pertrechados con el equipamiento y complementos adecuados para la ocasión.

Como de costumbre y casi sin darnos cuenta, con Antonio a la cabeza, los 29 nos ponemos en marcha rumbo al objetivo, Cerro de la Carrasqueta. Caminamos rodeados de pinos y jaras e intentamos sortear las piedras y piñas del camino.

Descendiendo a la Cerradilla encontramos a los trabajadores del pinar, que están reponiendo fuerzas. La tarea de hoy es quemar los restos de la poda de los pinos y vigilar que la quema sea totalmente controlada. Entre humo y fuegos caminamos mientras mantenemos animadas conversaciones.

Tras patear caminos y atravesar algún que otro arroyo, hacemos una pequeña parada para tomar un bocado (y bombones). Reanudamos la ascensión. El viento, como un compañero más, se une a nosotros. Caminamos un tiempo por una pista asfaltada y en el suelo aparecen las primeras procesionarias del pino, este año la plaga viene fuerte y temprana.

A la izquierda, a lo lejos, divisamos el Yelmo de la Pedriza y a nuestro querido amigo el Cerro de San Pedro. Giramos a la derecha al alcanzar el bosque plateado, y nos internamos en él por la ladera empinada, en busca de la cima, toca pedir a nuestras piernas un pequeño esfuerzo adicional.

Finalmente llegamos a la  Carrasqueta, el fuerte viento y una insignificante fina lluvia se han instalado en la cima, lo que hace que la sensación térmica sea de algunos grados menos. Toda precaución es poca, las rachas de viento y las rocas resbaladizas, hacen que no sea fácil mantener el equilibrio.

La panorámica es un regalo para los ojos, los bosques de la zona de Peguerinos, el Valle de los Caídos, la Cuerda Larga, la Pedriza y el embalse de la Jarosa a vista de pájaro. Antes de abandonar las alturas, hacemos nuestra obligada foto de grupo, esta vez el maestro de ceremonia y  fotógrafo ha sido Paco N.

Continuamos por la cuerda de la Carrasqueta,  comenzamos a descender, a la izquierda  atravesamos por un paso abierto en el vallado de alambre. Seguimos caminando junto al muro de piedra que rodea el Valle de los Caídos.

En plena ladera, resguardados del viento y de la amenaza de lluvia, hacemos la tan esperada parada para dar buena cuenta del merecido bocadillo montañero. Aparecen las botas de vino, creo que ya son cuatro, y entre trago y bocado, reponemos fuerzas.

La mascota que hoy nos acompaña, nuestro Teo, anda correteando poniendo ojos tiernos de un lado a otro, buscando a un generoso o generosa, que comparta su bocadillo con él.

De nuevo a lo nuestro, a la senda que desciende con fuerte pendiente paralela al muro. Continuamos por un cómodo camino, y de repente el bosque, amable, nos regala la imagen de un grupo de corzos que tranquila y sigilosamente nos observan. Todo un lujo.

Llegamos a un ancho y placentero camino de tierra, señalizado como la senda del agua, pensando en  que pronto estaríamos en nuestro punto de partida, pero para nuestra sorpresa, nuestro guía Antonio y su bendito GPS, se encaminan a la subida en vez de seguir por la bajada. Se le ha ocurrido que, como vamos bien de tiempo (no tengo ni idea de qué entiende por tiempo ni de cómo lo mide), vamos a visitar la Ermita del Altar Mayor del Valle de los Caídos.

Como ya es habitual, dejamos el camino y otra vez, en línea recta a escalar el bosque. Atravesamos por un hueco el muro derruido en busca del risco de la Brulera, y ahora sí, las piernas pesan. Llegamos a los escalones  de granito, que nos recuerdan la muralla china y que nos conducen a la Ermita, dedicada a la Virgen María, es la VIII de las XIV estaciones del  Vía Crucis del Valle de los Caídos.

Como mirador, en mi opinión, no tiene nada que envidiar a otros que conocemos de nuestra sierra. Divisamos la monumental cruz, en el risco de la Nava, el valle de Cuelgamuros y  los pueblos que parecen pintados en el verde que los rodea. Madrid se divisa a lo lejos.

Volvemos tras nuestros pasos, ahora sí, en  busca del final de nuestra pequeña aventura. Caminamos disfrutando de la compañía y  murmullo de las aguas del Picazuelo, uno de los arroyuelos que alimentan el embalse de la Jarosa. Tras bordear durante un largo trecho el embalse, por fin divisamos el aparcamiento. Milagrosamente la lluvia nos ha perdonado.

Y para celebrar que estamos secos por fuera, nada mejor que unas cervecitas en el pueblo de Guadarrama. Alguno de nosotros hemos cumplido años en estos días  y como es costumbre, lo celebramos con el resto de compañeros y compañeras.

Por todo ello, este bonito paseo es merecedor de 4 sicarias.
Paco Rodríguez 

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