Inicio: Rivas Vaciamadrid
Final: Rivas Vaciamadrid
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 16,8 Km
Desnivel [+]: 254 m
Desnivel [--]: 254 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 26
MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
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PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
TRACK
PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)
RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc
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RESUMEN
Cuando el 5 de febrero del 37 los generales sublevados
Orgaz y Varela iniciaron la batalla del Jarama, uno de los primeros objetivos
fue tomar la Marañosa por dos motivos. El primero era que allí estaba la
fábrica de de gases, factoría militar que había
sido usada para fabricar gas mostaza. El segundo, su posición estratégica, pues
desde su punto más alto, se tenía acceso en línea visual a la carretera de
Valencia, el río Jarama y el Pingarrón.
El miércoles pasado, nuestro recorrido discurrió por las
proximidades de la Marañosa, zona militar a la que no pudimos acceder
conformándonos con recorrer la zona baja y sus búnkeres.
Empezamos el recorrido cruzando el Manzanares por el
puente de Casa de Eulogio, que ya habíamos visitado en la excursión número 99 cuando, bajo un calor asfixiante en aquel junio de 2012, hicimos el
recorrido desde Legazpi hasta Rivas-Vaciamadrid. Nada más pasar el puente,
dejando la Casa Eulogio, giramos a la izquierda para recorrer el camino del
Estrecho. Discurriendo entre el Manzanares y los cerros, poco a poco fuimos
girando, siempre a la derecha, hasta
llegar al valle del Jarama, donde el camino hace honor a su nombre por
la estrechez entre el río y los cortados, con espolones que se alzan
amenazantes como si fueran a caer en cualquier momento; de hecho tuvimos que atravesar
un derrumbamiento.
Llegados a este punto, nos encontramos con un paraje
singular, el quilómetro 92 del río Manzanares, donde éste vierte sus aguas en
el Jarama. Qué lejos nos quedaba el Ventisquero de la Condesa, varias veces
visitado en nuestras excursiones, punto teórico en que nace nuestro río. Poco
después, llegamos a la presa del Rey, desde la cual extrae sus aguas la Real
Acequia del Jarama, mandada construir por Felipe II, que lleva sus aguas hasta
la ciudad de Toledo. Allí paramos para hacer las fotos de rigor y curiosear sus
instalaciones.
Ya eran las 12, el calor empezaba a apretar, aparecieron las
mangas cortas, y algunas voces reclamaban el tentempié, por lo que el Jefe
ordenó seguir otros 500 metros y parar en un llano, mientras él y yo
explorábamos una posible subida al cerro para la vuelta.
Tras la ligera parada para reponer fuerzas, seguimos
andando por el valle, ¡qué llana era esta excursión! 15 minutitos después llegábamos a lo que fue
el plato fuerte de la excursión: Los búnkeres.
Llegamos a un conjunto de
túneles de hormigón con una entrada posterior, invisible desde el valle,
cocina, estancias y almacenes y acceso mediante escaleras a dos búnkeres: El
primero por el que accedimos a los túneles, el segundo cerrado por una reja
dentro del recinto militar. La entrada posterior, por la que salimos, también
dentro del recinto militar. A pocos metros de allí, un tercer búnker sin
galerías y muy destrozado, y el cuarto, más curioso, se trataba de un puesto de
observación al que se accedía por un pozo vertical mediante escalones metálicos
en bastante mal estado que preferimos no subir. En lo alto, una campana de
acero con una rendija horizontal por la que se vislumbra todo el valle del
Jarama.
Después de haber visitado y recorrido detenidamente todos
los laberintos subterráneos, nos pusimos otra vez en marcha. Llegados al punto
de ascenso al cerro, el Barranco de la Mina, que nosotros ya habíamos ensayado,
el grupo se convirtió en una serpiente que reptaba por la empinada cuesta. La
bajada hubiese sido bastante más complicada por lo vertiginoso del terreno,
pero si el grupo hubiera tenido que bajarlo, lo habría hecho. ¡Por supuesto!
Es increíble lo que puede cambiar 100 metros de desnivel.
Allí abajo no corría un pelo de aire ni veíamos agua por ninguna parte. A
medida que empezamos a ascender empezó a correr la brisa, y al volver la vista
atrás poco a poco empezamos a ver zonas acuáticas. Seguimos a Antonio que nos
llevó cresteando por los acantilados hasta la zona que había elegido para tomar
el bocata. Se trataba una ladera en el cerro del Barrerón desde donde
vislumbrábamos el Jarama y todo su valle, la presa del Rey, la desembocadura
del Manzanares e innumerables lagunas que se perdían en el horizonte, en el
paraje conocido como Soto de las Juntas, todo ello rodeado de campos verdes,
con un tiempo espléndido, comiendo el bocata y viendo las aves acuáticas, vamos
que hoy las sicarias van a ser varias.
No quedaba ya más que el camino de regreso hacia el
puente de inicio de la ruta, para lo cual nos encaminamos hacia el norte pasando
junto al vértice de Coberteras, lugar estratégico donde los nacionales
emplazaron las baterías que apuntaban a la carretera de Valencia y su puente de
Hierro sobre el Jarama.
Para bajar al nivel del Manzanares, seguimos el barranco
del Corral, que poco a poco nos fue descendiendo hasta el camino del Estrecho y
desde allí a Casa Eulogio y al puente donde nos esperaban algunos coches
dejados por la mañana. El resto de los vehículos se habían quedado en la salida
19 de la A-3, por lo que fuimos a por ellos para desde allí encaminarnos al bar
Puerta del Sol, que ya conocíamos de la vez anterior, para reponer nuestros
recursos hídricos. Como en otras ocasiones rompimos el stock de jarras de cerveza.
Conclusión: marcha fácil, primaveral, entretenida y con
buenas vistas, pero como no ha habido nieve ni piedras, le otorgo 4 sicarias.
Paco Cantos
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