Inicio: La Barranca
Final: La Barranca
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 10,2 Km
Desnivel [+]: 586 m
Desnivel [--]: 586 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4,5
Participantes: 22
MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
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PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
TRACK
PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)
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RESUMEN
Llegando al aparcamiento de La Barranca,
frente al hotel del mismo nombre, seguía pintando en copas para adelantar la llegada
a Las Postas, y echar la partida antes del deseado cocidito. Llovía, fino, pero
llovía.
Saludos, besos, reencuentros, lluvia,
risas, preparativos, bromas, miradas al cielo, miradas al Boss…lloviznaba.
Taciturno, casi vacío y húmedo se quedó el
aparcamiento cuando Antonio se enfundó la cabeza de la serpiente multicolor de
los 22 chubasqueros humanos y mochileros, y el único e irreconocible
representante canino, Teo, con su rapado al cero y cresta en la cola.
A medida que avanzábamos por la pista la
niebla alta relevaba a la llovizna, permitiéndonos ver a nuestra derecha el
embalse del Pueblo de Navacerrada, y a continuación el del Ejército del Agua,
digo digo, del Aire, sendas represas del río Navacerrada. El agua fluía por
donde se mirara, por arroyines, por arroyos caudalosos, por el propio camino, por nuestros pies… agua
fresca, cantarina, llena de vida que envolvía el bosque de pino silvestre o
albar, el de Valsaín de siempre, un bosque considerado natural, por haberse
encontrado pólenes de pino datados con 8 milenios…¡Guauuu!
A menos de un kilómetro encontramos el área
recreativa Las Vueltas y el parque de aventura en los árboles, “De Pino en
Pino”, con tirolinas, puentes oscilantes, redes, lianas. En breve, ya por la
senda hacia La Maliciosa, aparece la fuente de Mingo, construida en el 2005,
cuyo nombre se debe a su descubridor, Ricardo Domínguez Mingo, y, con la compañía del cantar de los arroyos,
llegamos al reciente monolito de la Puerta de La Maliciosa, frente al cual está
el desvío que tomamos para acercarnos a la fuente de La Campanilla, la cual nos
recibe con una niebla más meona, su Campanilla en modo espera, y, su fresca e
incesante agua, que es objeto del deseo y del dinero, jejeje, en Las Postas:
“el agua de esta fuente la ofrecen en Las Postas a
los clientes,
no vale ir y pedir agua de La Campanilla, no,
no…hay que ser cliente”
Una vez que novatos y conocidos tocamos la
campanita pidiendo deseos, nos hacemos fotos, bebemos agua, como si la humedad
relativa del aire fuera del cero por ciento, regresamos al monolito para tomar
la pista del mirador de Las Canchas para enseguida desviarnos por la senda del
arroyo Peña Cabrita, afluente del río Navacerrada, el cual atravesaremos varias
veces.
Una por el puente Regajo del Pez, y, donde la niebla baja nos sigue acompañando, a la vez que el camino se vuelve blanco, de la nieve en la loma Emburriaderos, ¡pardiez!, tenemos el agua en sus tres elementos: sólido, líquido y gaseoso, y, con los ilusos olores del cocidito llegamos al risco sobre la Garganta del Infierno, donde desayunamos, charlamos deprisa, hacemos la foto de grupo, y, en alguna ocasión, podemos contemplar el paisaje de la Garganta con el Peña Cabrita en el fondo.
Una por el puente Regajo del Pez, y, donde la niebla baja nos sigue acompañando, a la vez que el camino se vuelve blanco, de la nieve en la loma Emburriaderos, ¡pardiez!, tenemos el agua en sus tres elementos: sólido, líquido y gaseoso, y, con los ilusos olores del cocidito llegamos al risco sobre la Garganta del Infierno, donde desayunamos, charlamos deprisa, hacemos la foto de grupo, y, en alguna ocasión, podemos contemplar el paisaje de la Garganta con el Peña Cabrita en el fondo.
Entre la niebla que se hacía más
meona, el aire frío que soplaba, el hambre de cocido y las ganas de la cerveza,
rápidos emprendemos el ascenso hacia la senda de la tubería que encontramos a
1.885 metros de altitud, nuestro punto más alto, para empezar a descender por
ella, bordeando el Collado Emburriaderos, entre nieve, agua, barro, niebla,…
hasta encontrar la pista del Mirador de Las Canchas, el cual nos espera con su gran
espectáculo: una impresionante cortina de niebla, “na de na” se veía, pero con
la gran suerte de poder leer los tres paneles explicativos de las vistas…vamos,
que cada vez olía más a cocido.
Volvimos a la pista para empezar a
descender hacia la senda Ortiz, en ella el pino desaparece para dar paso a
arbustos, y con la inseparable niebla, atrochamos para volver a la pista del
Mirador, retornan los pinos, retornan las charlas, y se vislumbra el cocido,
digo...los embalses y el aparcamiento… ¡ Vaya ! ¡Empieza a llover!, como dice
el Boss, San Pedro tiene el poder de apartar las nubes para que la excursión se
realice en el tiempo previsto y sin lluvia.
Los coches nos recibieron bajo una cortina
plomiza de agua, que originó cambios de ropa y despedidas rápidas…el cocido ya
se comía, de éste nada puedo contar, qué lástima, porque tenía que regresar
pronto a Madrid.
Con el permiso del cocido, creo que no
exagero cuando digo que el protagonista fue el agua.
Aunque la niebla no nos permitió ver más
allá de nuestras mojadas narices, y con el permiso de las autoridades
sendoromagas, doy cuatro sicarias y media a la 291, y, como en excursiones
anteriores, agradecida de los guías, los fotógrafos y los compañeros…un día
excelente.
Luz
FOTO REPORTAJES
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