miércoles, 16 de noviembre de 2016

Excursión 323: Hayedo de La Pedrosa

FICHA TÉCNICA
Inicio: Embalse de Riofrío
Final: 
Embalse de Riofrío
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  11,8 Km
Desnivel [+]: 584 m
Desnivel [--]: 584 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 35

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta

















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
De vez en cuando Antonio decide realizar una excursión suave como excusa para después celebrar en camaradería una comida alejada del habitual “bocadillo montañero”, y que muchos agradecemos para poder compartir así mesa y mantel con los numerosos amigos del GMSMA.

Desde luego la previsión del tiempo era excelente para este miércoles y la presencia del sol enmarcado dentro del cielo azul intenso con el que amaneció este luminoso día de otoño no desmereció en absoluto dicho pronóstico.

En esta ocasión la propuesta era ascender al Puerto de la Quesera, límite entre los territorios de ambas Castillas, y desde el que hace unos meses iniciamos la dura excursión nº 303 que nos llevó al Pico del Lobo y finalizó en la Estación de la Pinilla después de un inacabable descenso por los acusados desniveles de sus pistas de esquí que pusieron a prueba la integridad de las rodillas de muchos de los que participamos en ella. Pero ahora había que llegar al puerto desde el embalse de Riofrío de Riaza y avistar el coqueto Hayedo de La Pedrosa.

Para ello habíamos quedado en el km 7 de la carretera de Riaza a Majaelrayo en un pequeño claro de la vegetación en la orilla del embalse, para iniciar desde allí la ascensión a través de un pintoresco camino aledaño a dicha carretera que el “Boss” nos tenía preparado.

Después de las salutaciones de rigor y la bienvenida a Margarita (“Gary”), amiga de nuestro compañero Antolín y que hoy nos iba a acompañar por primera vez, los 35 senderomagos presentes estábamos enseguida dispuestos para disfrutar de la excursión de este miércoles, no sin antes echar en falta a nuestro buen amigo Paco Nieto, convaleciente de una reciente intervención quirúrgica de la que sabemos ha sido llevada a cabo con resultado satisfactorio.

¡¡Ánimo Paco, queremos verte pronto caminando con nosotros avistando tu inconfundible figura!!

Con un magnífico día para el senderismo otoñal, iniciamos la marcha por el denominado camino viejo de Peñalba de la Sierra, ideal para caminar pues al estar alfombrado de hojas de roble hacía muy agradable la marcha en ligera pendiente.

El camino poco a poco se fue angostando entre los rebollos hasta llegar al arroyo de La Tejera, que vadeamos fácilmente al ser de un escaso caudal de agua.

Más adelante siguiendo la suave pendiente de la senda llegamos al arroyo de La Quesera, donde nace el río Riaza, que aunque algo más caudaloso que el anterior no tuvimos tampoco mayor problema en cruzarlo gracias a un rústico (y tembloroso) puente de ramas, que a pesar de sus oscilaciones al transitarlo permitió salvarlo por parte de todo el grupo.

Continuamos ascendiendo la serpenteante senda adaptándose ésta así a las diferentes curvas de la ladera, permitiendo en alguno de sus recodos la presencia de algún excepcional ejemplar de haya que con sus inquietantes formas y en conjunción con el manto de hojas caídas que adornaban el sotobosque le imprimían al lugar un mágico carácter bajo la penumbra del dosel arbóreo que impedía que los rayos del sol penetrasen hasta el suelo.

Superado este momento mágico y de nuevo de regreso a la realidad, con Melchor y Paco Cantos encabezando el grupo teledirigidos “vía Walkie Talkie” por Antonio que se había retrasado para esperar a algún rezagado, seguimos la senda progresivamente ascendente que atravesando el espeso rebollar, permitió que a media ladera y aunque el lugar no era el más apropiado, hiciéramos “la parada del Ángelus” aunque en esta ocasión en verdad no era precisa para reponer fuerzas sino conseguir el reagrupamiento del grupo.

Una vez todos juntos y ya con Antonio al frente del grupo se reiniciaba la ascensión que al poco era ya por campo abierto, llegando a un pintoresco roquedo de cuarcita y pizarra desde el que se podían contemplar unas magníficas vistas en lontananza de Riaza y del embalse de Riofrío de Riaza, y desde el que a través de un ventanal rocoso labrado por la impenitente erosión, permitía a su través el avistamiento de las distintas lenguas del hayedo de la Pedrosa, que hizo las delicias de todos los senderomagos, especialmente de los aficionados a la fotografía, aunque la vistosidad del hayedo quedara reducida al haberse producido ya en gran medida la caída de sus hojas.

Ya desde allí se vislumbraban las estribaciones del Puerto de La Quesera, al que poco a poco nos acercábamos, y al que después de atravesar alguna alambrada fácilmente superable y contemplar algunos ejemplares de majuelos, serbales del cazador, y acebos con sus vistosas bayas en plenitud otoñal, llegamos sin mayor dificultad.

Tras una breve parada de reagrupamiento en el puerto, se iba a iniciar el rápido retorno hacia los coches por el mismo camino por el que habíamos ascendido pues este miércoles teníamos reservada la comida a hora fija y ya íbamos justitos de tiempo. No obstante algunos senderomagos a los que la marcha se les había quedado escasa decidieron continuar ascendiendo para realizar algunos kilómetros más y bajar luego hasta los coches por la otra ladera de la montaña.

Dada la premura de tiempo para llegar a comer, Julián quien al parecer comandaba este minigrupo, imprimió un fuerte ritmo a la marcha que les permitió a todos llegar a tiempo a la comida.

Después de realizar el grupo principal unos 9 km de agradable caminata entre subida y bajada, se llegó al punto de partida, para una vez acomodados en los vehículos desplazarnos a la localidad de Sotos de Sepúlveda, donde en el señorial Palacio del Esquileo se iba a celebrar la comida de camaradería y entrega de estrellitas a los senderomagos que con distinto número de excursiones eran acreedores a ellas.

Ya en el restaurante y después del picoteo de algunas tapas que acompañaron a las cañitas de turno tocaba ya sentarse a la mesa para degustar los judiones de la Granja, el plato estrella para la mayoría de los presentes, acompañados de salmón o carrillada de segundo plato.

Y después de una grata sobremesa volvimos a contemplar los magníficos cuadros de nuestro compañero Marcos, que además de deleitarnos todas las semanas con sus composiciones gráficas después de las excursiones, es un consumado artista del óleo, la acuarela y el temple al huevo, y por el que tenemos todos los integrantes del GMSMA una profunda y entrañable admiración.

En resumen, 9 km de una inolvidable excursión con escasa dificultad física, aunque algunos hicieron varios más, dentro de un marco otoñal incomparable y con el colofón de la agradable comida en el Palacio del Esquileo.

Que cada cual le asigne las sicarias que le parezca bien, aunque en mi opinión serían un total de 4 las merecidas por la excursión de este miércoles.
Joaquín Sastre

FOTO REPORTAJES

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