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RESUMEN
En la puerta de Rodajos de la Casa de Campo, bajo un sol claro y una temperatura perfecta, ni frio ni calor, nos reunimos 31 senderomagos con el fin de disfrutar una mañana esplendida paseando por la Casa de Campo, que lucía sus mejores galas, después de los húmedos y lluviosos enero y febrero.
La explosión del intenso verde de la hierba nos inunda de frescor por todos lados. Esta vez dimos la vuelta en sentido de las agujas del reloj y partimos en dirección sur hacia la fuente del Zarzón de Cádiz. Un poco más adelante, llegamos al famoso puente de la Culebra, que fue construido sobre el cauce del arroyo de los Meaques.
Este puente tiene un indudable valor artístico, al ser el único puente barroco que se conserva en la Casa de Campo y uno de los más originales de Madrid.
El origen popular de su nombre se debe a las formas curvadas y ondulantes de sus antepechos, que asemejan a una culebra. Su valor estratégico es debido a que en él confluían las vías pecuarias que atravesaban Madrid.
El puente era paso obligado de miles de cabeza de ganado ovino, en él se contaban las reses y se pagaba el correspondiente impuesto (puente de conteo).
Seguimos nuestro plácido paseo hasta la Encina del puente de la Culebra, árbol singular de la Comunidad de Madrid nº 190.
Tiene unos 300 años de antigüedad, tiene 23 metros de altura, un diámetro de copa de 24 metros y un tronco de 3,6 metros de perímetro.
Se necesitaron cuatro senderomagos para rodear su viejo tronco. A su alrededor se improvisó un inesperado “corro de la patata” .
Continuamos el curso del arroyo Meaques, siguiendo la senda botánica y disfrutando de la mejor fresneda de la Casa de Campo. Llegamos al Zoo y lo rodeamos pudiendo observar los papiones, leones y tigres, que no parecían tener nada de feroces, sino mas bien todo lo contrario.
Seguimos hasta la fuente de los Tres Caños, construida en 1966 sobre un abundante manantial, se atribuyeron a sus aguas propiedades medicinales. En este punto hicimos la pausa del “ángelus”.
A partir de aquí, se acabó el paseo y Antonio nos puso en modo “marcha rápida” hasta llegar a las obras de soterramiento del Paseo de Extremadura, donde pudimos disfrutar de la explosiva floración de los cerezos, que coinciden en el tiempo con las floraciones del conocido Valle del Jerte.
Bajamos hasta el rio Manzanares, cerca del puente del Rey, entre arboles floridos por el tranquilo paseo central.
Entramos de nuevo en la Casa Campo por la Huerta de la Partida y caminamos hasta su mirador, desde donde pudimos contemplar las esplendidas vistas del “sky line” de Madrid, desde la Plaza de España, Palacio Real, la Catedral de la Almudena, hasta la Iglesia de San Francisco el Grande.
Pasamos junto al acueducto de la Partida, construido por Sabatini en el S. XVIII, con el fin de llevar las aguas hasta las huertas de las partidas.
Su fuente fue construida en el año 1933. Y poco más adelante ascendemos hasta el Lago, donde hicimos un descanso para comer y recuperar fuerzas.
Otras vistas espectaculares y uno de los mejores sitios para relajarse y disfrutar de sus múltiples terrazas mientras se contempla el devenir de los patos y aves que pueblan este bello paraje.
Una vez recuperados, partimos y continuamos en dirección al cerro de las figuras (mirador) y, cruzando el arroyo Valdezas, que estaba seco.
Continuamos por el Cerro de las Canteras hasta el Cerro de Garabitas (677 mts.) el punto más alto de la Casa de Campo. Este lugar fue escenario de diversas batallas durante la guerra civil en el asedio de Madrid.
Una de las múltiples leyendas cuenta que la frase ”de Madrid al cielo” viene de que todas las noches los difuntos madrileños, se reúnen en este cerro y desde allí ascienden al cielo. Actualmente hay una torre de vigilancia contraincendios.
Seguimos y más adelante pasamos por “cuatro caminos” o Alto de Garabitas, donde aprovechamos para rellenar de agua nuestras exiguas cantimploras en la fuente que allí hay.
Y desde allí enfilamos campo a través y casi en línea recta, el camino de vuelta hasta nuestro punto de encuentro en la puerta de Rodajos, inicio y final de la ruta, donde después de tomar unas cervecitas partimos en desbandada cada mochuelo a su olivo.
Por la belleza y disfrute del magnifico día y no por su dificultad, a esta estupenda excursión le atribuimos una calificación de 4 merecidas sicarias.
Julián Suela
FOTO REPORTAJES




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