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miércoles, 15 de julio de 2026

Excursión 935: Del Puerto de Navacerrada a Boca del Asno

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Boca del Asno. Valsaín
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10,6 Km 
Desnivel [+]: 36 m 
Desnivel [--]: 625 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 18

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Hace unas semanas husmeando por internet encontré un camino que no conocía hasta ahora, y mira que tengo pateada la zona de Valsaín sobre todo en verano: el Camino de Vueltas Viejas.

Hasta el siglo XVIII se utilizaba el puerto de la Fuenfría como paso habitual entre las poblaciones de Madrid y Segovia. Sin embargo, su trazado presentaba un problema importante para el tránsito de carruajes, sus fuertes pendientes, sobre todo en el lado madrileño. Este problema se acrecentaba durante los meses de invierno,

Por lo tanto, urgía la necesidad de gestar un nuevo paso que solventara estos problemas. Bajo el reinado de Carlos III, se encargó al arquitecto Juan de Villanueva el estudio y la construcción de ese nuevo trazado.

Así en 1778, se proyectó el camino real de las 7 revueltas, cuyo trazado prácticamente coincide con la actual carretera del puerto de Navacerrada, lo que situaba en el mapa al puerto de Navacerrada como nuevo punto de conexión entre Madrid y Segovia.

La entrada en servicio en 1789 de este nuevo paso provocó que fuera cayendo en desuso el paso tradicional del puerto de la Fuenfría, y con él, sus ventas y hospederías. A lo largo del nuevo trazado del camino real surgieron nuevas fondas y ventas.

La Fonda de Navacerrada, estaba situada donde ahora se encuentra el restaurante Fonda Real. En esta fonda se cobraba el portazgo de Navacerrada. El portazgo era una tasa que se tenía que satisfacer por derecho de paso y tráfico de mercancías. Estos portazgos constituían una pesada carga para los trajinantes especialmente para arrieros y carreteros y encarecían mucho el precio de los transportes. En 1881 fueron abolidos.

La hospedería del Ventorrillo o Venta de Cercedilla o Venta de Navarejos, situada a medio camino entre la Fonda de Navacerrada y el Puerto, estaba ubicada a la altura de la curva del Ventorrillo, donde está ahora la estación invernal de la Comunidad de Madrid.

La casa de postas de Castrejones, estaba situada entre la sexta revuelta y antes de iniciar la séptima, a la derecha, junto a una fuente de piedra que sigue en pie hoy en día. Aquí más información de las antiguas ventas de Navacerrada.

La venta de los Mosquitos, de la Cantina, de Peña Agudillos o Parador de la Soledad, estaba situada a la izquierda de la carretera justo antes de pasar el puente de la Cantina en dirección a Segovia.

Sin embargo, antes de la construcción de este nuevo camino real a través del puerto, según estaba documentado desde hacía siglos (se hace referencia a la misma en documentos del siglo XIII), existía una pequeña senda de montaña que conectaba el valle de Valsaín con la vertiente madrileña por el puerto de Manzanares (conocido ahora como puerto de Navacerrada).

Se trataba de una senda que era utilizada habitualmente por pastores, y por los vecinos de los pueblos de ambos lados del puerto que veían en ella un camino más directo, sin necesidad de tener que dar un rodeo para cruzar por el puerto de la Fuenfría que estaba más alejado.

El Camino de Vueltas Viejas es parte de ese camino histórico, poco conocido y recorrido. Se trata de un camino que se lanza hacia las laderas de los bosques de Valsaín, para conectar luego con la senda Sotela y de ahí al resto de pistas que recorren esos bosques.

Como ya lo había subido un par de veces en rutas circulares, para este miércoles propuse a Antonio realizar un recorrido lineal en bajada desde el Puerto de Navacerrada hasta el área recreativa de la Boca del Asno. Se trata de una ruta que transita por bosque y bajo arbolado, lo que puede suponer una buena alternativa para los meses de calor.

Quedamos en la Boca del Asno para realizar el reparto de vehículos, y subimos al puerto de Navacerrada para comenzar la excursión. Tres de nuestros compañeros segovianos se quedan en la Boca del Asno y realizarán una ruta alternativa yendo a nuestro encuentro a mitad de camino.

Una vez en el puerto, nos reunimos con otros compañeros que habían subido directamente hasta este punto, y nos sorprende y alegra ver entre ellos a Joaquín S. que hoy se ha animado a caminar con nosotros después de mucho tiempo.

Nos dirigimos hacia la última esquina del segundo aparcamiento del puerto de Navacerrada, el más alejado y situado junto a la carretera que conecta con el puerto de Los Cotos. Hay que sortear el quitamiedos que separa el aparcamiento del talud. Unos metros más adelante, un pequeño hito de piedras al borde de la ladera y próximo al quitamiedos junto a la carretera marca el inicio de la senda.

Empezamos en este punto el recorrido de la ruta, ya que la construcción de este aparcamiento dio al traste con la última parte del trazado del Camino de Vueltas Viejas que se encaminaba hacia el puerto. Su talud sepultó los últimos metros del camino tradicional con tierra y grandes rocas.

Esa senda, que en un principio no parece muy marcada, nos permite enlazar con el camino histórico unos metros más abajo.

¡Una vez alcanzado el camino tradicional nos acercamos hasta el punto donde el talud lo ha cubierto. Se aprecia una pequeña senda más abajo que quizás empalme con la subida del Camino Sotela, porque desde el aparcamiento y hasta el cruce del puerto, yo no he apreciado que haya ningún acceso desde la parte baja del talud.

Volvemos unos metros sobre nuestros pasos para retomar el camino hacia la derecha, y en ligero descenso, vamos avanzando por este, sorteando a nuestro paso pequeños pinos que han ido creciendo a lo largo del camino. En pocos minutos llegamos al trazado de la vía del tren entre el puerto de Navacerrada y el Puerto de Cotos.

En ese punto nos encontramos con una vía ya prácticamente renovada entre el puerto de Los Cotos y el túnel del puerto de Navacerrada. La renovación ha sido integral: nuevas torres de catenaria, nueva catenaria, sus contrapesos, nueva base de balasto sobre el que ya descansan las nuevas traviesas y sobre ellas las vías. Solo resta por cubrir las traviesas con más balasto.

En algunos sitios había leído que se cruzaba la vía por la traviesa 77, pero como la vía se ha renovado por completo, y se han retirado las antiguas torres de catenaria, ahora la atravesamos a la altura de la torre 84.

Cruzamos la vía, todavía en obras, y tomamos un pequeño sendero al otro lado, que se introduce en el pinar.

En algunos mapas el antiguo trazado parece que trascurre mas a la izquierda, pero por donde bajamos nosotros es un trazado cómodo. En pocos metros llegamos al tendido eléctrico que lleva el suministro del puerto de Navacerrada al puerto de Cotos. Se podría bajar por la derecha, directamente aprovechando la ancha calle de servicio de la línea de alta tensión. Esa bajada es muy abrupta e inclinada y termina en el arroyo de las Puentes situado más abajo. Nosotros optamos por seguir de frente por el camino, siguiendo un trazado con menos pendiente.

En algún tramo despejado a nuestra espalda podemos ver la Bola del Mundo y la ladera norte del arroyo Seco, por donde discurrían las antiguas pistas de arroyo Seco y Negro ya desmanteladas hace unos años. Un poco más abajo la pista se une a otra que viene por la izquierda. En ese punto, giramos a la derecha.

Unos cuantos metros más adelante, y en una curva cerrada, el antiguo Camino de Vueltas Viejas giraba a la izquierda y se lanzaba ladera abajo en sucesivas vueltas y revueltas (de ahí su nombre) hacia el fondo del valle. La senda hoy en día está muy poco marcada, por lo que nosotros optamos por seguir la pista que traemos.

Tras varias curvas, alcanzamos el arroyo de las Puentes, en el punto donde cruza la calle del tendido eléctrico que habíamos dejado más arriba. En este punto se juntan el arroyo de las Puentes y el arroyo Frío.

Si hacemos el camino a la inversa, hay que tener en cuenta que hay que atravesar el camino de servicio de la línea eléctrica junto a uno de los apoyos de ésta, para poder seguir el camino en ascenso, ya que desde el arroyo éste prácticamente no es visible.

Continuamos bajando por la ancha pista forestal, que sigue el curso del arroyo de las Puentes. Esta pista desemboca en el Camino Sotela a la altura de un cargadero de troncos, justo en el punto dónde comienza a estar asfaltado. La antigua senda conectaba con el Camino Sotela antes de cruzar el arroyo de las Puentes.

Tomamos la pista asfaltada unos 800 metros, hasta encontrar a nuestra izquierda un antiguo camino forestal que cruza el arroyo de las Pintadas. Al otro lado de este, aprovechamos un largo pino caído en la sombra para realizar la parada del ángelus.

Terminado éste, continuamos bajando por un sendero prácticamente perdido, que baja paralelo al arroyo por su margen izquierda, para tratar de quitarnos un tramo de la pista asfaltada.

Este sendero abandonado, luego se hace más ancho, y desemboca en el puente de las Pintadas, donde nos juntamos con nuestros tres compañeros que estaban realizando la ruta alternativa y nos esperaban por allí.

Una vez agrupados, tomamos la pista asfaltada que a la izquierda va al encuentro de la carretera de las Siete Revueltas. Antes de llegar a la misma, tomamos una desviación a la derecha para coger un sendero que entre helechos y bajo el pinar, nos deja en el aparcamiento del puente de la Cantina, o también llamado de los Mosquitos.

Cruzamos al otro lado de la carretera, para atravesar una pequeña portilla giratoria. Junto a ella nos encontramos los restos de lo que fue en su día la venta de los Mosquitos o de la Cantina, que hemos nombrado al comienzo de esta crónica.

Durante mucho tiempo esta venta aparecía erróneamente situada en los mapas. Concretamente la situaban en la zona donde estuvo la casa de las Postas, entre la sexta y séptima revuelta, las primeras según se viene desde La Granja, más arriba de su situación real.

Sin embargo, su ubicación correcta, es junto al puente de la cantina, enfrente de la fuente de la Canaleja o del Peñón.

Construida a finales del siglo XVIII, hasta ella llegaban los carros cargados de vino procedente de Navalcarnero y Arganda. Iban tirados por una recua de ocho mulas o bueyes que transportaban regularmente grandes cubas hasta La Granja y Segovia. En la venta, los viajeros que realizaban el trayecto Madrid-La Granja y viceversa, degustaban los almuerzos especialidad de la casa de pan y tocino. En 1851 se construyó en este lugar una casa para la Guerra Civil que estuvo en activo hasta finales de 1913. (Info CENEAM)

En las ruinas de la venta, podríamos optar por bajar por el sendero que transcurre paralelo al río Eresma hasta el área recreativa de la Boca del Asno. Sin embargo, elegimos continuar un tramo por la asfaltada carretera forestal de la Fuente de la Reina, o también conocido como camino forestal de la Casa de la Pesca.

Un poco antes de cruzar el puente de la Casa de la Pesca, donde se juntan los arroyos Minguete y del Telégrafo, giramos a la derecha por un pequeño sendero, y aprovechando unas grandes rocas, cruzamos al otro lado del arroyo del telégrafo.

Seguimos caminando por la senda que transcurre paralela al arroyo, atravesando la incorporación del arroyo de las Pamplinas, hasta alcanzar la poza de los Baños de Venus.

A lo largo de esta senda podemos ver restos del camino empedrado que bordea todo el rio Eresma desde el arroyo Minguete hasta el embalse del Pontón Alto, conocido como el Camino de las Pesquerías Reales. Se comenzó a construir en 1767, pero las pesquerías tuvieron que ser arregladas (y también ampliadas) continuamente durante casi un siglo, debido a los destrozos ocasionados por las avenidas de agua. Algunos tramos de los que podemos disfrutar hoy en día fueron rehabilitados en los años 2000 por el Centro Montes y Aserraderos de Valsaín.

Junto a la poza se encuentra su refrescante fuente situada en un lateral de ésta. Esta fuente aparece bautizada en algunos mapas como la del Batán de Vargas, o La Teja. Algunos compañeros aprovechan el agua que brota de su caño para refrescarse un poco.

Como el objetivo era comer en el área recreativa, sin perder mucho tiempo, reanudamos la marcha hacia la zona de los Vadillos. En ese punto se junta el arroyo del Telégrafo con el arroyo del Puerto del Paular o de Cotos, y toma el nombre ya de río Eresma.

Cruzamos el río Eresma por el puente de los Vadillos y vamos a seguir su curso por su ribera derecha. El camino pasa cerca de la fuente de los Vadillos, situada cerca del curso del Eresma, y un poco más adelante toca tangencialmente la carretera del puerto.

En ese punto hay un paso peatonal y un portón que impide el paso de vehículos. Aquí abandono un rato al resto de mis compañeros que se dirigen raudos hacia el área recreativa. 

Salgo a la carretera y retrocediendo unos 40 mts por el arcén izquierdo, voy a la busca de la fuente de Caño Seco, que tras varias búsquedas infructuosas conseguí ubicar entre dos carteles de curva cerca del kilómetro 16, al otro lado del quitamiedos de la carretera. Parece mentira, pero conseguí ubicarla gracias a las aplicaciones Google Earth y Street View, ya que en sus imágenes se puede apreciar el pilar de la fuente en un lateral de la carretera. Sin embargo, no existe próxima a la misma ningún rincón donde se pueda dejar el vehículo, y por eso aprovecho que esta vez paso cerca para poder acercarme y conocerla.

Efectivamente la localizo fácilmente en ese punto. Prácticamente invadida por vegetación alrededor se ubica esta fuente de piedra de cuyo caño brota abundante agua, llevando la contraria a su nombre. Después de realizar algún video y alguna foto para poder mostrársela luego a mis compañeros, deshago el camino por el arcén y por la portilla, vuelvo a retomar la senda hacia la boca del asno.

Acelero la marcha, y paso junto a la fuente del Tío Casto, que me acerco a ver, pero hoy está prácticamente desaparecida bajo la vegetación.

Antes de llegar al área recreativa, alcanzo a Jose Mari, y juntos llegamos a ella, punto final de la ruta de hoy. Algunos compañeros se habían adelantado porque tenían prisa y ya se habían marchado.

Sin embargo, el resto de nuestros compañeros ya estaban sentados en algunas mesas dando buena cuenta de los bocadillos y otras viandas. Algunos nos acercamos al quiosco para coger alguna bebida fresca para acompañar la comida y de postre también cae algún que otro helado.

Como no habíamos hecho todavía la foto de grupo hoy, aprovechamos para realizarla al lado de las mesas.

En resumen, sombreada y tranquila ruta, prácticamente toda ella en descenso, que algunos agradecieron enormemente, no pasamos calor y nos permitió conocer durante parte de la ruta un camino por el que el GMSMA no había pasado.

Por todo ello le otorgo a la ruta una calificación de 4,5 sicarias.
Carlos Revilla

jueves, 22 de enero de 2026

Excursión 898: Por la vía del tren del Puerto de Navacerrada hacia Cotos

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: 
Puerto de Navacerrada
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 7,1 Km 
Desnivel [+]: 111 m 
Desnivel [--]: 111 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 30

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Nada más llegar al Puerto de Navacerrada, la montaña nos recibió con una nevada intensa, de esas que no dan tregua y cubren el paisaje en cuestión de minutos. El frío era intenso, pero antes incluso de comenzar a caminar nos llegó una noticia que nos dejó en silencio: nuestra querida amiga, la perra Mecha, había fallecido hacía unos días. Pensamos en ella corriendo libre, persiguiendo caballos y vacas durante las caminatas, y su ausencia se notó desde el primer momento.

Con ese sentimiento a cuestas, iniciamos la excursión. Desde el Puerto de Navacerrada hasta el túnel del tren, el avance no fue sencillo: la nieve nos llegaba a las rodillas y el terreno quedaba oculto bajo una capa espesa e irregular. En ese primer tramo, nuestro amigo Carlos Revilla nos guió de forma magistral, abriendo huella con paso firme y seguro, marcando el camino entre la nieve profunda y ayudando a que el grupo avanzara con confianza en unas condiciones nada fáciles.

Descendimos por la ladera completamente cubierta de blanco hasta alcanzar el túnel de la vía del tren, dejando tras nosotros un rastro de huellas que la nevada empezaba a borrar casi al instante. Allí nos encontramos con una furgoneta con una rueda pinchada. El conductor, preocupado por el mal tiempo, intentaba solucionarlo sin éxito. Entre todos le ayudamos a cambiar la rueda, compartiendo esfuerzo y palabras mientras la nieve seguía cayendo con fuerza.

Reanudamos la marcha por la vía del tren, avanzando entre raíles y traviesas cubiertas de nieve. Más adelante nos encontramos con las obras de reconstrucción del trazado de tren de Cercedilla al Puerto de Cotos.

Algunos compañeros del grupo, ingenieros y topógrafos, nos explicaron que no era posible atravesar una zona de obras, ya que el peligro era real: había trabajadores en activo y, con la copiosa nevada que caía en esos momentos, el riesgo aumentaba considerablemente.

Aun así, intentamos avanzar un poco más y, para demostrar que no suponíamos un estorbo ni un riesgo, caminamos todos en fila india, en silencio y con disciplina, como si fuéramos una pequeña compañía militar.

Finalmente, tanto los responsables de la obra como nuestros propios compañeros expertos insistieron en que lo más prudente era darnos la vuelta.

El regreso por el mismo camino nos permitió comprobar la fuerza de la nevada: las huellas que habíamos dejado a la ida habían desaparecido casi por completo, cubiertas por una nueva capa de nieve que igualaba el paisaje.

Ya de vuelta en el Puerto de Navacerrada, con el cuerpo cansado y el frío calándonos hasta los huesos, buscamos un lugar donde tomar la cerveza de despedida, ese pequeño ritual que suele cerrar las excursiones.

Sin embargo, Venta Arias estaba completamente llena de gente y no había sitio donde resguardarse. Con el frío apretando y pocas ganas de esperar, optamos por regresar a casa sin cerveza, aceptando el desenlace con resignación y algo de humor.

No llegamos al Puerto de Cotos, ni hubo brindis final, pero la excursión quedó marcada por la intensidad de la nevada, la prudencia compartida, el compañerismo y el recuerdo de Mecha, cuya ausencia nos acompañó durante todo el recorrido. Fue una jornada en la que aprendimos que, en la montaña, saber avanzar es importante, pero saber regresar a tiempo lo es aún más.

Por toda la nieve que había, le otorgo 4 sicarias a esta ruta inacabada.
Antonio López

miércoles, 16 de agosto de 2023

Excursión 724: La Maliciosa

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Puerto de Navacerrada
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 11,9 Km 
Desnivel [+]: 735 m 
Desnivel [--]: 735 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 3,5
Participantes: 12

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
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RESUMEN
1.- Que por malicia atribuye mala intención a los hechos y palabras ajenos.

2.- Que contiene malicia

De esta manera, con estas dos acepciones, define en su diccionario la Real Academia de la lengua el adjetivo ‘MALICIOSA’, del latín ‘malitious’.

A ver, que yo no digo que no, pero tampoco me atrevo a decir que si, a lo mejor es a veces si y a veces no, y que si hay que ir se va, pero ir ‘pa na’ es tontería. Pero digo yo que a santo de qué se le llama Maliciosa a LA MALICIOSA, con lo maja que es esa super montaña, que casi parece más bien una cabeza de monja con habito y todo.

Yo había llegado a pensar, al ver la definición del diccionario, que si un día una mujer con malicia le dio de comer a las cabras para que estuvieran permanente en la cumbre mendigando comida a cambio de alguna fotografía, o tal vez si la malicia era de las cabras que se acercan en exceso y a la mínima te quedas sin bocata.

Se diría que su acceso, en especial el sur, es ‘un camino de cabras’, y se verifica viendo la cantidad de cabras que hay. Y si no os lo creéis mirad las fotos de la excursión.

El caso es que, hurgando por ahí, he leído que a esta escarpada montaña se le llama así por lo difícil que resulta llegar a su cima por la cara sur (eso ya lo hemos probado los gemesmanianos), que no así por la cara norte, que es la por la que se suele coronar.

Claro que, ya puestos a hurgar, también he visto que antiguamente la llamaban La Montaña Maldita, o La Maldecida, por el mismo motivo que ahora Maliciosa. Así la definen en El Libro de Montería de Alfonso XI: ‘áspera y negra se trasforma en ocasiones en perversa’ y ‘su roca siempre desolada y desnuda recibe todos los ataques enfurecidos del viento, hielos aguas y sol’ ¡toma ya!.

Y puestos a hurgar más todavía, hay quien la emparenta con Los Montes Malditos del Pirineo, en especial con La Madaleta (3.308 metros), al que yo no he subido, pero seguramente Juan sí, que para eso se sabe Los Piris de memoria.

Anda, mira tú por donde, también hay quien la llama ‘La Monja’, por ‘el parecido al tocado de una religiosa cuando esta cubierta de nieve’ (la montaña, no la monja). Lo que yo decía antes, adivino que soy.

Incluso tiene sus leyendas: ‘Antiguamente en lo alto de la montaña había un vergel, un auténtico jardín con huerta y todo. Un oasis con agua en abundancia. Las gentes de los alrededores lo veían, pero por más que lo intentaban no podían acceder a él. Únicamente una bruja de un pueblo cercano sabía como hacerlo y gozaba de los frutos del fantástico jardín. La mujer era conocida como “La Maligna“. Un grupo de vecinos decidieron seguirla para ver como llegaba hasta la cima. La bruja, al darse cuenta, montó en cólera, invocó a los poderes más oscuros y se declaró un pavoroso incendio que acabó con el vergel y dejó la montaña completamente vacía de vegetación. Desde entonces La Maligna es simplemente una roca pelada de granito’. De este texto de la leyenda he hecho un corta y pega y me he quedado tan ancho.

Bueno, el caso es que algo tendrá esta gigantesca mole rocosa que hasta aparece en un cuadro de Velázquez ¿lo sabíais? Yo no. Lo mismo Paz o Antonio Villaverde sí lo sabían, pero yo ¡no!. En concreto en ‘El Príncipe Baltasar Carlos a caballo’. En el que sale un niño, para nada vestido de monte ni campo, subido a un enorme caballo como si nada y encima mirando a cámara, me apuesto a que es un montaje. Y al fondo sale La Maliciosa.

En fin, el caso es que los nombres de los sitios, montañas incluidas, tienen un motivo para tener el nombre que tienen.

Bueno, pues ahora vamos a por otro nombre referente a esta excursión. A ver, el caso es que había un pastorcillo que un día dijo ‘me voy a acercar con mi rebaño hasta aquella nava que veo a lo lejos’. El pobre se pegó la caminata desde su pueblo y resulta que cuando llego la nava esa estaba cerrada, tal vez por descanso del personal, como la Venta Arias.

Se dio media vuelta de regreso, y cuando llego a su pueblo (pongamos que fuese Matalpino, pero no pienso aventurar sobre el porqué de este nombre), pues los vecinos le preguntaron al pastorcillo: ‘pastorcillo: ¿cómo estaba la nava?’ y el pastorcillo contestó cabizbajo: ’pues la nava estaba cerrada, creo que por descanso del personal’. Y desde ese día, la nava que estaba cerrada, ya tenía nombre, adivináis cual ….. ¡NAVACERRADA!

Que conste que todo esto el pastorcillo y de cerrado por descanso me lo acabo de inventar. No vaya a ser que el día menos pensado aparezca publicado en Wikipedia.

Vale, pero, investigando resulta que mi invención no está tan descaminada. He leído que ‘su nombre se debe a que está situado sobre una nava, que es como se denomina a la tierra llana que hay entre las montañas, y lo de cerrada viene de los primeros pobladores de la zona, que cerraron todo el territorio para evitar que se saliera el ganado’.

Ya, pero en otro sitio pone: ‘’el nombre viene de ‘nava’, lugar abierto y con escasa vegetación y ‘cerrada’, por no ser transitada a causa de las nieves acumuladas’’.

A saber cual de las dos explicaciones es la correcta, si que alguna lo es, claro.

Y bien, aún queda un punto clave en esta excursión: LA BOLA DEL MUNDO.

Cuando yo era pequeño, el telediario empezaba con una Bola del Mundo que daba vueltas y tenia antenas. Así que yo pensé, pues se llamara así por eso, como han plantado allí las antenas de televisión, pues eso será. Anda, que curioso, en Wikipedia dan esta misma explicación.

¡Pues no! Hay una antigua leyenda segoviana que dice ‘’Había una pastora muy bella y el diablo pretendía sus favores. Al ser estos negados por ella, el diablo enfurecido subió a lo alto de la montaña y con un palo hizo palanca sobre una gran roca, haciendo girar el mundo cual Bola del Mundo sobre su eje. Desde entonces a este alto se le llama Bola del Mundo’’. ¡este es el auténtico origen del nombre!

Pero a esto también se le llama Alto de Guarramillas, por ser la cumbre más alta de las 4 que componen las Guarramas, o Guarramillas, concretamente la tercera, con 2.265 metros de altitud. Nombre que a su vez viene de Guadarrama (y este lo mismo es porque tenían por ahí un almacén de ramas, o de ranas, vete a saber, no pienso investigarlo).

LA JORNADA

Bueno, después de esta larga letanía, debería centrarme un poco en la excursión en si. Pero: ¿qué poder decir de una excursión tan desconocida que casi ningún montañero conoce?, normal, ¿a quien se le va a ocurrir dejar el coche en el Puerto de Navacerrada para subir a la Bola y de ahí a La Maliciosa? ¿Qué nuevos mundos (con o sin bola) descubriríamos en esta jornada?

Seré muy breve, que ya va anocheciendo:

Éramos tan solo doce sederomagos (muchos si tenemos en cuenta que estamos en agosto, que no hay ni un árbol y que la jornada no finalizaba en comilona).

Subimos a la Bola del Mundo por la ladera norte, la que mira a Segovia, dejando a nuestra derecha la pista de ski, alcanzamos la subida de las zetas, hicimos una mini parada en la fuente que está en el camino.

Seguimos ascendiendo por las zetas hasta llegar a la explanada de Guarramilllas y ya estamos en las antenas de La Bola del Mundo. Aquí buscamos una sombra e hicimos el Ángelus. Hicimos también un poco el cabra, imitando a ciertos individuos, sin vértigo, encaramados a un andamio como si nada, a tropecientos metros de altura, en la construcción de un rascacielos neoyorquino.

Para que la aventura de alcanzar la Maliciosa fuera aún más emocionante y peligrosa nos desviamos para ver el cercano nacimiento del rio Manzanares, en la parte alta de El Ventisquero de la Condesa, y resulta que el río ese nace dentro de una caseta que hay allí (lo mismo es una fuga de un manguito que nunca se arregla y termina convertido en rio).

Por cierto, que no me apetece investigar el nombre del Ventisquero de la Condesa, lo mismo había por allí una condesa de paseo y hacia algo de aire, qué se yo.

Pronto retomamos el sendero que va a La Maliciosa, pasamos por el pluviómetro, en el Collado del Piornal, al lado de unas vacas. Y, ala, todo cuesta arriba hasta llegar al vértice geodésico de La Maliciosa (2.227 metros), donde verificamos que efectivamente no hay vergel que valga, solo piedras y cabras, ansiosas por comerse nuestro bocadillo.

Aquí gravamos un breve video cantando el cumpleaños feliz a nuestro compañero Angelito (que no estaba en la excursión, por eso el video). Hacemos muchas fotos: a nosotros, a las cabras y al paisaje.

Comemos (en la medida que las cabras nos lo permitían) y bajamos por el mismo sitio por el que habíamos subido, volvemos a ver el pluviómetro y las vacas, y subimos a La Bola (sin el desvío del ventisquero).

De La Bola al Puerto de Navacerrada bajamos por lo mas fácil: Por la pista asfaltada por la que algún año han subido los ciclistas en la Vuelta a España, eso si tiene merito ¡menudo subidón! ¡Perico, Perico!.

Y se acabó la excusión, en total 12 kilómetros. Sencilla a pesar del desnivel acumulado, 760 metros, resultado de las tres fuertes subidas: del puerto a La Bola, del pluviómetro a La Maliciosa y del pluviómetro otra vez a La Bola. Rutinaria, de esas de ‘estoy aburrido ¿qué hago esta tarde? pues me subo a La Maliciosa’.

Bueno, finalizó la excursión, pero nos quedaba la cervecita final (algunos cervezona, yo, por ejemplo), a la que nos invitó Begoña, celebrando así su reciente cumpleaños. Gracias Begoña. En la Venta Arias, que no estaba cerrado por descanso del personal.

Y ya está: Sicarias, pues pocas, excursión mas que repetida y monótona. Bueno, me estiraré: 3,5.
Jorge Montero

FOTOS