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miércoles, 15 de julio de 2026

Excursión 935: Del Puerto de Navacerrada a Boca del Asno

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Boca del Asno. Valsaín
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10,6 Km 
Desnivel [+]: 36 m 
Desnivel [--]: 625 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 18

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Hace unas semanas husmeando por internet encontré un camino que no conocía hasta ahora, y mira que tengo pateada la zona de Valsaín sobre todo en verano: el Camino de Vueltas Viejas.

Hasta el siglo XVIII se utilizaba el puerto de la Fuenfría como paso habitual entre las poblaciones de Madrid y Segovia. Sin embargo, su trazado presentaba un problema importante para el tránsito de carruajes, sus fuertes pendientes, sobre todo en el lado madrileño. Este problema se acrecentaba durante los meses de invierno,

Por lo tanto, urgía la necesidad de gestar un nuevo paso que solventara estos problemas. Bajo el reinado de Carlos III, se encargó al arquitecto Juan de Villanueva el estudio y la construcción de ese nuevo trazado.

Así en 1778, se proyectó el camino real de las 7 revueltas, cuyo trazado prácticamente coincide con la actual carretera del puerto de Navacerrada, lo que situaba en el mapa al puerto de Navacerrada como nuevo punto de conexión entre Madrid y Segovia.

La entrada en servicio en 1789 de este nuevo paso provocó que fuera cayendo en desuso el paso tradicional del puerto de la Fuenfría, y con él, sus ventas y hospederías. A lo largo del nuevo trazado del camino real surgieron nuevas fondas y ventas.

La Fonda de Navacerrada, estaba situada donde ahora se encuentra el restaurante Fonda Real. En esta fonda se cobraba el portazgo de Navacerrada. El portazgo era una tasa que se tenía que satisfacer por derecho de paso y tráfico de mercancías. Estos portazgos constituían una pesada carga para los trajinantes especialmente para arrieros y carreteros y encarecían mucho el precio de los transportes. En 1881 fueron abolidos.

La hospedería del Ventorrillo o Venta de Cercedilla o Venta de Navarejos, situada a medio camino entre la Fonda de Navacerrada y el Puerto, estaba ubicada a la altura de la curva del Ventorrillo, donde está ahora la estación invernal de la Comunidad de Madrid.

La casa de postas de Castrejones, estaba situada entre la sexta revuelta y antes de iniciar la séptima, a la derecha, junto a una fuente de piedra que sigue en pie hoy en día. Aquí más información de las antiguas ventas de Navacerrada.

La venta de los Mosquitos, de la Cantina, de Peña Agudillos o Parador de la Soledad, estaba situada a la izquierda de la carretera justo antes de pasar el puente de la Cantina en dirección a Segovia.

Sin embargo, antes de la construcción de este nuevo camino real a través del puerto, según estaba documentado desde hacía siglos (se hace referencia a la misma en documentos del siglo XIII), existía una pequeña senda de montaña que conectaba el valle de Valsaín con la vertiente madrileña por el puerto de Manzanares (conocido ahora como puerto de Navacerrada).

Se trataba de una senda que era utilizada habitualmente por pastores, y por los vecinos de los pueblos de ambos lados del puerto que veían en ella un camino más directo, sin necesidad de tener que dar un rodeo para cruzar por el puerto de la Fuenfría que estaba más alejado.

El Camino de Vueltas Viejas es parte de ese camino histórico, poco conocido y recorrido. Se trata de un camino que se lanza hacia las laderas de los bosques de Valsaín, para conectar luego con la senda Sotela y de ahí al resto de pistas que recorren esos bosques.

Como ya lo había subido un par de veces en rutas circulares, para este miércoles propuse a Antonio realizar un recorrido lineal en bajada desde el Puerto de Navacerrada hasta el área recreativa de la Boca del Asno. Se trata de una ruta que transita por bosque y bajo arbolado, lo que puede suponer una buena alternativa para los meses de calor.

Quedamos en la Boca del Asno para realizar el reparto de vehículos, y subimos al puerto de Navacerrada para comenzar la excursión. Tres de nuestros compañeros segovianos se quedan en la Boca del Asno y realizarán una ruta alternativa yendo a nuestro encuentro a mitad de camino.

Una vez en el puerto, nos reunimos con otros compañeros que habían subido directamente hasta este punto, y nos sorprende y alegra ver entre ellos a Joaquín S. que hoy se ha animado a caminar con nosotros después de mucho tiempo.

Nos dirigimos hacia la última esquina del segundo aparcamiento del puerto de Navacerrada, el más alejado y situado junto a la carretera que conecta con el puerto de Los Cotos. Hay que sortear el quitamiedos que separa el aparcamiento del talud. Unos metros más adelante, un pequeño hito de piedras al borde de la ladera y próximo al quitamiedos junto a la carretera marca el inicio de la senda.

Empezamos en este punto el recorrido de la ruta, ya que la construcción de este aparcamiento dio al traste con la última parte del trazado del Camino de Vueltas Viejas que se encaminaba hacia el puerto. Su talud sepultó los últimos metros del camino tradicional con tierra y grandes rocas.

Esa senda, que en un principio no parece muy marcada, nos permite enlazar con el camino histórico unos metros más abajo.

¡Una vez alcanzado el camino tradicional nos acercamos hasta el punto donde el talud lo ha cubierto. Se aprecia una pequeña senda más abajo que quizás empalme con la subida del Camino Sotela, porque desde el aparcamiento y hasta el cruce del puerto, yo no he apreciado que haya ningún acceso desde la parte baja del talud.

Volvemos unos metros sobre nuestros pasos para retomar el camino hacia la derecha, y en ligero descenso, vamos avanzando por este, sorteando a nuestro paso pequeños pinos que han ido creciendo a lo largo del camino. En pocos minutos llegamos al trazado de la vía del tren entre el puerto de Navacerrada y el Puerto de Cotos.

En ese punto nos encontramos con una vía ya prácticamente renovada entre el puerto de Los Cotos y el túnel del puerto de Navacerrada. La renovación ha sido integral: nuevas torres de catenaria, nueva catenaria, sus contrapesos, nueva base de balasto sobre el que ya descansan las nuevas traviesas y sobre ellas las vías. Solo resta por cubrir las traviesas con más balasto.

En algunos sitios había leído que se cruzaba la vía por la traviesa 77, pero como la vía se ha renovado por completo, y se han retirado las antiguas torres de catenaria, ahora la atravesamos a la altura de la torre 84.

Cruzamos la vía, todavía en obras, y tomamos un pequeño sendero al otro lado, que se introduce en el pinar.

En algunos mapas el antiguo trazado parece que trascurre mas a la izquierda, pero por donde bajamos nosotros es un trazado cómodo. En pocos metros llegamos al tendido eléctrico que lleva el suministro del puerto de Navacerrada al puerto de Cotos. Se podría bajar por la derecha, directamente aprovechando la ancha calle de servicio de la línea de alta tensión. Esa bajada es muy abrupta e inclinada y termina en el arroyo de las Puentes situado más abajo. Nosotros optamos por seguir de frente por el camino, siguiendo un trazado con menos pendiente.

En algún tramo despejado a nuestra espalda podemos ver la Bola del Mundo y la ladera norte del arroyo Seco, por donde discurrían las antiguas pistas de arroyo Seco y Negro ya desmanteladas hace unos años. Un poco más abajo la pista se une a otra que viene por la izquierda. En ese punto, giramos a la derecha.

Unos cuantos metros más adelante, y en una curva cerrada, el antiguo Camino de Vueltas Viejas giraba a la izquierda y se lanzaba ladera abajo en sucesivas vueltas y revueltas (de ahí su nombre) hacia el fondo del valle. La senda hoy en día está muy poco marcada, por lo que nosotros optamos por seguir la pista que traemos.

Tras varias curvas, alcanzamos el arroyo de las Puentes, en el punto donde cruza la calle del tendido eléctrico que habíamos dejado más arriba. En este punto se juntan el arroyo de las Puentes y el arroyo Frío.

Si hacemos el camino a la inversa, hay que tener en cuenta que hay que atravesar el camino de servicio de la línea eléctrica junto a uno de los apoyos de ésta, para poder seguir el camino en ascenso, ya que desde el arroyo éste prácticamente no es visible.

Continuamos bajando por la ancha pista forestal, que sigue el curso del arroyo de las Puentes. Esta pista desemboca en el Camino Sotela a la altura de un cargadero de troncos, justo en el punto dónde comienza a estar asfaltado. La antigua senda conectaba con el Camino Sotela antes de cruzar el arroyo de las Puentes.

Tomamos la pista asfaltada unos 800 metros, hasta encontrar a nuestra izquierda un antiguo camino forestal que cruza el arroyo de las Pintadas. Al otro lado de este, aprovechamos un largo pino caído en la sombra para realizar la parada del ángelus.

Terminado éste, continuamos bajando por un sendero prácticamente perdido, que baja paralelo al arroyo por su margen izquierda, para tratar de quitarnos un tramo de la pista asfaltada.

Este sendero abandonado, luego se hace más ancho, y desemboca en el puente de las Pintadas, donde nos juntamos con nuestros tres compañeros que estaban realizando la ruta alternativa y nos esperaban por allí.

Una vez agrupados, tomamos la pista asfaltada que a la izquierda va al encuentro de la carretera de las Siete Revueltas. Antes de llegar a la misma, tomamos una desviación a la derecha para coger un sendero que entre helechos y bajo el pinar, nos deja en el aparcamiento del puente de la Cantina, o también llamado de los Mosquitos.

Cruzamos al otro lado de la carretera, para atravesar una pequeña portilla giratoria. Junto a ella nos encontramos los restos de lo que fue en su día la venta de los Mosquitos o de la Cantina, que hemos nombrado al comienzo de esta crónica.

Durante mucho tiempo esta venta aparecía erróneamente situada en los mapas. Concretamente la situaban en la zona donde estuvo la casa de las Postas, entre la sexta y séptima revuelta, las primeras según se viene desde La Granja, más arriba de su situación real.

Sin embargo, su ubicación correcta, es junto al puente de la cantina, enfrente de la fuente de la Canaleja o del Peñón.

Construida a finales del siglo XVIII, hasta ella llegaban los carros cargados de vino procedente de Navalcarnero y Arganda. Iban tirados por una recua de ocho mulas o bueyes que transportaban regularmente grandes cubas hasta La Granja y Segovia. En la venta, los viajeros que realizaban el trayecto Madrid-La Granja y viceversa, degustaban los almuerzos especialidad de la casa de pan y tocino. En 1851 se construyó en este lugar una casa para la Guerra Civil que estuvo en activo hasta finales de 1913. (Info CENEAM)

En las ruinas de la venta, podríamos optar por bajar por el sendero que transcurre paralelo al río Eresma hasta el área recreativa de la Boca del Asno. Sin embargo, elegimos continuar un tramo por la asfaltada carretera forestal de la Fuente de la Reina, o también conocido como camino forestal de la Casa de la Pesca.

Un poco antes de cruzar el puente de la Casa de la Pesca, donde se juntan los arroyos Minguete y del Telégrafo, giramos a la derecha por un pequeño sendero, y aprovechando unas grandes rocas, cruzamos al otro lado del arroyo del telégrafo.

Seguimos caminando por la senda que transcurre paralela al arroyo, atravesando la incorporación del arroyo de las Pamplinas, hasta alcanzar la poza de los Baños de Venus.

A lo largo de esta senda podemos ver restos del camino empedrado que bordea todo el rio Eresma desde el arroyo Minguete hasta el embalse del Pontón Alto, conocido como el Camino de las Pesquerías Reales. Se comenzó a construir en 1767, pero las pesquerías tuvieron que ser arregladas (y también ampliadas) continuamente durante casi un siglo, debido a los destrozos ocasionados por las avenidas de agua. Algunos tramos de los que podemos disfrutar hoy en día fueron rehabilitados en los años 2000 por el Centro Montes y Aserraderos de Valsaín.

Junto a la poza se encuentra su refrescante fuente situada en un lateral de ésta. Esta fuente aparece bautizada en algunos mapas como la del Batán de Vargas, o La Teja. Algunos compañeros aprovechan el agua que brota de su caño para refrescarse un poco.

Como el objetivo era comer en el área recreativa, sin perder mucho tiempo, reanudamos la marcha hacia la zona de los Vadillos. En ese punto se junta el arroyo del Telégrafo con el arroyo del Puerto del Paular o de Cotos, y toma el nombre ya de río Eresma.

Cruzamos el río Eresma por el puente de los Vadillos y vamos a seguir su curso por su ribera derecha. El camino pasa cerca de la fuente de los Vadillos, situada cerca del curso del Eresma, y un poco más adelante toca tangencialmente la carretera del puerto.

En ese punto hay un paso peatonal y un portón que impide el paso de vehículos. Aquí abandono un rato al resto de mis compañeros que se dirigen raudos hacia el área recreativa. 

Salgo a la carretera y retrocediendo unos 40 mts por el arcén izquierdo, voy a la busca de la fuente de Caño Seco, que tras varias búsquedas infructuosas conseguí ubicar entre dos carteles de curva cerca del kilómetro 16, al otro lado del quitamiedos de la carretera. Parece mentira, pero conseguí ubicarla gracias a las aplicaciones Google Earth y Street View, ya que en sus imágenes se puede apreciar el pilar de la fuente en un lateral de la carretera. Sin embargo, no existe próxima a la misma ningún rincón donde se pueda dejar el vehículo, y por eso aprovecho que esta vez paso cerca para poder acercarme y conocerla.

Efectivamente la localizo fácilmente en ese punto. Prácticamente invadida por vegetación alrededor se ubica esta fuente de piedra de cuyo caño brota abundante agua, llevando la contraria a su nombre. Después de realizar algún video y alguna foto para poder mostrársela luego a mis compañeros, deshago el camino por el arcén y por la portilla, vuelvo a retomar la senda hacia la boca del asno.

Acelero la marcha, y paso junto a la fuente del Tío Casto, que me acerco a ver, pero hoy está prácticamente desaparecida bajo la vegetación.

Antes de llegar al área recreativa, alcanzo a Jose Mari, y juntos llegamos a ella, punto final de la ruta de hoy. Algunos compañeros se habían adelantado porque tenían prisa y ya se habían marchado.

Sin embargo, el resto de nuestros compañeros ya estaban sentados en algunas mesas dando buena cuenta de los bocadillos y otras viandas. Algunos nos acercamos al quiosco para coger alguna bebida fresca para acompañar la comida y de postre también cae algún que otro helado.

Como no habíamos hecho todavía la foto de grupo hoy, aprovechamos para realizarla al lado de las mesas.

En resumen, sombreada y tranquila ruta, prácticamente toda ella en descenso, que algunos agradecieron enormemente, no pasamos calor y nos permitió conocer durante parte de la ruta un camino por el que el GMSMA no había pasado.

Por todo ello le otorgo a la ruta una calificación de 4,5 sicarias.
Carlos Revilla

miércoles, 15 de julio de 2020

Excursión 517: Los tejos milenarios del Barondillo

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Isla. Rascafría
Final: La Isla. Rascafría
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  12,5 Km
Desnivel [+]: 497 m
Desnivel [--]: 497 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 29

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
RESUMEN
Tras muchos meses de ausencia, hoy vuelvo a reunirme con el GMSMA, y si cada encuentro con el grupo siempre es deseado, en esta ocasión mucho más.

Hoy somos un número mayor de participantes para lo acostumbrado en verano, los senderistas más cuatro perritos vamos llegando al aparcamiento, junto al restaurante los Claveles, muy cercano al de la Isla, ya que éste estaba cerrado. A algunos no les conozco, quizás porque nunca hayamos coincidido.

A las 10:00 de la mañana nos pusimos en marcha, cruzando el arroyo de la Angostura por el puente de madera, para remontar el arroyo por su margen derecho.

La vegetación, muy crecida, casi tapa el estrecho sendero junto al agua. Pronto alcanzamos el embalse del Pradillo donde paramos a contemplar la bonita cascada que se genera en la presa del mismo y la estupenda panorámica del agua reflejando el valle, mientras unos patos nadan tranquilamente por medio del gigantesco estanque.

Continuamos por la senda que rodea el embalse, entre pinares en los que abundaban troncos caídos entre los helechos, que este año están exuberantes.

En un punto del camino tras cruzar varios arroyos, Paco Nieto, que es nuestro guía hoy, nos dice que estamos exactamente encima de las vías del AVE de Madrid-Segovia, ¡nadie lo hubiera imaginado!

A pocos metros de cruzar el arroyo Valhondillo o del Barondillo, dejamos la senda que discurre junto al arroyo de la Angostura para seguir otra paralela a este otro arroyo, junto al cual unos kilómetros más arriba, como luego pudimos comprobar se hallan los famosos tejos milenarios.

Conforme avanzamos, la pendiente crecía, y al cruzar una pista, se hizo mayor, lo que hizo que el grupo se estirase en función de la velocidad de cada cual. 

La bonita senda por la que ahora caminábamos, se acerca al arroyo Valhondillo en varias ocasiones, lo que hizo que este trayecto fuese especialmente refrescante, contemplando y sintiendo el agua en todo momento.

La senda alcanzó la pista que cruzamos anteriormente, conocida como Camino de las Vueltas, junto a un puente, donde hicimos una parada de agrupamiento mientras nos refrescábamos escuchando el murmullo del agua.

Tras el descanso, continuamos la marcha y enseguida vadeamos el arroyo de los Pinganillos, que en este punto, se une al arroyo del Valhondillo, aguas arriba, y poco después cruzamos el de las Zorras que se une pocos metros más abajo al del Valhondillo.

La senda se va acercando, a media ladera, poco a poco al arroyo del Valhondillo entre grandes pinos, algunos caídos en medio del camino. Poco antes de llegar al objetivo, comenzamos a ver hermosos ejemplares de tejos que aparecen a ambos lados de la senda, algunos tras unas vallas de alambrada que intentan protegerlos.

El conocido como el abuelo (aunque es hembra), tiene entre 1500 y 1800 años según un cartel informativo que está junto al mismo, y está rodeado por un murete de piedras y una cerca de hierro. Junto a él paramos a tomar el tentempié de media mañana.

De nuevo en marcha, cruzamos el arroyo un poco más arriba, frente a otros tejos de gran porte, aunque con apariencia de ser más “jóvenes”. En este punto termina una pista por la que descendimos y al dar con el Camino de las Vueltas, en el Raso del Baile, la seguimos hacia la izquierda.

Al poco, nos desviamos a la derecha para descender a ver la laguna del Raso del Baile, que para nuestra sorpresa estaba cubierta de una capa verde, suponemos que de polen, que le daba un aspecto irreal e inquietante.

Recuperado el camino, ascendimos hasta cruzar el arroyo de la Majada del Espino, desde el que iniciamos el regreso, descendiendo con fuerte pendiente y sin senda distinguible paralelos al arroyo. A mitad de la formidable bajada, nos topamos con un tejo enorme, de gran porte y con un grandioso tronco, quizás el más bello de los contemplados en la ruta.

Un poco más abajo, justo antes de cruzar el arroyo, vimos otra laguna, ésta sin la capa de verdina que tenía la anterior, y en la que los perros se apresuraron a refrescarse, nadando a sus anchas.

Paralelos al arroyo, continuamos el descenso hasta dar con el Camino de las Vueltas y, poco antes de alcanzar el puente de la Angostura, paramos en una magnífica poza en la que otras veces nos hemos bañado, pero que esta vez solo contemplamos, algunos con nostalgia, mientras nos tomábamos los bocadillos.

Fue el momento en el que Jorge H, hizo volar el drom que pacientemente había transportado en la mochila. Las impresionantes imágenes que grabó las podéis ver más abajo. Tras el descanso, cruzamos el precioso puente de la Angostura y, muy cercanos siempre al arroyo, descendimos hasta alcanzar la impresionante cascada de la presa del Pradillo, ahora desde la orilla opuesta a la de la ida, y llegar así de nuevo a la Isla.

Por lo bien que lo pasé, los lugares recorridos, los tejos contemplados y la buena temperatura, todo un regalo, califico esta ruta con un 4,5.

Quiero daros las gracias por el interés que habéis tenido en el seguimiento de mi enfermedad Covi-19. Como ya sabéis estuve ingresada 15 días bastante fastidiada (aunque no me entubaron), después por un problema de alergia de algún medicamento me ingresaron otros 7 días, pero ya estoy recuperada y con muchas ganas y fuerza para seguir caminando con vosotros el GMSMA, sois fantásticos y queda pendiente el viaje a Mallorca que espero sea pronto.
Rosana Curto

¿Cuál es el árbol más viejo
de Madrid, comunidad?
Si no sabéis, preguntad,
pues la respuesta es un tejo
de siglos de antigüedad.

Partiendo de la Angostura,
la excursión no es nada dura;
por un camino sencillo,
pronto veréis la figura
del tejo del Barondillo.

La Comunidad legisla
que este es árbol singular;
lo fuimos, pues, a observar
partiendo desde la Isla
para luego progresar
por la margen del Lozoya,
o, más bien, de la Angostura,
que en esta hermosa natura
es donde se desarrolla
nuestra gloriosa aventura.

Entre pinos y rebollos
tomamos sendas que atajan
por empinados arroyos
que de Asómate de Hoyos,
allá en Cuerda Larga, bajan;
y tras unos resoplidos
en apenas una hora,
para nada agotadora,
nos quedamos sorprendidos
al ver la deslumbradora
y sorprendente estructura
d'este árbol tan añejo
que en medio de la espesura
mostró por fin su figura:
un impresionante tejo.

Junto al tejo más anciano
otros están a su lado;
han crecido de la mano
junto a su primer hermano;
juntos han avejentado,
y es algo muy usual
nombrar al grupo global:
si con pinos es pinar
y con robles, robledal,
cuando hay tejos es tejar.

Asombra que sean tan viejos
y nos deja muy perplejos,
que en unos tiempos lejanos
los legionarios romanos
vieran estos mismos tejos;
y aquellos que construyeran
en Segovia el acueducto
puede que se sorprendieran
al ver en este reducto
cómo los tejos nacieran.

Las doce en punto sonaron
y a la sombra de los tejos
los tentempiés se tomaron
acatando los consejos:
unos de otros separados.

Cuando bien se desayuna
se hace mejor el camino;
lo siguiente, una laguna
de color verde aceituna;
la superficie —imagino—,
que el fondo no se veía;
según la cartografía,
este bello fotograma
Raso del Baile, se llama,
aunque raso… poco había.

Para evitar mucho andar,
bajamos por un atajo
todo el tiempo cuesta abajo.
Dice un refrán popular:
«no hay atajo sin trabajo»,
y este caso ejemplo es,
que un kilómetro después,
te duelen las pantorrillas,
los cuádriceps, las rodillas
y las plantas de los pies.

La poza de la Angostura
es un lugar apacible;
cuando el baño era posible
te bañabas con frescura;
pero hoy es inconcebible,
pues la reglamentación
nos prohíbe el chapuzón
en cualquier alberca o charca
de lo que la sierra abarca,
pero nada hace mención
a comerse un bocadillo
a la orilla de la poza,
aunque siempre algún listillo
mete los pies y algo goza
refrescando el «pinrelillo».

Allí, por tanto, comimos
en paz, sosiego y sin prisa;
luego, todos nos reunimos
en una zona más lisa
donde juntos nos hicimos
nuestra foto colectiva,
mientras, esta vez, un dron
nos filmaba desde arriba,
dándonos una visión
y una nueva perspectiva.

Nos quedaba retornar
volviendo al punto inicial
y los refrescos tomar;
y os dejo para acabar
un serventesio final:

«No podréis encontrar árbol más viejo,
que no haya sufrido innumerables daños,
salvo este colosal y regio tejo
que ya ha cumplido casi dos mil años».
Paco Cantos

FOTO REPORTAJES
* Foto reportaje de José María Pérez

VÍDEOS
* Vídeos de Jorge Herrero

FOTOS
* Fotos de Enrique Cid
* Fotos de José Luis Molero
* Fotos de Paco Nieto