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miércoles, 1 de abril de 2026

Excursión 907: Cañón del Artiñuelo y Cerro del Diablo desde Rascafría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Rascafría
Final: 
Rascafría
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,7 Km 
Desnivel [+]: 448 m 
Desnivel [--]: 448 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 18

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Este miércoles, que pilla en mitad de la Semana Santa, muchos de nuestros compañeros están de viaje o cuidando a los nietos que no tienen colegio esta semana, a pesar de ello, estamos 18 senderomagos fieles a nuestra cita semanal, reunidos en la plaza de Rascafría para, de la mano de Carlos Revilla, hacer una ruta al Cerro del Diablo de 10 Km y 500 metros de desnivel aproximadamente.

Comenzamos a caminar por el pueblo, hacia la calle Artiñuelo, en busca del PR-35. Al poco empezamos a ascender y nos damos cuenta que nos hemos abrigado de más y que tenemos que empezar a quitarnos ropa, hace bastante menos frio del esperado.

Enseguida nos desviamos, cerca de un derruido molino, para coger un sendero y salirnos de la pista, pero vemos que es imposible vadear el arroyo, por lo que aunque no nos gustan mucho las pistas volvemos a ella, por ser la mejor solución.

Unos 500 metros más adelante dejamos el PR y, un poco más adelante, nos desviamos por una pequeña senda, bastante desaparecida, que nos lleva hacia un puente sobre el arroyo Artiñuelo, que nos permite cruzarlo y sobre todo salirnos de la pista.

El puente es un sitio idóneo parar hacernos la tradicional foto de grupo.

Caminamos por una estrecha senda, dejando el arroyo a nuestra derecha, hasta que llegamos a una pequeña represa, que nos sirve para volver a cruzar el arroyo y volver a la misma pista, porque por esta margen ya es imposible continuar.

Seguimos ascendiendo por el Robledal de los Horcajuelos, la pista nos lleva hasta la presa del Artiñuelo, mismo nombre del arroyo y al que me referiré como arroyo a partir de ahora.

En la presa nos hacemos algunas fotos y como son las 12 de la mañana y hay un sitio estupendo, con rocas para sentarnos, hacemos una parada para tomar nuestro tradicional Ángelus.

Tras el descanso, empezamos a caminar por el cañón del Artiñuelo, muy agradable paseo pisando piedras grandes, con buenas vistas y por supuesto buena charla con los compañeros

Continuamos caminando, ahora en descenso hasta encontrarnos el arroyo de las Calderuelas, este paso es un poco complicado, hay que pegar varias zancadas y utilizar los bastones, a pesar de las multitud de cámaras que intentan grabar la caída de alguno de nosotros, todos lo cruzamos con una gran pericia y los dejamos sin el reportaje buscado.

A partir de este momento el camino (por decir algo), no tiene perdida por que solo hay que seguir el arroyo, pero el camino se pierde fácilmente y está lleno de troncos, zarzas y ramas bajas. Cuesta avanzar, pero sin duda es una de las partes mas divertidas de la ruta.

Comenzamos un fuerte ascenso, hay que bordear un macizo de piedras, por fin llegamos a un alto que está muy despejado, las vistas son espectaculares, vemos todo la Cuerda Larga y Peñalara, hacemos un alto en el camino.

A lo lejos vemos una bonita cascada en el arroyo y sorteando troncos caídos en el sendero, por fin vamos a salir a una pista, y aunque no nos gustan las pistas, en estos momentos se agradecen bastante.

Seguimos caminando y llegamos a una roca muy curiosa, creemos que es el Carro del Diablo, pero tenemos un intenso debate sobre si la gente lo llama el Carro del Diablo por error, o si el carro está en otro punto cercano, que otros dicen que es el Cerro del Diablo, la verdad es que en los mapas hay teorías para todos, y este tema nos da conversación mientras tomamos el bocata.

Tras la comida y sin tener muy claro si hemos visto el Carro del Diablo, empezamos una bajada hacia Rascafría por el PR-10. El camino y la temperatura son magnificas, las pendientes suaves y el robledal impresionante.

Las vistas son estupendas, estamos viendo el Valle del Lozoya, la Cuerda Larga y Peñalara con las cimas nevadas, no te cansas de ver estas preciosas vistas.

Seguimos bajando y si hacemos una vuelta de 360º podemos ver el pueblo de Rascafría, el Monasterio del Paular, toda la Cuerda Larga, Peñalara y Claveles, los Montes Carpetanos con el Pico del Nevero. ¿Qué más se puede pedir?

En cómodo paseo descendimos hasta alcanzar las primeras casas e instalaciones deportivas de Rascafría, poco antes de llegar de nuevo al aparcamiento.

A esta ruta le pongo 5 sicarias, muchas gracias Carlos.
Fernando Ramos


miércoles, 29 de marzo de 2017

Excursión 340: Puerto de Cotos - Rascafría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos
Final: Rascafría
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia:  18,3 Km
Desnivel [+]: 650 m
Desnivel [--]:  1307m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 26

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Cuando Antonio anunció la marcha, me dije: —Esta es una de las que se recuerda, aunque ¡menuda bajada! !Nos va a doler todo! Y vamos a acabar a las mil. Bueno, tengo una excusa para no ir, porque estoy pintando la casa. Pero no me la podía perder, así que el martes curré como nunca y a las diez de la noche estaba muerto, pero había terminado la faena. No me perdería la excursión.

Eran las 10 de la mañana y poca gente del grupo se veía en Rascafría pero, a la hora señalada, apareció Antonio organizando el embarque automovilístico para subir a Cotos.

Ya en el puerto, nos pusimos las polainas —porque seguro que habría nieve—, nos ajustamos las botas y empezamos a subir por grupos separados, como mandan las reglas del Parque, para juntarnos más arriba; nos veríamos en el puente de la Laguna. Llegando al puente, nos alcanzó el tercer grupo.
—En el puente nos esperáis para juntarnos todos. —decía Antonio por su walkie talkie.

Pero al llegar allí, del primer grupo ni rastro. Pasamos el puente y nos paramos en el mirador de Javier. La vista era espectacular, todo el circo de la Laguna Grande, con mucha más nieve de la que habíamos visto hacía tres semanas, cuando subimos a Peñalara. Hechas las fotos de rigor, seguimos avanzando hacia la laguna de los Pájaros.

Nuestro grupo estaba constituido por 15 senderomagos. Coronamos el contrafuerte con la esperanza de ver al grupo de los «adelantados», pero nada. Antonio se desgañitaba:
—Ir parando para tomar el aperitivo y nos esperáis.
—Antonio, que no te oyen.

Empecé a pensar que hoy me tocaría escribir la crónica del segundo grupo de la excursión, porque a los otros, no los íbamos a ver hasta Rascafría.

Ya estábamos en los Llanos de Peñalara. Debajo, ocultas entre la nieve se suponían las Cinco Lagunas. Optamos por buscar un lugar en donde tomar algo: - Allí hay unas piedras para sentarse. Estábamos llegando cuando alcanzamos a los rezagados del primer grupo.

—¿No os paráis a tomar algo?
—No, nosotros ya hemos comido.

Así pues, después de un paréntesis para el tentempié, seguimos lo poco que nos faltaba para la Laguna de los Pájaros.

—Antonio, ¿nos recibes?
—¿Cómo?, ¡pero si no les funcionaba el walkie!
—Yo creo que no te querían oír.

La Laguna de los Pájaros estaba helada y cubierta por la nieve, así que no la vimos. Lo que sí vimos fue al grupo de los «adelantados». Saludos, besos, abrazos —hay que tener en cuenta que no nos habíamos visto todavía— y despedida de «los fugaces».

—Esperar que falta… la foto de grupo.

Algunos ya se habían ido, otros volvieron para la foto. José María, solemne, como siempre, para inmortalizar el momento y, de paso, hacer el recuento para el Observatorio Estadístico del GMSMA. Ángel Vallés para el otro Adelantado, el de Segovia: Ahora mirando al este, ahora otra mirando al oeste.

Seguimos por la cuerda hacia el Cerro Claveles. Durante toda la travesía no habíamos dejado de pisar nieve, sobre todo desde las Cinco Lagunas. Desde el Cerro Claveles se puede apreciar la particular forma del Macizo de Peñalara. Desde este lado, el Pico de Peñalara queda oculto por el impresionante Risco de Claveles que parece el casco de un barco puesto al revés y por cuya peligrosa quilla deberíamos pasar si desde aquí quisiéramos llegar a Peñalara.

Nos acercábamos ya a los Altos de Poyales, que son dos, pero solo subiríamos al Alto de Poyales Oeste, nuestra última cumbre, porque desde aquí íbamos a bajar ¡930m! de desnivel en 8 Km. de recorrido, todo seguido.

El plan era llegar a la pista que baja del Puerto del Reventón, (el GR-10) para lo cual, habría que bajar atrochando 1,3 Km por una pendiente del 20% y cubierta de nieve virgen. Fue bastante divertido, aunque el que mejor se lo pasó fue Antonio que iba abriendo camino en la nieve siguiendo su GPS; a juzgar por su marcha, parecía que el GPS tiraba de él.

Y llegamos a la pista, justo por donde cruza el arroyo de Santa María, que es el que más abajo pasa por el Monasterio del Paular y desemboca junto al Puente del Perdón. Esto ya no tenía tanto glamur, ya no había nieve y la pista empezaba a hacer zigzags, así que algunos empezaron a hacer «trampas», otros los seguimos, y al final lo hicimos casi todos. Tomamos cinco atajos, acortando la distancia y aumentando el desnivel. Esto  ya era otra cosa, y menos aburrido.

Llegados a esta parte, Juan sugirió acercarnos al Carro del Diablo que se encontraba cerca del camino de bajada. Efectivamente, estaba casi en el mismo camino, el que no estaba era el Diablo, y el carro —que hay que tener imaginación para verlo— podría ser hasta de Manolo Escobar.

A Rascafría 3,5 Km, decía el cartel. Pero, como en otras ocasiones, los últimos kilómetros, los más cansados —ya sabéis «¿Cuánto queda? Hora y media, kilómetro y medio»—, pues las plantas de los pies ya se resentían. Estábamos justo encima del Paular, del que sobresalía su esbelto campanario,  y el camino descendía suavemente, por una zona boscosa, hacia el este, dónde ya se veía Rascafría. En realidad, esto no era una novedad: la llevábamos viendo desde que empezamos a bajar, pero al menos, ahora ya se veía más cerca.

Ya solo faltaba 1 Km. cuando abandonamos el GR-10 —que giraba a la derecha para dirigirse al Paular—, y enfilamos el camino de tierra que nos llevaría a nuestro destino final. Parece que el solo hecho de pensar en cervezas frías atrajo al grupo, porque un rato después ya estábamos en el bar de la plaza celebrando el nacimiento del nieto de Jose Luis Rubiales, el cumpleaños de Melchor y la estrella negra de Fernando Díaz-Hellín, que no nos dejaron pagar las consumiciones.

Habíamos cumplido de sobra con los 18 kilómetros y pico, que hicimos en 8 horas, para lo cual nos vino muy bien el cambio de hora. Solo quedaba el traslado a Cotos de los que tenían allí su vehículo.

No soy amigo de dar la puntuación máxima, pero la excursión se lo merecía, aunque habría que restar algo por lo de los «dos grupos». Voy a dar las 5 sicarias para que no me digan que soy un roñoso.
Paco Cantos