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miércoles, 13 de marzo de 2019

Excursión 451: Las cuatro lagunas de Peñalara

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos
Final: Puerto de Cotos
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13,1 Km
Desnivel [+]: 670 m
Desnivel [--]: 670 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 32

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc


RESUMEN
La excursión de hoy tenía como meta visitar las cuatro lagunas glaciares del Parque Natural de Peñalara, situado en el término municipal de Rascafría en la vertiente sureste del Pico de Peñalara (integrado a partir de 2013 en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama) y aprovechar de la última nieve que aún salpica las laderas de sus cerros.

La cita era a las 10:30 en el aparcamiento del Puerto de Cotos (1.830m), entrada principal del Parque, donde el parte meteorológico pronosticaba tiempo más bien soleado con ráfagas de viento y una temperatura entre 5-8 ºC. Lo primero que notamos al salir del coche fue, efectivamente, el viento helado que, a pesar del sol resplandeciente, nos obligó a ponernos enseguida la chaqueta cortavientos. 

Acudimos a la cita 32 participantes y 4 mascotas. Siguiendo las directrices del Parque, nos dividimos en grupos más pequeños para entrar y mantuvimos los perros atados con la correa.

Accedimos al Parque pasando junto al chozo de entrada y empezamos el ascenso por la pista del PR-3. Casi al principio de la senda nos encontramos a mano izquierda con la Fuente Cubeiro, donde los senderistas suelen llenar la cantimplora antes del ascenso, pero que en esta ocasión estaba seca. Al final de este primer tramo de subida llegamos al Mirador de la Gitana, cuyo indicador de montañas señalaba los picos aún nevados de Cabezas de Hierro. En el mismo mirador se encuentra también, en el suelo, un reloj de sol horizontal (analemático) hecho de piedra de granito.

Después de una curva a la izquierda llegamos al Cobertizo del Depósito, donde paramos para ponernos crampones y guetres (pinchos y polainas en castizo) porque la pista empezaba a estar cubierta de nieve dura.

Dejamos atrás el Cobertizo para continuar subiendo por la pista del PR-3 que en este punto discurre por un hermoso pinar. En el horizonte se podía divisar claramente la silueta nevada de la Cuerda Larga.

A medida que ascendíamos, los pinos se iban volviendo más achaparrados y escasos. Llegamos a una bifurcación donde abandonamos el PR-3 para seguir el camino que lleva a la Laguna de Peñalara. Este camino — inédito hasta ahora para el GMSMA — bordea a media ladera la peña los Quesos (2.032m), una de las cimas del parque, reconocible por su pico de relieve redondeado, que está situada a mitad de camino entre el Puerto de los Cotos y el circo glaciar de Peñalara. 

La pista va ascendiendo hasta llegar al Cerro del Cuco, que parece delimitar la frontera natural del bosque. Delante de nosotros aún se divisaba algún ejemplar de pino, cubierto de cencellada, antes de dar paso al matorral de alta montaña constituido mayoritariamente por piornos y enebros rastreros.

Desde el Cerro del Cuco comenzamos el descenso en dirección al circo glaciar de Peñalara, que, con sus 140 hectáreas es el más extenso de la Sierra de Guadarrama. Se calcula que se formó en el período Cuaternario, hace 1.8 millones de años.

A unos 600 metros al sureste del circo glaciar nos encontramos con la primera de sus lagunas: la Laguna Chica de Peñalara (1.970m). Se trata de un cuerpo de agua de origen glaciar, como todas las lagunas del Parque. De forma circular y escasa profundidad (max. 1,5m), está situada en una depresión de la morrena frontal que cierra el circo. Es una de las lagunas más pequeñas del parque y de carácter temporal, llegando a secarse completamente a finales del verano.

Tras la Laguna Chica tomamos el rumbo hacia la Laguna Grande. Delante de nosotros la imponente cornisa de las cumbres del Parque, por una de cuyas laderas nevadas se podía observar el lento ascenso de una larga fila de senderistas, convertidos en diminutas hormigas por la distancia.

El viento barría caprichosamente las nubes ora hacia el cielo ora hacia el suelo, ocultando por momentos a Peñalara y sus cimas hermanas. El paisaje presentaba las características típicas de una zona glaciar, con gran cantidad de rocas (de granito en este caso) diseminadas por el terreno, resultado de la fuerza de arrastre del hielo. A nuestra izquierda se podía observar en la distancia el Refugio Zabala (2.075m), situado sobre un resalte rocoso que separa las dos cubetas glaciares que conforman el circo de Peñalara. La luz nítida hacía resaltar el color verdoso de las peñas y rocas debido a un diminuto liquen que las recubre.

El agua que desciende de la montaña a causa del deshielo se acumula en esta zona, convirtiéndola en un humedal surcado por numerosos arroyuelos que derriten la nieve por debajo, aflorando a la superficie en numerosos lugares. Esto nos obligó a prestar especial atención adonde poníamos el pie para evitar meterlo en una charca escondida.

El ascenso hacia la Laguna Grande, que ocupa la zona central de la cubeta glaciar situada en el nordeste del circo, está señalizada con hitos de madera y acondicionada en algunos de sus tramos. Un sistema de cables tendidos delimita la zona de protección del entorno natural.

La Laguna Grande (2.017m) es un cuerpo de agua permanente de forma ovoidal, cuya longitud máxima alcanza los 127 metros, por una anchura máxima de 73 metros. En ella no viven peces (como en ninguna de las lagunas del Parque), pero sí anfibios, y en sus riberas nidifican varias especies de pájaros. Hicimos la parada de las doce (o ángelus) sentados en las grandes rocas que salpican una de las laderas de la Laguna, entre las cuales ya había empezado a florecer el crocus amarillo.

Tras la parada en la Laguna Grande seguimos la pista que, bordeando la loma, sube al mirador de Javier, situado a unos 300 metros de distancia de la laguna. Desde aquí se podía contemplar una espectacular vista de la Cuerda Larga.

En el mirador enlazamos con el PR-15, donde tres estrellas fugaces y un compañero algo despistado nos abandonaron para volver a la ciudad. El resto proseguimos por el PR-15, que se internaba por la ladera de la montaña en leve ascenso, entre piornos y pinos moldeados por el viento y vistosamente blancos por la cencellada.

Gradualmente la pendiente se volvió más empinada hasta que alcanzamos un mirador natural señalizado por un enorme hito de piedras desde el cual se goza de las mejores vistas del macizo de Peñalara y las Cinco Lagunillas, que en esta ocasión, sin embargo, estaban prácticamente invisibles bajo el manto de nieve. Esta zona también es relativamente pantanosa, por lo que el sendero que desciende hacia las Lagunillas está protegido por pasarelas de madera, que tampoco se divisaban bajo la cubierta de nieve.

A continuación ascendimos por el canal que conduce a los llanos de Peñalara, planicie situada a los pies de la cornisa y que hoy se encontraba completamente cubierta de nieve, en dirección a la Laguna de los Claveles, donde tuvo lugar el evento más emocionante del día: el rescate del móvil de Julián de la superficie helada de la laguna.

Julián se había encaramado en una de las laderas nevadas de la laguna con el fin de sacar fotos del espléndido paisaje. Los dedos ateridos por el frío hicieron que se le resbalara el móvil entre las manos, el cual, por una de esas conjunciones fortuitas entre la ley de la gravedad y la de Murphy, al caer sobre la dura capa de nieve se deslizó ladera abajo en dirección a la laguna, y no paró hasta haberse adentrado unos cinco metros sobre su frágil superficie helada. Y allí se quedó.

Tras varios intentos infructuosos de enganchar y arrastrar el móvil con una combinación de bastones y correas de perros, Esteban decidió arriesgar el camino por el hielo adentrándose en la laguna desde otro punto de la orilla. Su intención era seguir una banda de hielo más blanca, y por tanto más espesa, que cruzando la parte central de la laguna le permitiría acercarse al móvil por el otro lado.

No fue empresa fácil, pues había que avanzar lentamente y con mucho tiento, pero finalmente consiguió alcanzar y recuperar el móvil y, manteniendo la sangre fría, deshacer el camino andado con el mismo tiento y cuidado que a la ida hasta pisar de nuevo — ¡a pie enjuto! — la seguridad de la orilla, bajo los vítores de todos los presentes, entusiasmados con su hazaña a la vez que aliviados por su feliz resultado.

Tras abandonar la Laguna de los Claveles (2.119 m) continuamos la travesía de la gran planicie nevada en dirección a nuestra cuarta laguna, la de los Pájaros, a unos 900 metros de distancia. En este tramo el viento volvió a soplar con fuerza, esta vez echándonos las nubes encima, por lo que la temperatura bajó notablemente y hubo que protegerse de nuevo con las chaquetas cortavientos.

La Laguna de los Pájaros (2.170 m) es la más alta de todas las lagunas del Parque y una de las más grandes. De forma similar a la suela de un zapato, se trata de una laguna permanente, al igual que la Laguna Grande, a pesar de su escasa profundidad (max. 0,5 m). Esto se debe a la presencia de un sustrato limoso que impide que el agua se suma en el terreno. En la Laguna de los Pájaros nos encontramos con un amigo de Begoña — pasaba por allí… — que nos sacó la foto de grupo a los 28 que estábamos presentes.

Tras un breve descanso iniciamos el camino de regreso volviendo sobre nuestros pasos, siguiendo el trazado de la PR-15 y disfrutando de la incomparable majestuosidad de la Cuerda Larga en el horizonte.

A las 2:00 hicimos un alto en la llanura para comer el bocadillo, aunque debido al viento la parada fue más breve de lo habitual, a pesar de las espléndidas vistas.

Volvimos a descender por el caño grande hacia la zona de las Cinco Lagunillas siguiendo el curso del arroyo de Peñalara. El camino de regreso transcurrió sin mayores incidencias y siempre con la espectacular vista de la Cuerda Larga delante de nosotros.

A la altura del mirador de las Lagunillas el PR-15 reapareció de debajo de la nieve y pudimos quitarnos los crampones. En el mirador de Javier nos reagrupamos todos y empezamos el descenso final hacia el Puerto de Cotos. Al final de esta primera cuesta nos encontramos con el puente de madera que cruza el arroyo que desagua de la Laguna Grande, cuyas aguas, montaña abajo, se incorporan al caudal del río Lozoya.

Tras cruzar el puente giramos a la izquierda, siempre siguiendo el PR-15, que desciende bordeando la ladera hasta el pinar, particularmente hermoso en este tramo. Pasamos por la fuente del Cedrón con su agua fresca y cristalina; y tras pasar por un portón para el ganado llegamos de nuevo al Cobertizo del Depósito por el que habíamos pasado esta mañana. Aquí hicimos una breve pausa para tomar un respiro antes de descender el último tramo hasta el Puerto de Cotos donde nos esperaba la última parada (dulcis in fundo) en el bar.

Por las vistas espectaculares, la belleza imponente del paisaje glaciar aún cubierto de su blanco manto invernal pero ya con la primavera en ciernes; por las correrías del viento, que nos depararon un día de sol y nubes cambiante; y por la valentía de Esteban, esta excursión se merece la máxima nota, un 5. Fue un día redondo.
María Willstedt

FOTO REPORTAJES

miércoles, 13 de junio de 2018

Excursión 408: Integral de Peñalara

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos
Final: 
Puerto de Cotos
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia:  13,5 Km
Desnivel [+]: 655 m
Desnivel [--]: 655 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5+
Participantes: 36

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
A pesar de las más de 400 excursiones que lleva el grupo y las múltiples subidas al pico de Peñalara y otras tantas a la Laguna de los Pájaros, nunca habíamos cerrado el círculo, conocido como Integral de Peñalara.

Y con esa intención nos plantamos en Cotos los 36 participantes dispuestos a correr esta aventura. Previa solicitud de acceso del grupo, echamos a andar desde la Venta Marcelino, remontando rápidamente la pista de piedra que bordea el Centro de Visitantes del Parque, que pasa a ser de tierra al llegar a la caseta de información y en suave pendiente alcanza en menos de 500 metros la fuente de Cubeiro y enseguida el Mirador de la Gitana, desde donde se tiene una de las mejores vistas de Cabezas de Hierro y del resto de la Cuerda Larga, que podremos identificar fácilmente mediante la flecha giratoria de su identificador de cumbres. Y junto a él, un reloj solar en el suelo, que con la complicidad de nuestra sombra marcaba las diez menos cuarto, las 10:45 en nuestros relojes digitales.

Frente al mirador, la pista continua describiendo una pronunciada curva, pasa junto al cobertizo del Depósito, que dejamos a nuestra derecha, sin desviarnos a las escaleras de piedra, por las que bajaremos de regreso de la Laguna Grande, ahora nuestro objetivo es subir al Pico de Peñalara.

Nada más dar una cerrada curva a la derecha, la pista comienza a empinarse, es el anticipo de la larga docena de eses que componen las llamadas Zetas, que en unos 2,5 km desde el cobertizo, salvan unos 300 metros de desnivel. Nos cruzamos con una joven pareja que buscaban la laguna Grande de Peñalara y con un japonés de avanzada edad que cabizbajo y sin pronunciar palabra nos encontramos en varias ocasiones del ascenso, porque aunque le adelantábamos, en cuanto parábamos nos volvía a pasar.

La última zeta nos dejó a los pies de la Hermana Menor (2.269 m), que nos queda a nuestra izquierda. Al alcanzar la cuerda, el viento hizo que la temperatura bajase rápidamente, lo que nos obligó a buscar algo de ropa en el fondo de las mochilas, momento que aprovechamos para, resguardarnos tras unas rocas y tomar el tentempié de media mañana. Con la vista puesta en un gran nevero que parecía precipitarse hacia el abismo del gran circo de Peñalara, nos hicimos la foto de grupo.

Ya solo nos quedan poco más de 150 metros para alcanzar la cumbre más alta de Madrid y Segovia, a la que alcanzamos tras dejar la Hermana Mayor (2.284 m) a nuestra derecha, pasar por el Collado de Dos Hermanas y acometer el último tramo siguiendo el PR-32, donde curiosamente volvimos a adelantar al japonés y me encontré con unos antiguos compañeros de trabajo, los mismos de la excursión anterior, casualidades de la vida.

En el hito de conmemoración de los 100 años del Club Peñalara nos hicimos fotos con bonitas vistas, antes de alcanzar la cumbre dominada por el vértice geodésico que se señorea a 2428 metros, a sabiendas de que nadie a muchos kilómetros le hace sombra y que disfruta de las mejores vistas de la Sierra de Guadarrama.

Tras un breve descanso, y antes de que la niebla se cerniese sobre nosotros, continuamos por la cuerda, mermados en tres miembros que regresaron por el mismo camino al tener que estar pronto en Madrid. Estábamos dispuestos a acometer el tramo más complicado de la ruta, el paso por el Risco de los Claveles (2.387 m), un paso siempre complicado, tanto que a priori muchos optaron por salvarlo más cómodamente por la senda que lo rodea por la izquierda.

Otro grupo inició el paso, pero tras las dos primeras trepadas, en vista de lo peligroso que se veía era continuar, con una fuerte pendiente a nuestra derecha y grandes rocas que esquivar, decidieron abandonar la cresta y seguir por la mencionada senda.

Solo doce recorrimos toda la cresta y aunque esta vez las condiciones climatológicas eran favorables, doy fe que en circunstancias adversas, como fuerte viento, rocas húmedas, hielo, etc. puede ser MUY peligroso, las fotos que he puesto de la travesía dan idea de lo que digo, eso sí las vistas casi cenitales hacia las lagunas de los Pájaros, y Claveles, eran de quitar el hipo, si el precipicio no nos lo hubiera quitado ya, todo un premio al valor montañero de los que nos atrevimos a disfrutarlo.

Acompañados de dos chicas de Segovia que se nos unieron en el Risco de los Claveles, iniciamos el descenso al Risco de los Pajaros (2.334 m). En su rellano paramos a emborracharnos de panorámicas impresionantes, mirásemos a donde mirásemos, en especial al echar la vista atrás y contemplar el majestuoso Riscos de los Claveles que acabábamos de superar, es el punto donde se comprende el porqué del nombre de Los Claveles.

Continuamos el descenso, en ocasiones muy rocoso, pasamos por un gran nevero donde las fotos de nuevo no se hicieron esperar. A poco de alcanzar la Laguna de los Pájaros, paramos a tomarnos el aperitivo, cobijados tras unas rocas que hacían de balcón-mirador de la espectacular laguna.

El descenso a la laguna se hizo muy divertido, por la loma repleta de nieve, cada cual la aprovechó a su estilo, unos simulando que esquiaban, otras deslizándose por ella y el resto disfrutando del sonido al pisarla.

Esta somera y larguirucha laguna no es la más grande de las de Peñalara, pero sí la más bella, con sus orillas tapizadas de blanda hierba y azafrán serrano y su extremo oriental fundiéndose visualmente con el cielo, siguiendo el arroyuelo que forma su desagüe.

Además es, de todas las lagunas del Parque Natural de Peñalara, la situada a una mayor altitud: 2.180 metros. No exageraba, pues, el poeta Enrique de Mesa cuando dijo que era "espejo el más alto y puro donde se copia la seda joyante del cielo castellano" (Andanzas serranas, 1910).

Las fotos de la laguna desde todos los ángulos eran inevitables, y máxime con el estupendo día que se nos había quedado. Desde tan paradisíaco paraje, iniciamos el regreso siguiendo el PR-15, en dirección a la Laguna de los Claveles, no sin antes pasar junto a otra lagunilla, normalmente seca en época estival y que hoy estaba repleta de agua y mantenía algo de nieve, tanto era así, que algunos la confundieron con la de claveles y hasta le cantaron aquello de "clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corazón" como si de la tuna de Alcalá se tratase.

Con el deleite de contemplar agua por doquier, ya fuera en cascadas, arroyuelos o chorreras que se deslizaban desde el macizo de Peñalara, continuamos, pasando junto a las Cinco Lagunas, protegidas por pasarelas de madera hasta ascender, con cierta fatiga, a un mirador natural señalizado por un enorme hito de piedras, con vistas al siguiente objetivo, el Mirador de Javier, al que descendemos por la larga senda que bordea la loma de Peñalara.

Desde el mirador, algunos no estaban para más lagunas y descendieron directos al puente que hay junto al chozo de los guardas y el arroyo de la Laguna Grande, el resto nos desviamos a la derecha en pequeños grupos, en dirección a dicha laguna, que con sus 650 metros de perímetro, es la mayor del Parque y, por su fácil acceso -una hora a pie desde el puerto de los Cotos, por camino bien señalizado-, el lugar más visitado, a tal punto que lleva más de una década vallada para evitar la erosión de sus orillas. Sus linfas quietas, casi negras, dieron pie a leyendas sobre monstruos acuáticos, que se acabaron en cuanto se descubrió que no tenía ni nueve metros de profundidad. La salamandra, el tritón alpino, el sapo partero y la ranita de San Antonio son las únicas bestias que habitan en esta laguna, considerada como la madre del Lozoya.

Mantuvimos una amistosa conversación con la simpática guarda de la laguna sobre las medidas de protección vigentes, que contrastan gratamente con las que hubo desde 1927 al 97, años en los que se celebraba el primer domingo de agosto la travesía a nado, con más de 2.000 personas contemplándola alrededor de ella, dañando sobremanera sus riberas lacustres. Eran otros tiempos.

Al ver que llegaba el siguiente grupo, a fin de evitar más de 15 personas en la laguna, iniciamos el plácido descenso por el magnífico recorrido, con pasarelas de madera, que atraviesa el circo de Peñalara, con las vacas pastando bajo el refugio de Zabala, toda una estampa que en nada tiene que envidiar a las de montañas suizas.

Al paso por el chozo, recogimos a los avezados que nos esperaban y ya sin más paradas nos plantamos en el cobertizo del Depósito, pasando a mitad de camino por la fuente Cedrón, y desde allí, por la pista ya recorrida por la mañana, alcanzamos el puerto de Cotos, y en la Venta Marcelino, (quién te ha visto y quién te ve), celebramos el fin exitoso de esta preciosa excursión que según me dijo más de uno, las 5 sicarias se quedaban cortas.
Paco Nieto

miércoles, 29 de marzo de 2017

Excursión 340: Puerto de Cotos - Rascafría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos
Final: Rascafría
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia:  18,3 Km
Desnivel [+]: 650 m
Desnivel [--]:  1307m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 26

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Cuando Antonio anunció la marcha, me dije: —Esta es una de las que se recuerda, aunque ¡menuda bajada! !Nos va a doler todo! Y vamos a acabar a las mil. Bueno, tengo una excusa para no ir, porque estoy pintando la casa. Pero no me la podía perder, así que el martes curré como nunca y a las diez de la noche estaba muerto, pero había terminado la faena. No me perdería la excursión.

Eran las 10 de la mañana y poca gente del grupo se veía en Rascafría pero, a la hora señalada, apareció Antonio organizando el embarque automovilístico para subir a Cotos.

Ya en el puerto, nos pusimos las polainas —porque seguro que habría nieve—, nos ajustamos las botas y empezamos a subir por grupos separados, como mandan las reglas del Parque, para juntarnos más arriba; nos veríamos en el puente de la Laguna. Llegando al puente, nos alcanzó el tercer grupo.
—En el puente nos esperáis para juntarnos todos. —decía Antonio por su walkie talkie.

Pero al llegar allí, del primer grupo ni rastro. Pasamos el puente y nos paramos en el mirador de Javier. La vista era espectacular, todo el circo de la Laguna Grande, con mucha más nieve de la que habíamos visto hacía tres semanas, cuando subimos a Peñalara. Hechas las fotos de rigor, seguimos avanzando hacia la laguna de los Pájaros.

Nuestro grupo estaba constituido por 15 senderomagos. Coronamos el contrafuerte con la esperanza de ver al grupo de los «adelantados», pero nada. Antonio se desgañitaba:
—Ir parando para tomar el aperitivo y nos esperáis.
—Antonio, que no te oyen.

Empecé a pensar que hoy me tocaría escribir la crónica del segundo grupo de la excursión, porque a los otros, no los íbamos a ver hasta Rascafría.

Ya estábamos en los Llanos de Peñalara. Debajo, ocultas entre la nieve se suponían las Cinco Lagunas. Optamos por buscar un lugar en donde tomar algo: - Allí hay unas piedras para sentarse. Estábamos llegando cuando alcanzamos a los rezagados del primer grupo.

—¿No os paráis a tomar algo?
—No, nosotros ya hemos comido.

Así pues, después de un paréntesis para el tentempié, seguimos lo poco que nos faltaba para la Laguna de los Pájaros.

—Antonio, ¿nos recibes?
—¿Cómo?, ¡pero si no les funcionaba el walkie!
—Yo creo que no te querían oír.

La Laguna de los Pájaros estaba helada y cubierta por la nieve, así que no la vimos. Lo que sí vimos fue al grupo de los «adelantados». Saludos, besos, abrazos —hay que tener en cuenta que no nos habíamos visto todavía— y despedida de «los fugaces».

—Esperar que falta… la foto de grupo.

Algunos ya se habían ido, otros volvieron para la foto. José María, solemne, como siempre, para inmortalizar el momento y, de paso, hacer el recuento para el Observatorio Estadístico del GMSMA. Ángel Vallés para el otro Adelantado, el de Segovia: Ahora mirando al este, ahora otra mirando al oeste.

Seguimos por la cuerda hacia el Cerro Claveles. Durante toda la travesía no habíamos dejado de pisar nieve, sobre todo desde las Cinco Lagunas. Desde el Cerro Claveles se puede apreciar la particular forma del Macizo de Peñalara. Desde este lado, el Pico de Peñalara queda oculto por el impresionante Risco de Claveles que parece el casco de un barco puesto al revés y por cuya peligrosa quilla deberíamos pasar si desde aquí quisiéramos llegar a Peñalara.

Nos acercábamos ya a los Altos de Poyales, que son dos, pero solo subiríamos al Alto de Poyales Oeste, nuestra última cumbre, porque desde aquí íbamos a bajar ¡930m! de desnivel en 8 Km. de recorrido, todo seguido.

El plan era llegar a la pista que baja del Puerto del Reventón, (el GR-10) para lo cual, habría que bajar atrochando 1,3 Km por una pendiente del 20% y cubierta de nieve virgen. Fue bastante divertido, aunque el que mejor se lo pasó fue Antonio que iba abriendo camino en la nieve siguiendo su GPS; a juzgar por su marcha, parecía que el GPS tiraba de él.

Y llegamos a la pista, justo por donde cruza el arroyo de Santa María, que es el que más abajo pasa por el Monasterio del Paular y desemboca junto al Puente del Perdón. Esto ya no tenía tanto glamur, ya no había nieve y la pista empezaba a hacer zigzags, así que algunos empezaron a hacer «trampas», otros los seguimos, y al final lo hicimos casi todos. Tomamos cinco atajos, acortando la distancia y aumentando el desnivel. Esto  ya era otra cosa, y menos aburrido.

Llegados a esta parte, Juan sugirió acercarnos al Carro del Diablo que se encontraba cerca del camino de bajada. Efectivamente, estaba casi en el mismo camino, el que no estaba era el Diablo, y el carro —que hay que tener imaginación para verlo— podría ser hasta de Manolo Escobar.

A Rascafría 3,5 Km, decía el cartel. Pero, como en otras ocasiones, los últimos kilómetros, los más cansados —ya sabéis «¿Cuánto queda? Hora y media, kilómetro y medio»—, pues las plantas de los pies ya se resentían. Estábamos justo encima del Paular, del que sobresalía su esbelto campanario,  y el camino descendía suavemente, por una zona boscosa, hacia el este, dónde ya se veía Rascafría. En realidad, esto no era una novedad: la llevábamos viendo desde que empezamos a bajar, pero al menos, ahora ya se veía más cerca.

Ya solo faltaba 1 Km. cuando abandonamos el GR-10 —que giraba a la derecha para dirigirse al Paular—, y enfilamos el camino de tierra que nos llevaría a nuestro destino final. Parece que el solo hecho de pensar en cervezas frías atrajo al grupo, porque un rato después ya estábamos en el bar de la plaza celebrando el nacimiento del nieto de Jose Luis Rubiales, el cumpleaños de Melchor y la estrella negra de Fernando Díaz-Hellín, que no nos dejaron pagar las consumiciones.

Habíamos cumplido de sobra con los 18 kilómetros y pico, que hicimos en 8 horas, para lo cual nos vino muy bien el cambio de hora. Solo quedaba el traslado a Cotos de los que tenían allí su vehículo.

No soy amigo de dar la puntuación máxima, pero la excursión se lo merecía, aunque habría que restar algo por lo de los «dos grupos». Voy a dar las 5 sicarias para que no me digan que soy un roñoso.
Paco Cantos