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miércoles, 27 de julio de 2022

Excursión 640: Arroyo del Chorro de Navafría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Navafría
Final: Navafría
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 13,2 Km 
Desnivel [+]: 525 m 
Desnivel [--]: 525 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 15

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Hace ya varios veranos que tengo el placer de poder compartir alguna excursión con éste estupendo grupo, mi experiencia con la Sierra de Guadarrama se remonta a 2016 cuando por circunstancias que aún no me explico, ya que nunca me gustó correr, competí en la Gran Trail Peñalara.

No es que Mallorca no tenga una magnífica Sierra, pero desde que por invitación de Rosana conocí más a fondo estos hermosos parajes quedé enamorado.

Luego vino la primera excursión con vosotros: buen ambiente, risas, anécdotas y sobre todo muy buena gente.

Llegó la segunda, la tercera, una cuarta y con ésta del pasado miércoles 27 llegué a la quinta, he de decir que espero con ansía llegar a esa sexta y conseguir mi primera estrella. Y aunque por la distancia que me separa de vosotros vaya poco a poco, seguro que el próximo verano se dará el caso.

Comenzó el día en Navafría, convocados por Paco, donde 15 aguerridos montañeros y montañeras, además de un par de valientes canes, nos dimos cita para enfrentarnos a una jornada de caluroso verano.

Armados con energía, un humor magnífico y mucha energía, comenzamos a andar camino del Chorro de Navafría, lugar en el que nos esperaba un refrescante premio.

El arroyo del Chorro de Navafría se llama así por formar una cascada poco antes de unir sus aguas al río Cega. Está situado en un privilegiado entorno, en medio de un frondoso pinar que ofrece su sombra y frescor al caminante y realza su atractivo, convirtiéndolo en una excursión ideal para realizar en pleno verano.

De hecho, era ésta mi segunda ocasión, y aun siendo la misma excursión fue totalmente diferente. Mis recuerdos de aquella primera fueron aflorando a lo largo del día y, comparando, haciéndome ver las cosas que no había observado la vez anterior.

Nos pusimos en marcha buscando, hacia el sur, la calle Arroyo La Mata, que entre chalets de bella estampa nos acercó a las inmediaciones del Museo Etnológico El Martinete, que de momento solo abre los fines de semana, por lo que nos quedamos con las ganas de verlo por dentro.

Continuamos por la cómoda pista hasta cruzar por un puente el río Cega.

Nada más pasar el puente, giramos a la izquierda por el margen derecho del río. La senda, que por momentos quedaba cubierta por helechos y alguna nube de mosquitos, nos guiaba río arriba mientras el sonido del correr del agua acompañaba nuestros debates. El del calor extremos de las últimas semanas fue la estrella de ellos y, la sorpresa de la magnífica temperatura que estábamos disfrutando era el otro tema candente. Al llegar a las proximidades de las ruinas de un antiguo molino, la maleza nos obligó a cruzar el río, enlazando enseguida con la carretera del Chorro, por la que seguimos hasta alcanzar el área recreativa donde acaba la carretera.

Poco antes de la caseta de control, giramos a la izquierda para ascender por una ancha pista que sube hasta el Puerto de Navafría tras muchas revueltas. Nosotros dimos sólo un par de ellas, pasamos junto a la fuente Majalcarro y nos hicimos la foto de grupo antes de abandonar la pista por el sendero que va directo al Chorro, por donde cuatro de los aguerridos excursionistas decidieron seguir caminando para ahorrarse el resto de la subida, pasando a ser sólo bravos, aunque no aguerridos.

El resto del grupo atajamos subiendo campo a través, entre pinos, por una empinada ladera que me hizo notar el dolor en mis lesionadas rodillas. Ascendimos hasta dar de nuevo con la pista, y consiguiendo que nos ahorráramos una buena curva.

Un poco más adelante, alcanzamos el mirador de las Cebadillas, con magníficas vistas del valle.

Tras un breve descanso y las fotos de rigor, continuamos ascendiendo por la pista hasta dar con un sendero que, por la derecha, bajaba al arroyo del Chorro, donde cercanos a su orilla, paramos a tomar el tentempié de media mañana.

No deja de fascinarme el murmullo de los arroyos y los ríos, ya que en Mallorca sólo lo tenemos cuando los torrentes van llenos por la lluvia, y el vaivén de las olas del mar tiene otra hipnótica melodía.

Mientras merendábamos (en Mallorca merendamos a media mañana y a media tarde, igual por estos lares llamáis a la merienda de la mañana almuerzo u otra palabra) Paco se fijó que por la margen contraria de la subida, descendía un amago de sendero y nos animó a seguirle porque la intuición le decía que nos llevaría a donde pretendíamos ir, pero con la gran ventaja de dejar de seguir subiendo por la pista.

Seguimos el sendero descendiendo junto al arroyo y unos metros más abajo, alcanzamos una bella cascada acabada en una poza circular que a Kiro le dejó embelesado, no le quitaba ojo.

Continuamos descendiendo hasta alcanzar un puente de madera en el que procedimos a tomar otra foto de grupo, esta vez de los que habíamos seguido subiendo.

Por sendero ya conocido por Paco, subimos por una pista bastante llena de malezas al mirador de Castrillejos, un estupendo balcón en el que desde su banco se tienen unas magníficas vistas del cañón que el arroyo del Chorro ha labrado entre las grandes moles rocosas por el que se abre paso salto a salto, poza a poza.

Al otro lado de dicho cañón podíamos divisar el mirador de las Cebadillas, por el que habíamos pasado durante la subida.

Después de disfrutar de tan bello rincón, y beber en la oculta fuente que hay tras unas rocas, continuamos el descenso, con el pueblo de Navafría de frente, siguiendo una estrecha y bella senda, que serpentea entre helechos y pinos, realizando varias zetas hasta alcanzar la fuente que hay a pocos metros de la cascada de El Chorro.

En este punto, el agua del arroyo se precipita desde unos 20 metros como si se tratase de un divertido tobogán. Hace unos años, cuando realizamos esta excursión, pudimos descender por el resbaladizo y angosto sendero que baja junto al arroyo y que actualmente permanece cerrado para evitar accidentes por el mal estado en que se encuentra.

Bajo ese bonito salto de agua hay una bella poza donde las aguas del arroyo descansan para después seguir descendiendo hasta llegar al río Cega. Es un amplio remanso de agua con un bonito puente de madera, por el que había accedido la parte del grupo que marchó por la ruta directa al Chorro, que le da un toque romántico a este pequeño paraíso.

Algunos no pudimos contener las ganas de refrescarnos, y nos dimos una ducha, en sus gélidas aguas, unas de las más fresquitas de la sierra.

Servidor que se ha bañado en algún glaciar en Groenlandia, en algún lago de Islandia, el mar Báltico o en la playa de Conney Island en pleno diciembre, pondría el frio del agua del chorro en mi top 10. No hay nada más revitalizador que un buen baño en agua fresca, siempre que el sol caliente cuando sales.

Después de tan refrescante experiencia descendimos, todos juntos, por la senda que baja paralela a la orilla izquierda del arroyo, hasta alcanzar el puente que lo cruza.

Junto a él se encuentra el refugio del Chorro, el único cerrado de los muchos de la zona, con una fuente a su derecha y un divertido laberinto de palos de madera por el que buscamos la salida antes de llegar al área recreativa, en cuyo bar paramos a tomarnos los bocadillos, con cerveza y refrescos, bien fresquitos y cómodamente sentados en las mesas de madera que hay en su recinto. 

Tras cafés y refrigerios varios, nos acercamos a las piscinas del área recreativa dónde Paco, Pepa y servidor procedimos a pegarnos el enésimo chapuzón, el cual ya se habían dado las chicas previo al bocadillo. El resto del grupo buscó una buena sombra para hacer una pequeña siesta.

El área recreativa se encontraba menos concurrida que de costumbre, dado que, al estar cerradas las parrillas por la ola de calor, había acudido poca gente.

Tras el baño y la mini siesta, regresamos deshaciendo el camino seguido por la mañana, mucho más sombreado que el de la carretera, pero ahora por la margen derecha del río Cega todo el tiempo. 

Pasamos junto a unos corrales donde crían burritos y un poco más adelante, de nuevo por el Martinete.

Al internarnos en el pueblo, nos desviamos a la izquierda para descender por una senda a las mismas puertas de las Charcas.

Son éstas unas estupendas piscinas naturales en las que algunos nos dimos el último baño de la jornada, el resto se fueron directamente al pueblo porque tenían prisa por regresar a Madrid.

Sin muchas ganas de movernos de allí, porque la temperatura y el día habían acompañado, regresamos a la plaza del pueblo donde habíamos dejado los coches, para tomarnos algo fresco antes de proceder a regresar a nuestros puntos de origen.

Finalizamos así esta estupenda excursión, a la que le otorgo 5 sicarias, no sólo por la ruta y el estupendo frescor de las aguas que la bañan, sino también por la excelente compañía.
José Antonio Sierra

 FOTO REPORTAJES


miércoles, 18 de agosto de 2021

Excursión 575: Piscinas naturales y el Chorro de Navafría

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Navafría
Final: Navafría
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 15,7 Km 
Desnivel [+]: 591 m 
Desnivel [--]: 591 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 17

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
En las excursiones de verano no puede faltar una visita al Chorro de Navafría, para disfrutar de sus dos piscinas naturales y su famosa cascada y para hacerlo realidad, quedamos en la plaza del ayuntamiento de Navafría.

Nos pusimos en marcha buscando hacia el sur la calle Arroyo La Mata, que entre chalets de bella estampa nos acercó a las inmediaciones del Museo Etnológico El Martinete, que solo abre tres veces al día, de miércoles a domingo. Continuamos por la cómoda pista hasta cruzar por un puente el río Cega.

Nada más pasar el puente, continuamos por la senda que con mucha vegetación remonta el río por su margen izquierdo, hasta que llegando a las proximidades de las ruinas de un antiguo molino, la maleza nos obliga cruzar el río, enlazando enseguida con la carretera del Chorro, por la que seguimos hasta alcanzar el área recreativa donde acaba la carretera.

Como la mañana se había levantado fresca, no apetecía aún darnos el primer baño de la ruta en las piscinas naturales que hay en el complejo, por lo que pospusimos para la vuelta.

Continuamos la ruta entre mesas de madera y barbacoas humeantes, que prometían copiosas comidas a los que habían madrugado para coger los mejores sitios.

Rebasada la zona de bullicio, nos dirigimos, en dirección oeste, para seguir el cauce del río Cega, previo paso por un pequeño puente, que marca el final del arroyo del Chorro, que en este punto le entrega sus aguas.

El río Cega nace en el manantial conocido como fuente del Mojón, próximo a Hoyo Cerrado, en los Montes Carpetanos, y desemboca en la margen izquierda del Duero, un kilómetro aguas arriba de Puente Duero, en la provincia de Valladolid.

Lo remontamos por su margen derecha hasta alcanzar la charca conocida como El Pozo Verde, lugar de leyenda, donde según cuentan, sellaron su amor eterno Rosa y Leonardo, dos jóvenes del pueblo cuyas familias, una pobre y otra rica, no veían con buenos ojos su relación y "hartos de ese amor prohibido, que sentían como víctimas, para amarse eternamente, acabaron con su vida, ahogándose en aquel pozo donde antes se veían".

Con la incertidumbre de saber cuánto de verdad encierra esta leyenda, contemplamos sus profundas aguas. Junto a ella, unas mesas de madera invitan a permanecer en este singular lugar, pero debemos continuar. Nos separamos del río, ascendiendo por una senda a retomar la ancha pista con restos de asfalto del inicio, que nada más dar una curva nos muestra a la izquierda el refugio del Peñón, construido en piedra, con techo de teja reforzado con cemento, al igual que las paredes del interior, decoradas con graciosos dibujos de Epi y Blas.

Continuamos, en dirección sureste, el suave ascenso por la pista, paralela a gran altura al río, contemplando en el camino, esbeltos pinos albares, un tejo y otros árboles de ribera. Al poco, alcanzamos, a nuestra derecha, el refugio de la Fragua, construido con rocas unidas con cemento, tiene un techo algo más rústico, en semicírculo recordando a los búnker de la guerra civil, su interior es mucho más sobrio que el anterior, aunque al igual que éste, posee una chimenea y bancos de piedra para hacerlo más confortable. Se notaba que había sido pintado y adecentado recientemente.

A pocos metros surge una bifurcación, continuamos por la pista de la derecha, que enseguida nos deja en el llamado puente de Hierro, aunque en realidad es de piedra, que cruza el río Cega, donde nos hicimos la fotos de grupo, no sin cierto suspense, y tomamos el tentempié de media mañana, antes de regresar de nuevo para continuar el ascenso por la otra pista que antes habíamos desestimado, la de la izquierda.

Con moderada pendiente, ascendimos por la pista, que tras una cerrada curva, gira hacia el noreste, cruza el arroyo de las Vueltas, precedido de de un pequeño embalse a modo de balsa donde nuestra mascota Kiro se dio un buen baño. Tras otra amplia curva, abandonamos la cómoda pista en la zona conocida como Piemediano, continuando por una pista de leñadores que, en dirección este en busca del arroyo del Chorro.

La senda, que más parecía un arrastradero de trancos, nos condujo a las inmediaciones de un roquedal con buenas vistas, el mirador de Castrillejos, donde han instalado un banco de madera para contemplar sin prisas toda la belleza de este lugar.

Tras las fotos de rigor, continuamos hacia la derecha, por un camino que nunca habíamos recorrido y que conduce a un bonito puente de madera que cruza el arroyo del Chorro.

El camino acaba en un roquedal, situado bajo el mirador de las Cebadillas, también con excelentes panorámicas del Chorro y todo el valle. Desde allí, descendimos, sin senda alguna, al encuentro con el arroyo del Chorro, que en este punto forma tres cascadas seguidas con estruendosos encanto salvaje que invitaba a disfrutarlo refrescándonos en sus pozas.

Continuamos el descenso hasta cruzar el arroyo con la ayuda de unas piedras, alcanzando así la parte alta del Chorro, desde donde comienza a precipitarse el agua desde más de 60 metros.

Con mucha precaución iniciamos el vertiginoso y empinado descenso, dejando el arroyo a nuestra derecha hasta alcanzar un mirador, protegido con vallas de madera, desde donde se tienen unas inmejorables vistas del valle y los diferentes tramos de la cascada.

Ni que decir tiene, que este tramo es altamente peligroso con calzado inadecuado o con la roca mojada por el abrupto paredón. Tramo no apto para todos los públicos.

Superado lo más difícil, solo nos quedaba bajar por unas escaleras de piedra, en las que unas cuerdas ayudan a descender hasta alcanzar la base de la cascada.

Al llegar, nos dimos cuenta que han cerrado con maderos el acceso al tramo por el que estábamos bajando. Supongo que han tenido que adoptar esta drástica medida debido a los numerosos accidentes producidos en este lugar, el último el año pasado, como se detalla en esta noticia.

Superada la valla, teníamos ante nuestros ojos la bella parte final del Chorro, en la que el agua del arroyo se precipita con gran verticalidad desde unos 20 metros como si se tratase de un divertido tobogán. Bajo ella hay una bella poza, poco profunda, donde las aguas descansan para después seguir descendiendo hasta llegar al río Cega. Es un amplio remanso de paz, con un bonito puente de madera que le da un toque romántico a este pequeño paraíso.

Tuvimos que contener las ganas de refrescarnos, por estar prohibido el baño, en las que puedo asegurar son las aguas más gélidas de la sierra. Desde allí, continuamos descendiendo por la senda que baja paralela a la orilla izquierda del arroyo, pasando por la fuente que nos sale a la izquierda, hasta alcanzar de nuevo el puente que lo cruza.

Junto a él se encuentra el refugio del Chorro, el único cerrado de los muchos de la zona, con una fuente a su derecha y un divertido laberinto de palos de madera por el que buscamos la salida antes de llegar de nuevo al área recreativa, en cuyo bar paramos a tomarnos los bocadillos, con cerveza y refrescos, bien fresquitos y cómodamente sentados en las mesas de madera.

Regresamos volviendo a pasar por el área recreativa, pero esta vez sí que nos bañamos a placer en las piscinas naturales, ahora ya más concurridas.

Regresamos deshaciendo el camino seguido por la mañana, mucho más sombreado que el de la carretera, pero ahora por la margen derecha del río Cega todo el tiempo. Pasamos junto a unos corrales donde crían burritos y un poco más adelante, de nuevo por el Martinete, que como faltaba aún media hora para su pase de las 17:00, no pudimos ver.

Al internarnos en el pueblo, nos desviamos a la izquierda para descender por una senda a las mismas puertas de las Charcas, las estupendas piscinas naturales en las que nos dimos el último baño, casi todos, ya que algunos tenían prisa por regresar a Madrid.

Sin muchas ganas de movernos de allí, porque se estaba muy bien, regresamos a la plaza del pueblo donde habíamos dejado los coches, finalizando así esta estupenda excursión, a la que le otorgo un 5 sobre 5.
Paco Nieto

FOTOS

lunes, 20 de agosto de 2018

Excursión 418: Piscinas naturales de Navafría y El Chorro

FICHA TÉCNICA
Inicio: Navafría
Final: 
Navafría

Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  17,3 Km
Desnivel [+]: 543 m
Desnivel [--]: 543 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 14

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Quedamos en la plaza del ayuntamiento de Navafría y aunque era festivo, nos reunimos 14 participantes, con dos caras nuevas para el grupo y además jóvenes, Alba y Jorge. Bienvenidos.

Nos pusimos en marcha buscando hacia el sur la calle Arroyo La Mata, que entre chalets de bella estampa nos acercó a las inmediaciones del Museo Etnológico El Martinete, que estaba cerrado. Continuamos por la cómoda pista hasta cruzar por un puente el río Cega. 

Nada más pasar el puente, buscamos la senda que con mucha vegetación nos acerca a la valla de la finca El Bosque y junto a ella seguimos, con más 
zarzas y matorral de las que hubiera preferido una que yo me sé, pero que añadió algo de aventura a la ruta.

Alcanzadas las ruinas de un antiguo molino, junto al río, pasamos por un puente, enlazando enseguida con la carretera del Chorro, por la que seguimos hasta alcanzar el área recreativa del mismo nombre.

Con algo de dudas, nos animamos casi todos a darnos el primer baño de la ruta en las piscinas naturales que hay en el complejo, que a primera hora aún no tenían mucha gente.

El agua estaba gélida, pero fue muy agradable y nos puso las pilas para continuar la ruta entre mesas y barbacoas humeantes, que prometían copiosas comidas.

Rebasada la zona de bullicio, nos dirigimos, en dirección oeste, previo paso por un pequeño puente, que marca el final del arroyo del Chorro, que en este punto vierte sus aguas, como buen afluente al río Cega, al que nos acercamos para remontarlo por su margen derecha hasta alcanzar la charca conocida como El Pozo Verde, lugar de leyenda, donde según cuentan, sellaron su amor eterno Rosa y Leonardo, dos jóvenes del pueblo cuyas familias, una pobre y otra rica, no veían con buenos ojos su relación. Ante la prohibición de verse, “una noche escaparon de casa y se esperaron en la calle del Puerto.

Y después de un largo beso, abrazados y en silencio, del Pozo Verde el camino recorrieron. Una vez allí llegados los muchachos desaparecieron... Al día siguiente en sus casas los echaron de menos y corrió la voz de alarma. Y les buscó todo el pueblo. A la caída de la tarde, al Pozo Verde subieron y la Luna dejó ver al fondo del agujero, desnudos y abrazados de los muchachos los cuerpos”.

Con la incertidumbre de saber cuánto de verdad encierra esta leyenda, contemplamos sus profundas aguas. Junto a ella, unas mesas de madera invitan a permanecer en este singular lugar, pero debemos continuar.

Nos separamos del río, ascendiendo por una senda a retomar la ancha pista con restos de asfalto del inicio, que nada más dar una curva nos muestra a la izquierda el refugio del Peñón, construido en piedra, con techo de teja reforzado con cemento, al igual que las paredes del interior, decoradas con graciosos dibujos de Epi y Blas, y que parecía estar en proceso de restauración, ojalá que así sea.

Continuamos, en dirección sureste, el suave ascenso por la pista, paralela a gran altura al río, contemplando en el camino, esbeltos pinos albares, un tejo y otros árboles de verdes hojas que no llegamos a identificar. Al poco, alcanzamos, a nuestra derecha, el refugio de la Fragua, construido con rocas unidas con cemento, tiene un techo algo más rústico, en semicírculo recordando a los búnker de la guerra civil, su interior es mucho más sobrio que el anterior, aunque al igual que éste, posee una chimenea y bancos de piedra para hacerlo más confortable.

A pocos metros surge una bifurcación, continuando por la pista de la derecha, que enseguida nos deja en el llamado puente de Hierro, aunque en realidad es de piedra, que cruza el río Cega, donde nos hicimos fotos y tomamos el
tentempié de media mañana, antes de regresar de nuevo para continuar el ascenso por la otra pista que antes habíamos desestimado, la de la izquierda.

En ella encontramos una atractiva cascada de varios saltos que forma el arroyo de las Vueltas, unos metros antes de desembocar en el río Cega.

Con moderada pendiente, ascendimos por la pista, que tras una cerrada curva, gira hacia el noreste, cruza de nuevo el arroyo de las Vueltas, precedido de de un pequeño embalse a modo de balsa donde nuestras mascotas Vito y Twitter se dieron un monumental baño. Tras otra amplia curva, abandonamos la cómoda pista en la zona conocida como Piemediano, continuando por una polvorienta pista en busca de El Chorro.

La senda, que más parecía un arrastradero de troncos, nos condujo a las inmediaciones de un roquedal con buenas vistas, quizás por ello han instalado un banco de madera a modo de mirador.

Tras hacernos allí la foto de grupo, continuamos el descenso, suavizado por las zetas que realiza el camino, hasta dejarnos prácticamente a los pies de la impresionante chorrera.

El agua del arroyo se precipita desde unos 20 metros como si se tratase de un divertido tobogán. Es un remanso de agua con puente y apeadero; una escala para el ascenso al cielo, que eleva el ánimo, cambia de perspectiva, despega sobre el suelo e invita a abrir las alas y volar. 

A la derecha de la cascada se hallan unas escaleras de piedra, con una barandilla de madera con gruesas cuerdas que accede a la zona más alta, donde otro mirador natural nos proporcionó a los más atrevidos una espectacular vista del agua deslizándose por la resbaladiza losa de la chorrera.

Más arriba, los aún más atrevidos contemplamos otra pequeña chorrera que desde abajo no se aprecia, con una caída más vertical, que satura nuestros sentidos por el sonido de la caída del agua entre la brecha rocosa de la parte alta, que se pierde hasta donde la vista se pierde.

Alcanzado el cielo, descendimos por las escaleras a tierra firme, donde los que no subieron estaban disfrutando del agua e incluso alguno se había atrevido a meterse bajo la refrescante ducha.

Lo que no tardamos en secundar, y para nuestra sorpresa encontramos el agua más "caliente" que en otras visitas a tan
paradisíaca poza, no sabemos si por el calentamiento global o por venir nosotros calentitos de la trepada.

Después del descanso, que aprovechamos también para tomarnos los bocadillos, continuamos descendiendo por la senda que baja paralela a la orilla izquierda del arroyo del Chorro.

Pasamos por la fuente que nos sale a la izquierda, hasta alcanzar de nuevo el puente que cruza el arroyo del Chorro, junto al cual se encuentra el refugio del Chorro, el único cerrado con un candado, con una fuente a su derecha  y un divertido laberinto de palos de madera por el que buscamos la salida antes de llegar de nuevo al área recreativa, en cuyo bar paramos a refrescarnos.

Regresamos volviendo a pasar por el área recreativa, pero esta vez no nos bañamos en las piscinas naturales, muy concurridas, si no que nos reservamos para hacerlo en las del pueblo.

La intención era seguir la carretera para evitar tener que pasar por la zona boscosa, pero dos chavales que llevaban nuestro mismo camino nos enseñaron otro camino, mucho más sombreado que el de la carretera, y sin zarzas, que además discurre junto al río Cega todo el tiempo. Al alcanzar las ruinas del Viejo Martinete, vadeamos el río y enseguida llegamos al puente que habíamos cruzado por la mañana, desde allí era camino conocido.

Al internarnos en el pueblo, nos desviamos a la izquierda para descender por una senda a las mismas puertas de las Charcas, las estupendas piscinas naturales en las que nos dimos el último baño, casi todos, ya que algunos tenían prisa por regresar a Madrid.

Sin muchas ganas de movernos de allí, porque se estaba muy bien, cerveza en mano, regresamos a la plaza del pueblo donde habíamos dejado los coches, finalizando así esta estupenda excursión, que por unanimidad se mereció 5 sicarias.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJES
* Foto reportaje de Paco Nieto