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miércoles, 4 de octubre de 2017

Excursión 370: La Pedriza por la Calavera y los Molondrios

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino
Final: Canto Cochino

Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia:  11,8 Km
Desnivel [+]: 853m
Desnivel [--]: 853 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua:
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 23

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta




PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
Una vez más, con la habitual alegría de saludar a los amigos, hoy nos reunimos en La Pedriza un grupo más reducido de lo habitual formado por 23 senderistas en un día soleado y caluroso de otoño.


Iniciamos puntualmente el recorrido a las 10:30 en el aparcamiento de Canto Cochino, caminando por la margen izquierda del arroyo de la Majadilla en lo que será el tramo parcial más horizontal de todo el recorrido.

Avanzamos a paso lento hacia el Refugio Giner de los Ríos por una senda que transcurre de forma más o menos paralela al río, que se inicia en una explanada donde vemos la formación rocosa conocida como el “Cerdito”, pero posteriormente se transforma en un sendero invadido por las jaras que en sus primeros metros fue testigo de una primera incidencia, ya que nuestro amigo José Luis tuvo que entregarnos la bota de vino y regresar al aparcamiento, al sentirse indispuesto a consecuencia de un lumbago que venía arrastrando desde hace días.

La mencionada incidencia hizo que el grupo se fragmentara, provocando algunos retrasos en un trazado que no era muy evidente a causa de las distintas variantes, y desdoblamientos, que se proponían a nuestro paso.

En estos primeros compases, el grupo avanzado progresa bien, guiado por Paco Cantos en vanguardia, y acompañado en ésta tarea de dirección por Antonio, pero en formación algo irregular, hasta producir una considerable separación entre los dos subgrupos ya ostensiblemente divididos, cuya circunstancia obliga a un reagrupamiento en el Refugio Giner de los Ríos.

Seguimos caminando por el paisaje de granito típico de La Pedriza, pero todavía con bastante vegetación de matorral más propia de estas zonas bajas, y unos pocos minutos del refugio llegamos al Tolmo para reagruparnos nuevamente.

Continuamos ruta cruzando el arroyo de la Dehesilla y empezamos a subir por unas pendientes ya más pronunciadas y muy pronto nos encontramos “La Calavera”, perfectamente conducidos por nuestro gran guía de La Pedriza, Paco Cantos, siempre en cabeza del grupo, y ahora con Antonio cuidando la retaguardia, ambos muy apoyados en sus responsabilidades respectivas por Paco Nieto siempre comunicados por walkies.

Continuamos subiendo empinadamente hasta la pared que forma la base del macizo del Pájaro. Rodeamos este macizo en sentido de las agujas del reloj siempre ascendiendo. Pasamos por debajo de la Muela y se acentúan ya las pendientes de granito en un sendero desdibujado e irregular en el que Antonio, que camina cerrando el grupo junto a Ángel, Donaire, Antolín, Jesús C. y yo mismo, no tiene muy buenas sensaciones y decide tumbarse en el suelo para intentar recuperar el buen tono, al tiempo que ingiere varios geles e hidrata un poco. Pero lo más restaurador para Antonio, fue la estimulante conversación sugerida por Jesús C. y seguida luego por todos los presentes sobre inconfesables asuntos impropios de ésta crónica.

Es precisamente cuando reiniciamos la marcha que observamos a lo lejos un zorro que, no solo no nos muestra miedo, sino que se acerca a la carrera a nosotros y osa pedirnos sutilmente, y a su manera, el bocadillo montañero que come de la mano de varios de nosotros sustituyendo en esta excursión a los ausentes Teo y Lucas.

Dejamos atrás al zorro y reanudamos la marcha en una subida muy irregular, y divertida, entre rocas de granito de formas caprichosas y formaciones imposibles, con vegetación de pinos y encinas, y con un recorrido muy lento e interminable sembrado de varias trepadas y destrepadas más o menos comprometidas, pasos aéreos y bajo roca etc.

Conducidos por Paco Cantos, entramos en un estrecho canal que sube entre la torre de las Arañas Negras, a la izquierda, y el falso Molondrio, a la derecha.

El canal tiene dos opciones: a la derecha una cueva estrecha y ascendente y por la izquierda trepada. Y nuestro guía de hoy decide que subamos por la izquierda en su propuesta de trepada, en su criterio acertado de evitar al grupo el paso por el estrecho y bajo túnel arrastrando sus mochilas.

Llegamos al paso más difícil en el que un reducido grupo que lo exploraba el año pasado no encontraba por donde pasar y resultó que el paso que les pareció más obvio no resultó ser el mejor y tuvo la desgraciada consecuencia de que Antonio se torciera el tobillo. Y ahora enfrentamos ese paso por el único lugar posible, pero con cierta dificultad.

Continuamos por varios pasos y trepadas de piedra. A la izquierda tenemos la Torre del Buitre, y allí enfrente tenemos el Cancho Buitrón y el Gran Molondrio, pero primero hay que bajar a un corral y después subir pasando una cueva hasta llegar al pie de Cancho Buitrón donde comimos y nos hicimos la foto de grupo en un precioso paisaje de rocas, pinos y encinas.

Reanudamos el recorrido, ya en la segunda parte de la marcha, encaminándonos a la pradera de Navajuelos con excelentes vistas de muchos puntos de la Pedriza: El Mogote de los Suicidas, la Pared de Santillana, la Bola de Navajuelos, etc.

Al llegar a Navajuelos nos encontramos con el PR-M2 que seguimos hasta el Collado de la Dehesilla. Nos acercamos a la Bola de Navajuelos donde vimos un escalador en lo alto, al que aplaudimos varios y a continuación alcanzamos el “paso de las Llamas”, que lo afrontamos, unos pasando por debajo y otros por encima de las piedras. Y así llegamos debajo del gran obelisco de granito conocido como “Torro”.

Ya de regreso, y como vamos con bastante retraso, se decide volver en dos grupos, los que tienen más prisa por bajar lo hacen pastoreados por Paco Cantos, entre los que me encuentro, y los más relajados bajan con Antonio.

A partir de aquí todo es bajada hasta el collado. La parte más empinada pasa por el risco de Mataelvicial, La bajada se hace dura por el sendero roto, el cansancio y las infinitas piedras que no se acaban nunca.

En interminable e infame bajada llegamos al collado de la Dehesilla y ya solo nos queda alcanzar el Tolmo, hasta Prado Peluca donde cruzamos el arroyo para descender por la autopista hasta Canto Cochino.

No se describe en esta crónica lo acontecido en grupo que bajaba con Antonio, pero a tenor de las fotos publicadas parece que hubo cansancio y una relajante parada en el collado de la Dehesilla, con ciervo y todo.

En esta ocasión no fue posible hidratarme con la tradicional cerveza debido a que el bar del aparcamiento estaba cerrado, pero los del segundo grupo, bien que lo hicieron en la plaza de Manzanares el Real.

Calificación: 5 sicarias por la variedad del trazado, singularidad del paisaje dificultad y belleza del recorrido. Inicialmente la valoración fue 5 plus o 5+1 , pero le descuento el 1 plus por el descenso de regreso por la inmunda pedrera que no aportó gran cosa, habiendo rutas alternativas más fáciles cuando lo esencial de la excursión ya se había disfrutado con nota de sobresaliente.
José Antonio D.

FOTO REPORTAJES

miércoles, 26 de abril de 2017

Excursión 343: Collado de la Ventana por el Hueco de San Blas

FICHA TÉCNICA
Inicio: Hueco de San Blas
Final: Hueco de San Blas
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia:  11,9 Km
Desnivel [+]: 905 m
Desnivel [--]: 905 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 25

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Otra preciosa ruta por la espectacular Pedriza. No encuentro palabras para describirla. A pesar de la dificultad de encontrar calificativos suficientes para describir la belleza de todo lo vivido por el GMSMA este pasado miércoles, intentaré compartir con vosotros, de forma breve, mis sensaciones.

El Boss nos había citado a las diez de la mañana en el aparcamiento de Manzanares el Real, para desde allí desplazarnos en nuestros coches a las proximidades del Hueco de San Blas, lugar también conocido como La Olla de San Blas. Después de recorrer una interminable pista de tierra en muy malas condiciones, que pondrían a prueba la amortiguación de nuestros coches, llegamos al aparcamiento situado en Las Pozas, junto al arroyo del Mediano, desde el cual emprenderíamos la ascensión hacia el Collado de la Ventana, guiados por nuestro guía experto, Paco Cantos.

Desde el primer momento y sin ningún calentamiento previo que nos ayudara a ir adaptándonos a la importante subida que nos aguardaba, comenzamos la dura y vertical ascensión, que nos conduciría al Collado de la Ventana siguiendo la senda de la Herrada.

A buen ritmo, comenzamos la subida con mucho ánimo y una estupenda temperatura, acompañados por nuestras mascotas Mecha y Teo. Pronto comenzarían los primeros jadeos. Entre una gran cantidad de pinos tumbados por el viento y la nieve, a medida que subíamos por una estrecha senda zigzagueante, nuestro boss, enseguida saco uno de sus suculentos sándwiches, que naturalmente compartió con Teo, consiguiendo de esta forma que ya no se separara de él en todo el camino.

Mientras ascendíamos disfrutando del embriagador olor a tomillo rastrero que los compañeros que encabezaban el grupo iban pisando y entre las caprichosas rocas de mil formas diferentes a las que cada uno de nosotros iba bautizando con distintos nombres en función de su parecido, dejábamos a nuestra derecha el Cerro de los Hoyos y más arriba, La Cuerda Larga y La Najarra.

Como es costumbre, alrededor de las 12:00 y con unas preciosas vistas, hicimos el primer y corto descanso, para tomar un refrigerio e hidratarnos convenientemente, dando unos buenos tientos a las comunitarias botas de vino, tan apreciadas por el grupo.

Pronto continuamos la ascensión, pues aún quedaban bastantes metros de desnivel que deberíamos superar. La ruta, aunque dura, se hizo muy llevadera, la belleza del paisaje con sus caprichosas e innumerables rocas de sugerentes formas, nos tenían maravillados y los metros de subida, iban pasando y sin que nos diéramos cuenta estábamos en el Collado de la Ventana.

Hechas las fotos desde tan espectacular mirador, nos dirigimos al risco del Moro, bajo el que volvimos a extasiarnos con magníficas vistas de riscos tan emblemáticos como el Caracolillo, las Damas o el Cocodrilo, el Cerro de los Hoyos y más lejos las Torres de la Pedriza.

Entre risas, fotos y conversaciones de lo más variadas, casi sin darnos cuenta, estábamos bajo el Caballito de Ajedrez y el Alfil, y viendo a nuestra derecha las dos Torres y al fondo, La Sierra de los Porrones. Aprovechamos la magia del lugar, para hacernos la foto de grupo. Todos estábamos extasiados por la belleza del entorno.

Iniciamos desde allí, una vertiginosa bajada, vigilados por unas cabras, dejando a un lado el Cancho de las Biólogas y el Mogote de los Suicidas, descendiendo entre rocas, ya un poco cansados por el importante desnivel superado, hasta la pradera de Navalejos y entre 

Hicimos nuestra segunda parada gastronómica en el llamado Jardín de las Llamas, nombrado así, porque las rocas del entorno, semejan a las llamas del fuego. Un rincón realmente espectacular. Finalizado el descanso y una vez dada buena cuenta de nuestros bocadillos montañeros y de dejar en los huesos las botas de vino, continuamos caminando, enlazando con el PR-1, uno de los rincones más bellos de la pedriza, que a mí personalmente me recordaba a una anterior excursión montañera por el llamado Laberinto de la Pedriza. Para ello, tuvimos que introducirnos, no sin cierta dificultad en distintas oquedades y arrastrar nuestros cuerpos serranos, para poder salir al otro lado de un mágico pasadizo, que dio a la ruta un plus de diversión y aventura.

Con la ayuda inestimable de mi amigo Melchor, que me enseñó cómo atarme las botas en modo bajada de montaña, comenzamos a descender, hasta llegar a otro precioso rincón, a quien alguien ha puesto como nombre Milhojas, por recordar sus rocas apiladas a un montón de hojas, puestas unas encima de otras. El sitio, junto al Cancho de Coberteros, era tan espectacular y la temperatura tan agradable, que allí mismo decidimos echarnos una siestecita al sol, de lo más reconfortante, mientras los guías decidían por dónde continuar.

Finalizado el descanso, y puesto en pie nuestro querido boss, comenzamos una fulgurante y dificultosa bajada hasta llegar a nuestros coches, pasando junto al Risco de San Pedro y un encantador pinar.

Terminamos la inolvidable jornada en la plaza de Manzanares el Real, donde compartimos unas frías y reconfortantes jarras de cerveza. y por unanimidad, otorgaremos a la ruta de hoy 4,5 sicarias.

Aprovecho la ocasión para enviaros un abrazo a cada uno de vosotros y uno muy especial para nuestro querido compañero Jesús Cordero, que hoy no ha podido acompañarnos, por circunstancias familiares.

Gracias a todos por los buenos momentos que compartís conmigo.
José Luis Fernández

FOTO REPORTAJES
Foto reportaje de Francisco Nieto