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lunes, 30 de octubre de 2023

Excursión 737: Presa del Gasco y Canal de Guadarrama

FICHA TÉCNICA
Inicio: Molino de la Hoz
Final: Molino de la Hoz
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 15,6 Km 
Desnivel [+]: 388 m 
Desnivel [--]: 388 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 18

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Realizamos esta ruta para volver a contemplar la presa del Gasco, que junto a otras tantas sin uso parece que corren peligro de ser derruidas, lo que en este caso y otros como la del Pontón de la Oliva, sería de lamentar, dado el carácter histórico y cultural que poseen.

En septiembre del 2021 la presa del Gasco fue declarada Bien de Interés Cultural, junto con el Canal del Guadarrama, pero en mayo del 2023 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid anuló dicha declaración por un defecto forma, ¡increíble!. Aquí se puede saber más de esta lamentable decisión que ha dejado a la presa y el canal de nuevo desprotegidos.

Iniciamos la ruta en la parte norte de la urbanización Molino de la Hoz, cerca del río Guadarrama, aguas abajo de la presa. Nos alegramos de volver a ver compañeros que hacía tiempo no venían.

Comenzamos a caminar afrontando una abrupta subida que dejó a más de uno sin aliento, tras la cual alcanzamos la vereda que bordea la loma del cerro donde se asientan las Casas de la Isabela donde el tiempo continúa su lenta pero infatigable tarea de convertir en ruinas lo que fue una gran casa con múltiples edificios.

Al alcanzar el hermoso pinar por el que pasa el Canal de Guadarrama giramos a la izquierda, en dirección noroeste, en busca de nuestro objetivo, paralelos a primer tramo del canal, Pronto comenzamos a ver el inmenso muro de la presa del Gasco, que fue diseñado, en su momento, como el más alta del mundo, con 93 metros y construido entre 1787 y 1799, en tiempos de Carlos III.

De este proyecto, sólo se conserva un lienzo de 53 m de altura y 251 de longitud, con una anchura que oscila entre los 72 m de la base y los cuatro de la parte superior.

El infortunio hizo que el 14 de mayo de 1799 se derrumbara parte del muro meridional, después de una terrible tormenta, dejando al descubierto sus juntas laterales y muros transversales, cuando se llevaban 53 metros construidos y 12 años invertidos.

Se cree que la mala calidad constructiva del muro de soporte, la acumulación de agua caída durante la tormenta y que aún no tenía las juntas fraguadas fue la causa de su derrumbe. Se retiró todo el material caído para no hacer tapón en el río. El resto de la presa se dejó abandonada para siempre y así sigue.

Descansamos un rato en el privilegiado mirador en el que se ha convertido la presa, que los siglos han coronado de encinas y enebros, mientras nos asomábamos a sus precipicios, no aptos para gente con vértigo, pensando en el triste final del ingeniero francés Carlos Lemaur, al que se debió la iniciativa de su construcción, y que se suicidó, antes de ver acabada su obra. Tampoco sus hijos, continuadores del proyecto, lograron verlo acabado, permaneciendo desde el día de la tormenta tal como lo contemplamos hoy.

La presa solo era la parte inicial del macroproyecto que pretendía realizar un canal navegable de 667 km, que, salvando un desnivel de 700 m, hubiese unido fluvialmente la ciudad de Madrid con el río Guadalquivir en Sevilla, para desde allí y aprovechando este río navegable, llegar hasta el océano Atlántico.

La ciclópea obra partiría de una presa que habría de construirse a la altura de Torrelodones sobre el río Guadarrama, cuyas aguas enlazaría las cuencas de este río con las del Manzanares, Jarama, Tajo, Riansares, Záncara, Jabalón, Guarrizas, Guadalén, Guadalimar y Guadalquivir.

Sólo pudieron ejecutarse los primeros 27 km del canal y la Presa de El Gasco, su embalse regulador. Aquí muchos más detalles del proyecto.

Tras hacernos la foto de grupo y contemplar desde su cima cómo el río Guadarrama, con mucha agua, lo atraviesa, retrocedimos sobre nuestros pasos, hasta llegar de nuevo al canal, que cruzamos para ascender por una empinada cuesta hasta dar, 140 metros más arriba, con un sendero que seguimos a la izquierda.

Unos pocos se fueron por la cercana pista que evita tener subir un cerro, al que el resto fuimos a contemplar las excelentes vistas que desde su cima se tiene: El Monte Abantos y las Machotas al oeste, al este la planicie de Madrid, al sur unas bonitas vistas del embalse de Molino de la Hoz y toda la urbanización que ha nacido a su vera, y al norte el Monte Gurugú, donde se asienta Casa Panarrás.

Descendimos el cerro para reunirnos con los que habían subido por la pista y como era la hora del ángelus, paramos a tomarnos el tentempié de media mañana.

Repuestas las fuerzas, continuamos el ascenso por el Camino de la Isabela, para enseguida pasar junto a Casa Panarrás, un caserón de estilo vasco construido por un marqués a principio del siglo XX, que se convirtió en puesto de mando republicano en la batalla de Brunete, con unas vistas estratégicas al flanco norte de esta ofensiva que tenía por objetivo frenar el avance de las tropas franquistas a Madrid y ayudar a las provincias del Norte de España, y que acabó con multitud de muertos de ambos bandos en veinte días de crueles enfrentamientos.

Remontamos la cuesta que va a dar con la entrada a la Casa del Enebrillo, que perteneció al duque de Sotomayor hasta el siglo XIX.

Obligado a venderla por deudas tras la pérdida de las colonias, la compró el torero cordobés Lagartijo, que durante un tiempo la utilizó para su uso personal como tentadero en el que entrenarse y ponerse en forma.

Continuamos por el también llamado Camino del Pardillo, que unió durante siglos Torrelodones con Villanueva del Pardillo a través del Molino de la Hoz.

La primera constancia de su existencia se remonta al siglo XII, como paso vinculado a la aldea de Santa María del Retamar, fundada por madrileños en la primera mitad del siglo XII y habitada, por lo menos, hasta finales del siglo XIV.

En el siglo XVI adquirió un importante auge al iniciarse las obras del monasterio de El Escorial que hicieron de Torrelodones parada y fonda. Durante este periodo, el Camino sirvió para el transporte de mercancías desde Villanueva del Pardillo para sus numerosos mesones y posadas.

La construcción de los puertos de Galapagar y del León, y el nuevo camino hasta Segovia por Las Rozas, Galapagar y Guadarrama, supusieron la decadencia progresiva del Camino del Pardillo.

Tras dejar atrás la fortificada Casa del Enebrillo, descendimos hasta cruzar por arriba el túnel por el pasa la línea de ferrocarril, girando a la derecha para seguir la senda que bordea las urbanizaciones de Las Marías, ahora en fase de expansión.

Entre pinos y jaras nos dirigimos al Mirador de Las Marías desde el que se tienen unas preciosas vistas de la planicie de Madrid, mientras abajo no paran de cruzar trenes por las vías que, poco más arriba llegan a la estación de Torrelodones.

Proseguimos por el sendero que en dirección noreste alcanza un pequeño y bello pinar, que da paso, a la a la torre de los Lodones, emblemática atalaya musulmana que dio origen al pueblo, allá por los siglos IX a XI del período omeya de Al-Ándalus.

Mide cerca de 11 metros de altura y tiene un diámetro exterior de 3,8 metros.

Tenía como misión vigilar uno de los caminos que se dirigía hacia los pasos de la Sierra de Guadarrama, el que en 711 utilizó Tariq para su avance por la parte norte de la península ibérica, formando parte del muy jerarquizado sistema defensivo omeya de la Marca Media, que tenía su centro en Toledo, con la que la población musulmana intentaba frenar el avance de los reinos cristianos.

A los pies de la torre se contempla buena parte de la Sierra de Guadarrama y medio Madrid a lo lejos asentando en su planicie, así como el pueblo a vista de pájaro y el abandonado a su suerte Palacio del Canto del Pico, otro de los iconos de Torrelodones.

La atalaya toma su nombre del almez, árbol que también es conocido como lodón o lotonero y que era abundante en su enclave y por extensión, el caserío surgido a sus pies acabó llamándose Torrelodones.

Curioso es también el nombre de Las Marías, zona en la que se asienta la torre, que toma su nombre, y esto pocos lo saben, precisamente de la atalaya, ya que proviene del árabe Al-mariya, el mismo étimo que, por ejemplo, ha dado nombre a la ciudad de Almería.

A los pies de tan histórica atalaya nos hicimos otra foto de grupo, en la que parecemos enanitos al lado de la torre.

Por la escalinata, recientemente restaurada, descendimos a la explanada del arroyo de la Torre, en las inmediaciones del punto limpio, continuando por el camino de tierra que bordea la zona sur de los Bomberos, deteniéndonos en el mirador que contempla el paso de los trenes vigilados por la torre, es un camino plano y muy agradable, que al final desciende hacia las vías.

Por un sendero continuamos paralelos a la valla que protege las vías del tren de las urbanizaciones del Área Homogénea Sur, hasta dar con una puerta metálica que da acceso a la otra parte del muro que protege las vías y que hay que dejar cerrada para evitar que se cuelen los jabalíes.

Con extremo cuidado cruzamos las vías, cerciorándonos de que no venía ningún tren de un lado y el otro, algo peligroso teniendo en cuenta el alto tráfico de esta línea, tanto de cercanías como de trenes que une Madrid con el noroeste de España, por lo que hay que extremar las precauciones, aún más si se va con niños o mascotas, a las que se debería atar en esta zona para evitar accidentes.

Continuamos por Los Viales bordeando la valla metálica de la finca llamada Casa García, girando a la derecha para seguirla en dirección suroeste, sin senda marcada, procurando tener siempre la valla cerca, descendimos hasta un arroyo seco, para continuar ascendiendo siguiendo la cerca hasta alcanzar un sendero más evidente que nos llevó al Cerro de la Mesilla, situado a 782 metros de altura, coronado por una pequeña casa medio en ruinas, que presenta un lamentable estado de conservación.

En sus inmediaciones paramos a dar cuenta de los bocadillos. Tras el largo descanso, continuamos por el camino que pronto va a dar a otra casa abandonada, ésta más grande y medio derruida.

Desde ella se tienen unas estupendas vistas del Canal de Guadarrama y todo su privilegiado entorno. Rebasamos la casa por la izquierda y descendimos hasta cruzar el Canal, afortunadamente en este tramo completamente seco.

Giramos a la derecha y continuamos por el sendero que zigzaguea siguiendo los meandros del Canal, En otras ocasiones más estivales, hemos podido caminar por su lecho sin problemas, pero hoy enseguida se hizo imposible por el agua acumulada entre sus aludes.

Pasamos la zona conocida como Los Barrancos, completamente inundados de agua, lo que le daba un plus de belleza a ya de por sí bello recorrido.

También llevaban mucha agua los arroyos de Varela y el de la Torre que va a dar al Canal, nunca los habíamos visto así de crecidos, formando incluso una vistosa chorrera al desbordarse hacia la pendiente.

Continuamos por el frondoso bosque de encinas y enebros que hay junto al Canal, asomándonos de vez en cuando a sus aguas y al que seguimos en su serpenteante recorrido hacia, siempre a nuestra derecha, con bonitas vistas de las urbanizaciones y todos los pueblos que desde aquí se divisan.

A llegar al precioso bosque de pinos que hay frente a las Casas de la Isabela es donde el Canal se hace más presente, manteniendo agua todo el año. Estaba precioso, además comenzó a caer una ligera llovizna, que lo hizo aún más romántico e íntimo.

Por la misma senda que habíamos utilizado en la subida descendimos hasta llegar de nuevo a la zona donde habíamos dejado los coches.

En el bar La Tortilla de Mamá que hay a la entrada de la urbanización celebramos el final de esta bonita e histórica ruta además del cercano cumpleaños de Ara, que nos invitó.

Por todo lo visto y disfrutado, esta excursión se ha ganado 4 estrellas.
Paco Nieto

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Excursión 369: Río Guadarrama y Presa del Gasco

FICHA TÉCNICA
Inicio: Molino de la Hoz
Final: Molino de la Hoz

Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  12,3 Km
Desnivel [+]: 371 m
Desnivel [--]: 371 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 26

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Arrancamos la ruta 369 del G.M.S.M.A. en el punto de encuentro, calle Azulón que en su fin cambia a calle Cigordo, final de una urbanización de Molino de la Hoz, vértice de tres términos: Galapagar, Las Rozas y Torrelodones. Hace una temperatura espléndida para haber iniciado el Otoño. 26 componentes, 4 mujeres, 22 varones y 3 perros comenzamos la andadura por el Parque Nacional del curso medio del rio Guadarrama siguiendo los pasos de Paco Nieto y otros senderistas de la zona que habían preparado el recorrido.

Nada más iniciar la ruta, escuchamos el sonido del río Guadarrama, que corre pobre por la escasez de agua. Hay dos ramales, uno primero que cruzamos por piedras y otro algo más complicado que atravesamos sobre un tronco haciendo equilibrios. En épocas de mucha agua este cruce puede resultar imposible.

Poco después de subir por una empinada cuesta, localizamos el sendero por el que caminamos rodeados de encinas, pinos, fresnos y enebros hasta llegar a la cantera de donde sacaron las piedras para la construcción de la Presa del Gasco, que con sus 93 metros de altura se consideró la presa más alta del mundo en su época, como cuentan en este vídeo los Camineros.

Una vez en ella, impresiona la altura y ver cómo se van agrietando los muros que la componen. Carlos Lemaur, ingeniero francés, autor de esta presa nunca pudo ver terminada su obra, ni tampoco sus hijos que intentaron continuar el proyecto.

En el año 1799 una tormenta destruyó el muro meridional y así se conserva hasta el día de hoy.

Continuamos el sendero, siguiendo el inicio del Canal de Guadarrama, que pronto dejamos para ascender por una exigente cuesta hasta dar con el Camino del Pardillo y descubrimos admirados la casa Panarrás, una bella construcción de estilo vasco desde donde se vigiló la batalla de Brunete y que en la actualidad se ha utilizado para algunos eventos y rodajes de películas de terror.

Las encinas van dando lugar a los pinos, y es en el pinar que hay frente a otra casa de renombre, la de los Enebrillos.

Allí es donde paramos a tomar el tentempié, algunos hasta con mesa. Tras el apacible descanso, continuamos recorriendo el Camino del Pardillo, llamado así porque conecta Torrelodones con Villanueva del Pardillo, calzada por la que se proveía antaño a las múltiples tabernas y posadas de Torrelodones con el vino y viandas de ese pueblo.

Al poco llegamos a un lugar desde donde oteamos la torre del telégrafo, en la sierra de Guadarrama, que enlaza con la de Cabeza Mediana en Collado Mediano y ésta a su vez con la existente en Torrelodones y que desde aquí se ven casi alineadas.

Cruzamos por encima la vía del tren y continuamos la marcha hasta alcanzar un cruce donde claramente se lee en un indicador de madera “Senda Las Marías”. 

Siguiendo un ligero ascenso llegamos a un extremo de esta urbanización, y tras cruzar un pinar, localizamos el torreón de los Lodones, atalaya del sistema defensivo omeya de la Marca Media, construida para vigilar los caminos que se dirigía hacia los pasos de la Sierra de Guadarrama y que cuenta con unas vistas muy bonitas del Palacio del Canto del Pico y de la bola del Mundo.

Bajo ella nos hicimos las fotos del grupo.

Después iniciamos un descenso, y tras atravesar un túnel maloliente, entre piedras mojadas y resbaladizas, nos situamos por debajo de la vía del tren donde el recorrido se complica por las piedras y postes derribados de antiguas señales de las vías ferroviarias y en época de mucha agua puede ser complicado pasar por aquí.

Tras cruzar el túnel con bastantes hondonadas y continuar paralelos al arroyo de la Torre, alcanzamos el canal del Guadarrama, claramente visible y seco, pero que con agua pude ser muy complicado su vadeo.

Este canal pretendía unir fluvialmente la ciudad de Madrid con el Océano Atlántico, trasvasando el agua del río Guadarrama al Manzanares, mediante la presa del Gasco, y por él anduvimos llegando, tras varias revueltas, a la antena desde la que se divisa el campo de golf de las Rozas.

El camino de regreso al lugar de origen fue rápido, siguiendo un sendero que bordea las Casa de la Isabela y que sigue la ladera izquierda del río Guadarrama. Había prisa porque todos deseábamos llegar a casa de Sol lo antes posible para comenzar con la barbacoa que tan amablemente nos había ofrecido, tomar una cerveza fría y disfrutar de tan sabrosos manjares. Un aplauso para la anfitriona y como no para los dos cocineros de la barbacoa, habéis dejado el listón alto…. Chapeau¡¡¡

Por el original y divertido recorrido, lleno de alicientes y de historia y final de fiesta inigualable, esta ruta se merece un 5.
Julia Sanper

miércoles, 29 de mayo de 2013

Excursión 136: Presa del Gasco desde Torrelodones

FICHA TÉCNICA
Inicio: Torrelodones
Final: Torrelodones
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 21,6 km
Desnivel [+]: 366 m
Desnivel [--]: 360 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 23

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta



























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

* Mapa 3D (archivo kmz)


RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN

Me hacía mucha ilusión realizar una excursión que partiese de la puerta de mi casa, en Torrelodones, así es que a sugerencia de José María, que quería recorrer el Canal del Guadarrama hasta la presa del Gasco, diseñé esta ruta que cumplía con ambos objetivos.

Los 23 participantes nos reunimos en la plaza de la Constitución de Torrelodones, junto al Ayuntamiento, de donde partimos en dirección a la calle Real, contando de paso la historia de la Posada Real, edificio construido en 1589 y destruido, casi en su totalidad, en el siglo XX, en el que se alojaba con cierta asiduidad el rey Felipe II, en sus desplazamientos desde Madrid hasta el Monasterio de El Escorial.

Continuamos por la rotonda conocida como el Cancho del Dedo Gordo, reproducción artificial de una gran roca que fue demolida cuando construyeron la A-6. Llegamos enseguida al campo de fútbol, donde giramos a la izquierda para, atravesando el cementerio, dirigirnos hacia el arroyo del Villarejo. 

Una senda bien marcada que pasa por su margen derecha nos guio por la conocida como Área Homogénea Norte, rica extensión floral que a pesar de estar protegida por pertenecer al Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, no se libró de la especulación y fue objeto de un intenso debate durante las legislaturas como alcalde de Carlos Galbeño (PP), que pretendía revisar la calificación urbanística de estas 128 hectáreas para construir viviendas, oficinas y un campo de golf, al final se impuso la cordura y un informe desfavorable de la Dirección General de Evaluación Ambiental de la Comunidad de Madrid, lo calificó de inviable, permitiendo que hoy podamos disfrutarlo recorriéndole en plena explosión de colorido primaveral.

Tras alcanzar el arroyo del Pretil y posteriormente el de Trofa, donde desemboca el anterior, nos acercamos a rodear el embalse de los Peñascales o de Gabriel Enríquez de la Orden, construido en 1962 y cuyas serenas aguas han propiciado una ribera poblada por sotos, fresnos y encinares carpetanos.

Del embalse nos dirigimos hacia Las Matas, para cruzar por una pasarela las vías del tren, y bajo un puente, la A-6, para así adentrarnos en el Canal del Guadarrama, momento que aprovechamos para tomar un aperitivo mientras esperábamos a los más rezagados.

Repuestas las fuerzas, recorrimos el Canal del Guadarrama, ciclópea obra que pretendía realizar un canal navegable de 771 km, que, salvando un desnivel de 700 m, hubiese unido fluvialmente la ciudad de Madrid con el océano Atlántico, partiendo de una presa que habría de construirse a la altura de Torrelodones, enlazaría las cuencas de los ríos Guadarrama, Manzanares, Jarama, Tajo, Riansares, Záncara, Jabalón, Guarrizas, Guadalén, Guadalimar y Guadalquivir. Sólo pudieron ejecutarse los primeros 27 km del canal y la Presa de El Gasco, su embalse regulador.

Fue muy agradable recorrer, entre pinos, fresnos, sauces y encinas, la docena de meandros que el canal tiene hasta llegar a la Presa del Gasco, un inmenso muro diseñado, en su momento, como la presa más alta del mundo, con 93 metros.

De este proyecto, sólo se conserva un lienzo de 53 m de altura y 251 de longitud, con una anchura que oscila entre los 72 m de la base y los cuatro de la parte superior.

Y es que el infortunio hizo que el 14 de mayo de 1799 se derrumbara, después de que una terrible tormenta, parte del muro meridional, dejando al descubierto sus juntas laterales y muros transversales, cuando se llevaban 53 metros construidos y 12 años invertidos.

Comimos en el privilegiado mirador en el que se ha convertido la presa, que los siglos han coronado de encinas y enebros, mientras nos asomábamos a sus precipicios, no aptos para gente con vértigo.

Pensando en el triste final del ingeniero francés  Carlos Lemaur, al que se debió la iniciativa de su construcción, y que se suicidó, antes de iniciarse las obras. Tampoco sus hijos, continuadores del proyecto, lograron verlo acabado, permaneciendo desde el día de la tormenta tal como lo contemplamos hoy.

Reconfortados por las impresionantes vistas desde la presa, volvimos sobre nuestros pasos hasta reencontrarnos con el plácido pinarcillo donde aflora el canal a nuestra vista, iniciando desde él un prolongado ascenso hasta Torrelodones, pasando por el Cerro Gurugú, a cuyos pies están situadas las Casas de Panarrás y, un poco más adelante, la Casa del Enebrillo.

Tras cruzar las vías del ferrocarril por un puente y remontar la parte oriental de la urbanización Las Marías, una vista medieval nos sorprende: la torre de los Lodones.

La atalaya toma su nombre del almez, árbol que también es conocido como lodón o lotonero y que era abundante en su enclave y por extensión, el caserío surgido a sus pies acabó llamándose Torrelodones.

Fue erigida en algún momento indeterminado del período omeya de Al-Ándalus, entre los siglos IX y XI y formaba parte del muy jerarquizado sistema defensivo omeya de la Marca Media, que tenía su centro en Toledo.

A todos les hizo ilusión poder estar a los pies de esta torre de leyenda, tras verla a lo lejos cada vez que se pasa por la A-6, además las vistas desde ella son especialmente bellas, llegándose a divisar la Bola del Mundo y más cercano, otro icono del pueblo, el Palacio del Canto del Pico, como levantado en un pedestal.

Por una empinada pendiente, bajamos hasta el pueblo, acercándonos a contemplar  desde la explanada exterior, delante de su atrio, la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora (s. XVI) y bajando en dirección al Ayuntamiento, la fuente del Caño, construida en 1591 durante el reinado de Felipe II, al poco de finalizar las obras del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, siendo una de las fuentes monumentales más antiguas de la Comunidad de Madrid.

Y llegados de nuevo a la plaza del Ayuntamiento, celebramos el fin de la excursión en uno de los bares cercanos, donde antaño se alojaban las caballerizas de los nobles y corte que pernoctaban en la Posada Real, camino de El Escorial.

Finalizamos así esta histórica y cultural excursión que tuve el privilegio de guiar para mostrar algunos de los lugares más emblemáticos de mi pueblo y que se ha merecido 4 Sicarias.
Paco Nieto

FOTOREPORTAJES
* Fotoreportaje de José María Pérez

FOTOS