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miércoles, 7 de junio de 2017

Excursión 352: El río Jarama por La Hiruela

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Hiruela
Final: La Hiruela
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  15,2 Km
Desnivel [+]: 311 m
Desnivel [--]: 311 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 30

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Bonita excursión la de hoy por el alto Jarama, aunque eso nos supuso a la mayoría de los senderomagos padecer unas cuantas horas de atascos automovilísticos por las vías de circunvalación de Madrid, lo que hizo que alguno de los excursionistas, incluido yo, llegáramos un pelín tarde. Pero la verdad es que una vez en el lugar y con solo andar unos cuantos metros nos dimos cuenta que merecía la pena haber ido hasta tan lejano lugar, a pesar de los atascos.

A las 10h 40mn (10mn mas tarde de la hora prevista, por lo de llegar tarde) nos pusimos a andar los 30 participantes (y tres acompañantes de cuatro patas) y enseguida presagiamos que pasaríamos un día de gran disfrute por el paisaje y temperatura. Y en efecto, nada más comenzar nos metimos en un túnel de vegetación en el que nos encontramos con una especie de altar con una virgen que resultó ser la de Lourdes, después nos dirigimos al primer puente de los cinco que tuvimos que cruzar.

Continuamos por la margen izquierda del río Jarama, cruzando una preciosas praderas que aún conservaban escarcha, lo que delata las bajas temperatura de esta sierra de Madrid. Después de andar un poco por la carretera que une La Hiruela con El Cardoso, volvimos a adentrarnos otra vez en una masa forestal muy variada, formada por robles centenarios, pinos, encinas, jaras y demás matorrales. 

Esta nueva senda nos llevó a un mirador desde el que pudimos observar una zona de colmenas típicas de la zona. Desde aquí bajamos al lecho del río hasta alcanzar un área de recreo denominada Del Molino. Tras contemplar mesas e instalaciones para pasar un buen día junto a un histórico molino harinero, volvimos a cruzar otras tres veces el rió por bonitos puentes de madera hasta llegar a una pradera llana a orillas del Jarama, que nos sirvió de zona de restaurante y también, para que el más valiente de los senderomagos pudiera darse un baño en las aguas frías y cristalinas del río, (como todos habéis pensado efectivamente fue Paco Nieto). 

Tras esta gratificante parada continuamos la ruta hasta la parte posterior del Hayedo de Montejo, pudiendo contemplar algunas hayas impresionantes que aún no estaban en todo su esplendor. Este fue el punto donde emprendimos el regreso.

De aquí continuamos ruta, en la que atravesamos varios arroyos, siguiendo el GR-88, hasta llegar al pueblo de El Cardoso de la Sierra, donde nos esperaba una grata sorpresa, encontrar un bar abierto donde nos pudimos refrescar con unas cervezas muy frías, que nos animaron para continuar de nuevo la marcha con mucho más entusiasmo. Ya sólo nos faltaba unos 2 Km, lo que unido a la cerveza, que nos había refrescado, hizo que fuéramos más relajados, disfrutando de la vegetación de robles y encinas centenarios que nos aportaban sombra a ambos lados del camino.

Y tras unas 6 horas de disfrute paisajístico y buena temperatura, llegamos al punto de partida donde nos esperaban otras cervezas fresquitas que nos sirvieron para alimentar animadas conversaciones en la terraza del bar y sobrellevar mejor el tener que volver otra vez a la gran jungla urbanística que es Madrid.

Por lo mucho disfrutado de los paisajes que el río Jarama nos ha ofrecido, bajo mi punto de vista, esta excursión se merece 5 sicarias.
Esteban Fernández

martes, 7 de junio de 2016

Excursión 302: Castro Valnera desde El Bernacho

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Bernacho
Final: 
Valnera
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia:  11,3 Km
Desnivel [+]: 659 m
Desnivel [--]: 685 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 11

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Nuestro quinto día por las Merindades tenía todos los parabienes para ser una de esas excursiones que quedan grabadas en el recuerdo como especiales. Por de pronto lucia un sol espléndido y no había pronóstico de lluvia y añadido a esto, nos esperaba una ruta por los Montes de Valnera, que encantó a los participantes de la excursión 300 del grupo, aunque la nuestra lo hacía por distinto recorrido.

Con todo a favor, nos acercamos al cabañal de El Bernacho, dejando un coche previamente en el de Valnera, a poco menos de 2 Km de separación, lo que al final, agradecimos, porque nos evitó tener que recorrerlos, al terminar la ruta, con las fuerzas ya menguadas y las piernas cansadas.

Nada más echar a andar, guiados por Miguel Ángel, nos internamos en un joven hayedo situado a pie de la pista, entre los trinos de los pájaros y el crujir de la hojarasca al pisarla lo cruzamos en un agradable paseo ascendente, a la luz entrevelada que se dejaba colar entre el tupido bosque.

Conforme ganábamos altura, el valle se iba encajando, a la vez que las hayas se iban espaciando, dando paso a abedules y coloridos serbales, y una vez superamos el hayedo, al brezo y retamas, a poco de llegar al Collado, que estaba precedido de un alargado y voluminoso nevero, contrapunto del calor que comenzaba a arreciar.

Las vistas desde el collado eran imponentes, situado entre la cima de Cubada Grande, al sur, y Castro Valnera, al norte, nos regaló unas hermosas panorámicas al oeste de la puntiaguda cima de La Capía, cuya ladera, junto con la que baja de Cubada Grande, forman el cauce del arroyo de Peña Negra, mientras al este contemplábamos extasiados Peña Lusa y todo el valle de Lunada y Trueba.

Proseguimos por una senda bajo la pared de Castro Valnera, que ganaba altura y trazaba un brusco giro para acometer un paso entre las rocas, para después por terreno despejado avanzar hacia la cumbre sin apenas pendiente, bordeando un par de torcas enorme rebosante de nieve y con bellas vistas de todo el entorno.

Tras un brusco giro, la senda se empinó hasta alcanzar una grada de roca desnuda que resaltaba entre la retama cuan oasis en el desierto, desde su cornisa contemplamos, casi mudos, Peña Lusa y el puerto de la Sía mientras nos tomábamos un tentempié.


A partir de aquí, rectos y sin descanso hasta la cumbre de Castro Valnera, a la que  llegamos tras gozar de impresionantes vistas de aperitivo al alcanzar la cresta en la que un tremendo barranco se precipita hacia el lado de Cantabría.

Impresionante, espectacular, y otros muchos adjetivos elogiosos se nos ocurrieron para describir las sensaciones desde los 1.696 metros de esta enorme atalaya natural.

Fotos y más fotos nos hicimos para inmortalizar el sublime momento, ya fuera con los imponente cortados de fondo o los intentos malabarísticos de subirnos al mocho vértice geodésico de su cumbre.

Tras disfrutar como niños de las vistas e intentar 
infructuosamente divisar la bahía de Santander y el mar, por las nubes que nos lo tapaban, regresamos sobre nuestros pasos, buscando un lugar junto a los precipicios resguardado del aire para dar cuenta de los bocadillos.

Mientras comíamos, fuimos atacados alternativamente por bandadas de mosquitos, seguidos de intrépidos vencejos, que cuan escuadrón aéreo perseguía en todas las direcciones a los primeros.

Repuestas las fuerzas, iniciamos el descenso, por una senda que al filo de la cresta se precipitaba hacia el collado de la Pirulera, con la vista amenizada por la cumbre de Torcaverosa y el Pico de la Miel, a cuyos pies llegamos tras rebasar el collado de la Piluca y unos enormes neveros surgidos en la oquedad de grandes torcas.

En el collado dimos la espalda a los profundos barrancos para dirigirnos por un paraje herboso hacia los prados de el Bernacho, disfrutando en el trayecto de las vistas del valle, la mole que dejábamos atrás de Castro Valnera y un sin fin de neveros y lagunillas en las que los renacuajos y tritones nadaban sin cesar.

Una larga caminata, amenizada brevemente por el encanto de un pequeño e íntimo hayedo que nos proporcionó sombra y sosiego, nos llevo en suave pendiente hasta el cabañal de Valnera, donde nos esperaba un coche para ir a recoger a los que habíamos dejado por la mañana en el Bernacho.

Unas cervezas frías en las Machorras pusieron el boche de oro a esta espectacular excursión, última de la escapada a Las Merindades, que bien mereció 5 sicarias, como toda la estancia y acogida de María Ángeles y familia.
Paco Nieto