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miércoles, 17 de agosto de 2022

Excursión 644: Cascadas del Purgatorio desde la Isla

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Isla
Final: La Isla
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 13 Km 
Desnivel [+]: 538 m 
Desnivel [--]: 538 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 14

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
La ruta más habitual para llegar a las Cascadas del Purgatorio es desde el Monasterio del Paular, pasando por las Presillas y remontando el arroyo del Aguilón, creador de estos preciosos saltos de agua.

Otra forma de llegar a ellas, que exige muchos más kilómetros que la anterior, es desde el Puerto de la Morcuera, acompañando al arroyo desde su nacimiento.

Pero existe otra intermedia, poco conocida, que parte desde la Isla, y que para mi, es la más interesante y exigente, cuenta con unas extraordinarias vistas y tiene una moderada longitud, además de estar poco concurrida, que es la que hicimos.

Como hemos comentado, iniciamos la ruta en la zona recreativa de la Isla, situada en el Km 31,8 de la carretera M-604, la de de bajada del puerto de Cotos a Rascafría. Aunque para ser exactos, tuvimos que dejar los coches en la zona libre del aparcamiento del restaurante Los Claveles.

¿Motivo?, pues porque al de la Isla le han colocado una infranqueable barrera que solo abren para los clientes de los dos restaurantes que hay allí, además de haber reducido con grandes bloques de piedra el aforo del parking.

No hace falta decir que en esos dos bares no me verán mientras no liberen el acceso y lo dejen como estaba antes. No como ahora, lleno de antiestéticas vallas de hierro oxidado que afean el precioso entorno natural donde se encuentran.

Pasada esta explanada, cruzamos el arroyo de la Angostura por el puente de madera que hay a la izquierda. Bajaba más agua de la que esperaba en este verano tan seco por el que un poco más abajo, al unírsele al arroyo del Aguilón, pasa a ser río Lozoya.

Continuamos por la senda que remonta la margen derecha del arroyo, tras cruzar un portón que evita el paso del ganado.

Al poco, ya se hacia escuchar el estruendo del agua al caer desde lo alto del muro de la presa del Pradillo, que se construyó para hacerla llegar el agua a los motores de la antigua fábrica de la luz, metros más abajo y que desde hace bastante tiempo está en desuso y en lamentable estado de ruina.

El embalse, como siempre, nos trasladaba una sensación de sosiego y paz dificil de describir. En sus aguas se reflejan, como en un espejo, el cielo y los árboles antes de desbordarse precipitadamente por el muro de la presa.

Retomado el sendero, desde unas rocas cercanas se tiene quizás la panorámica más bella de este idílico paraje, de aspecto alpino.

En este punto, dejamos el sendero y, por la izquierda, iniciamos el ascenso de la ladera que encajona el embalse. Procurando subir con la menor pendiente posible fui abriendo camino, buscando zonas sin matorral, sin zarzas o cualquier otra vegetación que impidiese el paso.

Cruzamos una aviejada valla de piedra, por una parte derruida y dando una amplia curva, por consejo de Juan, para minimizar la pendiente, dejamos atrás robles, pinos y algún que otro acebo, alcanzamos la amplia pradera, en la que el pinar desaparece y las vistas se hacen infinitas hacia Peñalara, la Cuerda Larga y el Valle del Lozoya.

Muy cerca, una alambrada protege un comedero de buitres, con puesto de observación incluido, en el que abundaban huesos de animales como únicos restos de animales, después de haber servido de banquetes carroñeros.

A pocos metros de la caseta de madera sale una agradable senda que en dirección sureste se dirige al collado Gollete, por la que continuamos, entre pinos y alguna que otra retama. En época de cría de los buitres, suele estar prohibido pasar por aquí, para evitar molestarlos.

Cruzamos un arroyo seco, pero del que sin embargo salía agua en una fuente improvisada, y al poco alcanzamos la explanada del collado del Gollete, en el que se cruzan varios caminos, incluida la pista del GR-10.1 que viene de El Paular en dirección al Collado de la Morcuera.

Girando a la izquierda, subimos por la senda que asciende a la Peña del Hueco de los Ángeles, nombre muy apropiado porque, desde las rocas que coronan su cumbre, parece uno estar en el paraíso.

Allí paramos un rato para tomarnos el aperitivo de media mañana y hacer fotos desde todos los ángulos posibles.

Desde cerca de este trozo de cielo se tienen unas privilegiadas vistas, de La Najarra, Cabezas de Hierro. Peñalara y sus Claveles. Al fondo el valle, en el que asoma el campanario de El Paular y Rascafría a lo lejos.

Pero lo más impactante es que, frente a nosotros, se asoma el escalofriante abismo de más de 200 metros bajo el que se adivina la segunda Chorrera del Purgatorio. Por allí tendremos que pasar, desde aquí parecía una aventura arriesgada y del todo imposible. A más de uno se le atragantó el aperitivo de solo pensarlo.

Retrocedimos sobre nuestros pasos hasta llegar de nuevo al collado, desde él continuamos por la pista coincidente con el GR-10.1 , que desciende hacia el sur, hacia el Puerto de la Morcuera, arropada por hermosos ejemplares de pinos silvestres.

Al pasar un arroyo, la pista cambia a dirección sureste, y un poco más adelante cruza por un puente el arroyo de Navahondilla, abandonándola definitivamente al llegar a la siguiente curva para ir a buscar el arroyo Aguilón, descendiendo por una pradera en la que a Marcos una avispa le dejó un ingrato recuerdo en el pie.

Llegados al arroyo, seguimos por su margen izquierda, enseguida vadeamos el arroyo de Navahondilla, que llevaba poca agua, pero que en época de deshielo puede bajar muy bravo.

La senda acompaña al arroyo del Aguilón en su carrera hacia las cascadas, siempre cercano a su murmullo, agigantado por los numerosos saltos de agua y pozas que jalonan este precioso tramo del arroyo.

Cuando la senda se embosca un poco y el arroyo pasa por un roquedal, lo cruzamos sin mucha dificultad.

Ahora con el arroyo a nuestra izquierda, le acompañamos en su continuo descenso, en el que continuamos contemplando preciosas pozas que forman los pequeños saltos de agua, muy bravos en invierno, hasta toparnos con unas grandes rocas que complican algo el paso, obligándonos a volver a cruzarlo de nuevo, también fácilmente, por una lisa zona rocosa, para continuar por la otra orilla del arroyo.

Bordeamos un risco que fuerza al arroyo a realizar un pequeño salto, tras el cual surge una espectacular poza, que invita a refrescarse en sus aguas claras y profundas.

Tras un pequeño descanso proseguimos acompañando al arroyo, separándonos momentáneamente del agua para luego volver a él de nuevo, que acabamos vadeando por donde más asequible parecía, para así dejarlo a nuestra izquierda, siguiendo una tenue senda que poco a poco se separa del agua, dejando ver un par de pozas de gran belleza.

Cuando la senda alcanza un arroyo que desciende la loma del Cerro Cardoso, hay que cruzarle y continuar cercanos al arroyo Aguilón, que a pocos metros se despeña desde un roquedal formando la que es la segunda cascada del Purgatorio, contada en sentido ascendente.

Con cuidado, se podría llegar hasta el inicio del precipicio por donde cae el agua, en un salto de 15 metros que desde aquí no se ve, solo el agua desapareciendo hacia el Hueco de los Ángeles, que es como se denomina esta profunda garganta y que apenas unas horas veíamos desde lo más alto.

Nosotros, sin asomarnos, continuamos por la senda, que en este punto asciende por el borde del acantilado, ofreciendo cada vez mejores vistas de la cascada. Enseguida se gana altura y las vistas hacia abajo quitan el hipo, no aptas para gente con vértigo.

Al llegar a la parte más alta, presidida de unas rocas que hacen de excelente mirador natural de la gran depresión que forma El Purgatorio, comenzamos el descenso hacia la base de la primera cascada.

Hay tres formas de bajar, la primera superando un muro rocoso desde el que se precipita el agua, de bastante dificultad y que si no te dicen que es por ahí, costaría encontrar.

La segunda, que calificaría de dificultad media, que fue la que utilizamos todos menos uno, consiste en rodear precisamente ese muro por su parte más alta, realizando una gran curva, siguiendo una desdibujada senda que va perdiendo rápidamente altura, se incrusta entre afilados riscos y desciende por una gran pedrera, para dejarnos a los pies de la cascada. Un recorrido no apto tampoco para poco iniciados o desconocedores del terreno.

La tercera es parecida a esta última, pero bordeando la zona más arriba aún, con un descenso menos arriesgado, aunque con el pequeño inconveniente de salir bastante más atrás de la cascada. Sin duda esta es la mejor opción si no se conocen bien las anteriores.

Al llegar al mirador de madera que precede la primera y espectacular cascada, comprobamos la gran cantidad de gente que había, a pesar de ser día entre semana.

Todos querían disfrutar de la cascada doble que forma el arroyo, 10 metros de cola de caballo sublimes, con sus correspondientes pozas en las que se precipita el agua, la más alta a modo de enorme jacuzzi en el que no se toca fondo.

Con el objetivo conseguido, después de haber estado en el cielo de los ángeles y haber superado el purgatorio, solo restaba volver al punto de partida, lo que hicimos siguiendo la archiconocida senda que paralela al arroyo lleva al puente de madera que lo cruza 1,5 kilómetros más abajo, después de pasar junto a pozas y pequeños saltos que hacen de este recorrido una delicia en cualquier época.

Junto a una de ellas, paramos a tomarnos los bocadillos, algunos aprovecharon para remojare los pies mientras reponíamos fuerzas. Unos vistosos pájaros se ofrecieron a distraernos contemplando sus aleteos de bello colorido, arrendajos se llaman (garrulus glandarius).

Más descansados, continuamos el descenso junto al arroyo, paramos a contemplar la poza sombría, ya cerca del puente de madera.

A continuación lo cruzamos para enseguida girar a la izquierda y alejarnos definitivamente del arroyo, siguiendo la senda que un poco más arriba alcanza una vieja pista, que en dirección noroeste, conecta un poco más adelante con el GR-10.1.

Como la pista da un gran rodeo, enseguida acortamos por un atajo, sin senda, cruzamos un derruido muro de piedra y nos internamos en una pradera que nos ofrece otra vista espectacular de las cumbres del valle.

Los restos en piedra de un chozo circular junto a una cruz de mayo con una placa en su base propiciaron el agrupamiento del grupo mientras lo contemplamos.

Tras la pradera, un joven robledal nos proporciona una agradecida sombra, aunque el día no estaba siendo nada caluroso. Salimos a una curva de la pista que habíamos abandonado, justo donde cruza el arroyo de la Bardera.

Proseguimos por otra pista, en dirección sureste, que estaba ocupada por un grupo de vacas, estaban tranquilas y solo nos miraron con curiosidad. Fue el momento de dejar la pista y dirigirnos entre robles hacia el viejo canal que proporcionaba el agua desde la presa del Pradillo a la fábrica de luz.

Un arco que sostiene el canal hace de pasarela para enseguida conectar con la pista que paralela al arroyo de la Angostura conecta con el puente de madera de la Isla.

En la terraza del restaurante Los Claveles nos tomamos la compensación por haber tenido que dejar el cielo y tener que volver de nuevo a la tierra, aunque las caras de felicidad y las palabras de elogio a la ruta fueron todavía más gratificantes que las cervezas, dando así por finalizada esta fantástica ruta de impresionantes vistas y con mucha agua, que seguro me matarían si no le otorgo la máxima puntuación, un 5, por tanta maravilla.
Paco Nieto

miércoles, 17 de agosto de 2016

Excursión 313: Circular a La Granja por El Chorro Grande

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Ildefonso
Final: 
San Ildefonso

Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  13,1 Km
Desnivel [+]: 550 m
Desnivel [--]: 556 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 7

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc


RESUMEN
Cuando el observatorio estadístico del Gmsma publique la revista del 2016, esta excursión aparecerá como la menos concurrida de toda la temporada. Tan solo siete senderomagos acudimos a "la tranquila y fresquita excursión" que Antonio nos había preparado. Fue una excursión diferente, ya que nos permitió poder charlar en grupo e ir comentando la flora que íbamos viendo. Después de esta excursión ya distingo los robles de los manzanos, y la retama de los cambrones.

Por primera vez vino mi hijo, Jorge, el cual quedo encantado con la marcha y con la gente.

Quedamos como de costumbre, pasada la verja del Palacio, y comenzamos la excursión con una temperatura excelente y el cielo lleno de "borreguitos"; ideal para caminar. A pesar de ser una ruta muy conocida, el camino no está señalizado y hay que estar atentos en la Urbanización Caserío de Urgel para no equivocarnos.

Tras pasar una puerta metálica verde entramos en el robledal de Navalosar y comenzamos a ascender, dejando a nuestra derecha el arroyo de Peña Berrueco, que abandonamos más adelante.

Nos llamó la atención un manzano silvestre, cargado de frutos, por lo que quedamos emplazados para finales de septiembre para la recolección.

Después de cruzar el arroyo de la Fuente del Infante y pasar por entre cambrones, llegamos a un pinar y sin llegar a cruzar el arroyo del Chorro Grande, llegamos a la base del citado chorro, donde paramos a comer un tentempié. Tuvieron mucho éxito las pastas armuñanas, a base de almendras.

El Chorro tenía poca agua, pero siempre es impresionante ver los tres tramos del mismo, que juntos sobrepasan los 80 metros de caída, casi vertical. Cuando el agua abunda, es todo un espectáculo.

Allí nos hicimos la foto del grupo y nos deleitamos con las vistas de Segovia y el embalse del Pontón, incluso Rosa B. y yo cantamos una jota segoviana. Continuamos ascendiendo, por la derecha del chorro, hasta la parte superior por una senda con una fuerte pendiente. Después de pasar por la zona peligrosa, por lo resbaladizo de las piedras, continuamos ascendiendo hasta una poza, donde Angel V. como es su costumbre se bañó. Otras solo se mojaron los pies.

Desde aquí continuamos hacia el suroeste, manteniendo la altura hasta cruzar el
arroyo de la Fuente del Infante, para luego ir descendiendo hasta un cortafuegos y la pista que baja del puerto del Reventón. Después de coger un sendero llegamos hasta el esquinazo de los jardines de Palacio. Tras atravesar el arroyo de los Carneros y pasar por la Puerta del Cebo, que según Melchor, era donde al parecer alimentaban (cebaban) a la caza mayor que después cazaban los reyes, llegamos a la Fuente de la Plata donde el grupo se dispuso a comer, salvo dos estrellas fugaces que decidieron comer en un restaurante de la Granja.

El grueso del grupo después de comer continuaron bajando por el puente de los Tres Maderos, para después cruzar la carretera que sube a Navacerrada, llegar al punto de partida tras pasar por el puente del Niño y un Campo de Polo, medio abandonado, que no sabemos qué utilidad tiene y que fue reconstruido por el Gobierno Central cuando éramos ricos.

Como siempre, la excursión acabó con unas cervezas, que Pepa muy amablemente invitó dado su próximo cumpleaños.

Qué mejor fin de curso que una tranquila excursión por tierras segovianas y en un municipio declarado Reserva de la Biosfera, que dispone de las mejores sendas para disfrutar en verano y que está a solo 76 kilómetros de Madrid. Los Borbones lo tenían claro. Por todo ello, l
a excursión se merece, como mínimo 4 sicarias.

Feliz verano a todos. Nos vemos en septiembre.
Marcos Herrero

FOTOS