miércoles, 9 de octubre de 2013

Excursión 158: Camino Majariego de Santiago. Etapa 4. Segovia - Añe

FICHA TÉCNICA
Inicio: Segovia
Final: Añe
Tiempo: 6 horas
Distancia:  24,1 Km
Desnivel [+]: 211 m
Desnivel [--]: 358 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 26

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Cuando, dentro de unos años, Paco Nieto haya creado una nueva pestaña de efemérides en nuestro blog, estoy seguro de que el 9 de octubre de 2013 será una fecha especialmente destacada: Será recordada y posiblemente celebrada como el “día de Los Cochinillos”.

Seguro que también nos acordaremos de que el evento se desarrolló en casa de Marcos e Isabel, cuyo corazón es mayor que toda Armuña, lo cual no es poco, ya que en este día no hubo otro lugar tan grande.

Eran cuatro los ejemplares que llegaron despanzurrados en sendas cazuelas de barro de gran tamaño, con su piel expuesta, pincelada con tonalidades doradas arrebatadas al horno del panadero, con su abundante jugo aún crepitando, con su olorcillo tentador.

Teníamos hambre, sí, pero no podíamos dejar de contemplar la estampa de los cuatro tostones en sus cazuelas ocupando toda una mesa en el patio.

En estas que va Marcos y se nos arranca con una “bendición de la mesa” digna del Cándido de los mejores tiempos.

Todo ello seguido del troceado de los cochinillos a lo largo del espinazo con el canto de un plato, que luego estampó en el suelo, siguiendo la tradición. 

¡Memorable! ¡Y eso que estaba malito y desganado, el pobre!

A continuación, ya fue la fruición, el trasiego de platos con sus raciones correspondientes hacia las posiciones de los más de 30 comensales que nos agrupábamos en dos largas mesas bajo el porche,.

Enseguida vino el yantar más o menos desaforado según el comedimiento de cada cual, las loas a los cochinillos entre dentellada y trago de vino... Salvo Marcos, que ingería quedamente un puré de zanahorias acompañado de un Acuarius de limón. ¡Qué injusto es a veces el destino!

Las fuentes de ensalada dispuestas previamente en las mesas sirvieron para aligerar los estómagos ya saciados y dar paso a las pastas, chocolates y bollería, que se fueron consumiendo al ritmo en que se iba haciendo el café.

Hubo tertulia, mientras pasaban de mano en mano algunas botellas de licor. Incluso se brindó con “champán”.

Luego se siguió animando el ambiente: Los más bailongos se lanzaron al ruedo y con gran habilidad se marcaron unos pases muy bien medidos. Como las mujeres eran escasas y además bailaban bien, fue muy disputada su compañía.

Después ya fue el acabose: Me acuerdo de oír a mi alrededor peticiones cada vez más insistentes para “el niño de las monjas”.

Estaba yo preguntándome quién de nosotros tendría tal apelativo, cuando Joaquín sale a escena y dice que va a cantar.

Pensé yo: Ya está, Joaquín es “el niño de las monjas”, pero ¿por qué? , no entendía nada.

Pronto salí de dudas: ¡Vaya interpretación! y ¡Vaya coro!

Todos los asistentes acompañaban a Joaquín siguiendo sus gestos y entonando el estribillo con devoción; incluso yo me sumé arrobado a los cantos grupales, casi diría tribales.

Era de admirar como Joaquín expresaba todos los matices de la copla con verdadera maestría. Ya estaba clara la conclusión: Joaquín, cantador de coplas; “El niño de las monjas”, el himno del GMSMA.

Ante tal muestra de arte, nuestro showman Fernando no se pudo resistir y pidió cantar su “Vivir sin tí”; primero lo hizo en playback, pero enseguida se animó a cantarlo de verdad.

Le quedó bien, pero claro, echaba de menos su saxofón, así que salió raudo a por él y volvió para ofrecernos varias piezas a cual más sentida. 

¡Ojo con Fernando, qué las embelesa!. Habrá que convencer a su mujer de que le acompañe, ya que, según dice él, le sujeta algo.

¿Qué decir de lo que sucedió después? Nuestro polifacético José María se nos reveló como un declamador sublime. Nos recitó una composición de José Larralde: “Cosas que pasan”. Más que recitarlo, lo sentía, lo vivía, era él el poeta y era él el protagonista del poema. Yo me lo creí tanto que cuando acabó me extrañó encontrarme en Armuña en lugar de en La Pampa. Tras unos instantes de pasmo y silencio, la ovación que recibió fue atronadora y no hubiera acabado aún si correspondiera a sus merecimientos.

Aún quedaba por escuchar a Antonio Villaverde, precedido por una introducción de Paco Cantos, en una interpretación épica de nuestra convivencia digna del mejor orador griego. ¡Qué gran cronista se está perdiendo el GMSMA!

A mí me comprometió Fernando y no tuve más remedió que salir del paso contando el único chiste de que me acordaba en ese momento, que para descrédito mío acababa de contar a algunos por el camino (menos mal que habían sido pocos).

Ya totalmente saciados de arte, de conversación y de compañía, fuimos retirándonos poco a poco, impregnados de las esencias de la amistad.

¡Coño! ¡Casi se me olvida! Qué habíamos estado andando por la campiña segoviana, por los caminos que surcan los campos de cereal, ya sólo mostrando los rastrojos y oliendo a granja (para decirlo suavemente), por entre los pinos, que vuelven a sangrar su resina como antaño, por la antigua vía de tren entre Segovia y Medina del Campo, convertida en vía verde.

Que estuvimos en Segovia, en la confluencia entre el río Eresma y el Clamores, que contemplamos la ciudad desde lo alto de Zamarramala, camino de Valseca, qué pasamos por Los Huertos donde hicimos un alto, qué descubrimos una ermita románica construida sobre una antigua villa romana.

¡Qué hicimos parte del camino de Santiago! Hay que decir principalmente que todo esto lo hicieron José María y Carlos, 24 Km. entre Segovia y Añe; los demás sólo hicimos a pie el tramo entre Valseca y Añe, mucho más llevadero.

Se nota que me voy haciendo mayor porque no puedo evitar mi deriva gastronómica. Si sumamos a esto que en esta ocasión era inevitable la admiración artística, esto no va a parecer propio de un grupo de senderismo.

Para evitarlo, ya sabéis lo que hay que hacer: Las próximas veces, bocadillo montañero.

Sicarias, sicarias... Va a haber que inventar una unidad mayor, como en el mus, que se puede contar por amarracos. Bueno... 5 sicarias y ¡Olé!
Melchor

Un día mágico que quedará escrito en letras de oro en los anales del GMSMA. Todo gracias a la generosa invitación de Marcos e Isabel a comer cochinillo asado al estilo segoviano en su casa de Armuña.

Hoy, hablaremos poco de la excursión. Ha sido una marcha con la exigencia justa para hacer honor a nuestro prestigio. Lo realmente importante era sentarnos todos alrededor de una buena mesa y pasarlo muy bien y se consiguió con matrícula de honor.

Marcos, el “Cándido de Armuña”, partió los cochinillos con un plato después de realizar todo el ritual a la vieja usanza y como mandan los cánones, luego lo tiró al suelo con mucho arte. Todos nos chupamos los dedos.

A continuación, una sobremesa entrañable con cante y baile donde no faltó el himno del GMSMAEl Niño de las Monjas” cantado por Joaquín, ¡a capela!  (Muy a la altura de esta otra gran artista, La Niña de la Puebla).

Fernando nos regaló otro recital con su saxófono y entre risas y anécdotas de viejo “rockero” (en este caso de jazz), nos recordó que había mucha gente en estos momentos en España que lo está pasando muy mal.

José María salió al ruedo y nos dejó a todos con la boca abierta con una historia en versos magistralmente recitada (Yo no sabía que tenía como vecino a un gran actor!!!).

Antonio Villaverde y Melchor también amenizaron el evento con historias mitológicas y humorísticas. También hubo un reconocimiento a la grandiosa labor de Paco Nieto y su Blog que nos ha lanzado a la fama nacional e internacional (A fecha de hoy, 19.714 visitas, ¡una pasada!).

También fue homenajeado Melchor, nuestro nuevo cronista recién fichado, que plasma como nadie la esencia de cada excursión. Varios senderomagos expresaron en los brindis sus sentimientos por esta gran familia que formamos el GMSMA.

Y por supuesto, todos manifestamos nuestra gratitud  a nuestro gran leader Antonio con una gran ovación pues sin él, el GMSMA no existiría. Él es el alma del grupo.

Para cerrar el acto, Marcos e Isabel nos dieron las gracias por acudir a su invitación cuando éramos todos nosotros los que estábamos emocionados por la generosidad y cariño que nos regalaron.

A mi primo Marcelo, cuyo bautizo de senderista ha sido hoy, le diré que se lo piense bien eso de  jubilarse pues ya ha visto lo duro que es la vida de un senderomago… pero haga lo que haga, que sepa que tendrá que seguir proveyéndonos del buen vino de Rioja.

Gracias de nuevo a Marcos e Isabel por su hospitalidad y a todos por lo buena gente que sois.
Antolín

Día inolvidable. Felicitaciones y agradecimientos a estos anfitriones de lujo, por sus desvelos y atenciones, gran excursión, magnífica casa y porche, marco propicio para una singular y excelente comida, y sobre todo cariño, mucho cariño con los miembros del grupo.

También gracias a las colaboradoras en la preparación y a todos los protagonistas activos en el sorprendente ambiente creado en la sobremesa, momento especial, emotivo, mágico. Creo que va a quedar grabado con fuerza en el recuerdo de este grupo de senderistas.
José Luis Hergueta

Gracias a todos por éste gran día. A Marcos y familia por su hospitalidad y generosidad. A José María por su extraordinaria representación, digna de un gran actor. A Melchor por las risas que nos ha brindado con la morenaza y los leones, regadas con el gran vino que hemos degustado.

A Antonio Villaverde por sus relatos mitológicos. A Fernando por sus aportaciones "saxoales" y sus historias amorosas. A Joaquín por el niño de los curas. Y a los demás por vuestra compañía.
Manuel

MI ENHORABUENA Y MIL GRACIAS A LOS ANFITRIONES ISABEL Y MARCOS,  A ANTOLIN AND FAMILY POR LA LOGÍSTICA Y LA  AYUDAS EN COCINA.

Menciones especiales para los senderomagos Mágicos, cantantes, poetas, narradores Mitológicos, organizadores varios, Blogueros, montañeros puros, ballet de coros y danzas de Segovia, parejas de baile de estilos múltiples, conductores, maestro cortador de cochinos, espectadores varios y sobre todo a los comensales por los bien mandaos y educados al dejar la vajilla tan limpia.

Caminante acompañante del poeta, que esta mañana han hecho camino al andar, exactamente el tramo "estación de ferrocarril Segovia  a .... casa rural de Isabel y Marcos.
MUCHAS GRACIAS A TODOS
Carlos G.

En primer lugar agradecer a Marcos la invitación a los cochinillos, que estaban deliciosos, a su mujer y a las de Antolin y Marcelo la preparación de la comida.

Ya decían en la calurosa velada que habría que seguir haciendo excursiones por esa zona segoviana tan bien surtida.
Antonio

También me sumo al agradecimiento general a Isabel y Marcos por haber permitido que está tropa formada por tropecientosmil sendero magos invadiera su magnifica casa y nos tratara de esa forma tan amable y cariñosa. Salió todo perfecto: el aperitivo, la comida (los cochinillos estaban sensacionales), el vino, la sobremesa (con el recital de música, poesía, chistes y cuentos), el baile... todo, todo.

Esta mañana viendo las fotos en las que sale Marcos partiendo los cochinillos (que en paz estén) con el plato, se me caía la baba. ¿Es esto normal o es fruto de la edad? pregunto.
Gracias, gracias, gracias.
Un abrazo.
Joaquín

Para que no os hagáis ilusiones, indicaros que por deferencia a José María y Carlos he puesto la ruta que ellos dos realizaron, Segovia - Añe, de 24,1 Km, pero a efectos estadísticos el resto tendremos sólo los indicados en el perfil que envió Juan, de Valseca - Añe, de 12,9 km, que son los que contabilizará José María.

Me uno a los agradecimientos hacia Marcos e Isabel por abrirnos de par en par su casa, por su generosidad y hospitalidad, así como a todos los que ayudaron a que este encuentro fuese muy, muy especial, fiel reflejo del grado de crisol que el grupo ha conseguido, en el que, como comenté, cada hormiga o abejita ayuda desinteresadamente al bien común de todos, en función de sus capacidades o habilidades, descubriendo gratamente en cada excursión facetas ocultas de cada uno de nosotros.
Paco Nieto

miércoles, 2 de octubre de 2013

Excursión 157: Circular Embalse de Navacerrada

FICHA TÉCNICA
Inicio: Navacerrada
Final: Navacerrada
Tiempo: 4 horas
Distancia:  14,7 Km
Desnivel [+]: 472 m
Desnivel [--]: 472 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 30

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
¡Un día inolvidable! De esos en que vuelves a casa cansado lo justo para estar a gusto abandonándote, habiendo disfrutado de la caminata y del buen rollo, rematado al final con una muy grata sorpresa.

Lo primero, hemos batido el récord de asistentes: ¡30! Lástima que no se nos sumó Raquel, que llegó un poco tarde y no nos pudo alcanzar. 

Entre los participantes hay que felicitar especialmente a José Luis Rubiales, que llega a su centésima marcha. Dejo para el final las onomásticas, que fueron también muy sentidas.

La verdad es que yo nunca había traspasado la valla del embalse de Navacerrada. Me sorprendió gratamente: Nada más atravesar el portillo para pescadores con trampa, o sea que si no sabes el truco no pasas (también mi primera vez), se pasea uno muy relajadamente con unas vistas estupendas. Hay que decir que la luz del día acompañaba y, aunque al cabo de andar un rato se notaba la humedad ambiental, la vista descansaba al contemplar el paisaje.

Tras pasear por la orilla norte del embalse, cruzamos la carretera de Cerceda y comenzamos a ascender cómodamente por una pista de tierra al este de La Barranca hasta la denominada en un cartel próximo “presa de Los Baños”, muy coqueta, más seductora en verano.

Al borde del camino, junto a una fuente con poyos, hicimos la paradita para el tentempié, me pareció que bastante frugal por la expectativa del afamado cocido en Las Postas al acabar.

Seguimos subiendo con todas las cumbre ocultas por nubes muy bajas, prácticamente sobre nuestras cabezas, traspasamos la cuerda que separa La Barranca del siguiente vallecito y ascendimos hasta el embalse de agua potable de La Maliciosa, redondeado y de escarpadas paredes, tal que parece una taza gigante. Nuestro primer objetivo, conseguido.

Ya sabemos que siempre parece que bajar es fácil, pero no hay que fiarse.

En esta ocasión lo hicimos por la ladera opuesta del cordal, con bastante más pendiente, muchas zonas malamente asfaltadas con cemento y además con chinas sueltas por encima, de forma que parecía el camino del Calvario por el peligro de caídas.

Más de uno resbaló, aunque, debido a la gran forma física de nuestros senderomagos, entrenados semanalmente para soportar los mayores rigores que impone la naturaleza (se cuenta que en una zona próxima a ésta se vencieron vientos de 60 Km/h. con -20ºC), nadie mordió el polvo.

Durante la bajada nos íbamos fijando en los montículos de piedras de caprichosas formas; también había quién se dedicaba a poner nombre a las vacas y terneros, llamándolos dulcemente para protegerlos, al tener nombre, de la indiscriminada matanza a que son sometidos tarde o temprano.

Ya en la vaguada comenzaron a aparecer algunas zarzamoras con frutos realmente apetitosos, así que nuestra recolectora titular de frutas del bosque, Rosa B., comenzó la cosecha, ayudada de cuando en cuando por algún espontáneo.

Esta vez cruzamos la carretera de Cerceda un poco más al este, volviendo hacia el embalse de Navacerrada para encararlo por el sur, subiendo al cerro de La Cabeza por una senda con bastante pendiente pero de corto recorrido.

Así llegamos a la cumbre, con un bonito mirador sobre el embalse y todo su entorno: La Barranca al norte, con las nubes ya perpetuas a partir de media ladera, la Maliciosa con las cumbre apenas entrevista, más allá La Pedriza y ya al este el pueblo de Mataelpino y el de Manzanares, con su castillo recortado sobre el embalse de Santillana; debajo de nosotros, al sur, Becerril enmarcado por el cerro del Telégrafo al fondo y al oeste nuestro siguiente objetivo, el cerro del Castillo. Aquí se hicieron buenas fotos, incluida la de grupo y retomamos fuerzas.

Para bajar no había casi senda y lo hicimos cual cabritillas entre jaras y arbustos, siempre acompañados de agradables fragancias, pues toda la ladera estaba salpicada de plantas aromáticas; distinguimos particularmente el orégano y el tomillo salsero, aunque, como suele pasar con estas cosas, había opiniones para todos los gustos, así que también se identificó por según quién el cantueso, el romero, etc.

Así llegamos, tras pasar una alambrada que hubo que elevar, a la presa del embalse de Navacerrada, que recorrimos hasta el otro extremo contemplando los patos y peces que se movían por sus aguas. Creo que fue aquí cuando Rosa hizo pública su oferta de entregar un tarrito de mermelada a todo aquel que le ayudara a coger frutillas, previa aportación del tarrito. ¡Quedáis avisados para la próxima, senderomagos! No tuvo efecto la contraoferta de entregar una cazuelita y ayudarle a cazar patos.

Enseguida llegamos a la carretera nacional que sube al puerto de Navacerrada, donde Antonio, con buen criterio, acortó la excursión, ahorrándonos la subida al cerro del Castillo, para no llegar tarde a comer. O sea que fuimos lo más rectos posibles. siguiendo la carretera por sus proximidades, abundando en la cosecha de moras cada vez que aparecían.

Recuerdo particularmente de este trayecto un bonito liquidámbar, en cuya coloración se empezaban a notar los primeros efectos del otoño (José María hizo una foto muy bonita).

Llegados al restaurante, Leonor nos hizo saber que había cumplido años, así que lo celebramos con unas cervezas a su salud. ¿Y qué decir del afamado cocido de Las Postas? Pues que estaba muy rico, pero misteriosamente faltaron garbanzos (nadie se lo explicaba; aún es un misterio).

Lo que no faltó fue el “agua del botijo”, que pasaba de mano en mano con fruición.

Tras la distendida comida, a la que se sumó Carlos, y la correspondiente charleta, vino lo mejor: Así como Leonor y José Luis R. nos invitaron a las cervezas, por su cumpleaños y su excursión número 100, respectivamente, nuestro saxofonista de cabecera, Fernando Sangüesa, que también había cumplido años en la semana previa, nos invitó a una audición extraordinaria, acompañado al piano por su hermano Iván.

Con gran dominio de la escena, dedicó a Leonor un “Cumpleaños feliz” que dio mucha envidia; también nos deleitó con la interpretación de la pieza “Vivir sin ti”, de su álbum “Qué importa el final”.

Hay que decir, no obstante, que tanto mérito o más tuvo la actuación como telonero de José María, aclamada por todos; a mí se me saltó una lagrimita cuando escuche su interpretación de “La chocolatera”, que tantas veces había oído ensayar en casa a mi hijita.

Yo creo que a la caminata se le pueden dar 4 sicarias, pero sumando la traca final en Las Postas, se llega de sobra a 5.
Melchor

FOTO REPORTAJES
Foto reportaje de José María Pérez

FOTOS

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Excursión 156: El Canal de Cabarrús - Uceda

FICHA TÉCNICA
Inicio: Patones
Final: Patones
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia:  13,8 Km
Desnivel [+]: 168 m
Desnivel [--]: 168 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: En parte
Valoración: 3
Participantes: 14

MAPAS  
Mapas de localización y 3D de la ruta
























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)


PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)


RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
¿Por qué los beduinos habitan el desierto? ¿Por qué 14 senderomagos se animan, en un día con previsión de 32º a la sombra, a lanzarse a los campos yermos de Castilla a pleno sol?

Hay una respuesta sencilla a las dos preguntas, la que dio el torero “El Gallo” cuando le presentaron a Ortega y Gasset como filósofo: “Hay gente pá tó”. Hay otra respuesta más elaborada que se refiere a la adaptación al entorno, el aprovechamiento de los recursos, etc.

Bajo esta segunda óptica, puede ser que unos cuantos higos recolectados con mejor voluntad que fortuna, así como los huevos fritos del bar Manolo de Patones de Abajo servidos por nuestra amiga María, puedan explicar el éxito de esta convocatoria, más teniendo en cuenta que muchos se podrían haber apuntado al sereno disfrute de la fresca brisa en la cumbre del Almanzor; incluso tres de los participantes regresaron el día anterior precipitadamente desde Gredos para no perderse esta excursión.

La cosa empezó bien a media mañana, aún con el fresquito, acompañando el camino con las explicaciones de Antonio acerca del paisaje y las curiosidades de la zona. Continuó muy bien cuando llegamos a la antigua fábrica de harinas junto al río Jarama, que apareció como un oasis transfigurada con increíble belleza.

La cosa siguió siendo muy interesante cuando, tras cruzar el puente sobre el río, fuimos subiendo por una senda hacia el pueblo de Uceda.

Así descubrimos que el origen de la senda es una antigua calzada de cantos rodados recuperada totalmente en su tramo final,  o que cientos, quizás miles de golondrinas nos esperaban revoloteando y posadas sobre los cables de alta tensión tras la primera revuelta, o que en lo alto de la loma que remontábamos se hallan los restos arqueológicos de una fortaleza, o que, a media ladera, un pilón refrescante surtido por un manantial evoca historias antiguas.

También, ya en lo alto y en las afueras del pueblo, los restos aún bien conservados de una preciosa iglesia románica, la de la virgen de La Varga, sirven como romántico cementerio local. Eso sin contar unas plantas rastreras de pepinillos del diablo que, ya maduros, lanzaban su chorro a presión al tocarlos, u otras más con unos extraños frutos con pinta de sandias en miniatura con púas (Cucumis myriocarpus Naudin, según Internet).

Subimos al promontorio de lo que fue castillo y desde allí contemplamos las estupendas vistas del valle del Jarama: Las cárcavas arcillosas al oeste, con la abrupta fractura del Lozoya por el Pontón de la Oliva, las vías de agua del Canal de Isabel II al frente, con sus sifones, los 3 pueblos más próximos (Torrelaguna, Torremocha y Patones de Abajo) y, ya al sureste, el valle sinuoso perdiéndose entre páramos.

En la bajada coincidimos con un paisano muy entrado en años que nos aleccionó acerca del lugar.

El origen del castillo es musulmán, nos aseguró, y el de la calzada, romano. También nos dijo que el agua de la fuente del pilón está especialmente recomendada para lavar los ojos (debe ser realmente apreciada, porque mientras esto sucedía otro paisano se allegó hasta la fuente con un carrito de la compra lleno de garrafas vacías y comenzó a rellenarlas).

Finalmente nos habló de las hazañas del héroe local, Juan Vela de Bolea, alias “Capitán Bolea”, quién al parecer libró al pueblo del acecho de una enorme serpiente que lo atemorizaba; y digo yo que más que serpiente debía ser dragón, si nos atenemos a los mucho más meritorios actos heroicos que se le atribuyen a este personaje en la guerra de Flandes

Según nuestro informador, queda testimonio de esta lucha entre Bolea y la serpiente en una imagen de la virgen de La Varga conservada en la iglesia nueva del pueblo.

Volviendo sobre nuestros pasos, nos asentamos en un evocador patio exterior de la remozada fábrica de harinas, donde tomamos el tentempié sin prisas y nos hicimos la foto de grupo, aunque no conseguimos desentrañar el enigma que encierran sus muros: ¿acaso en su interior se halla discretamente custodiada una princesa mora?

A partir de aquí, ya no recuerdo más que estampas sueltas: El caminar apresurado, para abreviar las horas de calor, por carreteras, por pistas, por rastrojos, por tierras de labor recién aradas repletas de cantos; la aparición, a intervalos, de viejos puentes y casetas de guarda del antiguo canal de Carrabús, ya casi totalmente enterrado; el vuelo lúgubre de una pareja de buitres sobre los más rezagados; una de nuestras Rosas llena de espinas tras agarrarse inadvertidamente a un cardo para superar un repecho.

Nicolás avanzando con esfuerzo, resentido tras la subida al Morezón del día anterior; racimos de dulces uvas doradas por el sol comidas en un majuelo perdido; el panorama del río al fondo, rebañando los montes, con Uceda en lo alto; un campito de calabazas de varios tamaños, formas y colores; el retorno hacia Patones por los caminos sobre las canalizaciones de agua; algunos higos esporádicamente recogidos al borde de los canales...

Menos mal que al final de todo nos esperaba “nuestra amiga María” en el Bar Manolo de Patones de Abajo, con buena provisión de cerveza, de huevos fritos, de oreja, de lomo, de morcilla, de chorizo, de patatas fritas...Bueno, y también algo de ensalada. ¡Qué difícil es mantener una dieta baja en colesterol!

¿Cómo calificar este itinerario tan extraño? Por consenso entre los comensales más cercanos, la calificación es de 3 sicarias.
Melchor

FOTOS
* Fotos de Antonio López

Excursión 155: Morezón - Almanzor

FICHA TÉCNICA
Inicio: Plataforma de Gredos
Final: Plataforma de Gredos
Tiempo: 6 + 7 horas
Distancia:  22,2 Km
Desnivel [+]: 1614 m
Desnivel [--]: 1601 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5+
Participantes: 8

MAPAS
Mapas de localización y 3D de la ruta


























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)


PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)


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RESUMEN
Bueno primeramente felicitar a Juan por las magnificas jornadas de montañismo que nos preparó, pues si la primera fue como un duro calentamiento, amenizado por el tiempo de permanencia en la cumbre del Morezón (2.389 m) con las cabras comiendo en nuestras manos. 

La segunda con la subida y bajada, claro, al Almanzor (2.591 m), más la vuelta a los coches, puede decirse que es una de esas que te dejan huella, un tanto pasajera en los aductores y mucho más permanente en todo tu ser.

Ya que la trepada por el portillo del Crampón, más los últimos tramos verticales de acceso a la cumbre con la inestimable ayuda del material de montaña facilitado por Juan y de él mismo sujetando la cuerda con el famoso nudo dinámico, hicieron que se nos haya quedado fijada para siempre una estampa bellísima de escalada en pared de roca y colaboración en equipo.

Claro, que como ya es costumbre en este pedazo de montañero que es Juan, en la tarde anterior y para aprovechar el tiempo mientras nos abrían los dormitorios del refugio Laguna Grande, no se le ocurre otra cosa que ofrecernos unas clases de iniciación al descenso en rappel.

Por supuesto, todos nos apuntamos y practicamos en unos montículos próximos un tipo de descenso con control manual de la cuerda y sistema de seguridad que evita caídas imprevistas.

Esto, además de que fue de lo más divertido, también supuso una preparación para el supuesto de que se nos complicara la marcha del día siguiente y que aunque no fue tal, si que nos vino bien para el manejo de la cuerda y arnés.

Tras descender al refugio, con más cuidado, si cabe, que en la subida, alcanzamos una gran poza, donde nos refrescamos antes de llegar al refugio a comer, después recogimos e iniciamos el largo recorrido hasta alcanzar de nuevo la plataforma de Gredos, donde habíamos dejado los coches el día anterior.
José Luis R. Rubiales