domingo, 25 de octubre de 2015

Excursión 259: Balcón de Pineta e Ibón de Marboré

FICHA TÉCNICA
Inicio: Pineta
Final: Pineta
Tiempo: 9 a 10 horas
Distancia:  15,6 Km
Desnivel [+]: 1349 m
Desnivel [--]: 1356 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No

Ciclable: No
Valoración: 5+
Participantes: 18

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Preciosa marcha con grandes vistas, en parte por la grandiosidad del entorno de Pirineos y también por los cambios otoñales en la vegetación y el arbolado. Desde mi punto de vista, ha sido la más dura e increíble que he realizado en toda mi vida senderista.

Se trataba de empezar a andar en los alrededores del Parador de Pineta, a unos 1250 metros de altitud, y llegar al Balcón de Pineta y al Ibón de Marboré, a 2580 metros de altitud. El tiempo excelente, sin viento y soleado, nos permitió disfrutar a tope de esta maravilla de la naturaleza.

Es una ruta muy completa tanto físicamente como por los paisajes recorridos, con bosques de hayas, vistas del valle y las vistas del glaciar de Monte Perdido y la cara norte de este mítico monte

Iniciamos la ruta en el aparcamiento situado al final del valle y comenzamos a ascender por el hayedo del Ferqueral, al principio de forma suave y luego el camino se fue haciendo más empinado pasando por una zona de helechos.

Dejamos a la derecha el camino que nos llevaría a las cascadas de La Larri, y vimos al frente en la lejanía la gran cascada de Pineta. La subida se hizo cada vez más pronunciada, con un suelo repleto de piedras de todos los tamaños y al frente una gran e impresionante pared a la cual hemos de ascender. Pasamos por el Embudo, una zona muy peligrosa cuando existe hielo y nieve y que hoy está seca y sin excesivo peligro.

El camino está perfectamente trazado, haciendo continuas zetas por la ladera. Las vistas a nuestras espaldas de todo el valle de Pineta son maravillosas, a la vez que escalofriantes por su posible peligrosidad.

Al final la senda cambia de vertiente y por un saliente rocoso con grandes precipicios llegamos al Balcón de Pineta. Desde este punto vimos el glaciar de Monte Perdido y con un poco de niebla su pico con más de 3000 metros de altitud.

Tomamos resuello y el bocata montañero, aunque algunos intrépidos sin descansar apenas y sin bocata siguieron hasta el Ibón de Marboré, atravesando grandes bloques de piedra que parecen provenir del glaciar de Monte Perdido. 

Es éste un lugar único justo debajo de la brecha de Tucarroya y del refugio con el mismo nombre.

Durante la bajada, observamos desde lo alto las serpenteantes zetas del sendero por las que habíamos ascendido y por las que teníamos que descender. La bajada la realizamos sin problemas, aunque con tramos bastante peligrosos en los que es mejor no imaginarse una caída pues se bordean grandes cortados de gran altura.

En resumen, impresionante ruta, con una subida que te pone a prueba y con unas vistas maravillosas de todo el valle de Pineta y del glaciar de Monte Perdido. Valoración de la marcha: 5++
Nicolás Pizarro

sábado, 24 de octubre de 2015

Excursión 258: Ermitas de Tella

FICHA TÉCNICA
Inicio: Tella
Final: Tella
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia:  2,3 Km
Desnivel [+]: 86 m
Desnivel [--]: 99 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No

Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 16

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN

Si no fuera porque ya habíamos hecho en coche un espectacular recorrido para llegar hasta Tella, diría que el paseíto por el pueblo y sus ermitas sirvió para abrir boca en los Pirineos otoñales con que Juan nos había obsequiado. Pero desde que nos habíamos asomado a los Pirineos en el puerto de Monrepós, ya no había parado la fiesta.

Por Sabiñánigo nos habíamos adentrado en el valle del río Basa, donde los hayedos contrastaban en colorido con los árboles de ribera, especialmente los arces, todos enmarcados en los verdes perennes de las coníferas; tras pasar el túnel de Petralba, habíamos descendido hasta el río Ara por el barranco de San Salvador en un continuo disfrute para la vista; luego por el Ara hasta Ainsa, el ascenso por el valle del Cinca y la sinuosa subida hasta Tella. Además, habíamos abierto boca verdaderamente en Boltaña con unos grandes bocadillos que en muchos casos se transmutaron en menú del día.

Ya en Tella, donde se tienen sensaciones de dejavú seguramente debido a los encantamientos del lugar, tuvimos el placer de caminar despacito y en deportivas, al contrario de lo que viene siendo habitual, deteniéndonos en cada rincón de la aldea, como es el caso de la peculiar entrada a su iglesia parroquial.

Tella
está enclavado en un pequeño cordal, a más de 1.300 m. de altitud, así que el pueblo y los alrededores son una atalaya privilegiada desde la que observar multitud de cumbres y depresiones. Al poco de abandonar el pueblo en dirección a nuestra primera ermita, la de San Juan y San Pablo, sobrecogía la visión de las cimas y sus barrancos, con La Punta de las Olas dando paso a la sierra d’as Zucas a nuestra derecha.

La ermita de San Juan y San Pablo es una preciosidad, una sencilla perla románica situada en un enclave delicioso, entre un prado y un saliente rocoso de la montaña.

Desde allí sólo había que subir una cuesta para llegar a la ermita de la Virgen de la Peña, ésta muy próxima a un mirador natural desde el que se contempla el valle del río Yaga, evocador de brujas ultramontanas y enmarcado por una sucesión de cumbres.

Dicen que las tres ermitas de Tella, al formar un triángulo mágico, protegen a la población de los encantamientos malignos. No sé cuánto habrá de verdad en ello, pero nuestra tercera ermita, la de la Virgen de las Fajanillas, cercana a la anterior, parece más bien hallarse dentro del triángulo formado por las otras dos y por la iglesia del pueblo. A paso sosegado descendimos hasta ella y entre algunas flores dispersas y ciertas zarzas disimuladas entre la vegetación, nos hicimos la foto de rigor todos juntos.

El último tramo hasta el pueblo es muy agradable y discurre por un caminito lindante con los huertos, algunos de los cuales todavía se cultivan a la manera tradicional. ¡Lástima que el caminito no dure un poco más!

Si se ha estado en Tella y no se ha visitado su famoso dolmen, es un pecado. Así que, al poco de bajar por la carretera, detuvimos unos minutos los vehículos para poder decir que habíamos visto el dolmen.

Lo miramos por arriba, desde abajo, por un lado y por otro, cavilamos sobre cómo se pudo construir y para qué, y dijimos adiós a Tella, o más bien hasta luego, pues seguramente en alguna otra ocasión volveremos allí sin saber si ya habíamos estado y reviviendo esa extraña sensación de dejavú. Y es que subir a Tella es como viajar por el espacio-tiempo.

Madi informa de que no puede conceder la máxima calificación al paseo porque casi no estiramos las piernas, pero que por la belleza del lugar y el entorno otorga 4’5 sicarias.
Melchor

miércoles, 21 de octubre de 2015

Excursión 257: La Bola del Mundo y la Maliciosa por los Tubos

FICHA TÉCNICA
Inicio: Pto. Navacerrada
Final: Pto. Navacerrada
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  12,4 Km
Desnivel [+]: 762 m
Desnivel [--]: 719 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No

Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 41

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Quedamos a las 10:00 de la mañana en la Venta Arias del Puerto de Navacerrada para realizar la excursión 257 del GMSMA, con un fresquito que ya casi teníamos olvidado (2 ºC).

La niebla se había apoderado del puerto y nos recordaba que pronto regresarían las nieves.

Después de los saludos y abrazos pertinentes (alguno llevábamos más de 2 meses sin venir), empezamos la ruta de subida a la Bola del Mundo por la cara norte, atravesando los cauces del arroyo Seco y arroyo Frio, ambos sin agua. Esta vez éramos 41 senderomagos, casi una romería. 

El sendero arranca a la izquierda de la cabecera de los remontes y subiendo a media ladera nos encaminamos  en dirección este hacia la Bola del Mundo. La subida no es demasiado exigente sobre todo en ausencia de nieve. Con ella es otro cantar; sobre todo cuando está helada.

Hay varias zonas de desgraciados accidentes en invierno debidos a la nieve y lo inclinado del terreno. 

Subiendo y subiendo dejamos la niebla por debajo, pudiendo contemplar un paisaje, con Peñalara al fondo, por encima de las nubes.

Por fin llegamos a la Bola del Mundo (2.262 m), nombre que se le dio a la cima al instalar el repetidor de radio y TV para las dos Castillas.

El nombre original del lugar es el Alto de las Guarramillas, que a mí me gusta, aunque el otro nombre (Bola del Mundo) es más pomposo.

Terminada la subida ahora tocaba bajar en dirección hacia el Collado del Piornal, dejando a la izquierda el Ventisquero de la Condesa.

Es llamado así en honor a Francisca de Silva y Mendoza, Marquesa de Santillana.

Éste era uno de los principales neveros de la sierra en el aprovechamiento de nieve para el verano, que se transportaba a lomos de mulas hasta Madrid. Aquí nace nuestro insigne Río Manzanares entre praderas y arroyos de agua pura y transparente.

A poco de bajar y utilizando unas ruinas de un refugio que nos sirvieron de parapeto del viento, nos comimos un tentempié para recuperar fuerzas. Aprovechamos el parón para hacer la foto pertinente del grupo.

Reanudamos la marcha, mientras algunos senderomagos por motivos de agenda volvían a casa. Llegamos al Collado del Piornal con su ya clásico pluviómetro.

Ahora había que subir y lo hicimos hasta llegar a la Maliciosa (2.227 m) nombre que se le dio por lo agreste y difícil que era su ascensión, excepto por la cara norte. Allí en la cumbre estuvimos un rato haciendo fotos y deleitándonos con las vistas que se veían.

Volvimos sobre nuestros pasos y pasando otra vez por el Collado del Piornal y Bola del Mundo fuimos a sentarnos en la pared sur del restaurante de las Dos Castillas, que estaba cerrado, y comernos nuestro bien ganado bocadillo.

Aquí nos sorprendió nuestro amigo Fernando Lappano con una especie de delicia de tallarines de berenjena que devoramos adecuadamente.

Ya con el buche lleno continuamos la bajada por la pista de hormigón hasta el aparcamiento del Puerto de Navacerrada. Y aquí fueron nuestros queridos Marcelo y Jesús C. los que nos obsequiaron con una merienda sobre el capó de uno de sus coches: empanada, chorizo, queso y bombones, que ricos…ñam ñam. ¡FELICIDADES AMIGOS! Y también  FELICIDADES a nuestro senderomago Javier B. por haber terminado sus 100 excursiones con el GMSMA.

Ya es todo un estrella negra. Además también quiero dar la bienvenida a Pepa y Carmen que están hechas unas campeonas, y a  Pablo (es un crack), hermano de mi gran amigo Fernando S.

Esta excursión ha tenido una distancia de 12,4 km y un desnivel positivo de +762 m. La valoración según la Agencia Madi a esta excursión, atendiendo a lo emblemático de las cumbres, es de 4 sicarias.
Joaquín Pérez

miércoles, 14 de octubre de 2015

Excursión 256: Tres Cantos. Danone

FICHA TÉCNICA
Inicio: Tres Cantos
Final: Tres Cantos
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia:  18,8 Km
Desnivel [+]: 226 m
Desnivel [--]: 226 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No

Ciclable: Sí
Valoración: 3,5
Participantes: 40

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN

Me parece a mí que últimamente estamos rememorando los orígenes del GMSMA, no sé si en demasía. Es decir, un paseíto para abrir el apetito y comer de restaurante, y para rematar, en esta ocasión, de postre Danone. Conste que el culpable de esto último ha sido Nicolás, pero que casi todos se han regodeado en la experiencia. ¿Es que ya no se acuerda nadie de la famosa gesta de la excursión 82, en que ni se podía parar a comer un triste cacahuete porque se te helaban los dedos de las manos? Tanto presumir para esto…

Si exceptuamos la gozada del pulpo en el restaurante Mary Carmen y la visita a Danone vestidos como para ir a Marte, lo más divertido del día fue ver un vértice geodésico en un cotarrito llamado Valdelagua (con este nombre ya se hace uno idea de la altitud que debía tener). Ah! Y, como siempre se aprenden cosas en las excursiones, también tuvo su gracia habernos enterado algunos de que a los huertos de Tres Cantos y por ende, también a sus habitantes, les llama tricantinos, como si fueran felices pajaritos.

Aparte de todo lo narrado, ¡Vaya pedazo finca la del Bosque de Viñuelas! Y vaya como se nota quién es el dueño: Esta vez fuimos excepcionalmente prudentes con el  respeto al vallado. Total, que pasado el arroyo del Bodonal, que torna su nombre a Viñuelas nada más penetrar en los dominios de la finca, el camino no tenía pérdida.

Sólo había que seguir el vetusto y formidable muro de piedra, casi muralla, que va quedando a la derecha. Son curiosas algunas construcciones del Canal de Isabel II, pero sobre todo son muy sobresalientes los viejos puentes, extraordinariamente sólidos, construidos sobre los cauces de los arroyos y barrancos, y que sustentan todo el peso de los muros de la finca.

Cuando se llega al extremo norte del cercado, que es a la vez el más alejado dentro del municipio de Madrid, se sigue un poquito el camino y se llega al vértice geodésico antes mencionado. Allí tomamos un tentempié que no acababa nunca, ya que Santiago nos iba surtiendo con delicatesen provenientes de su reciente viaje a Filipinas. Una vez acabadas las últimas migajas pudimos retornar por el mismo camino, a excepción de un pequeño recorrido por entre hierbajos resecos, supongo que para dar a la marcha un cierto empaque.

El regreso se hizo algo pesado por el calor del sol, que ya se iba notando; se echaba de menos la sombra de las encinas que campaban al otro lado del muro. Sólo nos  distraía la conversación y el paso a cortos intervalos de los aviones recién despegados de Barajas; iban tan bajos que hasta había quienes saludaban a los pasajeros.

Con lo que no contaban muchos, supongo yo, es con que, tras llegar al aparcamiento había que andar otro par de kilómetros hasta el restaurante; y luego volver, claro.

Un ejercicio de propina muy adecuado para los amantes de la comida caliente.

Madi iba a otorgar 3 sicarias a esta ruta, pero como el personal ha salido tan guapo en la foto de Danone, ha decidido subir la nota a 3’5.
Melchor